Los Indios, su Historia y su Civilización
Part 19
La América Central, al través de los siglos, ha venido asumiendo varias formas de gobierno. Monarquía de reyes indígenas; provincia sometida al rey de España; república unitaria gobernada por un capitán general, de acuerdo con una junta consultiva; provincia sujeta al emperador de Méjico; república central regida por un poder ejecutivo compuesto de tres individuos; república federal dirigida por un presidente y cinco jefes de Estado; cinco repúblicas microscópicas, convertidas á las veces en monarquía vitalicia, en autocracia tiránica ó en burocracia y personalismo. Y los indios de la América Central, han sufrido con esos vaivenes y altibajos constitucionales, siendo siempre instrumentos de la ambición ó de la tiranía.
Proclamada independiente Guatemala de España, la República declaró iguales á todos los que hubieran nacido en nuestro suelo, y los indios fueron así elevados á ciudadanos, con voto activo y pasivo en las elecciones populares; pero, como era natural, dada su ignorancia y abyección, ni los indios comprendían sus derechos políticos, ni les importaba gozar de ellos; y por esto es que más bien han sido un elemento de perturbación en los países hispano-americanos, pues á las veces, y en nombre suyo, se han cometido ultrajes contra la sociedad.
Allá cuando Guatemala era uno de los Estados de la Federación, el sabio don José C. del Valle escribió una noticia geográfica muy interesante acerca de este país, y calculó que era la población de unos _seiscientos mil individuos_, en una área de siete mil leguas cuadradas. "Se considera, dice, que los dos tercios de la población del Estado son indígenas; y las lenguas que hablan se llaman cakchiquel, mejicana, nahuate, pocomán, aguilac, populuca, subtujil, proconchí, man, quiché, sinca y caichí. Cada una de ellas es un obstáculo opuesto á la civilización de los indios.[177]
[177] Descripción geográfica del Estado de Guatemala, por don José C. del Valle. Hoy, según el último censo, hay 467,475 ladinos y 1.042,851 indios. Total de habitantes, 1.510,326.
En las "Observaciones rústicas, sobre Economía Política," publicadas en Guatemala el año 1823, por F. G. P., se dice: "La población indiana ha rebajado notablemente del tiempo colonial á esta parte. Pinula no es lo que era, cuando fué un señorío independiente, lo mismo que Petapa, los cuales en unión de los Jalpataguas resistieron á Alvarado en su regreso de Honduras. Guazacapan, Taxisco, Escuintla, tampoco son ahora lo que fueron en esta sublevación en que pusieron en tanto aprieto al ejército pacificador. Quezaltenango fué una población de trescientos mil habitantes, y hoy no excede de quince mil, entre ellos cinco mil naturales. La población de Totonicapán, que opuso á los españoles noventa mil guerreros, no tiene hoy nueve mil naturales. Tampoco parecen lo que fueron Tecpán Guatemala y Mixco, sacados de su antiguo territorio. Iquibalam, rey del Quiché, anteriormente había salido con doscientos mil combatientes contra Rumal Ahus, rey Zutujil, que le opuso setenta mil; y en el día ambos reinos apenas componen los corregimientos de Sololá y Totonicapán."[178]
[178] Observaciones rústicas sobre Economía Política, por el ciudadano F. G. P., Guatemala.--Imp. de Beteta. Año 1823.
Para formarse una idea exacta de cómo se hallaba Guatemala, cuando era Estado de la Federación, conviene advertir que estaba dividido en siete departamentos, á saber: Guatemala, Chiquimula, Verapaz, Quezaltenango, Totonicapán, Sacatepéquez y Sololá.
EL DE GUATEMALA COMPRENDÍA:
Habitantes
la ciudad del mismo nombre, que tenía 30,775 el pueblo de Jocotenango 1,316 la villa de Guadalupe 288 el pueblo de Ciudad Vieja 328 el de San Pedro 210 el de Mixco 4,820 el de Chinautla 2,791 el de Palencia 2,243 ------ 42,951
EL DE AMATITLÁN COMPRENDÍA:
el pueblo de San Juan Amatitlán 2,864 el de San Cristóbal Amatitlán 3,000 la villa de San Miguel Petapa 1,895 la de la Concepción ó Villa Nueva 1,705 el pueblo de Santa Inés Petapa 113 el de Santa Catarina Pinula 5,500 ------ 15,087
EL DE ESCUINTLA COMPRENDÍA:
la villa de la Concepción Escuintla 2,660 el pueblo de San Pedro Mártir 382 el de Chagüite 112 el de Masagua 189 el de Guanagazapa 550 el de San Juan Mixtán 175 ----- 4,068
EL DE MIXTÁN COMPRENDÍA:
el pueblo de Don García 1,219 el de Tescuaco 118 la villa de la Gomera 252 el pueblo de Chipilapa 136 el de Siquinalá 42 el de Santa Ana Mixtán 120 el de Cotzumalguapa 600 ----- 2,487
EL DE GUAZACAPÁN COMPRENDÍA:
el pueblo del mismo nombre 2,562 el de Tepeaco 63 el de Tacuilula 99 el de Taxisco 1,446 la villa de Chiquimulilla 3,284 ----- 7,454
EL DE JALPATAGUA COMPRENDÍA:
el pueblo del mismo nombre 1,234 el de Sinacantán 228 el de Ixguatán 318 el de Nancinta 101 el de Ninistepeque 88 el de Pasaco 226 el de Tecuaco 419 ----- 2,614
EL DE CUAJINIQUILAPA COMPRENDÍA:
el pueblo del mismo nombre 2,041 el de Santa Rosa 1,720 el de las Casillas 600 el de Mataquescuintla 554 el de Jumaitepeque 1,448 el de Los Esclavos 483 el de Azacualpa 1,394 el de Conguaco 2,382 el de Comapa 519 el de Moyuta 1,001 el de Asulco 326 ------ 12,468
Después que Guatemala se declaró república independiente, rota la federación de Centro-América, merced á la tranquilidad que prevaleció y á la acción benéfica del tiempo, aumentó la población hasta alcanzar un millón de habitantes; y calculándose siempre que las dos terceras partes eran de indios, como puede verse en la Geografía de don Francisco Gavarrete, que se publicó en el año 1868.
En posteriores tiempos, se impulsó la vitalidad del país, y fué aumentando el número de sus habitantes, hasta alcanzar hoy la cifra de un millón y quinientos diez mil trescientos veinte y seis. Nótase, pues, que de la fecha de la independencia para acá, casi se ha triplicado la población de Guatemala; pero no por eso se ha mejorado la situación de los indios, ni éstos producen todo lo que debieran producir.
Respecto de brazos para la agricultura, se presenta en Guatemala un fenómeno que ya lo hizo notar mi maestro el sabio economista Dr. don Mariano Ospina, en un interesante informe. Siendo muy limitada, decía, la producción industrial comparada con el número de habitantes, la oferta de brazos debía exceder á la demanda, y sin embargo no es así. Aunque la población del país es casi toda agrícola y pobre, los empresarios de agricultura se ven con frecuencia embarazados por falta de jornaleros. Procede esto principalmente de lo muy limitado de las necesidades de la masa de la población y de la facilidad de procurarse los medios de satisfacerlas, teniendo á discreción tierras fértiles, que con un débil trabajo les da lo necesario para vivir en su parsimonia habitual. De esto ha resultado que no habiendo adquirido la población todavía hábitos serios de trabajo vigoroso y sostenido, es casi improductiva, vegeta en la pobreza y repugna el trabajo. Esa repugnancia induce á los jornaleros á eludir los contratos de trabajo que celebran. Urgidos por alguna necesidad, ó estimulados por el deseo de las bebidas embriagantes, reciben anticipaciones de dinero por cuenta de trabajo, las disipan luego; y siéndoles cosa dura trabajar, prefieren con frecuencia recibir nuevas anticipaciones de otros empresarios, poniéndose en la imposibilidad de cumplir sus compromisos. Los inconvenientes que de esto resultan á la agricultura son generalmente sentidos en toda la República, pero más especialmente en los territorios en que nuevas empresas agrícolas han aumentado la demanda de brazos.
Si hubiera una buena legislación agrícola, que sobre la base de la libertad de las industrias y del trabajo, facilitara á los indios el conseguirlo, y á los patrones el no verse burlados por los que tienen _anticipos_, se podrían evitar, en mucha parte, los males que resultan del modo vicioso y primitivo, en que se halla tan importante ramo entre nosotros. Pero ya hablaré en el capítulo siguiente de las ventajas de un _Código Rural_, en Guatemala.
Entretanto, es oportuno apuntar aquí que el término medio anual de aumento de población en Guatemala es de 7,304 ladinos, y 16,506 indios, conforme al último censo de 1892; de modo que, más del doble del crecimiento de los habitantes de la república es de esa raza que urge se proteja y civilice. Es necesario que las leyes agrícolas, á la par que fomenten el desarrollo de la agricultura, tiendan á atraer á los aborígenes al camino de la civilización.
CAPITULO SEGUNDO
=Los mandamientos, ó sea la esclavitud de los indios. El trabajo libre. Los principios económicos. Un Código Rural=
SUMARIO
La situación económica de un país ha de juzgarse por el mayor bienestar y cultura de las clases trabajadoras.--Los pueblos que tuvieron esclavos, sufrieron al fin grandes convulsiones.--En Guatemala se abolió la esclavitud desde el año 1824; pero hasta el día son peores que siervos los infelices indios, que forman las dos terceras partes de la población de la república.--Los mandamientos.--Abusos que se cometen.--Imposibilidad de remediarlos.--El mal está en la institución, que ataca la libertad individual y la libertad del trabajo.--Los mandamientos se prestan á preferencias odiosas.--Encarecen las subsistencias.--Sólo en maíz producen los indios más de ocho millones de pesos anualmente.--Es vergonzoso que de California envíen á Guatemala maíz, patatas, cebollas, frijoles y otros artículos que aquí se producen fácilmente.--Los males que sufre el país son efecto de _los monopolios y los mandamientos_.--Error de suponer que pierde la agricultura si se suprimen los mandamientos.--En ninguna parte del mundo subsiste esa odiosa esclavitud.--La distribución económica de la riqueza es un factor del progreso.--Teoría del economista Droz.--Necesidad é importancia de decretar un buen _Código Rural_, como el que existe en la república Argentina.
La situación económica de un país, ha dicho Mr. John Mill,[179] ha de juzgarse por el mayor bienestar y cultura de las clases trabajadoras; de tal suerte, que las naciones servidas por esclavos, llevan en su seno el germen de su propia destrucción, por más que en el exterior se ostente á las veces lozanía y vida: podrido el corazón, muerta la savia, viene al fin á corromperse todo el cuerpo social, hasta que, arrancado el cancro, renace vigorosa la fuerza de expansión en la colectividad.
[179] Principles of Political Economy--London, 1866.
Esta verdad se ha confirmado en la historia de los pueblos. Roma, con sus siervos; la Europa feudal, con sus vasallos; la moderna Federación Americana, con sus esclavos; el Brasil, con los suyos; y todos los pueblos que tuvieron semejante institución, han sufrido al fin grandes convulsiones y trastornos.
En Guatemala fué en donde primero se abolió la esclavitud, desde el año 1824,[180] y por ello nos gloriamos y justamente nos envanecemos; pero á la verdad, la esclavitud que se abolió fué la de unos cuantos negros africanos, que no sufrían malos tratamientos de sus amos. La servidumbre de los indios, que forman las dos terceras partes de nuestra población, existe hasta el día, y acaso con circunstancias más perjudiciales que la de los mismos esclavos; porque éstos, á guisa de cosas, siempre los cuida y trata de conservar el patrón, dado que, como los semovientes, tienen valor en el comercio, y constituyen una riqueza permanente; mientras que el indio, de finca en finca, de diversos dueños, va en trabajo nómade agotando su existencia: tiene amos sucesivos y ninguno de ellos se preocupa por su vida, ni por su conservación.
[180] _Constitución Federal, de 22 de Noviembre de 1824, art. 13, y Decreto de la Asamblea Nacional constituyente de 24 de Abril de 1824._
Cualquiera que haya visto cómo, á media noche, ó á otra hora del día, de orden de la autoridad, se arranca á los indios de sus pobres chozas, sin curarse de si tienen enferma á la mujer ó á los hijos; si la _milpa_, (maizal) que con gran sacrificio han formado, necesita de su trabajo; si van á recorrer larguísimas distancias para ir á trabajar contra su voluntad; en una palabra, cualquiera que, de cerca vea los gravísimos abusos que se cometen para dar lleno á los _mandamientos_, se conduele y se lamenta de la triste suerte de tan desgraciada raza.
En ciertas heredades de poderosos mandatarios, en vez de pagarles jornal sólo se les daba de comer á los indígenas, que por turno iban á trabajarlas. Esto era peor que los repartimientos que hacían los conquistadores. En todas las fincas hoy no se les da de comer á los indios, que van en virtud de mandamiento, sino que ellos deben llevar sus bastimentos.
Y no se diga que á los jefes políticos se recomienda que no vejen á los indios, y que los repartan con criterio y atiendan las órdenes de mandamientos procurando que no sufran los trabajadores; porque esto era lo mismo que los reyes españoles hicieron en vano durante tres centurias. El mal está en el principio; y es bárbaro y anticonstitucional ese procedimiento de trabajos forzados, en un país en que se blasona de _libertades individuales para todos los que lo pueblan_.
Sobre ser inmorales y contrarios á la Constitución los mandamientos, se prestan á otro linaje de abusos, puesto que los jefes políticos y los alcaldes proporcionan gente para sus trabajos á aquellos que son los predilectos; á aquellos que destruyen, mediante adulación y bajezas--si no por concusiones vergonzosas--la igualdad ante la ley.
Con ese trabajo forzado, no produce la agricultura todo cuanto debiera producir, y se encarecen las subsistencias y escasean los granos y demás artículos indispensables para la vida; porque los indios son quienes siembran y cultivan y cosechan el maíz, el frijol, las patatas, las arbejas, el arroz, las legumbres y todo lo que abastece los mercados.
Mucho se habla siempre de las grandes plantaciones de café, de ese artículo de exportación, que enriquece á una exigua minoría de agricultores; pero se ve con desdén y hasta inconscientemente se ataca á la gran colectividad productora de la república que, con sólo maíz, crea una riqueza anual de más de _ocho millones de pesos_!
¡Vergüenza da que, desde California, nos manden ese grano los _yankees_; junto con patatas, cebollas y otras muchas cosas que aquí produce admirablemente nuestro suelo!
Esa carestía enorme de lo más preciso para la vida, hace al pueblo infeliz y menestroso. El hambre es la causa de muchos males sociales. El pueblo no siempre razona; pero siente, y á veces se impacienta y busca cómo mejorar su condición.
Dos son las calamidades mayores que económicamente canceran al país. Los _monopolios_ y los _mandamientos_. Los mandamientos son monopolios de trabajadores forzados, en pro de unos y en perjuicio de la generalidad.
No hay quien no reconozca la injusticia de los mandamientos y lo perjudiciales que son para los indios; pero muchas personas, sin dejar de lamentarlos, arguyen que la supresión de ellos sería un mal para la agricultura, fuente de riqueza pública. Los que así piensan están en un error. La agricultura ganaría sin duda, si los mandamientos se suprimieran; porque el trabajo libre es más productivo y da mejores frutos. Esos mismos indios que hoy trabajan forzados, trabajarían libre y espontáneamente, obligando la autoridad á los vagos á que se emplearan en algo útil. Lo único que resultaría, es que las fincas de ciertas personas privilegiadas, que monopolizan á los peones, trayéndolos de lugares lejanos y sin pagarles el salario justo, ya no tendrían ese _monopolio_ que perjudica á los demás agricultores. Lo que se extirparía sería el _abuso_; porque claro está que, al abolirse los mandamientos, se dictarían disposiciones enérgicas para no permitir la ociosidad, y reprimir la vagancia, procurando por otro lado crear necesidades á los indios.
Yo no sé que en ninguna parte del mundo subsistan los _mandamientos_, que la añeja legislación española toleró, por no ponerse en pugna con los que de la Península venían á explotar estos países. Los cabildos elevaban al rey exposiciones diciéndole que sin los _mandamientos_ era mejor abandonar las Indias. Hoy algunos agricultores, de esos que convierten en granos de oro el sudor de los forzados indios, gritan que, sin los _mandamientos_, perece la agricultura. Siempre el egoísmo pretextando el bien general, para cohonestar la servidumbre.
El hecho es que, mientras unos cuantos privilegiados ganan anualmente miles de pesos con sus cosechas de café, el pueblo se lamenta de la carestía del maíz, del pan y de la carne....
La distribución de la riqueza es uno de los factores del progreso. Cuando ésta se estanca en pocas manos, sufre la colectividad. "La dicha del Estado, dice el economista Droz, depende menos de la cantidad de riquezas que posee, que de su oportuno repartimiento. Supongamos dos naciones igualmente pobladas, de las cuales la una tiene dobles riquezas que la otra: como estén mal distribuidas en la primera y bien en la segunda, ésta alcanzará mayor grado de felicidad. Ningún país es tan notable como la Inglaterra bajo el aspecto de la producción: en Francia la distribución es más ventajosa, y concluyo de aquí que hay mayor masa de felicidad en Francia que en Inglaterra.
Para que la distribución sea copiosa, es de apetecer que la producción sea considerable. Mas acaece con frecuencia que una idea extraña sorprende nuestro espíritu y se ingiere, sin notarlo, en nuestras reflexiones en lugar de otra: así, ciegos ante la prosperidad pública, no pensamos más que en ella, y á fin de acrecentarla, nos ocupamos en examinar cómo pueden multiplicarse las riquezas: bien pronto lo olvidamos todo, menos las riquezas: el medio se convierte en fin, y la felicidad es desatendida. La facilidad con la cual se operan estos cambios de ideas es una sentina de errores. Un distinguido escritor de economía política, Ricardo, toma la pluma para ser útil á sus semejantes; pero arrastrado por sus cálculos, con frecuencia parece olvidar á los hombres, y no tomar en cuenta más que los productos. Asienta, v. gr., que en un país ocupado por diez millones de habitantes, bastando el trabajo de cinco millones de entre ellos para alimentarlos y vestirlos á todos, nada ganaría con aumentar su población hasta doce millones, siendo necesario siete de éstos para obtener iguales resultados.[181] Muéstrase, pues, indiferente á que existan dos millones de hombres ó no existan, si el producto fuere el mismo. Al leer las obras de ciertos economistas, no parece que las riquezas sean hechas para los hombres, sino los hombres para las riquezas.
[181] Des principes de l' Economie politique, tomo II, p. 224, de la traducción francesa.
Bien distribuídas, elevan á los habitantes de un país á una posición favorable, para crear otras nuevas. Si al contrario, la distribución es de tal suerte viciosa, que unos no tengan casi nada, y los otros lo tengan casi todo, falta á los primeros el estímulo para alentar la industria, y los segundos carecen de la posibilidad de hacerlo: entonces todo se agosta, se embota la inteligencia, y los hombres no aciertan á procurarse ni placer ni trabajo. Durante el régimen feudal, el fausto de los señores consistía en rodearse de numerosos domésticos, y su pasatiempo favorito era la caza. Para satisfacer estas necesidades, bastaba la renta de sus dominios mal cultivados y la vasta extensión de sus parques. Las artes les merecían desprecio, y los pobres vasallos, ni aun podían excitar sus deseos con variedad de productos. No parece sino que no hay medio alguno de salir de un estado tal de ignorancia y de miseria, si la experiencia no nos revelase qué cambios prodigiosos puede obrar, á la larga, una serie de causas y de efectos, que se hacen causas á su vez y producen efectos siempre más notables. Sucede, andando el tiempo, que algunos vasallos más inteligentes que el resto, presentan en los castillos las primicias de una naciente industria: sus ganancias infunden aliento, y su ejemplo tiene imitadores. Los grandes propietarios vislumbran que pueden existir placeres hasta entonces ignorados. Los que viajan, los que se alejan por causa de las guerras, quedan absortos á la vista de objetos que les agradan y que desearían encontrar también en su país. Sensibles á deseos nuevos, conocen la necesidad de aumentar y de emplear de un modo distinto sus rentas: se interesan por los progresos del cultivo, á fin de doblar el rendimiento de sus posesiones, despiden pajes y sus sueldos se cambian en salarios de artesanos. La industria despierta, la miseria disminuye, la inteligencia se desarrolla, los capitales se forman, y el trabajo cobra un realce nuevo. En estos cambios afortunados la distribución de las riquezas se presenta, ya como efecto, ya como causa; hija de la industria, se convierte en su custodio y su motor.