Los monfíes de las Alpujarras: novela original
Part 90
--¡No queda ni uno solo! exclamó roncamente Harum: si uno solo quedase, estaria precisamente aquí, en el lugar mas inaccesible, mas solitario, mas seguro. En otro tiempo, cuando yo hacia esta señal, de detrás de cada piedra salía un monfí. ¡Y pensar que yo paso ahora por aquí como un forastero! ¡Yo que he sido el rey de la montaña! ¡Y ver que las rocas estan en el mismo sitio, y que los monfíes han pasado como sino hubieran existido nunca! ¡Ira de Dios!
Apretó las espuelas á su caballo, y llegó aquella noche á Mecina de Bombaron, y á casa de su hermano Gonzalo.
Despues de la charla natural de dos hermanos que no se han visto en diez años, Harum preguntó por doña Angélica.
--¡Pobre señora! dijo Gonzalo: ¡y cuánta compasion me causa á pesar de todo!
--¿Continúa en la locura..?
--Cada vez mas furiosa... pero Dios ha tenido compasion de ella...
--¡Cómo!
--El médico dice que se muere.
--Perdónela Dios, dijo friamente Harum.
--¡Oh! ven, ven, hermano, y te juro que tendrás compasion de ella.
Y le llevó á un aposento inmediato.
--¡Oh! lo de siempre, exclamó, viendo un lecho vacío y revuelto; se ha escapado á la montaña... y en el estado en que se encuentra... y de noche... ¡Gabriela! ¡hija! dame mi loba y mi arcabuz, y suelta á la ventora.
--¿Pero, á dónde vas Gonzalo?
--¡Dónde he de ir sino por ella! infeliz... ven conmigo, si quieres; ven, y verás una cosa que te partirá el corazón... yo no crei que pudiese amar tanto una mujer.
--¡Amor maldito! dijo Harum siguiendo á su hermano.
Por el camino que hacian á gran paso, guiados por ventora, Gonzalo contó á Harum cómo Angiolina tenia el capricho de vestirse de blanco; que al contrario de otras locas se aliñaba, se peinaba, cuidaba de sí misma, y que cuando la preguntaban las traviesas muchachas, si lo hacia para enamorar á alguien, contestaba:
--¡Oh! ¡si! cuando voy á verle las noches de luna, cuando me arrodillo delante de la cruz, él se levanta detrás de ella, y me mira fijamente... es mi amado, y es muy hermoso... yo quiero parecerle hermosa.
--¡Diablo! ¡Diablo! dijo al oir esto Harum.
--Y es inútil pretender que no vaya á la montaña: siempre inventa un medio ingenioso para escaparse.
--¡Oh! si: pluguiera al Altísimo que no hubiera tenido tanto ingenio, replicó Harum.
--Y es preciso llevar para encontrarla la ventora por que unas veces va al castillo de Vérchul, otras á la cueva, otras á Gebel-Rabah... pero esta noche, segun el camino que lleva la ventora, ha ido á la sepultura.
--¿A qué sepultura?
--A la sepultura de su amante.
--¡Ah!
--Si; hay un lugar al pié de Gebel-Rabah, donde ha puesto una cruz formada con ramas de pino, donde pretende que duerme su enamorado, cuya sombra se levanta cuando ella llega.
--¡Dios la ha castigado en justicia!
--Ha sido demasiado castigo, Harum. Pero vamos llegando; mucho será que no la encontremos...
--¡Muerta!
--¡Bien pudiera ser! ya te he dicho que el médico la habia sentenciado, y estaba tan débil...
En aquel momento ahulló la perra.
--¡No te lo decia yo, dijo Gonzalo! y se precipitó á un cercano repecho.
Harum le siguió.
De repente se levantó una sombra blanca al rayo de la luna, corrió hácia ellos, y cayó entre los brazos de Gonzalo el Geniz.
--¡Ah! ¡socorredme! ¡socorredme! exclamó: ¡yo no sé dónde estoy! ¿quién me ha traido aquí? Sola, de noche, vestida de blanco, tendida sobre una sepultura.
--Habeis venido á ver á vuestro amante como otras veces.
--¡A mi amante! exclamó Angiolina y rompió á llorar.
--¡Oh! cuidado, Gonzalo, cuidado, dicen que los locos cuando lloran recobran la razon.
--¡Los locos! ¡los locos! exclamó Angiolina. ¿Conque he estado loca? ¿Quién sois vos? acercaos, no os veo.
--Soy Harum-el-Geniz.
--¡Ah! ¡Dios mio! si es cierto, ¡este lugar! aquí le ví caer herido: mi sacrificio fue inútil... ¿cuándo sucedió eso...? ¿cuándo...? no me acuerdo: me parece que acaba de suceder.
--Vuestro sacrificio no ha sido inútil, señora, porque el marqués vive.
--¡Pero no vivirá muriendo como yo! ¿no es verdad?
--El marqués es muy feliz, dijo el rencoroso Harum, que no podia olvidar los crímenes á que su amor habia llevado á Angiolina.
--¡Feliz, muy feliz! exclamó ¡con ansia de amor ella!
--¡Oh! ¡si!
--¿Y ha recobrado la salud?
--¡Oh! ¡si!
--¡Gracias, Dios mio! ¡gracias! exclamó Angiolina: ¡tú no has querido que muera desesperada!
Y sus rodillas se doblaron, y Gonzalo se vió obligado á sostenerla.
--Decid.... á la sultana.... que me perdone.... y á él.... á él no le digais nada.... ¡si por milagro algun dia preguntase.... por mí.... decidle que vivo....! y que.... soy feliz!
Angiolina no habló mas: algun tiempo despues murió.
Harum al verla pálida, muerta, inmóvil, exclamó:
--¡Hermosa aun muerta! ¡Era mucha, mucha mujer! ¡Perdónela Dios!
--Ya no veran mas los pastores á la Dama blanca de la montaña, como llamaban á doña Angélica.
--Ni á los monfíes, replicó suspirando Harum.
Y, sin embargo, si viajais por las Alpujarras sobre la escueta albarda de un asno vigoroso; si alguna vez al amanecer se levanta la niebla sobre los barrancos remedando figuras fantásticas, el arriero, que probablemente será oriundo de los moriscos, os preguntará señalándoos las crestas envueltas por las brumas:
--¿Sabe V. lo que es aquello?
--Aquello es niebla, le respondereis.
--¡Niebla, eh! para mi abuela: aquella figura alta que anda tan reposadamente es la Dama blanca de la montaña: y las otras figuras que la siguen, los Monfíes de las Alpujarras.
FIN.
ÍNDICE
DE LOS CAPÍTULOS QUE CONTIENE ESTA OBRA.
PRIMERA PARTE.
LOS AMORES DE YAYE.
Pág.
CAPÍTULO PRIMERO. El edicto del señor emperador. 3
CAP. II. De cómo un hombre puede amar por caridad á una mujer, de cómo á veces, puede parecer la caridad amor. 6
CAP. III. De cómo puede haber reyes sin reino conocido, y abdicaciones de las cuales no se hace cargo la historia. 12
CAP. IV. Lo que eran los monfíes.--Yuzuf cuenta su historia á Yaye. 19
CAP. V. Del encuentro que tuvieron en el camino antes de llegar á Granada nuestros caminantes. 30
CAP. VI. En que se presentan nuevos é interesantes personajes. 33
CAP. VII. En que se relatan extraños é importantes sucesos. 43
CAP. VIII. ¡El emir se ha perdido! 47
CAP. IX. En que se sabe lo que hicieron con Miguel Lopez, don Diego y don Fernando de Válor. id.
CAP. X. Del resultado que tuvieron las investigaciones de Arum. 62
CAP. XI. Hasta adonde habia llegado doña Elvira, arrastrada por su amor á Yaye. 66
CAP. XII. De cómo Dios premió la constancia de Yaye. 68
CAP. XIII. De cómo la caridad era una virtud peligrosísima para el poderoso emir de los monfíes Muley-Yaye-ebn-Al-Hhamar. 69
CAP. XIV. En que se sabe por qué habia dejado su casa el capitan estropeado. 76
CAP. XV. De cómo el capitan Sedeño hizo traicion á todo el mundo. 90
CAP. XVI. La venganza de don Diego de Cordoba y de Válor. 93
CAP. XVII. Cómo se encontraron el rey del desierto y el capitan estropeado. 95
CAP. XVIII. Continuacion del anterior. 98
CAP. XIX. De como la justicia fué á cerrar la casa del capitan, dejándola enteramente deshabitada. 99
CAP. XX. Estrella. 100
CAP. XXI. Los Xeques del Albaicin. 104
CAP. XXII. Del tristísimo y horrible encuentro que tuvo un caballero al entrar en Granada. 106
CAP. XXIII. Los desfiladeros de Dar-al-Huet. 109
CAP. XXIV. De cómo, á causa del levantamiento del Albaicin, cometió Yaye su primera infamia. 111
CAP. XXV. Cómo encontró Yaye á su padre. 115
CAP. XXVI. Procedimientos judiciales. 116
CAP. XXVII. De cómo fue el casamiento de Yaye. 119
SEGUNDA PARTE.
EL MARQUESITO Y LA DUQUESITA.
CAPÍTULO PRIMERO. Tres notabilidades de la córte del rey don Felipe. 125
CAP. II. ¡La hermosa duquesita se ha perdido! 130
CAP. III. De cómo un niño puede ser el dedo de Dios. 131
CAP. IV. La fuerza de la mujer. 132
CAP. V. De cómo el marquesito dió una prueba de que estaba perdidamente enamorado de Amina, pensando en casarse con ella. 140
CAP. VI. Del medio que eligió el marquesito de la Guardia para irritar el amor de Amina. 142
CAP. VII. La una por la otra. 145
CAP. VIII. Zelos italianos. 149
CAP. IX. De la no menos extraña aventura que sucedió al marquesito mientras rondaba á la hermosa duquesita. 152
CAP. X. Lo que oyeron la duquesita y el marquesito. 154
CAP. XI. Lo que puede el amor de una mujer. 158
CAP. XII. Lo que hizo la princesa arrastrada por sus zelos. 161
CAP. XIII. De cómo la princesa y Cisneros, fueron la dama y el galan de una escena de comedia. 165
CAP. XIV. De cómo la princesa descubrió que era mas fácil su venganza que lo que habia creido. 166
CAP. XV. De cómo se conjuraba todo contra el emir de los monfíes. 167
CAP. XVI. Continúan las contrariedades del emir. 170
CAP. XVII. Quién era el príncipe Lorenzini Maffei. 173
CAP. XVIII. Complicaciones. 178
CAP. XIX. De cómo se vieron obligados á salir de la córte algunos de nuestro personajes. 183
CAP. XX. De cómo el rey don Felipe y la Inquisicion se convencieron de que no podian todo lo que querian. 186
CAP. XXI. De lo que pasó en un calabozo de la Inquisicion de Madrid. 190
CAP. XXII. Que sirve de epílogo á esta segunda parte. 193
TERCERA PARTE.
LA REBELION.
CAPÍTULO PRIMERO. El castillo y la atalaya. 194
CAP. II. El peregrino y el ermitaño. 198
CAP. III. La recua, el carro y el ginete. 200
CAP. IV. El corral del carbon. 205
CAP. V. De lo que vió y oyó Diego Lopez en el poco tiempo que estuvo en la hospedería del Carbon. 210
CAP. VI. En que continúa un asunto suspendido en el anterior. 213
CAP. VII. De cómo hasta el fin del capítulo no pudo sacar nada en claro Aben-Aboo acerca de sus inquilinos. 217
CAP. VIII. El panderete de las brujas. 222
CAP. IX. De cómo por el amor se olvida la amistad. 227
CAP. X. En que se trata de lo que pasó entre la sultana Amina y Aben-Aboo. 233
CAP. XI. Alianza de sangre y lodo. 235
CAP. XII. De cómo fue la proclamacion de Aben-Humeya. 237
CAP. XIII. Cómo estaba gobernada la villa de Cádiar. 244
CAP. XIV. El licenciado Juan de Ribera. 245
CAP. XV. Lo que iba á hacer á Cádiar Aben-Jahauar-el-Zaquer. 248
CAP. XVI. De qué manera servia á quien le pagaba, maese Barbillo. 251
CAP. XVII. El capitan Diego de Herrera. 255
CAP. XVIII. El palacio encantado. 257
CAP. XIX. El exámen de doctrina cristiana. 263
CAP. XX. De cómo fue el casamiento del marqués de la Guardia. 267
CAP. XXI. Continuacion del anterior. 271
CAP. XXII. Lo que hicieron contra el emir Aben-Aboo y Aben-Jahuar. 274
CAP. XXIII. Como trataba Yaye á sus parientes. 276
CAP. XXIV. De cómo se encontraron reunidas de una manera extraña, personas que se creian muy separadas. 278
CAP. XXV. De cómo satisfizo Mari-Blanca la honra de su padre. 283
CAP. XXVI. De cómo fue para la villa de Cádiar y para otras muchas en las Alpujarras, una noche muy mala la Noche-Buena de 1568. 286
CAP. XXVII. Continúa el asunto interrumpido en el anterior. 292
CAP. XXVIII. Continúan las escenas de sangre. 295
CAP. XXIX. De lo que aconteció aquella misma noche en Granada. 299
CAP. XXX. Complemento del anterior. 301
CAP. XXXI. De cómo supo Yaye que su mala estrella se le hacia cada vez mas enemiga. 302
CAP. XXXII. En que se ve que se estrechan las distancias entre nuestros personajes. 305
CAP. XXXIII. En que el autor deja la historia para tomar otra vez la novela. 307
CAP. XXXIV. De cómo puede parecer feliz y aun serlo á medias un desgraciado. id.
CAP. XXXV. El reverso de la medalla. 311
CAP. XXXVI. En que el autor descubre donde estaban los que se habian perdido. 314
CAP. XXXVII. En que se cuentan sucesos horribles. 318
CAP. XXXVIII. En que empieza á desenlazarse nuestra historia, con la salida para la eternidad de dos de sus principales personajes. 320
CAP. XXXIX. De cómo se perdieron de nuevo Amina y el marqués. 334
CONCLUSION.
LA VENGANZA DE LOS MONFÍES.
CAP. XL. En qué estado se encontraba la guerra de las Alpujarras algunos meses despues de los sucesos anteriores. 326
CAP. XLI. De lo que aconteció á los moriscos de Granada la víspera de San Juan de 1559. 331
CAP. XLII. De cómo empezaba Harum á vengar al emir. 332
CAP. XLIII. De cómo la princesa Angiolina Visconti volvia á ser un instrumento manejado por Harum. 333
CAP. XLIV. De cómo los capitanes turcos sirvieron á Aben-Aboo ó creyeron servirse á sí mismos. 335
CAP. XLV. En que volvemos á encontrar al perdido marqués de la Guardia, y se sabe cómo escapó del subterráneo de la princesa encantada, y la escena que tuvo con su antigua amante. 339
CAP. XLVI. De cómo fue la muerte de Aben-Humeya. 341
CAP. XLVII. Reseña de la continuacion de la guerra de las Alpujarras hasta su terminacion. 345
CAP. XLVIII. En que se sabe entre otras muchas cosas importantes, de qué muerte murió Aben-Aboo. 348
Cap. XLIX. En que se cuenta lo que pasó en las cuevas del castillo de Vérchul. 354
EPÍLOGO. 356
FIN DEL INDICE.
* * * * *
Notas:
[1] Este arzobispo era el cardenal don Fray Francisco Jimenez de Cisneros.
[2] Llamaban los moros de Granada _Elches_ á los descendentes de cristianos renegados que habiéndose hecho moros vivian entre ellos.
[3] Despues de oscurecer.
[4] Ancianos, gefes de tribu.
[5] Como si en castellano dijéramos monge.
[6] El mas alto de Sierra Nevada.
[7] Equivalente á gobernador, á capitan de gente de guerra.
[8] No hay otro Dios que Dios.
[9] Es una de las prescripciones del Koran, que los califas, reyes ó emires, no puedan casarse sino con doncellas.
[10] Este corral ocupaba poco mas ó menos el mismo sitio que hoy ocupa el teatro del Príncipe.
[11] En aquel tiempo aun no tenian los cardenales el tratamiento de eminencia.
[12] Lucero de la mañana: así llamaron los moros de Granada á doña Isabel de Solís, que fue sultana por su casamiento con Muley-Hacem.
[13] La honesta.
[14] Fue la muerte del príncipe á 24 de Julio de 1568.
[15] Alabanza á Dios.
[16] No hay otro Dios que Dios.
[17] De los morabitos ó penitentes.
[18] «Alguacil dicen ellos (los moros) al primer oficio despues de la persona del rey, que tiene libre poder en la vida y muerte de los hombres, sin consultarlo.»--_Hurtado de Mendoza.--Guerra de Granada.--Libro I._--Al fin entraron algunos de por medio, y los concertaron de esta manera: que don Fernando de Válor fuese el rey, y Farax su alguacil mayor, que es el oficio mas preeminente entre los moros cerca de la persona real.--_Marmol.--Rebelion de los moriscos.--Libro IV.--Capítulo VII._
[19] Abencerrages.
[20] Véase el discurso de Aben-Jahuar el Zaquer en Hurtado de Mendoza, Guerra de Granada.--Libro I.
[21] Los moros llaman jofores á las profecías.
[22] Este largo nombre árabe quiere decir en castellano: rey servidor de Dios el pequeño y el desdichadillo.
[23] Llamábase en aquellos tiempos, y aun casi hasta nuestros dias, palestrilla, el lugar donde se tiraba la espada blanca ó negra. Este lugar, que era siempre en las plazas publicas, estaba demarcado por cuatro escaños, dentro de los cuales, en presencia de un maestro de armas, se sacudian tajos y reveses todos los que querian, sin careta ni otro objeto alguno defensivo, y sin mas precaucion que un boton puesto en las puntas de las espadas y de las dagas.
[24] _Malicatu-'l-Zarah_, reina de las flores.
[25] Lo que equivale á nuestra denominacion de capitan general.
[26] Mármol: historia de la rebelion y castigo de los moriscos de Granada: libro IV, capítulo IV.
[27] Lo primero que hicieron fue apellidar el nombre y secta de Mahoma, declarando ser moros agenos de la santa fe católica, que tantos años habia que profesaban ellos y sus padres y abuelos... Y á un mismo tiempo sin respetar con divina ni humana, como enemigos de toda religion y caridad, llenos de rabia cruel y diabólica ira, robaron, quemaron, y destruyeron las iglesias, despedazaron las venerables imágenes, deshicieron los altares, y poniendo manos violentas en los sacerdotes de Jesucristo, que les enseñaban cosas de la fe, y administraban los sacramentos, los llevaron por las calles y plazas desnudos y descalzos, en público escarnio y afrenta. A unos asaetearon, á otros quemaron vivos, y á muchos hicieron padecer diversos géneros de martirios. La misma crueldad usaron con los cristianos legos que moraban en aquellos lugares, sin respetar vecino á vecino, compadre á compadre, ni amigo á amigo; y aunque algunos lo quisieron hacer no fueron parte para ello, porque era tanta la ira de los malos, que matando cuantos les venían á las manos, tampoco daban vida á quien se lo impedia. Robáronles las casas, y á los que se recogian en las torres y lugares fuertes, los cercaron y rodearon con llamas de fuego, y quemando á muchos de ellos, á todos los que se les rindieron á partido dieron igualmente la muerte, no queriendo que quedase hombre cristiano vivo en toda la tierra que pasase de diez años arriba. Mármol: historia de la rebelion y castigo de los moriscos del reino de Granada: Lib. IV, cap. VIII.
[28] Cuesta de la Fortaleza.
[29] Ermitaño.
[30] El jugo de esta yerba produce embriaguez y modorra.
[31] Lucero de la mañana.
[32] Muley, corrupcion de Malek, significa rey.
[33] Sidy, significa señor.