Los Indios, su Historia y su Civilización
Part 2
Creían los dominadores que era bastante hacer catequizar á los indios, como si fuera dable que una raza con sus creencias, tradiciones y costumbres, pudiese pasar repentinamente á la cultura que las máximas cristianas presuponen; y como si no fuese imposible arrancar por modo súbito, del corazón de un pueblo, su orgullo nacional, su aliento patriótico, su arrogancia de colectividad[12]. La agonía moral, la muerte del espíritu de una raza, la sofocación, por falta de ambiente, es lo que sigue á una conquista. Eran los indios reyes de la inmensidad, y se les convirtió en acémilas ó en parásitos del hombre blanco; eran, como el corcel de la llanura, dueños de todo lo que su vista abarcaba, y vino un día en que sus plegarias fueron reputadas crímenes, sus dioses motivos de expiación, sus recuerdos terribles pesadillas, sus tradiciones vergüenzas, y sus hijos esclavos. Bajo el régimen colonial, los caribes desaparecieron casi de las Antillas. En las márgenes del Amazonas destruyéronse cerca de mil pueblos. Los muiscas, que formaban poderosísima nación, se redujeron á tribu. Cincuenta años después de la conquista del imperio de los incas, habían perecido más de dos millones de indios, según el canon de 1580, levantado por orden de Felipe II. Cuando el Perú se hizo independiente, dice un historiador fidedigno, que había perdido las nueve décimas partes de sus habitantes. El imperio de los incas tenía seis millones, al llegar los españoles, y por el censo de 1795, quedaban seiscientos mil indígenas. El valle Santa, al sur de Trujillo, que hoy tiene mil almas, contaba á la venida de los conquistadores, setecientas mil. En el floreciente reino Quiché, en el populoso cackchiquel y en el rico tzutojil se diezmaron las grandes ciudades, mientras que en México era asombrosa la destrucción de los aborígenes, como se verá en el curso de la presente obra.[13]
[12] El célebre Motolinia, ó sea el P. Toribio de Benavente, pretendía que el bien que se hiciese á los indios se redujera á bautizarlos y confesarlos. "Riva Palacio-México al traves de los siglos, Tomo II. p. 80.
[13] El Perú tenía como seis millones de indios, al tiempo de la conquista, y por el censo de 1796, hecho por orden de del Virrey Gil y Lemos, quedaban 608.899.
"Sin embargo, esta muerte lenta de toda una raza de hombres se ejecutaba en silencio, y las tribus se extinguían unas tras otras, sin turbar el orden general. Los sacerdotes mantenían la paz en la inmensa turba de esclavos incesantemente, diezmados, y echaban algunas gotas de agua bendita sobre estas poblaciones, que apenas muertas, eran enterradas en el olvido. Cada pueblo lo gobernaba un cura. Toda desobediencia era castigada con una doble pena civil y religiosa, todo rebelde era un hereje, á quien á la vez se penaba con la muerte y la excomunión." La época más triste para una raza, no es aquella, exclama un sabio francés; en que el hombre ha vivido en la mayor miseria, sino más bien los tiempos en que los pueblos han pasado bruscamente de una edad á otra: aun cuando hayan sobrevivido á esas épocas de crecimiento, han hecho oír lamentos singulares, siempre que han pasado por modo repentino, de una temperatura civil á otra. Hoy nos cuesta trabajo explicarnos tales acentos de dolor, porque ya no sabemos reconocer en ellos la desaparición de un mundo. Desde este punto de vista, el tremendo grito de Job, que ha atravesado los siglos, responde á un mal de ese género, y este sería sin la menor duda, el mejor de los indicios para marcar la época á que pertenece. Cada uno de los profetas hebreos corresponde á uno de esos violentos cambios de estado.
¿De dónde proviene la serenidad de los griegos? De que se quedaron siempre niños; de que sufrieron menos que otro pueblo alguno las crisis de la transición de una temperatura, de una edad del mundo á otra edad.
¿No sentís, por el contrario, en la melancolía de Virgilio el lamento de una especie que se extingue? Todo el antiguo mundo itálico, latino, sabino, se ve perecer y gime en el alma del poeta; abismo escondido debajo de la púrpura.
Nosotros también hemos visto á la edad moderna acabar de extinguirse, y nuestros oídos están todavía llenos de las lamentaciones que aquel naufragio inspiró á los poetas, á principios de este siglo. Algo se muere, parecían decir todos ellos, y el lamento crece y redobla de Chateaubriand á Byron, hasta que se endurecen los corazones y se forja un mundo nuevo. Entonces deja de comprenderse ya esa poesía de desolación y llanto.
Edad de piedra, edad de bronce, de hierro ó de plata; la transición de una á otra no puede efectuarse sin dolor. Hay para cada pueblo, como en la vida de cada hombre, una crisis, una mudanza en el tránsito de la infancia á la adolescencia, á la juventud, á la edad madura."[14]
[14] La Creación, por Edgar Quinet. T. I. p. 390. Madrid.--1871
Las tribus indias de América, aún están hoy, como estaban antes de la conquista, mejor dicho, han retrogradado y han perdido el espíritu de ir adelante. Contemplan por doquiera enemigos ó dominadores, y luchan por conservar sus costumbres, porque saben, por experiencia triste, que cada vez que ha sobrevenido para ellos un cambio, ha sido para caer en un abismo más profundo y doloroso. Siguiendo la ley de la naturaleza, que por doquiera pugna por la vida, la raza indígena se apega á sus hábitos, como la crisálida al capullo que la sepulta; podrá el gusano llegar á ser mariposa de colores, pero la transformación siempre se teme y se rechaza, aunque se espere un cielo tras la puerta del sepulcro.
Esos pobres parias, que pasan su vida miserablemente, ignorando lo que fueron ayer y sin preocuparse de lo que serán mañana, sólo pueden encontrar en la embriaguez lenitivo á lo monótono y cansado de su existencia. "Sienten una necesidad suprema: la de llorar sus desventuras. Y, ¡cosa rara! en esos cantos y lamentos, no suenan para nada los nombres de los antiguos soberanos, de los antiguos héroes, como en la poesía popular de las razas oprimidas, que tienen anales heroicos y que se acuerdan de ellos.
Este olvido es tanto más incomprensible, cuanto más abundantes y grandiosos son los restos del pasado de América. Las ciudades conservan aún en pié los palacios de los antiguos señores: los caminos que cruzan el interior han sido delineados y abiertos por los principales dueños del territorio; las aguas corren todavía por los cauces que ellos les designaron, y en muchos parajes las colinas y los cerros forman inmensas escaleras á las cuales cubría de vegetación la industria de los adoradores del Sol.
Pues bien, si os fuera dado interpretar los tristes sonidos que el indio arranca á su querida QUENA al pié de las colosales murallas, antes cubiertas de oro; si, al caer el sol y á la media luz de esa hora "del silencio y del pesar profundo," siguiéseis de cerca las huellas de sus toscas sandalias, á lo largo de esos caminos abiertos en la roca por sus antepasados; si, entrada ya la noche, os acercáseis hasta el solitario sitio en que el infeliz viajero, rodeado de sus hijuelos, distrae la fatiga y los pesares tocando su instrumento favorito, podríais sorprender ayes dolorosos salidos del fondo del alma, lánguidos suspiros de amor, tiernas quejas y orientales manifestaciones de una alma enamorada. Pero en medio de esas quejas contra el rigor de la mujer querida, ni una sola contra el rigor de los dominadores; en medio de esas endechas fúnebres, ni un solo canto varonil y enérgico en honor de la grandeza pasada, ni en prueba de que tienen conciencia de la abyección presente.
Aquello es un pueblo huérfano, que ha perdido hasta el recuerdo de sus glorias.
Una raza sin alientos, porque ha perdido hasta la esperanza, hasta los deseos de la libertad.
El llama, que hace marchas inmensas, sin comer ni beber, suele en ocasiones sublevarse contra su fatal sino y echarse al suelo, decidido á morir en el sitio, antes que dar un solo paso más. El indio, perdida la esperanza ó la paciencia, ha tomado una resolución idéntica. Se ha dicho como el sectario de Mahoma ¡Más vale estar tendido que de pié, y muerto que vivo! Ha llamado en su socorro al genio del suicidio, y el infeliz no puede morir, y lleva ya tres siglos de agonía.
Cuando el viajero árabe nota que llega la última hora para el camello que cruza el desierto, echa pié á tierra, y sacando del cinto el enorme puñal, se lo clava en el corazón, en premio de sus leales y preciosos servicios. En América hay otra costumbre. Cuando un caballo fatigado no puede dar un paso más, por las pampas de arena de la costa, se le deja atrás, abandonado en medio de la horrible soledad, para que muera de hambre y de sed, viendo á los buitres revolotear sobre su cabeza.
Con la raza indígena se ha hecho una cosa parecida. "No se la ha muerto, dándole una puñalada en el corazón; se la ha abandonado, para que perezca de hambre y sed, para que los buitres la devoren."[15]
[15] ZOROBABEL RODRIGUEZ.--Miscelánea, t.º I.º pag. 54.
Por eso es que todo corazón levantado, ha de acoger con entusiasmo, la idea de amparar, de ayudar, y si posible fuere, de civilizar á los indios, que todavía se ven en tribus aisladas del resto de nuestras poblaciones, y que conservan aún los idiomas primitivos y las costumbres, y hasta los vicios de sus antepasados. Más de las dos terceras partes de la población de Guatemala está formada por los aborígenes, estancados muchos de ellos en sus colectividades, y sin tener ni patria, ni aspiraciones, ni superiores anhelos, ni tendencias á mezclarse con la parte culta del pueblo. Si en vez de haberse perdido á las veces las fuerzas vitales y creadoras del país en fratricidas luchas, odios de bandería que no tienen razón de ser, escepticismos que desalientan, y negaciones que arguyen ignorancia, se hubiera trabajado filantrópicamente, con asiduidad, por la civilización de los indios, algo se hubiera obtenido y mucho se habría hecho, ya que no sólo por espíritu de justicia y alardes de caridad, sino hasta por interés patriótico, debemos empeñarnos en no tener, á fines del siglo XIX, esas tribus estacionadas, que son rémora para el desarrollo material, intelectual y político de la nación. La historia nos demuestra que es harto peligroso dejar á los indios formar un _status in statu_, perpetuando su separación, la rusticidad de las costumbres, su miseria y todos los motivos de odio contra las otras castas.[16] Sobre todo, ¿cómo ha de progresar un país cuanto debiera, si la mayoría se compone de hombres que se hallan hoy en más atraso que el que tuvieron en los primeros siglos, que se visten y se mantienen como lo hacían allá en la época de Quicab ó de Balam Acam?
[16] Ensayo sobre Nueva España. Humboldt, p. 214 t.º I.
PRIMERA PARTE
=Tiempos precolombinos, ó los indios antes del descubrimiento de América=
CAPITULO PRIMERO
=Origen del hombre americano. Sus razas é idiomas=
SUMARIO
Diversas opiniones acerca del origen de los indios.--Inmigraciones.--Manera como han podido verificarse.--Teoría del abate Brasseur de Bourbourg.--Remotísima antigüedad del hombre americano.--Razas indígenas diversas.--Existen algunas tribus blancas.--Opinión de Mr. Bennet Dowler acerca del tiempo que lleva el Nuevo Mundo de estar habitado por hombres.--Lenguas que encontraron los españoles al llegar á América.--No hay analogía entre los idiomas de éste y del Antiguo Continente.--Caracteres de las lenguas americanas.--Opinión de Bancroft sobre dichas lenguas.--Grupos de civilización que fija el Dr. Berendt en Centro-América con relación á las lenguas.--Idiomas que se hablaban en Méjico al tiempo de la conquista.--El quichua y el aimará en la América del Sur.--Se rebate la opinión del abate Brasseur de Bourbourg de que el maya viene del latín.--Gramáticas de las lenguas de los indios de Centro-América.--Doctrina cristiana, en cakchiquel, por el primer obispo de Guatemala señor Marroquín.
En los tiempos modernos se ha puesto empeño en profundizar, al través de los siglos, la historia americana, rastreando hasta los orígenes de las primeras tribus que habitaron esta parte del mundo. Háse creído, por algunos, que la dirección de los vientos y la de las corrientes marinas, pudieron traer pobladores involuntarios del Asia á la América meridional, por el Pacífico, y del Africa á las costas del Brasil, por el Atlántico. Si alguna vez se heló el estrecho de Bering ó si era antes un istmo, no sería fácil probarlo[17]; pero los grupos de islas entre el Asia y la América del Norte, pudieron, en todo caso, servir de escala para transmigraciones de un continente al otro; así como las que se hallan en el Atlántico y en el Pacífico facilitarían la comunicación entre la América Meridional, la Oceanía y el Africa.
[17] La anchura del estrecho es tan pequeña, que hoy la atraviesan los tehuktchies y esquimales en pequeñas embarcaciones. Las costas de los dos continentes se divisan la una desde la otra. Bien pudo, pues, poblarse uno de ellos, pasando del otro sus habitantes, sin necesidad del descubrimiento de América, ó de estar unidos los dos hemisferios.
"Las inmigraciones, dice el erudito autor de la historia ecuatoriana[18], pudieron ser voluntarias, poniéndose algunas tribus en camino, y haciéndose á la vela en busca de tierras donde establecerse, pues las prolongadas sequías, el hambre, la guerra, la exuberancia de población, obliga con frecuencia aún á los pueblos agricultores á abandonar sus hogares y á emprender largas y penosas marchas; pero más á menudo, las inmigraciones serían involuntarias y forzadas, viéndose arrastrados los viajeros á puntos que ni siquiera habían imaginado. El río negro (Kouro Siwo), de los Japoneses y la corriente marítima de Tessán han arrojado más de una vez, en los tiempos históricos, juncos chinos de casi trescientas toneladas á las costas de California; y así mismo embarcaciones americanas han ido á dar en las Canarias, ó desde esas islas han venido á las costas de Venezuela, traídas por la gran corriente del Atlántico, que corre de un hemisferio á otro, rodeado por el golfo de Méjico.[19]
[18] Federico González Suárez; t.º I. pag. 289.
[19] HUMBOLDT.--Historia de la Geografía del Nuevo Continente.--(Sección 1.ª) En francés.
GAFFAREL.--Estudio sobre las relaciones de la América y del Antiguo Continente, antes de Cristóbal Colón. Primera y segunda parte.--En francés.
CASTAING.--De los orígenes americanos. (Actas de la Sociedad Etnográfica americana y oriental. Tomo 4.º, 1864). En francés.
No es muy improbable que los chinos hayan conocido la existencia de América, pues el país de Fou-Sang, de que se habla en alguna de sus tradiciones, parece que no puede ser otro sino la costa occidental de Méjico en la América del Norte.[20]
[20] PARAVEY.--La America, bajo el nombre de país de Toug-Sang, ha sido conocida en Asia, desde el siglo quinto de nuestra era. (Publicación hecha en los Anales de filosofia cristiana. Año de 1884.)
LUCIANO ADAM.--El país de Toug-Sang (Congreso de los americanistas. Acta de la primera sesión celebrada en Nancy.) Año de 1875.
SCHERER.--Investigaciones históricas y geográficas sobre el Nuevo Mundo. (Capítulo cuarto). En francés.
CARREY.--El Perú. Cuadro descriptivo, histórico y analítico de los seres y de las cosas de ese país (capítulo octavo). En francés.
Cuanto más se estudia el Oriente, cuanto mejor se conoce la China, su historia y su literatura, tanto más se confirma el hecho de las comunicaciones del Asia, con el Nuevo Continente. Carrey cita, en una nota de su capítulo octavo, documentos recientemente descubiertos en China: por los cuales constan el viaje de sacerdotes budistas á la América, mil años antes de que ésta fuera descubierta por Colón, y otras inmigraciones, de las cuales se encuentran no sólo recuerdos sino hasta itinerarios.
Algunas creencias religiosas; varias prácticas del culto, tanto en Méjico como en el Perú, y sobre todo, ciertas estatuas y bajos relieves de las célebres ruinas de Palenque en la América Central, parecen rastros ó indicios seguros de la predicación del Budismo en estas regiones; la cual manifiesta que, en tiempos muy remotos, el antiguo continente, estaba en comunicación con el nuevo.[21]
[21] CHARNAY.--Las ciudades antiguas del Nuevo Mundo. (Capítulo catorce. Palenque y sus templos.) Edición de 1885.
D'EICHTHAL.--Memoria sobre el caracter asiático búdico de algunos bajo-relieves de Palenque. (Academia de Inscripciones y Bellas Letras. Año de 1864.)
Si se observa con cuidado la fauna del extremo setentrional de la América y también la flora, se encontrará que una gran parte del continente antiguo tiene, bajo ese respecto, no sólo semejanza sino hasta casi identidad con las regiones americanas próximas, y esta identidad es mayor en la fauna y en la flora paleontológicas. De donde, acaso podría deducirse que en épocas geológicas anteriores á la actual, la América estuvo unida por el Norte al Asia y á la Europa, formando un solo continente.[22]
[22] RECLUS.--La tierra ó descripción de los fenómenos de la vida en el Globo. (Primera parte, capítulo 2.º. Capítulo primero de la segunda.)
SCHIMPER.--Paleontología vegetal ó la Flora del mundo primitivo en sus relaciones con las formaciones geológicas. Principalmente los capítulos sexto y séptimo; pero es de advertir que este naturalista sigue la teoría darwiniana en punto á la producción ó generación de las especies.
SNIDER.--La creación y sus misterios descubiertos. No es posible aceptar sin reserva las teorías de este escritor, el cual dice que los paredones del Azuay y el Inga-Pireca de Cáñar no son monumentos de los Incas, sino obra de otras gentes en muchos siglos anteriores á los Incas. Sobre tan débiles cimientos funda su teoría de que la América estuvo ya poblada antes del Diluvio de Noé: según ésto ¿el Inga Pireca de Cañar será edificio antidiluviano? (Día sexto ó sexta época. Reinado del hombre. Números XXVII-XXX.) En francés.
La posibilidad de inmigraciones del continente antiguo al continente americano, ya no puede ser puesta en duda. Las tradiciones de los pueblos americanos conservan además el recuerdo de inmigraciones antiquísimas, à las que estaba unido el origen de ellos, y su establecimiento en los países en que los encontraron los conquistadores europeos. Y ¡cosa notable! todas esas tradiciones hacen venir del Norte las tribus á que se refieren: el Norte ha sido, pues, en la historia de América, como en la de Europa, el punto de partida de las grandes inmigraciones. La Historia antigua del Ecuador ha conservado vivo el recuerdo de la famosa inmigración de los Caras á las costas de Esmeraldas sobre el Pacífico: los Caras llegaron navegando en grandes balsas y, á lo que parece, venían de algún punto situado al Noreste. Pero esta inmigración podemos decir que es muy moderna; y, como todas las demás inmigraciones de que se conserva memoria en America, los recién llegados encontraron ya pobladas las regiones, adonde aportaron. ¿Se podrá fijar una época en que haya principiado á ser poblada la América?
Los constructores de los grandes atrincheramientos, los que levantaban altozanos y túmulos, los edificadores de habitaciones fortificadas en las rocas, ¿llegarían también á la América meridional?[23]
[23] _Los Mound Builders_ son los más antiguos habitantes de la América del Norte en los valles del Mississipí, del Ohio y del Missourí.
NADAILLAC.= La América prehistórica. (Capítulo 1.º, 2.º, 3.º, 4.º y 5.º) En francés.
BALDUIN.--La América antigua; Secciones 1.ª, 2.ª y 3.ª. En inglés.
El continente americano, acaso, no ha tenido en todos tiempos la misma extensión ni la misma configuración física que tiene ahora. El período glacial debió haber producido hondas modificaciones en la corteza terrestre, y, hasta ahora, no conocemos bien ni su duración ni las causas que lo produjeron. No obstante, la existencia de enormes mamíferos, cuyos huesos fósiles se encuentran en abundancia, hace presumir que nuestro continente, en las épocas terciaria y cuaternaria, ha sufrido modificaciones trascendentales en su superficie. Cuando esos gigantescos paquidermos, cuando esos colosales desdentados y prosbocídeos vagaban por nuestro suelo, acaso la gran cordillera de los Andes todavía no se había elevado. Las condiciones que para la vida animal se encontraban entonces en América, debieron ser muy diversas de las que ofrece actualmente: aquellos colosos del reino animal necesitaban en verdad un clima, una temperatura y unos alimentos que no hallarían ahora, si vivieran en los mismos lugares donde han existido antes, como lo manifiesta la abundancia de sus restos fósiles. Durante la época glacial, la dirección de los vientos, la abundancia de las lluvias y los demás fenómenos meteorológicos debieron ser muy variados.
Las aguas del mar no se aumentan, pero la corteza sólida de la tierra se levanta ó se deprime gradualmente, por causas que todavía nos son desconocidas: observamos el fenómeno, apreciamos los hundimientos y los levantamientos del terreno, en puntos determinados de mayor ó menor extensión, pero la ciencia no puede darnos todavía de estos hechos una explicación satisfactoria. ¿Cuál sería el aspecto de la América antes de la formación de la cordillera de los Andes? ¿Qué ríos la regaban entonces? ¿Cuál era el clima que reinaba en ella?
Lo ordinario es que las transformaciones que se observan en el globo terrestre se produzcan lenta y paulatinamente: un fenómeno tan trascendental como el levantamiento de la cordillera de los Andes, debió ocasionar cambios y mudanzas muy grandes en toda la superficie de nuestro planeta. Acaso lo que era tierra continental pasó á ser fondo de los mares en algunas partes, y se rompió el antiguo equilibrio entre los océanos, produciendo variaciones asombrosas en la distribución primitiva de las aguas y de los continentes en todo el globo terrestre. Acaso, también, entonces fué cuando desapareció aquel gran continente, denominado la Atlántida, en las tradiciones egipcias y helénicas no destituidas de todo fundamento.[24].--"
[24] BURMEISTER.--Historia de la Creación, (capítulo décimo quinto. Edad de los levantamientos de las montañas). En francés.
BURMEISTER.--Fauna argentina. (Anales del Museo de Buenos Aires. Año de 1867.) Contiene un estudio muy notable sobre los fósiles de la región oriental de la América Meridional, en la República Argentina.
STOPPANI.--Curso de Geología. (Volumen segundo. Geología estratigráfica. Capítulo trigésimo.) Este sabio geólogo italiano opina que los levantamientos del suelo en la América Meridional se verificaron después del periodo glacial.
El abate Brasseur de Bourbourg ha supuesto que el continente americano ocupaba, en un principio, el golfo de México y el mar Caribe, y se extendía en forma de península al través del Atlántico, de tal suerte que las islas Canarias pudieron haber formado parte de él. Toda esta porción extendida del continente fué, hace muchas edades, sumergida por una tremenda convulsión de la naturaleza, acerca de la cual han quedado tradiciones y documentos escritos en varios pueblos americanos[25]. Yucatán, Honduras y Guatemala también fueron sumergidas; pero el continente después se elevó lo bastante para rescatarlos del océano. Muchos hombres de ciencia opinan que hubo en un tiempo vasta extensión de tierra firme entre Europa y América. Con todo, esa teoría del erudito anticuario francés ha sido combatida por historiadores eminentes como Bancroft, quien encuentra más aceptable el admitir que la raza americana es autóctona, confesando en todo caso, que hasta hoy no está resuelta esa cuestión de orígenes.