Obras completas de Fígaro, Tomo 2

Part 16

Chapter 163,991 wordsPublic domain

Tal vez habrán dicho en ese villorrio que está el cólera en Madrid. Lo que es aquí nadie lo sabe de oficio; lo que hay no es el cólera, sino una enfermedad reinante y sospechosa; tanto que esas malditas sospechas han llevado á muchos al cementerio, en fuerza sin duda de los cavilosos. Pero si dicen á vuesa merced que mueren tantas y cuantas gentes al día, no lo crea; al día no muere nadie, porque si así fuese habría parte sanitario, si es que no le dan por no haber sanidad maldita de que darle. En consecuencia, si el mal está en Madrid, la autoridad lo tiene callado, y así que nadie lo sabe.

Tres cosas sin embargo van mejor todos los días sin que se eche de ver: la libertad, la salud y la guerra de Vizcaya. ¡Tal es la reserva con que se hacen estas cosas!

¿Se sabe algo por ahí, señor bachiller, de don Carlos? por acá todos convenimos en que está en Londres, en Francia y en Elizondo á un mismo tiempo, así como están de acuerdo los médicos en que el cólera no puede venir á Madrid por estar muy alto, y en que es contagioso y no epidémico, y epidémico y no contagioso. En cuanto al modo de curarlo, ya averiguado, llenos están los cementerios de preservativos seguros, de remedios infalibles y de métodos curativos. Volviendo á don Carlos, dicen que el gobierno sabe de fijo dónde para; pero vaya usted á preguntárselo.

Por acá no se encuentra un procurador, ni un cajista de imprenta, ni un médico, ni un limón, ni una sanguijuela por un ojo de la cara; pero para eso se encuentran mendigos á pedir de boca, basura en las calles á todas horas, y una camilla al volver de cada esquina.

¡Ah! se me olvidaba; el discurso de la corona ha gustado generalmente; es tan bueno que es de aquellas cosas que no tienen contestación; á lo menos hasta ahora nadie se la ha dado. Se asegura sin embargo que la están pensando á toda prisa.

Díceme que viene vuesa merced á Madrid. Si está pronto á presentar sus cuentas á Dios, venga cuanto antes. Si viene á pretender, ó ha tenido empleo y ha sido emigrado en tiempo de la constitución, no hay para qué. Si es carlista puede venir seguro de adelantar algo, que carlistas, y muchos, encontrará en buenos destinos, que le favorezcan: preguntaráme tal vez si no los quitan; ¿para qué, si andando el tiempo ellos se irán muriendo? Si viene á oir las discusiones estamentales, en buen hora, por lo que respecta al Estamento de Procuradores; pues en el de Próceres han encaramado al público en un camaranchón estrecho y _cortilargucho_, según dice _la Pata de cabra_, como si no quisieran ser oídos. Se está allí tan mal como en el teatro de la Cruz ó en un concierto de guitarra. Han arrinconado igualmente en un ángulo del techo á los taquígrafos, de tal suerte que parecen telas de araña.

Muy alto piensan hablar si desde allí les han de seguir la palabra.

No sé si me dejo algo á que contestar; si así fuese, en otra carta irá, pues á la hora que es ando de prisa por tener que formar una lista de los señores procuradores que no han llegado aún, y otra de los cordones sanitarios inútiles que hay en España, que cogerá algunos pliegos.

Quedo, pues, rogando, señor bachiller, que los facciosos de las gavillas que hace un año se están destruyendo todos los días completamente, no intercepten por esas _veredas_ esta carta, y que la administración de correos, tan bien montada en este país, no la incomunique para diligencias propias, ó no se la mande por América, así como recibimos, por qué sé yo dónde, la correspondencia de Francia, merced á las victorias no interrumpidas que nos tienen expedita la carretera principal.

De vuesa merced, señor bachiller, atento servidor.

_P. D._ No se le importe á vuesa merced un bledo de las venidas de don Carlos á este país, pues que la cuádruple alianza está contratada para su conducción fuera de la península, cuantas veces se le hallare; porque en lo de dejarle venir, coja vuesa merced el texto y verá como nada hay tratado, además de que mal pudiera la cuádruple alianza sacarle de la península si él no viniera.

SEGUNDA Y ÚLTIMA CARTA DE FÍGARO AL BACHILLER SU CORRESPONSAL DESCONOCIDO

¿Querrá creer vuesa merced, señor bachiller, que han encontrado malicia en la primera carta que le escribí, y cuya publicidad de ninguna manera he podido evitar en esta corte? De todo tiene la culpa el empeño que manifiesta de no tener nombre conocido, ni domicilio sabido, precisamente en unos tiempos en que las cosas todas se vuelven nombres. ¿No repara vuesa merced cómo una cosa se llama _regeneración_, otra _reformas_, otra _estamentos_, aquélla de más allá _libertad_, esotra _representación nacional_? ¿qué más? Cosa hay que se llama _seguridad individual_, y _ley_, y...

¿Qué le costaba á vuesa merced ponerse un nombre, y más que vuesa merced no sea nada en sustancia tampoco? Así evitaríamos el que se anduviese todo el mundo leyendo lo que le escribo y murmurando de ello de corrillo en corrillo, ni más ni menos que si yo dijera todo lo que hay que decir, ó todo cuanto en el caso me ocurre.

Pero en esta carta, que será la última, yo le juro á vuesa merced por la racional libertad de que gozamos (y es todo un juramento), que quiero que me hagan ministro si me consiento á mí mismo la más leve chanza sobre cosa de gobierno, ó que por lo menos lo parezca. No sino ándeme yo en chanzas, y bregue con el censor, y prohíbame el escribir más á mis amigos, que será arrancarme el alma, sólo porque él reciba sueldo del gobierno é instrucciones, y yo del gobierno ni quiera lo uno ni necesite lo otro; y préndanme bonitamente, y quédense con el _por qué_ por allá, y... No, señor: si vuesa merced quiere divertirse con mis cartas, dígame quién es, y lo escribiré en sesión secreta; todo lo más que puede suceder es que abran la carta; pero entonces, ya, señor bachiller, que la prohíban. Ésta, pues, sobre ser la última, no encerrará reflexión ni broma alguna, tanto por las razones dichas, cuanto porque Dios sabe, y si no lo sé yo, que no tengo para gracias el humor: en punto sobre todo á gobierno haré la del loco con el podenco. «Quita allá que es gobierno». Hechos no más en adelante; y si á los hechos lisa y llanamente contados les encuentran malicia, no estará en mí, sino en los hechos ó en el que los leyere; entonces malicia encontrarían hasta en una fusión cordial del Estamento y del ministerio.

Corren voces de que un ministro va á hacer dimisión; pero no lo crea vuesa merced; ésas son bromas: lo mismo están diciendo hace dos meses de otro, y pasa un día, y pasa otro día, y en resumidas cuentas no pasan días por él.

En el Estamento de Próceres ya sabrá vuesa merced que la contestación al discurso del trono fué cosa muy bien escrita; fué un modelo de lenguaje y de elegancia castellana; es uno de los trozos más correctos que posee la lengua.

De la de Procuradores nada tengo que contar á vuesa merced, sino es que en este momento no es oportuno que use el hombre el don de la palabra con que le distinguió su divina Majestad de los demás animales. Lo que urge por ahora es que cada uno calle lo que sepa, si es que no lo quiere decir en un tomo voluminoso, que entonces, como nadie lo ha de leer, debe el hombre ser libre; pero decirlo todas las mañanas en un periódico, eso no. El don de la palabra es como todas las cosas; repetido diariamente cansa.

Los jurados no son para este momento; no hay cosa peor que jurar, y si es en vano peor que peor. En eso va de acuerdo el partido ministerial con el padre Ripalda. Se ha convenido por ahora en que los españoles somos muy brutos para decir lo que pensamos; y más para que nos juzguen en regla.

Sabrá vuesa merced cómo se ha determinado que la legislación nuestra no es absurda.

¿Querrá vuesa merced creer que se ha lucido la Cataluña? Los señores procuradores por aquella provincia se han plantado con 29. Llegaban á Martorell el 28, habiendo salido de Barcelona el 22, que es caminar; al llegar allí supieron lo del cólera por más que aquí no se lo contamos á nadie, y oficiaron diciendo que eso no era regular: efectivamente, es más fácil que vaya la nación toda á Martorell, que no que venga todo Martorell á la nación. ¡El uno, figúrese vuesa merced que ya iba de aquí escamado de lo de Vallecas! Eso de representar ha de ser donde á uno le coja, porque andarse de ceca en meca para dar representaciones nacionales, eso fuera ser procurador de la lengua. Si la patria tiene urgencia que se la pase, más vale un mal procurador de Cataluña que cuatro buenas patrias. Un procurador catalán, á imitación de García del Castañar, no dará por todas las grandezas de la corte ni un dedo de Martorell.

Ya sabe vuesa merced cómo estaban presos dos individuos sobre lo de aquella grandísima conspiración que dicen que ha habido; como no les han encontrado delito, los han desterrado uno á Badajoz, y otro á Zaragoza: parece que han representado, pero sus representaciones son como las de Cataluña, que nadie las oye.

Según los estados sanitarios que ahora nos da _la Gaceta médica_, resulta que sin haber habido cólera en Madrid, como ya dije á vuesa merced, han muerto de él unas cuatro mil personas y pico, sin que se pueda saber cuál es el pico. Por ahí verá vuesa merced si la enfermedad es traidora.

Ha de saber vuesa merced que en Madrid son los cordones sanitarios y las medidas de aislamiento la cosa más mala del mundo. Por eso no se han usado. Pero á catorce leguas de Madrid no hay cosa mejor. Así es que en Segovia se separa al enfermo de su familia: se lleva á ésta á una barraca, se tapian las casas y las calles, se queman las ropas, ¡qué sé yo! ¡Hay enfermedad más rara y más variable! Parece un periódico. ¡Aquí epidémica! ¡Allá contagiosa! ¡Válgame Dios!

¡Mire vuesa merced el telegrafito y el consuelito de Bayona y las cartas de Londres! Ahora salimos con que es don Carlos el que está en Navarra. Créase vuesa merced después de los cónsules, y de telégrafos, y de cartas de Londres.

¡Ah! ¿Sabe vuesa merced quién es ministerial?... _La Abeja._ Aquella _Abeja_... En una palabra, _la Abeja_.

¿Sabe vuesa merced quién es el periódico de la oposición? _La Revista._ Ello nos cuesta un ojo de la cara. El gobierno, de resultas, ha recogido cuantas suscripciones y auxilios prestaba; hasta ha habido persona que ha devuelto su ejemplar particular sin leerle, que ha sido lástima. Desde entonces parece que ha tenido mano de santo, porque la suscripción sube que es un contento. ¡Cómo ha de ser! Ya sabe vuesa merced que somos buenos cristianos. Así es que lo llevamos con bastante resignación.

Perdone vuesa merced, porque he oído llamar à mi puerta. Acaso vengan á prenderme ó á llevarme á Zaragoza. Así como así no debo de estar muy cuerdo. Por lo tanto, señor bachiller, felicidades, y póngase un nombre. Cuando la misma _Revista_ se ha puesto el suyo, bien podrá conocer que no es tiempo ya de andarse con anónimos y secretitos.

_P. D._ ¿Ha leído vuesa merced _el Pobrecito Hablador_? Yo le publicaba en tiempo de Calomarde y de Zea: ahora como ya tenemos libertad racional, probablemente no se podría publicar.

MODAS

Deseamos con impaciencia que la absoluta desaparición del cólera vuelva á traer al seno de esta capital las elegantes que el miedo nos ha robado, y que la animación de una época más feliz haga renacer la apagada coquetería de las bellas que permanecen todavía casi aisladas en medio de esta gran población. Vacíos casi los teatros, desiertos los paseos, suspendidas las sociedades, ¿adónde iríamos á buscar la moda?--Sólo podemos hacer algunas indicaciones generales acerca de los caprichos, más ó menos fundados, de esa diosa del mundo, que así avasalla los trajes y peinados como los gustos y opiniones.--Es de moda, por ejemplo, en la ópera, la señora Campos; así es que apenas hay noche que no se la aplauda. No es menos de moda el sorbete de arroz, ni menos insípido tampoco.--Está decididamente en boga reírse todos los días de los gestos espantables del señor Género, quejarse del gobierno, y asombrarse de la inacción de los estamentos. Estas tres modas durarán probablemente más que el talle largo.

Hacen furor los oficios de próceres y procuradores imposibilitados: es por cierto cosa furibunda. Al cabo de algún tiempo sucederá con estas imposibilidades de asistir, lo que sucedía el invierno pasado con los capotes forrados de encarnado, que no había barbero sin capote: á este paso dentro de poco no habrá representante sin imposibilidad. Es de esperar, sin embargo, que esta moda de poco gusto y de menos patria se proscriba, como se proscribió para siempre el escote exagerado de las mujeres, al cual se parece en presentar desnudas cosas que deben siempre estar tapadas.--Empiezan á estilarse mucho los artículos de oposición: se asegura que hacen bien á todos los cuerpos. Algunos se ven, sin embargo, que hacen tan mala cara al Estamento, como los ferronieres de metal á las señoras, que las desfiguran todas y hacen traición á su hermosura; en este caso están los de hechura llamada á la sesión secreta. Lo más raro es, que, según parece, esos artículos salen fabricados del mismo Estamento, no porque sea la mejor fábrica, sino por estar allí las primeras materias y la mano de obra. Esa moda no nos gusta: se semeja un tanto cuanto á la falda corta en no ser la más decorosa.

Los artículos ministeriales, que algunos seudo-elegantes quieren introducir, no se acreditan. Son como los peines altos, que sólo sirven para que se vea venir desde lejos á quien los usa, y para dar una elevación ridícula á la persona. Hay, sin embargo, un regular surtido al uso de los pretendientes, en la fábrica-colmena de _la Abeja_, imprenta de don Tomás Jordán. Aunque es moda nueva, se venden baratos, sin duda porque la gente de gusto no los gasta. Es moda anti-nacional como los sombreros de señora: así es, que por más flores que se les pongan, no se saben llevar, con paciencia, se entiende. Estas dos modas últimas, exageradas, como algunos las llevan, no nos parecen del caso; los ministeriales no hacen buena figura, y los de oposición pueden llegar á hacerla mucho peor. Con cierta medida todo es bueno.

Se siguen estilando las sesiones cortas, muy cortas, como si dijéramos, á media pierna: en esto se dan la mano con los vestidos de maja: así es que se suelen dejar lo mejor en descubierto.

En punto á calzado, sólo podemos decir que lo más común es andarse con pies de plomo.--Con respecto á talle, la gran moda es estar muy oprimido, tan estrecho que apenas se pueda respirar: por ahora á lo menos éste es el uso; podrá pasar pronto, si no nos ahogamos antes.--En punto á muebles los hay nuevos todos los días; pero allá se van con los antiguos. Por lo que hace á adornos de mesa, sabido es que en España no somos fuertes; bien que falta lo principal, que es qué comer.

De colores, en fin, estamos poco más ó menos como estábamos; si bien el blanco y negro son los fundamentales, aquél más caído, éste más subido: lo más común especialmente en personas de calidad, son los colores indecisos, tornasolados, partícipes de negro y blanco, como gris ó entre dos luces: en una palabra, colores que apenas son colores; es de esperar que pronto se habrán de admitir, sin embargo, de grado ó por fuerza, colores más fuertes y decididos, puros y sin mezcla alguna. En el ínterin chocan tanto estos últimos, que hay personas nerviosas que sólo al considerar que habrá que entrar en ellos, padecen y ofician, y guardan la cama.

LA GRAN VERDAD DESCUBIERTA

Dirán que los grandes trastornos políticos no sirven para nada. ¡Mentira!, ¡atroz mentira! Del choque de las cosas y de las opiniones nace la verdad. De dos días de discusión nace un principio nuevo y luminoso. ¿Saben ustedes lo que se ha descubierto en España, en Madrid, ahora, hace poco, hace dos días no más? Se ha descubierto, se ha decidido, se ha determinado que _la ley protege y asegura la libertad individual_. Cosa recóndita, de nadie sabida, ni nunca sospechada. Han sido precisos todos los sucesos de la Granja, la caída de tres ministerios, una amnistía, la vuelta de todos los emigrados, la rebelión de un mal aconsejado príncipe, una cuádruple alianza, una guerra en Vizcaya, un jura, una proclamación, un estatuto, unas leyes fundamentales resucitadas en traje de Próceres, una representación nacional, dos estamentos, dos discusiones, una corrección ministerial, un empate y la reserva de un voto importante, que no hacía falta, para sacar del fondo del arca política la gran verdad de que la ley protege y asegura la libertad individual. Pero ahora ya lo sabemos. _Girolamo, lo sappiamo_, responderá alguno. _Sappete_ un!!! Ahora es, y no antes, cuando verdaderamente lo sabemos, y ya nunca se nos olvidará.

¡Que nos quiten esa ventaja! Á un dos por tres descubrió Copérnico que la tierra es la que gira; en un abrir y cerrar de ojos descubrió Gassendi la gravedad de los cuerpos; Newton halló su prisma en un mal vidrio; Linneo encontró los sexos de las plantas entre rama y rama. Pero han sido necesarios siglos de opresión y una corrección ministerial para descubrir que la ley protege y asegura algo. He aquí la diferencia que hay de las verdades físicas á las verdades políticas: aquéllas suelen encontrarse detrás de una mata: éstas están siglos enteros agazapadas detrás de una corrección ministerial. Ábrase la discusión, discútase el punto, pronúnciese la modificación ministerial, _et voilà la vérité_, que salta como un chorro, y salpica á los circunstantes. ¡¡¡¡Uff!!!! _La ley protege y asegura la libertad individual._ Luego que esto esté escrito y sancionado, ya quisiera yo saber quién es el que no anda derecho. ¿Qué ladrón vuelve á robar, qué asesino mata, qué facción vuelve á levantar la cabeza, y qué carlista, en fin, no se apea de su destino? La discusión, la discusión; he aquí el secreto. _La ley protege_, es decir, que la ley no es cosa mala, como se había creído hasta ahora; la ley por último, he aquí la gran verdad escondida. Loor á la revolución, loor á las discusiones largas y peliagudas, loor á las correcciones ministeriales, y loor en fin, para siempre, y más loor á la gran verdad descubierta.

EL MINISTERIAL

¿Qué me importa á mí que Locke exprima su exquisito ingenio para defender que no hay ideas innatas, ni que sea la divisa de su escuela: _Nihil est intellectu quod prius non fuerit in sensu?_ Nada. Locke pudiera muy bien ser un visionario, y en ese caso ni sería el primero ni el último. En efecto, no debía de andar Locke muy derecho: ¡figúrese el lector que siempre ha sido autor prohibido en nuestra patria!... Y no se me diga que ha sido mal mirado, como cosa revolucionaria, porque, sea dicho entre nosotros, ni fué nunca Locke emigrado, ni tuvo parte en la constitución del año 12, ni empleo el año 20, ni fué nunca periodista, ni tampoco urbano. Ni menos fué perseguido por liberal; porque en sus tiempos no se sabía lo que era haber en España ministros liberales. Sin embargo, por más que él no escribiese de ideas para España, en lo cual anduvo acertado, y por más que se le hubiese dado un bledo de que todos los padres censores de la Merced y de la Vitoria condenasen al fuego sus peregrinos silogismos, bien empleado le estuvo. Yo quisiera ver al señor Locke en Madrid en el día, y entonces veríamos si seguiría sosteniendo que porque un hombre sea ciego y sordo desde que nació, no ha de tener por eso ideas de cosa alguna que á esos sentidos ataña y pertenezca. Es cosa probada que el que no ve ni oye claro á cierta edad, ni ha visto nunca ni verá. Pues bien, hombres conozco yo en Madrid de cierta edad, y no uno ni dos, sino lo menos cinco, que así ven y oyen claro como yo vuelo. Hábleles usted, sin embargo, de ideas; no sólo las tienen, sino que ¡ojalá no las tuvieran! Y de que estas ideas son innatas, así me queda la menor duda, como pienso en ser nunca ministerial; porque si no nacen precisamente con el hombre, nacen con el empleo, y sabido se está que el hombre, en tanto es hombre, en cuanto tiene empleo.

Podría haber algo de contusión en lo que llevo dicho, porque los ideólogos más famosos, los Condillac y Destutt-Tracy, hablan sólo del hombre, de ese animal privilegiado de la creación, y yo me ciño á hablar del ministerial, ese ser privilegiado de la gobernación. Saber ahora lo que va de ministerial á hombre, es cuestión para más despacio, sobre todo cuando creo ser el primer naturalista que se ocupa de este ente, en ninguna zoología clasificado. Los antiguos por supuesto no le conocieron; así es que ninguno de sus autores le mienta para nada entre las curiosidades del mundo antiguo, ni se ha descubierto ninguno en las excavaciones de Herculano, ni Colón encontró uno solo entre todos los Indios que descubrió; y entre los modernos, ni Buffon le echó de ver entre los racionales, ni Valmont de Bomare le reconoce; ni entre las plantas le coloca Jussieu, Tournefort, ni de Candolle, ni entre los fósiles le clasifica Cuvier; ni el barón de Humboldt, en sus largos viajes, hace la cita más pequeña que pueda á su existencia referirse. Pues decir que no existe, sin embargo, sería negar la fe, y vive Dios que mejor quiero pasar que la fe y el ministerialismo sean cosas para renegadas que para negadas, por más que pueda haber en el mundo más de un ministerial completamente negado.

El ministerial podrá no ser hombre; pero se le parece mucho, por defuera sobre todo: la misma fachada, el exterior mismo. Por supuesto, no es planta, porque no se cría ni se coge; más bien pertenecería al reino mineral, lo uno porque el ministerialismo tiene algo de mina, y lo otro porque se forma y crece por superposición de capas: lo que son las diversas capas superpuestas en el reino mineral, son los empleos aglomerados en él: á fuerza de capas medra un mineral; á fuerza de empleos crece un ministerial, pero en rigor tampoco pertenece á este reino. Con respecto al reino animal, somos harto urbanos, sea dicho con terror suyo, para colocar al ministerial en él. En realidad, el ministerial más tiene de artefacto que de otra cosa. No se cría, sino que se hace, se confecciona. La primera materia, la masa, es un hombre. Coja usted un hombre (si es usted ministro, se entiende, porque si no, no sale nada): sonríasele usted un rato, y le verá usted ir tomando forma, como el pintor ve salir del lienzo la figura con una sola pincelada. Déle usted un toque de esperanza, derecho al corazón, un ligero barniz de nombramiento, y un color pronunciado de empleo, y le ve usted irse doblando en la mano como una hoja sensitiva, encorvar la espalda, hacer atrás un pie, inclinar la frente, reir á todo lo que diga: y ya tiene usted hecho un ministerial. Por aquí se ve que la confección del ministerial tiene mucho de sublime, como lo entiende Longino. Dios dijo: _Fiat lux, et lux facta fuit._ Se sonrió un ministro, y quedó hecho un ministerial. Dios hizo al hombre á su semejanza, por más que diga Voltaire que fué al revés: así también un ministro hace un ministerial á imitación suya. Una vez hecho, le sucede lo que al famoso escultor griego que se enamoró de su hechura, ó lo que al Supremo Hacedor, de quien dice la Biblia á cada creación concluida: _Et vidit Deus quod erat bonum._ Hizo el ministro su ministerial, y vió lo que era bueno.