Nuestra Pampa; libro de lectura

Part 20

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Con la Fiesta del Grano, celebrada por primera vez en Santa Rosa el 16 de noviembre de 1913, se incorpora al calendal agrícola de la Pampa, una ceremonia destinada a ser clásica. Ceres, tuteladora de las sementeras, reclamaba su santoral. Tal vez la fecha, no muy apropiada, tenga su modificación en los festivales del porvenir y se arraigue en febrero, por ejemplo, con el grano en los trojes o en el trasatlántico. Ya lo dijo el Exodo de Moisés: “la fiesta de la cosecha, cuando cogieres tu trabajo del año". Pero, sea como fuere, reclama el triunfo del cereal su advocación consagratoria. El trasunto es oriental y eterno como la belleza. Flora fué la simbolización gentilicia que enseñó a los griegos a consagrar sus viñas y a amar en el perfume y el color de los prados la grandeza del sol. Roma, recoge el modelo y los perpetúa en la diosa del pan, hija de Saturno y nodriza de la dorada mies sobre las campiñas tiberianas. Y se llamó Ceres.

De entonces acá el símbolo la eternizó como el hada maravillosa, con su túnica blanca y bajo cuyo aliento promisor cubriríanse de verdura las hazas y caería el polvo de oro sobre las espigas.

La Fiesta del Grano en la Pampa, es la fiesta a Ceres, que prendió a la tierra el arado y roturó el labrantío, que desparramó la simiente y puso en el alma de cada labriego su gota de esperanza y su gota de amor. Poetizarla en su fiesta patronal, es enguirnaldar sus cabellos con una égloga de Virgilio, es volcar en su holocausto el ánfora de la gratitud donde bañaron su esperanza los pueblos migradores de toda la tierra que vinieron en busca del azul de nuestro cielo y el abrigo de nuestro solar. Por eso es que sentimos hondo la influencia de esta consagración sencilla, evocadora y sentimental.

En el concurso de cereales, organizado en septiembre de 1913 por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Sociedad Rural Argentina, cupo en suerte a los trigos de la Pampa, la adjudicación de diversos y significativos premios.

El premio por trigo Barletta fué adjudicado a don Bartolomé G. P., de Colonia Castex; el correspondiente a trigo ruso, a don Francisco M., de General Pico. Campeón regional de lino fué declarado don Juan B., de Arata; por avena obtuvo el premio don Juan S., de Bernasconi. Don Guillermo B., de General Acha, alcanzó campeonato por semilla de alfalfa. Por centeno, obtuvo el premio don Boiso M., de Utracan.

Bastaría sólo esta nómina para demostrar palmariamente la importancia que habían alcanzado en el territorio los diversos cultivos. Pero, sobre este halagador resultado del certamen, había un premio máximo: el campeón nacional. Este premio, el más significativo y valioso del concurso, lo alcanzó con su trigo híbrido, el cultivador don Andrés Giordano, chacarero de las colonias Inés y Carlota, vecinas a la capital del territorio.

Ya en 1907, un agricultor de aquella vecindad, había obtenido el primer premio--medalla de oro--adjudicado por el ministerio de agricultura, en un concurso de cereales. Este nuevo triunfo, era la consagración definitiva sobre la calidad productora de la Pampa. Y hubiese sido malograr una oportunidad excepcional en el estímulo reclamado por la industria, dejar correr tan fausto acontecimiento sin dedicarle la atención pública, mancomunando el triunfo agrícola que era el triunfo común.

De esta necesidad colectiva, nació la Fiesta del Grano, es decir la fiesta a Ceres. Debía celebrarse el ceremonial con motivo de la distribución de los premios obtenidos. En su edición del 30 de septiembre decía un diario de Santa Rosa, al hablar de la fiesta en ciernes y refiriéndose a los agricultores premiados:

“Estos detalles que allá en la gran metrópoli argentina pasan inapercibidos para la inmensa mayoría de sus habitantes, son para nosotros los timbres de honor, los diplomas de nobleza, que han ganado los pioneers del progreso pampeano con su labor, y la prueba palpable de la fertilidad de la tierra generosa de esta región, que devuelve con creces el fruto de la simiente arrojada con mano inteligente y robusta en el surco labrado por los agricultores.”

La ironía era amarga pero tenía su fondo de verdad. Con este concepto local sobre el propio valimiento, difundido en el territorio, la consagración a la espiga próvida tenía que concentrar la voluntad de todos los agricultores. Y el festival alcanzó todos los contornos de un gran acontecimiento.

Fué dificultoso preliminar la tarea de establecer la persona del colono campeón. La Bolsa de Buenos Aires designó una comisión de técnicos para que identificara la procedencia del cereal premiado. Se sabía que correspondía a colonos de Inés y Carlota, pero como los trigos de éstos, en el transcurso de verificarse el certamen, habían sido vendidos, se presentaron algunas dificultades para la investigación. Por fin se pudo constatar que las muestras traídas de Buenos Aires, coincidían con las muestras del trigo de Giordano, conservadas por su esposa, como si una rara intuición, una previsión misteriosa, se hubiera anticipado al feliz acontecimiento. Nos explicamos el triunfo sentimental de Ruth Moabita espigando en la segada de Booz...

La distribución de los premios se realizó en acto público. Concurrieron agricultores de todos los ámbitos del territorio. La ceremonia fué auspiciosa y fraternal. Se estrecharon en vínculo afectivo los cultivadores. Se laudó en cálidas manifestaciones la obra del progreso puesta en marcha sobre los campos pampeanos. Aquello fué una tonificante demostración de vitalidad, de energías, de labor. Se entonó un salmo a Ceres. Y al loar el triunfo de la agricultura, se puso en alto el nombre de la nación.

VOCABULARIO

=Calendal.= Calendario, almanaque.

=Ceres.= Diosa de las mieses o de la agricultura, en la mitología greco-romana.

=Adoración.= Consagración.

=Perpetúa.= De “perpetuar”: hacer que una cosa dure eternamente o por lo menos muchísimo tiempo.

=Labrantío.= El campo o tierra de labor.

=Holocausto.= En sentido figurado: en homenaje a alguien, en honor.

=Ánfora.= Vaso antiguo.

=Híbrido.= Aplícase al animal o vegetal procreado por dos individuos de distinta especie.

=Fausto.= Feliz, digno de ser festejado.

=Mancomunado.= De “mancomunar”: unir varias personas en un esfuerzo común.

=Próvida.= Propicia, benévola.

=Constatar.= Verificar, comprobar.

=Intuición.= Presentimiento, percepción clara de un hecho futuro, como si se tuviera ante la vista.

=Auspiciosa.= De buen agüero.

=Laudó.= Se alabó.

=Salmo.= Himno, canto.

=Loar.= Elogiar, celebrar.

LA JUSTICIA PAMPEANA Y EL PROBLEMA AGRARIO

Los problemas agrarios, cuya intensidad se significa con el movimiento santafecino de 1913-14, tuvieron, como era de esperarse, su repercusión en la Pampa. El procedimiento judicial, moldeado hasta hoy en la rutina de nuestro sistema colonizador, se vió de pronto en la necesidad de afrontar casos desconocidos para nuestra legislación. Por las actuaciones del juzgado letrado en lo civil y comercial a cargo del doctor T., podrán nuestros lectores apreciar la importancia del procedimiento judicial en lo que tiene atingencia con los diversos problemas agrarios planteados últimamente.

Sostiene el doctor T. que siendo la Pampa un territorio de irradiación agrícola en donde vienen a converger las corrientes colonizadoras de Buenos Aires y Santa Fe, nada más lógico que todos los problemas rurales que se produzcan en estas provincias, tengan en la Pampa, su inmediata repercusión. Así se explica que el movimiento agrario de Santa Fe, se reprodujera de inmediato, aunque con menor intensidad, en este territorio.

¿Cuál fué el origen de este movimiento? Plantearon el problema los arrendamientos excesivos generalmente a base de intermediarios y en la época ingrata de las malas cosechas.

Los agricultores, imposibilitados para satisfacer la locación y temerosos de caer en el embargo, levantaban las cosechas subrepticiamente, aprovechando la impunidad de la noche para trillar con máquinas australianas. Por este medio lograban burlar la acción de los arrendadores o propietarios, quienes, de improviso, se encontraban con que no había una espiga en pie. Esta propaganda de levantamiento de trigos, se intensificó en las zonas de Anguil, Uriburu, Quemú-Quemú, Pico, Trenel e Ingeniero Luiggi.

Como la diferencia entre arrendadores y colonos no llevara miras de solución, los propietarios se presentaron a los tribunales pidiendo embargo sobre las cosechas de los chacareros. Se dió el caso de un solo propietario que solicitó este procedimiento judicial simultáneamente sobre cuatrocientos cincuenta chacareros.

Los agitadores sostenían que los contratos no eran de arrendamiento, sino de sociedad. Para establecerse la demanda era menester dar cumplimiento al impuesto de papel sellado. (Debemos advertir que hasta hace poco tiempo no había en el territorio la costumbre de satisfacer el impuesto al estampillado). En la necesidad de poner las cosas bajo el imperio rígido de la ley, cada demanda planteada ante el juzgado, debía irrogar a sus gestores, previamente a toda sustanciación, una suma de 2.100 pesos; es decir, 100 pesos por concepto impositivo del sellado; y 2.000, en carácter de multa (1.000 pesos corresponde a cada una de las partes en litigio.)

Contra la tesis de los chacareros, los propietarios o arrendadores sostenían que los contratos no eran de sociedad, sino de arrendamiento.

Ante esta disparidad entre los litigantes, el juzgado, que buscaba el interés legítimo de ambas partes, no quería pronunciarse, supuesto que se trataba de fenómenos nuevos en el territorio, no previstos hasta ahora por el procedimiento.

La tendencia del juzgado, como se descubre, era arribar a una solución equitativa. Es decir, suavizar el canon de los arrendamientos y al propio tiempo que se satisfacieran con regularidad. Sin la oportunidad para desarrollar de inmediato un procedimiento tranquilizador y equitativo, mantiene, en consecuencia, una situación espectante, ya que proceder de golpe con aquella avalancha de litigios, provocando un desalojo a granel, hubiera sido plantear una situación violenta para el territorio, casi una revolución.

He aquí su acción circunscripta alrededor de los siguientes objetivos: 1.º obtener la disminución razonable en los arrendamientos; 2.º pago inmediato de los mismos; 3.º proporcionar a las partes la oportunidad, con el nuevo contrato, de cumplir con la ley de sellos; 4.º evitar los desalojos. Este fué, en suma, el programa lleno de cordura que se puso en práctica para solucionar la mayoría de los casos.

Sin duda, antes de llegar a esta conclusión, hubo necesidad de proceder ejecutivamente. Y cuando se observó que la demora en la sustanciación de los juicios, daba pie a que los colonos levantasen las cosechas, el juzgado resolvió los embargos sin ocuparse de la naturaleza del contrato, formalizándose la acción judicial con el auxilio de la fuerza pública y entregándose a los embargantes la parte proporcional del arrendamiento. Este procedimiento severo pero legal, llevó la situación a su quicio. La huelga--que tal fué aquel movimiento--quedó terminada sin necesidad de pronunciarse desalojos.

¿Cuál fué la consecuencia de este temperamento judicial? La supresión del intermediario, pues los dueños, de campo se dieron cuenta que los intermediarios, que tenían en gran parte la culpa del movimiento, zafaban su responsabilidad descargándose con los chacareros.

Tenemos, pues, que mientras en Santa Fe continuaron las agitaciones agrarias, en la Pampa cesaron radicalmente. Y esto, sin duda, fué debido a la acción de la justicia, que si no importaba un desiderátum, en lo que concierne al usufructo directo de la tierra y a la subdivisión, fué doctrinaria, de conciliación y de equidad.

Ahora bien: relacionando la jurisprudencia sentada por el juzgado con los propósitos de orden económico, obtenidos por el procedimiento, se buscaba las siguientes finalidades: 1.º no perder un solo grano de las cosechas; 2.º obtener los precios más remuneradores.

Veamos el proceso de los cereales embargados. Un trigo, embargado en planta, debía ser cosechado por el deudor, de acuerdo con el acreedor. En caso de no tener el primero los elementos necesarios, lo cosecharía el acreedor. Una vez cortado y trillado el cereal, se transportaría a los galpones de la estación, a disposición del juzgado. Al pedido de venta, se remitiría a plaza para que una casa cerealera, acreditada, le diera salida. A este efecto, el juzgado dictaminó y la cámara confirmó, de que fueran los precios de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, los que servirían de patrón para las operaciones de venta. Con esta disposición se obtuvieron dos cosas: levantamiento del grano a conciencia y las mejores cotizaciones. En esta forma el cereal quedaba perfectamente garantido.

Este procedimiento, empleado por el juez doctor T., puede justipreciarse como una creación eminentemente pampeana, pues nuestras leyes de procedimientos nada dicen sobre el particular.

Había interés nacional en que no se malograra la cosecha, y al obtenerse buen precio, se facilitaba la transacción entre el acreedor y el deudor.

Frente a las prácticas antiguas, esta nueva doctrina judicial toma verdadero realce. No es para nadie un misterio que anteriormente a este procedimiento, jamás un trigo, embargado en pie, caía bajo la cuchilla de la segadora. Se malograba sobre el predio, servía de forraje a las bestias, o caía bajo la voracidad de las llamas, en la quemazón intencional. El concreto, en favor del nuevo procedimiento judicial, arroja la cantidad de 60.000 bolsas de trigo, embargadas al comienzo de la guerra, trigo salvado por la práctica conciliatoria puesta en juego por el juzgado entre propietarios y colonos. Repuntaron, como se recordará, los precios. Y aquella cosecha, que se hubiera aventado, con las prácticas viejas, rindió con creces para la transacción de acreedores y deudores y hasta para los terceristas que suelen nacer como hongos en estas oportunidades.

El “embargo voluntario”, es también otra creación pampeana que se anticipó, sin duda, a la prenda agraria. Mediante un acta judicial el acreedor entregaba al chacarero un crédito para levantar su cosecha, dando a embargo el producto de su chacra y dándose por depositario. La cosecha quedaba como garantía prendaria. Si el deudor pretendía engañar, el acreedor pedía suplantación de depositario.

A raíz de la depreciación de la tierra, los grandes acaparadores para lotes por mensualidades, tuvieron que rescindir contratos de compraventa. Stroéder, por ejemplo, operaba en el agio, con simples boletas. Los chacareros, compradores de buena fe y que habían pagado gran parte de sus predios, se presentaron al juzgado cuando los propietarios verdaderos de la tierra, engañados por los intermediarios, trataron de compelerlos al desalojo. Esto era, evidentemente, injusto, pues no sólo se trataba de desalojo, sino de desapropiación de las cosechas. Tuvo, entonces, el juez que buscar el modo de no lesionar los intereses ni de los propietarios, ni de los pobres chacareros que no tenían culpa del crack y que se verían desposeídos del fruto de su labor. Dentro de los recursos de la ley, el juzgado supo arbitrar el tiempo necesario para que se produjera el ciclo de la recolección agrícola.

Tal hubiera hecho aquel Magnaud de París que le cupo tan bien el calificativo de “buen juez"...

VOCABULARIO

=Agrarios.= Propios del campo.

=Atingencia.= Relación.

=Irradiación.= De “irradiar”: difundir rayos de luz un cuerpo luminoso. Está usado en sentido figurado.

=Locación.= Alquiler, arrendamiento.

=Embargo.= Retención por la justicia de los bienes de la persona contra quien se reclama el pago de una deuda.

=Subrepticiamente.= A escondidas.

=Impunidad.= Falta de castigo.

=Planteada.= Entablada.

=Irrogar.= Causar, ocasionar.

=Sustanciación.= De “sustanciar”: poner una causa o un proceso judicial en estado de sentencia.

=Litigio.= Pleito.

=Disparidad.= Diversidad, diferencia de opinión.

=Equitativo.= Justo.

=Espectante.= De espectar.

=Granel.= A barrer, en general.

=Quicio.= En sentido figurado: el estado anterior o normal.

=Usufructo.= Aprovechamiento.

=Jurisprudencia.= En derecho, se entiende por jurisprudencia sobre un punto, el conjunto de resoluciones o sentencias concordantes entre sí, que varios jueces han dictado, con relación a ese mismo punto.

=Remuneradores.= De “remunerar”: recompensar, premiar.

=Dictaminó.= Opinó, resolvió, sentenció.

=Justipreciarse.= Apreciarse, considerarse.

=Malograra.= De “malograrse”: perderse el fruto de alguna cosa; no aprovecharla; frustrarse lo que se pretendía.

=Transacción.= Arreglo.

=Conciliatoria.= Lo que sirve para evitar pleitos, disputas o diferencias.

=Terceristas.= Intermediarios.

=Suplantación.= Sustitución.

=Depreciación.= Baja del precio, abaratamiento excesivo.

=Acaparadores.= De “acaparar”: hacerse uno solo dueño del total o de la mayor parte de los campos de una región, o de determinados productos, etc., con el objeto de revender a precios excesivos.

=Rescindir.= Anular.

=Agio.= Especulación, reventa.

=Compelerlos.= Obligarlos.

=Crack.= Voz inglesa que significa “crujido". Se usa para indicar una repentina paralización de negocios acompañada con gran número de quiebras y ruinas comerciales, que generalmente son las consecuencias de especulaciones temerarias.

=Arbitrar.= Ingeniarse para el tiempo necesario.

LOS AGRONOMOS

Gran parte de nuestro viaje por la Pampa lo hemos realizado en compañía de agrónomos de la Enseñanza Agrícola. Esta circunstancia nos ha dado coyuntura para apreciar de cerca la obra de los técnicos y los beneficios que reporta a la agricultura, cuando se desenvuelve en su acción regular. Para que la labor de los agrónomos regionales sea eficaz, debe ser de constante movilidad. Un territorio tan extenso como éste, en donde los problemas agrícolas son tan múltiples, reclama una consciente fiscalización técnica. La chacra experimental, puede llegar a una eficiente contribución en lo que se refiere a seleccionamiento, aclimatación y perfeccionamiento cultural de las sementeras. Pero esta estación de prueba, cuyos resultados definitivos tendrá que demorar un tiempo para incorporarse a la práctica regional, necesita de la obra comprobativa de los agrónomos, cuya labor debe ser de difusión y de consejo, sobre el surco, como quien dice, y no en la comodidad burocrática de la oficina.

El agrónomo regional debe connaturalizarse profundamente con la zona cuyos intereses ha de servir, vincularse al agricultor y seguir el proceso de sus cultivos.

Siendo variadas las condiciones climatéricas y la calidad geológica de los suelos en el territorio, se impone, sobre todas las cosas, la observación objetiva del técnico. Hay una gran diferencia entre el norte de la Pampa en donde las lluvias arrojan un promedio de 550 milímetros y el centro y sureste, donde el pluviómetro marca de 250 a 400 y el oeste, conceptuada zona seca con sus 250 milímetros escasos. La misma constitución arenosa generalizada en toda la extensión de la Pampa, tiene sus variantes fundamentales. Los terrenos recostados en la frontera de Córdoba, son de arena gruesa con escasa proporción de arcilla; tienen alguna diferencia los del lado de San Luis, livianos y permeables. El análisis de Lavenir (Pablo), sobre suelos de la Pampa, establece que en Bernasconi, Alvear, Trebolares, Larroudé, Macachín y Santa Rosa el porcentaje no llega en ningún caso al 7 %; en Toay y Trebolares, la tierra es más consistente con una proporción total de arena de 82 a 97 y más, %. En general, es mediana la riqueza en calcáreo, ázoe y humus. En cambio son ricas en ácido fosfórico y en potasa.

Ante la diversidad de componentes químicos y geológicos que definen zonas características, nada más eficaz para la buena enseñanza agrícola, que el conocimiento experimental y la objetividad. El agrónomo regional debe ser una cátedra ambulante, mentor y consejero, teórico y agricultor a la vez. Nuestro viaje nos ha dado oportunidad para apreciar la condición de esta labor. En cada pueblo donde se han detenido nuestros coches, la acción científica ha podido experimentar sobre elementos nuevos, dar orientaciones y enriquecer el caudal investigativo con la experiencia de los cultivadores.

--Venga--le dicen al agrónomo, en comisión, de Quehué, los chacareros de Unánue--a visitar nuestros trigos. Venga pronto... Han aparecido unas manchas azules en las hojas, que nos tienen alarmados. ¿Qué será?

Hemos podido observar que en general, los agricultores de profesión, creen estar muy por sobre los agrónomos, en la práctica de los cultivos. Mientras los trigos se desarrollan sin novedad, con el verde uniforme y magnífico, todo va bien. Discuten enfáticamente procedimientos de cultivos y hasta suelen recibir con hosquedad las conferencias didácticas. Su desconcierto es cuando algún azote patógeno sacude el trigal. ¡Entonces sí que acuden al agrónomo, ante la amarga perspectiva de malograr los afanes del año!

--La isoca me tiene mal, señor, muy mal... ¿qué debo hacer?

--Si los trigos están en condiciones de soportar--opinan algunos agrónomos--páseles la rastra y el rodillo. Y sea previsor para el año que viene: surque el linde del campo. Aisle la isoca, que la isoca es cobarde para cruzar al sol. Esto, como medida previa. Pero lo fundamental es conocer “de visu” el terreno donde se ha desarrollado la plaga. Un papal, por ejemplo, sufre la isoca, por invasión del predio vecino, porque está mal trabajada la tierra, o el estiércol no ha sido usado en condiciones de descomposición, como es lo pertinente. Es un caso de clínica que reclama la objetividad del agrónomo sobre todos los consejos.

Un campesino de Macachín nos confiesa su simpática aventura;

--¿Sabe que me he metido a ensayar los silos de alfalfa? Leí un artículo en una revista norteamericana y ¡qué diablos! para probar...

--¿Y?

--De todo. El forraje de los dos que hice fué cortado en la misma época. A ambos los acondicioné en igual forma. Uno de ellos me dió un resultado espléndido; pero el otro fué un fracaso. Fermentó en seguida y apareció el pasto todo manchado, amarilloso, fétido.

--¿Lo cubriría mal, tal vez?

--No señor. Tuve igual precaución para los dos. Y, a medida que iba insumiéndose el foso, me cuidé muy bien de ir revocando las agrietaduras, cosa que no entrara el aire.

--Habrá estado la alfalfa de alguno más humedecida.

--Quizás haya sido eso...

Y a renglón seguido de este dialogo, viene la explicación oportuna, cosa de que no se malogren los silos nuevos de este valiente ensayador.

En una estación de la línea Toay-Bahía Blanca, sube a los coches agronómicos, un guarda del ferrocarril. El también tiene un rosal en su casita. Es hombre de buen gusto y no puede ver que los pulgones le arruinen el “crédito de su jardín, que da unas rosas como si fueran de porcelana". Se le receta la acreolina al 2% o una emulsión jabonosa, a base de kerosene. Y el hombre--¡qué decimos! el poeta--jubiloso, como que lleva la salud a su pensil, busca con ingenuidad en su bolsillo, un peso para satisfacer la consulta...

En Macachín, una planta adventicia, simpática en apariencia, se ha metido como Juan por su casa, en los alfalfares. Cualquier ganadero pone semblante torvo ante esta intrusa que no tiene traza de pertenecer al comadraje de la vecindad, definido ya en la nomenclatura campesina. ¿Qué será? ¿Qué no será? ¿De dónde vino? ¿La comerán las vacas? ¿Será indigesta, purgativa, venenosa? En nuestra presencia, la recoge el agrónomo. El tampoco la conoce. Pero ya le dirá la clasificación científica, a qué gentuza pertenece esta cizaña que viene a romper la armonía del prado.