Los nueve libros de la Historia (2 de 2)
Part 38
[290] No interviniendo por aquí en nada los eólidas, parece deber corregirse los lileadas o habitantes de Lilea, ciudad que fue demolida con la de Panopea y la de Dáulide, y que es en el día una pequeña aldea que lleva el nombre de Solen.
[291] Por entonces había solo en Delfos, al parecer, un adivino o intérprete de los oráculos con una sola Pitia, no habiendo crecido con el número de consultas y dones el de profetas y pitonisas.
[292] Si fueron embustes del profeta délfico estos portentos, para mí es un portento mayor que los otros el que tantos y tan ilustres escritores nos los vendan sin vacilar por hechos históricos. Prodigios hay en las historias antiguas que solo pueden explicarse por la intervención de espíritus malos, no por fraudes de los sacerdotes o credulidad del vulgo: de esta suerte son los sucedidos más tarde en Delfos mismo contra Breno y sus galos. Bien que esas deidades délficas solo parecen fieras contra los bárbaros, disimulando a sus focidios antes de la guerra sacra los mayores sacrilegios.
[293] Isla enfrente de Eleusis, llamada hoy Coluri, lo mismo que la pequeña villa que ha reemplazado a la célebre ciudad de Salamina.
[294] Llamada al presenta Pleda o Damala en la Argólida, sobre el golfo Sarónico. Egina es la moderna isla de Engía, de la cual toma nombre el golfo Sarónico o de Engía.
[295] La antigua Sición es al presente un montón de ruinas con el nombre de Basílica. Epidauro, capital de la Argólida, llámase en el día según unos Pigiada, según otros Esculapio. Hermíone es en la actualidad Maria, en el golfo de Nauplia en la Argólida.
[296] Conservan estas tres ciudades su nombre antiguo, si bien la de los ambraciotas se llama también Arta y Santa María de los Leucadios.
[297] Citnos, al presente Termia.
[298] El pueblo de los primeros es actualmente el lugar de Serso, y el de Sifnos es la isla de Sifanto.
[299] Los tesprotos habitaban hacia la Vayelitia; el Aqueronte es el Verlichi en Epiro.
[300] Quedose corto, pues, Esquilo al dar en su tragedia de los Persas 300 naves a la armada únicamente.
[301] La ciudad antigua reducida a una pequeña población conserva el nombre de Tespias; pero de Platea, totalmente arruinada, ni aun el nombre resta.
[302] Quizá el sentido deba ser que desde Sardes hasta Europa emplearon un mes marchando, pues no puede entenderse que se pase un mes en el tránsito del Helesponto, en el que, según refiere el mismo autor, libro VII, pár. LVI, solo emplearon siete días.
[303] Este era el famoso Areópago.
[304] No era sino egipcio emigrado en Atenas.
[305] Plutarco, según su costumbre, se declara contra nuestro autor por haber privado a Temístocles de la gloria que se merece este aviso digno del mejor político, especialmente habiendo reservado para su Artemisia, como veremos, consejos llenos de acierto y prudencia.
[306] Alude este dicho a las corridas de los juegos olímpicos, en que los jueces llamados olimpiónicas, por medio de sus alguaciles los alitas mandaban dar un latigazo al que antes de dar ellos la señal salía de la línea, como lo dieron al lacedemonio Licas (Tucíd.). Es célebre, y no sé cómo lo omite Heródoto, el dicho de Temístocles, quien al ver que Euribíades le amenazaba con el bastón. «Pega, le dijo, si quieres, pero oye».
[307] Para votar los negocios en Atenas los escribían en una tablilla expuesta al público los prítanes o gobernadores de semana: junta ya la Asamblea popular, volvía el epístates, esto es, el primero de los prohedros o presidentes, a proponer el asunto sobre el cual, después de haber discurrido los oradores que lo pedían, anunciaba el epístates al pueblo que se iba a votar. La fuerza de este acto es la que expresa en este pasaje el verbo del original.
[308] Ciudad de Lucania en la actual Basilicata, llamada después Heraclea, al presente arruinada, cerca de la embocadura del río Siris, el moderno Senno. Los atenienses fundaron también a Turio en aquellas cercanías.
[309] Sin duda su pretensión era que estos misteriosos ídolos, semejantes a los Dioscuros, acompañasen la armada, como entre los turcos el estandarte de Mahoma.
[310] Llanura vecina a la antigua Eleusis, que es al presente la aldea de Lepsina. En cuanto al prodigio, no es de creer que Heródoto asienta a él, como a otros mil que refiere. Los historiadores no quieren por lo común ser menos aplaudidos que los cómicos, y se acomodan por lo mismo al sabor de los lectores; y no es por lo mismo más de extrañar que alimente Heródoto de ficciones y maravillas a lectores gentílicos y supersticiosos, que el espíritu de impiedad y de pedante filosofía de que llenan sus volúmenes muchos de los que tachan de crédulo a nuestro autor.
[311] Falero, puerto a cosa de una legua de Atenas, desierto al presente y abandonado.
[312] Caristo, hoy Castelroso en Eubea; los tenios habitaban la isla de Tenos, y las cinco ciudades de que se habla aquí y en el párrafo XLVI, son las cinco islas de Naxos, Milo, Sifnos, Serifos y Citnos.
[313] Este camino, que llaman otros Escirona, conducía al Istmo desde la ciudad de Mégara por entre aquellos montes y derrumbaderos que al presente llaman _Caki-Scala_.
[314] Los aqueos, echados por los dorios de su país, arrojaron del suyo a los jonios, apoderándose de la región vecina al golfo de Corinto. Homero cuenta seis regiones en el Peloponeso.
[315] Ásine, no la de Mesenia, sino la de Argólida, es al presente un pequeño pueblo con el nombre de Vulcanos; la antigua Cardámila lleva según unos el nombre de Parama, según otros el de Sapito; Parorea estaba no lejos de Sición; Ornea era otra ciudad de los argivos.
[316] Plutarco y otros autores pretenden que fuese este Sicino de nación persa, comprado como esclavo por Temístocles, a quienes se opone Esquilo, que le llama griego.
[317] Créese que ese islote es Liprocontalia, sin población alguna en el día.
[318] No pudiendo ser dicha Cinosura la de Laconia, por sobrado distante, no será acaso otra que el promontorio de Maratón enfrente de Eubea. Muniquia era otro puerto de Atenas, al presente cegado, con el nombre de Macina.
[319] Aunque no se haya decidido todavía si el espíritu de Dios inspiraba a veces a las Sibilas, y aunque ninguna dificultad ofrezca el que la Providencia para sus fines se valiera de impuros labios para descubrir a los hombres lo futuro, es de sospechar, por más que repugne a Heródoto, que Temístocles supuso a Bacis estos versos. El espíritu político se trasforma en espíritu profético siempre que le conviene.
[320] Plutarco, solo para contradecir a nuestro autor, parece dudar de la ponderada entereza de Arístides. Solo observaré que en la historia no hallamos menor número de hombres ilustres víctimas de sus virtudes que víctimas de sus pasiones en los vicios, atendido el gran número de estos y el corto de aquellos. No hablo de los perseguidos por motivos de religión, a quienes el mundo, como a cosa no suya, jamás amará: hablo de aquellas almas políticamente grandes, dedicadas únicamente al bien de la sociedad por medios honestos y leales, contra quienes usó Atenas de su ostracismo, y los modernos estados de la deposición con achaque de admitir la dimisión de sus empleos. No pudiendo el mundo civil sufrir ni sus males ni sus remedios, igualmente aborrece al ruin magistrado que agrava sus dolencias, que al buen político que le receta las medicinas.
[321] Puédese de aquí concluir que Arístides ni se halló en la batalla naval, durando todavía su destierro, como escribió Cornelio Nepote, y que duraba aún entonces en su rigor el ostracismo, lo que negó Plutarco.
[322] Creen algunos que esta arenga se halla en Esquilo (_Persas_, v. 402). Sin duda, Temístocles puso delante a los suyos los más interesantes objetos, la libertad de la patria, de sus hijos, de sus mujeres, la conservación de sus templos, etc.
[323] Era este Aminias, a quien Plutarco llama Deceleo y no Paleneo, hermano de Esquilo.
[324] Bien se ve en este pasaje y en muchos otros la parcialidad de este historiador asiático y colono de la Grecia en favor de sus colonias contra las metrópolis griegas. Pero lo que es digno de reprender con Plutarco es el modo como ensalza un ardid tan inicuo y pérfido como el de Artemisia.
[325] No entiendo que fuese esta una bandera o pabellón, invención harto moderna, sino alguna figura de un dios o animal, o algún objeto notable, puesto en la proa o popa de su galera.
[326] Dice Demóstenes que la silla con pies de plata en que sentado Jerjes en Egaleo contemplaba la naumaquia, fue consagrada en la fortaleza de Atenas.
[327] Parece que Polícrito picó a Temístocles, haciendo burla de la acusación de los atenienses, que habían delatado en Esparta a los eginetas por partidarios del medo.
[328] No dice Heródoto en ningún lugar que fuese decretada esta gloria en favor de Egina en alguna asamblea pública de los generales griegos; con todo, así lo afirma Diodoro Sículo, quien añade con mucha verosimilitud que la envidia de los lacedemonios contra los de Atenas, que merecían sin duda la palma, hizo que cohechados los jueces la pasasen a los eginetas. Quizá Heródoto prefirió inculcarnos la gloria de su heroína Artemisia, que no publicar la envidia de Esparta y la venalidad de los generales en congreso.
[329] Algo que sospechar da esta narración desmentida por toda la Grecia, aunque apoyada sobre la palabra de Atenas, si es verdad que los atenienses se ganasen con un presente de diez talentos la lisonjera pluma del padre de la historia, y que Corinto, que le negó todo gaje por los elogios que en sus Musas les leía, adquiriese en él un censor injusto, no solo en borrarles, sino en denigrar a los avaros corintios con mil rumores y sospechas.
[330] Caía este templo en la extremidad de Salamina.
[331] Dice Plutarco que Arístides envió a Temístocles por prisioneros de guerra a los persas más distinguidos, a quienes sacrificó aquel general, por consejo del adivino Eufrautides, a Dioniso _Omestes_ (el carnívoro).
[332] Cercana a Falero, en la cual había un templo de Afrodita.
[333] Era como de dos estadios ese estrecho, que Jerjes antes de la batalla había pensado seriamente en cegar, y que después solo en la apariencia y por engañar al griego terraplenaba.
[334] Fue esta invención introducida por el gran Ciro. Más expedito medio fuera aún para comunicar una noticia apostar de trecho en trecho algunos hombres de robustos pulmones que hicieran correr la voz, como dice Cleomedes los tenía Jerjes, por cuyo medio súpose su desgracia en lo interior de la Persia en el término de dos días.
[335] Tan absurda es esta digresión, que por más fanático que supongamos a Heródoto no podemos menos de creerla, con algunos críticos, adición o nota de algún ignorante comentador. Ya la refirió Heródoto en el lib. I, pár. CLXXV.
[336] Dúdase a qué lugar se refiere, si a Sardes, donde estaría más de asiento Hermótimo siguiendo a la corte, o a Atarneo, donde por entonces se hallaba; si bien esta circunstancia importa tanto como la historia entera del eunuco, intercalada sin duda por nuestro autor como episodio para variar sus narraciones.
[337] Según Plutarco, este parecer de Temístocles había sido reprobado por Arístides, a quién antes lo había comunicado.
[338] Otros, en vez de Sicino, dan por mensajero a un persa llamado Arnaces o Arsaces. No puede concebirse cómo Tucídides y Cornelio Nepote creyesen tan poco cauto a Temístocles, que se valiera de cartas y no de confidentes para asuntos de tanta cuantía.
[339] Con tan bello nombre decoraba el espíritu fino y culto de los griegos a dos diosas que llevan entre nosotros el vulgar y repugnante de Pobreza e Imposibilidad. Así también he conservado para que no cayeran de su divinidad la advocación de _Pitos_ y _Anankea_ a la Persuasión y a la Necesidad, de cuya protección en el día suelen muchos humanamente valerse, usando de lo que diríamos _Pitananke_, o ruegos armados.
[340] No podían los lacedemonios pretender otro efecto de esta sin duda infructuosa y ridícula embajada, que cazar de la boca de Jerjes alguna palabra cuya interpretación les sirviese de buen agüero.
[341] Eliano da a entender que el nombre propio de este rey era Treix.
[342] El mismo que el Bóreas o cierzo, tomando el nombre del Estrimón, desde donde sopla a los griegos. Para hacer más trágica la cosa, escriben otros que navegaba el rey en una barca de pescar.
[343] Mejor sería sin duda, si practicable fuera, que el premio pretendido después de la victoria se acercara más todavía a la palma o corona honrosa de los griegos que al aumento de sueldo mercenario con que en el día se premia el valor.
[344] Muy verosímil es que pasara allá Temístocles, llamado por los espartanos, recelosos al cabo de que la injuria hecha al griego más benemérito no diera lugar a algún resentimiento que pudiera ser fatal a la Grecia toda.
[345] No es fácil concordar cómo pudo Timodemo proceder de Afidnas, lugar del Ática, siendo belbinita o de la isla de Belbina, al presente Blenda, frontera a las costas del Ática; sería acaso belbinita de origen, y afidneo de _demo_ o vecindad.
[346] La península de Casandria, ahora Canistro. Potidea era una colonia de Corinto llamada al presente Schiatti.
[347] Olinto, cercana a Palene, famosa entre los griegos, conserva su nombre todavía, aunque arruinada. Preténdese que los potideos, atenienses de origen, fueran colonos cretenses que de Creta pasasen a Yapigia y de allí a Tracia, en los confines de Macedonia.
[348] Calcídica de la Macedonia en el país llamado Yamboli al presente.
[349] Escíone, una de las ciudades de Palene.
[350] Al presento Foya Nueva, con un buen puerto en el Asia menor, no lejos de Esmirna. De este lugar puede colegirse que esta armada naval, siendo antes tanto más numerosa, hubiera podido pasar a Europa toda la gente de Jerjes sin la vana ostentación de unir con un puente de barcas ambos continentes.
[351] Varias son las dudas acerca de este árbol genealógico. Primeramente, solo los lacedemonios, contra la opinión de los demás griegos, cuentan en el número de reyes a Aristodemo, Aristómaco, Cleodeo e Hilo. Lo segundo, sábese por los demás autores, que no reinaron en Esparta los siete personajes nombrados después de Leotíquidas. En tercer lugar, es menester añadir después de Procles un rey llamado Sous.
[352] Para interpretar benignamente a Heródoto, no debe entenderse que no conocieran la Jonia ninguno de los griegos de la armada, pues los atenienses habían navegado por los mares del Quersoneso, de Sigeo y de Éfeso, y los lacedemonios habían ido a Samos y a las costas de Jonia, sino que generalmente no sabían tanto de aquel país como después supieron.
[353] Son varias las ciudades de que con el nombre de Europo hacen mención los antiguos, si bien esta no pudo ser otra que la de los carios, quienes como bilingües, pues hablaban griego y persa indistintamente, eran por lo común intérpretes de los persas.
[354] Ciudad de Beocia que conserva su nombre y lo da a una provincia o gobierno de los turcos. El famosísimo oráculo de Trofonio residía en una cueva.
[355] Pausanias escribe que Anfiarao era reputado autor de la adivinación por sueños.
[356] Este pantano o laguna se llama en el día laguna de Levadia. No se hallan los nombres actuales de los antiguos lugares situados sobre ella.
[357] Alabanda, o según otros Alabastra. La historia del casamiento de Gigea se refiere en el lib. V, pár. XXI.
[358] Esta narración en nada desdice de la sencillez de los tiempos primitivos, tan bellamente retratada en Homero, y sobre todo en nuestros libros santos. También Jacob servía de zagal como Pérdicas apacentando los rebaños, y Sara como la reina de Lebea cocía el pan sobre las brasas en la tienda de Abraham. Vivía Pérdicas unos siete siglos y medio antes de J. C.
[359] Pasó Midas de Macedonia a Frigia, en donde reinó.
[360] Añade más Plutarco: que el rey les ofrecía reedificar la ciudad, darles infinito dinero y hacerles señores de todos los griegos.
[361] Sin la memoria de tales oráculos, que ciertamente salieron hueros, no hubiera acariciado tanto a los atenienses la política espartana, con el fin de no ponerse a peligro de perder el imperio de la Grecia.
[362] Esto, según Plutarco, lo dijo Arístides señalando al sol con el dedo.
[363] Tres eran los hermanos Alévadas, príncipes de Tesalia, Eurípilo, Trasidemo y Tórax.
[364] Con esto desmiente Heródoto a los oradores Demóstenes y Esquines, cuando afirman que pasó en efecto al Peloponeso un tal Artimio, con grandes sumas para desconcertar la unión de los griegos.
[365] Heródoto no hace mención de otro apedreado por motivo semejante, según parece, llamado Cirselo, si estamos a lo que dicen Demóstenes, Cicerón y otros.
[366] Como tal había sido escogido por Éaco, quien en Egina le erigió un templo.
[367] Estos vecinos de las ciudades subalternas del estado eran la segunda clase de tres que había en Lacedemonia, inferiores a los espartanos o moradores de la ciudad, y superiores a los ilotas o esclavos.
[368] Tanto las Esfendaleas como Decelia eran villas de la tribu Hipóntida, en la costa del Ática, fronteriza a Eubea. Tanagra es la moderna Anatoria, y Escolo una ciudad de la Beocia al pie del monte Citerón.
[369] Pausanias pone las ruinas de Hisias y Eritras a las raíces de Citerón, en la comarca de Platea.
[370] Esta sentencia, que pone ya el autor en boca de Cambises (lib. III, c. LXV), demuestra que estaba extendido entre los persas el fatalismo; error que, nacido de una fuente pura como es la presencia de Dios, conduce a las más fatales, consecuencias.
[371] En este discurso, verdaderamente ático, al lado de muy buenas sentencias e ideas, se notan algunas más brillantes que exactas, como la presente exageración de 46 naciones unidas en Maratón, y de las proezas áticas, que no se descuidaron en hacer valer Demóstenes, Isócrates, Lisias y otros oradores de aquel pueblo.
[372] En el original se añade _de los Clicíadas_, pero esta palabra debió ser una nota marginal inclusa en el texto, pues siendo tres las familias de Élide insignes por sus adivinaciones, la de los Yámidas, la de los Clicíadas y la de los Telíadas, no pudo ser a un tiempo Tisámeno, Yámida y Clicíada, a no decir que las dos familias habían emparentado.
[373] Una de las poblaciones que se unieron para formar la ciudad de Megalópolis, al presente pobre aldea llamada Leondari.
[374] Hervía ya entre los griegos, en medio de tanto calor y esfuerzos por la defensa de la libertad, esa raza de traidores más amigos del oro que de la patria, peste de las repúblicas aun en su mayor auge, contra la que declamaba tanto Demóstenes.
[375] Nota Plutarco que en su tiempo no se conocía en Beocia tal río, a no ser que fuese el llamado Hermón.
[376] Plutarco tacha a Heródoto de haber querido deprimir el decoro de un general espartano, suponiendo quería evitar el ataque de los persas y mintiendo con decir que los lacedemonios no se habían medido con los persas con quienes tan valientemente peleó Leónidas; pero no veo por qué la memoria de la batalla de Maratón no haga verosímil el modo de pensar de Pausanias, y por qué no pueda asegurar que los espartanos no habían peleado con los persas, pues los de Leónidas quedaron todos muertos en el campo.
[377] Pausanias la llama Peroe.
[378] No con mucha razón acusa Plutarco este pasaje, constando que la veste talar y la falta de escudo paraba de modo a los persas, que con razón parecían inermes contra hombres armados.
[379] Esta voz significa a veces un templo simple: otras particularmente se aplica al de Perséfone y Deméter en Eleusis.
[380] Reprende también Plutarco al autor por no nombrar los difuntos de las otras ciudades griegas, y pretende que los griegos muertos en defensa de la libertad de la patria ascendieran 1360.
[381] Alguna consideración merece con todo el que las tropas opuestas a los lacedemonios eran bárbaras y persas, mientras que las que resistían a los atenienses eran griegas y tebanas.
[382] Alude en esto al uso militar de los antiguos, quienes formados en sus filas solían sentarse poniendo sus escudos delante y cubriéndose con ellos.
[383] Parece que esto sucedió al principio de la guerra del Peloponeso, antes que los lacedemonios fortificasen a Decelia.
[384] Esta segunda narración parece más verosímil, dando lugar al genio poético y creador de los griegos para fingir la áncora de hierro con cadena de bronce.
[385] Se cree que estas palabras _ireas_, o sacerdotes, debe corregirse _irenas_, u oficiales lacedemonios, o bien _ippeas_, caballeros.
[386] Apolonia, ahora Piergo en Albania.
[387] El río, según unos, se llamaba Avo, ahora Polina; según otros, Piergo. Orico es Orco al presente.
[388] Si se leyera, con una pequeña variación del original, _yendo por la Grecia_, sería más coherente este pasaje, sin acudir a otra expedición de este adivino contra su patria.
[389] Este nombre, que equivale al de veneradas, se daba a las diosas Deméter y Perséfone.
[390] No tuvo este prodigio por autor a otro dios ni diosa que al mismo astuto y político Leotíquidas, como lo han declarado después Diodoro Sículo y Polieno.
[391] Fue el día 3 del mes ático llamado Boedromión.
[392] Ejercicio y juego de los griegos, que consistía en luchar con todo el cuerpo a puñadas, a coces, a brazo partido y aun a mordiscos.
[393] La voz _ticta_ significa no día de la coronación, sino día de cumpleaños, y en este caso adornarse la cabeza significa pulirla, rizarla.
[394] Sin duda esta ferocísima Amestris no podía ser la Ester de los Libros Santos, como pretenden algunos. ¡Qué horror!, ¡qué crímenes!, ¡qué violaciones de derechos!, ¡qué abusos de poder por todas partes! Sin embargo, estos amores trágicos, como lo son los de palacio cuando no son legítimos, serán acaso de mayor interés y curiosidad para los lectores que todo lo tocante a las expediciones de Jerjes: tal es el carácter y no sé si diga la malignidad natural al hombre.
[395] Este promontorio, frontero a la isla de Lesbos, lleva hoy el nombre de cabo de Santa María.
[396] Este pretendido dominio del Asia no puede estribar en la división primera del orbe entero entre los Noáquidas, pues se tiene por más fundado que los hijos de Jafet se establecieron desde el principio en el Asia menor.
[397] Llámase en griego este río _Egos Potamos_, célebre después en la guerra del Peloponeso por la batalla de los atenienses contra los lacedemonios.