Nuestra Pampa; libro de lectura
Part 22
Contiene este libro el aporte veraz y desapasionado que necesita el país para orientar su juicio sobre la Pampa. Pero si la objetividad con que han sido recogidas estas informaciones y la honradez periodística que prestigia sus capítulos, no tradujeran con suficiente elocuencia el grado de progreso alcanzado por este gran territorio, completaríamos la nota personal con las revelaciones de la estadística. Así, en guarismos globales, diríamos al país que la Pampa según la información del censo de 1912 excede en población de 108.000 habitantes, sobre una extensión de 14.000.000 de hectáreas de tierras aptas para toda clase de cultivos y explotaciones ganaderas; que la agricultura ha extendido sus sementeras en una superficie no menor de 2.000.000 de hectáreas, mientras la industria pecuaria, con el prestigio de la tecnificación reclamada por la ciencia moderna, abarca todo el resto del territorio, desde las notables invernadas de Pico hasta las márgenes del Colorado y los campos ovejeros de la Copelina; que los ferrocarriles han irradiado su sistema colonizador en líneas y ramales cuya longitud marca una extensión superior a 1.700 kilómetros, lo que excede en mucho a la mayor parte de las provincias argentinas, salvo Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; que posee más de cien escuelas nacionales, colegio nacional y escuela normal y veinte y cinco publicaciones periódicas entre diarios, hebdomadarios y revistas; que alienta la vida institucional de veinte comunas constituídas y otro número igual de pueblos que aguardan las revelaciones del censo para incorporarse al organismo municipal. Y a esta demostración de potencialidad, material y moral, que informa de un organismo poderoso vitalizado por las grandes industrias, hay que agregar la fuerza económica del acervo privado que excede de los 300 millones y su contribución impositiva al fisco nacional muy vecina a los 5 millones de pesos.
Corto se ha quedado el panegírico de los pampeanistas al buscar, para el proceso evolutivo, de este territorio el simil de las tierras estadounidenses que complementaron y aureolaron con su incorporación a los trece estados fundadores, la bandera constelada del Norte. Reclamamos para la Pampa la originalidad de un Estado absolutamente nuevo y sin precedentes en las demás naciones del orbe. Ya lo hemos dicho al comienzo de este libro: la Pampa no ha tenido adolescencia. Después de la desposesión al aborigen--ayer nomás--ha quedado incorporada de hecho a la cultura nacional, sin ese interregno semi-bárbaro que caracterizó las tierras nuevas de los Estados Unidos. El problema del indio cayó en liquidación con la campaña al desierto que constituye el episodio interno más notable en la vida militar del país. Y si aún se sostiene la fantasía selvática del Chaco, nada de extraño sería, que poniendo en evidencia las razones de este pseudo-problema, se encontrara en nuestro norte lejano el pretexto de una gimnasia militar para computar servicios y ganar presillas, a título de movilizar la institución armada de suyo burocrática en nuestro país, para tranquilidad y grandeza de la República...
Nosotros no tenemos ni el problema del indio, ni menos “the black problem” que es una pesadilla para los Estados Unidos.
Ningún territorio de la Unión, al incorporarse como Estado autónomo alcanzaba a la densidad demográfica de nuestra Pampa. Ni Ohio, ni Mississipí, ni Illinois, ni Missouri, ni Michigan, ni Florida, ni Iowa, ni Oregón, pudieron alcanzar esta cifra elocuente de 108.000 habitantes con que podemos presentar a la Pampa en su justo anhelo de provincialización. Todos aquellos Estados, con extensiones territoriales iguales o mayores que la Pampa, oscilaban parcialmente, en población de 45 a 80.000 habitantes. Solo Kansas, al operarse su transición política de territorio a Estado, tenía una población igual que la Pampa. Y Montana, que ocupa su sitio en el concierto federal en 1889, arroja una población de 130.000 habitantes pero sobre un territorio tres veces superior que la Pampa.
No puede haber parangón posible entre el caso argentino y el norteamericano. Aquellos Estados se incorporan a la constelación por una apremiosa necesidad política, frente al problema separatista que era fundamental. Nuestra Pampa debe incorporarse espontáneamente por obra y gracia de la civilización. Su sistema cultural ha sido más completo que el de los territorios unionistas del oeste. Aquí, operada la conquista indiana, el progreso orgánico abrió con su cultura, el ciclo franco de la colonización, sin las escenas de aquella California desalmada de los buscadores, ni la justicia típica del “far west” con el código de Lynch y los desbordes de la chusma incivil.
Balanceadas en el transcurso de este libro las fuerzas vivas del territorio, fluye de una manera evidente la necesidad de elevar la categoría institucional de la Pampa, bajo el concepto federativo de nuestra carta fundamental y de acuerdo con el desarrollo de sus fuerzas productivas, su vitalidad económica y su densidad de población. Sobre la base de la constitución, la ley territorial número 1532, en su artículo 4.º, estatuye en forma clara y terminante que “cuando la población de una gobernación alcance a sesenta mil habitantes, constatados por el censo general y los censos suplementarios sucesivos, tendrá derecho para ser declarada provincia argentina". Tal es la situación de la Pampa. Todo esfuerzo para violentar ese derecho legítimamente conquistado, sería atentatorio para la civilización y regresivo para la ley.
VOCABULARIO
=Impregnados.= Llenos, convencidos.
=Prejuicio.= El juicio que se forma sobre una cosa sin conocerla.
=Factoría.= Establecimiento exclusivamente comercial.
=Paradojal.= De “paradoja”: aserción falsa que se presenta con aspecto de verdadera.
=Invertebrado.= Que no tiene columna vertebral. Está en sentido figurado.
=Fogón.= El fuego que en el campo se enciende para preparar las comidas.
=Fabulario.= Conjunto o colección de fábulas.
=Zigzaguean.= Que hacen zigzag, es decir, camino quebrado.
=Coturno.= Especie de calzado usado por los griegos y los romanos.
=Ramplón.= Grosero, inculto, vulgar. Calzado tosco, de suela muy gruesa y ancha.
=Tachuelado.= Claveteado con tachuelas.
=Seculares.= Con siglos de vida.
=Preconcepto.= Juicio sobre una cosa antes de conocerla.
=Bonafide.= Expresión latina: de buena fe.
=Factores.= Elementos.
=Recóndita.= Escondida.
=Veraz.= Verdadero, que dice la verdad.
=Guarismos globales.= La cantidad, expresada en números redondos, que indica la suma de varias más pequeñas.
=Hebdomadarios.= Semanario, o semanal.
=Acervo.= Riqueza, capital, fortuna.
=Panegírico.= Elogio.
=Interregno.= Un espacio de tiempo.
=Pseudo-problema.= Problema que sólo lo es en apariencia.
="The black problem".= En inglés: el problema negro. Pronúnciase: di blac problem.
=Parangón.= Comparación.
=Separatista.= Partidario de la separación.
=Unionista.= De la “Unión”, nombre abreviado que suele darse a los Estados Unidos.
=Estatuye.= Dispone, ordena.
=Gringo.= Muchos autores se ocupan del origen de esta palabra. Hay quienes aseguran que esta expresión tiene su origen en una canción triste que entonaban los prisioneros ingleses, hechos durante las invasiones de principios del siglo pasado. Estos prisioneros, cuando al caer la tarde regresaban de Quilmes a Buenos Aires, después de las labores a que habían sido confinados, cantaban en coro una canción cuyo motivo principal de letrilla sonaba eufónicamente a los criollos con esta expresión: “gringo".--Se hizo popular entonces, la manifestación de “ahí vienen los gringos". Pero esto es absolutamente hipotético. Hemos podido observar que en Chile, Bolivia, Perú, etc., que ni de reflejo han recogido este modismo, se usa la palabra “gringo” para designar al extranjero; sea alemán, inglés, italiano, etc. Para nosotros, la palabra “gringo” viene de “grincu”, expresión araucana que significa extranjero. Nada más evidente y claro.
=Cumilao.= Nombre de capitanejo indígena.
=Curacó...= Agua de la piedra.
=Mapuches.= Mapú (tierra); che (gente).
=Nahuel-Huapí.= Terreno del tigre.
=Neuquén.= Río grande y correntoso en esta parte.
=Puelén.= Valle profundo.
HACIA LA PROVINCIALIZACION
Planteado el problema de la provincialización pampeana, nada de extraño fué que el retardatarismo sacudiera su molicie para contrarrestar el avance de la idea nueva. Para la vieja feudalidad, esta autonomía gubernativa significaba una revisación de valores materiales que pondría en evidencia el máximo de las ganancias sobre la base del mínimo de las contribuciones fiscales. De ahí que el latifundista indolente, que vive del terrazgo, sobre canon no siempre libérrimo, goza de la vida muelle de la metrópoli y conoce la Pampa por las tranqueras de su heredad, buscara en la operación “outrance”, recursos ni muy expeditivos, ni muy convincentes para constreñir y desviar la opinión del país. Pero no se necesita mucho esfuerzo para especificar la estratagema. Los campos de la Pampa, cuya valuación territorial, no ha sufrido aparentemente modificaciones fundamentales desde muchos años hasta hoy, gravarían por cierto, su contribución de acuerdo con su valorización. Y esto es, en suma, lo que no desean los terratenientes, para quienes el usufructo del predio está en la locación parcelaria, fuente cómoda de sus más seguros ingresos. Es sospechosa, a fe, la discrepancia de opiniones entre el potentado tenedor porteño y el propietario pampeano, laborador sobre el surco o el gramillal, de sus dos, tres o cinco mil hectáreas, en defensa cada cual del interés privado. El terrateniente, que tiene una tasación oficial sobre su fundo de 20 pesos por hectárea, sabe que su precio positivo es de 200 y aboga porque la remoción institucional a que está avocada la Pampa, en su anhelo provincialista, no venga a nivelar el valor ficticio de la tierra que constituye la riqueza más firme y cuantitativa de la nación. Es, por lo común, un caso de cerrada sordidez, sin la más remota idea de la evolución progresiva que se opera en el país. Pero a fuerza de estirar el concepto se va a repetir la fábula de la gallina de los huevos de oro. El impuesto territorial burlando el sistema de los terratenientes, va nivelando paulatinamente el tributo impositivo de la propiedad raíz. De ahí que la contribución territorial de la Pampa se haya acrecentado en más de un millón y medio de pesos en lo que va corrido de los dos últimos años. ¿A qué, pues, tanta oposición a la autonomía pampeana, sobre la premisa del impuesto territorial, cuando el impuesto territorial se ha de gravar lo mismo por la propia e inevitable valorización de la tierra? El propietario rústico, por el contrario: nervio y motor de su predio, colono o criador, siente la necesidad de que la opinión oficial venga a consagrar el verdadero valor de su tierra. En consecuencia es un partidario ferviente de la provincialización pampeana. Con toda la honradez que caracteriza nuestra labor, debemos consignar que en numerosas ocasiones hemos comprobado este contraste significativo; y más de una vez algún vasco analfabeto del oeste o algún italiano progresista del sur--a veces un criollo--ha exaltado nuestro entusiasmo, al enaltecer, con argumentos verdaderamente eficaces, la necesidad de coronar el esfuerzo de los labradores pampeanos con la autonomía del territorio, como el medio legítimo de orientar sus destinos, disponer de sus rentas, y alcanzar el desiderátum de los deberes y derechos que acuerdan el trabajo, la civilización y la ley. Contra esta amplia doctrina que emana del capital y del trabajo a la vez, no vemos el argumento fundamental que puedan oponer los grandes tenedores de tierra.
Los lectores que hayan seguido la capitulación de este libro, echarán de ver que no nos dejamos arrastrar por pasiones estrechas al exteriorizar nuestro juicio sincero sobre el latifundio. No hay prevención mezquina en este caso. Sabemos que el latifundio es un resultado de la despoblación. Por las proximidades de los grandes centros se va conjurando poco a poco con la subdivisión testamentaria, el ferrocarril y la colonia. No ocurre lo propio todavía--y por desgracia--ni en los campos cordilleranos, ni en algunas provincias del norte donde, como en Jujuy, existen feudos como el de Yavi, que no es otra cosa que el marquesado de Campero de hace doscientos años, indiviso aún y con todos los derechos feudales sobre el autóctono, manumitido pero servil. En momentos de escribir este capítulo, el director general de Economía Rural y Estadística, don Emilio Lahitte, cerebro potente y gran argentino, pone en nuestras manos su atlas sobre el proceso del latifundio en el país. Más que todo lo que dicen los economistas sobre la evolución de la tierra argentina, nos han enseñado estos gráficos que siguen el curso de la subdivisión territorial iniciada, sin duda, con los ferrocarriles. Por los mapas del señor Lahitte nos hemos compenetrado del proceso pampeano y podemos asegurar que es tan fundamental la evolución, que la Pampa feudataria, se redimirá en muy corto plazo con el aumento vegetativo de su población y el expandimiento de sus ferrocarriles.
Nuestras objeciones sobre el fundo tienen su especificación capitalísima para aquellas heredades que, enclavadas al margen de los pueblos, desconciertan y trastornan la evolución progresiva de los núcleos de colonización, cierran los caminos y circunscriben su labor a la crianza cerrada o a la monocultura, ajenos a toda orientación reformista, a todo expandimiento civilizador. Cabañas como las del norte donde las industrias rurales se combinan con espíritu franco, donde se busca en la tecnificación el triunfo de la ganadería nacional; colonización como la de Trenel, donde se ha llegado al cooperativismo por propia iniciativa del capital en íntimo consorcio con el trabajo, no pueden despertar otro sentimiento que de simpatía ni otra palabra que el aplauso estimulador.
Sostienen los impugnadores de la Pampa provincia, que la creación de un organismo autónomo irrogaría ingentes egresos al nuevo Estado. Para el metropolitanismo acaparador es más cómodo y productivo centralizar las rentas de la Pampa antes que entregarlas a su arbitrio y distribución. No basta el procedimiento inconstitucional y absorsivo de los impuestos internos que restan a las provincias sus recursos legales; es necesario amamantar la burocracia con el tributo colonial de la Pampa, indianizando, a la antigua usanza, un territorio que vale, en peso específico y por sí más que algún trio de provincias, tan precarias que aguardan periódicamente el giro federal para cubrir sus descalabros financieros. ¿Cómo se significa la Pampa en el presupuesto de gastos de la Nación? Es probable que su sostenimiento administrativo no origine una cantidad mayor de 80.000 pesos, englobando a la suma el margen de los imprevistos federales que tengan atingencia con el territorio. En cambio, su contribución al erario bien puede calcularse alrededor de 5.000.000 de pesos por concepto de contribución directa, patentes, papel sellado, derechos sucesorios, etc. La elocuencia de estos guarismos ha de poner en claro el juicio “a priori” o calculado de los que pretenden sostener este factoraje. Y no sería extraño que la influencia política de las “provincias pobres” tuviera su participación en este estancamiento provincialista de la Pampa, por temor a las comparaciones y por propio instinto de conservación...
Otra de las objeciones--la más inocente quizá--del oposicionismo a todo trapo, se relaciona con la supuesta carencia de hombres de talento cultivado, en el territorio. Es pueril la premisa. El centralismo federal jamás puso medida para liquidar los pleitos del interior e imponer a las provincias sus hombres dirigentes. Es vieja práctica, en nuestras artes de gobierno, malgrado nuestra plataforma federativa, el sistema de someter al cerebro de la capital lo que siente el corazón del país. Fué común desde antaño, ungir gobernadores desde los estrados de la Casa Rosada, salvo en los nobles tiempos del patriciado. ¡Y ahora ponemos el grito en el cielo porque el futuro estado de la Pampa--provincia de experimentación democrática--pudiera iniciar su proceso autonomista bajo la dirección administradora de los hombres de Buenos Aires!
Empero no ha de ocurrir tal cosa. Un territorio de labor como la Pampa, no ha de necesitar de elementos extraños para el gobierno propio. Las delegaciones que acudieron al certámen agrícola de Santa Rosa en el mes de diciembre--algunas espectables, como la que representaba al ministerio de agricultura--pudieron darse cuenta exacta de la entidad representativa del territorio en lo que concierne a sus fuerzas productoras, base fundamental para el prestigio y la estabilidad de su gobierno. Es hipotético, egoísta y propio del desconocimiento que se tiene del país, pensar que no hay hombres en la Pampa, capaces de encarrilar sus destinos en la senda de su política institucional. Tal, la estratagema partidista imputaba incapacidad administradora, a los territorios de la Unión en vísperas de abrogarse facultades estadoales para gloria y concierto de los Estados del Norte. Y sépase bien, que de aquellos territorios noveles y semibárbaros del oeste, salieron estadistas y presidentes y ministros y fué el voto de uno de sus ciudadanos el que dirimió en el Capitolio la abolición de la esclavitud, el sillar más firme sobre el cual la gran república del Norte aseguró su porvenir.
Seamos justos; seamos grandes; seamos, en fin, argentinos.
La Pampa debe ser incorporada al concierto provincial de la República. Lo sanciona la ley, lo reclama su progreso, lo impone la civilización. ¿Qué marginará nuevos problemas de política interna? Para eso hemos cimentado nuestro sistema federativo. ¿Que creará un presupuesto dispendioso? Es el destino más legítimo que puede dar a sus rentas, antes de entregarlas al tesoro nacional para sostener con ellas el orfelinato de las provincias pobres. ¿Que concentrará el éxodo en menoscabo del país? Ojalá pudiera hacerse sentir en bien de la descongestión de Buenos Aires, hipertrofiado de miseria, arrastrando hacia sus campiñas promisorias, la juventud inactiva y el proletariado sin hogar! Hasta por nuestro propio buen nombre en el exterior, debemos crear esta provincia. La Pampa argentina es universal, pero bajo la envoltura del prejuicio, como la llanura incivil materializada por el geógrafo francés impresionado en la semblanza de “La Cautiva". Es una vergüenza que sobre el meridiano de la primer provincia argentina, se extienda todavía la colonia, secularizando el concepto del desierto cerril de hace cuarenta años. Y, tenedlo seguro, que para el extranjero ilustrado que nos visite, esta dilación en dar a la Pampa sus derechos autónomos no será otra cosa que un expediente de política criolla. Y pensará, es posible, y en menoscabo de nuestros hombres de gobierno, sobre la “necesidad política” de mantener un territorio de asilo, válvula de expansión para el compadrazgo político y la frondosidad del presupuesto nacional; y hasta podría sospechar--¡tan mal nos conocen!--que el territorio pampeano es un desahogo de la provincia de Buenos Aires, reclamado por épocas regresivas, para zafar las jurisdicciones de la ley...
De la Pampa autónoma, grande y floreciente como es, se podría organizar la provincia de experimentación, el Estado-modelo, asegurando para su constitución las más bellas prácticas de la democracia, y para su legislación general, las más nobles conquistas del trabajo. Ojalá los materiales de este libro puedan ilustrar el criterio del país, proporcionando a nuestros hombres de gobierno el aporte necesario para afrontar en definitiva el problema de la provincialización.
VOCABULARIO
=Retardatarismo.= La tendencia a retardar el progreso.
=Molicie.= Abandono, pereza, indolencia.
=Feudalidad.= Régimen feudal.
=Terrazgo.= Lo que el labrador paga al dueño de la tierra que aquél trabaja.
=Libérrimo.= El más liberal.
="Outrance".= Palabra francesa. A toda costa, muy empeñosamente. Pronúnciase: utrans.
=Estratagema.= Ardid, trampa, engaño.
=Locación parcelaria.= El arrendamiento por parcelas, por fracciones de campo.
=Cuantitativa.= Relativa a cantidad.
=Analfabeto.= Que no sabe leer.
=Manumitido.= Libertado de la esclavitud.
=Egresos.= Gastos.
=Factoraje.= Relativo a factoría (establecimiento comercial bajo explotación tiránica, por lo común).
=Federativo.= De federación, federal.
=Hipotético.= Dudoso.
=Estadoales.= Perteneciente a los estados.
=Hipertrofiado.= Henchido, repleto.
=Compadrazgo político.= Camaradería y muchas veces complicidad entre los políticos y sus agentes.
=Zafar.= Eludir, esquivar, librarse.
EL TERRALFAR PUNTANO
El “terralfar”[1] puntano, abarca, casi sin desperdicios, la gran llanura comprendida entre Villa Mercedes y Buena Esperanza. En 600.000 hectáreas, por lo menos, se extendió la conquista del inmenso prado que dominó al guadal. La sequía asoladora de 1916, puso su nota cruel sobre la verde maravilla de los campos. Las arenas, domadas paulatinamente, con el refinamiento forrajero y la rotación de los ganados, se entregaron a merced de los vientos, como una honda revelación contra la fuerza civilizadora que asentó su vagoroso peregrinar por el desierto. La gran zona convalece de la pavorosa epidemia. Los médanos viejos bravean aun al borde de los caminos y ondulan por los campos aprovechando el descuido de los ganaderos indolentes. Contra su acción arrasadora, impelida por los vientos del Sur, están los carrizales, los tamariscos, los sorgos y el centeno, remedios heróicos incorporados definitivamente a la práctica rural. El problema de las dunas pampeanas no existe en nuestro país. Solo la imprevisión y el despego a la tierra pueden fomentar estas temibles migraciones. Los viejos vecinos comarqueños recuerdan todavía la agreste primitividad de estos campos, tan sueltos, tan deleznables, que era preciso transitar por la angosta huella de los ganados, so pena de arruinar las cabalgaduras en una legua de trayecto. Con el curso de los años, casi insensiblemente se ha operado la transformación. Los cultivos de forrajes, el apeñuzcamiento de los vacunos, la subdivisión territorial que fomentó atenciones pastoriles y el esfuerzo defensivo de los pobladores, han contribuído, de consuno, a estabilizar la superficie, dando vida a la gran pradera artificial. Ya no se forman médanos. Solo algún viejo arenal porfía aún contra el esfuerzo civilizador hasta que cae atrincherado por el cerco de alambre y aplaca sus veleidosos nubarrones de polvo bajo la acción de los cultivos. Y es llegado el momento, entonces, cuando la misma naturaleza, cual si quisiera favorecer el esfuerzo humano, termina la obra empenachando al médano vencido con matorrales de paja blanca, síntoma inequívoco de que el implacable arenal ha encontrado su eterna esclavitud. Los pobladores de la comarca que sufrieron la gran sequía (1910), debieron suponer que los médanos reconquistarían el desierto--tan despiadado fué el azote.--Pero sobre la pérdida de grandes alfalfares, cuando el suelo inconsistente entregaba sus arenas a los vendavales, cuando la torpeza salvaje de los campos parecía enseñorearse de nuevo y arrasar con la última mata de alfalfa, vinieron las lluvias del año 17, se remozaron las praderas, reverdecieron los bosques, y sobre la tierra sedienta y aplacada, se extendió como una red una yerba silvestre y amorosa, la “yerba del pollo"--la “yerba meona”, del paisano--síntoma modesto de salud y de vida con que significaba la naturaleza en su promisoria maternidad. Y al amparo de esta yerba-providencia que rastreó el suelo humildemente, con la sencillez de una liana cordial, se criaron los tupidos gramillales, tan sanos, tan inmensos, tan incitadores, que cayeron bajo la cortadora y fueron a reponer los almiares, a sustituir el forraje artificial que agonizaba en los predios.