Chapter 5
«Pío VII caminaba en medio de los cánticos y de las lágrimas, del repique de las campanas y de los gritos de _¡Viva el Papa! 25 ¡Viva el Jefe de la Iglesia!_... En las ciudades sólo quedaban los que no podían marchar, y los peregrinos pasaban la noche en los campos, en espera de la llegada del anciano sacerdote. TAL ES, SOBRE LA FUERZA DEL HACHA[54-3] Y DEL CETRO, LA SUPERIORIDAD DEL PODER DEL DÉBIL SOSTENIDO POR LA 30 RELIGIÓN Y LA DESGRACIA.» 30
Guadix, 1857.
EL EXTRANJERO (p55)
I
«_No consiste la fuerza en echar por tierra[55-1] al enemigo, sino en domar la propia cólera,_»--dice una máxima oriental.
«_No abuses de la victoria,_»--añade un libro de nuestra religión.
05 «_Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra; y en todo cuanto estuviere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque, aunque los atributos de Dios son todos iguales, más 10 resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia, que el de la justicia,_» aconsejó, en fin, D. Quijote a Sancho Panza.[55-2]
Para dar realce a todas estas elevadísimas doctrinas, y cediendo también a un espíritu de equidad, nosotros, que nos complacemos frecuentemente en referir y celebrar los actos 15 heroicos de los españoles durante la _Guerra de la Independencia_, [55-3] y en condenar y maldecir la perfidia y crueldad de los invasores, vamos a narrar hoy un hecho que, sin entibiar en el corazón el amor a la patria, fortifica otro sentimiento no menos sublime y profundamente cristiano:--el amor a nuestro prójimo; 20 --sentimiento que, si por congénita desventura de la humana especie, ha de transigir[55-4] con la dura ley de la guerra, puede y debe resplandecer cuando el enemigo está humillado.
El hecho fué el siguiente, según que[55-5] me lo han contado personas dignas de entera fe, que intervinieron en él muy de 25 cerca[55-6] y que todavía andan por el mundo.--Oíd sus palabras textuales. (p56)
II
--Buenos días, abuelo[56-1]...--dije yo.
--Dios guarde a V., señorito...--dijo él.
--¡Muy solo va V. por estos caminos!...
--Sí, señor. Vengo de las minas de Linares,[56-2] donde he estado 05 trabajando algunos meses, y voy a Gádor[56-3] a ver a mi familia. --¿Usted irá[56-4]...?
--Voy a Almería[56-5]..., y me he adelantado un poco a la galera[56-6] porque me gusta disfrutar de estas hermosas mañanas de Abril.--Pero, si no me engaño, usted rezaba cuando yo 10 llegue....--Puede V. continuar.--Yo seguiré leyendo entretanto, supuesto que el escaso andar de esa infame galera le permite a uno estudiar en mitad de los caminos....
--¡Vamos! Ese libro es alguna historia....--Y ¿quién le ha dicho a V. que yo rezaba?
15 --¡Toma! ¡yo, que le he visto a V. quitarse el sombrero[56-7] y santiguarse!
--Pues ¡qué demonio! hombre.... (¿Por qué he de negarlo?)[56-8] Rezando iba....--¡Cada uno tiene sus cuentas con Dios!
20 --Es mucha verdad.
--¿Piensa V. andar largo?[56-9]
--¿Yo?--Hasta la venta....
--En este caso, eche V. por esa vereda[56-10] y cortaremos camino.
25 --Con mucho gusto. Esa cañada me parece deliciosa.--Bajemos a ella.
Y, siguiendo al viejo, cerré el libro, dejé el camino y descendí a un pintoresco barranco.
Las verdes tintas y diafanidad del lejano horizonte, así como 30 la inclinación de las montañas, indicaban ya la proximidad del Mediterráneo. (p57) Anduvimos en silencio algunos minutos, hasta que el minero se paró de pronto.
--¡Cabales!--exclamó.
Y volvió a quitarse el sombrero y a santiguarse.
05 Estábamos bajo unas higueras cubiertas ya de hojas, y a la orilla de un hermoso torrente.
--¡A ver,[57-1] abuelito!... (dije, sentándome sobre la hierba.) Cuénteme V. lo que ha pasado aquí.
--¡Cómo!¿Usted sabe....--replicó él, estremeciéndose.
10 --Yo no sé más... (añadí con suma calma), sino que aquí ha muerto un hombre...; ¡y de mala muerte, por más señas![57-2]
--¡No se equivoca V., señorito, no se equivoca usted!--Pero ¿quién le ha dicho...?
15 --Me lo dicen sus oraciones de V.
--¡Es mucha verdad! Por eso rezaba.
Miré tenazmente la fisonomía del minero, y comprendí que había sido siempre hombre honrado.--Casi lloraba, y su rezo era tranquilo y dulce.
20 --Siéntese V.[57-3] aquí, amigo mío....--le dije, alargándole un cigarro de papel.[57-4]
--Pues verá V., señorito....--Vaya,[57-5] ¡muchas gracias! --¡Delgadillo[57-6] es!...
--Reúna V. dos, y resultará uno bastante grueso--añadí, 25 dándole otro cigarro.
--¡Dios se lo pague a V.!--Pues, señor... (dijo el viejo, sentándose a mi lado): hace cuarenta y cinco años que una mañana muy parecida a ésta, pasaba yo casi a esta hora por este mismo sitio....
30 --¡Cuarenta y cinco años!--medité yo.
Y la melancolía del tiempo cayó sobre mi alma.--¿Dónde estaban las flores de aquellas cuarenta y cinco primaveras?--¡Sobre la frente del anciano blanqueaba la nieve de setenta inviernos! (p58) Viendo él que yo no decía nada, echó unas yescas,[58-1] encendió el cigarro y continuó de este modo:
--¡Flojillo es![58-2]--Pues, señor, el día que le digo a usted, venía yo de Gérgal[58-3] con una carga de barrilla, y al llegar al 05 punto en que hemos dejado el camino para tomar esta vereda, me encontré con dos soldados españoles que llevaban prisionero a un polaco.[58-4]--En aquel entonces era cuando estaban aquí los primeros franceses, no los del año 23,[58-5] sino los otros....
--¡Ya comprendo! Usted habla de la guerra de la 10 Independencia.
--¡Hombre! ¡Pues entonces no había V. nacido!
--¡Yo lo creo!
--¡Ah, sí! Estará apuntado[58-6] en ese libro que venía V. leyendo. --Pero ¡ca! ¡Lo mejor de estas guerras no lo rezan[58-7] 15 los libros! ¡Ahí ponen lo que más acomoda..., y la gente se lo cree a puño cerrado![58-8]--¡Ya se ve! ¡Es necesario tener tres duros y medio[58-9] de vida, como yo los tendré en el mes de San Juan,[58-10] para saber más de cuatro cosas!--En fin, el polaco aquel[58-11] servía a las órdenes de Napoleón...--del bribonazo 20 [58-12] que murió ya....--Porque ahora dice el señor Cura que hay otro[58-13]...--Pero yo creo que ése no vendrá por estas tierras....--¿Qué le parece a V., señorito?
--¿Qué quiere V. que yo le diga?
--¡Es verdad! Su merced no habrá estudiado todavía de 25 estas cosas....--¡Oh! El señor Cura, que es un sujeto muy instruido, sabe cuándo se acabarán los mamelucos de Oriente[58-14] y vendrán a Gádor[58-15] los rusos y moscovitas[58-16] a quitar la Constitución[58-17]....--Pero ¡entonces ya me habré yo muerto!... --Conque vuelvo a la historia de mi polaco.
30 El pobre hombre se había quedado enfermo en Fiñana,[58-18] mientras que sus compañeros fugitivos se replegaban hacia Almería.--Tenía calenturas, según supe[58-19] más tarde....--Una vieja lo cuidaba por caridad, sin reparar que era un enemigo.... (¡Muchos años de gloria llevará[58-20] ya la viejecita por (p59) aquellam buena acción!); y, a pesar de que aquello la comprometía, guardábalo escondido en su cueva, cerca de la Alcazaba[59-1]....
Allí fué donde, la noche antes, dos soldados españoles, que iban a reunirse á su batallón, y que por casualidad entraron a 05 encender un cigarro en el candil[59-2] de aquella solitaria vivienda, descubrieron al pobre polaco, el cual, echado en un rincón, profería palabras de su idioma en el delirio de la [calentura.]
--¡Presentémoslo a nuestro jefe! (se dijeron los españoles). Este bribón será fusilado mañana, y nosotros alcanzaremos 10 un empleo.
Iwa, que así se llamaba el polaco, según luego me contó la viejecita, llevaba[59-3] ya seis meses de tercianas, y estaba muy débil, muy delgado, casi hético.
La buena mujer lloró y suplicó, protestando que el extranjero 15 no podía ponerse en camino sin caer muerto a la media hora[59-4]....
Pero sólo consiguió ser apaleada por su falta de «_patriotismo_». --¡Todavía no se me ha olvidado[59-5] esta palabra, que antes no había oído pronunciar nunca!
20 En cuanto al[59-6] polaco, figúrese V. cómo miraría[59-7] aquel lance. --Estaba postrado por la fiebre, y algunas palabras sueltas que salían de sus labios, medio polacas, medio españolas, hacían reír a los dos militares.
--¡Cállate, _didon_,[59-8] perro, gabacho![59-9]--le decían.
25 Y, a fuerza de golpes, lo sacaron del lecho.
Para no cansar a V., señorito: en aquella disposición, medio desnudo, hambriento..., bamboleándose, muriéndose..., ¡anduvo el infeliz cinco leguas!...
¡Cinco leguas, señor!...--¿Sabe V. los pasos que tienen 30 cinco leguas?--Pues es desde Fiñana hasta aquí....--¡Y a pie!... ¡descalzo!...
¡Piénselo V.!... ¡Un hombre fino, un joven hermoso y blanco como una mujer, un enfermo, después de seis meses de tercianas!... ¡y con la terciana en aquel momento mismo!... (p60) --¿Cómo pudo resistir?
--¡Ah! ¡No resistió!...
--Pero ¿cómo anduvo cinco leguas?
--¡Toma! ¡A fuerza de bayonetazos!...
05 --Prosiga V., abuelo.... Prosiga V.
--Yo venía por este barranco, como tengo de costumbre,[60-1] para ahorrarme terreno, y ellos iban por allá arriba, por el camino. Detúveme, pues, aquí mismo, a fin de observar el remate de aquel horror, mientras fingía picar un cigarro[60-2] negro de los 10 de entonces....
Iwa jadeaba como un perro próximo a rabiar.... Venía con la cabeza descubierta, amarillo como un desenterrado, con dos rosetas encarnadas en lo alto de las mejillas y con los ojos llameantes, pero caídos...: ¡hecho,[60-3] en fin, un Cristo en la 15 calle de la Amargura[60-4]!...
--_¡Mí querer morir!_[60-5] _¡Matar a mi, por Dios!_--balbuceaba el extranjero con las manos cruzadas.
Los españoles se reían de aquellos disparates, y le llamaban _franchute_,[60-6] _didon_ y otras cosas.
20 Dobláronse al fin las piernas de Iwa, y cayó redondo[60-7] al suelo.
Yo respiré, porque creí que el pobre había dado su alma a Dios.
Pero un pinchazo que recibió en un hombro le hizo erguirse 25 de nuevo.
Entonces se acercó a este barranco para precipitarse y morir....
Al impedirlo los soldados, pues no les acomodaba que muriera su prisionero, me vieron aquí con mi mulo, que, como 30 he dicho, estaba cargado de barrilla.
--¡Eh, camarada! (me dijeron, apuntándome con los fusiles.)--¡Suba V ese mulo![60-8]
Yo obedecí sin rechistar, creyendo hacer un favor al extranjero. (p61) --¿Dónde va V.?[61-1]--me preguntaron cuando hube subido.
--Voy a Almería.... (les respondí). ¡Y eso que ustedes están haciendo es una inhumanidad!
--¡Fuera sermones!--gritó uno de los verdugos.
05 --¡Un arriero _afrancesado_!--dijo el otro.
--¡Charla mucho..., y verás lo que te sucede!
La culata de un fusil cayó sobre mi pecho....
¡Era la primera vez que me pegaba un hombre, fuera de mi padre!
10 --_¡No irritar, no incomodar!_--exclamó el polaco, asiéndose a mis pies; pues había caído de nuevo en tierra.
--¡Descarga la barrilla!--me dijeron los soldados.
--¿Para qué?
--Para montar en el mulo a este judío.[61-2]
15 --Eso es otra cosa.... Lo haré con mucho gusto.
Dije, y me puse a descargar.
--_No..., no..., no...._ (exclamó Iwa.) _¡Tú dejar que me maten!_
--¡Yo no quiero que te maten, desgraciado!--exclamé, 20 estrechando las ardientes manos del joven.
--_¡Pero mí sí querer! ¡Matar tú a mí, por Dios_!...
--¿Quieres que yo te mate?
--_¡Sí..., sí..., hombre bueno! ¡Sufrir mucho!_
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
25 Volvíme a los soldados, y les dije con tono de voz que hubiera conmovido a una piedra:
--¡Españoles, compatriotas, hermanos! Otro[61-3] español, que ama tanto como el que más[61-4] a nuestra patria, es quien os [suplica.] --¡Dejadme solo con este hombre!
30 --¡No digo que es _afrancesado_!--exclamó uno de ellos.
--¡Arriero del diablo! (dijo el otro): ¡cuidado con lo que me dices![61-5] ¡Mira que te rompo la crisma![61-6]
--¡Militar de los demonios! (contesté con la misma fuerza.) Yo no temo a la muerte.[61-7]--¡Sois dos infames sin corazón! (p62) ¡Sois dos hombres fuertes y armados, contra un moribundo inerme!... ¡Sois unos cobardes!--Dadme uno de esos fusiles, y pelearé con vosotros hasta mataros o morir...; pero dejad a este pobre enfermo, que no puede defenderse.--¡Ay! 05 (continué, viendo que uno de aquellos tigres se ruborizaba): si, como yo, tuvieseis hijos; si pensarais que tal vez mañana se verán en la tierra de este infeliz, en la misma situación que él, solos, moribundos, lejos de sus padres; si reflexionarais en[62-1] que este polaco no sabe siquiera lo que hace en España; en que 10 será un quinto[62-2] robado a su familia para servir a la ambición de un Rey..., ¡qué diablo![62-3] vosotros le perdonaríais....--¡Si; porque vosotros sois hombres antes que españoles, y este polaco es un hombre, un hermano vuestro!--¿Qué ganará España con la muerte de un tercianario? ¡Batíos[62-4] hasta morir con 15 todos los granaderos de Napoleón; pero que sea[62-5] en el campo de batalla! Y perdonad al débil; ¡sed generosos con el vencido; sed cristianos, no seáis[62-6] verdugos!
--¡Basta de letanías![62-7]--dijo el que siempre había llevado la iniciativa de la crueldad, el que hacía andar a Iwa a fuerza 20 de bayonetazos, el que quería comprar un empleo al precio de su cadáver.
--Compañero, ¿qué hacemos?[62-8]--preguntó el otro, medio conmovido con mis palabras.
--¡Es muy sencillo! (repuso el primero.) ¡Mira!
25 Y sin darme tiempo, no digo de evitar, sino de prever sus movimientos, descerrajó un tiro sobre el corazón del polaco.
Iwa me miró con ternura, no sé si antes o después de morir.
Aquella mirada me prometió el cielo, donde acaso estaba ya el mártir.
30 En seguida los soldados me dieron una paliza con las baquetas de los fusiles.
El que había matado al extranjero, le cortó una oreja, que guardó en el bolsillo.
¡Era la credencial del empleo que deseaba! (p63) Después desnudó a Iwa, y le robó... hasta cierto medallón (con un retrato de mujer o de santa) que llevaba al cuello.
Entonces se alejaron hacia Almería.
Yo enterré a Iwa en este barranco..., ahí..., donde 05 está V. sentado..., y me volví a Gérgal, porque conocí que estaba malo.[63-1]
Y, con efecto, aquel lance me costó una terrible enfermedad, que me puso a las puertas de la muerte.
--Y ¿no volvió V. a ver a aquellos soldados? ¿No sabe V. 10 cómo se llamaban?0
--No, señor; pero, por las señas que me dió más tarde la viejecita que cuidó al polaco, supe[63-2] que uno de los dos españoles tenía el apodo de _Risas_, y que aquél era justamente el que había matado y robado al pobre extranjero.
15 En esto nos alcanzó la galera: el viejo y yo subimos al camino; nos apretamos la mano, y nos despedimos muy contentos el uno del otro.--¡Habíamos llorado juntos!
III
Tres noches después tomábamos café varios amigos en el precioso casino de Almería.
20 Cerca de nosotros, y alrededor de otra mesa, se hallaban dos viejos, militares retirados, Comandante el uno y Coronel el otro, según dijo alguno que los conocía.
A pesar nuestro, oíamos su conversación, pues hablaban tan alto como suelen los que han mandado mucho.
25 De pronto hirió mis oídos y llamó mi atención esta frase del Coronel:
--El pobre _Risas_....
--_¡Risas!_--exclamé para mí.
Y me puse a escuchar de intento.
30 --El pobre _Risas_... (decía el Coronel) fué hecho prisionero por los franceses cuando tomaron a Málaga, y, de depósito (p64) en depósito, fué a parar nada menos que a Suecia,[64-1] donde yo estaba también cautivo, como todos los que no pudimos escaparnos con el Marqués de la Romana.[64-2]--Allí lo conocí, porque intimó con Juan, mi asistente de toda la vida, o de toda mi 05 carrera; y cuando Napoleón tuvo la crueldad de llevar a Rusia, formando parte de su Grande Ejército, a todos los españoles que estábamos prisioneros en su poder, tomé de ordenanza a _Risas_.[64-3] Entonces me enteré de que tenía un miedo cerval[64-4] a los polacos, o un terror supersticioso a Polonia,[64-5] pues no 10 hacía más que preguntarnos a Juan y a mi «si tendríamos que pasar por aquella tierra para ir a Rusia,» estremeciéndose a la idea de que tal[64-6] llegase a acontecer.--Indudablemente, a aquel hombre, cuya cabeza no estaba muy firme por lo mucho que había abusado de las bebidas espirituosas,[64-7] pero que en lo 15 demás era un buen soldado y un mediano cocinero, le había ocurrido algo grave con algún polaco, ora[64-8] en la guerra de España,[64-9] ora en su larga peregrinación por otras naciones. --Llegados a Varsovia,[64-10] donde nos detuvimos algunos días, _Risas_ se puso gravemente enfermo, de fiebre cerebral, por resultas 20 del terror pánico que le había acometido desde que entramos en tierra polonesa; y yo, que le tenía ya cierto cariño, no quise dejarlo allí solo cuando recibimos la orden de marcha, sino que conseguí de mis Jefes que Juan se quedase en Varsovia cuidándolo, sin perjuicio de que,[64-11] resuelta aquella crisis de un modo 25 o de otro, saliese luego en mi busca con algún convoy de equipajes y víveres, de los muchos que seguirían a la nube de gente en que mi regimiento figuraba a vanguardia.--¡Cuál fué, pues, mi sorpresa cuando, el mismo día que nos pusimos en camino, y a las pocas horas de haber echado a andar,[64-12] se 30 me presentó mi antiguo asistente lleno de terror, y me dijo lo que acababa de suceder con el pobre _Risas_!--¡Dígole a V. que el caso es de lo más singular[64-13] y estupendo que haya ocurrido nunca!--Óigame, y verá si hay motivo para que yo no haya olvidado esta historia en cuarenta y dos años.--Juan (p65) había buscado un buen alojamiento para cuidar a _Risas_, en casa de cierta labradora viuda, con tres hijas casaderas, que desde que llegamos a Varsovia los españoles no había dejado de preguntarnos a varios, por medio de intérpretes franceses, 05 si sabíamos algo de un hijo suyo llamado _Iwa_, que vino a la guerra de España en 1808, y de quien hacía tres años no tenía noticia alguna, cosa que no pasaba a las demás familias que se hallaban en idéntico caso.--Como Juan era tan zalamero, halló modo de consolar y esperanzar a aquella triste madre, y 10 de aquí[65-1] el que, en recompensa, ella se brindara[65-2] a cuidar a _Risas_ al verlo caer en su presencia atacado de una fiebre cerebral...--Llegados a casa de la buena mujer, y cuando ésta ayudaba a desnudar al enfermo, Juan la vió palidecer de pronto 15 y apoderarse convulsivamente de cierto medallón de plata, con una efigie o retrato en miniatura, que _Risas_ llevaba siempre al pecho, bajo la ropa, a modo de talismán o conjuro contra los polacos, por creer[65-3] que representaba a una Virgen o Santa de aquel país.--_¡Iwa! ¡Iwa!_--gritó después la viuda de un 20 modo horrible, sacudiendo al enfermo, que nada entendía, aletargado como estaba por la fiebre.--En esto acudieron las hijas; y, enteradas del caso, cogieron el medallón, lo pusieron al lado del rostro de su madre, llamando por medio de señas la atención de Juan para que viese, como vió, que la tal efigie[65-4] 25 no era más que el retrato de aquella mujer, y, encarándose entonces con él, visto que su compatriota no podía responderles, comenzaron a interrogarle mil cosas con palabras ininteligibles, bien que con gestos y ademanes que revelaban claramente la más siniestra furia.--Juan se encogió de hombros, dando a entender por señas que él no sabía nada de la procedencia de 30 aquel retrato, ni conocía a _Risas_ más que de muy poco tiempo....--Elnoble semblante de mi honradísimo asistente debió de probar[65-5] a aquellas cuatro leonas encolerizadas que el pobre no era culpable....--¡Además, él no llevaba el medallón!--Pero el otro... ¡al otro, al pobre _Risas_, lo mataron a (p66) golpes y lo hicieron pedazos con las uñas!--Es cuanto sé[66-1] con relación a este drama, pues nunca he podido averiguar por qué tenía _Risas_ aquel retrato.
--Permítame V. que se lo cuente yo....--dije sin poder 05 contenerme.
Y acercándome a la mesa del Coronel y del Comandante, después de ser presentado a ellos por mis amigos, les referí a todos la espantosa narración del minero.
Luego que concluí, el Comandante, hombre de más de 10 setenta años, exclamó con la fe sencilla de un militar antiguo, con el arranque de un buen español y con toda la autoridad de sus canas:
--¡Vive Dios, señores, que[66-2] en todo eso hay algo más que una casualidad!
Almería, 1854.
EL LIBRO TALONARIO (p67)
HISTORIETA RURAL
I
La acción comienza en Rota.--Rota es la menor de aquellas encantadoras poblaciones hermanas que forman el amplio semicírculo de la bahia de Cádiz;[67-2] pero, con ser la menor,[67-3] no ha faltado quien ponga los ojos en ella.--El Duque de Osuna, a 05 título de Duque de Arcos,[67-4] la ostenta entre las perlas de su corona hace muchísimo tiempo, y tiene allí su correspondiente castillo señorial, que yo pudiera describir piedra por piedra....
Mas no se trata aquí de castillos, ni de duques, sino de los célebres campos que rodean a Rota y de un humildísimo hortelano, 10 a quien llamaremos _el tío Buscabeatas_,[67-5] aunque no era éste su verdadero nombre, según parece.
Los campos de Rota (particularmente las huertas) son tan productivos que, además de tributarle al Duque de Osuna muchos miles de fanegas de grano y de abastecer de vino a 15 toda la población (poco amante del agua potable y malísimamente dotada de ella), surten de frutas y legumbres a Cádiz, y muchas veces a Huelva,[67-6] y en ocasiones a la misma Sevilla,[67-7] sobre todo en los ramos de tomates y calabazas, cuya excelente calidad, suma abundancia y consiguiente baratura exceden 20 a toda ponderación;--por lo que[67-8] en _Andalucía la Baja_[67-9] se da a los roteños[67-10] el dictado de _calabaceros_ y de _tomateros_, [67-11] que ellos aceptan con noble orgullo.