Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)

Part 5

Chapter 53,388 wordsPublic domain

+--------------------------------------------------------------------+ |Distribución | F | G | H | I | J | |Geográfica | | | | | | |-------------------+---------+---------+---------+--------+---------+ |Buenos Aires | 657 | 28.534 | 27.141 | 9.052 | 60.686 | |Santa Fe | 27 | 1.559 | 1.728 | 690 | 4.223 | |Entre Ríos | 54 | 3.025 | 2.421 | 451 | 4.258 | |Corrientes | 65 | 432 | 462 | 100 | 1.513 | |Córdoba | 17 | 225 | 262 | 174 | 396 | |San Luis | --- | 35 | 49 | 3 | 19 | |S. del Estero | 1 | 26 | 16 | --- | 25 | |Mendoza | 2 | 75 | 78 | 11 | 75 | |San Juan | 3 | 38 | 45 | 26 | 54 | |La Rioja | --- | 10 | 11 | 1 | 8 | |Catamarca | 5 | 21 | 12 | 17 | 27 | |Tucumán | 1 | 39 | 73 | 3 | 43 | |Salta | 2 | 40 | 34 | 5 | 65 | |Jujuy | --- | 9 | 4 | --- | 12 | |Chaco | --- | --- | --- | --- | --- | |Misiones | --- | --- | --- | --- | --- | |Pampa | --- | --- | --- | --- | --- | |Patagonia | --- | --- | --- | 104 | --- | |Id. pobl. ind. | --- | --- | --- | --- | --- | |Ejérci^{to} en op^{es}| --- | 12 | 47 | 79 | 39 | |-------------------+---------+---------+---------+--------+---------| | | 834 | 34.080 | 32.382 | 10.709 | 71.442 | +--------------------------------------------------------------------+

Clave K = Portugueses L = Suizos M = Otros estados N = Africanos

+-----------------------------------------------------------+ |Distribución | K | L | M | N | |Geográfica | | | | | |-------------------+---------+---------+---------+---------+ |Buenos Aires | 1.228 | 2.369 | 3.672 | 1.067 | |Santa Fe | 127 | 2.272 | 712 | 5 | |Entre Ríos | 167 | 1.020 | 219 | 117 | |Corrientes | 121 | 62 | 45 | 21 | |Córdoba | 10 | 80 | 81 | 3 | |San Luis | 1 | 1 | --- | --- | |S. del Estero | --- | 7 | 15 | 1 | |Mendoza | --- | 6 | 20 | 4 | |San Juan | 3 | 6 | 10 | 5 | |La Rioja | --- | 1 | 1 | --- | |Catamarca | --- | 1 | 6 | 1 | |Tucumán | 2 | 6 | --- | 1 | |Salta | 3 | 9 | 3 | 7 | |Jujuy | --- | --- | 1 | 3 | |Chaco | --- | --- | --- | --- | |Misiones | --- | --- | --- | --- | |Pampa | --- | --- | --- | --- | |Patagonia | --- | --- | --- | --- | |Id. pobl. ind. | --- | --- | --- | --- | |Ejérci^{to} en op^{es}| 304 | 20 | 100 | 338 | |-------------------+---------+---------+---------+---------| | | 834 | 34.080 | 32.382 | 10.709 | +-----------------------------------------------------------+

El total de extranjeros que dió aquel censo, correspondía á una población de 1.830.214. Es así que la proporción fué de 121 por 1000. Mas, de aquel número de extranjeros, 28.000 aproximadamente son hispano-americanos no brasileros, es decir, de igual sangre que la que aquí se iba formando. Este número modifica en algo el porcentaje de individuos de sangre nueva, pero las líneas generales permanecen las mismas y los datos citados son suficientes para indicar cuál podría ser el grado de formación de la raza y cómo la transformación era desigual, pues mientras en Buenos Aires la población extranjera era tan numerosa como se ha visto, en algunas provincias, San Luis por ejemplo, su número era tan reducido que podía considerarse insignificante. Esto quiere decir, que la superposición ó mejor dicho, la transformación va en progresión decreciente de la capital al litoral, y del litoral al interior. No obstante, debe tenerse presente que en cuanto á industrias, artes y costumbres, llegaban á algunas regiones, aun cuando el número de extranjeros fuera escaso; las ideas llevadas por unos pocos, tenían en sí fuerza expansiva y se propagaban.

Hay que tener presente que para establecer la cifra exacta de los individuos de sangre argentina y los de sangre extranjera, debe recordarse el número que da la inmigración en los años anteriores, lo que aumentaría en un 20 por 100 por lo menos, para la ciudad de Buenos Aires y para el Rosario, el número de los individuos-elemento extranjero y en un 10 por 100 para toda la nación. Es verdad, también que en ese elemento hay mucho español que aunque con modificaciones impuestas por los tiempos, trata en su naturaleza de continuar la constitución étnica argentina de 1853.

Por otra parte, las condiciones geográficas, físicas y económicas del país, el camino más corto de Europa, la mayor población desde siglos establecida en las regiones del Plata, el mayor conocimiento de las mismas, la facilidad de los cultivos, del abundante riego, eran todas circunstancias que hacían preferir el establecimiento en las provincias del litoral con relación á las del interior. Como era con la inmigración que los progresos se acentuaban, se explica de por sí la forma en que ellos se desarrollaron.

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En lo que á educación se refiere, las dos universidades de antaño, continuaron desempeñando su cometido, y no obstante las deficiencias y los malos momentos porque á veces pasaran, lo cierto es que de sus aulas salían la mayor parte de los hombres que con su pensamiento tuvieron influencia en la marcha del país. En la enseñanza secundaria, este período cuenta con la fundación del colegio del Uruguay, la implantación de nuevos métodos, planes y organizaciones, en todo lo cual descuella la figura de Amadeo Jacques. Se fundan también los colegios nacionales de Buenos Aires, Mendoza, San Juan, Tucumán, Salta y Catamarca. La enseñanza primaria, encomendada á las provincias era, tal vez por aquella misma circunstancia, la más deficiente, aun cuando su existencia fuera condición para la garantía que la nación daba y da á las provincias, del libre goce de sus instituciones. Las provincias llenaron sus deberes como pudieron, y los adelantos en la materia fueron lentos.

2. La libertad de transmitir ideas había impulsado el desarrollo de las empresas de diarios: la _Ilustración Argentina_, _Los Debates_, _La América_, _La Nación Argentina_, _El Nacional_, _La Reforma Pacífica_, pertenecen á este período; entre los extranjeros, _El Español_, _La Nazione Italiana_, _L’Eco d’Italia_, _Le Courrier de la Plata_; _The Standard_, primer periódico inglés que se publicó en sudamérica, y que tuvo subvención nacional hasta 1891 y provincial hasta 1869. Del mismo modo, el periodismo se expandía en el interior: Córdoba, por ejemplo, tenía varios diarios: _El Imparcial_, _La Bandera Católica_, _El Eco_, _El Diario_. Buenas ó malas, estas publicaciones prueban por lo menos un hecho: que eran posibles; y gran adelanto es para un pueblo, la posibilidad de emitir libremente sus opiniones.

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Las ideas generales también cambiaban y se ansiaba el progreso. La vista de los adelantos que los extranjeros traían, y las noticias de que algunos naturales eran portadores á su regreso de Francia, Italia ó Inglaterra, causaban admiración. Se compararía el hábito de trabajo de los italianos ó suizos, la inteligencia de los franceses, las máquinas é inventos de los ingleses, con la nada que el país tenía. Se buscó la causa de esta inferioridad y se la encontró en aquella España que no es ciertamente la de hoy. Los escritores de aquella época pensaron que no le había bastado mantener siglos enteros á las colonias en la ignorancia y desprecio; su acción continuaba porque los argentinos llevaban en su sangre mucha sangre española; aconsejaron como supremo remedio la _desespañolización_. El país se mantendría en la obscuridad y se revolvería en luchas sin fin si no se _desespañolizaba_: «la España conquistó la América. Los ingleses conquistaron el norte. Con la España vino el catolicismo, la monarquía, la feudalidad, la inquisición, el aislamiento, el silencio, la depravación, y el genio de la intolerancia exterminadora, la sociabilidad de la obediencia ciega. Con los ingleses vino la corriente liberal de la reforma: la ley del individualismo soberano, pensador y trabajador en completa libertad. ¿Cuál ha sido el resultado? Al norte, los Estados Unidos, la primera de las naciones antiguas y modernas. Al sur, los Estados Des-Unidos, cuyo progreso consiste en _desespañolizarse_»[41]. Aquella obra era cuestión de vida ó muerte. Había que llevarla á los elementos todos de la vida, al hogar y á la escuela, á la materia y al alma. «Es necesario tener muy presente que la obra de la _desespañolización_ no consiste solamente en abolir las leyes é instituciones de la conquista. No es eso sino una parte, que podemos llamar la desespañolización exterior. La grande obra, el trabajo magno, consiste en el nuevo espíritu que debe animar á la nueva personalidad del americano. La desespañolización del alma, es pues lo principal»[42]. Á España se le reputaba la culpable, y procurando explicar el fenómeno, se llegó á ver que no pudo aquella nación proceder de otro modo. España no trató mal á sus colonias y á los habitantes de ella con un fin de maldad; aun más, este maltrato no debió parecer tal á los españoles. Y esa sumisión en cuerpo y alma no era sino la consecuencia de las ideas dominantes y por hábito convertidas en principios á los que se les tenía por verdaderos: desde la caída del imperio romano, datan las guerras religiosas, con la que emprendió Clovis para la conversión de los visigodos. El clero asumía autoridad importante, que era tomada un siglo más tarde por el clero católico visigótico; los reyes dieron gran importancia y autoridad á las decisiones y mandatos de los concilios, que vinieron á formar parte de la legislación. Y la guerra mora, de independencia y religión volvió nuevamente á hacer que la autoridad de los príncipes y de los obispos fuera grande. Para triunfar era necesaria la sumisión á los jefes, sumisión absoluta; y en cuanto á la sumisión religiosa se encargaban de mantenerla, la religión unas veces, el fanatismo y la superstición otras[43]. Esta obediencia y superstición, este dominio del espíritu se grabó en el alma de los hijos y los descendientes lo heredaron para hacerlo con el transcurso del tiempo, parte integrante de su personalidad. El principio dominó en España y pasó á América donde también dominó. Aquí mezclóse con otras ideas. Los españoles, aun de peor ralea, creyéronse amos de los nativos y comenzó la lucha sorda unas veces y tempestuosa otras, que debía, convertida en factor preponderante, decidir la lucha emancipadora. Mas la sumisión espiritual dominó, atravesó la época de Rozas y dominaba después; en las otras naciones de América siguió con mayor ó menor potencia, según las circunstancias favorables ó contrarias; en algunas, domina quizás en la actualidad; pero en todas originaba la expresión de pensamientos é ideas, y adquiría fuerzas la afirmación de que «_la emancipación del espíritu_, ese es el gran fin de la revolución hispano-americana... La civilización española consagraba y mantiene todavía en la península el principio contrario. Toda ella reposaba sobre la base de la esclavitud del espíritu humano. La política y la religión, la legislación y las costumbres anonadaban al hombre, como sér inteligente y como sér moral, porque el poder absoluto no podía existir sino sobre ese aniquilamiento. Jamás se ha visto en el mundo cristiano un poder espiritual más fuertemente organizado, más omnipotente, más completo, más invasor, más voraz, más universal que el poder constituído en la monarquía española: el hombre le pertenecía completamente, sin excepción. No tenía iniciativa ni espontaneidad y sus facultades intelectuales sólo podían concebir las ideas que aquel poder le transmitía; pero sin dar al hombre el derecho de juzgarlas; su corazón sólo podía adherir... la verdad estaba prescripta de antemano... los sentimientos, las afecciones tenían también su ley... una ley arbitraria, que no era otra que la voluntad de los hombres que tenían el privilegio de administrar el poder espiritual»[44]. Aquellos hombres que deseaban un país libre y grande, en quienes la vida del campo y las luchas civiles habían exaltado el sentimiento del valor, al ver que los hechos y la historia de los hechos señalaban á España como causa dominante del malestar, quisieron, no por rencor sino por patriotismo, _desespañolizarse_; no odiaron á la nación española sino á los métodos de gobierno, y no tendrían sus hijos inconveniente, cuando el sistema cambió aun en España, en recibir con los mayores afectos á la representante del trono español, al que tanta culpa se le daba en nuestras desgracias.

3. El período político transcurrido desde 1853 á 1869, comprende la separación de la provincia de Buenos Aires del resto de las provincias; la sanción de la constitución nacional de 1860, la reforma de 1866, la presidencia del general Mitre y el comienzo de la de Sarmiento.

El rechazo del acuerdo de San Nicolás por Buenos Aires, dió motivo á la lucha próxima. Urquiza intentó imponerse; lo consiguió en un principio. La tea incendió. Mitre levantó las milicias contra «el nuevo tirano»; se desconoció toda autoridad nacional y se retiró á Urquiza el encargo de mantener las relaciones exteriores. En 1854 se sancionó la constitución provincial para Buenos Aires, y la separación se mantuvo hasta después que las batallas de Cepeda y Pavón, sirviendo de derivativo á las energías nerviosas y á los enconos, permitieron tratar la cuestión con razones más estudiadas y en términos más pacíficos.

En 1859 la convención de Buenos Aires propuso las reformas que creía necesarias á la constitución de 1853.

Las reformas que se sancionaron fueron de poca importancia no alterando las líneas generales de aquella y consistieron en la determinación de residencia de las autoridades nacionales en la ciudad que se declarare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión de la provincia á que pertenezca el territorio á federalizarse; en resoluciones respecto á derechos de exportación y comercio, á la libertad de los esclavos que por cualquier modo se introdujeren en la república; á la prohibición de las ejecuciones á lanza y cuchillo; á la libertad de imprenta, á las cuestiones de competencia de la suprema corte, y algunas otras más. Se aclararon principios contenidos en la constitución y se buscaron soluciones á algunos reclamos posibles entre la provincia de Buenos Aires por un lado y la Confederación Argentina por el otro.

En cuanto á la reforma de 1866 consistió sólo en la supresión de la cláusula que determinaba entre los fondos del tesoro nacional los derechos de importación y exportación sólo hasta 1866; quedó establecido que aquella contribución correspondiera siempre al tesoro nacional. Y como consecuencia, la supresión en el inciso 1^o del artículo 67, la parte en que atribuía al congreso el establecimiento de «los derechos de exportación hasta 1866, en cuya fecha cesarán como impuesto nacional, no pudiendo serlo provincial». Quedó redactada esta parte así: «establecer igualmente los derechos de exportación».

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La vida financiera de una nación contribuye con notable coeficiente en sus progresos, como que es la síntesis de la vida económica, base aceptada por Marx como estructura de la sociedad, de lo que las instituciones, derecho, religión, son sólo la superestructura variable con las variaciones de aquella.

La vida financiera argentina, sin embargo, no sería suficiente para darnos á conocer la marcha de nuestra historia; los progresos y adelantos argentinos en diversos órdenes de actividad de 1853 á 1869, avanzaron al movimiento financiero que quedó un tanto en retardo porque las circunstancias así lo impusieron.

De 1853 hasta el 1860, la historia financiera argentina marcha desdoblada en dos: el estado rico, el hermano mayor, Buenos Aires, por este lado: la confederación de los otros, por aquél.

El primero no se arredró por los cuantiosos presupuestos con enormes déficits; no importaba; las necesidades los exigían y el sentimiento de la grandeza futura de la patria los autorizaba; las emisiones de papel moneda y la emisión de fondos públicos eran cosas que á diario se sucedían y las resoluciones sobre el modo de amortización de todo aquello, eran más para el papel que para ser cumplidas: la lógica de los sentimientos y el razonamiento de justificación de que Ribot nos habla en su obra _La logique des sentiments_, ocuparía un lugar prominente, dada su utilidad.

No obstante se hicieron adelantos y grandes: bastando para ejemplo, el Banco de la provincia de Buenos Aires, antigua casa de moneda, que tuvo gran prosperidad, que prestó grandes servicios al comercio y que ayudó al estado á desenvolverse en las redes de deudas y fardos de papel moneda.

La confederación por su parte, debió también pensar en el gran problema, que se presentaba para ella en las peores condiciones; los grandes remedios ideados no siempre atacaron en sus raíces los grandes males, y por eso fué un fracaso la famosa junta que se creó para regir todo lo económico-financiero de la nación, desempeñando á un tiempo mismo las funciones de crédito público, contaduría, tesorería, banco nacional, ministerio de obras públicas, dirección de correos, intendencia, etc. No dió mayores resultados la ley de derechos diferenciales, y Buenos Aires siguió dominando la situación comercial. El gobierno de la confederación se encontraba así sin créditos, sin dinero, sin bancos, sin recursos para accionar: y no podía ser de otro modo, desde que hoy mismo Buenos Aires sostiene en gran parte la nación y ayuda en mucho al sinnúmero de subvenciones que se otorgan á las provincias. Su aduana, con sus entradas que le dan _diariamente_ sumas que alcanzan y pasan de 500.000 pesos moneda nacional, es una potencia colosal que mantiene en sus espaldas muchos de los gastos que el progreso nacional ó el sistema parasitario argentino imponen á los presupuestos.

De 1860 en adelante, Buenos Aires y la confederación tienen una vida común y como consecuencia, su historia financiera vuelve á unirse; hecha la paz, porteños y provincianos juntos pensaron en lo económico; se reconocieron como una, las deudas respectivas, se nacionalizó la rica mina de la aduana de Buenos Aires y se consiguió dar alguna estabilidad al papel moneda, fijándole un precio ó por lo menos disminuyendo su agio.

Para organizar el tesoro se debió partir literalmente de la nada. Recuerda el doctor Terry en su trabajo citado, que el doctor Vélez Sarsfield, ministro de hacienda en la época, manifestaba en sus conversaciones particulares, que el gobierno había encontrado por único numerario existente en las cajas de la confederación dos pesos plata.

Entre empréstitos, garantías, impuestos, mejoraba la situación, cuando la guerra del Paraguay, vino á renovar el desequilibrio, siendo necesario recurrir á nuevos empréstitos. Más este desequilibrio es inferior al que las luchas interiores causaban, y los dineros que se iban para defender á la patria, dejarían recuerdos menos ingratos que los que se habían ido para estériles luchas intestinas.

Como síntesis y como prueba de que no obstante ésto, la marcha financiera era buena, tomo de aquel trabajo estos datos bien demostrativos que nos dan también las cifras del estado económico argentino al iniciarse el año 1869, época en que se realiza el primer censo nacional:

Renta Presupuesto pesos pesos 1863 6.478.000 1864 8.900.000 1868 12.496.000 1869 9.620.000

Al iniciarse aquel año se tenía pues, por lo menos dentro de las cosas probables, un superávit en el presupuesto.

4. En lo referente á vías de comunicación, debe recordarse que en los primeros años de este período, á las galeras de que hemos hablado en el capítulo anterior, se agregaron en 1855, las «Mensajerías argentinas». Prestó esta empresa servicios inmensos, unió lugares y sirvió para la conducción de pasajeros, correspondencia y noticias con un horario más ó menos fijo según el tiempo lo permitiera. El sistema se extendió, y en 1865 eran muchas las empresas de semejante transporte que existían en la provincia de Buenos Aires, con nombres particulares que querrían arrancar alguna evocación: «La favorecida», «La brisa del desierto», «La protegida», «Los peninsulares», y así muchas otras, que sirvieron mientras el ferrocarril no las substituyó[45].

Los ferrocarriles, acortando las distancias desalojaban las carretas. El 30 de julio de 1857, fué el primer día de júbilo que originó á la Argentina la locomotora; el servicio de trenes inaugurado aquel día, sólo recorría 24.000 varas, del Once á Floresta; en 1860 el espacio cruzado por los rieles alcanzó á 36 kilómetros; en 1865 llegaba á Mercedes, en 1866, Chivilcoy también quedó unido á Buenos Aires y fué entonces de 134 kilómetros la extensión total de las vías del ferrocarril del Oeste, al mismo tiempo que el ferrocarril del Norte permitía desde 1865 trasladarse sobre sus vías de Buenos Aires al Tigre. Poco después y mientras se acercaba por el lado de Buenos Aires el momento en que las vías llegaran á Chascomús, un suceso de importancia mayor para la república entera, de importancia inmensa para el interior, de lujo para el litoral, acaba de realizarse: en 1870--y llegamos á esta fecha, adelantándonos un tanto al límite de este capítulo,--Córdoba y Rosario, las dos ciudades poderosas, la docta y la laboriosa, quedaban unidas para siempre por las cintas de acero propulsoras del progreso. Indudablemente no todas fueron rosas en estas empresas; los capitales no siempre abundaron; fué necesario hacer grandes concesiones de tierras como la que se hizo á la empresa del ferrocarril de Córdoba al Rosario; el público tardó en acostumbrarse á los ferrocarriles, y no sólo en las clases bajas, sino hasta en las cultas; el mismo directorio del primer ferrocarril tuvo necesidad de ver viajar ensayando, al doctor Vélez Sarsfield, para animarse á imitarlo, y que los temores no eran infundados lo probó el descarrilamiento acaecido mientras viajaban las personas que lo componían[46]. Y recordemos por fin el notable signo de progreso que dice Onelli[47]: en 1864 acaece el primer choque de trenes.

Á este período pertenece también la instalación de tramways en la ciudad: el primero, accesorio del ferrocarril del Sud se estableció en 1865; el segundo en 1868, por el ferrocarril del Norte; poco después, en 1869, don Mariano Billinghurst, inauguraba el primer tramway urbano.

El correo estableció el servicio urbano en 1852; se creó en 1862 la dirección general de correos de la República. El telégrafo llegaba en 1860 hasta Moreno; en 1869 hasta el Rosario.

En fin, débese recordar que también corresponde á este período, el desarrollo de las comunicaciones marítimas directas con Europa, debido á la compañía general de transportes marítimos creada con capitales franceses.