Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz
Part 16
_D. Rod._--Pero allí á don Pedro miro. Vos, señora, con Hernando Os quedad en este sitio, Miéntras hablo á vuestro hermano.
_Dª. Leo._--(_Ap._) ¡Cielos! vuestro influjo impio Mudad, ó dadme la muerte; Pues me será mas benigno Un fin breve, aunque es atroz, Que un prolongado martirio.
_D. Rod._--Pues yo me quiero llegar.
(_Sale don Pedro._)
_D. Ped._--Que saber no haya podido Mi enojo quien en mi casa Le dió entrada á mi enemigo, Ni haya encontrado á mi hermana, Mas buscarla determino Hácia el jardin, que quizá Temerosa del ruïdo Se vino hácia aquesta cuadra. Yo voy; pero don Rodrigo Está aquí; á buen tiempo viene, Pues que ya Leonor me ha dicho Que gusta de ser mi esposa. Seais, señor, bien venido, Que á no haber venido vos, En aqueste instante mismo Habia yo de buscaros.
_D. Rod._--La diligencia os estimo. Sentémonos, que tenemos Mucho que hablar.
_D. Ped._--(_Ap._) Ya colijo, Que á lo que podrá venir Resultará en gusto mio.
_D. Rod._--Bien habreis congeturado Que lo que puede, don Pedro, A vuestra casa traerme Es el honor, pues le tengo Fiado á vuestra palabra; Que aunque sois tan caballero, Miéntras no os casais está A peligro siempre expuesto; Y bien veis que no es alhaja Que puede en un noble pecho Permitir la contingencia, Porque es un cristal tan terso Que sino le quiebra el golpe, Le empeña solo el aliento. Esto habreis pensado vos, Y hareis bien en pensar esto; Pues tambien esto me trae... Mas no es esto á lo que vengo Principalmente, porque Quiero con vos tan atento Proceder, que conozcais Que teniendo de por medio El cuidado de mi hija Y de mi honor el empeño, Con tanta cortesania Procedo con vos, que puedo Hacer mi honor accesorio Por poner primero el vuestro, Ved si puedo hacer por vos Mas, aunque tambien concedo Que esta es conveniencia mia; Que habiendo de ser mi yerno, El quereros ver honrado Resultará en mi provecho. Ved vos cuán celoso soy De mi honor, y con qué estremo Sabré celar mi opinion, Cuando así la vuestro celo. Supuesto esto, ya sabeis Vos que don Cárlos de Olmedo, De mas del lustre heredado De su noble nacimiento...
_D. Ped._--(_Ap._) A don Cárlos me ha nombrado; ¿Dónde irá á parar aquesto? Y el no hablar de que me case... Sin duda sabe el suceso De que la sacó don Cárlos. ¡Hoy la vida y honra pierdo!
_D. Rod._--El color habeis perdido, Y no me admiro, que oyendo Cosas tocantes á honor, No fuerais noble ni cuerdo Ni honrado, sino mostráreis Ese noble sentimiento. Mas pues de lances de amor Teneis en vos el ejemplo, Y que vuestra propia culpa Honesta el delito ageno, No teneis de qué admiraros De lo mismo que habeis hecho.
(_Sale doña Ana al paño._)
_Dª. Ana._--Don Rodrigo con mi hermano Está; desde aquí pretendo Escuchar á lo que vino, Que como á don Cárlos tengo Oculto, y lo vió mi hermano, Todo lo dudo y lo temo.
_D. Rod._--Digo, pues que aunque ya vos Enterado estareis de esto, Don Cárlos á vuestra hermana Hizo lícitos festejos, Correspondióle doña Ana; No fué mucho, pues lo mesmo Sucedió á Leonor con vos.
_D. Ped._--(_Ap._) ¿Qué es esto? [¡válgame el cielo!] ¿Don Cárlos quiere á mi hermana?
_Dª. Ana._--¿Cómo llegar á saberlo Ha podido don Rodrigo?
_D. Rod._--Digo, por no deteneros Con lo mismo que sabeis, Que viéndose en el aprieto De haberlo ya visto vos Y de estar con él riñendo, La sacó de vuestra casa.
_D. Ped._--¿Qué es lo que decis?
_D. Rod._--Lo mesmo Que vos sabeis y lo propio Que hicísteis vos; pues es bueno Que me hicierais vos á mí La misma ofensa, yo cuerdo Venga á tratarlo, y que vos (Sin ver que permita el cielo Que veamos por nosotros La ofensa que á otros hacemos) Os mostrais tan alterado. Tomad, hijo, mi consejo, Que en las dolencias de honor No todas veces son buenos, Ni bastan solo süaves, Los medicamentos recios, Que ántes suelen hacer daño; Pues cuando está malo un miembro, El experto cirujano No luego le aplica el hierro Y corta lo dolorido, Sino que aplica primero Los remedios lenitivos; Que acudir á los cauterios Es cuando se reconoce Que ya no hay otro remedio. Hagamos lo mismo acá: Don Cárlos me ha hablado de ello. Doña Ana se fué con él, Y yo en mi poder la tengo. Ellos lo han de hacer sin vos, Pues ¿no es mejor, si han de hacerlo, Que sea con vuestro gusto, Haciendo cuerdo y atento Voluntario lo preciso? Que es industria del ingenio Vestir la necesidad De los visos del afecto. Aqueste es mi parecer, Ahora consultad cuerdo A vuestro honor, y vereis Si os está bien el hacerlo. Y en cuanto á lo que á mí toca, Sabed que vengo resuelto A que os caseis esta noche; Pues no hay por qué deteneros. Cuando vengo de saber Que á mi sobrino don Diego Dejásteis herido anoche, Porque llegó à conoceros, Y á Leonor quiso quitaros. Ved vos cuan mal viene aquesto De que vos no la sacasteis. Y en suma, este es largo cuento, Pues solo con que os caseis Queda todo satisfecho.
_Dª. Ana._-Temblando estoy qué responde Mi hermano; mas yo no encuentro Qué razon pueda mover A fingir estos enredos A don Rodrigo.
_D. Ped._--Señor, Digo, en cuanto á lo primero, Que el decir que no saqué A Leonor, fué fingimiento, Que me debió decoroso Mi honor y vuestro respeto, Y pues solo con casarme Dices que quedo bien puesto, A la beldad de Leonor Oculta aquel aposento, Y ahora en vuestra presencia Le daré de esposo y dueño La mano; pero sabed Que me habeis de dar primero A doña Ana, para que Siguiendo vuestro consejo La despose con don Cárlos Al instante. [Ap.] Pues con esto Seguro de este enemigo De todas maneras quedo.
_D. Rod._--¡Oh, qué bien que se conoce Vuestra nobleza y talento! Voy á que entre vuestra hermana, Y os doy las gracias por ello.
(_Sale doña Ana_)
_Dª. Ana._--No hay para que, don Rodrigo, Pues para dar las que os debo Estoy yo muy prevenida. Y á tí, hermano, aunque merezco Tu indignacion, te suplico Que examines por tu pecho Las violencias del amor, Y perdonarás con esto Mis yerros, si es que lo son Siendo tan dorados yerros.
_D. Ped._--Alza del suelo, doña Ana, Que hacerse tu casamiento Con mas decencia pudiera, Y no poniendo unos medios Tan indecentes.
_D. Ped._--Dejad Aqueso, que ya no es tiempo De reprension, enviad Un criado de los vuestros Que á buscar vaya á don Cárlos.
_Dª. Ana._--No hay que enviarlo, supuesto Que como á mi esposo, oculto Dentro mi cuarto le tengo.
_D. Ped._--Pues sácale luego al punto.
_Dª. Ana._--¡Con qué gusto te obedezco! Que al fin mi amante porfia Ha logrado sus deseos! [_Váse_]
_D. Ped._--Celia.
[_Sale esta._]
_Cel._--¿Qué me mandas?
_D. Ped._--Toma La llave de ese aposento Y avisa á Leonor que salga. ¡Oh amor! que al fin de mi anhelo Has dejado que se logren Mis amorosos intentos!
_Dª. Leo._--Pues me tienen por doña Ana, Entrarme quiero allá dentro Y librarme de mi padre, Que es el mas próximo riesgo; Que despues para librarme De la instancia de don Pedro, No faltarán otros modos. Mas subir á un hombre veo La escalera. ¿Quién será?
[_Salen don Cárlos_]
_D. Cár._--A todo trance resuelto Vengo á sacar á Leonor De este indigno cautiverio; Que supuesto que doña Ana, Está ya libre de riesgo, No hay por qué esconder la cara Mi valor, y ¡vive el cielo! Que la tengo de llevar, O he de salir de aquí muerto.
[_Pasa don Cárlos junto á Leonor_]
_Dª. Leo._--Cárlos es [válgame Dios!] Y de cólera tan ciego Va que no reparó en mí; Pues ¿á qué vendrá, supuesto Que me llevó á mí, pensando Que era yo doña Ana? ¡Ah cielos! ¡Que me hayais puesto en aquesto! ¡Que estos ultrages consiento! Mas si acaso conoció Que dejaba en el empeño A su dama y á librarla Viene ahora.... Yo me acerco Para escuchar lo que dice.
_D. Cár._--Don Pedro, cuando yo entro En casa de mi enemigo, Mal puedo usar de lo atento. Vos me teneis....Mas ¿qué miro? ¿Don Rodrigo aquí?
_D. Rod._--Teneos, Don Cárlos, y sosegaos, Porque ya todo el empeño Está ajustado, ya viene En vuestro gusto don Pedro; Y pues á él se lo debeis, Desde el agradecimiento, Que yo el parabien os dé De veros felice dueño De la beldad que adorais, Que goceis siglos eternos.
_D. Cár._--[_Ap._] ¿qué es esto? Sin duda ya Se sabe todo el suceso, Porque Castaño el papel Debió de dar ya, y sabiendo Don Rodrigo que fui yo Quién la sacó, quiere cuerdo Portarse y darme á Leonor; Y sin duda ya don Pedro, Viendo tanto desengaño, Se desiste del empeño.
[_A don Rod._]--Señor, palabras me faltan Para poder responderos; Mas válgame lo dichoso Para disculpar lo necio; Que en tan no esperada dicha, Como la que yo merezco, Si no me volviera loco, Estuviera poco cuerdo.
_D. Rod._--Mirad, si os lo dije yo... Quiérela con grande estremo.
_D. Leo._--¡Qué es esto, cielos! ¡qué escucho! ¡Qué parabienes son estos, Ni qué dichas de don Cárlos!
_D. Ped._--Aunque debierais atento Averos de mí valido, Supuesto que gusta de ello Don Rodrigo, cuyas canas Como de padre venero, Yo me tengo por dichoso En que tan gran caballero Se sirva de honrar mi casa.
_Dª. Leo._--Ya no tengo sufrimiento; No ha de casarse el traidor.
(_Sale doña Leonor con manto._)
_D. Rod._--Señora, á muy lindo tiempo Venis; mas ¿por qué os habeis Otra vez el manto puesto? Aquí está ya vuestro esposo. Don Cárlos, los cumplimientos Basten ya: dadle la mano A doña Ana.
_D. Cár._--¿A quién? ¿qué es esto?
_D. Rod._--A doña Ana vuestra esposa. ¿De qué os turbais?
_D. Cár._--¡Vive el cielo! Que este es engaño y traicion. ¿Yo á doña, Ana?
_Dª. Leo._--(_Ap._) ¡Albricias, cielos! Que ya desprecia á doña Ana!
_D. Ped._--Don Rodrigo ¿qué es aquesto? ¿Vos de parte de don Cárlos No venisteis al concierto De mi hermana?
_D. Rod._--Claro está, Y fué porque Cárlos mesmo Me entregó á mí vuestra hermana Que la llevaba, diciendo Que la sacaba, porque Corria su vida riesgo. Señora, ¿no fué esto así?
_Dª. Leo_--Sí, señor, y yo confieso Que soy esposa de Cárlos, Como vos vengais en ello.
_D. Cár._--Muy mal, señora doña Ana, Habeis hecho en exponeros A tan público desaire, Como por fuerza he de haceros; Pero pues vos me obligais A que os hable poco atento, Quien me busca exasperado, Me quiere sufrir grosero, Si mejor á vos que á alguno Os consta que yo no puedo Dejar de ser de Leonor.
_D. Rod._--¿De Leonor? ¿qué? ¿cómo es esto? ¿Qué Leonor?
_D. Cár._--De vuestra hija.
_D. Rod._--¿De mi hija? Bien por cierto, Cuando es de don Pedro esposa.
_D. Cár._--Antes que logre el intento Le quitaré yo la vida.
_D. Ped._--Ya es mucho mi sufrimiento, Pues en mi presencia os sufro Que atrevido y desatento A mi hermana desaireis, Y pretendais á quien quiero.
(_Empuñan las espadas, y sale doña Ana con don Juan de la mano, y por la otra puerta Celia y Castaño de dama._)
_Dª. Ana._--A tus pies mi esposo y yo, Hermano... pero ¿qué veo? A don Juan es á quien traigo! Que, en el rostro el ferreruelo, No le habia conocido.
_D. Ped._--Doña Ana, pues ¿cómo es esto?
_Cel._--Señor, aquí está Leonor.
_D. Ped._--¡Oh hermoso divino dueño!
_Cast._--Allá vereis la belleza; Mas yo no puedo de miedo Moverme; pero mi amo Está aquí, ya nada temo, Porque él me defenderá.
_D. Rod._--Yo dudo lo que estoy viendo. Don Cárlos, pues ¿no es doña Ana Esta dama que vos mesmo Me entregasteis, y con quien Os casais?
_D. Cár._--Es manifiesto Engaño, que yo á Leonor Solamente es á quien quiero.
_Dª. Ana._--Acabe este desengaño Con mi pertinaz intento; Y pues el ser de don Juan Es ya preciso, yo esfuerzo Cuanto puedo que le estimo, Que en efecto es ya mi dueño. Don Rodrigo, ¿qué decis? ¿Qué Cárlos? Que no lo entiendo, Y solo sé que don Juan, Desde Madrid, en mi pecho Tuvo el dominio absoluto De todos mis pensamientos.
_D. Juan._--Don Pedro, yo á vuestros pies Estoy.
_D. Ped._--Yo soy el que debo Alegrarme, pues con vos Uno la amistad al deudo, Y así porque nuestras bodas Se hagan en un mismo tiempo, Dadle la mano á doña Ana, Que yo á Leonor se la ofrezco.
[_Llégase á Castaño_]
_D. Cár._--Antes os daré mil muertes!
_Cast._--Miren aquí si soy bello, Pues por mí quieren matarse!
_D. Ped._--Dame, soberano objeto De mi rendido albedrío, La mano.
_Cast._--Sí, que os la tengo, Para dárosla mas blanca, Un año en guantes de perro.
(_Descúbrese Leonor_)
_Dª. Leo._--Tente, Cárlos, que yo quedo Demas, y seré tu esposa; Que aunque me hiciste desprecios, Soy yo de tal condicion, Que mas te estimo por ellos.
_D. Cár._--¡Mi bien, Leonor! ¡que tú eras!
_D. Ped._--¿Qué es esto? ¿por dicha sueño? Leonor está aquí y allí.
_Cast._--No sino, que viene á cuento Lo de: Nos sois vos Leonor.
_D. Ped._--Pues ¿quién eres tú, portento, Que por Leonor te he tenido?
(_Descúbrese Castaño_)
_Cast._--No soy sino el perro muerto De quien se hicieron los guantes.
_Cel._--La risa tener no puedo Del embuste de Castaño.
_D. Ped._--Mataréte: ¡vive el cielo!
_Cast._--¿Por qué? si cuando te dí Palabra de casamiento, Que ahora estoy llano á cumplirte, Quedamos en un concierto, De que si por tí quedaba, No me harias mal; y puesto Que ahora queda por tí, Y que yo estoy llano á hacerlo, No faltes tú, pues que yo No falto á lo que prometo.
_D. Cár._--¿Cómo estas así, Castaño, Y en tal traje?
_Cast._--Este es el cuento, Que por llevar el papel, Que aun aquí guardado tengo, En que á don Rodrigo dabas Cuenta de todo el enredo, Y de que á Leonor llevaste, Para llevarlo sin riesgo De encontrar á la justicia, Me puse estos faldamentos; Y don Pedro enamorado De mi talle y de mi aseo, De mi gracia y de mi garbo, Me encerró en este aposento.
_D. Cár._--Mirad, señor don Rodrigo, Si es verdad que soy el dueño De la beldad de Leonor, Y si ser su esposa debo.
_D. Rod._--Como se case Leonor Y quede mi honor sin riesgo, Lo demas no importa nada; Y así, don Cárlos, me alegro De haber ganado tal hijo.
_D. Ped._--Tan corrido, vive el cielo, De lo que me ha sucedido Estoy, que ni hablar acierto; Mas disimular importa, Que ya no tiene remedio El caso. Yo doy por bien La burla que se me ha hecho, Porque se case mi hermana Con don Juan.
_Dª. Ana._--La mano ofrezco Y tambien con ella el alma.
_D. Juan._--Y yo, señora, la acepto, Porque vivo muy seguro De pagaros con lo mesmo _D. Cár._--Tú, Leonor mia, la mano Me da.
_Dª. Leo._--En mí, Cárlos, no es nuevo, Porque siempre ha sido tuya.
_Cast._--Dime, Celia, algun requiebro, Y mira si á mano tienes Una mano.
_Cel._--No la tengo, Que la dejé en la cocina; Pero ¿bastaráte un dedo?
_Cast._--Daca, que es el dedo malo, Pues es él con quien encuentro. Y aquí, altísimos señores, Aquí, senado discreto “Los empeños de una casa” Dan fin. Perdonad sus yerros.
FIN DE LA COMEDIA.
_Carta de la muy ilustre señora Sor Filotea de la Cruz, que se imprimió con licencia del Ilmo. y Exmo. señor don Manuel Fernández de Santa Cruz, dignísimo obispo de los Angeles en la Puebla, año de 1690, en que aplaude á la poetisa la honesta é hidalga habilidad de hacer versos, mandándole dar á la estampa la Crísis sobre un sermon, con el título de “Carta atenagórica.”_
_Señora mia_:
He visto la carta de V. md. en que impugna las Finezas que de Cristo discurrió el R. P. Antonio de Vieira en el sermon del Mandato, con tanta sutileza que á los mas eruditos ha parecido que como otra águila de Ezequiel habia remontado á este singular talento sobre sí mismo, siguiendo la planta que formó ántes el Ilmo. César Menéses, ingenio de los primeros de Portugal; pero á mi juicio, quien leyere su Apología de V. md. no podrá negar que cortó la pluma mas delgada que ambos, y que pudieran gloriarse de verse impugnados por una mujer, que es honra de su sexo. Yo á lo ménos he admirado la viveza de los conceptos, la discrecion de sus pruebas y la enérgica claridad con que convence el asunto, compañera inseparable de la sabiduría: que por eso la primera voz que pronunció la Divina fué _luz_, porque sin claridad no hay voz de sabiduría. Aun la de Cristo, cuando hablaba altísimos misterios entre los velos de las parábolas, no se tuvo por admirable en el mundo; solo cuando habló claro mereció la aclamacion de saberlo todo. Este es uno de los muchos beneficios que debe V. md. á Dios, porque la claridad no se adquiere con el trabajo é industria; es don que se infunde con el alma.
Para que V. md. se vea en este papel de mejor letra, le he impreso, y para que reconozca los tesoros que Dios depositó en su alma y le sea, como mas entendida, mas agradecida; que la gratitud y el entendimiento nacieron siempre de un mismo parto. Y si, como V. md. dice en su carta, quien mas ha recibido de Dios está mas obligado á la correspondencia, temo se halle V. md. alcanzada en la cuenta; pues pocas criaturas deben á su Magestad mayores talentos en lo natural con que ejecuta el agradecimiento, para que si hasta aquí los ha empleado bien [que así lo debe creer de quien profesa tal religion] en adelante sea mejor.
No es mi juicio tan austero censor que esté mal con los versos, en que V. md. se ha visto tan celebrada, despues que Santa Teresa, el Nacianceno y otros santos canonizaron con los suyos esta habilidad; pero deseara que los imitara así como en el metro tambien en la eleccion de los asuntos. No apruebo la vulgaridad de los que reprueban en las mujeres el uso de las letras, pues tantas se aplicaron á este estudio, no sin alabanza de San Gerónimo. Es verdad que dice San Pablo que las mujeres no enseñen; pero no manda que las mujeres no estudien para saber; porque solo quiso prevenir el riesgo de la elacion en nuestro sexo, propenso siempre á la vanidad.
A Sarai le quitó una letra la Sabiduria divina, y puso una mas al nombre de Abrahan, no porque el varon ha de tener mas letras que la mujer, como sienten muchos, sino porque la i añadida al nombre de Sara, esplicaba temor y dominacion. _Señora mia_ se interpreta _Sarai_, y no convenia que fuese en la casa de Abrahan _señora_, la que tenia empleo de súbdita. Letras que engendran elacion, no las quiere Dios en la mujer; pero no las reprueba el Apóstol, cuando no sacan á la mujer del estado de obediente. Notorio es á todos que el estudio y saber han contenido á V. md. en el estado de súbdita, y la han servido de perfeccionar primores de obediente, pues si las demas religiosas por la obediencia sacrifican la voluntad, V. md. cautiva el entendimiento, que es el mas arduo y agradable holocausto que puede ofrecerse en las aras de la religion.
No pretendo segun este dictámen, que V. md. mude el genio, renunciando los libros, sino que le mejore leyendo alguna vez el de Jesucristo. Ninguno de los Evangelistas llamó libro á la genealogía de Cristo, sino es San Mateo, porque en su conversion no quiso este Señor mudarle de inclinacion sino mejorarla, para que si ántes, cuando publicano, se ocupaba en libros de sus tratos é intereses, cuando apóstol mejorase el genio, mudando los libros de su ruina en el libro de Jesucristo. Mucho tiempo ha gastado V. md. en el estudio de filósofos y poetas; ya será razon que se perfeccionen los empleos y se mejoren los libros. ¿Qué pueblo hubo mas erudito que el egipcio? En él empezaron las primeras letras del mundo, y se admiraron los geroglíficos. Por grande ponderacion de la sabiduría de Josef le llama la Santa Escritura consumado en la erudicion de los egipcios; y con todo esto, el Espíritu Santo dice abiertamente que el pueblo de los egipcios es bárbaro, porque toda su sabiduría, cuando mas, penetraba los movimientos de las estrellas y cielos; pero no servia para enfrenar los desórdenes de las pasiones. Toda su ciencia tenia por empleo perfeccionar al hombre en la vida política, mas no ilustraba para conseguir la eterna; y ciencia que no alumbra para salvarse, Dios que todo lo sabe la califica por necedad. Así lo sintió Justo Lipsio, pasmo de la erudicion, [estando vecino á la muerte, y á la cuenta, cuando el entendimiento está ilustrado] que consolándole sus amigos con los muchos libros que habia escrito de erudicion, dijo, señalando un Santo Cristo: _Ciencia que no es del Crucificado, es necedad y solo vanidad_.
No repruebo por esto la leccion de estos autores; pero digo á V. md. lo que aconsejaba Gerson: préstese V. md. no se venda ni se deje robar de estos estudios; esclavas son las letras humanas, y suelen aprovechar á las divinas; pero deben reprobarse cuando roban la posesion del entendimiento humano á la Sabiduría divina, haciéndose señoras las que se destinaron á la servidumbre. Comendables son cuando el motivo de la curiosidad, que es vicio, se pasa á la estudiosidad, que es verdad. A San Jerónimo le azotaron los ángeles, porque leia en Ciceron, arrastrado y casi no libre, prefiriendo el deleite de su elocuencia á la solidez de la Sagrada Escritura; pero loablemente se aprovechó este santo doctor de sus noticias y de la erudicion profana que adquirió en semejantes autores.
No es poco el tiempo que ha empleado V. md. en estas ciencias curiosas; pase ya como el gran Boecio á las provechosas, juntando á las sutilezas de la natural la utilidad de una filosofía moral. Lástima es que un tan grande entendimiento de tal manera se abata á las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el cielo; y ya que se humilla al suelo, que no baje mas abajo considerando lo que pasa en el infierno; y si gustare algunas veces de inteligencias dulces y tiernas, aplíquese su entendimiento al monte Calvario, donde viendo finezas del Redentor é ingratitudes del redimido, hallará gran campo para ponderar excesos de un amor infinito, y para formar apologías, no sin lágrimas, contra la ingratitud que llegó á lo sumo. ¡Oh qué útilmente otras veces se engolfará este rico galeon de su ingenio en la alta mar de las perfecciones divinas! No dudo que le sucedería á V. md. lo que á Apéles, que copiando el retrato de Campaspe, cuantas líneas corría con el pincel en el lienzo, tantas heridas hacía en su corazon la saeta del amor, quedando al mismo tiempo perfeccionado el retrato y herido mortalmente de amor del original el corazon del pintor.