Part 25
Sus escalones que forman una parte del puente, consisten en tres tramos ó mesetas. Al pié de la segunda meseta el muro de la izquierda termina con una pilastra haciendo frente al Támesis. Llegado al pié de esta segunda meseta el menestral lanzó una mirada á su alrededor y viendo que no habia otro sitio para ocultarse y que además la marea entonces muy baja, dejaba mucha plaza, se echó de costado, la espalda arrimada á la pilastra y esperó allí á nuestros tres amigos casi seguro de que no bajarian mas, y que si no podia oir su conversacion podria al menos seguirlos de nuevo con toda seguridad.
Se determinaba ya á salir de su escondrijo y pensaba volver á subir, cuando oyó resonar un ruido de pasos sobre la piedra y luego las voces de varias personas hirieron su oido. Entonces se incorporó, se apretó contra él, miró y respirando apenas escuchó con atencion.
--Paréceme que nos alejamos demasiado --dijo el caballero. --No puedo permitir que esta señorita baje un escalon mas; personas habria, que teniendo en vos la poca confianza que debeis inspirar, ni siquiera hubieran consentido en llegar hasta aqui! Pero como veis, soy aun complaciente.
--Si á esto llamais ser complaciente! --contestó Nancy --Sois en verdad muy sensato! complaciente! Ba! es igual!
--No; pero decidme --repuso el caballero con tono mas dulce --¿por qué nos habeis llevado á este sitio endiablado? Por qué no allá arriba donde al menos transita alguna gente, mas bien que en esta horrible ladronera?
--Ya os he dicho que no me gusta hablaros allá arriba --contestó la jóven estremeciéndose --no se lo que tengo, pero esperimento tal espanto esta noche, que apenas puedo sostenerme. No sé de que proviene . . . quisiera saberlo. Todo el dia de hoy he sido atormentada, por los mas horribles pensamientos de muerte y de sudarios cubiertos de sangre, hasta producirme fiebre y delirio. Por la noche he querido distraerme leyendo, hasta llegar la hora y he visto las mismas cosas en el libro . . .
--Esto es efecto de la imaginacion --dijo el caballero.
Vuestros sacerdotes orgullosos hubieran erguido la cabeza á la vista de mis tormentos y me hubieran predicado llamas y venganza --esclamó la jóven --Oh! mi buena señorita! Por qué los que se dicen enviados de Dios y reclaman el titulo de _ministros del Todo-poderoso_ no son para nosotros pobres miserables, buenos é indulgentes?
--Por qué no estuvisteis aquí el domingo pasado?
--No pude venir; fuí detenida á la fuerza.
--Por quién?
--Por Guillermo, el hombre de quién he hablado á la señorita.
--Creo no habrá tenido sospecha, sobre el asunto que os conduce aquí?
--No; --contestó la jóven sacudiendo la cabeza. Me es muy difícil dejarle, á menos que no sepa porque. Cuando decidí ir á encontrar á la señorita no hubiera podido verla, si para hacerle dormir no hubiese metido _Laudano_ en la pocion que le dí.
--Dormia aun cuando volvisteis? --preguntó el caballero.
--Sí; y ni él ni los demás han tenido la menor sospecha.
--Está bien --dijo el caballero --Ahora escuchad.
--Estoy pronta á oiros.
--Esta señorita que veis, me ha comunicado á mi y á algunos amigos (en la discrecion de los cuales se puede descansar con toda confianza), lo que le dijisteis hace quince dias. Para probaros que me fio de vos, os diré francamente que nos proponemos arrancar de ese Monks su secreto (cualquiera que el sea) y que para ello, aprovecharémos la ventaja, si es necesario de los terrores pánicos á los cuales dicen está sujeto. Pero si á pesar de esto, no podemos apoderarnos de él, ó bien una vez en nuestras manos nada quiere confesar, será preciso entonces consentir en entregarnos al judío.
--Fagin! --esclamó Nancy retrocediendo un paso.
--Sin duda. Es preciso que nos entregueis á ese hombre.
--No lo espereis! Por horrible que haya sido su conducta para conmigo, jamás haré lo que me pedís!
--Estais bien resuelta!
--Jamás!
--Me diréis por qué?
--Por una buena razon. Por una sola razon que la señorita sabe y de consiguiente estoy segura que la pondrá de mi lado puesto que me ha dado su palabra; además por lo mismo que si su conducta es mala, la mia no está exenta tampoco de reproches.
--Entonces --repuso el caballero como si hubiese logrado el objeto que se proponia --entregadme á Monks y dejadle se arregle conmigo.
--Y si llega á denunciar á los otros? --preguntó Nancy.
--Os prometo que en el caso que podamos obtener de él la verdad arrancándole su secreto, no se tratará de esto. Puede haber en la historia del niño Oliverio particularidades que seria penoso someter á la vista del público; y con tal (como os he dicho) que conozcamos la verdad, que es todo lo que pedimos, vuestros amigos no correrán ningun peligro.
--Y si no quiere confesar la verdad?
--Entonces, el judío no será llevado ante la justicia que vos no lo consintais.
--La señorita, se compromete en este punto con su palabra?
--Os la doy --contestó Rosa --Podeis contar con ella.
--¿Monks ignorará siempre por quien habeis sabido todo lo que sabeis? --dijo la jóven despues de un momento de silencio.
--Siempre! --contestó el caballero --Os aseguro que obrarémos de modo que ni la mas leve sospecha podrá entrar en su alma.
--A pesar de que desde mi mas tierna infancia he vivido entre los mentirosos y por consiguiente la mentira, me sea familiar --dijo Nancy despues de otro momento de silencio --acepto vuestra palabra y me entrego enteramente á vosotros.
Despues de obtenida la seguridad de Rosa y del caballero que podia estar perfectamente tranquila, empezó (con vos tan baja que el espia apenas podia oirla) por dar las señas de la taberna, donde habia estado aquella noche. Por las pausas que hacia hablando, se hubiera podido creer que el caballero tomaba nota de dichas señas. Cuando le hubo esplicado las circunstancias del sitio, desde donde podia mirarse exitar la atencion; cuando hubo dicho la hora de la noche y cuales eran los dias en que Monks solia frecuentar esa guarida, pareció reflecsionar un momento para recordar la fisonomía del hombre en cuestion y estár en mejor estado de hacer su filiacion.
--Es alto, muy récio; pero no gordo. Al verle andar se crreria que va hacer una mala jugada, porque mira constantemente á uno y otro lado. Tiene los ojos de tal modo hundidos en la cabeza que por esto solo podriais conocerle perfectamente. Es de piel muy morena y aunque no tenga mas allá de veinte y seis ó veinte y ocho años, sus ojos son secos y hoscos. Sus lábios están ordinariamente marchitos y descoloridos por las señales de sus dientes; porque está sujeto á terribles convulsiones y muy amenudo se muerde las manos hasta hacerse sangre . . . Por qué os estremeceis? --dijo la jóven parándose de golpe.
El caballero se apresuró á responder que no sabia si se habia estremecido y la suplicó que continuára.
--Esto lo he sabido por las personas de la casa de que os he hablado --prosiguió la jóven --porque yo no le he visto mas que dos ó tres veces y aun en ellas iba embozado en una gran capa. Creo que esto es todo lo que puedo deciros . . . Apropósito . . . esperad! Cuando vuelve la cabeza se descubre en su cuello un poco más arriba de su corbatin . . .
--Una gran cicatriz roja como una quemadura! --esclamó el caballero.
--Qué significa . . . entónces vos le conoceis? --dijo la jóven.
La señorita lanzó un grito de sorpresa y los tres permanecieron por algunos momentos en silencio tan profundo que el espia hubiera podido oir su respiracion.
--Creo conocerle --dijo el caballero --lo reconoceria al menos despues de las señas que acabais de darnos . . . Verémos . . .
Dicho esto con aire de indiferencia, se volvió del lado del espía y murmuró entre dientes: --No puede ser otro que él!
--Luego --repuso dirijiéndose á Nancy --Señorita acabais de prestarnos un gran servicio y os doy las gracias --¿Qué puedo hacer por vos?
--Nada --contestó Nancy.
--No persistais en rehusar . . . veamos reflecsionad un poco --continuó el caballero con acento tan dulce y bondadoso que hubiera podido conmover un corazon mas duro y mas insensible.
--No; nada caballero . . . Os lo aseguro . . . replicó la jóven --derramando lágrimas. --Nada podeis para cambiar mi suerte.
--Va á dejarse persuadir --esclamó Rosa --va á rendirse, estoy segura de ello . . . titubea . . .
--Creo que no, mi querida señorita! --dijo el caballero.
--No; señor! --continuó Nancy despues de un momento de reflecsion --estoy encadenada á mi primera existencia; tengo horror á ella, es verdad; pero no puedo dejarla . . . Adios! tal vez he sido seguida y espiada. Partid, partid los primeros! Si creeis que os he prestado algun servicio todo lo que pido en recompensa es que me abandoneis al instante mismo y me dejeis volver sola.
--Es inútil insistir mas! --dijo suspirando el caballero --pueda que permaneciendo aquí comprometemos su seguridad.
--Sí, sí! --contestó la jóven --teneis mucha razon!
--Cómo acabará pues la existencia miserable de esta pobre jóven? esclamó Rosa.
--Cómo? contestó ésta --mirad ante vos, señorita! fijad la vista sobre esa agua que ruje á vuestros piés! Cuántas veces no habréis oido hablar de pobres desgraciadas como yo que se han precipitado en ella, fatigadas como estaban de la vida!
--No hableis así . . . os lo suplico --dijo Rosa sollozando.
--Será esta la última vez que oigais tales palabras, buena señorita. No permitirá Dios que tales horrores vengan jamás á mancillar vuestros castos oidos! Buenas noches! Adios!
El caballero se volvió como para prepararse á partir.
--Tomad esta bolsa --esclamó Rosa --guardadla por amor de mi y para que tengáis algun recurso en la necesidad.
--No, no! --contestó la jóven --el oro no me tienta, ni es el interés quien me hace obrar en esta circunstancia . . . creedlo . . . con todo dadme alguna cosa . . . algo que vos hayais llevado . . . Quisiera tener algo vuestro . . . No; no un anillo . . . vuestros guantes ó vuestro pañuelo . . . gracias, gracias! Dios os bendiga! Adios!
La agitacion estrema que dominaba á la jóven y el temor que tenia de que fuera maltratada á su regreso, en el caso de ser descubierta, fueron los que determinaron al caballero á partir.
El y Rosa aparecieron luego sobre el puente y se detuvieron un momento en el último escalon de la escalera.
--Rosa Maylie esperó aun, pero el anciano caballero la tomó del brazo y la atrajo suavemente hácia él. En el momento que desaparecieron, Nancy se dejó caer sobre uno de los escalones y dió libre curso á sus lágrimas.
Llegado á lo alto de la escalera; Noé Claypole volvió la cabeza á derecha y á izquierda y no viendo alma viviente, puso los piés en polvorosa.
CAPÍTULO XLV.
CONSECUENCIAS FATALES.
CERCA dos horas faltaban para apuntar el dia. El judío velaba en su cama, demostrando esperar á alguien con la mas viva impaciencia. A su lado y en un colchon tendido en el suelo estaba echado Noé Claypole durmiendo profundamente. Largo tiempo habia que aquel permanecia en tal actitud, cuando al fin el ruido de los pasos de una persona que creyó reconocer vino á herir su oido.
--El es, no cabe duda! murmuró.
Al pronunciar estas palabras sonó la campanilla: Bajó los escalones de cuatro en cuatro y pronto volvió acompañado de Sikes que llevaba un paquete bajo su brazo.
--Tomad, encerrad esto --dijo este --y desembarazadlo todo lo que podais. Voto al infierno, me ha costado mucho cojerlo Hace mas de dos horas que deberia estar aquí.
Fagin tomó el paquete, lo encerró en el armario con llave y miró fijamente al bandido: sus lábios pálidos temblaban con tal fuerza, sus facciones estaban tan descompuestas por las diferentes emociones que le dominaban; que Sikes retrocedió involuntariamente.
--Qué Demonios sucede ahora --esclamó --por qué mirais las gentes de tal modo, he? Responderéis?
El judío levantó la mano y agitó su dedo con aire misterioso.
--Maldicion! --dijo Sikes metiendo rápidamente su mano en el bolsillo del costado --Se ha vuelto rabioso! Es preciso que me ponga en guardia!
--No, no! --contestó Fagin recobrando el uso de la palabra. --No hay peligro --Guillermo! . . . No es á vos con quien me las he . . . Nada tengo que reprocharos.
--Ah! es una gran fortuna! --repuso Sikes mirándole de través y metiendo con ademan ostentoso, su pistola en otra faltriquera . . . Mucha fortuna para uno de los dos . . .
--Lo que tengo que deciros, Guillermo --continuó el judío acercando su silla á la del bandido --os hará aun mas efecto que á mí.
--Lo dudo mucho! Hablad pronto, ó Nancy creerá que me he perdido.
--Perdido! --esclamó Fagin --esto no la sorprenderia. Bastante ha trabajado para vuestra pérdida.
Sikes estupefacto procuró leer en los ojos del viejo; pero no pudiendo adivinar por ellos el sentido de este enigma, lo cojió por el cuello y lo sacudió con toda su fuerza.
--Os repito que hableis! --dijo --de lo contrario será que no osais! Viejo infame, abrid vuestra boca y esplicaos claramente! Lo oís?
--Supongamos que este muchacho que está acostado alli.
--Y bien que mas? continuó, Sikes soltándole y volviendo á su primera posicion.
--Supongamos que ese muchacho . . . llegára á hacernos traicion . . . que nos hubiese vendido á todos . . . descubriéndonos á las personas que tienen un interés en conocernos . . . que les hubiese dado nuestras señas hasta el menor detalle y dicho en fin el sitio, donde era fácil _ensartarnos_! . . Qué hariais vos?
--Qué haria yo! --contestó Sikes con un juramento horrible --Lo que haria! Si estuviera aun vivo á mi regreso le romperia el cráneo con el talon de mi bota.
--Y si fuera yo? --Yo que tanto sé y que tantos podria llevar á la horca conmigo!
--No lo sé --repuso Sikes rechinando los dientes y palideciendo de cólera, á la sola idea de que esto pudiera ser. --Haria algo en la prision que me haria meter la camisa de fuerza . . . ó si se nos juzgaban juntos diria yo solo contra vos, mas que todos los testigos y os haria saltar los sesos ante todo el mundo . . . No serian la fuerza ni el valor los que me fallarian entonces --Mil rayos! . . murmuró el bandido blandiendo su puño como si realmente fuera á empezar la accion. --Iria de tan buen ánimo que no veriais mas que centellas.
--De verdad?
--De tan verdad como os lo digo . . . Ensayaos un poco y veréis si guardo pelillos.
--Y si fuera Cárlos, ó el Camastron ó Betsy . . . ó bien?
--Poco me importa quien sea! . . --repuso Sikes impaciente --Del mismo modo le pagaria su comision.
Fagin fijó de nuevo su mirada en el bandido y haciéndole señal de que guardára silencio se inclinó sobre el colchon en que dormia Noé y sacudió á éste para dispertarlo.
--Bolter! Bolter! . . _Pobre muchacho_! --dijo el judío cargando con énfasis el epiteto --Está fatigado Guillermo! molido de haber asechado tanto tiempo á la _jóven_.
--Qué quiére decir esto? --preguntó Sikes.
El judío no contestó palabra; pero inclinándose de nuevo sobre Noé le tiró por el brazo y logró que se incorporára.
--Repetidme aquello otra vez para que él lo oiga! --dijo el judío señalando con el dedo á Sikes --Otra vez aun . . . no mas que una vez, hijo mio!
--Qué os repita que? --preguntó Claypole de mal talante.
--Lo que sabeis respecto á _Nancy_ --añadió el judío, teniendo á Sikes por el puño de miedo que no saliera antes de haberlo oido todo. --La habeis seguido, no es cierto?
--Sí.
--Hasta el puente de Londres?
--Sí.
--Dónde ha encontrado dos personas?
--Justamente.
--Un caballero y una señorita, que antes habia ido á encontrar de plena voluntad. Le han pedido que les entregára á todos sus compañeros y Monks el primero . . . lo que ha hecho . .; que les diera sus señas; lo que ha hecho . .; que les comunicára el nombre y la direccion de la casa que frecuentamos tan á menudo y en la que nos reunimos, como tambien el sitio desde donde se puede ver mejor, sin ser notado; lo que ha hecho . . ! Le han preguntado el dia y la hora en que ordinariamente nos dirijimos á esa casa y ella se lo ha dicho . . . esto es todo lo que ha hecho. No ha sido necesario emplear la amenaza para hacerla revelar todas estas cosas; ella las ha dicho, de buen grado no es cierto? --esclamó el judío cuasi loco de cólera.
--Es verdad --contestó Noé rascándose la cabeza . . . Precisamente es así como la cosa ha pasado!
--¿Qué han dicho respecto al domingo pasado? --preguntó el judío.
--Respecto al domingo pasado? --repuso Noé procurando refrescar su memoria . . . Paréceme que ya os lo he dicho.
--No le hace, dílo otra vez! --continuó el judío estrechando todavia mas el brazo de Sikes y ajitando su mano mientras la espuma salia de su boca.
--Le han preguntado --dijo Noé (que á medida que se desvelaba parecia tener una idea de lo que era Sikes) le han preguntado porque no habia acudido el domingo último como lo tenia prometido; y ella les ha respondido que le habia sido imposible.
--Por qué, por qué? --interrumpió el judío con aire triunfante. --Decidle por qué razon.
--Porque Guillermo no la quiso dejar salir y la detuvo á la fuerza. Y como el caballero manifestó no conocer á Guillermo, añadió que era el _hombre_ de quien habia hablado anteriormente á la señorita.
--Qué ha dicho de mas respecto á Guillermo? --gritó el judío --Qué ha añadido á propósito del _hombre_ de quien habia hablado anteriormente á la señorita? Decidle, decidle esto.
--Ha dicho, que no podia salir con facilidad á menos que el no supiera donde iba y que la primera vez que fué á encontrar á aquella señorita (ah! ah! ah! no he podido menos de reirme cuando ha dicho esto) le habia puesto _laudano_, en la pocion que le hizo beber antes de salir.
--Condenacion!!! --gritó Sikes haciendo soltar la presa al judío --Dejadme! . .
Arrojando al viejo lejos de él, se abalanzó fuera del aposento y se precipitó por la escalera como un furioso.
--Guillermo! Guillermo! --esclamó el judío corriendo tras él --una palabra! una sola palabra!
Esta palabra no hubiera llegado al oido del bandido si éste que no podia abrir la puerta á pesar de los horribles juramentos que proferia, no hubiese dado tiempo al judío para llegar sofocado.
--Abridme esta puerta --dijo Sikes --no me tengais aquí plantado una hora con vuestra habladuria; no estoy de humor para oiros! Dejad que salga sin dirijir la palabra . . . será lo mejor, os lo aseguro! . .
--Un momento, un solo momento! --dijo el judío poniendo la mano en el cerrojo --No seais demasiado . . .
--Demasiado qué?
--No seais demasiado . . . demasiado . . . violento Guillermo! --continuó el judío con tono melífluo.
El dia empezaba á clarear lo bastante para que cada uno de ellos pudiera leer en el rostro del otro lo que pasaba en su alma. Cambiaron una mirada, sus ojos centelleaban. No podia caber engaño sobre la naturaleza de los sentimientos de entrambos.
--Sí; esto es Guillermo! . . --dijo Fagin al ver que todo fingimiento era ya inútil: --Queria decir, no seais demasiado violento (al menos por vuestra propia seguridad). No vayais á comprometeros, sobre todo sed prudente.
Dicho esto el judío dió la vuelta á la llave en el cerrojo, y Sikes por toda respuesta abrió la puerta de par en par, y partió como un rayo.
Sin dar tiempo á la reflecsion; sin volver la cabeza de ningun lado, sin lanzar una mirada á la derecha ó la izquierda; pero con los ojos fijos ante él, marchaba á grandes pasos, con los dientes apretados de tal modo que su quijada inferior parecia hundirse dentro la piel. Lleno de pensamientos feroces y llevando un proyecto horrible en la imaginacion andaba con la cabeza baja; y sin haber pronunciado una sola palabra ni removido un solo músculo de su rostro, se encontró frente su casa. Entró sin hacer ruido, subió cautelosamente la escalera, abrió la puerta de su aposento con la misma precaucion, la cerró á doble vuelta, y habiendo colocado una mesa detrás de ella, se acercó á la cama y apartó la cortina.
Nancy que estaba acostada medio vestida, se dispertó sobresaltada.
--Eres tu, Guillermo? --dijo con acento de satisfaccion por verle de regreso.
--Sí; soy yo. --respondió el bandido --levántate!
Habia una vela que ardia esperando á Sikes, éste la arrancó del candelera y la arrojó á la chimenea. La jóven viendo que clareaba ya algo el dia se levantó para apartar las cortinas de la ventana.
--No es necesario --dijo Sikes poniendo el brazo ante ella para impedírselo --veré lo bastante para lo que tengo que hacer.
--Guillermo! . . --esclamó Nancy con voz ahogada por el miedo --Por qué me miras así? . .
El ojo estraviado, la respiracion corta y las ventanas de la nariz hinchadas, el bandido la contempló un momento en silencio, luego agarrándola por la cabeza y por el cuello, la arrastró al medio del aposento y le puso la mano sobre la boca despues de haber lanzado una mirada hácia la puerta.
--Guillermo! . . Guillermo! . . --gritó la jóven debatiéndose, con una fuerza que solo puede dar el temor de la muerte --no haré ruido . . . no gritaré . . . te lo prometo! . . Escúchame! . . háblame! . . díme lo que te he hecho!
--Ah! infame! sabes tú bien lo que has hecho! . . --repuso Sikes con risa infernal --lo sabes muy bien! . . Te han espiado esta noche . . . Todas tus palabras han sido oidas!
--Consérvame la vida como he conservado yo la tuya; te lo suplico Guillermo! . . En nombre del cielo perdona mi vida! . . --esclamó Nancy aferrándose á él --Guillermo! . . Querido Guillermo! . . no tendrás corazon para matarme! Ah! piensa en todo lo que he rehusado esta noche por tí! . . . Reflecsiona un momento y evítate este crímen! No te dejaré; Guillermo! . . no podrás hacer que te suelte . . . Por el amor de Dios reflecsiona antes de derramar mi sangre . . . Soy yo quien te lo ruego! yo que tanto te amo! . . Guillermo! siempre te he sido fiel! . . Tan verdad como soy una criatura indigna, te he sido fiel!
El bandido forcejó violentamente para desasirse de ella, pero los brazos de la jóven estaban entrelazados con los suyos de modo que no pudo lograrlo.
--Guillermo --dijo Nancy procurando poner su cabeza sobre el pecho del bandido --aquel anciano caballero y aquella buena señorita me han ofrecido esta noche un asilo, en cualquiera pais estranjero, donde pudiese acabar mis dias en paz; déjame verlos aun otra vez, les pediré de rodillas que te otorguen el mismo favor y si consienten como no lo dudo, dejarémos este lugar horrible, irémos cada uno por su lado á vivir en el retiro, ó procurarémos olvidar la vida espantosa que hemos llevado juntos, sin vernos ya jamás. Nunca es tarde para el arrepentimiento, ellos me lo han dicho, y ahora comprendo que tienen razon . . . pero es necesario el tiempo . . . Es necesario tener tiempo Guillermo . . . un poco de tiempo! . .
Sikes habiendo logrado desembarazar un brazo cojió su pistola. La idea de que seria descubierto y arrestado al momento si hacia estrépito se presenta como un relámpago á su alma aun en medio de su furor, y entonces descargó dos ó tres golpes con su culata sobre la frente de la jóven suplicante.
Esta de pronto vaciló y cayó en seguida cuasi cegada por la sangre que manaba de un agujero enorme que le habia hecho en la cabeza; pero volviéndose á levantar sobre sus rodillas si bien con gran dificultad, sacó de su seno un pañuelo blanco (el de Rosa Maylie) y elevándolo entre sus dos manos juntas, tan alto como sus fuerzas le permitieron, murmuró una corta plegaria para implorar la piedad del Señor . . . Era un espectáculo horroroso. El asesino espantado retrocedió hasta la pared, poniendo la mano ante sus ojos; luego apoderándose de un enorme garrote, descargó un golpe tremendo sobre el cráneo de la jóven y la tendió muerta á sus piés.
CAPÍTULO XLVI.
MONKS Y MR. BROWNLOW SE ENCUENTRAN AL FIN. --ENTREVISTA QUE TUVIERON JUNTOS, Y DE QUE MODO FUÉ INTERRUMPIDA.