Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3)
Part 6
¿Has oído, ¡oh!, has oído a la reina confesando sus malhadados amores, que no deben escucharse? Que muera yo, ¡oh amada!, antes de cometer el delito que embarga tu pensamiento. ¡Ay de mí! ¡Oh desventurada víctima de estos dolores! ¡Oh penas, alimento de los hombres! Tú misma te has perdido publicando tu mal. ¿Cuánto tiempo vivirás así? Alguna novedad va a ocurrir en este palacio. Ya no ignoramos, ¡oh desdichada joven cretense!, en dónde descargará la tempestad que Afrodita envía.
FEDRA
Mujeres trecenias que habitáis en este vestíbulo,[107] que da entrada a la tierra de Pélope: hace ya largo tiempo que reflexioné una noche en las causas de la corrupción humana, y me parece que no todos los hombres cometen las faltas más graves por sus escasas luces, porque en muchos se observa juicio recto; preciso es, por tanto, confesar que, aun conociendo lo bueno, no lo seguimos, unos por pereza y otros porque posponemos la virtud al deleite.[108] Muchos placeres ofrece la vida, gratos coloquios y ocio, mal que tiene su encanto, y vergüenza. Esta es de dos clases: una no vituperable, azote la otra de las familias. Y si las ocasiones en que se manifiestan no diesen lugar a dudas, no serían iguales las dos palabras que las expresan. Y como he pensado antes todo esto, no hay poder bastante fuerte que me obligue a adoptar la opinión contraria. Pero te diré cómo he llegado a discurrir así. Después que el amor me hirió, traté de conciliarlo con la virtud, y comencé entonces a ocultar mi dolencia. No debía fiarlo a la lengua, que, si a veces rectifica los pensamientos ajenos, se expone otras a muchos males. Determiné resistir con entereza a este amoroso delirio y dominarlo castamente. Por último, no pudiendo vencer a Afrodita, he decidido morir. Nadie se opondrá a esta resolución. ¡Ojalá que no se olviden mis acciones honestas, ni que las presencien muchos testigos si son vergonzosas! No ignoraba cuán infame era mi apasionada dolencia, y sabía además que era mujer detestada de todos.[109] Mala muerte tenga la que mancille el lecho conyugal con quien no fuese su esposo. De las mujeres nobles pasó este mal a las demás, porque cuando lo torpe agrada a los de elevada alcurnia, parece a los malos honesto. Odio a las que son castas en sus palabras y ocultamente lascivas. ¿Cómo, ¡oh Afrodita!, señora del mar,[110] se atreven a mirar el rostro de sus esposos y no tienen horror a las tinieblas, cómplices de sus culpas? ¿Cómo no dan voces los techos de sus casas? Mátame, ¡oh amigas!, el temor de que mi marido sepa mi deshonra, o los hijos que he parido, pues quisiera que, libres y hablando sin temor, brillasen en la noble ciudad de los atenienses honrados en memoria de las virtudes de su madre, porque detiene mucho al hombre más osado saber las maldades de sus padres. Dicen que vale tanto como vivir ser justo y honesto. El tiempo descubre a los malos cuando llega la ocasión, como el espejo que refleja a la virgen. ¡Ojalá que nunca me cuenten entre ellos!
EL CORO
¡Ay, ay de mí! ¡Qué bella es la modestia y qué gloria tan egregia ofrece a los mortales!
LA NODRIZA
Gran temor, ¡oh señora!, me ha infundido de repente tu mal; ahora conozco mi ineptitud, y que entre los hombres los últimos pensamientos son los más prudentes. No es extraño lo que te sucede, ni fuera de razón se ha ensañado en ti la ira de la diosa. Tú amas; ¿por que nos ha de sorprender? Haces lo que muchos. ¿Y perderás la vida por eso? ¿De qué sirven a los enamorados sus amigos, y la inquietud que muestran, si al fin han de morir? Porque Ciprina es intolerable si nos ataca con violencia; a quien cede, persigue blandamente, y arrebata y atormenta al orgulloso y arrogante; ¿no lo crees así? Vuela por los aires, y la hallarás en las olas del mar, y de todo es origen. Ella inspira y alimenta al Amor, que a todos nos ha engendrado en esta tierra. Cuantos conocen los escritos antiguos y se consagran asiduamente al culto de las musas, saben cómo Zeus amó en otro tiempo a Sémele,[111] y cómo la brillante Aurora robó enamorada a Céfalo,[112] llevándolo con los demás dioses, y habitan en el cielo, y no huyen de las demás divinidades, sino que, según creo, sufren vencidos su suerte. ¿Y tú no la sufrirás? Debió engendrarte tu padre de distinta manera que los demás, y obedecerías a otros dioses si no habías de observar estas leyes. ¿Cuántos hombres de sano juicio fingirán ignorar la deshonra de su cónyuge? ¿Cuántos padres no protegen los amores ilícitos de sus hijos? Entre las sagaces precauciones de los hombres cuéntase la de ocultar lo que no es honesto. Ni conviene que vivan vida austera, como no cuidan tampoco de alinear con esmero las paredes y el techo de sus viviendas. Del abismo tan profundo en que has caído, ¿cómo piensas salir? Grande es tu ventura si, siendo mortal, son más numerosos tus bienes que tus males. Abandona, pues, ¡oh amada hija!, tus malos pensamientos; déjate de tales sacrilegios, que lo es sobreponerte a los dioses; sufre el amor con fortaleza, que una diosa lo envía. Ya que esa dolencia te aqueja, cúrala dulcemente. Hay encantos y palabras que la aplacan, y podrá encontrarse eficaz remedio. Tarde hallará algún hombre la medicina si nosotras las mujeres no la descubrimos.
EL CORO
Lo que esta dice, ¡oh Fedra!, puede servirte ahora, y yo te alabo. Pero mi alabanza es para ti menos grata que sus palabras, y la oirás con más trabajo.
FEDRA
Con pláticas demasiado sabrosas se han arruinado familias y ciudades bien gobernadas. No conviene decir lo que agrada a los oídos, sino lo que puede traer gloria.
LA NODRIZA
¿Por qué hablas tan sublime lenguaje? Tú no necesitas de palabras seductoras, buenas solo para ese hombre. Yo lo sondearé cuanto antes, y le hablaré como es debido. Si no peligrase tu vida en este trance y fueses mujer de juicio, jamás llegaría yo a ese extremo por proporcionarte ese deleite en tu lecho; pero ahora mi principal objeto es salvar tu vida, y nadie podrá reprobarlo.
FEDRA
¿Cómo dices tales despropósitos? ¿No cerrarás tus labios y no volverás a pronunciar frases tan torpes?
LA NODRIZA
Torpes son, pero más convenientes ahora que las honestas, y valdrán más si te salvare que la fama con que morirías orgullosa.
FEDRA
No pases más adelante, no, que está bien lo que dices, aunque, ¡por los dioses!, sea vergonzoso; porque si hasta ahora, a pesar de mi amor, no he faltado, si con palabras especiosas me inspiras sentimientos indignos de mí, pereceré deslizándome en el abismo de que huyo.
LA NODRIZA
Si tal te parece, no debiste darle entrada en tu pecho; pero como sucede lo contrario, obedéceme, que también redundará en tu beneficio. Yo tengo en casa filtros[113] que aplacan la fuerza del amor, y ahora me he acordado de ellos, y sin vergüenza ni menoscabo de tu razón te librarán de ese mal si no eres débil; pero necesitamos alguna prenda del que amas, algún rizo o pedazo de su vestido, para que sea una misma vuestra amorosa pasión.
FEDRA
Y ese filtro, ¿se unta o se bebe?
LA NODRIZA
No lo sé; es menester que me ayudes y no me preguntes, ¡oh hija!
FEDRA
No es para tranquilizarme tu refinada astucia.
LA NODRIZA
Todo te asusta; ¿qué temes ahora?
FEDRA
Que reveles algo al hijo de Teseo.
LA NODRIZA
Déjame, hija, que yo te curaré bien. Solo te ruego que me favorezcas, ¡oh Afrodita, diosa marina! (_Aparte_). Lo demás que pienso hacer lo sabrán únicamente los amigos que hay dentro.[114] (_Se retira_).
EL CORO
_Estrofa 1.ª_ — Amor, Amor que con la mirada inspiras los deseos e infundes suave deleite en los ánimos de aquellos a quienes haces la guerra: que nunca te vea con daño mío ni tiránico me domines. Ni el fuego ni los rayos que despiden los astros pueden compararse a la saeta que lanza Amor, hijo de Zeus.
_Antístrofa 1.ª_ — En vano, en vano junto al Alfeo[115] y en el templo pítico de Febo acumula hecatombes la Grecia; no adoramos al Amor, tirano de los corazones, que guarda la llave de los lechos más codiciados y nos pierde y nos infecta cuando nos acomete, enviándonos todo linaje de males.
_Estrofa 2.ª_ — Pues Afrodita dio al hijo de Alcmena la doncella de Ecalia,[116] que no había conocido el himeneo, y que por tanto ignoraba lo que era un esposo y un tálamo nupcial, llevándola desde su palacio en rápida nave, cual ministro veloz del Orco, con sangre y fuego, y celebrando terribles bodas. ¡Cuán desventuradas fueron sus nupcias!
_Antístrofa 2.ª_ — ¡Oh santas murallas de Tebas! ¡Oh fuente Dircea! Vosotras fuisteis testigos del poder de Afrodita. Con ardiente rayo aletargó a la madre de Dioniso, engendrado por Zeus, unida a él en himeneo funesto. Abrasa lo que toca con su hálito, y vuela como una abeja.
FEDRA
Callad, mujeres; somos perdidas.
EL CORO
¿Qué sucede en tu palacio, ¡oh Fedra!?
FEDRA
Estaos quietas; dejadme oír los clamores que suenan dentro.
EL CORO
Callo; pero mal exordio es este.
FEDRA
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cuánta es mi desventura! ¡Cuántos mis males!
EL CORO
¿Qué significan tus quejas? ¿Qué tus voces? Di, ¡oh mujer!, ¿qué súbito rumor te atorra?
FEDRA
Perdidas somos. Acercaos aquí, y escuchad el ruido que se oye dentro.
EL CORO
Tú estás a la puerta; en cuidado te han puesto los clamores que salen del palacio. Pero dime, dime qué desgracia sucede.
FEDRA
Grita Hipólito, el hijo de la Amazona, aficionada a cabalgar, profiriendo horribles maldiciones contra mi esclava.
EL CORO
Conozco su voz, pero no entiendo bien lo que dice. Por las hendiduras de la puerta oirás tú sus palabras.
FEDRA
Y oigo claramente que la llama forjadora de males, y que la acusa de hacer traición a su dueño.[117]
EL CORO
¡Ay de mis desdichas! Te han vendido, ¡oh amiga! ¿Qué consejo te daré? Si ha descubierto el secreto, cierta es tu muerte.
FEDRA
¡Ay, ay de mí!
EL CORO
Vendida por tus amigos.
FEDRA
Me ha perdido descubriendo mi dolencia, con buena intención, es verdad, pero sin curarla como debía.
EL CORO
¿Y qué se hace? ¿Qué harás tú, que sufres males incurables?
FEDRA
Solo me ocurre morir cuanto antes, único remedio de este infortunio.
HIPÓLITO (_que sale por una de las puertas laterales, seguido de la nodriza. Como Fedra se halla en el hueco de la principal, y lejos, no la ve_).
¡Oh tierra, nuestra madre, oh inmensa luz del sol! ¿Qué palabras nefandas han manchado mis oídos?
LA NODRIZA
Calla, hijo, no te oiga alguien.
HIPÓLITO
No es posible callar, habiendo oído tales horrores.
LA NODRIZA (_suplicándole humildemente_).
Suplícote por tu barba y tu hermosa diestra.
HIPÓLITO (_rechazándola_).
No acerques tu mano ni toques mi vestido.
LA NODRIZA (_echándose a sus pies_).
¡Por tus rodillas, que abrazo, no me pierdas!
HIPÓLITO
¿Y cómo así, cuando, según aseguras, no has dicho nada malo?
LA NODRIZA
Lo que yo he dicho, ¡oh hijo!, no debe saberlo el vulgo.
HIPÓLITO
Mejor es, sin embargo, que el vulgo solo sepa lo bueno.
LA NODRIZA
¡Oh hijo!, no quebrantes tu juramentos.
HIPÓLITO
La lengua juró; el alma no ha jurado.[118]
LA NODRIZA
Hijo, ¿qué vas a hacer? ¿Perderás a tus amigos?
HIPÓLITO
Les niego ese nombre: ningún malvado es mi amigo.
LA NODRIZA
Perdona; siempre han errado los hombres, ¡oh hijo!
HIPÓLITO (_dirigiéndose al público, mientras la nodriza se levanta_).[119]
¡Oh Zeus! ¿Por qué dispusiste que las mujeres viesen la luz del sol, si son cebo engañoso para los hombres? Si deseabas que estos se multiplicasen, no debías haberlas creado, sino que ellos en sus templos, pesando el oro, o el hierro, o el bronce, comprasen los hijos que necesitaran, pagando el justo precio de cada uno, y que viviesen en sus casas, libres de femenil compañía. Ahora, como han de morar con nosotros, agotan nuestros recursos. Manifiesto es de aquí qué azote tan grande es la mujer; pues el padre, que la engendra y la educa, da además la dote y la casa para librarse de ella: al contrario, el que recibe en su hogar esta peste destructora, goza engalanando a una pésima estatua, y la viste con sus mejores ropas, y el desventurado gasta así sus rentas. Obligado se ve, si ha de emparentar con familia ilustre, a mostrarse alegre y ser fiel en su amargo consorcio, o si es buena la esposa y pobres los suegros, a remediar bondadosamente su infortunio. Lο mejor, si ha de vivir con nosotros, es que la fortuna nos favorezca, dándonos una compañera inepta y demasiado sencilla. Aborrezco a la sabia; que no albergue un mismo lecho a la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer. Porque Afrodita hace a las doctas las más depravadas, y la sencilla, por sus cortos alcances, está libre de deshonestidad. Convendría también que no las acompañasen esclavas, sino que habitasen con ellas monstruos mudos o fieras, con quienes no pudiesen hablar ni oír su voz. Ahora sus esclavas no cesan de urdir intrigas vituperables, y después las ejecutan fuera de su casa, como tú (_A la nodriza_), ¡oh malvada!, osando proponerme que profane el sagrado lecho de mi padre: yo me purificaré de esta mancha en agua corriente, lavando con ella mis oídos. ¿Qué me sucedería si fuese criminal, cuando ni aun me creo puro habiéndola oído? Ten muy presente lo que te digo, ¡oh mujer!; solo mi piedad te salva; a no haberme tendido una red con mi propio juramento, jamás me contuviera, y lo hubiese revelado a mi padre. Pero ya que Teseo está ausente por mucho tiempo, me iré de este palacio, y mis labios guardarán silencio. Veremos a ver cuando vuelva cómo arrostráis su presencia tú y tu señora: ya avisado, sabré hasta dónde llega tu audacia. ¡Que perezcáis ambas! Nunca me cansaré de odiar a las mujeres, aunque alguno diga que tal es siempre mi propósito; y no se engaña, en efecto, porque son siempre malvadas. Que aprendan a ser castas, o nunca dejaré de ensañarme con ellas.[120] (_Retírase_).
FEDRA
Mísera y desventurada es nuestra suerte. ¿Qué artes emplearemos, qué recursos, frustrada nuestra esperanza, para desatar el nudo de esta intriga? Recibimos el castigo merecido, ¡oh tierra y luz! ¿Cómo evitaré estas calamidades? ¿Cómo, ¡oh amigas!, ocultaré mi mal? ¿Qué dios me favorecerá, qué hombre me ayudará? ¿Quién querrá hacerse cómplice de maldades tan impías? No veo medio alguno de alejar la tempestad que amenaza a mi vida. ¡Soy la más infeliz de las mujeres!
EL CORO
¡Ay, ay! Ya no tiene remedio, y de nada sirvieron los artificios de tu esclava, ¡oh señora!, que el resultado ha sido desastroso.
FEDRA (_acércase a Fedra la nodriza_).
¿Qué has hecho en mi daño, ¡oh tú, la peor de las mujeres, ruina de tus amigos!? Que Zeus, mi progenitor,[121] te hiera con sus rayos y te extermine. ¿Acaso no te dije, previniendo tu propósito, que no revelases mi mal? Pero no pudiste callar, y ya no moriremos sin mancha. Necesito ahora apelar a otros medios. Él, enfurecido ya contra mí, descubrirá tu falta con deshonra mía a su padre, contará al viejo Piteo sus desdichas, y pronunciará en todas partes los más denigrantes discursos. Que mueras tú y cualquier otro, pronto a hacer lo que no debe, repugnándolo sus amigos.
LA NODRIZA
Razón tienes, ¡oh señora!, en reprenderme: como estás afligida, no dejas descanso a tu juicio; pero te responderé, si me lo permites. Te he criado, y te quiero bien: buscando remedio a tu dolencia, me dejé llevar de mi buen deseo. Si mi propósito se hubiera realizado, me creerían muy prudente, que el éxito favorable nos da de ordinario fama de tales.
FEDRA
¿Es justo, acaso, y quedaré satisfecha, dándote la razón, después de afligirme tanto?
LA NODRIZA
Ociosa es nuestra disputa: no he sido cuerda, pero todavía puedo salvarte.
FEDRA
No hables más; antes erraste, y me has acarreado grave desdicha. Vete, pues, y piensa en ti; yo cuidaré de mí. Vosotras, nobles jóvenes trecenias, favorecedme solo en lo que os ruego, callando cuanto habéis oído hasta ahora.
EL CORO
Juro por la casta Artemisa, hija de Zeus, que jamás publicaré tus males.
FEDRA
Has dicho bien. Por más que pienso solo hallo un remedio a mi desventura para que mis hijos vivan honrados, y salga yo como pueda de este abismo. Jamás llenaré de oprobio a mi familia de Creta ni me presentaré a Teseo, torpemente manchada por la oficiosidad de mi única amiga.
EL CORO
¿Te expondrás acaso a sufrir algún daño irreparable?
FEDRA
Solo anhelo morir; el cómo, yo lo pensaré.
EL CORO
No pronuncies palabras de mal agüero.
FEDRA
Y tú aconséjame bien. Yo llenaré de gozo a Ciprina, que me ha perdido, dejando hoy de vivir, víctima de un amor cruel. Pero después de muerta, causaré daño a otro para que no se enorgullezca con mis males, y para que, participando también de mi pena, aprenda a ser más modesto. (_Entra Fedra en el palacio_).
EL CORO
_Estrofa 1.ª_ — ¡Ojalá que ahora me viese en los profundos valles de las montañas y algún dios me convirtiera en ave alígera y me juntase con los demás volátiles! Desde lo alto de los aires contemplaría las olas del mar Adriático y las aguas del Erídano, en donde tres desventuradas doncellas, llorando a Faetón, aumentan las ondas purpúreas de su padre con los brillantes destellos de sus lágrimas de ámbar.[122]
_Antístrofa 1.ª_ — Y volaría a la costa de las cantatrices Hespérides,[123] rica en manzanas, do el marino rey del purpúreo lago no da paso a los navegantes, defendiendo los límites venerandos del cielo, que sostiene Atlas, y adonde las fuentes destilan ambrosía en el palacio de Zeus, y la divina y alma tierra derrama para los dioses abundante dicha.
_Estrofa 2.ª_ — ¡Oh nave cretense de blancas alas que, surcando las sonoras y marinas aguas del piélago, trajiste a mi señora de su feliz morada, para disfrutar del más desventurado himeneo! O de ambas regiones o de la tierra de Creta voló genio funesto a la ínclita Atenas; pero ataron las puntas de los torcidos cables en la ribera de Muniquia,[124] y descendieron al continente.
_Antístrofa 2.ª_ — Por esto aquejó su ánimo amorosa dolencia y pasión ilícita, y fue víctima de dura calamidad, y del techo que contempló su himeneo cuelga lazo fatal que ceñirá su blanco cuello en honor de triste diosa, prefiriendo morir sin infamia y librar su alma de amor molesto.
UNA ESCLAVA (_desde dentro_).
¡Ay, ay! Socorredme todos los que se hallen cerca de este palacio: mi señora, la esposa de Teseo, yace suspendida de lazo fatal.
EL CORO
¡Ay, ay! Consumose ya el suicidio. Ya no existe la esposa del rey, ahorcada con nudo corredizo.
LA ESCLAVA
¿No os daréis prisa? ¿Nadie traerá un cuchillo de dos filos para cortar la cuerda que rodea su cerviz?
PRIMER SEMICORO
¿Qué hacemos, amigas? ¿Queréis entrar en el palacio y desatar los apretados lazos que ahogan a mi dueña?
SEGUNDO SEMICORO
¿A qué, pues? ¿No hay servidores jóvenes? No es prudente a veces mezclarse en ciertos negocios.
LA ESCLAVA
Extended el mísero cadáver de la dueña de este palacio, que llenará de amargura a mi señor.
EL CORO
Según oigo ha perecido esta infeliz, puesto que extienden su cadáver.
TESEO (_que llega coronado de laurel_).[125]
¿Sabéis, mujeres, qué significan estos clamores que se oyen en el palacio? Fuerte vocerío de esclavas ha llegado hasta mí. Mi familia no se digna, sin duda, salir a saludarme, abriendo las puertas con alegría cuando vuelvo de consultar al oráculo. ¿Ha sucedido algo a Piteo, ya de edad avanzada? Muchos son sus años, y, sin embargo, con sentimiento mío dejará este palacio.
EL CORO
Esta desgracia, ¡oh Teseo!, no afecta en nada a los ancianos: muertos más jóvenes afligirán tu alma.
TESEO
¡Ay de mí! ¿Ha fallecido acaso alguno de mis hijos?
EL CORO
Viven; muerta su madre, pena dolorosa para ti.
TESEO
¿Qué dices? ¿Ha perecido mi esposa? ¿De qué manera?
EL CORO
Preparó un lazo en el techo para estrangularse.
TESEO
¿De dolor a causa de algún accidente desgraciado?
EL CORO
Solo esto sabemos; hace poco, ¡oh Teseo!, que yo, que deploro tus males, llegué a este palacio.
TESEO
¡Ay, ay! ¿A qué me presento llevando en mi cabeza corona de hojas entrelazadas, consultor desventurado del oráculo? (_Se arranca la corona_). Abrid las puertas, servidores; quitad las barras, para que contemple el horrible espectáculo que va a ofrecerme mi esposa, cuya muerte me ha perdido. (_Ábrense las puertas y dejan ver el cadáver de Fedra_).[126] ¡Ay, ay! ¡Cuán infortunado soy! ¡Cuán crueles mis males! Tú también has sufrido; tú que has osado cometer una acción que será la ruina de tu familia. ¡Ay, ay! ¡Cuánta ha sido tu audacia! ¡Oh tú, muerta violentamente con muerte impía y por tus mismas manos! ¿Qué dios, ¡oh desdichada!, te borró del libro de la vida? ¡Ay de los males que mísero sufro! Este es el mayor de todos. ¡Oh fortuna funesta para mí y para mi palacio, mancha inesperada, obra de las Furias, que pondrá término a mi vida intolerable![127] Solo vislumbro un piélago de desdichas, del cual nunca podré salir sin luchar con sus calamitosas olas. Quitad las barras, que yo contemple ese horrible espectáculo. ¿Con qué palabras, cómo, desgraciado, apostrofaré a tu adversa fortuna, ¡oh mujer!? Te escapaste de mis manos volando como un ave, y con salto rápido te lanzaste en la morada de Hades. ¡Ay, ay, ay, ay! Dignos de lástima son estos infortunios. Por alguna causa estaba condenado a esta pena hace tiempo; quizá por haber faltado a los dioses alguno de mis progenitores.
EL CORO
No eres tú solo el que sufre estos males repentinos, que otros muchos han perdido también sus esposas.
TESEO
A las infernales, a las infernales tinieblas quiero descender, y vivir sin ventura en ellas, privado de tu muy dulce trato. Mayor es mi desdicha que la tuya. ¿Quién declarará, ¡oh mujer!, la causa de ese fatal propósito? ¿Me lo dirán, o en vano estará lleno mi real palacio de esta muchedumbre de criados? ¡Cuánto lloro, ay de mí, desventurado, que ya veo el luto que ha de cubrir esta mansión, que ni puede expresarse ni tolerarse! Yo muero: desierto está mi hogar, huérfanos mis hijos. (_Se precipita sobre ella y abraza su cadáver_).
EL CORO
Nos has abandonado, nos has abandonado, ¡oh amada!, la mejor de las mujeres que ven la luz del sol, y la luna, que alumbra de noche, rodeada de estrellas. ¡Desventurada de mí, cuántos males sufre este palacio! Mis párpados, húmedos de lágrimas, llorarán tu destino; ya preveo con horror el nuevo infortunio que nos amenaza.
TESEO (_que se levanta, teniendo entre sus manos las de Fedra_).
¡Ah, ah! ¿Qué significan estas tablillas suspendidas de una mano amada? ¿Anunciarán alguna nueva calamidad? ¿Dispondrá acaso la infeliz lo que debo hacer de su lecho y de sus hijos? No te inquietes, desventurada, que ninguna otra mujer entrará en el palacio y ocupará tu lugar al lado de Teseo. Y he aquí que el sello de la piedra preciosa, encerrada en el anillo de oro de la difunta, me enternece de nuevo. Veamos, desatando los lazos del sello, qué quieren decir estas letras.
EL CORO
¡Ay, ay! Alguna deidad preparará un nuevo mal, no contenta con los pasados. Ya no podrá vivir después de lo que ha sucedido, qué grave desdicha, ¡ay, ay!, ha arruinado a la familia de mis reyes. ¡Oh numen fatal! Si es posible todavía, no destruyas este palacio, sino óyeme, atiende a mis súplicas, que, como adivino, me inquietan anticipadamente presagios de alguna nueva calamidad.
TESEO
¡Ay de mí! Un nuevo infortunio sucede al otro, que ni se puede expresar ni sufrir. ¡Ay desventurado de mí!
EL CORO
¿Qué hay? Dilo, si puede interesarme.
TESEO
Estas letras, sí, estas letras dicen a voces lo que no puede tolerarse. ¿Adónde huir? ¿Cómo evitaré tal cúmulo de males? Perdido muero: triste queja, triste queja publican estas líneas. ¡Ay de mí, mísero!
EL CORO
¡Ay, ay de mí! Profieres palabras preludio de nuevas desdichas.
TESEO
Ya mis labios no callarán más tiempo este funesto mal, que cuesta trabajo decir, ¡oh ciudad! Hipólito se ha atrevido a manchar por fuerza mi lecho, despreciando el ojo venerando de Zeus.[128] Pero, ¡oh padre Poseidón!, que en otro tiempo me prometiste cumplir tres votos míos, cumple uno contra mi hijo: que muera hoy, si me concediste ese don.
EL CORO