Part 10
--Vosotras las viejas, no dais fé mas que á los charlatanes y á los cuentos de brujas! --interrumpió bruscamente Mr. Grimwig --¿Porqué no seguisteis mis consejos desde el principio? Lo hubierais hecho sino hubiese tenido la fiebre he? Ella le hácia interesante no es esto? Interesante! Que bestialidad! --Esto diciendo atizaba el fuego revolviéndole con el hurgón.
--Ese niño es dulce, amable y reconocido. --repuso la Señora Bedwin con indignacion --Tal vez tengo motivos para conocer el carácter de los niños . . . Hay mas de veinte años que trato con ellos y las personas que no pueden decir otro tanto, debieran tener el pico cerrado. Al menos esta es mi opinion!
Esta era una pulla directa lanzada á Mr. Grimwig que era celibatario; pero como ella no hizo mas que exitar una sonrisa por parte del viejo muchacho, la buena señora sacudió la cabeza y rollando maquinalmente entre sus dedos el cabo de su delantal, iba sin duda á contestar como correspondia.
--Silencio! --dijo Mr. Brownlow fingiendo una cólera que estaba lejos de subir --No pronuncieis jamás ante mi el nombre de ese niño! Os habia llamado para decíroslo! Jamás! jamás! bajo pretexto alguno . . . No lo olvideis! --Es todo lo que tenia que deciros señora Bedwin! Fijad en la memoria que os hablo seriamente . . .
CAPÍTULO XVIII.
DE QUE MODO OLIVERIO PASA EL TIEMPO, EN LA SOCIEDAD DE SUS APRECIABLES AMIGOS.
LA mañana siguiente despues de medio dia, Fagin aprovechándose de la ausencia del Camastron y de maese Bates que se habian marchado á sus _faenas_ ordinarias, sopló á Oliverio una larga moraleja Sobre el pecado horrible de ingratitud de que se habia hecho reo alejándose voluntariamente de sus amigos, inquietos de su ausencia y lo que es mucho peor, intentando escaparse, despues de los trabajos que habian sufrido para volverle á encontrar. Procuró persuadir al niño de que habia sido recibido y cuidado en su casa en un momento en que sin un socorro tan apropósito y extraordinario, el, Oliverio hubiera muerto irremisiblemente de hambre.
Oliverio pasó este dia y la mayor parte de los siguientes sin ver alma viviente. Desde la mañana muy temprano hasta la media noche, solo y entregado asi mismo pensaba en sus protectores, y el temor de que tuviesen de él una opinion poco favorable le llenaba de mortal angustia. Pasados ocho dias, el judío no consideró ya necesario tenerle encerrado en el aposento y le dejó ir libremente por toda la casa.
Un dia que el Camastron y maese Bates debian pasar la velada fuera, aquel se metió en el caletre ponerse mas pulero que de costumbre. (debilidad que para hacerle justicia, no era habitual en él.) Mandó _muy políticamente_ á Oliverio que le ayudara en esta faena. Este muy contento de encontrar una ocasion para hacerse útil, muy feliz en tener sociedad por mala que fuera y ansioso además de conciliarse la estimacion de todos los que le rodeaban, se prestó de buen talante á lo que se le exijia. Puso pues una rodilla en tiérra de manera que el pié del Camastron que estaba sentado sobre la mesa pudiera descansar sobre la otra y se puso á cumplir el deber de _pulimentar sus coturnos_, lo que quiere decir en buen castellano, que limpió sus botas.
Sea que el Camastron se sintiera agitado por eso sentimiento de libertad é independencia que esperimenta necesariamente todo _ser racional_ cuando está sentado perezosamente sobre una mesa, fumando su pipa con plena satisfaccion, balanceando suavemente una pierna y mirando limpiar sus botas sin necesidad de quitárselas ni tampoco de volvérselas á calzar; sea que la buena aroma del tabaco dispertase su sensibilidad, ó que la calidad de la cerveza dulcificase sus sentimientos; lo cierto es que se sintió llevado de repente á lo romántico y á lo entusiasta. (dos cosas muy contrarias á su razon de ser.) Miró durante algunos momentos á Oliverio con aire pensativo, luego con un suspiro y un balanceamiento de cabeza, dijo mitad para si y mitad á Cárlos:
--Lastima que no sea _hurraca_!
--Ah! No sabe lo que le conviene! --contestó este.
El Camastron suspiró de nuevo y volvió á chupar su pipa. Cárlos hizo otro tanto y ambos fumaron un rato en silencio.
--A qué va que ni siquiera sabes lo que es una _hurraca_? --dijo el Camastron, con tono compasivo.
--Creo que si. --respondió Oliverio levantando la cabeza. --Es un la . . . lo que sois vos no es cierto? --siguió interrumpiéndose.
--Lo soy y con mucho orgullo! --replicó el Camastron --Es la mejor carrera! (Esto diciendo se metió el sombrero tras las orejas y lanzó un vistazo á maese Bates.) --Si; lo soy. --prosiguió --y Cárlos tambien y Fagin y Sikes y Nancy y Betsy; todos lo somos, todos hasta el perro quien es el que muestra mas corazon para la _faena_.
--Y el menos propenso á _traicion_. --añadió Bates.
--No será él quien ladre jamás en el banco de los testigos! Ah! no . . . no hay peligro! Aunque se le atase en él y se le dejase allí quince dias sin comer.
--Tiene mucha mira en eso!
--Oh! es un perro muy picaruelo! Con que fiereza mira á un _camarada_ que se ponga á reir ó á cantar estando en sociedad! A pesar de que no gruñe mucho cuando siente tocar el violon ni detesta á los otros perros de su raza . . . No por cierto!
--Es un _famoso cristiano_!
--Buen oficio! Buen oficio! --prosiguió el Camastron volviéndo al asunto de que se habian apartado, al recuerdo de su _profesion_ que influia en todas sus acciones --Eso no tiene nada que ver con el _leofito_ (neofito.)
--Es verdad! --repuso Cárlos --Oliverio por que no sientas plaza bajo la bandera de Fagin?
--Harias fortuna de un golpe! --replicó el Camastron guiñando el ojo.
--Vivirias de tus rentas; y te hacias el señor como pienso yo hacerlo por Pascua ó por Navidad.
--No, no quiero! --contestó Oliverio --Prefiero que se me deje marchar! Qui . . . sie . . . ra mejor marcharme!
--Y Fagin prefiere que te quedes --objetó Cárlos.
Oliverio lo sabia demasiado; pero reflecsionando que tal vez seria peligroso el espresarse con demasiada franqueza, dió un suspiro y continuó limpiando las botas del Camastron.
--Vaya! --esclamó éste --¿Dónde está tu valor? Carece tu alma de orgullo? Acaso pretenderás vivir á espensas de tus amigos?
--Puha! --hizo maese Bates sacando dos ó tres pañuelos de la india y tirándolos revueltos en un armario --Qué vileza! Qué mezquindad!
--Jamás podria hacer tal cosa! --dijo el Camastron finguiendo la mayor repugnancia.
--Ello no impide que abandoneis á vuestros amigos y que los dejeis castigar por vuestros hechos propios. --repuso Oliverio sonriendo.
--Oh! Esto es otra cosa. --replicó el Camastron quitando la pipa de sus labios --Esto es por pura consideracion á Fagin; porque los _moscardones_ saben que _trabajamos_ unidos y hubiera podido tener un _disgusto_ si nosotros no hubiésemos _jugado las piernas_. Este es el porque ¿no es cierto Carlitos?
Maese Bates hizo una señal de cabeza afirmativa é iba á hablar; pero el recuerdo de la fuga de Oliverio presentándose de repente con la mayor viveza en su imaginacion le hizo esplotar en una carcajada, que chocando con el humo de la pipa, obligó á salir á una parte por la nariz y por los ojos y la otra retrocediendo á la garganta le hizo toser y patear, por mas de cinco minutos.
--Hecha acá tus ojos tontuelo! --dijo el Camastron mostrando un puñado de _chelings_ y de sueldos --Quieres una vida mas alegre? Llegar y coger! Quedan algunos mas en el cajon de aquel á quien los he _soplado_! ¿No te acomodan he? Imbécil!
--Es muy pillastron ¿no es cierto Oliverio? --dijo Cárlos --Una bonita mañana se hará _levantar_.
--No sé lo que quiere decir esto. --respondió Oliverio volviendo la cabeza.
--Toma! Algo por este estilo! --Esto diciendo maese Bates tomó uno de los cabos de su corbata y teniéndolo al aire dejó caer la cabeza sobre su espalda é hizo una especie de ruido con sus dientes, indicando por medio de esta chusca pantomina que _levantar_ y ahorcar no eran mas que una sola y misma cosa.
--He aquí lo que quiere decir esto --prosiguió --Ah! ah! vez Jaime como me mira. Jamás he visto un muchacho como él. Bajo palabra de honor es la _inocencia_ n.' 1! Me haria morir de risa! Te digo que tendré que reprocharle mi muerte! --y maese Bates despues de haber reido de tal gusto que las lágrimas le vinieron á los ojos, se puso otra vez á fumar.
--Has sido mal educado. --dijo el Camastron examinando sus botas que Oliverio acababa de limpiar --Con todo Fagin hará de ti algo, ó bien serás el primero que no hayas aprovechado entre sus manos . . . Harias mejor que empezáras al momento, porque sin duda alguna, llegarás á ello y ahora no haces mas que retroceder para saltar mejor.
Maese Bates apoyó este aviso con muchas reflecsiones morales de su cosecha, despues de lo cual él y Dawkins se estendieron largamente sobre los placeres innumerables que acompañan ordinariamente á la vida que llevaban, insinuando á Oliverio, que lo mejor que tenia que hacer era procurar captarse el buen afecto y la amistad de Fagin, empleando los mismos medios que ellos habian adoptado para merecerlos.
--Y métete bien esto en la mollera --dijo el Camastron, viendo al judío abrir la puerta --Si no te adhieres á los _tictaes_ y á los _pingajos_ . . .
--Espresándote así es como si le habláras en gringo. --observó Cárlos --Acaso te entiende?
--Si no te _adhieres_ á los relojes y á los pañuelos --prosiguió el Camastron reduciendo su lenguaje al alcance de Oliverio --otros lo harán . . . De modo que los que se los dejan cojer . . . tanto peor para ellos y para tí tambien . . . y nadie se encontrará mejor por eso, escepto aquellos que ponen _cinco_ y levantar _seis_ y tu tienes tanto derecho como los demás á la _profesion_.
--Sin duda! Sin duda alguna! --esclamó el judío que habia entrado sin que Oliverio se apercibiera de ello --Todo esto querido es claro como el dia! Ten fé en las palabras del Camastron. Oh! Ninguno como él sabe el _catecismo_ de su _arte_.
Continuando en estos términos el argumento del Camastrón, el viejo se frotó las manos en señal de satisfaccion y aplaudió con una carcajada el talento de este último. Por esta vez quedó aquí la conversacion, porque el judío habia traido con él á la señorita Betsy y á un _gallardo mozo_ que Oliverio no habia visto nunca; pero que el Camastron, dió á conocer el nombre de Tomás Chitling, cuyo mozo despues de haberse detenido en la escalera divirtiéndose en retozar con la jóven, entró en este momento.
Mr. Chitling tenia algunos años mas que el Camastron (habia ya cumplido diez y ocho primaveras.) pero con todo habia en su modo de obrar cierta deferencia hacia este último que indicaba muy claramente reconocerse inferior á él en cuanto al _genio_ y á los _ardides_ de su profesion. Tenia unos ojos pequeños que movia vivamente y estaba además acribillado por las viruelas.
Llevaba su traje muy mal parado; pero como dijo: Acababa de _concluir_ sus _vacaciones_; durante veinte y dos dias mortales no habia visto alma viviente, ni se habia refrescado el _engullidero_ con una gota de algo _fuera lo que fuera_. Oliverio estaba asombrado de una conversacion de la que apenas comprendia algunos retazos. La reunion se reia á mas no poder de la ignorancia ingénua del niño y la charla se hizo general. Fagin estaba de excelente humor y contó algunas travesuras de su juventud de un modo tan picaresco que Oliverio á despecho de sus buenos sentimientos reia tambien de tanto gusto que las lágrimas le venian á los ojos.
Al fin el viejo infame lo tenia entre sus redes. Por medio de la soledad y la tristeza le habia inducido á preferir la sociedad de alguien á la de sus dolorosos sentimientos en un chiribitil y destilaba en su corazon tierno el veneno que debia ennegrecerlo y horrar en él para siempre la bondad.
CAPÍTULO XIX.
SE DISCUTE UN GRAN PROYECTO Y SE DETERMINA SU EJECUCION.
EN una noche negra y fria el judío despidió á todos sus educandos y despues de haberse envuelto en un largo redingote y tomado todas las precauciones necesarias, se enredó en el laberinto de callejuelas sucias, que tanto abundan en el barrio populoso de Bethnal-Green. Al cabo de una hora de marcha entre la niebla sobre un suelo cubierto de un barro espeso, llamó á una puerta y despues de haber cambiado algunas espresiones en voz baja con el que habia venido á abrirle subió la escalera.
Un perro se puso á ladrar, cuando colocó la mano en el pestillo de la puerta y una voz de hombre preguntó: --¿Quién va ahí?
--Soy yo Guillermo; soy yo. --dijo el judio lanzando una mirada por todo el aposento.
--Descubrid vuestro esqueleto. --dijo Sikes --Échate ahi vil animal! ¿Acaso no conoces al diablo cuando lleva su largo redingote?
No cabe duda de que el perro habia sido engañado por el traje de Fagin, porque en cuanto este se hubo desabrochado y puesto su redingote en el respaldo de una silla, se volvió á su rincon meneando la cola, para demostrar que estaba tan contento como podia estarlo.
--Y bien? --dijo Sikes.
--Y bien querido? --respondió el judío --Ah! Nancy!
Estas palabras fueron pronunciadas con alguna vacilacion porque era la primera vez que Fagin y Nancy volvian á encontrarse desde el dia en que esta habia tomado la defensa de Oliverio con tanto calor. Sin embargo todas sus dudas sobre este punto (dado caso que las hubiera) quedaron pronto desvanecidas por la conducta de la jóven respecto á él. Apartó sus piés del guarda cenizas, retiró la silla é invitó al judío para que acercára la suya, pues hacia un frio excesivo. Luego guardó silencio profundo.
--Caramba que frio hace, Nancy! --dijo el judío acercando al fuego sus manos descarnadas --Penetra hasta los huesos. --añadió llevando la mano al costado izquierdo.
--Acaso se necesita un famoso frio para que se os arrime basta los huesos? dijo Sikes --Dale algo para beber Nancy. ¡Mil truenos! Despacha! Solo con oir como cruje su esqueleto al igual de un espectro feo que saliera de la tumba, hay para caer enfermo!
Nancy trajo al momento una botella que tomó de una alacena en la que habia muchas otras que parecian contener diferentes licores y Sikes habiendo llenado un vaso de aguardiente dijo al judío que lo bebiera de una vez.
--No: gracias Sikes, tengo bastante! --dijo Fagin, volviéndo el vaso sobre la mesa despues de haber pasado solamente los labios por el borde.
--Teneis miedo de que esto os vuelva mejor de lo que sois? --preguntó Sikes fijando en el judío una mirada de desprecio.
Habiendo arrojado al mismo tiempo en las cenizas el licor que quedaba en el vaso, volvió á llenarlo para si propio.
Mientras que tragaba su aguardiente, el judío lanzó una mirada al rededor del aposento (no por curiosidad por que lo conocia; pero por un sentimiento de temor que le era natural.) El mueblaje era grosero y los solos objetos amontonados en el armario eran suficientes para persuadir de que el amo de la habitacion distaba mucho de ser un artesano. Dos ó tres alza primas colocadas en un rincon y un par de pistolas colgadas á la cabecera del lecho, eran al cabo los únicos objetos que podian infundir alguna sospecha.
--Vaya! --dijo Sikes haciendo castañear sus labios --Ya estoy pronto.
--Para la _tarea_ he? --preguntó el judío.
--Para la _tarea_. --respondió Sikes --Con que . . . hablad!
--Sobre esa casa de Chertsey Guillermo? --dijo el otro arrimando su silla y hablando muy bajo.
--Si. Adelante!
--Ah querido! Bastante sabeis lo que quiero decir! No es verdad Nancy que lo sabe?
--No á fé mia; _no_ lo sabe! --contestó Sikes sonriéndose --O mejor no quiere saberlo que poco mas ó menos es lo mismo. Qué diablos! Hablad francamente! Llamad las cosas por su nombre! Cuando dejareis de guiñar el ojo y de andaros con rodeos como si no fuerais vos el primero que ha ideado ese robo? Trueno de Dios, esplicaos!
--Chit, Guillermo! Hablad mas bajo! --dije el judío procurando inútilmente calmar á su amigo. --Van á oirnos!
Y bien que nos oigan! --repuso Sikes --Me importa un comino!
Con todo es probable que despues de un momento de reflecsion le importó algo mas, porque se puso blando y habló un poco menos alto.
--La, la . . . --dijo Fagin con aire de gazmoñeria --Os lo advertia solo por prudencia querido! Ahora volviendo al asunto de esa casa de Chertsey ¿cuando será ocasion de emprender la _tarea_? Cuando Guillermo? Tanta plata hijos mios! Tanta plata! --prosiguió frotándose las manos y levantando los ojos al techo transportado de antemano de alegria á la idea del botin.
--No hay que pensar ya mas en ello. --replicó friamente Sikes.
--No hay que pensar en ello? --repitió el judío dejándose caer en el respaldo de la silla.
--No hay que pensar mas en ello. Al menos no es cosa tan fácil como creiamos.
--Esto será por causa de la torpeza en el obrar! --replicó el judío pálido de cólera --No me digais . . . .
--A mi me dá la gana de decíroslo! --esclamó el otro --Quién sois vos para que no se os pueda hablar? Os digo que hace quince dias que Toby Crachit tiene sus _emboscadas_ al rededor de la plaza y ni siquiera ha podido _engatusar_ un criado.
--Quereis decir Guillermo --repuso el judío calmándose á medida que el otro sé enardecia --que ninguno de los dos criados podrá ser _persuadido_.
--Eso mismo, pues no habla en gringo. Hace veinte años que están al servicio de la vieja y aun que les dieran quinientas libras rehusarian entrar en el complot.
--Si; pero quereis decir tambien Guillermo que no habrá un medio para que las mugeres sean de los nuestros?
--Ninguno.
--Ni el del flamante Tobias Crachit? --preguntó el judío con tono de duda --Guillermo! No ignorais lo que son las mugeres!
--Voto va! Ni el del flamante Tobias Crachit. Ha dicho que mientras ha estado allí, ha llevado favoritos postizos y se ha puesto un chaleco y guantes color de canario; pero que de nada le han servido.
--Hubiera debido probar el uniforme militar y los bigotes querido! --replicó el judío despues de un momento de reflecsion.
--Tambien los ha ensayado; --pero parece que este medio no ha tenido mejor fortuna que el otro.
El judío pareció quedar desconcertado con esta respuesta y habiendo reflecsionado algunos minutos con la cabeza caida Sobre el pecho dijo suspirando: que si el flamante Tobias Crachit decia verdad, seria preciso renunciar á la empresa --Y sin embargo-añadió dejando caer las manos sobre sus rodillas --es muy duro querido tener que perder un negocio sobre el que habiamos fundado nuestras mas hermosas esperanzas y que considerábamos ya como nuestro!
--Es verdad. Esto es lo peor.
Siguió un largo silencio durante el cual el judío con el rostro livido y la mirada hosca, estuvo profundamente sumido en sus pensamientos. Sikes le miraba por intervalos y Nancy temiendo sin duda irritar al bandido, permaneció sentada ante la chimenea, los ojos fijos en el fuego y con la indiferencia del sordo respecto á lo que se hablaba en su presencia.
--Fagin! --dijo Sikes rompiendo de pronto el silencio --Me tocarán cincuenta guineas mas en el reparto, si logramos buen éxito en el exterior?
--Si! --contestó el judío súbitamente, como si dispertára de un sueño.
--Queda convenido el pacto?
--Si querido, si! Queda convenido! --respondió el judío cojiéndole la mano.
Esto diciendo sus ojos chispeaban y los rasgos de su fisonomía revelaban el efecto que habia producido en él la proposicion de Sikes. --Entonces --repuso éste rechazando la mano del judío con desden --esto se hará cuando querais. La ante penúltima noche estábamos con Tobias Crachit sobre la pared del jardin inspeccionando la puerta. Ella queda cerrada como una prision; pero hay un sitio que podemos franquear seguramente sin meter ruido.
--Cual? --preguntó el judío con ansia.
--¿No recordais lo que viene despues que se ha atravesado el prado? --dijo el otro en voz baja.
--Si, si! --contestó el judío ladeando la cabeza para poder oir mejor y abriendo tanto los ojos que parecian quererse salir de sus órbitas.
--Basta! --dijo Sikes, parándose en seco á una señal de cabeza de Nancy que le hacia notar la expresion del rostro del judío --No importa el sitio. Se bien que nada podeis hacer sin mi; pero vale mas ponerse en guardia cuando se trata con vos.
--Cómo querais querido, como querais! --repuso el judío mordiéndose los labios --¿Creeis que Tobias Crachit y vos podais lograr el fin sin el concurso de nadie?
--Ciertamente. No necesitamos mas que un _berbiqui_ y un niño. El primero ya le tenemos; en cuanto al otro será preciso encontrarlo.
--Un niño! --esclamó el judío --Oh! entonces será para un postigo alto he?
--Nada os importa. Necesito un niño que no sea demasiado gordo. Ah! Si tuviera solamente el muchacho de Ned el limpia chimeneas me saldria con la mia! Le impedia el engordar espresamente para esto y cuando era ocasion lo alquilaba. Pero el padre se ha dejado _pinchar_ y he aquí que metiéndose por medio la _Sociedad de jóvenes delincuentes_ le dá la humorada de _retirar_ al niño de un _oficio_ en que ganaba tanto dinero, le hace aprender de leer y escribir y por añadidura lo pone de aprendiz! Así obra el mundo! --continuó con indignacion --Así obra el mundo! Y si tuvieran el dinero que les hace falta (á Dios gracias,) el año que viene, no quedarian en el comercio seis muchachos á nuestra disposicion.
--Esta es demasiada verdad! --replicó el judío que absorvido en sus profundas meditaciones no habia cojido mas que las últimas palabras de Sikes. --Guillermo!
--Qué quereis? --preguntó éste.
El judío señaló con su vista á la jóven que la tenia siempre fija en el fuego, para insinuar á Sikes cuan prudente seria que ella se marchára del aposento. Este se encojió de hombros con ademan impaciente, pensando que la precaucion era inútil y acabó por mandar á Nancy que fuera á buscarle una botella de cerveza.
--Tú no quieres cerveza! --esclamó esta cruzando los brazos y no moviéndose de su silla.
--Te digo que quiero! --replicó Sikes.
--Farza! --contestó Nancy friamente --Vaya soltad el pico Fagin! Se lo que vais á decir á Guillermo y yo no estorbo.
El judío insistió de nuevo y Sikes los miró á ambos con asombro.
--Acaso Nancy os dá miedo? --dijo al fin --La conoceis de bastante tiempo para que tengais confianza en ella, ó el Diablo se ha metido de por medio! No creo sea muchacha capaz de _bachillerear_. ¿No es cierto Nancy?
--Así me lo parece. --contestó la jóven acercándose á la mesa y poniendo sus dos codos sobre de ella.
--No, no querida mia! Estoy bien persuadido de que eres incapaz! --dijo el judío --pero . . . --y el viejo insistió de nuevo.
--Cómo quedamos? --preguntó Sikes.
--Es que ignoro si está en tan mala disposicion cómo la noche aquella que ya sabeis, Guillermo? --respondió el judío.
Nancy soltó una carcajada y tragándose un vaso de aguardiente meneó la cabeza como mofándose de Fagin. Luego se puso á talarear á toda voz: _Seguid siempre vuestro camino buen hombrecillo_! _No hableis jamás de volveros_! --y otras cosas semejantes que parecieron tranquilizar del todo á los dos hombres.
--Vaya Fagin! --dijo Nancy riendo --Dadnos cuenta de vuestras intenciones respecto á Oliverio.
--Ah querida! Eres una mosca muy fina! Eres la jóven mas _ladina_ que conozco! --dijo el judío dándole golpecitos sobre la espalda. --En efecto de Oliverio es de quien quiero hablar! ah! ah! ah!
--Qué quereis decir? --preguntó Sikes.
--Es el muchacho que os conviene, querido! --contestó el judío con aire de misterio poniendo el dedo sobre su nariz y haciendo un visage horrible.
--El! --esclamó Sikes.
--Tómalo Guillermo. --dijo Nancy --Yo si fuera que tú lo tomaria. Pueda que no sea tan _listo_ como los otros; pero que le importa si no hay mas que abrirte una puerta? Es un niño con el que puedes contar, te lo aseguro Guillermo.
--Tiene razon. --repuso Fagin --Desde hace algunas semanas está en muy buen camino; ya es hora de que empieze á hacerse útil, aun que no sea mas que para ganarse el pan que come. Además los otros son demasiado gordos.
--A la verdad, tiene justamente la talla que me conviene. --dijo Sikes despues de un momento de reflecsion.