Luces de Bohemia: Esperpento

Part 5

Chapter 53,983 wordsPublic domain

_Desaparecen en la rojiza penumbra del corredor, largo y triste, con el gato al pie del botijo, y el reflejo almagreño de los baldosines. Claudinita los ve salir encendidos de ira los ojos. Después se hinca a llorar con una crisis nerviosa, y muerde el pañuelo que estruja entre las manos._

CLAUDINITA

¡Me crispa! ¡No puedo verlo! ¡Ese hombre es el asesino de papá!

MADAMA COLLET

¡Por Dios, hija, no digas demencias!

CLAUDINITA

El único asesino. ¡Le aborrezco!

MADAMA COLLET

Era fatal que llegase este momento, y sabes que lo esperábamos... Le mató la tristeza de verse ciego... No podía trabajar y descansa.

CLARINITO

Verá usted cómo ahora todos reconocen su talento.

PÉREZ

Ya no proyecta sombra.

MADAMA COLLET

Sin el aplauso de ustedes, los jóvenes que luchan pasando mil miserias, hubiera estado solo, estos últimos tiempos.

CLAUDINITA

¡Más solo que estaba!

PÉREZ

El maestro era un rebelde como nosotros.

MADAMA COLLET

¡Max, pobre amigo, tú solo te mataste! ¡Tú, solamente, sin acordar de estas pobres mujeres! ¡Y toda la vida has trabajado para matarte!

CLAUDINITA

¡Papá era muy bueno!

MADAMA COLLET

¡Solo fue malo para sí!

_Aparece en la puerta un hombre alto, abotonado, escueto, grandes barbas rojas de judío anarquista, y ojos envidiosos, bajo el testuz de bisonte obstinado. Es un fripón periodista alemán, fichado en los registros policíacos como anarquista ruso, y conocido por el falso nombre de Basilio Soulinake._

BASILIO SOULINAKE

¡Paz a todos!

MADAMA COLLET

¡Perdone usted, Basilio! ¡No tenemos siquiera una silla que ofrecerle!

BASILIO SOULINAKE

¡Oh! No se preocupe usted de mi persona. De ninguna manera. No lo consiento, Madama Collet. Y me dispense usted a mí si llego con algún retraso, como la guardia valona, que dicen ustedes siempre los españoles. En la taberna donde comemos algunos emigrados eslavos, acabo de tener la referencia de que había muerto mi amigo Máximo Estrella. Me ha dado el periódico el chico de Pica Lagartos. ¿La muerte vino de improviso?

MADAMA COLLET

¡Un colapso! No se cuidaba.

BASILIO SOULINAKE

¿Quién certificó la defunción? En España son muy buenos los médicos, y como los mejores de otros países. Sin embargo, una autoridad completamente mundial les falta a los españoles. No es como sucede en Alemania. Yo tengo estudiado durante diez años medicina, y no soy doctor. Mi primera impresión al entrar aquí ha sido la de hallarme en presencia de un hombre dormido, nunca de un muerto. Y en esa primera impresión me empecino, como dicen los españoles. Madama Collet, tiene usted una gran responsabilidad. ¡Mi amigo Max Estrella no está muerto! Presenta todos los caracteres de un interesante caso de catalepsia.

_Madama Collet y Claudinita se abrazan con un gran grito, repentinamente aguzados los ojos, manos crispadas, revolantes sobre la frente las sortijillas del pelo. Señá Flora, la portera, llega acezando: La pregonan el resuello y sus chancletas._

LA PORTERA

¡Ahí está la carroza! ¿Son ustedes suficientes para bajar el cuerpo del finado difunto? Si no lo son, subirá mi esposo.

CLARINITO

Gracias, nosotros nos bastamos.

BASILIO SOULINAKE

Señora portera, usted debe comunicarle al conductor del coche fúnebre, que se aplaza el sepelio. Y que se vaya con viento fresco. ¿No es así como dicen ustedes los españoles?

MADAMA COLLET

¡Que espere!... Puede usted equivocarse, Basilio.

LA PORTERA

¡Hay bombines y javiques en la calle, y si no me engaño, un coche de galones! ¡Cuidado lo que es el mundo, parece el entierro de un concejal! ¡No me pensaba yo que tanto representaba el finado! Madama Collet, ¿qué razón le doy al gachó de la carroza? ¡Porque ese tío no se espera! Dice que tiene otro viaje en la calle de Carlos Rubio.

MADAMA COLLET

¡Válgame Dios! Yo estoy incierta.

LA PORTERA

¡Cuatro Caminos! ¡Hay que ver, más de una legua, y no le queda tarde!

CLAUDINITA

¡Que se vaya! ¡Que no vuelva!

MADAMA COLLET

Si no puede esperar... Sin duda...

LA PORTERA

Le cuesta a usted el doble, total por tener el fiambre unas horas más en casa. ¡Deje usted que se lo lleven, Madama Collet!

MADAMA COLLET

¡Y si no estuviese muerto!

LA PORTERA

¡Que no está muerto! Ustedes sin salir de este aire, no perciben la corrupción que tiene.

BASILIO SOULINAKE

¿Podría usted decirme, señora portera, si tiene usted hecho estudios universitarios acerca de medicina? Si usted los tiene, yo me callo y no hablo más. Pero si usted no los tiene, me permitirá de no darle beligerancia, cuando yo soy a decir que no está muerto, sino cataléptico.

LA PORTERA

¿Que no está muerto? ¡Muerto y corrupto!

BASILIO SOULINAKE

Usted, sin estudios universitarios, no puede tener conmigo controversia. La democracia no excluye las categorías técnicas, ya usted lo sabe, señora portera.

LA PORTERA

¡Un rato largo! ¡Conque no está muerto! ¡Habría usted de estar como él! Madama Collet, ¿tiene usted un espejo? Se lo aplicamos a la boca y verán ustedes como no lo alienta.

BASILIO SOULINAKE

¡Esa es una comprobación anticientífica! Como dicen siempre ustedes todos los españoles: Un me alegro mucho de verte bueno. ¿No es así como dicen?

LA PORTERA

Usted ha venido aquí a dar un mitin, y a soliviantar con alicantinas a estas pobres mujeres, que harto tienen con sus penas y sus deudas.

BASILIO SOULINAKE

Puede usted seguir hablando, señora portera. Ya ve usted que yo no la interrumpo.

_Aparece en el marco de la puerta el cochero de la carroza fúnebre: Narices de borracho, chisterón viejo con escarapela, casaca de un luto raído, peluca de estopa y canillejas negras._

EL COCHERO

¡Que son las cuatro y tengo otro parroquiano en la calle de Carlos Rubio!

BASILIO SOULINAKE

Madama Collet, yo me hago responsable, porque he visto y estudiado casos de catalepsia en los hospitales de Alemania. ¡Su esposo de usted, mi amigo y compañero Max Estrella, no está muerto!

LA PORTERA

¿Quiere usted no armar escándalo, caballero? Madama Collet, ¿dónde tiene usted un espejo?

BASILIO SOULINAKE

¡Es una prueba anticientífica!

EL COCHERO

Póngale usted un mixto encendido en el dedo pulgar de la mano. Si se consume hasta el final, está tan fiambre como mi abuelo. ¡Y perdonen ustedes si he faltado!

_El cochero fúnebre arrima la fusta a la pared, y rasca una cerilla. Acucándose ante el ataúd, desenlaza las manos del muerto, y una vuelve por la palma amarillenta: En la yema del pulgar le pone la cerilla luciente, que sigue ardiendo y agonizando. Claudinita con un grito estridente tuerce los ojos, y comienza a batir la cabeza contra el suelo._

CLAUDINITA

¡Mi padre! ¡Mi padre! ¡Mi padre querido!

ESCENA DECIMOCUARTA

_UN PATIO EN EL CEMENTERIO DEL ESTE. La tarde fría. El viento adusto. La luz de la tarde sobre los muros de lápidas, tiene una aridez agresiva. Dos sepultureros apisonan la tierra de una fosa. Un momento suspenden la tarea: Sacan lumbre del yesquero, y las colillas de tras la oreja. Fuman sentados al pie del hoyo._

UN SEPULTURERO

Ese sujeto era un hombre de pluma.

OTRO SEPULTURERO

¡Pobre entierro ha tenido!

UN SEPULTURERO

Los papeles lo ponen por hombre de mérito.

OTRO SEPULTURERO

En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo.

UN SEPULTURERO

¡No hay que poner las cosas tan negras!

OTRO SEPULTURERO

¡Ahí tienes al Pollo del Arete!

UN SEPULTURERO

Y ese, ¿qué ha sacado?

OTRO SEPULTURERO

Pasarlo como un rey siendo un malasangre. Míralo disfrutando a la viuda de un concejal.

UN SEPULTURERO

Di un ladrón del Ayuntamiento.

OTRO SEPULTURERO

Ponlo por dicho. ¿Te parece que una mujer de posición se chifle así por un tal sujeto?

UN SEPULTURERO

Cegueras. Es propio del sexo.

OTRO SEPULTURERO

¡Ahí tienes el mérito que triunfa! ¡Y para todo la misma ley!

UN SEPULTURERO

¿Tú conoces a la sujeta? ¿Es buena mujer?

OTRO SEPULTURERO

Una mujer en carnes. ¡Al andar, unas nalgas que le tiemblan! ¡Buena!

UN SEPULTURERO

¡Releche con la suerte de ese gatera!

_Por una calle de lápidas y cruces, vienen paseando y dialogando dos sombras rezagadas, dos amigos en el cortejo fúnebre de Máximo Estrella. Hablan en voz baja y caminan lentos, parecen almas imbuidas del respeto religioso de la muerte. El uno, viejo caballero con la barba toda de nieve, y capa española sobre los hombros, es el céltico Marqués de Bradomín. El otro es el índico y profundo Rubén Darío._

RUBÉN

¡Es pavorosamente significativo que al cabo de tantos años nos hayamos encontrado en un cementerio!

EL MARQUÉS

En el Campo Santo. Bajo ese nombre adquiere una significación distinta nuestro encuentro, querido Rubén.

RUBÉN

Es verdad. Ni cementerio, ni necrópolis. Son nombres de una frialdad triste y horrible, como estudiar Gramática. ¿Marqués, qué emoción tiene para usted necrópolis?

EL MARQUÉS

La de una pedantería académica.

RUBÉN

Necrópolis para mí es como el fin de todo, dice lo irreparable y lo horrible, el perecer sin esperanza en el cuarto de un Hotel. ¿Y Campo Santo? Campo Santo tiene una lámpara.

EL MARQUÉS

Tiene una cúpula dorada. Bajo ella resuena religiosamente el terrible clarín extraordinario, querido Rubén.

RUBÉN

Marqués, la muerte muchas veces sería amable, si no existiese el terror de lo incierto. ¡Yo hubiera sido feliz hace tres mil años en Atenas!

EL MARQUÉS

Yo no cambio mi bautismo de cristiano por la sonrisa de un cínico griego. Yo espero ser eterno por mis pecados.

RUBÉN

¡Admirable!

EL MARQUÉS

En Grecia quizá fuese la vida más serena que la vida nuestra...

RUBÉN

¡Solamente aquellos hombres han sabido divinizarla!

EL MARQUÉS

Nosotros divinizamos la muerte. No es más que un instante la vida, la única verdad es la muerte... Y de las muertes, yo prefiero la muerte cristiana.

RUBÉN

¡Admirable filosofía de hidalgo español! ¡Admirable! ¡Marqués, no hablemos más de Ella!

_Callan y caminan en silencio. Los sepultureros, acabada de apisonar la tierra, uno tras otro beben a chorro de un mismo botijo. Sobre el muro de lápidas blancas, las dos figuras acentúan su contorno negro. Rubén Darío y el Marqués de Bradomín se detienen ante la mancha oscura de la tierra removida._

RUBÉN

¿Marqués, cómo ha llegado usted a ser amigo de Máximo Estrella?

EL MARQUÉS

Max era hijo de un capitán carlista que murió a mi lado en la guerra. ¿Él contaba otra cosa?

RUBÉN

Contaba que ustedes se habían batido juntos en una revolución, allá en México.

EL MARQUÉS

¡Qué fantasía! Max nació treinta años después de mi viaje a México. ¿Sabe usted la edad que yo tengo? Me falta muy poco para llevar un siglo a cuestas. Pronto acabaré, querido poeta.

RUBÉN

¡Usted es eterno, Marqués!

EL MARQUÉS

¡Eso me temo, pero paciencia!

_Las sombras negras de los sepultureros --al hombro las azadas lucientes-- se acercan por la calle de tumbas. Se acercan._

EL MARQUÉS

¿Serán filósofos, como los de Ofelia?

RUBÉN

¿Ha conocido usted alguna Ofelia, Marqués?

EL MARQUÉS

En la edad del pavo todas las niñas son Ofelias. Era muy pava aquella criatura, querido Rubén. ¡Y el príncipe, como todos los príncipes, un babieca!

RUBÉN

¿No ama usted al divino William?

EL MARQUÉS

En el tiempo de mis veleidades literarias, lo elegí por maestro. ¡Es admirable! Con un filósofo tímido, y una niña boba en fuerza de inocencia, ha realizado el prodigio de crear la más bella tragedia. Querido Rubén, Hamlet y Ofelia, en nuestra dramática española serían dos tipos regocijados. ¡Un tímido y una niña boba, lo que hubieran hecho los gloriosos hermanos Quintero!

RUBÉN

Todos tenemos algo de Hamletos.

EL MARQUÉS

Usted, que aún galantea. Yo, con mi carga de años, estoy más próximo a ser la calavera de Yorik.

UN SEPULTURERO

Caballeros, si ustedes buscan la salida, vengan con nosotros. Se va a cerrar.

EL MARQUÉS

Rubén, ¿qué le parece a usted quedarnos dentro?

RUBÉN

¡Horrible!

EL MARQUÉS

Pues entonces sigamos a estos dos.

RUBÉN

Marqués, ¿quiere usted que mañana volvamos para poner una cruz sobre la sepultura de nuestro amigo?

EL MARQUÉS

¡Mañana! Mañana, habremos los dos olvidado ese cristiano propósito.

RUBÉN

¡Acaso!

_En silencio y retardándose, siguen por el camino de los sepultureros que, al revolver los ángulos de las calles de tumbas, se detienen a esperarlos._

EL MARQUÉS

Los años no me permiten caminar más de prisa.

UN SEPULTURERO

No se excuse usted, caballero.

EL MARQUÉS

Pocos me faltan para el siglo.

OTRO SEPULTURERO

¡Ya habrá usted visto entierros!

EL MARQUÉS

Si no sois muy antiguos en el oficio, probablemente más que vosotros. ¿Y se muere mucha gente esta temporada?

UN SEPULTURERO

No falta faena. Niños y viejos.

OTRO SEPULTURERO

La caída de la hoja siempre trae lo suyo.

EL MARQUÉS

¿A vosotros os pagan por entierro?

UN SEPULTURERO

Nos pagan un jornal de tres pesetas, caiga lo que caiga. Hoy, a como está la vida, ni para mal comer. Alguna otra cosa se saca. Total, miseria.

OTRO SEPULTURERO

En todo va la suerte. Eso lo primero.

UN SEPULTURERO

Hay familias que al perder un miembro, por cuidarle de la sepultura, pagan uno o dos o medio. Hay quien ofrece y no paga. Las más de las familias pagan los primeros meses. Y lo que es el año, de ciento una. ¡Dura poco la pena!

EL MARQUÉS

¿No habéis conocido ninguna viuda inconsolable?

UN SEPULTURERO

¡Ninguna! Pero pudiera haberla.

EL MARQUÉS

¿Ni siquiera habéis oído hablar de Artemisa y Mausoleo?

UN SEPULTURERO

Por mi parte, ni la menor cosa.

OTRO SEPULTURERO

Vienen a ser tantas las parentelas que concurren a estos lugares, que no es fácil conocerlas a todas.

_Caminan muy despacio. Rubén, meditabundo, escribe alguna palabra en el sobre de una carta. Llegan a la puerta, rechina la verja negra. El Marqués, benevolente, saca de la capa su mano de marfil, y reparte entre los enterradores algún dinero._

EL MARQUÉS

No sabéis mitología, pero sois dos filósofos estoicos. Que sigáis viendo muchos entierros.

UN SEPULTURERO

Lo que usted ordene. ¡Muy agradecido!

OTRO SEPULTURERO

Igualmente. Para servir a usted, caballero.

_Quitándose las gorras, saludan y se alejan. El Marqués de Bradomín, con una sonrisa, se arrebuja en la capa. Rubén Darío conserva siempre en la mano el sobre de la carta donde ha escrito escasos renglones. Y dejando el socaire de unas bardas, se acerca a la puerta del cementerio el coche del viejo Marqués._

EL MARQUÉS

¿Son versos, Rubén? ¿Quiere usted leérmelos?

RUBÉN

Cuando los haya depurado. Todavía son un monstruo.

EL MARQUÉS

Querido Rubén, los versos debieran publicarse con todo su proceso, desde lo que usted llama monstruo hasta la manera definitiva. Tendrían entonces un valor como las pruebas de agua-fuerte. ¿Pero usted no quiere leérmelos?

RUBÉN

Mañana, Marqués.

EL MARQUÉS

Ante mis años, y a la puerta de un cementerio, no se debe pronunciar la palabra mañana. En fin, montemos en el coche, que aún hemos de visitar a un bandolero. Quiero que usted me ayude a venderle a un editor el manuscrito de mis Memorias. Necesito dinero. Estoy completamente arruinado desde que tuve la mala idea de recogerme a mi Pazo de Bradomín. ¡No me han arruinado las mujeres, con haberlas amado tanto, y me arruina la agricultura!

RUBÉN

¡Admirable!

EL MARQUÉS

Mis Memorias se publicarán después de mi muerte. Voy a venderlas como si vendiese el esqueleto. Ayudémonos.

ESCENA ÚLTIMA

_LA TABERNA DE PICA LAGARTOS. Lobreguez con un temblor de acetileno. Don Latino de Hispalis, ante el mostrador, insiste y tartajea convidando al Pollo del Pay-pay. Entre traspiés y traspiés, da la pelma._

DON LATINO

¡Beba usted, amigo! ¡Usted no sabe la pena que rebosa mi corazón! ¡Beba usted! ¡Yo bebo sin dejar cortinas!

EL POLLO

Porque usted no es castizo.

DON LATINO

¡Hoy hemos enterrado al primer poeta de España! ¡Cuatro amigos en el cementerio! ¡Acabose! ¡Ni una cabrona representación de la Docta Casa! ¿Qué te parece, Venancio?

PICA LAGARTOS

Lo que usted guste, Don Latí.

DON LATINO

¡El Genio brilla con luz propia! ¿Que no, Pollo?

EL POLLO

Que sí, Don Latino.

DON LATINO

¡Yo he tomado sobre mis hombros, publicar sus escritos! ¡La honrosa tarea! ¡Soy su fideicomisario! Nos lega una novela social, que está a la altura de _Los Miserables_. ¡Soy su fideicomisario! Y el producto íntegro de todas las obras, para la familia. ¡Y no me importa arruinarme publicándolas! ¡Son deberes de la amistad! ¡Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira al suelo! ¡Señores, ni una representación de la Docta Casa! ¡Eso sí, los cuatro amigos, cuatro personalidades! El Ministro de la Gobernación, Bradomín, Rubén y este ciudadano. ¿Que no, Pollo?

EL POLLO

Por mí, ya puede usted contar que estuvo la Infanta.

PICA LAGARTOS

Me parece mucho decir que se halló la política representada en el entierro de Don Max. Y si usted lo divulga, hasta podrá tener para usted malas resultas.

DON LATINO

¡Yo no miento! ¡Estuvo en el cementerio el Ministro de la Gobernación! ¡Nos hemos saludado!

EL CHICO DE LA TABERNA

¡Sería Fantomas!

DON LATINO

Calla tú, mamarracho. ¡Don Antonio Maura estuvo a dar el pésame en la casa del Gallo!

EL POLLO

José Gómez, Gallito, era un astro, y murió en la plaza, toreando muy requetebién, porque ha sido el rey de la tauromaquia.

PICA LAGARTOS

¿Y Terremoto, u séase Juan Belmonte?

EL POLLO

¡Un intelectual!

DON LATINO

Niño, otra ronda. ¡Hoy es el día más triste de mi vida! ¡Perdí un amigo fraternal y un maestro! Por eso bebo, Venancio.

PICA LAGARTOS

¡Que ya sube una barbaridad la cuenta, Don Latí! Tantéese usted, a ver el dinero que tiene. ¡No sea caso!

DON LATINO

Tengo dinero para comprarte a ti, con tu tabernáculo.

_Saca de las profundidades del carrik un manojo de billetes, y lo arroja sobre el mostrador, bajo la mirada torcida del chulo y el gesto atónito de Venancio. El chico de la taberna se agacha por alcanzar entre las zancas barrosas del curda, un billete revolante. La Niña Pisa Bien, amurriada en un rincón de la tasca, se retira el pañuelo de la frente, y espabilándose fisga hacia el mostrador._

EL CHICO DE LA TABERNA

¿Ha heredado usted, Don Latí?

DON LATINO

Me debían unas pocas pesetas, y me las han pagado.

PICA LAGARTOS

No son unas pocas.

LA PISA BIEN

¡Diez mil del ala!

DON LATINO

¿Te deben algo?

LA PISA BIEN

¡Naturaca! Usted ha cobrado un décimo que yo he vendido.

DON LATINO

No es verdad.

LA PISA BIEN

El 5775.

EL CHICO DE LA TABERNA

¡Ese mismo número llevaba Don Max!

LA PISA BIEN

A fin de cuentas no lo quiso, y se lo llevó Don Latí. Y el tío roña, aún no ha sido para darme la propi.

DON LATINO

¡Se me había olvidado!

LA PISA BIEN

Mala memoria que usted se gasta.

DON LATINO

Te la daré.

LA PISA BIEN

Usted verá lo que hace.

DON LATINO

Confía en mi generosidad ilimitada.

_El chico de la taberna se desliza tras el patrón, y a hurto, con una seña disimulada, le tira del mandil. Pica Lagartos echa la llave al cajón, y se junta con el chaval, en la oscuridad donde están amontonadas las corambres. Hablan expresivos y secretos, pero atentos al mostrador con el ojo y la oreja. La Pisa Bien le guiña a Don Latino._

LA PISA BIEN

¡Don Latí, me dotará usted con esas diez mil del ala!

DON LATINO

Te pondré piso.

LA PISA BIEN

¡Olé, los hombres!

DON LATINO

Crispín, hijo mío, una copa de anisete a esta madama.

EL CHICO DE LA TABERNA

¡Va, Don Latí!

DON LATINO

¿Te estás confesando?

LA PISA BIEN

¡Don Latí, está usted la mar de simpático! ¡Es usted un flamenco! ¡Amos, deje de pellizcarme!

EL POLLO

Don Latino, pupila, que le hacen guiños a esos capitales.

LA PISA BIEN

¡Si llevábamos el décimo por mitad! Don Latí una cincuenta, y esta servidora de ustedes, seis reales.

DON LATINO

¡Es un atraco, Enriqueta!

LA PISA BIEN

¡Deje usted las espantás para el calvorota! ¡Vuelta a pellizcarme! ¡Parece usted un chivo loco!

EL POLLO

No le conviene a usted esa gachí.

LA PISA BIEN

En una semana lo enterraba.

DON LATINO

Ya se vería.

EL POLLO

A usted le conviene una mujer con los calores extinguidos.

LA PISA BIEN

A usted le conviene mi mamá. Pero mi mamá es una viuda decente, y para sacar algo, hay que llevarla a la calle de la Pasa.

DON LATINO

Yo soy un apóstol del amor libre.

LA PISA BIEN

Usted se ajunta con mi mamá y conmigo, para ser el caballero formal que se anuncia en _La Corres_. Precisamente se cansó de dar la pelma un huésped que teníamos, y dejó una alcoba, para usted la propia. ¿Adónde va usted, Don Latí?

DON LATINO

A cambiar el agua de las aceitunas. Vuelvo. No te apures, rica. Espérame.

LA PISA BIEN

Don Latí, soy una mujer celosa. Yo le acompaño.

_Pica Lagartos deja los secretos con el chaval, y en dos trancos cruza el vano de la tasca: Por el cuello del carrik detiene al curda en el umbral de la puerta. Don Latino guiña el ojo, tuerce la jeta, y desmaya los brazos haciendo el pelele._

DON LATINO

¡No seas vándalo!

PICA LAGARTOS

Tenemos que hablar. Aquí el difunto ha dejado una pella que pasa de tres mil reales --ya se verán las cuentas-- y considero que debe usted abonarla.

DON LATINO

¿Por qué razón?

PICA LAGARTOS

Porque es usted un vivales, y no hablemos más.

_El Pollo del Pay-pay se acerca ondulante. A intento, deja ver que está empalmado, tose y se rasca ladeando la gorra. Enriqueta tercia el mantón y ocultamente abre una navajilla._

EL POLLO

Aquí todos estamos con la pupila dilatada, y tenemos opción a darle un vistazo a ese kilo de billetaje.

LA PISA BIEN

Don Latí se va a la calle de ganchete con mangue.

EL POLLO

¡Fantasía!

PICA LAGARTOS

Tu, pelmazo, guarda la herramienta y no busques camorra.

EL POLLO

¡Don Latí, usted ha dado un golpe en el Banco!

DON LATINO

Naturalmente.

LA PISA BIEN

¡Que te frían un huevo, Nicanor! A Don Latí le ha caído la lotería en un décimo del 5775. ¡Yo se lo he vendido!

PICA LAGARTOS

El muchacho y un servidor lo hemos presenciado. ¿Es verdad, muchacho?

EL CHICO DE LA TABERNA

¡Así es!

EL POLLO

¡Miau!

_Pacona, una vieja que hace celestinazgo y vende periódicos, entra en la taberna con su hatillo de papel impreso, y deja sobre el mostrador un número de «El Heraldo». Sale como entró, fisgona y callada. Solamente en la puerta, mirando a las estrellas, vuelve a gritar su pregón._

LA PERIODISTA

¡_Heraldo de Madrid_! ¡_Corres_! ¡_Heraldo_! ¡Muerte misteriosa de dos señoras en la calle de Bastardillos! ¡_Corres_! ¡_Heraldo_!

_Don Latino rompe el grupo y se acerca al mostrador, huraño y enigmático. En el círculo luminoso de la lámpara, con el periódico abierto a dos manos, tartamudea la lectura de los títulos con que adereza el reportero el suceso de la calle de Bastardillos. Y le miran los otros con extrañeza burlona, como a un viejo chiflado._

LECTURA DE DON LATINO

El tufo de un brasero. Dos señoras asfixiadas. Lo que dice una vecina. Doña Vicenta no sabe nada. ¿Crimen o suicidio? ¡Misterio!

EL CHICO DE LA TABERNA

Mire usted si el papel trae los nombres de las gachís, Don Latí.

DON LATINO

Voy a verlo.

EL POLLO

¡No se cargue usted la cabezota, tío lila!

LA PISA BIEN

Don Latí, vámonos.

EL CHICO DE LA TABERNA

¡Aventuro que esas dos sujetas, son la esposa y la hija de Don Máximo!

DON LATINO

¡Absurdo! ¿Por qué habían de matarse?

PICA LAGARTOS

¡Pasaban muchas fatigas!

DON LATINO

Estaban acostumbradas. Solamente tendría una explicación. ¡El dolor por la pérdida de aquel astro!

PICA LAGARTOS

Ahora usted hubiera podido socorrerlas.

DON LATINO

¡Naturalmente! ¡Y con el corazón que yo tengo, Venancio!

PICA LAGARTOS

¡El mundo es una controversia!

DON LATINO

¡Un esperpento!

EL BORRACHO

¡Cráneo previlegiado!

ACABOSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN LA IMPRENTA CERVANTINA DE MADRID A XXX DÍAS DEL MES DE JUNIO DE MCMXXIV AÑOS

ÍNDICE

Páginas

DRAMATIS PERSONÆ. 11

ESCENA PRIMERA. Hora crepuscular. 13

ESCENA SEGUNDA. La cueva de Zaratustra. 29

ESCENA TERCERA. La taberna de Pica Lagartos. 49

ESCENA CUARTA. Noche. 71