Part 1
NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
En la versión de texto sin formatear las palabras en itálicas están indicadas con _guiones bajos_.
La cubierta del libro fue agregada por el Transcriptor y ha sido puesta en el dominio público.
El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes cuando se imprimió la presente edición. Esto se aplica a las notas producidas por el editor de la obra, Julio Cejador y Frauca. También se adecuó la ortografía de las mayúsculas acentuadas a las reglas establecidas por la RAE.
Sin embargo, en instancias en que el editor o el autor citan textos de otras obras, el criterio seguido fue el de preservar la forma de escritura original.
Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.
El Índice de capítulos, incluido al final en la publicación original, ha sido trasladado al principio por el Transcriptor.
* * * * *
QUEVEDO
CLÁSICOS CASTELLANOS
QUEVEDO
LOS SUEÑOS I
EDICIÓN Y NOTAS DE JULIO CEJADOR Y FRAUCA
MADRID EDICIONES DE “LA LECTURA” 1916
INTRODUCCIÓN
_Los Sueños_ fueron la obra principal que de 1606 a 1613 compuso el joven satírico don Francisco de Quevedo Villegas (1580-1645); por lo menos durante aquellos años escribió el de las _Calaveras_, el _Alguacil alguacilado_ y el _Mundo por de dentro_. Es la obra que más ha hecho sonar su nombre; fué el fruto ya maduro de hondo pensador, de atento especulador de la ciencia de gobierno, de pintor maravilloso de las costumbres, de satírico acerado de las lacras sociales, de espíritu revoltoso y travieso y de estilista consumado.
La traza de fantasear un sueño para dar rienda suelta a su vena bulliciosa, mordaz y festiva por el variado e inverosímil campo de la sátira de costumbres, tomóla de la _Divina comedia_, del Dante; de las _Danzas de la muerte_ medioevales; del _Fin del mundo y segunda venida de Cristo_, atribuida al bienaventurado Hipólito; de las pinturas del Bosco, y sobre todo, del gran satírico griego Luciano de Samosata, a quien no menos, antes más a las claras, había ya Cristóbal de Villalón imitado medio siglo había en la magnífica sátira que corría manuscrita con el título de _Crotalón_. La diferencia es grande, aunque la fuente de donde corren entrambas aguas la misma, y no menos el común intento moralizador por medio de la sátira de las costumbres. Es Villalón más helenista; más español, Quevedo. La ironía es allí enteramente clásica y lucianesca, recontando un gallo sus anteriores vidas en diversos estados, con el sosiego de la musa griega y la tranquila objetividad de un narrador filósofo, que por nada se altera; aquí la ironía es roja y chillona, sin matices melindrosos, española enteramente, sin el envoltorio de gallos ni de caballeros andantes, como la envolvió clásicamente Cervantes en novela de inventiva sin igual. Quevedo es satírico de golpe y porrazo, de antuvión, diría él; es poeta subjetivo y lírico, con lirismo empapado en hieles, embrazada la porra en vez de la lira. Ni liras ni cítaras ni formingues son para los callosos dedos de este gañán de la sátira. Nada hay aquí de narrativo en el fondo, como en Luciano y Villalón, porque las pinturas se suceden sin atadero, y son brochazos, ricos de colorido, mas sin composición que los trabe y armonice, que no lo es apenas el flojísimo hilo que enlaza los retazos en el todo del pensamiento del juicio final, o del endemoniado alguacil, o de la farsa del mundo. Tanto es así, que las pinceladas podrían pasar del uno a los otros en estos _Sueños_, y siempre estarían en su propio lugar. Al cabo y a la postre, en el soñar, ni hay hilo que trabe las escenas ni unidad de composición alguna. El espíritu volandero y mariposeador de Quevedo no podía más libremente revolotear que en lo desatado y ligero de un sueño. No había nacido para el teatro, la novela u otras obras largas; hoy hubiera sido un terrible periodista satírico.
Y de hecho _Los Sueños_ y demás sátiras de Quevedo son el periódico de los tiempos de los Felipes III y IV.
No pocos rasgos debían de apuntar a personas y personajes, que hoy desconocemos; aun así y todo, como el satírico ahonda más en el mundo y en la vida común que el historiador y el dramaturgo, las obras de Quevedo son la mejor pintura de aquella sociedad.
Dió Quevedo en la manera que más al justo le cuadraba. Y por eso mismo, por la liviandad de su brillante fantasía y por el adecuado medio del soñar, que para satirizar las costumbres y reírse de todo le ocurrió, fué menos objetivo y sereno, menos clásico, de menor donosura que Villalón y Luciano, y a la par de menor profundidad y menos filósofo que ellos y que Lorenzo Gracián, que tras él vino a tomarle la vez. _Los Sueños_ fueron la obra más propia de Quevedo: fué la primera que comenzó, y tardó quince años en acabar, sin contar _La Hora de todos y la fortuna con seso_, obra póstuma, y que no es más que otro de los sueños, el mejor de ellos. En 1607 tenía acabados el _Sueño del juicio final o de las Calaveras_, _El Alguacil endemoniado y el licenciado calabrés_ o _El Alguacil alguacilado_. Adoleció en 1608 y fuése a convalecer al Fresno de Torote, donde acabó el _Sueño del Infierno_ o _Las Zahurdas de Plutón_. En 1612, retirado en la Torre de Juan Abad, acabó probablemente el _Mundo por de dentro_. Vuelto de Sicilia y muerto Felipe III (1621), desterrado a la misma Torre de Juan Abad, escribió, además de otras obras, el _Sueño de la muerte_ o _Visita de los chistes_.
_La hora de todos y la fortuna con seso_, titulada por su autor _Fantasía moral_, es sátira que de moral y social se convierte, a los pocos capítulos, en sátira política, colección de valientes cuadros políticos y de costumbres de la época. Las alusiones punzantes contra ministros y próceres, que esmaltan a cada paso el discurso, retrajeron al autor de darlo a la estampa, contentándose con que corriese manuscrito, escociendo a los zaheridos en él y preparando su descrédito. Empeñado ya en una guerra abierta con el vanidoso Atlante de la Monarquía, el Conde-Duque de Olivares y los a él allegados para traficar descaradamente con la suerte y libertad de los ciudadanos y monopolizar, fiado en la imbecilidad del Príncipe, los destinos de un gran pueblo, escribió por los años de 1639 _La Isla de los monopantos_, esto es, de los que se enseñoreaban del Poder. Desapareció este desenfado satírico cuando, preso en diciembre de aquel año, fueron entrados a saco sus papeles; pero alcanzada la libertad en 1644 y caído el privado, lo incluyó en _La Hora_, capítulo XXXIX, cuando acabó de limar esta obra en 1644, haciéndola copiar a su amanuense en 1655.
La historia del libro de los _Sueños_ puede resumirse, según don Aureliano Fernández Guerra, cuya magnífica edición de las _Obras_ de Quevedo, Madrid, 1880, es fuente indispensable tratándose del satírico, de la manera siguiente. No puede asegurarse que en los quince años que median entre 1612 y 1627 llegase a correr de molde ninguno de ellos; pero debieron de imprimirse varias veces. Vieron por primera vez en colección la luz pública fuera de los reinos de Castilla, en Barcelona y en 1627, con el título de _Sueños y discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños de todos los oficios y estados del mundo_. (_Tribunal de esta justa venganza_, pág. 37).
Esta edición sirvió de original a la de Valencia del mismo año y a la de Pamplona de 1631. (Licencias de esta edición y singularmente la del fol. 198). Con el rótulo _Desvelos soñolientos y verdades soñadas_ y la advertencia de que el libro salía _corregido y enmendado agora de nuevo por el mismo autor y añadido un tratado de la Casa de locos de amor_, los reimprimieron las prensas de Zaragoza en la primavera del dicho año de 1627, ejemplar rarísimo, como todos los de estas publicaciones primeras, y que se guarda en el Museo Británico. Allí se conserva también la de Barcelona de 1629, que, adelantándola un año, cita D. Nicolás Antonio. Tiene esta inscripción: _Desvelos soñolientos y discursos de verdades soñadas, descubridoras de abusos, vicios y engaños de todos los oficios y estados del mundo. En doce discursos. Primera y segunda parte_. Después, en Lisboa, 1629.
Las prensas no daban abasto para saciar la curiosidad general entretenida con aquellos sabrosos desenfados, mientras ponía lengua la murmuración en que el libro se imprimiese constantemente fuera de estos reinos, y se mostraba ofendida de algunas libertades e impurezas desapacibles, disgustada de la extraña mezcla de lugares de la Escritura con chistes y bufonerías, y horrorizada de los escandalosos nombres, que el autor hubo de poner a sus discursos.
Los enemigos de Quevedo eran muchos y poderosos por la mano que había tenido en los negocios de Sicilia, Nápoles y Venecia y por el favor que gozó en la Corte de Felipe III. Cuando los enconados resentimientos y la envidia le arrojaron entre cadenas y al destierro, entonces se desarrebozaron sus émulos, satirizando torpemente su vida y sus escritos. Con la dedicatoria del _Sueño de la muerte_ a doña María Enríquez el año de 1622, coincide la licencia que se le concedió para irse a curar a Villanueva de los Infantes de unas tercianas malignas, y la libertad que se le dió, aunque con la prohibición de entrar en la Corte ni acercarse a ella a diez leguas a la redonda, cortapisa que desapareció por marzo del año siguiente. En febrero de 1624 ya formaba parte de la regia comitiva que acompañó a Felipe IV a Andalucía, aposentándole en su propia casa de la Torre de Juan Abad; y no menos el año 1626 fué con el Rey a las Corte de Barbastro, Monzón y Barcelona. Aprovechando la holgura y libertad del reino de Aragón, trató con el mercader Roberto Dupont y con el impresor Pedro Verges y así pudo imprimir la _Política de Dios_, _El Buscón_ y _Los Sueños_. Pero la fama creciente de Quevedo, acrecentada con el _Memorial por el Patronato de Santiago_, publicado en febrero de 1628, recrudeció de nuevo la malevolencia de los envidiosos, los cuales le pusieron mal con el valido, el Conde-Duque de Olivares, hasta lograr que éste le metiese en la cárcel por junio del mismo año de 1628 y le desterrase a la Torre de Juan Abad, teniéndole allí preso desde abril hasta que se le mandó tornar a la Corte en 29 de diciembre del mismo año.
El encierro no quebrantaba su entereza, y con el arrojo y libertad que le inflamaron siempre, dirigió a Felipe IV un largo y valiente memorial insistiendo en la defensa de Santiago y haciendo la suya propia contra todos sus adversarios. Pedía licencia para la impresión; pero por no echar más leña al fuego no le fué concedida.
Quevedo debió de conocer que sus adversarios no habían de cejar un punto. Ello es que por entonces comenzó el Conde-Duque a tratar de ganarse su voluntad y él se rindió, no ciertamente a las dádivas, amenazas y persecuciones, pero sí a las muestras de amistad que le dió el favorito, hasta llegar a imprimir el año de 1630 en Zaragoza _El Chitón de las tarabillas_, en defensa del descabellado arbitrio de Olivares sobre las minas y la baja de la moneda y en defensa del mismo Conde-Duque. Por aquí acaso se explicará el inexplicable hecho de la corrección y nueva redacción que hizo de _Los Sueños_, quitándoles muchos pasajes de los que escandalizaban a los envidiosos y cuanto aludía a la Escritura, a la Religión y a los clérigos y religiosos, convirtiendo los _Sueños_ de cristianos en gentílicos.
A principios del año 1629 pidió al Tribunal de la Inquisición recogiese todas las impresiones hechas en Aragón y otras partes fuera de los reinos de Castilla, y con la censura de fray Diego del Campo y la del padre Juan Vélez Zabala, calificadores ambos del Santo Oficio, dió en Madrid a la estampa sus obras satírico-morales en aquel otoño (_Índice expurgatorio_ publicado en 1640 por el inquisidor general don Antonio de Sotomayor). Intitulóse el libro _Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio_, Madrid, 1629. Cambiáronse los nombres de cada uno de los sueños resultando:
_El Sueño de las calaveras_, por _El Sueño del Juicio final_; _El Alguacil alguacilado_, por _El Alguacil endemoniado_; _Las Zahurdas de Plutón_, por _Sueño del Infierno_; _Visita de los chistes_, por _El Sueño de la Muerte_.
Añadiéronse nuevos tratados: _El Libro de todas las cosas y otras muchas más_; _Aguja de navegar cultos_; _La Culta latiniparla_, y _La caldera de Pero Gotero_, refundida luego, en _El Entremetido y la Dueña y el Soplón_. Desaparecieron los romances _El Nacimiento del autor_, _El Cabildo de los gatos_, _Las dos aves y los dos animales fabulosos_, _La Premática del tiempo_ y la _Casa de locos de amor_.
En fin, para imprimir por diez años los _Juguetes de la niñez_, concedió licencia Su Majestad a Quevedo, a 20 de enero de 1631; y Madrid (1788, 1794) Sevilla (1634, 1641) y Barcelona, (1635, dos ediciones, 1695) los reprodujeron varias veces, ejemplares que la rapacidad de libreros vergonzantes y la afición de los extranjeros por las antiguas ediciones españolas han hecho rarísimos en nuestras bibliotecas. Respetando la voluntad última del autor, se ha preferido siempre imprimir esta edición de los _Juguetes de la niñez_. Pero de esta redacción y corrección, si hoy se levantara Quevedo, cierto estoy de que clamara amargamente: _Compulsus feci_. Huele demasiado a teólogos escrupulosos no sólo todo lo variado y corregido, pero aun el mismo título de _Juguetes de la niñez_. No lo eran ciertamente para Quevedo, aunque así lo intituló por quitarse de enredos. Es la obra de más valer que escribió, la de más maduro juicio, aunque escrita por su mayor parte siendo todavía joven. Así lo pensaba su autor cuando prosiguió por la misma vereda escribiendo, ya entrado en años, no sólo la _Visita de los chistes_, sino _El Entremetido y la Dueña y el Soplón_, y finalmente la obra póstuma y verdadero póstumo sueño, _La Hora de todos y la fortuna con seso_. No son juguetes de niños, sino filosofías de hombre muy maduro y asesado _Los Sueños de Quevedo_. No es menester gran talento para comprenderlo; ¿y habrá quien crea que para comprenderlo no lo tuvo el mismo Quevedo? ¿No se pasó toda la vida satirizando las necedades de los hombres, poniéndolos al desnudo, riéndose de sus ridiculeces? ¿Cómo le vamos a creer que escribió “con ingenio _facinoroso_” sus _Sueños_ y que les puso “nombres más _escandalosos_ que propios?” Los que se escandalizaron fueron sin duda algunos teólogos a lo padre Niseno y los hipocritones de sus émulos. No conocemos bien las apreturas en que se vió, aunque algo se traslucen por lo poco que hemos historiado. Ello basta para saber que, si no podemos juzgar en esta parte a Quevedo, afirmando que prevaricó y quedó vencido y se desdijo feamente, lo cual dificultoso es de admitir en varón de tanta entereza en tantas y tan graves persecuciones, sobre todo la del Conde-Duque, cuando en la última vejez le empozó en la mazmorra aquella del convento de San Marcos de León, donde por milagro no acabó, tullido y lleno de enfermedades sus tristes días; por lo menos basta para asegurarnos de que, si oficialmente y en lo de fuera, fué su última voluntad la edición que llamó _Juguetes de la niñez_, en lo de dentro de su pecho y en lo íntimo de su conciencia no fué así.
¿Por qué han de ser “más escandalosos que propios” los títulos cristianos, que no los gentílicos? Un cristiano no sueña en el despertar de _calaveras_, sino en el _juicio final_; no en las _zahurdas de Plutón_, sino en el _infierno_; un cristiano ve _ángeles_, _diablos_; ve a _Dios_ y a _su Madre_, y no a _Júpiter_ y a _defensores_ y _verdugos_ abstractos; un cristiano gran satírico, ve y pinta las necedades de monjas, frailes, curas y obispos, lo mismo y con mayor dolor que las de sastres y escribanos. Nada de escandaloso ni impropio vió y pintó el Dante, cuando esto vió y pintó, y no es por ello la _Divina Comedia_ obra de “ingenio facinoroso”. “Con desprecio” dice Quevedo que dejó los _Sueños_, tal como primero los había escrito. Permítame que le diga, no que se engañó y quiso engañarnos, sino que quiso engañar y engañó con ese prefacio a sus adversarios teologizantes. Con este borrar de trozos y cambiar de palabras, para quitar a los _Sueños_ todo color cristiano, como si no fuera una sátira de cristianos y por un cristiano escrita, las alegorías hechas a la fuerza mitológicas, quedaron frías, falsas y sin fuerza alguna; los asuntos inverisímiles; el texto, a veces oscuro e indescifrable; la obra entera, descolorida, falseada, indigna de un satírico como Quevedo. La edición verdaderamente crítica de _Los Sueños_ acaso exigiera que se imprimiesen juntamente con la redacción corregida dos o más de las anteriores o lo que primitivamente escribió Quevedo, sacándola de todas ellas, si ello fuera hacedero. En la mía he añadido como notas todas las variantes, por manera que pueda restituirse la redacción primitiva. _La fortuna con seso i la hora de todos, fantasía moral. Autor Nifroscrancot Viveque Vasgel Duacense. Traducido de Latín en Español, por Don Estevan Pluvianes del Padron, Natural de la villa del Cuervo Pilona_, Zaragoza, 1650, 1651. Fué escrita en 1635 y acabada en 1636. La copia del amanuense de Quevedo, hecha en 1645, paró en la biblioteca de los Duques de Frías. En la Nacional (T. 153, pág. 236) hay tres pliegos con este epígrafe: _Fortuna con seso y hora de todos. Adiciones del original a lo impreso, erratas, y índice de los asuntos que contiene._ La primera colección en que se incluyó debió de ser la de Madrid, 1658. El _Nifroscrancot_ es el anagrama de _Don Francisco de Quevedo Villegas_, que según el ms. de la Nacional (pág. 240), debe leerse: _Nifroscancod Diveque Vasgello_.
JULIO CEJADOR.
NOTA. Por razones editoriales dejamos para el tomo siguiente _El Mundo por de dentro_, que debiera ir antes de la _Visita de los Chistes_.
ÍNDICE
PÁG.
INTRODUCCIÓN VII
Dedicatoria: A ninguna persona de todas cuantas Dios crió en el mundo 3
A los que han leído y leyeren 7
Advertencia de las causas de esta impresión. Don Alonso Messía de Leyva 11
EL SUEÑO DE LAS CALAVERAS 21
Al Conde de Lemos, Presidente de Indias 25
Discurso 27
EL ALGUACIL ALGUACILADO 53
Al Conde de Lemos, Presidente de Indias 57
Al pío lector 59
Discurso 61
LAS ZAHURDAS DE PLUTÓN 87
Carta a un amigo suyo 91
Prólogo al ingrato y desconocido lector 93
Discurso 95
VISITA DE LOS CHISTES 189
A doña Mirena Riqueza 193
A quien leyere 195
Discurso 197
LOS SUEÑOS
DEDICATORIA
A NINGUNA PERSONA DE TODAS CUANTAS DIOS CRIÓ EN EL MUNDO
Habiendo considerado que todos dedican sus libros con dos fines, que pocas veces se apartan: el uno, de que la tal persona ayude para la impresión con su bendita limosna; el otro, de que ampare la obra de los murmuradores, y considerando, por haber sido yo murmurador muchos años, que esto no sirve sino de tener dos de quien murmurar: del necio, que se persuade que hay autoridad de que los maldicientes hagan caso, y del presumido, que paga con su dinero esta lisonja, me he determinado a escribille a trochimoche[1] y a dedicarle a tontas y a locas[2], y suceda lo que sucediere[3]. Quien le compra y murmura, primero hace burla de sí, que gastó mal el dinero, que del autor[4], que se le hizo gastar mal. Y digan y hagan lo que quisieren las Mecenas[5], que, como nunca los he visto andar a cachetes con los murmuradores sobre si dijo o no dijo, y los veo muy pacíficos de amparo[6], desmentidos de todas las calumnias que hacen a sus encomendados, sin acordarse del libro del duelo, más he querido atreverme que engañarme. Hagan todos lo que quisieren de mi libro, pues yo he dicho lo que he querido de todos. Adiós, Mecenas, que me despido de dedicatoria[7].
YO
NOTAS:
[1] _A trochimoche._ CORREAS, 517: “_Á trochimochi; hacer á trochimochi._ (Por hacer la cosa mal y sin atención)”. Ídem, 507. La frase, en su sentido propio, la oí a unos chalanes caminando por una vereda entre dos cortijos de Córdoba. Preguntámosles que cómo habían llegado tan presto de donde decían que venían: “Hemos venido á ‘trochimochi’. Esto es, _por trochas_ y atajos. El _mochi_ se añadió al _trochi_ poniendo _mo-_ por _tro_-, como en _tus ni mus, cháncharras máncharras, oste ni moste_”. (CEJADOR, _Leng. Cerv._, I, 77).
[2] _Á tontas y á locas._ CORR., 517: “_Á tontas y á locas; á tontas y á bobas._ (Por necia y simplemente hacer algo)”. Ídem, 507: Súplese _maneras_.
[3] _Suceda lo que sucediere_, modismo de proposición concesiva. (_Leng. Cerv._, I, 265, 20). _Quij._, 1, 50. “Dude quien dudare”. Ídem, 1, 59: “Sea quien se quisiere”. Ídem, 2, 60: “Lleguen por do llegaren”. Ídem, 2, 3: “Salga lo que saliere”.
[4] _Que del autor, primero... que del autor_, antes, más bien.
[5] _Mecenas_, el gran favorecedor de Virgilio y otros poetas.
[6] _Pacíficos de amparo_, que no se toman trabajo ni guerra por ampararlos. _Desmentidos_ que desmienten. A. PÉREZ, _Viern. dom._ I _cuar._, fol. 247: “En hábito desmentido que nadie los conozca”. TORR., _Fil. mor._, 13, 4: “Las barbas desmentidas, las muletas disimuladas”. Quiere decir que no salen a las calumnias que se dicen de los libros que se les dedican, que no salen por sus autores. _Desmentir_ era el verbo propio para decirle a uno que miente, en el _libro_ o código _del duelo_, y así juega aquí de él. ZABALETA, _Error_, 25: “El hombre noble sabe que es grande mengua el mentir, por esto es tan grande su dolor cuando le desmienten”. F. AGUADO, _Crist._, 20, 3: “Si dice que sí le conoce le debemos desmentir y dalle en la cara con que no dice verdad”.
[7] _Me despido de dedicatoria_, dejarse de. GRAN., _Guía_, 1, 28, 1: “Tienen por dificultosísima esta empresa y así se despiden della”. Siendo un libro de crítica, comienza Quevedo criticando las dedicatorias de los libros.
A LOS QUE HAN LEÍDO Y LEYEREN