Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)
Part 6
5. En todas las industrias los cambios verificados en el corto espacio de años fueron grandes, y puede decirse, en general, que los progresos seguían á la inmigración, y donde ella se establecía allí se implantaban aquéllos.
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En agricultura, la investigación general realizada por la inspección de colonias, permitió la reconstrucción del cuadro de la superficie cultivada en la República Argentina en el año 1872. En un total de 580.000 hectáreas cultivadas en la república, Buenos Aires cuenta 117.000, es decir, casi una tercera parte; Santa Fe con 62.548; Entre Ríos con 34.000; es cierto que Mendoza y San Juan cuentan también con cifras elevadas, debido al extenso cultivo de la viña que ya entonces se hacía en aquellas provincias. Por ser estos datos más precisos, los he tomado para referirlos á la época que trato, pues dos años de diferencia no pueden alterar profundamente las deducciones que permiten las cifras comparadas[48].
La agricultura estaba estrechamente relacionada á la fundación de colonias; Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba vieron surgir en su territorio numerosas colonias y los gobiernos se apresuraron á ayudarlas. En Santa Fe se fundaron con franceses, suizos é italianos, las colonias Esperanza (1856), San Jerónimo (1856) y San Carlos (1857) para llegar en 1870 á contar 31 colonias agrícolas. Buenos Aires, tuvo por primera colonia á Baradero, en 1856 con suizos y alemanes y poco después, nueve pueblos agrícolas, dieron muestra de vida potente. En Entre Ríos, Urquiza fundó la colonia San José en 1857 con italianos, franceses, suizos y alemanes y poco después le siguió Villa Urquiza (1858) en que se establecieron agricultores alemanes, franceses, españoles, belgas, italianos y suizos juntamente con cincuenta familias argentinas[49]. En Córdoba, la primera colonia, Tortugas, es de fecha posterior: fué establecida en 1870; no obstante, la importancia agrícola de la provincia era ya grande entonces, y mucha la extensión dedicada á la agricultura; los alfalfares que introdujera de un modo casual Patricio Oyolas en 1861, se habían extendido y comenzaban á adquirir el buen nombre que conservan.
En el informe del señor Wilken, sobre las colonias agrícolas que visitó en 1872[50], se encuentran interesantísimas noticias sobre la vida, educación, modos y útiles de trabajo de todos aquellos pobladores; y todas esas gentes de diversas razas históricas, puestas en contacto y unidas también á los nacionales, debían forzosamente producir descendientes con nuevos caracteres, que heredarían sus costumbres y que podrían tener al lado de la inclinación á los trabajos ganaderos y del sentimiento de desprecio de la ley, los sentimientos de orden y respeto y la convicción de que la agricultura puede ser también fuente de riqueza particular y pública.
Todo el desarrollo de las colonias está íntimamente relacionado con las medidas y propósitos para atraer la inmigración á que antes hemos hecho referencia.
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Los productos de la ganadería mejoraban: algunos estancieros renovaron las iniciativas del tiempo de Rivadavia tendientes á mejorar el ganado con el cruzamiento de otros de clases superiores, traidos de Europa. En un principio se tuvo poca confianza y pocos fueron los que se dedicaron á tal empresa, prefiriendo la mayor parte dejar obrar á la naturaleza sin preocuparse del mejoramiento. Poco á poco el ensayo, que correspondió á algunos estancieros ingleses establecidos en Buenos Aires, tuvo imitadores en los argentinos. Por otra parte, el ganado lanar, había mejorado desde 1824, con las iniciativas de Pinto, Capdevila, Bell, Harrat, Sheridan. Todo esto permitió en 1859 al gobernador de Buenos Aires, alabar los adelantos de la Argentina y alzar en discurso memorable un himno de felicitación á los _pioneers_ de la agricultura y ganadería argentina[51].
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No hay datos abundantes sobre las industrias de la época. No obstante, por los nombres de las profesiones que da el censo de 1869, como por algunas investigaciones particulares en determinadas industrias, puede llegarse á la conclusión que aun en esa fecha aquellas eran pocas relativamente y que primaban las que se referían á alimentación, vestido, construcciones, talabartería y herrería; y en cada región las que hacían posibles las circunstancias y la mejor condición del suelo: en Mendoza y San Juan la vinícola, en Tucumán la azucarera, etc. Más entonces todavía aquellas industrias producían en reducida escala: así, por ejemplo, hacia la época del censo, la importación de azúcar alcanzaba á 22.000 toneladas por año; la de vino á 600.000 hectólitros.
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Con todos esos progresos, con la mayor producción, con las mayores facilidades para las comunicaciones, con las franquicias constitucionales, con la afluencia de extranjeros que dejaban lazos de amistad y relaciones financieras en Europa, fácil es comprender, que el comercio nacional y extranjero, interior y exterior, aumentó considerablemente.
Las naciones con quienes se comerciaba en mayor escala, estaban en el siguiente orden: Inglaterra, Francia, Estados Unidos y España. Es así que en 1869 pudo considerarse como extremadamente pequeño el movimiento de navíos efectuado en 1856 y que había asombrado en aquel año por su cantidad: llegados 616: salidos 613.
La profesión de comerciante, contaba entre las principales, y jóvenes distinguidos no se ruborizaban porque se les viera midiendo piezas de género detrás de un mostrador ó dirigiendo las maniobras de desembarque de los fardos de mercaderías.
Este estado de cosas originó diversas leyes y medidas de gobierno. Dos hay que deben ser recordadas por su importancia para el comercio del mundo entero: la ley de 1^o de septiembre de 1863, que hizo obligatoria la adopción del sistema métrico decimal, tan útil y conveniente que hace cada vez más risible la terquedad anglo-sajona á su respecto; la segunda es la ley de 1864 sobre patentes de invención, reglamentada en 1866.
6. La constante transformación del país, la llegada continua de inmigrantes portadores de ideas, la nueva vida que el país adquiría, hicieron necesarias nuevas leyes que acordaron con las nuevas modalidades. Incidentalmente he indicado ya al hablar de la inmigración, educación, etc., las consecuencias institucionales que los cambios originaban. Mas, aun debo recordar el hecho de que además de esas leyes especiales se vió la necesidad de leyes generales, códigos destinados á regir las relaciones civiles y de comercio.
Desde el gobierno de Urquiza, se comprendió aquella necesidad de fáciles compilaciones de códigos que reglaran derechos; en 1854, por ley se determina para aquel fin, el nombramiento de una comisión de jurisconsultos; la constitución de 1853 y la de 1860, dan al congreso la facultad de dictar los códigos civil, penal, comercial y de minería.
El único que tuvo sanción en este período fué el de comercio: en 1862 se declaró nacional el vigente en la provincia de Buenos Aires. Sus reformas, así como la sanción de los otros códigos pertenecen á época posterior.
7. Entiendo haber aportado suficiente cantidad de datos para que se admitan como establecidas: en primer término la rápida transformación del país en el período de que tratamos; en segundo lugar, que aquellos cambios y adelantos han sido debidos principalmente á la inmigración europea no española, que llegó en abundancia á nuestras playas.
Se nos presenta el país en 1853 como una nación rutinaria y sin embargo llena de individuos de grande inteligencia; de sangre ardiente como lo es la española, llenos de valor y exaltados en el sentimiento del honor, dispuestos á defenderlo al primer menoscabo real ó supuesto. Llenos de alma y al mismo tiempo sometidos de espíritu, sin darse cuenta de ello. Á fuerza de sentirse luchadores, pelean y cuando no tienen enemigos exteriores, los buscan en otras provincias, en otros partidos políticos y aun en otra vecindad. Aptos para el trabajo, lo desprecian y lo dejan á extranjeros, y las ventajas de la industria es cosa que no los preocupa.
De continuo llegan extranjeros, individuos de otras tierras, más acostumbrados al trabajo porque en su país la vida es más difícil. Se insinúan en la sociedad, aportan ideas y sentimientos; la ley de la imitación ejerce función importante. Se establecen en la capital, en el litoral y comienzan á llegar al interior. Adquieren vínculos de familia, con los naturales, transmiten ideas á sus hijos, que serán modificadas por las de la otra herencia, por las del medio y la educación. La ciudad empieza á cambiar de aspecto: hay mayor luz, hay tramways y empedrados; los progresos son continuos; el ferrocarril substituye á la carreta; se fundan colonias, los campos también cambian de aspecto: el verde claro de los pastizales, es substituído por el amarillo de los trigales, ó verde vivo de los campos de alfalfa; los animales mejoran; las costumbres evolucionan y la transformación continúa. Arriban inmigrantes y producen argentinos de la nueva raza que será. El país se pacifica, y los resultados del censo de 1869 y de las investigaciones en los diversos aspectos de la actividad, traen á los corazones grandes esperanzas y se cree en la futura realidad de las mejores ilusiones.
CAPÍTULO III
1895: EL SEGUNDO CENSO NACIONAL
1. La sociedad argentina de 1895. Inmigración; medidas protectoras. La tendencia anti-extranjera. Los naturalizados.--2. Cambios políticos y situación económica.--3. Vías de comunicación.--4. Agricultura y ganadería; otras industrias.--5. Las ciencias y las artes.--6. La educación é instrucción pública.--7. La legislación.--8. El socialismo. Conclusión.
1. El segundo censo nacional se realiza en 1895, bajo la dirección del mismo doctor Diego G. de la Fuente que veintiseis años antes había presidido la confección del primero.
En esta época se pudo hacer la operación con mejores elementos: el país se conocía más, las estadísticas eran llevadas con mayor cuidado, se habían realizado censos locales en épocas diversas, existía mayor facilidad de comunicaciones, factores todos que ayudaron en la obtención de buenos resultados.
Los cambios y transformaciones que el censo tradujo, admiran, pareciendo imposible que sea sólo la distancia de veintiseis años la que media entre la nación como era según hemos tratado de comprenderla en el anterior capítulo, y la que las cifras del segundo censo nos dan.
Para llegar á penetrar estos cambios, no se puede tomar simplemente las dos épocas y hacer comparaciones. Es necesario seguir el desarrollo cuanto sea posible. Ver por qué se transforma, cuáles influencias determinan los cambios, qué orientación dan á las leyes é instituciones políticas.
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El factor étnico, al que con preferencia se refiere este trabajo, impone de la causa de muchos cambios, como afirma el carácter de nacionalidad por raza en formación. Para que una nacionalidad tal, adquiera sus modalidades distintivas, son necesarias cantidad de adaptaciones y de evoluciones.
Comenzaré pues, por el factor étnico, para estudiar luego las transformaciones materiales, relacionando uno y otras con las disposiciones legales que ha motivado ó que las han favorecido.
El número total de inmigrantes arribados por año, que en 1869 era aproximadamente de 38.000, aumentó con variaciones más ó menos grandes; en 1873 alcanza á 76.000, para disminuir luego y aumentar de nuevo, pasando por primera vez en 1885 de 100.000; en 1889 llega á la cifra de 220.000 y desciende de nuevo: se cuentan en esta línea los llegados por vía de Montevideo.
Á los italianos les correspondió siempre el primer lugar: en 1873, de los 48.000 llegados por vía de ultramar, 27.000 eran italianos; en 1881, de 80.000 eran 63.000; en 1889, 88.000.
Españoles, franceses, ingleses, ocupaban los puestos siguientes y luego los súbditos de los países que los ocupaban también en la época anterior.
Á todos ellos se agregó una nueva corriente de rusos, holandeses, portugueses, norteamericanos en número que obliga á tenerlos en consideración, pues que cruzándose con nacionales y extranjeros de otros países residentes aquí, tendrían también su parte en la formación del tipo argentino.
El gobierno continuó fomentando la inmigración con medidas de índole diversa: unas veces se creyó que la espontánea era la mejor, más económica y más verdadera en el sentido de la posibilidad de su arraigo en el país; otras, en la necesidad de la protección amplia, con pasajes, alimento, tierra garantida; alguna vez se estimó necesaria la propaganda en Europa y fueron comisionados con ese fin. El 10 de agosto de 1869 se creó la Comisión central de inmigración, que duró en su funciones hasta 1874. Sus proyectos, consejos y resoluciones encontraron buena acogida y sus planes de colonización recibieron el apoyo y el concurso de hombres influyentes de todas las nacionalidades[52].
En 1875 se autoriza al poder ejecutivo para fomentar la inmigración dando tierras y facilitando el establecimiento de los inmigrantes. En 1876 se dicta la extensa ley de inmigración y colonización en la que con el convencimiento completo de la necesidad y conveniencia de la inmigración, como asimismo con la visión clara de los medios propios para atraerla, se establecen disposiciones referentes al régimen administrativo y las funciones del departamento de inmigración; á los agentes en el exterior, á las comisiones de inmigración en las ciudades capitales de provincia, á las oficinas de trabajo que debían establecerse en Buenos Aires y en las capitales donde existiera comisión de inmigración; al desembarco de inmigrantes, á los buques conductores de inmigrantes, y beneficios que se les acordaban; al alojamiento y manutención, enfín á la internación y colocación, y los fondos para realizar tales propósitos.
Nuevas medidas dictadas en 1887 y 1889, completaron aquellas benéficas disposiciones, con resoluciones sobre construcción de hoteles de inmigrantes, anticipos de pasajes, propaganda, etc.
Es curioso observar, que aun cuando la Constitución entiende facilitar el establecimiento de inmigrantes que traigan por objeto no sólo cultivar la tierra, sino también ejercer las industrias, etc., la mayor parte de las medidas adoptadas en esta época, en la posterior y hasta ahora, relacionan de una manera casi exclusiva la inmigración con la agricultura y establecimiento de colonias. La misma ley de 1876 es ley de inmigración y colonización. Las provincias á la vez que la nación, en leyes y decretos tienden á fines semejantes.
La provincia de Buenos Aires dicta la ley de egidos, estableciendo formas para la venta de tierras, y en 1887 tiene origen la famosa ley de centros agrícolas, tan discutida, tan buena en abstracto y desastrosa siempre por las facilidades para negocios pocos limpios. Surgen así en Buenos Aires pueblos agrícolas que impulsan el adelanto de la provincia.
La colonización en Entre Ríos, á su vez hace grandes adelantos, y acertadas medidas de gobierno le permiten presentar en 1895, 176 colonias.
Corrientes también, desde 1869, toma disposiciones respecto de la inmigración, con la ley de tierras reservando lugares para el establecimiento de colonias agrícolas; en 1876 con el contrato para el establecimiento de la colonia agrícola industrial «Corpus», y con el celebrado en 1877 con los señores Firmat, Napp y Wilken para colonizar Misiones. En 1895 podían contarse en Corrientes 25 colonias, aunque no todas hubieran debido su origen á esas disposiciones, y aunque algunas fueran colonias sólo en el nombre.
Santa Fe más que todas, admira con sus progresos. Sus gobiernos se preocuparon de inmigrantes y colonias con un empeño digno de los mejores recuerdos. El señor Alsina en la obra citada, enumera[53] todas las medidas de gobierno que tienden á la colonización, y á protección de inmigrantes: desde las medidas anteriores á esta época prohibiendo la venta de tierra pública en previsión de futuras colonias (1853), hasta los contratos con Castellanos ó con Romang, cediendo al primero tierras para que establezca colonias y construya un ferrocarril, y vendiéndolas al segundo á condición de que las pueble con familias agricultoras traídas de fuera de la provincia; las medidas de gobierno, ayudando eficazmente á las condiciones del terreno, han dado á Santa Fe el rango importante que ocupa como provincia colonizadora por excelencia y que le permitieron presentar en 1895, 298 colonias.
Á las provincias anteriores sigue en importancia y como consecuencia de la expansión de las colonias de Santa Fe, la provincia de Córdoba, que se inició con las fundación de la colonia «Tortugas» en 1879; dictó en 1871 una ley que destinó 200 leguas para la inmigración espontánea, exonerándola de impuestos, facilitándo semillas á los agricultores, etc., ley que se completa con la de 1886, que estableció la formación de colonias, concesiones de campos y solares, facilidades para la adquisición de tierras, etc. Córdoba tenía en 1895, cerca de 150 colonias, aunque debamos hacer para esta provincia también la misma salvedad que hicimos para Corrientes.
Recordemos también como resultado de la expansión santafecina, el comienzo de colonización en Santiago del Estero, que dió en la época á que nos referimos, cuatro colonias.
Todas estas medidas provocaron grandes progresos en el país y convirtieron extensas regiones antes incultas, en hermosos prados, fuentes de riqueza nacional.
Pero no quiero dejar de repetir mi observación de que la mayor parte de las medidas gubernamentales han tendido al establecimiento de colonias agrícolas y que al atraerse la inmigración se ha tenido como principal punto de mira el cultivo de los campos. Cierto es que ese cultivo es de valiosísima importancia y que representa un gran factor de riqueza argentina, el que exige mayores consideraciones, pero es cierto también que no es el único. El examen de la vida argentina y de sus progresos, los revela en muchas manifestaciones de la actividad. El progreso y la riqueza no están sólo en las hectáreas cultivadas. Lo están también en las artes y en las industrias de toda especie; y bien, las medidas tendientes á la protección de las industrias son escasas; para algunas no existen; para otras los impuestos son exorbitantes; enfín para otras más, como el laboreo de las minas y el cultivo de los bosques, no sólo no cuentan con ninguna protección, sino, lo que es peor, se admite que sean combatidas indirectamente, como lo son con los fletes elevados, á tal punto que se prefiera importar tales productos á elaborarlos en el país.
Creo que pueden y deben protegerse las industrias nacionales con disposiciones correspondientes á las que se han tomado para la agricultura. Hay modos más eficaces de protección, que las exorbitancias aduaneras á los productos extranjeros, que sólo encarecen la vida. No son necesarias medidas de proteccionismo aduanero para que prosperen las industrias. El proteccionismo bien entendido debe estimular y favorecer la industria dentro del país, eximiendo de impuestos á las máquinas, rebajando contribuciones, facilitando y favoreciendo la inmigración apta para esos trabajos, con preferencia al exceso de impuesto en beneficio de unos pocos industriales.
Además de la inmigración que arroja millares de brazos agricultores é industriales, futuros padres de individuos argentinos, dos hechos de suma importancia para la constitución de la raza argentina registra esta época: el primero es la constante disminución del elemento negro. Esta época no hace en ello sino continuar la anterior. El elemento negro tiende á desaparecer con gran rapidez: primero las guerras en que se les hacía servir, después las enfermedades y pestes que parecían encontrar en ellos buen material de consumo; los cruces enfín lo han disminuído hasta casi hacerlo desaparecer. En 1869 era corriente y de muchas veces al día, ver individuos de color. En la época del segundo censo, como ahora, se pasan días y semanas sin notar su presencia, excepto para los _habitués_ á ciertas oficinas públicas, en las que los restos de la extinguida falange llenan con gravedad las funciones de porteros.
El segundo hecho á que entiendo referirme, es la conquista del desierto, la liberación para siempre de territorios inmensos sometidos á la autoridad del indio semicivilizado, que asolaba sin descanso las poblaciones vecinas y hacía incómoda y peligrosa la vida en aquellas apartadas regiones. La conquista del desierto que terminó el 24 de mayo de 1879, entregó á la civilización extensas regiones que hoy puebla el elemento blanco en villas, chacras, estancias.
La inmigración que aumentaba el número de habitantes de nuestro territorio, continuó en este período; la distribución se hizo en la misma forma y regiones á que hemos referido en el anterior capítulo; fué así por razones geográficas y climatéricas fáciles de comprender. Con ella fué el progreso, y en general sólo existió éste donde aquella llegó. Digo en general, porque hay excepciones, como lo son Mendoza y Tucumán. En estas provincias los progresos son evidentes, no obstante que la inmigración europea fuera relativamente escasa. Mendoza con sus vinos y Tucumán con el azúcar, han alimentado industrias de la mayor importancia en que el elemento nacional ha trabajado grandemente, aun cuando ciertos procedimientos, ideas ó reformas correspondan á algunos extranjeros. Las provincias mencionadas han experimentado así adelantos que las colocan en el orden del trabajo en igualdad de condiciones á la capital, provincia de Buenos Aires y provincia de Santa Fe[54].
La población aumentó mucho es verdad, más no todavía en relación con las posibilidades de su crecimiento. El número absoluto de población fué en 1869, 1.830.214 habitantes: en 1895, 4.044.911, lo que representa un aumento de 121 por ciento que si bien es notable en abstracto, no lo es si se considera que en él está comprendido el aumento vegetativo de los nacionales, el inmigratorio de una poderosa corriente y los hijos de los inmigrantes. En cuanto al aumento proporcional es sumamente irregular: desde Santa Fe con un 346 por mil, la Capital con 255 por mil, ó Buenos Aires con 199 por mil, hasta Jujuy con 23 por mil, Santiago con 21 por mil y Catamarca con 13 por mil, lo cual es realmente poco.
Mas adelante, (pág. 140-141) se encuentra un cuadro semejante al que hice con los resultados del censo de 1869 (pág. 65).
Sus cifras revelan la desproporción en el aumento de población en diferentes regiones; la zona litoral tiene un aumento de 1.700.000 en un total de 2.200.000, desproporción enorme que pone de manifiesto la influencia de la geografía física en los destinos de un pueblo.
La importancia numérica de las respectivas inmigraciones guarda como se ha dicho el siguiente orden: italiana, española, francesa, inglesa (hasta 1881 en que es superada por la alemana, con excepción de alguno que otro año.) Siguen luego la austriaca, suiza y belga. Á partir de 1890 la inmigración rusa adquiere una importancia grande, tan grande que en años posteriores lucha hasta con la italiana y española para lograr los primeros puestos. De tal influencia corresponderá ocuparnos en el capítulo siguiente. Inmigración de difícil amalgama, puede, si logra mezclarse con la población ya establecida, introducir profundos cambios en nuestra constitución étnica, que tal vez sean perjudiciales más que favorables.
Ya no es posible en la época de que tratamos seguir á cada nacionalidad para descubrir los progresos que se le deben. Los extranjeros se incorporan á nuestra vida y ponen á la Argentina en la corriente de la civilización europea. Las industrias, las ciencias, las artes, no se presentan como exclusiva pertenencia de una ó dos colonias ó grupos de extranjeros pertenecientes á algún país: pertenecen á todos, todos traen algo y los argentinos dan también.