Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)
Part 8
La reflexión sobre tanto progreso y el estudio del origen de cada empresa, da una lección provechosa del valor que tienen las ideas y los conocimientos de las viejas civilizaciones para los pueblos en formación; de cómo el bien entendido patriotismo no consiste en cerrar las puertas á las industrias, á las ciencias y á los hombres de otras razas y naciones. Antes bien, consiste--y acordarán en ello altruistas y egoístas--en aprovecharles, dejándoles que aprovechen. Las empresas ferrocarrileras habrán extraído muchos millones de pesos á los argentinos para pasarlos á manos de accionistas ingleses: es cierto, los extranjeros han venido buscando su interés y no el nuestro; es innegable y es humano; pero en cambio, han hecho nuestras comunicaciones más fáciles, han acortado las distancias, han permitido é impulsado el generar de pueblos; y los adelantos quedan y valen mucho más que lo que se va. Bienvenidos sean capitales y brazos extranjeros; bienvenidos sus propósitos de enriquecimiento; que lo consigan, pues que al hacerlo, facilitan el nuestro!
Unas veces adelantándose á los hechos, otras concomitantes con ellos, congresos, presidentes y ministros, proyectaron leyes que pronto obtuvieron sanciones. Aparte de las que ya he citado, conviene recordar aquí que en materia de comunicaciones, se dictó en 1872 la ley de ferrocarriles que estuvo en vigencia hasta 1891 en que se dictó la ley número 2873 que con la reglamentación de 1894 rige actualmente. De 8 de octubre de 1875 data la ley 750, de telégrafos, reformada en un artículo en 1889. Además, la República Argentina adhirió á la convención de la Unión telegráfica internacional. Asimismo forma parte de la Unión postal universal y ha celebrado diversas convenciones postales. La ley de correos sancionada en 1876 rige en la actualidad.
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En materia de comercio, nada tan claro como las cifras para indicar los progresos. Los datos del censo nacional de 1895, completados con los estudios y trabajos que publica la división de comercio é industria, dirigida por don Ricardo Pillado, informan al detalle. Baste establecer que en 1895 el valor de la importación alcanzó á la suma de 205.154.420 pesos oro; el de la exportación á 322.843.841 pesos oro quedando por consiguiente un saldo á favor del país de 117.689.421. Débese hacer constar, sin embargo, por respeto á la verdad, que ese saldo fué excesivo en relación á los saldos de años anteriores y posteriores, no porque hubiera en ellos diferencia apreciable en las cifras de importación sino porque la hubo en las exportaciones. Los principales capítulos, casi el total de la exportación, los dan los productos de la ganadería y de la agricultura. Los de la importación, las materias textiles, los artículos de locomoción y transportes, los materiales de construcción y los artefactos de hierro.
Como disposiciones legales que al comercio se refieren, recuérdese que en 1876 se dictó la ley general de marcas de fábrica, que rige aun, con las modificaciones introducidas en 1900. Desde 1899, la Argentina adhirió á las disposiciones tomadas en esta materia por el Congreso de derecho internacional privado, reunido en Montevideo.
4. Hemos hecho ya referencia á las disposiciones tomadas para la introducción de inmigrantes agricultores, de las medidas puestas en práctica para conseguir la formación de colonias, y al número de éstas que existían en la fecha del segundo censo. Débese aquí agregar las cifras que completan la demostración de los progresos: Hectáreas cultivadas en 1872, 580.008; en 1888, 2.459.120; en 1895, 4.892.005. Buenos Aires, el litoral, Córdoba, Mendoza, San Juan y Tucumán, son los mayores contribuyentes y como expansión de estas, comienza en la época á adquirir importancia la agricultura de Santiago del Estero, San Luis y La Pampa. El trigo, maíz, pasto seco y lino, en el orden de enumeración, son los cultivos predilectos según las estadísticas.
Con el desarrollo de las colonias, con la especialización en los cultivos, llegaron las mejoras en los instrumentos de labranza, que disminuyen el trabajo, multiplican los rendimientos, y hacen de este modo más fácil y agradable la vida del agricultor. Con el desarrollo de la agricultura vino también la subdivisión de la propiedad. Las estancias cedieron los lugares vecinos á las grandes ciudades para que los ocuparan quintas y chacras; aumentó así el número de propietarios y se facilitó el arraigo de los extranjeros al suelo. Estos se establecieron de un modo definitivo en general: propiedad y familia son sólidos vínculos; el tiempo los hace más fuertes y la nación gana nuevos trabajadores, que serán padres de futuros ciudadanos.
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Los progresos ganaderos deben entenderse en el sentido de la mejora del producto: con esto se consigue mejor rendimiento y colocación en el mercado universal. En 1895, los animales argentinos no se criaban solo en grandes potreros, sin cuidado alguno. Desde tiempo atrás, en estancias y cabañas se cuidaban animales seleccionados que servirían para la reproducción. En ferias y exposiciones se obtenían ya altos precios y los buenos resultados estimulaban al trabajo. Se combatía así también la degeneración del ganado criollo, tantas veces afirmada aunque no probada aún de una manera positiva.
El ganado en las estancias mejoró; es que ya los estancieros no son sólo los hijos rebeldes de familias pudientes, ó los criollos reacios á otras faenas, como pudo acaecer en otros tiempos; hay entre ellos cantidad de individuos que han educado su mente, y la educación en una disciplina cualquiera, la ha ampliado facilitando la comprensión de otras ideas. Son hombres pudientes que unen á éstos, otros conocimientos; más aun, en la fecha comienza la tendencia á encomendar el cuidado y dirección de las estancias y establecimientos rurales, á especialistas que harán ciencia del oficio y substituirán los viejos sistemas por los que los conocimientos científicos, el estudio y la experiencia proporcionan.
El progreso ha consistido, pues, en el mejoramiento de los animales. En cuanto al número, las grandes exportaciones no han permitido que la cifra de existencia en el territorio, aumentara. Más aun, se notaba en la época, una tendencia á la disminución. El censo de 1895 hace comparaciones numéricas con los datos de 1888 y contiene estas cifras:
1888 1895 Ganado vacuno 21.961.657 21.701.526 -- caballar 4.234.032 4.446.212 -- asnal y mular 417.494 483.369 -- lanar 66.706.097 74.379.562 -- porcino 393.758 652.766 -- cabrío 1.894.386 2.748.860
datos que ponen en evidencia las afirmaciones que acabo de hacer. El ganado lanar y el cabrío habían aumentado sin embargo á pesar del gran consumo y exportación que se hace del primero. Inundaciones, secas y pestes, redujeron después ese número de ganado lanar, haciéndolo entrar también en la regla de la disminución que se notó en las demás especies de ganado.
En cambio el mestizaje y la pureza aumentaron; de una fecha á la otra, el ganado vacuno tuvo un aumento de 1.289.547 en los mestizos y de 34.358 en los puros; el caballar, de 155.976 mestizos y 10,620 puros; el lanar, de 14.103.316 mestizos y disminución en 45.698 puros; en fin el porcino, aumentó en 67.041 mestizos y 10.105 puros.
En cuanto á la distribución geográfica de los animales, el este ó litoral, lleva enormes ventajas al resto de la nación, salvo para el ganado mular y asnal en los que las del oeste ó andinas ocupan el primer puesto á causa de la forma territorial que hace indispensable esa cría en aquellas regiones.
Como resumen, repito, pues, que los progresos en esta materia han consistido en la aplicación de métodos de cuidado de animales, métodos unos traídos de fuera, otros de origen nacional, y en la introducción de animales finos, idea esta última preconizada por Rivadavia y que sólo daría sus resultados esperados, tantos años después.
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El estudio de los progresos y mejoras en cada una las industrias, llevado al detalle, sería fatigoso y en parte extraño á este trabajo. Me he detenido algo en los de las industrias ganadera y agrícola por ser éstas las de mayor importancia en nuestro país. Trataré con brevedad lo que á las otras respecta.
La industria vinícola y la industria azucarera que caracterizan regiones continuaron sus progresos en cuanto á mejoras en los métodos y en cuanto á cantidades de productos.
La primera, desde 1890 hizo que la importación de vinos se redujera considerablemente; la segunda, no solo bastó para el consumo nacional (no obstante lo cual hubo una pequeña importación) sino que preparó la plétora que poco después se produjo.
En ambas industrias, los propietarios y trabajadores argentinos, son más numerosos que los propietarios y trabajadores extranjeros. Tienden á ser éstas, industria nacionales por excelencia, y las regiones de su cultivo, muestran al viajero en cuánto adelantan en virtud de tales producciones.
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Respecto de las industrias en general, el censo trae un cuadro del que tomo estos datos.
RESUMEN DE LAS INDUSTRIAS DE LA REPÚBLICA
Clave A = Argentinos B = Extranjeros
+--------------------------------------------------------------------+ | | | Nacionalidad | Personal | | | Número | de los | empleado | | Industrias | de | propietarios | | | | casas +--------^-----------------^--------+ | | | A | B | A | B | +-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+ |1. Alimentación | 4.082 | 508 | 3.574 | 8.345 | 18.726 | |2. Vestido y tocador | 5.713 | 647 | 5.066 | 10.414 | 22.185 | |3. Construcciones | 3.955 | 960 | 2.995 | 12.702 | 17.817 | |4. Muebles y anexos | 2.259 | 326 | 1.933 | 4.123 | 8.598 | |5. Artísticos y ornato | 949 | 173 | 776 | 803 | 1.757 | |6. Metalurgia y anexos | 3.163 | 389 | 2.774 | 4.018 | 10.613 | |7. Productos químicos | 317 | 56 | 261 | 2.203 | 2.509 | |8. Gráficos y anexos | 427 | 122 | 305 | 2.558 | 2.522 | |9. Mixtas y diversas | 1.339 | 317 | 1.022 | 7.190 | 8.567 | | +--------+--------+--------+--------+--------| | | 22.204 | 3.498 | 18.706 | 52.356 | 93.294 | +-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+
Este cuadro muestra á las claras que la industria argentina está en manos de extranjeros. Los propietarios extranjeros de casas industriales, son seis veces más que los propietarios argentinos. Del personal empleado es extranjero, dos terceras partes. En ninguno de los grupos de industrias hay más propietarios argentinos que extranjeros; y sólo en las artes gráficas y anexos, los trabajadores nacionales exceden en una pequeña cifra á los extranjeros, y en número de alguna consideración en el grupo de «mixtas y diversas».
En algunas industrias en particular, la regla anterior tendrá excepciones; pero en los grupos de industrias, es tal cual se ha expresado.
Quiere esto decir que la nacionalización de las industrias está en plena efervescencia; que tiempo pasará todavía para que se pueda hablar de industria nacional, entendiendo por tal no ya la de productos exclusivamente argentinos, sino con referencia á la nacionalidad de los propietarios. Si la industria es factor determinante en la vida nacional; si propietarios y operarios en la aplicación de los métodos distintos, seguidos en países diversos dan á los respectivos trabajos modalidades características, bien puede decirse que también en esta materia, la nacionalización se prepara, con cantidad de combinaciones y formas, en que todas las anteriores tienen cabida, para dar con el tiempo, su carácter propio, á la que será poderosísima industria nacional.
5. La ciencia en general, no es sino prolongación de la europea, y por tal motivo no me detendré en su estudio. Sigue los movimientos de aquélla, disfruta sus triunfos, se plantea los mismos problemas. Acá y allá es una sola.
El progreso de las bellas artes, en el sentido de nacionalización del arte, es desigual, en una y en otra.
No se puede hablar de arquitectura argentina con referencia á 1895. Era permitido, como es ahora, á simples constructores afear la ciudad con las monótonas casas en forma de tren; les era permitido también, como ahora, idear los más extravagantes modelos, con frentes arlequinescos, grutas á la calle, castillos medioevales con adornos renacimiento ó Luis XV y tantas otras cosas que dañan á la futura arquitectura nacional y acostumbran á los jóvenes á no horrorizarse ante ellas. Costumbre peligrosa porque permite que surjan imitadores... Lo dicho es aplicable á las ciudades grandes: Buenos Aires, Rosario, La Plata, un poco Córdoba también. En las demás, el sistema colonial de construcción con amplios y cómodos patios, domina, y es sin duda preferible á las construcciones á que acabo de referir. Todo esto no impide que se reconozca que en la época del censo existieran y muchos, buenos edificios y que hubiera ya, sobre todo en Buenos Aires, muchas de las hermosas casas que hoy posee.
La escultura, que comenzara con el italiano Camilo Romairone, ha hecho algo más. Algunos argentinos se trasladaron á Europa, adquirieron conocimientos, los difundieron después y el progreso en la materia es evidente.
La pintura, en manos de extranjeros que trabajan acá, tuvo buenas producciones: Agujari, Chartón, Romero, son nombres de extranjeros que entre nosotros trabajaron en esta bella arte, Della Valle, Fernández Villanueva, Rodríguez Etchart, Ballerini y Sivori siguieron sus huellas y honraron las bellas artes argentinas.
En fin, en música, los nombres de Bernasconi, Hargreaves y Aguirre, Berutti merecen especial recuerdo como iniciadores y propulsores.
En todas estas manifestaciones no veo nada que pueda llamarse ya propiamente nacional: son obras de gentes que han hecho estudios en escuelas extranjeras y en ellas han moldeado su gusto. No es posible, por otra parte, que las bellas artes tengan considerables adelantos, en países en formación.
El maestro Williams, en un notable trabajo, afirma que la música argentina, se orienta hacia las fuentes populares, y hace un llamado á los jóvenes artistas, herederos del genio estético de nuestros payadores. No me parece que el ideal del arte argentino sea sólo «extraer la esencia» de aquellas músicas y cantos, como en arquitectura no puede ser conservar las líneas generales de los ranchos de la pampa. Estas primitivas manifestaciones de arte, que la música y cantos de los payadores nos legaron, pueden y deben ser estudiadas, trabajadas y conservadas como patrios recuerdos, y porque en verdad encierran intensas expresiones de sentimientos, pero el ideal debe estar sin duda en algo más, y el arte nacional nacerá cuando estos restos nacionales se hayan asimilado y confundido con lo que llega de afuera y toma patria en nosotros.
En cambio, la poesía sí ha producido obras notables: el genio español, imaginativo por excelencia, ha derramado siglos de poesía en la Argentina, que se han confundido en sus hijos con todas las energías de la poesía italiana y las peculiaridades de las otras, y la nación Argentina ha podido tener una literatura nacional, con producciones tan buenas como las más perfectas de cualquier nación. Así pues, esta literatura que está casi formada y que es argentina, no la constituye la poesía gauchesca seguramente aunque ella también tenga su parte. Me refiero para la poesía á lo dicho respecto de la música.
En estas breves palabras creo dejar establecido cuál era el grado de desarrollo de las bellas artes en 1895, en la Argentina.
6. La educación é instrucción pública en las tres formas ó grados en que nuestro país la da, recibe la acción benéfica de Sarmiento y su ministro Avellaneda, ministro durante cinco años y poco después presidente de la República por seis años más. Deliberadamente hago el recuerdo de que Avellaneda ejerció acción y dió consistencia á sus pensamientos durante once años, con la única interrupción del corto período en que el doctor Albarracin fué ministro de Sarmiento. Para que los planes de enseñanza den resultados, es condición primordial, que el experimento sobre su aplicación y conveniencia no se vea trabado por nuevos planes completamente diversos, creados por otros ministros, con ideas distintas, que generalmente causas políticas llevan al gobierno, y causas políticas lo arrojan de él.
La enseñanza secundaria, sometida más que las otras á sufrir las consecuencias que los cambios ministeriales por el hecho de ser la única que directamente depende del ministro, ha tenido como carácter típico, la inestabilidad. En poco más de cuarenta años se han modificado notablemente los planes de enseñanza secundaria, más de veinticinco veces, lo que ha perturbado mucho la marcha regular de tales estudios.
Ahora bien, si Avellaneda pudo impulsar cuanto lo hizo la educación é instrucción fué en primer lugar, por la feliz circunstancia de haber permanecido tantos años en el gobierno y por la no menos feliz, de haber sido compañero, durante muchos de ellos del gran Sarmiento.
Sarmiento, sobre todo en la enseñanza primaria y en la secundaria, Avellaneda en la secundaria y en la universitaria, ambos en la normal, pusieron la enseñanza en la vía del progreso completando la obra anterior de Urquiza y Mitre. El constante desarrollo continúa después, aun en las malas épocas políticas, y la acción educadora está en todas partes: está en las esferas universitarias con la ley Avellaneda; está en la fundación de los colegios nacionales de Jujuy, Rioja, Santiago del Estero, Corrientes, Santa Fe y San Luis, y las escuelas normales, ó institutos tales, anexos á los colegios nacionales de Concepción del Uruguay, Santiago del Estero, Paraná; está en la creación de cátedras de mineralogía en los de San Juan y Catamarca, de agronomía en los de Salta, Tucumán y Mendoza, todo ello en la presidencia de Sarmiento: está en la acción continuada en las presidencias siguientes. Colegios, escuelas, institutos especiales surgen por todas partes. Está en el llamado de maestros y maestras norteamericanos y alemanes para que enseñaran métodos de pedagogía; está, en fin, en las subvenciones á las provincias,--quizá las únicas subvenciones justas--destinadas á facilitar el desarrollo de la educación é instrucción. Está en la preparación de maestros; está en la ley de educación común de 1884, en la preocupación constante que por la enseñanza mostraron nuestros hombres de gobierno, ó nuestros escritores de ciencia política.
Es claro que quedó mucho por hacer; que el censo de 1895 reveló un considerable número de analfabetos, pero tampoco era posible hacer más en pocos años. No bastan los buenos deseos para instruir una población, y en cuanto á la educación es muchas veces obra de siglos. Los progresos en materia de instrucción, son de los más halagadores que el período encierra.
7. Pasamos á la legislación. Recordé en el capítulo anterior, que desde 1862, existe el código de comercio. Sucesivos proyectos de reforma, de 1870, 1876, 1879, 1887, 1889, este último hecho ley, no revelaron que los anteriores no fueran buenos: indicaron en primer lugar, que las actividades cambiaban á diario, que las nuevas situaciones imponían otras reglas y que preciso era seguir á la costumbre y fundar en ella las leyes. Debo recordar asimismo, aunque pertenezca á época posterior, la reforma de 1902, en la parte referente á quiebras, que responde á causas semejantes. En segundo lugar, revelaron la dificultad en el dictado de leyes para pueblos en formación, con psicología poco estudiada y á la vez difícil de estudiar por sus diarias transformaciones.
El código civil, sancionado en 1872, ha recibido la más buena acogida en la opinión de quienes, dentro y fuera del país, á tales estudios se han dedicado, con pocas y no muy justificadas excepciones. Mezcla de estudio de las costumbres y de aplicaciones de razonamientos abstractos[57], tiene tal vez muchas disposiciones cuya reforma se hace á diario más necesaria; pero en general, es obra digna de los mayores respetos, y que coloca á su autor entre los hombres que con mayor caudal contribuyen á la formación de nuestras instituciones. Ejemplo de las reformas que las transformaciones sociales hicieron necesarias á punto de determinar la modificación de la ley, fué la legislación sobre el matrimonio. El sistema religioso adoptado por el legislador, pudo llenar las necesidades en la época en que fué sancionado; pero las transformaciones del país, impusieron la necesidad del cambio. El poder ejecutivo en su mensaje de 22 de septiembre de 1887, acompañando el proyecto de ley de matrimonio civil, decía en su comienzo: «El creciente aumento de la inmigración europea, ha puesto de manifiesto la necesidad de reformar nuestra legislación sobre el matrimonio. El código civil sólo autoriza el matrimonio religioso, celebrado en conformidad á sus disposiciones y según las leyes y ritos de la Iglesia á que los contrayentes pertenezcan. Muchos habitantes de la república ó no tienen en el país sacerdotes de la comunión á que pertenecen, para que bendiga su unión, ó no profesan culto externo alguno, creyendo en Dios y adorándolo como autor de lo creado.» La discusión que tuvo lugar en el siguiente año, fué larga, y quien la lee ve como las nuevas ideas deben combatir para imponerse á los prejuicios: como de una cuestión de orden, se hace cuestión de fe, y como al fin, triunfa la reforma. Los peligros que se presagiaban por los enemigos de la proyectada ley, no se han producido, y en cambio su sanción ha importado una libertad más á las que nuestra constitución y nuestras leyes aseguran á todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino[58].
El código penal ha sido el más desgraciado. El doctor Tejedor redactó hacia 1865-1867 su conocido proyecto. Veinte años pasaron sin que las cámaras legislativas lo sancionaran, en tanto que algunas provincias lo adoptaban. Después de tanto sueño en las carpetas del congreso, éste sancionó, tomando algunas ideas de él, el código penal, «al cual por falta de respeto á la verdad, los autores llamarían en la ley, código del doctor Tejedor»[59]. Nuevo proyecto se redactó en 1881; se sancionó otra reforma en 1886; de 1891 data otro proyecto. La inercia legislativa malogró siempre estas iniciativas, y cuando alguna cosa hizo, fué mala. Así, y para encerrar aquí lo que á época posterior pertenece, recordaré que en 1903 se sancionó la llamada ley de reformas, tan mala, que á poco andar hizo necesaria la reparación del mal, y en 1905 se terminó la redacción de un nuevo proyecto que el congreso aun no ha considerado... Es de esperar que las leyes que aseguran la propiedad y la vida con la base del estudio del delito y del delincuente, merezcan en adelante un poco de atención.