Nuestra Pampa; libro de lectura

Part 14

Chapter 143,735 wordsPublic domain

Sobre el funcionamiento de la manga moderna y sus accesorios, nos da, en pleno local, una explicación detallada el señor R. El sistema de compuertas, corrales, apretadores y palancas, juega en forma sencilla, bajo la acción de un ingenioso mecanismo. Esta manga es sistema “Cremona”, patentado, pero los corrales han sido construídos de acuerdo con indicaciones prácticas del señor R., simplificando el procedimiento en los apartes y embretadas.

Visitamos los potreros. Es imposible superar la lozanía de estos alfalfares, ni un tipo más uniforme y parejo en las vacadas. Los abrevaderos están colocados en la intersección de los alambrados, de manera de favorecer cuatro potreros a la vez, correspondiendo a cada uno por sectores.

Nos encanta, a las diez de la mañana, el concierto ganaderil, frente al agua cristalina, formado por las haciendas de cuatro cuadros, que vienen mansamente a la hora habitual. Desde lo alto del molino, presenciamos la interesante romería que se va congregando poco a poco, y cuyos grupos rezagados apenas se divisan entre el verde pastizal del horizonte.

La Barrancosa practica los silos aéreos, a manera de almiares, revocados con una capa de tierra de 30 a 40 centímetros, sobre cuya capa se pone otra de pasto como abrigo para atemperar la fuerza del sol. Opina el señor R. que éste es el silo más práctico y económico que se pueda realizar, facilitando la operación de corte y de reparto.

Actualmente hay en el establecimiento 10 silos, del año anterior. Con el corte de alfalfa en una superficie de 1.000 hectáreas, se formarán en seguida de 50 a 60 silos.

Tiene muy pocos médanos este campo. En general, han desaparecido con los cultivos apropiados; y las pocas dunas que quedan en algunos potreros, se utilizan como reparo para los novillos gordos, en las noches de invierno, cuando el frío anticipa la nevazón. Se improvisan comederos en los huecos de arena y los ganados no sienten tanto los efectos de las noches crueles que suelen desmejorar la presentación de las reses.

Regresamos a medio día, a la estancia, complacidos de aquella gratísima excursión que nos dió la pauta de las ponderables energías del señor R., puestas en acción para la cultura del predio y la selección de los ganados.

Después del almuerzo, departimos amigablemente bajo el corredor, cuando anuncian por teléfono de Pico, haber recibido un telegrama de Buenos Aires, para La Barrancosa. Se levanta el señor R. para atender la comunicación.

--¿Novedades?--le interrogamos al verle regresar con semblante jubiloso.

--Nada...--nos responde.--Me informan que en la exposición de ganado gordo de la Sociedad Rural, en Palermo, se ha pagado 900 pesos por cada ejemplar de La Barrancosa.

Era el martes 13 de noviembre.

VOCABULARIO

=Restos.= Condiciones, reticencias, reservas.

=Espécimen.= Modelo.

=Premisa.= Afirmación.

=Embretada.= De “embretar”: meter el ganado en los bretes.

=Sectores.= Trozos, partes.

=Dan la pauta.= Dan la medida.

LAS GRANDES COLONIAS

Fué la comarca de Trenel dominio de ranqueles, antes de la conquista civilizadora. Hasta allí extendió su imperio el pueblo aborigen, cuyo foco central irradiaba desde las selvas tupidas del noroeste. Trenel es una prolongación de la planicie inquebrada de Buenos Aires. Sin ríos, sin lagunas, sin arroyos, campos de gramillal, salpicados de trecho en trecho por caldenares precarios, no fué, en suma, la silvestre heredad, solar de tribus arraigadas. Sus indios, fieros y audaces, como que tenían en sus venas sangre de Caupolicán, los cruzaron mil veces en depredadoras caravanas.

“sobre el potro rozagante cuyas crines altaneras flotan al viento ligeras”,

según el clásico poema, y burlando el acecho de nuestra caballería. Sin quiebras, sin refugios, sin el recurso montaraz del bosque inextricable, fué, en realidad, un desierto la comarca. Por fin las armas de la nación, escalonando sus felices jornadas, desde el foso de Alsina y los fortines de Córdoba, Mendoza y San Luis, hasta Choele-Choel y el Limay, quiebran para siempre la autóctona soberanía. Y el misterio cae bajo la fuerza avasalladora de la civilización. Con las últimas dianas, se plantan los primeros pueblos. Se allana el tránsito, barrida con pólvora la tenebrosa heredad: carga el Estado con el rico patrimonio que ha de subdividir y cultivar; se roturan los predios; se domina el monte legendario; despuntan las primeras colonias; se atreven el comercio y la industria a buscar horizontes en el nuevo país. Y mientras los pueblos migradores, vitalizan con fuerzas promisoras la tierra conquistada, tímidamente se orientan hacia la Pampa las paralelas del tren...

Capitales anglo-criollos ponen sobre los campos brutos de Trenel su primer nota cultural. Es un ensayo indeciso aquella tentativa de civilidad, no obstante el clásico empuje, valiente y engreído, del capital inglés.

Tiene más de especulativo que de progresista el trance que corre la South American Land Company Limited, con directorio en Londres, a base de la ganadería elemental. Nada de selección, nada de praderías artificiales, ni procedimientos zootécnicos que no fueran los rudimentarios. Sobre los gramillales veleidosos de 90.000 hectáreas, 12.000 bovinos, 30.000 ovejas y algunos yeguarizos, constituyeron la gran estancia con todo el sello de un criollismo indolente y primario, sin aspiración a perfeccionamiento ni propósitos de colonización. En tales circunstancias, pasa el gran fundo a manos de don Antonio D.

Consta esta propiedad de 327.500 hectáreas, o sea 131 leguas cuadradas en un solo block. Está ubicada, casi en su totalidad, en la sección Primera de la Pampa y vecina al Meridiano 5.º, límite entre el territorio y la provincia de Buenos Aires.

A renglón seguido de la adquisición, que se verifica en enero de 1905, el propietario, anheloso de dar a aquellas tierras un impulso definitivo, tira las bases de la sociedad anónima Estancia y Colonias Trenel, sólido organismo que debía imprimir de inmediato la transformación cultural de la comarca. Y se inicia la transición con las primeras colonias. Los campos pastoriles, silvestres y feraces, se entregan a Céres sin reatos. El ferrocarril, que apenas ha iniciado la travesía a la capital del territorio, marchando con cautela, se resuelve por el norte, atraído por la valiente tentativa de su propietario. Y comienza la tierra generosa a manifestarse en óptimas cosechas; y surge como una bendición el semillero de pueblos: Trenel, Monte Nievas, Metileo, Arata, Caleufú, Embajador Martini e Ingeniero Luiggi. He ahí, en síntesis, la evolución de aquella extendida comarca, desde el capital egoísta y retardatario de la South American Land Company Limited hasta la iniciativa franca de la empresa colonizadora que llevaba la civilización.

Veamos cómo se ha producido el proceso agrícola de los campos de Trenel, a partir de 1905. En este año se inicia la colonización, entregando a cultivos 80.000 hectáreas. Quedan, en consecuencia, 247.500 hectáreas de campo bruto. En 1906, el área cultivada con cereales, alcanza una superficie de 117.500 hectáreas. En los años de 1907 y 8, llega la labor agrícola a significarse con 137.500 hectáreas. En 1909 las sementeras ocupan más de la mitad de los campos. Se reparten así las cifras: 160.000 hectáreas de pradera silvestre y 167.000 de chacras perfectamente cultivadas. En los años de 1910 a 12 se insinúa la ganadería, y la agricultura toma un impulso considerable. A 230.000 alcanza el número de hectáreas cultivadas, mientras el campo virgen se ha reducido a 95.000 hectáreas. El año 13 asciende la agricultura a 260.000 hectáreas; el 14, a 290.000. En 1915, la colonización agraria ha dominado por completo con sus 335.000 hectáreas bajo cultivos y 2.500 hectáreas dedicadas a la industria pecuaria. Con esta culminación se clausura el primer ciclo de la Estancia y Colonias Trenel, iniciado y cumplido en el breve espacio de tiempo de diez años, desde el predio salvaje hasta la más ponderable colonización.

Obra realizada con método, con entusiasmo, con previsión, con clarividencia, sobre todo, sus gestores han sabido utilizar juiciosamente todos los factores capaces de asegurar un éxito definitivo. Aventurado hubiera sido romper de golpe con la rutina comarqueña, imbuída en el prejuicio elemental de la vieja estancia. El plan colonizador tenía que ser prudente y decisivo, cosa de utilizar de consuno todos los factores convergentes, tratando de seleccionar y arraigar al colono, perfeccionar los cultivos y atraer y distribuir convenientemente las líneas del tren. Sin duda, una de las obras más fundamentales que trajo consigo esta empresa, fué la distribución apropiada del sistema ferrocarrilero, ramificado en sus dominios. La línea del Oeste, que viene de Buenos Aires por Meridiano 5.º, cruza Pico y se interna hacia Victorica y Telén, sirve los intereses de la colonia en la comarca de Metileo y Monte Nievas. Desde Metileo arranca un ramal en dirección al noroeste, ramal que se interna al corazón de estos campos y cruza por las chacras y poblaciones de Trenel, Arata y Caleufú. La línea del Pacífico que arranca de Huinca Renancó, para rematar en Puerto Galván de Bahía Blanca, corre por el linde oriental de las colonias, pasa por Speluzzi, sobre los mismos alambrados, por Berg y Pico a cinco kilómetros y por Dorila a once. Por el norte, la ferrovía que arranca de la capital federal por Bragado y Los Toldos, sirve toda la extensa zona de Ingeniero Luiggi y Embajador Martini. Este es, en concreto, el sistema ferroviario que sirve cumplidamente los cuantiosos intereses de la sociedad. Trenel queda de Buenos Aires, por la línea del ferrocarril del Oeste, a una distancia entre 545 y 607 kilómetros, y de Bahía Blanca a 394 kilómetros. El flete por cereales, desde las colonias a los puertos de embarque, oscila entre 7 y 8 pesos la tonelada, según la estación en donde se cargue. Conviene hacer notar, como dato ilustrativo, para demostrar la ventajosa ubicación de estas líneas, que ningún punto de las colonias está a una distancia superior a 15 kilómetros de la estación inmediata. Complementan estas ventajas del tráfico, excelentes caminos vecinales que facilitan el transporte de las cosechas y ponen en comunicación a todos los pueblos y chacras de la colonia.

VOCABULARIO

=Ranqueles.= Tribus de origen araucano, que poblaban la zona norte y oeste de la Pampa, en la época de la conquista del desierto.

=Planicie.= Llanura extensa y dilatada.

="Block".= (O bloc): conjunto homogéneo de personas o cosas.

=Clarividencia.= La virtud de ver con clara visión los acontecimientos del futuro.

=Convergente.= Que tienden a un mismo fin, a una misma acción, lugar o destino.

=Imbuída.= Inclinada, infundida, persuadida.

=Caleufú.= (Voz araucana). Muy pantanoso.

LOS CAMPOS COLONIZADOS DE TRENEL

Sobre las condiciones agrológicas del terreno, creemos oportuno reproducir el informe oficial del propio ministerio de agricultura, a raíz de un estudio practicado en 1904. “Sin duda alguna--dice el documento--estos terrenos deben su origen a depósitos de aluvión. La capa arable, cuyo depósito crece de día en día, se halla en plena formación, lo que explica el gran porvenir que nosotros atribuímos a estos dominios, desde el punto de vista de la agricultura". Y refiriéndose a la calidad de las aguas, dice el mismo informe: “La calidad de las aguas es satisfactoria desde el punto de vista de la alimentación del hombre y de los animales, como lo indica desde luego, la media de los análisis efectuados. A pesar de su dureza, esas aguas son perfectamente potables y muy poco cargadas de sales marinas". En lo que se refiere a fenómenos meteóricos, podemos asegurar que las lluvias en los campos de Trenel se producen con un promedio anual de más de 650 milímetros. La máxima de lluvias por mes ha sido de seis días. El término medio por año oscila alrededor de 33 días lluviosos. Es evidente que con los cultivos se han regularizado las lluvias. El clima de toda la región es templado y agradable. La temperatura máxima absoluta es de 32.8 grados Reaumur en diciembre; la temperatura mínima absoluta es de 3.1 en julio. Los vientos reinantes dominan del este y sudoeste o “pampero”; pero nunca son tan bravíos que impidan el cultivo de la tierra. El terreno es absolutamente llano. Es la pampa idealizada en Buenos Aires, “donde la vista se pierde, sin tener donde posar". De vez en cuando se produce algún ligero declive que nunca pasa, en su altura mayor, de 40 metros.

Sobre la aptitud productora de las tierras de Trenel, basta decir que los cultivos se han sucedido año a año, en forma extensiva, sin abonos, sin sistemas rotativos, ni tecnificaciones propias de las tierras precarias. Esto demuestra la condición excepcional de la tierra, y por ende, la calidad de las cosechas. Fácil nos es ratificar este aserto con las comprobaciones oficiales. La memoria del Departamento de Economía Rural y Estadística, registra el siguiente cuadro relacionado con el peso específico por hectólitro del cereal cosechado en diferentes zonas del país: “Trigo de la provincia de Buenos Aires, 78.50 kilos; de Santa Fe, 77; de Córdoba, 79.40; de la Pampa, 80". En la zona de Trenel, los trigos de la cosecha 1907-1908 excedieron en peso específico a las cifras anotadas. Por ejemplo, en la colonia Santa Filomena, situada entre Trenel y Arata, el rendimiento fué de 80|500; en la colonia Itálica, de 81|750; en la colonia Antonio Devoto, de 82|160. Sin embargo, la cosecha siguiente superó en mucho tales densidades, llegando a registrarse pesos de 85|700 por hectólitro, lo que importa un desiderátum. A este trigo le cupo en suerte ser declarado en la exposición del Centenario, el mejor trigo barletta de la Pampa, obteniendo, en consecuencia, primer premio y medalla de oro. En aquel recordado certamen, los trigos de las colonias Trenel, obtuvieron, además, cinco premios primeros por trigos barletta, ruso y húngaro; catorce segundos premios por trigos, linos y cebadas; cinco terceros premios por trigos y avenas y seis menciones honoríficas por trigos en general. No podía pedirse una comprobación más elocuente del éxito de esta importante colonización, cuyo primer quinquenio acababa de cerrarse con la festividad centenaria. Y debió ser una honda satisfacción para sus gestores, cuando el primer magistrado de la nación, doctor Sáenz Peña, en su mensaje de aquel año a las cámaras, al hablar de la Pampa, confirmaba el amplio criterio con que la sociedad Trenel había orientado su acción colonizadora.

“La división y explotación agrícola de esas grandes propiedades de la Pampa--decía el recordado Presidente--requería la concurrencia de algunos de estos factores: a) Propietarios con mucho capital y bastante empuje para dividir sus campos en chacras con las instalaciones indispensables y venderlas barato, a largos plazos, a los colonos y a medida que los medios de transporte permitieran la explotación agrícola; b) Agricultores con suficiente capital para comprar lotes de tierra y para instalar chacras, cultivarlas, etc.

“He aquí extremos difíciles de acercar en las condiciones actuales de nuestra economía rural.

“Muchos propietarios han vendido las haciendas pero son muchos más los que arriendan, por la sencilla razón que son pocos los colonos que pueden comprar desde el primer momento la tierra que explotan.

“Por otra parte, si es tan enorme el capital que se ha necesitado para poner en cultivo esa área en pocos años, ¿qué suma habría alcanzado este capital si el colono hubiera tenido que comprar la tierra? La respuesta es clara: la tierra no se habría cultivado en tales proporciones, porque el colono no dispone de capital; viene aquí para ganarlo con su trabajo. Y es ésta, precisamente, la incomparable ventaja que ofrece nuestro país. El gran factor del avance de la agricultura en la Pampa central, como en otras regiones, es la confianza bien fundada que todos tienen en la prodigalidad de la naturaleza.”

Tales son las manifestaciones presidenciales que encuadran perfectamente dentro del programa de esta colonización. Y es, por cierto, uno de sus principales objetivos, la subdivisión y venta de sus tierras en pequeñas fracciones, de manera de arraigar la población trabajadora, sobre la base de transacciones liberales. De otra manera no se conciben las siete poblaciones florecientes cuyo desarrollo edilicio toma cuerpo día a día, centros vecinales llamados a una creciente prosperidad. Por otra parte, la sociedad destinó oportunamente 70.000 hectáreas para la venta por parcelas y en condiciones de pago ventajosas para los colonos compradores.

La prosperidad agrícola de Trenel ha traído, por consiguiente, exigencias de carácter social. Y a fe que con la urbanización de sus centros poblados, van llenándose paulatinamente. Por lo pronto, las escuelas públicas han concentrado preferentemente la atención de la sociedad. En todos los núcleos de población funcionan establecimientos de enseñanza bajo el patrocinio del Consejo Nacional de Educación. En estas escuelas reciben instrucción más de 800 niños, población escolar que dá idea de notorios progresos. Aparte de este exponente cultural, los pueblos de Ingeniero Luiggi y Trenel han enriquecido su edilidad con sus templos parroquiales de bello estilo y que tonalizan la vida espiritual de la comarca, constituída en su totalidad, por pobladores católicos. Conviene hacer notar que en la masa colonizadora predomina el trabajador italiano, vale decir, el elemento que viene desarrollando con más eficacia sus condiciones de labor en nuestras industrias rurales, sobre todo en agricultura.

Estas son, en concreto, las características más salientes de las colonias de Trenel. El proceso evolutivo, desde que se abrió el primer surco hasta que se convirtió en un mar de mieses la extensa heredad, ha obedecido a un plan metodizado y prudente. Sin embargo, no puede pedirse una mayor celeridad en la transformación. Diez años han bastado para dominar el inmenso baldío, contribuir a la economía nacional con el producto de 120.000 toneladas de cereales anualmente y culminar como modelo, por sus franquicias y su alto espíritu de equidad dentro de los diversos sistemas de nuestra colonización privada. Es decir, que desde sus prolegómenos a la fecha, ha llenado airosamente su programa, propendiendo no solo a valorizar su acervo, si no a vitalizar aquella rica zona del norte pampeano, llevando el ferrocarril, fundando pueblos, abriendo caminos y propendiendo a la vida fácil de la masa trabajadora que siempre encontró su apoyo decidido y franco. Es así como clausura su primer ciclo la sociedad Estancia y Colonias Trenel, bajo la pujante voluntad de su iniciador.

Hemos visitado con detenimiento las diversas poblaciones coloniales. Hemos recorrido las chacras desde Monte Nievas a Ingeniero Luiggi, desde Caleufú a Metileo, cortando en auto los trigales inmensos. ¡Qué maravilla! Pasa noviembre con sus soles bravos y sus mañanas deliciosas. Se pierde la máquina entre las tupidas sementeras. En Monte Nievas visitamos las casas de algunos pobladores, propietarios ya. Cada vivienda denota un amable bienestar. Se prodiga la huerta en frutales y plantas de reparo: durazneros, manzanos, sauces y tamariscos. El corral y la porqueriza, dan idea de previsión y economía, subrayando la nota peculiar del colono de arraigo. En Trenel, vagando a la ventura por los viales angostos, nos detenemos un momento en la vieja estancia, desde donde la South American Land Company Limited dirigió su extendido dominio ganaderil. Involuntariamente se vá al parangón ante aquel vestigio de la Pampa silvestre, arrumbado entre el verde portentoso de la campiña civilizada. Y es entonces cuando la obra de hoy surge destacada en su amplio aspecto cultural y magnífico, y se siente como un hálito vivificador que trae al espíritu su canción augural...

VOCABULARIO

=Aluvión.= Amontonamiento de fango, arena, guijarros, substancias grasas de la tierra, etc., provocado por las corrientes de agua.

=Quinquenio.= Espacio de tiempo correspondiente a cinco años.

=Mieses.= Los sembrados.

=Franquicias.= Exenciones y libertades concedidas sobre pago de derechos, etc., tendientes a facilitar los medios de vida, social o personalmente.

=Ciclo.= Período de tiempo durante el cual se ha desenvuelto por completo una acción determinada.

=Pujante.= Enérgico, brioso, valiente y decidido.

=Viales.= Caminos, calles.

=Augural.= Relacionado con el porvenir.

SILUETA DE UN “PIONEER” PAMPEANO

Veamos ahora los perfiles salientes del prócer que cimentó esta obra.

Tuvo, sobre todas las cosas, don Antonio D., un gran carácter, como basamento de su contextura moral. Espíritu abierto, valeroso, franco, poseía, además, al decir de sus allegados, ese don intuitivo de las cosas. Sus éxitos de financista, de industrial, de hombre de negocios, no se afianzaron nunca en el juego aventurado de los acontecimientos, si no en la clara visión. Era inductivo-deductivo para el sistema de sus operaciones; y como se había hecho en el yunque y conocía el juego franco de los negocios y estaba ligado, como un factor integrante--tal vez más que ninguno--a la evolución comercial y económica del país, jamás el fracaso desconcertó ninguna de sus obras. Sin haber afrontado responsabilidades gubernaticias, debido a su calidad de extranjero, tenía toda la materia fundamental del estadista. ¿Qué otra cosa es esta inmensa comarca colonizada, donde florece un semillero de pueblos ligados por caminos de hierro, si no el resultado de una energía motriz y de una orientación previsora que rompió valientemente el prejuicio pesimista, puesto como un dique frente al porvenir de la Pampa? ¿No advertís la sentencia alberdiana, puesta en acción, en el momento preciso en que la reclama con más urgencia la República? Cuando adquirió los campos en Trenel, no faltó la expresión de escepticismo en boca de los potentados de Buenos Aires. ¡Era una lástima aventar tanta energía en aquel ingrato territorio! Y el prejuicio se basaba, precisamente, en una novelería que es necesario desterrar de una vez por todas de nuestra ingenua credulidad. Si el capital inglés, corajudo y engreído, había puesto límite a la ventura, criando ovejas a la buena de Dios que es grande, en aquella extendida comarca, ¿qué resultado aguardaría a Don Antonio que se arremangaba a la nueva conquista de conjurar la tierra con el arado? Solo el respeto que infundía este argonauta, puso una nota de fe en la timidez ambiente. Y Trenel fué una nueva consagración de su talento y un nuevo campo de acción para la riqueza nacional.

Convalecía el país, después de Caseros, cuando en 1855 aparece don Antonio asociado a su hermano don Bartolomé, piloteando su casa inicial. Para seguirlo en su ascensión de medio siglo, hasta la hora de su muerte--siquiera sea en sus más destacadas aristas--hay que vincularlo en todo momento al progreso argentino, a veces a los destinos de la cosa pública, siempre a la indiscutible confraternidad ítalo-argentina, y muy a menudo a los acontecimientos de orden económico que han puesto en juego la acción administrativa del Estado. Quiere decir con ésto que estamos en presencia de un grande hombre, un caso del “self-help”, en el sentido personal, un “pioneer”, generalizando el concepto público, digno de la estatua y de la gratitud.