Part 12
--La pretensión que todos tenemos es la libertad de todos, procurando que nuestra sujeción sea a lo justo, y no a lo violento; que nos mande la razón, no el albedrío; que seamos de quien nos hereda, no de quien nos arrebata; que seamos cuidado de los Príncipes, no mercancía, y en las Repúblicas compañeros, no esclavos; miembros y no trastos; cuerpo y no sombra. Que el rico no estorbe al pobre que pueda ser rico, ni el pobre enriquezca con el robo del poderoso. Que el noble no desprecie al plebeyo, ni el plebeyo aborrezca al noble, y que todo el gobierno se ocupe en animar a que todos los pobres sean ricos y honrados los virtuosos, y en estorbar que suceda lo contrario. Hase de obviar que ninguno pueda ni valga más que todos, porque quien excede a todos, destruye la igualdad, y quien le permite que exceda le manda que conspire. La igualdad es armonía, en que está sonora la paz de la república, pues en turbándola particular exceso, disuena y se oye rumor lo que fué música. Las repúblicas han de tener con los reyes la unión que tiene la tierra, en quien ellas se representan, con el mar, que los representa a ellos. Siempre están abrazados, mas siempre ésta se defiende de las insolencias de aquél con la orilla, y siempre aquél la amenaza, la va lamiendo y procurando anegarla y sorbérsela, y ésta, cobrar de sí, por una parte, tanto como él la esconde por otra. La tierra, siempre firme y sin movimiento, se opone al bullicio y perpetua discordia de su inconstancia; aquél, con cualquier viento se enfurece; ésta, con todos se fecunda. Aquél se enriquece de lo que ésta le fía; ésta, con anzuelos, y redes, y lazos, le pesca y le despuebla. Y de la manera que toda la seguridad del mar y el abrigo está en la tierra, que da los puertos, así en las repúblicas está el reparo de las borrascas y golfos de los reinos. Éstas siempre han de militar con el seso, pocas veces con las armas; han de tener ejércitos y armadas prontas en la suficiencia del caudal, que es el _luego_ que logra las ocasiones. Deben hacer la guerra a los unos reyes con los otros, porque los monarcas, aunque sean padres y hijos, hermanos y cuñados, son como el hierro y la lima, que siendo, no sólo parientes, sino una misma cosa y un propio metal, siempre la lima está cortando y adelgazando al hierro. Han de asistir las repúblicas a los príncipes temerarios lo que baste para que se despeñen, y a los reportados, para que sean temerarios. Harán nobilísima la mercancía, porque enriquece y lleva los hombres por el mundo ocupados en estudio práctico, que los hace doctos de experiencias, reconociendo puertos, costumbres, gobiernos y fortalezas y espiando desinios. Serán meritorios al útil de la Patria los estudios políticos y matemáticos, y a ninguna cosa se dará peor nombre que al ocio más ilustre y a la riqueza más vagamunda. Los juegos públicos se ordenarán del ejercicio de las armas[614], conforme a la disposición de las batallas, porque sean juntamente de utilidad y entretenimiento, juntamente fiestas y estudios, y entonces será decente frecuentar los teatros cuando fueren academias. Hase de condenar por infame ostentación en trajes[615], y sólo ha de ser diferencia entre el pobre y el rico que éste dé el socorro y aquél le reciba, y entre noble y plebeyo, la virtud y el valor, pues fueron principio de todas las noblezas que son. Aquí se me caerán unas palabrillas de Platón: quien las hubiere menester, las recoja, que yo no sé a qué propósito las digo, mas no faltará quien sepa a qué propósito las dijo en el diálogo 3 _de Republica, vel de Justo_. Son éstas: _Igitur rempublicam administrantibus praecipuè, si quibus aliis, mentiri licet, vel hostium, vel civium causa, ad communem civitatis utilitatem: reliquis autem à mendacio abstinendum est_. “Si a algunos es lícito mentir, principalmente es lícito a los que gobiernan las repúblicas, o por causa de los enemigos, o ciudadanos, para la común utilidad de la ciudad: todos los demás se han de guardar de mentir”. Pondero que, condenando la Iglesia católica esta doctrina de la república de Platón, hay quien se precia y blasona de ser su república.
“Pasemos a la propuesta de los súbditos de los reyes. Éstos se quejan de que ya todos son electivos, porque los que son y nacen hereditarios son electores de privados, que son reyes por su elección. Esto los desespera, porque dicen los franceses que los príncipes que para mejor gobernar sus reinos se entregan totalmente a validos, son como los galeotes, que caminan forzados, volviendo las espaldas al puerto que buscan, y que los tales privados son como jugadores de manos, que, cuanto más engañan, más entretienen, y cuanto mejor esconden el embuste a los ojos y más burlas hacen a las potencias y sentidos, son más eminentes y alabados del que los paga los embelecos con que le divierten. La gracia está en hacerle creer que está lleno lo que está vacío, que hay algo donde no hay nada, que son heridas en otros lo que es mellas en sus armas, que arrojan con la mano lo que esconden en ella. Dicen que le dan dinero, y cuando lo descubre, se halla con una inmundicia o la muela de un asno. Las comparaciones son viles: válense dellas a falta de otras; por esto afirman que igualmente son reprehensibles el rey que no quiere ser lo que el grande Dios quiso que fuese y el que quiere ser lo que no quiso que fuera. Osan decir que el privado total introduce en el rey, como la muerte en el hombre, _nova forma cadaveris: nueva forma de cadáver_, a que se sigue corrupción y gusanos, y que, conforme[616] a la opinión de Aristóteles, en el Príncipe _fit resolutio usque ad materiam primam_; quiere decir: _no queda alguna cosa de lo que fué, sino la representación_. Esto baste.
“Pasemos a las quejas contra los tiranos y a la razón dellas. Yo no sé de quién hablo ni de quién no hablo: quien me entendiere, me declare. Aristóteles dice _que es tirano quien mira más a su provecho particular que al común_. Quien supiere de algunos que no se comprehenden en esta difinición, lo venga diciendo, y le darán su hallazgo[617][618]. Quéjanse de los tiranos más los que reciben beneficios que los que padecen castigos, porque el beneficio del tirano constituye delincuentes y cómplices, y el castigo, virtuosos y beneméritos; tales son, que la inocencia, para ser dichosa, ha de ser desdichada en sus dominios. El tirano, por miseria y avaricia, es fiera[619]; por soberbia, es demonio; por deleites y lujuria, todas las fieras y todos los demonios. Nadie se conjura contra el tirano primero que él mismo; por esto es más fácil matar al tirano que sufrirle. El beneficio del tirano siempre es funesto: a quien más favorece, el bien que le hace es tardarse en hacerle mal. Ejemplo de los tiranos fué Polifemo, en Homero: favoreció a Ulises con hablar con él sólo, y con preguntarle supo sus méritos, oyó sus ruegos, vió su necesidad, y el premio que le ofreció fué que, después de haberse comido a sus compañeros, le comería el postrero[620]. Del tirano que se come los que tiene debajo de su mano, no espere nadie otro favor sino ser comido el último. Y adviértase que, si bien el tirano lo concede por merced, el que ha de ser comido no lo juzga en la dilación sino por aumento de crueldad. Quien te ha de comer después de todos, te empieza a comer en todos los que come antes; más tiempo te lamentas vianda del tirano cuanto más tarda en comerte. Ulises duraba en su poder manjar y no huésped. Detenerle en la cueva para pasarle al estómago, más era sepultura que hospedaje. Ulises con el vino le adormeció: su veneno es el sueño. Pueblos, daldes sueño, tostad las hastas, sacadles los ojos, que después ninguno hizo lo que todos desearon que se hiciese. _Ninguno_ decía el tirano Polifemo que le había cegado, porque Ulises, con admirable astucia, le dijo que se llamaba _Ninguno_. Nombrábale para su venganza y defendíale con la equivocación del nombre: ellos disculpan a quien los da muerte, a quien los ciega. Libróse Ulises disimulado entre las ovejas que guardaba. Lo que más guarda el tirano, guarda contra él a quien le derriba.
“Esto supuesto, digo que hoy nos juntamos los sugetos a tratar de la defensa nuestra, contra el arbitrio de los que nos gobiernan mediata o inmediatamente. En las repúblicas y en los reinos, los puntos sustanciales[621] sean perpetuos en sus consejos, sin poder tener ni pretender ascenso a otros, porque pretender uno y gobernar otro, no da lugar al estudio ni a la justicia, y la ambición de pasar a tribunal diferente y superior le tiene caminante, y no juez, y con lo que gobierna granjea lo que quiere gobernar, y, distraído, no atiende a nada: a lo que tiene, porque lo quiere dejar, y a lo que desea, porque aún no lo tiene. Cada uno es de provecho donde los años le han dado experiencia y estorbo donde empieza la primera noticia, porque pasan de las materias que ya sabían a las que aún no saben. Las honras que se les hicieren, no han de salir del estado de su profesión, porque no se mezclen con las militares, y la toga y la espada anden en ultraje: aquélla embarazada y extraña y ésta quejosa y confundida[622].
“Que los premios sean indispensables; que, no sólo no se den a los ociosos, sino que no se permita que los pidan, porque si el premio de las virtudes se gasta en los vicios, el príncipe o república quedará pobre de su mayor tesoro, y el metal del precio, vil y falsificado. No le han de aguardar el benemérito ni el indigno: aquél, porque se le han de dar luego; éste, porque nunca se le han de dar. Menos mal gastado sería el oro y los diamantes en grillos para aprisionar delincuentes que una insignia militar y de honor en un vagamundo y vicioso. Roma entendió esto bien, que pagaba con un ramo de laurel u de roble más heridas que daba hojas, vitorias de ciudades, provincias y reinos. Para consejeros de Guerra y Estado sólo sean suficientes y admitidos[623] los valientes y experimentados: sea prerogativa la sangre, o vertida o aventurada; no la presuntuosa[624] en genealogías y antepasados. Para los cargos de la guerra se han de preferir los valientes y dichosos. Gran recomendación es la de los bienafortunados sobre valientes: Lucano lo aconseja[625]:
..._Fatis accede, Deisque, Et cole felices, miseros fuge._
“Siempre he leído esto de buena gana, y a este admirable poeta, niegúeselo quien quisiere[626], con atención en lo político y militar, preferida a todos después de Homero.
“Para las judicaturas se han de escoger los doctos y los desinteresados. Quien no es codicioso, a ningún vicio sirve, porque los vicios inducen el interés a que se venden. Sepan las leyes, empero no más que ellas; hagan que sean obedecidas, no obedientes. Éste es el punto en que se salvan los tribunales. Yo he dicho. Vosotros diréis lo que se os ofrece y propondréis los remedios más convenientes y platicables”.
Calló. Y como era multitud diferente en naciones y lenguas, se armó un zurrido de gerigonzas tan confuso, que parecía haberse apeado allí la tabaola de la torre de Nembrot: ni los entendían ni se entendían. Ardíase en sedición y discordia el sitio, y en los visajes y acciones parecía junta de locos u endemoniados. Cuando el gremio de los pastores, que con ondas ceñían los pellejos de las ovejas, que les eran más acusación que abrigo, dijeron que “los oyesen luego y los primeros, porque se les habían rebelado las ovejas, diciendo que ellos las guardaban de los lobos, que se las comían una a una, para trasquilarlas, desollarlas, matarlas y venderlas todas juntas de una vez, y que pues los lobos, cuando mucho, se engullían una, u dos, u diez, u veinte, pretendían que los lobos las guardasen de los pastores, y no los pastores de los lobos, y que juzgaban más piadosa la hambre de sus enemigos que la codicia de sus mayorales, y que tenían hecha información contra nosotros con los mastines de ganado”.
No quedó persona que no dijese:
--Ya entendemos: no son bobas las ovejas si lo consiguen.
En esto, los cogió la _hora_, y, enfurecidos, unos decían: “Lobos queremos”; otros: “Todos son lobos”; otros: “Todo es uno”; otros: “Todo es malo”. Otros muchos contradecían a éstos. Y viendo los letrados que se mezclaban en pendencia, por sosegarlos, dijeron que el caso pedía consideración grande, que lo difiriesen a otro día y, entre tanto, se acudiese por el acierto a los templos sagrados. Los franceses, en oyéndolo, dijeron:
--En siendo necesario acudir a los templos, somos perdidos, y tememos nos suceda[627] lo que a la lechuza cuando estaba enferma, que, consultando a la zorra, a quien juzgó por animal más graduado, su mal, juntamente con la picaza, a quien, por verla[628] sobre mulas matadas, juzgó por médico, la respondieron que no tenía remedio sino acudir a los templos, la cual lechuza, en oyéndolo, dijo:
--Pues yo soy muerta si mi remedio es acudir a los santuarios, pues mi sed los tiene a escuras, por haberme bebido el aceite de las lámparas, y no hay retablo que no tenga sucio.
El monseñor, levantando la voz, dijo:
--Monsiures lechuzas: se os otorga esa comparación y se os acuerda a vosotros y a cuantos coméis de lo sagrado lo que Homero refiere de los ratones cuando pelearon con las ranas, que, acudiendo a los dioses que los favoreciesen, se excusaron todos, diciendo unos que les habían roído una mano, otros un pie, otros las insignias, otros las coronas, otros los picos de las narices, y ninguno hubo que en su imagen o bulto no tuviese algo menos y señales de sus dientes. Aplicad ahora, ratones calvinistas, luteranos, hugonotes y reformados, y veréis en el cielo quién os ha de ayudar[629].
--¡Oh, inmenso Dios! cuál zacapella[630] y turbamulta armaron los bugres con el monseñor. La discordia del campo de Agramante, en su comparación, era un convento de vírgines vestales; para sosegarlos se vieron todos en peligro de perderse. En fin, detenidos y no acallados, se fueron todos quejosos de lo que cada uno pasaba y rabiando cada uno por trocar su estado con el otro.
Cuando esto pasaba en la tierra, viéndolo con atención los dioses, el Sol dijo:
--La _hora_ está boqueando y yo tengo la sombra del gnomon[631] un tris de tocar con el número de las cinco. Gran padre de todos, determina si ha de continuar la Fortuna antes que la _hora_ se acabe u volver a voltear y rodar por donde solía.
Júpiter respondió:
--He advertido que en esta _hora_, que ha dado a cada uno lo que merece, los que, por verse despreciados y pobres, eran humildes, se han desvanecido y demoniado, y los que eran reverenciados y ricos, que, por serlo eran viciosos, tiranos, arrogantes y delincuentes, viéndose pobres y abatidos, están con arrepentimiento y retiro y piedad; de lo que se ha seguido que los que eran hombres de bien se hayan hecho pícaros, y los que eran pícaros, hombres de bien. Para la satisfacción de las quejas de los mortales, que pocas veces saben lo que nos piden, basta este poco de tiempo, pues su flaqueza es tal, que el que hace mal cuando puede, le deja de hacer cuando no puede, y esto no es arrepentimiento, sino dejar de ser malos a más no poder. El abatimiento y la miseria los encoge, no los enmienda; la honra y la prosperidad los hace hacer lo que si las hubieran alcanzado siempre hubieran hecho. La Fortuna encamine su rueda y su bola por las rodadas antiguas y ocasione méritos en los cuerdos y castigo en los desatinados, a que asistirá nuestra providencia infalible y nuestra presciencia soberana[632]. Todos reciban lo que les repartiere, que sus favores u desdenes[633], por sí no son malos, pues, sufriendo éstos y despreciando aquéllos, son tan útiles los unos[634] como los otros. Y aquél que recibe y hace culpa para sí lo que para sí toma, se queje de sí propio, y no de la Fortuna, que lo da con indiferencia y sin malicia. Y a ella la permitimos que se queje de los hombres que, usando mal de sus prosperidades u trabajos, la disfaman y la maldicen.
En esto dió la _hora_ de las cinco y se acabó _la de todos_, y la _Fortuna_, regocijada con las palabras de Júpiter, trocando las manos[635], volvió a engarbullar[636] los cuidados del mundo y a desandar lo devanado, y afirmando la bola en las llanuras del aire, como quien se resbala por hielo, se deslizó hasta dar consigo en la tierra.
Vulcano, dios de bigornia y músico de martilladas, dijo:
--Hambre hace, y con la prisa de obedecer dejé en la fragua tostando dos ristras de ajos para desayunarme con los cíclopes.
Júpiter prepotente mandó luego traer de comer, y instantáneamente aparecieron allí Iris[637] y Hebe con néctar, y Ganimedes con un velicomen[638] de ambrosía. Juno, que le vió al lado de su marido, y que con los ojos bebía más del copero que del licor, endragonida[639] y enviperada, dijo:
--O yo o este bardaje[640] hemos de quedar en el Olimpo, u he de pedir divorcio ante Himeneo.
Y si el águila, en que el picarillo estaba a la jineta, no se afufa[641] con él, a pellizcos lo desmigaja. Júpiter empezó a soplar el rayo, y ella le dijo:
--Yo te le quitaré para quemar al pajecito nefando.
Minerva, hija del cogote de Júpiter (diosa que si Júpiter fuera corito[642] estuviera por nacer), reportó con halagos a Junon[643]; mas Venus, hecha una sierpe, favoreciendo aquellos celos, daba gritos como una verdulera y puso a Júpiter como un trapo. Cuando Mercurio, soltando la tarabilla[644], dijo que todo se remediaría y que no turbasen el banquete celestial. Marte, viendo los bucaritos de ambrosía, como deidad de la carda y dios de la vida airada, dijo:
--¿Bucaritos a mí? Bébaselos la luna y estas diosecitas.
Y mezclando a Neptuno con Baco, se sorbió los dos dioses a tragos y chupones, y agarrando de Pan, empezó a sacar dél rebanadas y a trinchar[645] con la daga sus ganados, engulléndose los rebaños, hechos jigote, a hurgonazos[646]. Saturno se merendó media docena de hijos. Mercurio, teniendo sombrerillo, se metió de gorra con Venus, que estaba sepultando debajo de la nariz, a puñados, rosquillas y confites. Plutón, de sus bizazas[647] sacó unas carbonadas[648] que Proserpina le dió para el camino. Y viéndolo Vulcano, que estaba a diente[649], se llegó andando con mareta[650] y con un mogollón muy cortés, a poder de reverencias, empezó a morder de todo y a mascullar[651]. El Sol, a quien toca el pasatiempo, sacando su lira, cantó un himno en alabanza de Júpiter con muchos pasos de garganta. Enfadados Venus y Marte de la gravedad del tono y de las veras de la letra[652], él, con dos tejuelas, arrojó fuera de la nuez una jácara aburdelada de quejidos[653], y Venus, aullando de dedos con castañetones de chasquido, se desgobernó en un rastreado[654], salpicando de cosquillas con sus bullicios los corazones de los dioses. Tal cizaña derramó en todos el baile, que parecían azogados. Júpiter, que, atendiendo a la travesura de la diosa, se le caía la baba, dijo:
--¡Esto es despedir a Ganimedes, y no reprehensiones[655]!
Diólos licencia, y, hartos y contentos, se afufaron, escurriendo la bola a puto el postre[656], lugar que repartió el coperillo del avechucho[657].
NOTAS:
[110] “Pintan a las _Horas_ alegres y llenas de luz y hermosura los poetas, sin que hayan visto las tales doncellas, ni en cueros ni vestidas, más que en los delirios de Homero, que debió pasarlas muy buenas en sus deliquios, y esto a fe que no pudo hacerse sin locura, pues que si hay horas buenas y felices, éstas son pocas y las malas muchas. Y puesto que no contaron las malas, bueno será que sepades que son viejas carcomidas del vicio y de la desventura, que arrojan venablos por la boca, punzan con sus garfios y esparcen tinieblas y espanto por el que pasan. Tales son las de los malos que por una hora buena se echan a cuestas las doce hermanas del Infierno, cuyo sol es Plutón, que las va pasando una a una, y, al llegar a la última, la desgarra y martiriza, para que, fénix de su propia rabia, renazca cien veces de sí misma para martirio de las almas. Mas como en asamblea se junten los dioses para juzgarlas, abre Júpiter el caos con sus ardientes rayos y con voz de trueno, que trueno y gordo es él mismo, y todo tiembla como esperando el juicio de la muerte, que es el peor de los juicios para quien no fué tan arreglado como debiera a sus leyes”. (Ms. de Lista). Es enojarse mucho, por lo amargamente que trata a todos.
[111] CORR., 535: _Estar hecho de hiel._ QUEV., _C. de c._: “Y de una hasta ciento, que se descalzaban de risa de ver al viejo hecho de hiel”. A. ÁLV., _Silv. Vig. nav._, 1 c., § 2: “Todo le amarga y se le hace de hiel”.
[112] _Desgañitarse_, romperse el _gañote_ a puros gritos, como _desgañirse_. J. POLO, pl. 215: “Dió voces, en fin, que se desgañitaba”. CÁCER., f. 6: “Alcé mucho la voz, hasta que me desgañía”.
[113] _Poner el grito en el cielo_, alzar mucho la voz.
[114] _Trompicar_, dando trompicones o trompazos. G. ALF., 2, 2, 4: “Rodando y trompicando con la hambre, di conmigo en el reino de Nápoles”.
[115] _Insignia de viñadero_, el lanzón, arma del viñadero y de Marte. GÓNG., _Rom. lír._, 12: “Mohoso como en diciembre | el lanzón del viñadero”.
[116] _Echar chuzos_, llover reciamente, y trasladadamente, bravear echando bravatas. T. RAM., _Concept._, p. 50: “Mientras las olas bramaban y el cielo amenazaba y echaba chuzos”.
[117] _Panarra_, simplón (vulg.).
[118] _Re-most-ar_, echar o llenar de mosto. D. VEGA, _Conc._ 2.º: “Se descalza y desnuda para entrar en el lagar y sale de allí remostado todo y de la uva tinta, como teñido en sangre”. J. PIN., _Agr._, 10, 18: “Y el revinar con él a otro más nuevo es dañoso, como el remostar al más viejo”.
[119] _Vendimias de retorno_, regüeldos de borracho en la boca, como vendimias en lagar, esto es, olor de uvas o vino regoldado. _Por lagar_, en vez de lagar.
[120] _Des-cabal-ado_, no cabal, por ser cojo o corto de un pie.
[121] _Mari-manta_, fantasma para meter miedo a los niños; de _Mari_ o mujer, con una _manta_ arrebujada sobre la cabeza, por hacerlo así la niñera, etc. QUEV., _Mus._ 6, r. 95: “Una fea amortajada | en su sábana de lino | a lo difunto se muestra | marimanta de los niños”. Ídem, _Cart._: “En esta tierra, para espantar los niños, dicen: la Bonimanta, como allá la Marimanta”. Alude a que Saturno o el tiempo se come sus hijos o las cosas todas.
[122] _Hecho una sopa_, muy mojado. L. RUEDA, 1, 66: “Vengo hecho una sopa d’agua”.
[123] _Cazcarrias_, lodos que se pegan a los bajos de la ropa.
[124] _Devanado_, envuelto.
[125] _Oliendo a pescado_, de los días de abstinencia.
[126] _Cisco_, carbón menudo, hollín del herrero, que, por lo negro, dice ser _dado a los diablos_.
[127] _Alcrebite_, azufre, del arábigo. _Zahumar_ o _sahumar_ se decía, así como _buchorno_, del _vulturnus_.
[128] _Cultos_, los poetas oscuros.
[129] _Engazar_, engarzar. P. VEGA, 2, 13, 3: “De unos nervios delgados con que están (las muelas) engazadas dentro de los encajes de las encías”. TORR., _Fil. mor._, 7, 14: “Vienen a forjar una cadena de pecados engazando un eslabón de hierro con otro mayor para descolgarse en el profundo”.
[130] “y los pesares”. (Edic. de Zaragoza de 1650 y todas las posteriores). “Más mató la cena que sanó Avicena”, dice el refrán.
[131] _Haciendo rechinar_ los círculos de la esfera llamados _coluros con el ruedo_ del miriñaque de alambres y cintas, que llamaban _guarda-infante_, _empalagando_ o atestando.
[132] _La jeta_ u hocico y _el moño_, que le encimaba como coroza de pelo la cabeza. Es sátira del vestir, peinarse y afeitarse de las damas.
[133] _En mala moneda_, en cuartos.
[134] _Pelicabros_, “_capripedes satyrorum_” (HORACIO), _patibueyes_, patihendidos.
[135] “lares y panades y otros diosecillos”. (Edic. de Zaragoza y todas las posteriores).
[136] _Bahuno_, _bajuno_, con _h_, como se hallan por entonces escritas otras voces para nuestra _j_ actual; por haber hasta poco había sonado como en francés la letra _j_, y ser el tiempo en que comenzaba a sonar como hoy, esto es, como entonces todavía sonaba la _h_ (CEJADOR, _Leng. Cerv._, I, 9 y 11).
[137] _De la carda_, de la gente del bronce, maleante; del robar díjose _la carda_.