Part 2
Mi so[15] Trampagos, ¿es posible sea Voacé[16] tan enemigo suyo, Que se entumbe, se encubra y se trasponga Debajo de esa sombra bayetuna El sol hampesco?[17] So Trampagos, basta Tanto gemir, tantos suspiros bastan: Trueque voacé las lágrimas corrientes En limosnas y en misas, y oraciones Por la gran Pericona, que Dios haya, Que importan mas que llantos y sollozos.
TRAMPAGOS.
Voacé ha garlado[18] como un tologo, Mi señor Chiquiznaque; pero en tanto Que encarrilo mis cosas de otro modo, Tome vuesa merced, y platiquemos Una levada[19] nueva.
CHIQUIZNAQUE.
So Trampagos, No es este tiempo de levadas: llueven, Ó han de llover hoy pésames _ad unia_[20], ¿Y hémonos de ocupar en levadicas?
_Entra Vademecum con la silla muy vieja y rota._
VADEMECUM.
Bueno por vida mia: quien le quita Á mi señor de líneas, y posturas, Le quita de los dias de la vida.
TRAMPAGOS.
Vuelve por el mortero y por el banco, Y el broquel no se olvide, Vademecum.
VADEMECUM.
Y aun trairé el asador, sarten y platos.
(_Vuélvese á entrar._)
TRAMPAGOS.
Despues platicaremos una treta, Única, á lo que creo y peregrina: Que el dolor de la muerte de mi ángel, Las manos ata y el sentido todo.
CHIQUIZNAQUE.
¿De qué edad acabó la mal lograda?
TRAMPAGOS.
Para con sus amigas y vecinas, Treinta y dos años tuvo.
CHIQUIZNAQUE.
Edad lozana.
TRAMPAGOS.
Si va á decir verdad, ella tenia Cincuenta y seis; pero de tal manera Supo encubrir los años, que me admiro. ¡Ó qué teñir de canas! ¡ó qué rizos, Vueltos de plata en oro los cabellos! Á seis del mes que viene hará quince años, Que fue mi tributaria, sin que en ellos Me pusiese en pendencia, ni en peligro De verme palmeadas[21] las espaldas. Quince cuaresmas, si en la cuenta acierto, Pasaron por la pobre, desde el dia Que fue mi cara, agradecida prenda; En las cuales sin duda susurraron Á sus oidos treinta y mas sermones, Y en todos ellos, por respeto mio, Estuvo firme, cual está á las olas del mar movible la inmovible roca. ¡Cuántas veces me dijo la pobreta, Saliendo de los trances rigurosos De gritos y plegarias y de ruegos, Sudando y trasudando: plega al cielo, Trampagos mio, que en descuento vaya De mis pecados lo que aquí yo paso Por tí, dulce bien mio!
CHIQUIZNAQUE.
¡Bravo triunfo! ¡Ejemplo raro de inmortal firmeza! Allá lo habrá hallado.
TRAMPAGOS.
¿Quién lo duda? Ni aun una sola lágrima vertieron Jamás sus ojos en las sacras pláticas, Cual si de esparto ó pedernal su alma Formada fuera.
CHIQUIZNAQUE.
¡Ó hembra benemérita De griegas y romanas alabanzas! ¿De qué murió?
TRAMPAGOS.
¿De qué? casi de nada: Los médicos dijeron que tenia Malos los hipocondrios, y los hígados; Y que con agua de taray pudiera Vivir, si la bebiera setenta años.
CHIQUIZNAQUE.
¿No la bebió?
TRAMPAGOS.
Murióse.
CHIQUIZNAQUE.
Fue una necia: Bebiérala hasta el dia del juicio, Que hasta entonces viviera. El yerro estuvo En no hacerla sudar.
TRAMPAGOS.
Sudó[22] once veces.
_Entra Vademecum con los asientos referidos._
CHIQUIZNAQUE.
¿Y aprovechóle alguna?
TRAMPAGOS.
Casi todas: Siempre quedaba como un ginjo verde, Sana como un peruétano, ó manzana.
CHIQUIZNAQUE.
Dícenme que tenia ciertas fuentes En las piernas y brazos.
TRAMPAGOS.
La sin dicha Era un Aranjuez[23]: pero con todo Hoy come en ella la que llaman tierra, De las mas blancas y hermosas carnes, Que jamás encerraron sus entrañas; Y si no fuera porque habrá dos años Que comenzó á dañársele el aliento, Era abrazarla, como quien abraza Un tiesto de albahaca ó clavellinas.
CHIQUIZNAQUE.
Neguijon debió ser, ó corrimiento El que dañó las perlas de su boca: Quiero decir, sus dientes y sus muelas.
TRAMPAGOS.
Una mañana amaneció sin ellos.
VADEMECUM.
Asi es verdad; mas fue de eso la causa, Que anocheció sin ellos: de los finos Cinco acerté á contarle: de los falsos Doce disimulaba en la covacha.
TRAMPAGOS.
¿Quién te mete á tí en eso, mentecato?
VADEMECUM.
Acredito verdades.
TRAMPAGOS.
Chiquiznaque, Ya se me ha reducido á la memoria La treta de denantes: toma y vuelve Al ademan primero.
VADEMECUM.
Pongan pausa, Y quédese la treta en ese punto, Que acuden moscovitas al reclamo: La Repulida viene y la Pizpita, Y la Mostrenca y el jayan Juan Claros.
TRAMPAGOS.
Vengan en hora buena: vengan ellos En cien mil norabuenas.
_Entra la Repulida, la Pizpita, la Mostrenca, y el rufian Juan Claros._
JUAN.
En las mismas Esté mi sor Trampagos.
REPULIDA.
Quiera el cielo Mudar su escuridad en luz clarísima.
PIZPITA.
Desollado le viesen ya mis lumbres De aquel pellejo lóbrego y escuro.
MOSTRENCA.
¡Jesus, y qué fantasma noturnina! Quítenmele delante.
VADEMECUM.
Melindricos.
TRAMPAGOS.
Fuera yo un Polifemo, un antropófago, Un troglodita, un bárbaro zoilo, Un caiman, un caribe, un come vivos, Si de otra suerte me adornára en tiempo De tamaña desgracia.
JUAN.
Razon tiene.
TRAMPAGOS.
He perdido una mina potosisca, Un muro de la yedra de mis faltas, Un árbol de la sombra de mis ansias.
JUAN.
Era la Pericona un pozo de oro.
TRAMPAGOS.
Sentarse á prima noche, y á las horas Que se echa el golpe[24], hallarse con sesenta Numos en cuartos, ¿por ventura es barro? Pues todo esto perdí en la que ya pudre.
REPULIDA.
Confieso mi pecado: siempre tuve Envidia á su no vista diligencia: No puedo mas: yo hago lo que puedo, Pero no lo que quiero.
PIZPITA.
No te penes, Pues vale mas aquel que Dios ayuda, Que el que mucho madruga: ya me entiendes.
VADEMECUM.
El refran vino aquí como de molde: Tal os dé Dios el sueño, mentecatas.
MOSTRENCA.
Nacidas somos: no hizo Dios á nadie, Á quien desamparase: poco valgo; Pero en fin, como y ceno, y á mi cuyo[25] Le traigo mas vestido que un palmito. Ninguna es fea, como tenga brios: Feo es el diablo.
VADEMECUM.
Alega la Mostrenca Muy bien de su derecho; y alegára Mejor, si se añadiera el ser muchacha, Y limpia, pues lo es por todo estremo.
CHIQUIZNAQUE.
En el que está Trampagos me da lástima.
TRAMPAGOS.
Vestíme este capuz: mis dos lanternas[26] Convertí en alquitaras.
VADEMECUM.
¿De aguardiente?
TRAMPAGOS.
¿Pues tanto cuelo yo, hi[27] de malicias?
VADEMECUM.
Á cuatro lavanderas de la puente Puede dar quince y falta en la colambre: Miren que ha de llorar sino agua-ardiente.
JUAN.
Yo soy de parecer que el gran Trampagos Ponga silencio á su continuo llanto, Y vuelva al _sicut erat in principio_: Digo á sus olvidadas alegrías, Y tome prenda, que las suyas quite: Que es bien que el vivo vaya á la hogaza, Como el muerto se va á la sepultura.
REPULIDA.
Zonzorino Caton es Chiquiznaque.
PIZPITA.
Pequeña soy, Trampagos, pero grande Tengo la voluntad para servirte: No tengo cuyo, y tengo ochenta cobas[28].
REPULIDA.
Yo ciento, y soy dispuesta, y nada lerda.
MOSTRENCA.
Veinte y dos tengo yo, y aun veinte y cuatro, Y no soy mema.
REPULIDA.
¡Ó mi Jezuz! ¿qué es esto? ¿Contra mí la Pizpita y la Mostrenca? En tela quieres competir conmigo, Culebrilla de alambre, ¿y tú, pazguata?
PIZPITA.
Por vida de los huesos de mi abuela, Doña Mari bobales, monda níspolas, Que no la estimo en un feluz morisco. ¡Han visto el ángel tonto almidonado, Como quiere empinarse sobre todas!
MOSTRENCA.
Sobre mí no, á lo menos, que no sufro Carga que no me ajuste y me convenga.
JUAN.
Adviertan que defiendo á la Pizpita.
CHIQUIZNAQUE.
Consideren que está la Repulida Debajo de las alas de mi amparo.
VADEMECUM.
Aquí fue Troya: aquí se hacen rajas: Los de las cachas amarillas salen: Aquí otra vez fue Troya.
REPULIDA.
Chiquiznaque, No he menester que nadie me defienda: Aparta, tomaré yo la venganza, Rasgando con mis manos pecadoras La cara de membrillo cuartanario.
JUAN.
Repulida, respeto al gran Juan Claros.
PIZPITA.
Déjala venga: déjala que llegue Esa cara de masa mal sobada.
_Entra uno muy alborotado._
UNO.
Juan Claros, la justicia, la justicia, El alguacil de la justicia viene La calle abajo.
(_Éntrase luego._)
JUAN.
¡Cuerpo de mi padre! No paro mas aquí.
TRAMPAGOS.
Ténganse todos: Ninguno se alborote: que es mi amigo El alguacil: no hay que tenerle miedo.
_Torna á entrar._
UNO.
No viene acá, la calle abajo cuela.
(_Váse._)
CHIQUIZNAQUE.
El alma me temblaba ya en las carnes, Porque estoy desterrado.
TRAMPAGOS.
Aunque viniera No nos hiciera mal: yo lo sé cierto; Que no puede chillar, porque está untado[29].
VADEMECUM.
Cese, pues, la pendencia; y mi sor sea El que escoja la prenda que le cuadre, Ó le esquine mejor.
REPULIDA.
Yo soy contenta.
PIZPITA.
Y yo tambien.
MOSTRENCA.
Y yo.
VADEMECUM.
Gracias al cielo, Que he hallado á tan gran mal, tan gran remedio.
TRAMPAGOS.
Abúrrome y escojo.
MOSTRENCA.
Dios te guie. Si te aburres, Trampagos, la escogida Tambien será aburrida.
TRAMPAGOS.
Errado anduve. Sin aburrirme escojo.
MOSTRENCA.
Dios te guie.
TRAMPAGOS.
Digo que escojo aquí á la Repulida.
JUAN.
Con su pan se la coma, Chiquiznaque.
CHIQUIZNAQUE.
Y aun sin pan, que es sabrosa en cualquier modo.
REPULIDA.
Tuya soy: pónme un clavo y una S[30] En estas dos mejillas.
PIZPITA.
¡Ó hechicera!
MOSTRENCA.
No es sino venturosa: no la envidies, Porque no es muy católico Trampagos; Pues ayer enterró á la Pericona, Y hoy la tiene olvidada.
REPULIDA.
Muy bien dices.
TRAMPAGOS.
Este capuz arruga, Vademecum; Y dile al padre, que sobre él te preste Una docena de reales.
VADEMECUM.
Creo Que tengo yo catorce.
TRAMPAGOS.
Luego, luego, Parte, y trae seis azumbres de lo caro[31]: Alas pon en los pies y en las espaldas.
_Éntrase Vademecum con el capuz, y queda en cuerpo Trampagos._
TRAMPAGOS.
Por Dios que si durára la bayeta, Que me pudieran enterrar mañana.
REPULIDA.
¡Ay lumbre de estas lumbres, que son tuyas! Y cuán mejor estás en este trage, Que en el otro sombrío, y melancólico.
_Entran dos músicos sin guitarras._
MÚSICO 1.º
Tras el olor del jarro nos venimos Yo y mi compadre.
TRAMPAGOS.
En hora buena sea; ¿Y las guitarras?
MÚSICO 1.º
En la tienda quedan: Vaya por ellas Vademecum.
MÚSICO 2.º
Vaya: Mas yo quiero ir por ellas.
MÚSICO 1.º
De camino
(_Éntrase el músico 2.º_)
Diga á mi oislo, que si viene alguno Al rapio rapis, que me aguarde un poco, Que no haré sino colar seis tragos, Y cantar dos tonadas, y partirme: Que ya el señor Trampagos, segun muestra, Está para tomar armas de gusto.
_Vuelve Vademecum._
VADEMECUM.
Ya está en el antesala el jarro.
TRAMPAGOS.
Tráile.
VADEMECUM.
No tengo taza.
TRAMPAGOS.
Ni Dios te la depare: El cuerno de orinar no está estrenado, Tráele: que te maldiga el cielo santo: Que eres bastante á deshonrar á un duque.
VADEMECUM.
Sosiéguese, que no ha de faltar copa, Y aun copas, aunque sean de sombreros. Á buen seguro que este es churrullero.
_Entra uno como cautivo, con una cadena al hombro, y pónese á mirar á todos muy atento, y todos á él._
REPULIDA.
¡Jesus! ¿es vision esta? ¿qué es aquesto? ¿No es este Escarramán? él es sin duda: ¡Escarramán del alma! dame, amores, Esos brazos, coluna de la hampa.
TRAMPAGOS.
¡Ó Escarramán, Escarramán amigo! ¿Cómo es esto? ¿á dicha eres estátua? Rompe el silencio y habla á tus amigos.
PIZPITA.
¿Qué trage es este, y qué cadena es esta? ¿Eres fantasma á dicha? Yo te toco, Y eres de carne y hueso.
MOSTRENCA.
Él es, amiga: No lo puede negar, aunque mas calle.
ESCARRAMÁN.
Yo soy Escarramán; y estén atentos Al cuento breve de mi larga historia.
(_Vuelve el barbero con dos guitarras, y da la una al compañero._)
Dió la galera al traste en Berbería, Donde la furia de un juez me puso Por espalder de la siniestra banda. Mudé de cautiverio y de ventura: Quedé en poder de turcos por esclavo; De allí á dos meses, como al cielo plugo, Me levanté con una galeota: Cobré mi libertad, y ya soy mio. Hice voto y promesa inviolable De no mudar de ropa ni de carga, Hasta colgarla de los muros santos De una devota ermita, que en mi tierra Llaman de San Millan de la Cogolla; Y este es el cuento de mi estraña historia, Digna de atesorarla en la memoria. La Mendez no estará ya de provecho: ¿Vive?
JUAN.
Y está en Granada á sus anchuras.
CHIQUIZNAQUE.
Allí le duele al pobre todavía.
ESCARRAMÁN.
¿Qué se ha dicho de mí en aqueste mundo, En tanto que en el otro me han tenido Mis desgracias y gracia?
MOSTRENCA.
Cien mil cosas: Ya te han puesto en la horca los farsantes.
PIZPITA.
Los muchachos han hecho pepitoria De todas tus medulas y tus huesos.
REPULIDA.
Hánte vuelto divino: ¿qué mas quieres?
CHIQUIZNAQUE.
Cántante por las plazas, por las calles: Báilante en los teatros, y en las casas: Has dado que hacer á los poetas, Mas que dió Troya al mantuano Títiro.
JUAN.
Óyente resonar en los establos.
REPULIDA.
Las fregonas te lavan en el rio: Los mozos de caballos te almohazan.
CHIQUIZNAQUE.
Túndete el tundidor con sus tijeras: Muy mas que el potro rucio eres famoso.
MOSTRENCA.
Han pasado á las Indias tus palmeos: En Roma se han sentido tus desgracias, Y hánte dado botines sine número.
VADEMECUM.
Por Dios que te han molido como alheña: Y te han desmenuzado como flores: Y que eres mas sonado y mas mocoso, Que un relox y que un niño de doctrina. De tí han dado querella todos cuantos Bailes pasaron en la edad del gusto, Con apretada y dura residencia; Pero llevóse el tuyo la escelencia.
ESCARRAMÁN.
Tenga yo fama y háganme pedazos: De Éfeso el templo abrasaré por ella.
(_Tocan de improviso los músicos, y comienzan á cantar este romance._)
Ya salió de las gurapas El valiente Escarramán, Para asombro de la gura[32] Y para bien de su mal.
ESCARRAMÁN.
¿Es aquesto brindarme por ventura? ¿Piensan se me ha olvidado el regodeo? Pues mas ligero vengo que solia, Si no toquen, y vaya y fuera ropa.
PIZPITA.
¡Ó flor, y fruto de los bailarines, Y qué bueno has quedado!
VADEMECUM.
Suelto, y limpio.
JUAN.
Él honrará las bodas de Trampagos.
ESCARRAMÁN.
Toquen, verán que soy hecho de azogue.
MÚSICO.
Váyanse todos por lo que cantáre, Y no será posible que se yerren.
ESCARRAMÁN.
Toquen, que me deshago y que me bullo.
REPULIDA.
Ya me muero por verle en la estacada.
MÚSICO.
Estén alerta todos.
CHIQUIZNAQUE.
Ya lo estamos.
(_Cantan._)
Ya salió de las gurapas El valiente Escarramán, Para asombro de la gura, Y para bien de su mal. Ya vuelve á mostrar al mundo Su felice habilidad, Su ligereza, y su brío, Y su presencia real. Pues falta la Coscolina, Supla agora en su lugar La Repulida olorosa, Mas que la flor de azahar; Y en tanto que se remonda La Pizpita sin igual, De la gallarda el paseo Nos muestre aquí Escarramán.
(_Tocan la gallarda, dánzala Escarramán; y en habiendo hecho una mudanza prosíguese el romance._)
La Repulida comience Con su brio á rastrear; Pues ella fue la primera Que nos le vino á mostrar. Escarramán la acompañe, La Pizpita, otro que tal, Chiquiznaque y la Mostrenca, Con Juan Claros el galan. Vive Dios que va de perlas: No se puede desear Mas ligereza ó mas garbo, Mas certeza ó mas compás. Á ello, hijos, á ello: No se pueden alabar Otras ninfas, ni otros rufos, Que os puedan igualar. ¡Ó qué desmayar de manos! ¡Ó qué huir, y qué juntar! ¡Ó qué nuevos laberintos! Donde hay salir, y hay entrar. Muden el baile á su gusto, Que yo le sabré tocar El canario, ó las gambetas, Ó al villano se lo dan: Zarabanda, ó zambapalo, El pésame de ello y mas, El rey don Alonso el Bueno, Gloria de la antigüedad.
ESCARRAMÁN.
El canario, si le tocan, Á solas quiero bailar.
MÚSICO.
Tocaréle yo de plata, Tú de oro le bailarás.
(_Toca el canario, y baila solo Escarramán; y en habiéndole bailado diga_):
ESCARRAMÁN.
Vaya el villano á lo burdo, Con la cebolla y el pan; Y acompáñenme los tres.
MÚSICO.
Que te bendiga San Juan.
(_Bailan el villano, como bien saben; y acabado el villano, pida Escarramán el baile que quisiere, y acabado diga Trampagos_):
TRAMPAGOS.
Mis bodas se han celebrado Mejor que las de Roldan; Todos digan, como digo: Viva, viva Escarramán.
TODOS.
Viva, viva.
FIN DE ESTE ENTREMES.
[Ilustración]
ENTREMES _DEL VIZCAINO FINGIDO_.
_Salen Solórzano y Quiñones._
SOLÓRZANO.
Estas son las bolsas, y á lo que parecen son bien parecidas, y las cadenas que van dentro, ni mas ni menos: no hay sino que vos acudais con mi intento, que á pesar de la taimería de esta sevillana, ha de quedar esta vez burlada.
QUIÑONES.
¿Tanta honra se adquiere, ó tanta habilidad se muestra en engañar á una mujer, que lo tomais con tanto ahinco, y poneis tanta solicitud en ello?
SOLÓRZANO.
Cuando las mujeres son como estas, es gusto el burlallas: cuanto mas que esta burla no ha de pasar de los tejados arriba: quiero decir, que ni ha de ser con ofensa de Dios, ni con daño de la burlada: que no son burlas las que redundan en desprecio ageno.
QUIÑONES.
Alto, pues vos lo quereis, sea asi: digo que yo os ayudaré en todo cuanto me habeis dicho, y sabré fingir tan bien como vos, que no lo puedo mas encarecer. ¿Á dónde vais agora?
SOLÓRZANO.
Derecho en casa de la ninfa; y vos no salgais de casa, que yo os llamaré á su tiempo.
QUIÑONES.
Allí estaré clavado esperando.
(_Éntranse los dos._)
_Salen doña Cristina y doña Brígida: Cristina sin manto, y Brígida con él, toda asustada y turbada._
CRISTINA.
¡Jesus! ¿qué es lo que traes, amiga doña Brígida, que parece que quieres dar el alma á su Hacedor?
BRÍGIDA.
Doña Cristina amiga, hazme aire, rocíame con un poco de agua este rostro, que me muero, que me fino, que se me arranca el alma; Dios sea conmigo, confesion á toda priesa.
CRISTINA.
¿Qué es esto? ¡desdichada de mí! ¿No me dirás, amiga, lo que te ha sucedido? ¿Has visto alguna mala vision? ¿Hánte dado alguna mala nueva de que es muerta tu madre, ó de que viene tu marido, ó hánte robado tus joyas?
BRÍGIDA.
Ni he visto vision alguna, ni se ha muerto mi madre, ni viene mi marido, que aun le faltan tres meses para acabar el negocio donde fué, ni me han robado mis joyas; pero háme sucedido otra cosa peor.
CRISTINA.
Acaba, dímela, doña Brígida mia; que me tienes turbada y suspensa hasta saberla.
BRÍGIDA.
¡Ay, querida! que tambien te toca á tí parte de este mal suceso. Límpiame este rostro, que él y todo el cuerpo tengo bañado en sudor, mas frio que la nieve: desdichadas de aquellas que andan en la vida libre, que si quieren tener algun poquito de autoridad, grangeada de aquí ó de allí, se la desjarretan y se la quitan al mejor tiempo.
CRISTINA.
Acaba por tu vida, amiga, y dime lo que te ha sucedido, y qué es la desgracia de quien yo tambien tengo de tener parte.
BRÍGIDA.
Y cómo si tendrás parte, y mucha, si eres discreta, como lo eres. Has de saber, hermana, que viniendo agora á verte, al pasar por la puerta de Guadalajara, oí que en medio de infinita justicia y gente, estaba un pregonero pregonando que quitaban los coches, y que las mujeres descubriesen los rostros por las calles.
CRISTINA.
¿Y esa es la mala nueva?
BRÍGIDA.
¿Pues para nosotras puede ser peor en el mundo?
CRISTINA.
Yo creo, hermana, que debe de ser alguna reformacion de los coches: que no es posible que los quiten de todo punto; y será cosa muy acertada, porque segun he oido decir, andaba muy de caida la caballería en España; porque se empanaban diez ó doce caballeros mozos en un coche, y azotaban las calles de noche y de dia, sin acordárseles que habia caballos y gineta en el mundo; y como les falte la comodidad de las galeras de la tierra, que son los coches, volverán al ejercicio de la caballería, con quien sus antepasados se honraron.
BRÍGIDA.
¡Ay, Cristina de mi alma! que tambien oí decir que aunque dejan algunos, es con condicion que no se presten, ni que en ellos ande ninguna... ya me entiendes.
CRISTINA.
Ese mal nos hagan: porque has de saber, hermana, que está en opinion entre los que siguen la guerra, cuál es la mejor, la caballería ó la infantería, y háse averiguado que la infantería española lleva la gala á todas las naciones; y agora podremos las alegres mostrar á pie nuestra gallardía, nuestro garbo, y nuestra bizarría, y mas yendo descubiertos los rostros, quitando la ocasion de que ninguno se llame á engaño, si nos sirviese, pues nos ha visto.
BRÍGIDA.
¡Ay, Cristina! no me digas eso. ¡Qué linda cosa era ir sentada en la popa de un coche, llenándola de parte á parte, dando rostro á quién y cómo y cuándo queria! y en Dios y en mi ánima te digo, que cuando alguna vez me le prestaban, y me veia sentada en él con aquella autoridad, me desvanecia tanto, que creia bien y verdaderamente que era mujer principal, y que mas de cuatro señoras de título pudieran ser mis criadas.
CRISTINA.
¿Veis, doña Brígida, cómo tengo yo razon en decir que ha sido bien en quitar los coches, siquiera por quitarnos á nosotras el pecado de la vanagloria? Y mas que no era bien que un coche igualase á las no tales con las tales; pues viendo los ojos estranjeros á una persona en un coche, pomposa por galas, reluciente por joyas, echaria á perder la cortesía, haciéndosela á ella, como si fuera á una principal señora: asi que, amiga, no debes congojarte, sino acomoda tu brio y tu limpieza, y tu manto de soplillo sevillano, y tus nuevos chapines en todo caso, con las virillas de plata, y déjate ir por esas calles, que yo te aseguro que no falten moscas á tan buena miel, si quisieres dejar que á tí se lleguen: que engaño en mas va que en besarla durmiendo.
BRÍGIDA.
Dios te lo pague, amiga, que me has consolado con tus advertimientos y consejos; y en verdad que los pienso poner en práctica, y pulirme y repulirme, y dar rostro á pie y pisar el polvico á tan menudico, pues no tengo quien me corte la cabeza; que este que piensan que es mi marido, no lo es, aunque me ha dado la palabra de serlo.
CRISTINA.
¡Jesus! ¿tan á la sorda y sin llamar se entra en mi casa, señor? ¿Qué es lo que usted manda?
_Entra Solórzano._
SOLÓRZANO.
Usted perdone el atrevimiento, que la ocasion hace al ladron: hallé la puerta abierta y entréme, dándome ánimo al entrarme, venir á servir á usted y no con palabras, sino con obras; y si es que puedo hablar delante de esta señora, diré á lo que vengo, y la intencion que traigo.
CRISTINA.
De la buena presencia de usted no se puede esperar, sino que han de ser buenas sus palabras, y sus obras. Diga usted lo que quisiere; que la señora doña Brígida es tan mi amiga, que es otra yo misma.
SOLÓRZANO.
Con ese seguro y con esa licencia hablaré con verdad; y con verdad, señora, soy un cortesano, á quien usted no conoce.
CRISTINA.
Asi es la verdad.
SOLÓRZANO.