Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)
Part 4
Las clases no pudientes del pueblo de Buenos Aires tampoco permanecieron ajenas á las demostraciones en favor del extranjero: deseaban su venida, le esperaban, le agasajaban; no importaba que el inmigrante viniera á Buenos Aires ó á la confederación: de cualquier modo llegaba á la patria próxima á constituirse, á trabajar en ella, á formar colonias agrícolas. «No son sólo las autoridades constituídas--dice un autor de la época--y la voz de la prensa sudamericana que apoyan con todos sus esfuerzos la realización de un vasto plan de colonización agrícola; la población entera favorece la ejecución de este proyecto por manifestaciones inequívocas. Hemos sido testigos de las demostraciones de fraternal simpatía que se prodigaron á un convoy de doscientas familias destinado á las colonias del señor Castellanos; á su llegada á Buenos Aires estas valientes personas se vieron objeto de una verdadera ovación. Por un acuerdo perfecto de franqueza y amenidad, por completo en las costumbres americanas, parecía querer borrarse en el espíritu de los recién llegados, las últimas tristezas que podían alimentar aun en el recuerdo de la vieja patria. Sería necesario, seguramente, citar el nombre de cada habitante de la ciudad, si se quisiera mencionar todos los actos de generosa hospitalidad que señalaron aquel día; nos contentaremos con recordar en esta obra al del señor Rams, ciudadano de Buenos Aires, quien haciendo un noble uso de su afortunada posición, hizo distribuír á los colonos, cigarros, confituras y refrescos de toda especie»[29].
Por su parte, la Confederación Argentina no procedió de otro modo; la prueba está en los decretos destinados á cumplir los mandatos de la Constitución al respecto; está en los nombramientos de cónsules, los tratados comerciales con naciones de América y Europa; está en la creación de un premio á la mejor memoria sobre clasificación y distribución de tierras públicas; en la concesión del ferrocarril del Rosario á Córdoba; está, para no citar más, en el encargo dado á Moussy, de la descripción de la Confederación Argentina, á fin de que en todas partes pudieran tenerse noticias de estas tierras; en la indemnización á los extranjeros de los perjuicios sufridos en las guerras civiles, y sobre todo en la buena acogida que recibieron los proyectos colonizadores de Brougues y Anchorena, en los que el gobierno nacional se responsabilizó por las obligaciones respectivas contraídas por los de Corrientes y Santa Fe.
Nuevas leyes, decretos, contratos, aparecen con iguales móviles, cuando Buenos Aires y la confederación formaron un solo país; resoluciones de esta índole son las leyes de 1862, autorizando el poder ejecutivo para celebrar contratos sobre inmigración extranjera, con facultad para conceder beneficios; la de libre introducción de los equipajes de los inmigrantes, en 1863, que se establece y conserva después en la ley de aduana; la creación de la «Comisión protectora de la inmigración», y en fin, muchas otras resoluciones de semejante especie, hasta la creación, en 1869, de la «Comisión central de inmigración», de cuya obra nos ocuparemos después.
Es claro que todas estas resoluciones realizadas en los hechos, en todo ó en parte tenían forzosamente que facilitar la llegada de los extranjeros que adhiriéndose á la nueva patria, darían á ella su sangre y su trabajo.
Cada nación, con sus hijos mandaba su espíritu; con su fuerza económica, su fuerza moral; allí donde ellos llegaban, traducían sus ideas en hechos y removían el espíritu; las regiones preferidas cambiaban de aspecto más pronto, las rezagadas cambiarían después. La entrada de inmigrantes que era de 1500 en 1854, alcanzaba tres años después á 4950, llegados en 1857; á 6300 en 1861, á 11.600 en 1864; á 29.000 en 1869. En estos totales, los italianos ocuparon durante todo este período el primer lugar; correspondiendo á aquella nacionalidad, siete décimos de los llegados cada año; habían desalojado á los españoles: la ciudad capital les contaba en gran número; en 1856, en sus 91.395 habitantes, contaba con 10.279 italianos; su número siguió creciendo y en 1869, el censo dió 41.957 italianos para una ciudad de 177.787 habitantes, y 71.442 para toda la nación cuya población era de 1.877.490 habitantes (contados 41.000 argentinos residentes en el extranjero). En aquel año llegaron de esa nacionalidad 21.419 individuos.
Su número fué proporcionalmente tan grande, que algunos espíritus timoratos de pocos alcances, creyeron ver en esa abundancia un peligro que se expresó en el diario de la época _Los intereses argentinos_; campaña anti-italiana efímera que murió al nacer, siendo destruída en sus comienzos, entre otras tantas, por la palabra incisiva de Héctor Varela[30]. El peligro que la educación italiana pudiera traernos y que las ideas monárquicas pudieran infiltrarse, no fueron más que alucinaciones; no lo fueron en cambio las colonias agrícolas, la población numerosa, las artes y las ciencias. Y es desde 1859, dato curioso, que los compatriotas de Colón monopolizan el cabotaje[31]. Viviendo vida argentina, no olvidaban la patria, y mantenían el recuerdo y la unión de sus connacionales agrupándose en sociedades y fundando diarios: en 1869, los italianos tenían dos diarios _La Nazione Italiana_ y _Eco d’Italia_.
España, no obstante la tendencia á la _desespañolización_, que mostraban sus antiguas colonias de aquende los mares y de la que más adelante nos ocuparemos, seguía suministrando hijos á la Argentina, brazos á la agricultura y... criados á las familias pudientes. Es un error el que expresa Daireaux[32], cuando al referirse á 1868, á las grandes afluencias de extranjeros, dice que la inmigración menos poderosa era la española; lejos de ello, ocupaba el primer lugar después de la italiana, como lo siguió ocupando en adelante con excepción de los años 1872, 1881 y 1890 en que fué superada por la francesa. Es fácil comprobar tal cosa, con las cifras de la estadística de la oficina de inmigración.
Más, la sangre española no modificó el carácter étnico argentino; contribuyó más bien á mantenerlo tal cual era, demorando la transformación; á pesar de la «oposición que los sucesos revolucionarios debían convertir en aversión y degenerar por desplazamiento de aquélla, en prurito de imitación excluyente de las ideas de la metrópoli», también es cierto que «no se elimina por la sola fuerza de la voluntad lo que arrastra la sangre ó está adherido á la estructura íntima del nervio»[33]. Y es así que el hispano continúa su dominio en la raza á pesar de la ruptura de vínculos políticos, y sus hijos venidos á estas tierras son como los enviados á mantener las tradiciones seculares de todo género. Y en la pereza, en la fácil palabra, en el valor, en la tendencia religiosa, en las formas arquitectónicas de las ciudades, España conserva su poderío que durará mucho aún, aunque el transcurso del tiempo pueda reducirlo á la expresión más abreviada del resumen.
En cuanto á las industrias, á las invenciones é ideas que forman la base de los adelantos del país, forzoso es confesarlo: ni los grandes establecimientos industriales, ni las artes, ni la ciencia, ni los ferrocarriles, ni los tramways, ni los puertos deben nada á esta inmigración, apta para recibir y adoptar los inventos y las máquinas y las faenas, pero que nada da de por sí en aquella materia. Quizás sea debido á esta causa y á este factor, que mientras en Europa los grandes inventos y descubrimientos se hacen comunes por su abundancia, y Estados Unidos compite con ventaja con la Europa toda, Sud América nada da de por sí, á pesar de la inteligencia reconocida de sus hijos, y que el único descubrimiento de importancia realizado por un sudamericano, la dirección de los globos, pertenezca precisamente á un hijo de la única nación no hispánica de Sud América.
Los franceses por su parte, habían dado un buen contingente aun en la época de Rozas, y conservaron en adelante el tercer puesto en cuanto á número de inmigrantes, llegando á ocupar el segundo en las épocas que hemos señalado al hablar de la inmigración española; los 276 llegados en 1857, son en 1869, 1465, es decir casi seis veces más. Muchos de ellos permanecían en la ciudad de Buenos Aires; en una estadística de 1856, Buenos Aires tenía 91.395 habitantes, de los cuales 9489 eran franceses, y solamente 5702 españoles. Y las ideas francesas también se expandían y se expandía su idioma, base de toda enseñanza adelantada[34]. Los franceses no eran sólo agricultores; los había también hombres de letras y artistas, hombres de pensamiento y acción, hombres de comercio é industriales: Bonpland, de todos conocido, y Moussy autor de la _Geografía de la confederación_, tantas veces citada en este trabajo, y de la _Memoria histórica sobre la decadencia y ruina de las misiones jesuíticas del Río de la Plata_; el almirante Mouchez, autor de las obras náuticas, aunque sólo fuera visitante; educacionistas como Jacques, Larroque, y Peyret; agricultores como Brougues y Lelong, é industriales como Hileret, el de los ingenios tucumanos, Sansinena, Prat, el de la tintorería, Godet, fabricante de chocolate, Molet, de conservas alimenticias, Berthe, destilero, Lavigne, fabricante de aceite, Bieckert, cervecero... Y las colonias de vascos franceses y las tiendas principales, acumulaban materiales para la nueva nación, por más que durante algún tiempo continuaran formando colonias separadas del resto de la población, y unidas en el recuerdo de la lejana patria, y contribuyera á ello, la aparición de periódicos escritos en la lengua nativa, muchos de éstos suprimidos ó desaparecidos, otros conservados como el _Courrier de la Plata_, nacido en 1865 y núcleo de la tradición francesa en el Río de la Plata[35].
Después de Francia, los países que más contribuían á poblar estas tierras eran Gran Bretaña, Austria, Suiza, Alemania y Bélgica, cada una trayendo en sus hijos sus caracteres, su inteligencia, sus particularidades.
La inmigración inglesa y alemana merece recuerdo especial; la inglesa sobre todo, más que por el número de sus súbditos que es relativamente insignificante, por los capitales que aportaron y que se fijaron en el país y por las nuevas industrias que introdujeron; es así que al hablar de ellas, se puede recordar el establecimiento de los ferrocarriles norte (1861), sud (1863) y central argentino (1863), la compañía de minas de San Juan (1863), la fábrica de Liebig (1864), el ferrocarril Buenos Aires Ensenada (1865), enfín, el nombre del alemán Felipe Schwarz que establecido en Buenos Aires en 1859, efectúa la primera construcción en el país, de un navío de vapor, para navegación de los ríos interiores.
Aunque las estadísticas sean escasas y los datos locales deficientes, conviene transcribir aquí el cómputo de la población nacional y extranjera y de la distribución geográfica, que nos da Moussy, interesante y útil como término de referencia con el de 1869.
Total Provincias Extranjeros Cifra en números en 1857 en 1857 redondos en 1860
Entre Ríos 12.044 79.282 82.000 Corrientes 2.006 85.447 86.000 Santa Fe 4.304 41.261 43.000 Córdoba 380 137.079 140.000 San Luis 153 37.602 38.000 Mendoza 3.181 47.478 49.000 San Juan ? ? 50.000 La Rioja ? ? 34.000 Catamarca ? ? 60.000 Santiago del Estero ? 77.575 80.000 Tucumán 273 84.044 85.000 Salta ? ? 70.000 Jujuy ? ? 33.000 Buenos Aires ? ? 330.000 --------- Total 1.180.000
Indios del Sud 10.000 ? -- del Norte 20.000 ? 30.000 --------- Indios de la Patagonia ? --------- Total 1.210.000
Todos estos elementos debían traer en el transcurso de algunos años grandes cambios; un día sería una nueva idea, un edificio de formas distintas, el de más allá una industria nueva; así de continuo, en modo que cuando se efectúa el censo de 1869, la población y los caracteres generales del país habían cambiado; el carácter hospitalario de la familia colonial, debía continuar, continúa todavía sobre todo en las provincias; el gaucho con sus caracteres raros, mezcla de menestral y del peregrino de la edad media, como lo ha considerado un distinguido autor, atravesaría los años, cambiaría posiciones, mas seguiría existiendo; la haraganería, que ya en 1853 había hecho fortaleza principal en los empleados de las oficinas públicas[36], seguía conservando su sitio inexpugnable en 1869, lo conservaría en 1880, sería dueña de sus hombres en 1895, cuando el censo revelara cómo había extendido sus fronteras, y el primer centenario de la revolución, invencible en sus asientos la encontraría.
La cria del ganado, que tanto papel desempeñara anteriormente, continuaba predilecta, sobre todo en un principio. Los extranjeros mismos, en algún número se dedicaban á ella, abandonando el comercio[37].
2. Pero los cambios de costumbres también son grandes aun en los detalles, y este hecho curioso lo señala: la siesta, la famosa siesta colonial, desaparece en el Rosario en 1864, debido al trabajo y á las ideas y costumbres traídas por el elemento extranjero[38]. En las ciudades en que el incremento de la población extranjera no ha sido tan considerable, aquélla se ha mantenido más tiempo y en algunas se mantiene aún.
Se introducen métodos nuevos para el cultivo de los campos: las colonias de Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y Corrientes, muestran las ventajas de la agricultura; los nacionales empiezan á tener afición á ella; en las ciudades, desde 1856 aparecen las luminarias á gas, los empedrados adelantan, el valor de la tierra sube, las modificaciones se propagan al interior, los capitales afluyen; en 1865 los serenos se declaran en huelga, «signo de progreso»[39]; en 1866, se funda la sociedad rural, de la que es iniciador con otros, el inglés don Ricardo Newton que poco antes había inventado los alambrados y ensayado la introducción de animales finos. Se le llamó loco porque pretendía con débiles alambres, sujetar la fuerza de formidables toros, y gastaba en un carnero traído de afuera, cinco veces más de lo que gastaría en el mejor carnero argentino; no importaba, sabía lo que hacía.
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De los extranjeros que llegaban, muchos quedaban en las ciudades, algunos avanzaban sobre el litoral donde otros les habían precedido, otros pocos se expandían por el resto de la nación; era la mayor ó menor facilidad de vida lo que determinaba sus movimientos. Algunos pensarían retornar al país de origen, enriquecidos; otros dejaban aquel pensamiento, se vinculaban, se casaban con hijas del país, se establecían definitivamente, daban descendientes argentinos.
Las uniones naturales entre extranjeros é hijas del país, eran muy comunes; la reproducción era abundante; un cálculo de treinta y ocho años, hecho considerando los libros parroquiales de Córdoba, ha dado el resultado de siete hijos para cada matrimonio de blancos[40].
En el cálculo de matrimonios en el litoral se llega á que aproximadamente, de cada cien extranjeros que contraen matrimonio, sesenta y seis lo hacen con hijas del país y treinta y cuatro con extranjeras; en el interior, el porcentaje es mayor.
Algunos documentos antiguos traen noticias interesantes á este respecto: como muestra y confirmación de lo que digo, puedo recordar estos datos tomados del registro estadístico para el estado de Buenos Aires, que dirigió Maeso primero, y luego Trelles: trae el tomo correspondiente al primer semestre de 1856 una estadística de matrimonios de la ciudad de Buenos Aires por parroquias, estadística primitiva, indudablemente con errores y de la que se excluyen del sistema con que se dan los números, los de la parroquia del Socorro, «por cuanto el señor cura no los ha enviado en la forma que correspondía». Para no enumerar todo aquello, he hecho este resumen:
Matrimonios de argentinos con argentinas 125 -- -- con orientales 2 -- franceses con argentinas 13 -- -- con francesas 57 -- -- con orientales 1 -- -- con españolas 1 -- italianos con argentinas 19 -- -- con italianas 71 -- -- con inglesas 1 -- -- con orientales 2 -- españoles con argentinas 23 -- -- con españolas 25 -- -- con italianas 1 -- portugueses con argentinas 8 -- -- con africanas 1 -- ingleses con argentinas 3 -- -- con inglesas 16 -- alemanes con argentinas 2 -- -- con inglesas 1 -- -- con francesas 1 -- austriacos con argentinas 1 -- suizos con argentinas 1 -- brasileros con argentinas 1 -- -- con brasileras 1 -- paraguayos con argentinas 1 -- orientales con argentinas 7 -- -- con orientales 5 -- bolivianos con argentinas 1 -- chilenos con argentinas 1 -- africanos con argentinas 1 -- -- con africanas 5
En congregaciones extranjeras 26, entre protestantes, ingleses, alemanes, americanos y escoceses.
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Estos datos son sin duda defectuosos, pero interesan del punto de vista de la cantidad de nacionalidades que comenzaban ya á formar la nueva nación. Y estos matrimonios tienen hijos que nuestra ley considera argentinos y que lo son también en sus sentimientos. Pero ¿tienen los mismos caracteres que tendría la población si hubiera continuado siendo española ó descendiente de española? ¿no vale entonces de nada la herencia? Indudablemente son argentinos, pero distintos de los otros; no son ni parecidos á los primitivos argentinos ni á los compatriotas de sus padres; tienen de uno y de otro; el medio los modifica: los cruces los modifican más; no son, serán; son argentinos en un sentido; tienden á ser, en otro: su unidad como raza no está hecha, será, está en el futuro.
Así se llegó al censo de 1869, hecho bajo la dirección del señor Diego G. de la Fuente; obra muy buena; primer censo nacional, cuyo capítulo de población futura (pág. 22) da esta curiosa previsión, ejemplo de como el método estadístico puede algunas veces dar resultados para el futuro. La República Argentina tendrá aproximadamente, dice, en 1879, 2.464.000 habitantes; en 1889, 2.444.000; en 1899, 4.778.000; en 1909, 6.591.000. Como se ve, el error ó no existe ó es pequeño y el dato curioso. La ilusión se perdería si se leyera como se lee poco más allá, el cálculo para la ciudad de Buenos Aires en que da para 1909, 650.000 habitantes; por más que dice como condición, «si se conserva en sus límites», y Buenos Aires se ha excedido y se ha apoderado de los alrededores; pero con todo, el cálculo resultó reducido en cuanto al desarrollo de la gran ciudad, como han resultado todos los que se han hecho sobre dicho crecimiento para épocas más ó menos distantes.
Dejando ésto, veamos la estadística de nacionalidades. Existían dentro de la nación, en la época del censo, 1.531.360 argentinos y 211.993 extranjeros divididos como lo expresa el cuadro siguiente:
Clave A = Argentinos B = Otros hispano americanos C = Brasileros D = Norteamericanos E = Alemanes
+------------------------------------------------------------------------+ |Distribución | Total | A | B | C | D | E | |Geográfica | | | | | | | |-------------------+---------+---------+--------+-------+-------+-------| |Buenos Aires | 495.107 | 343.866 | 12.062 | 1.118 | 863 | 3.192 | |Santa Fe | 89.117 | 75.178 | 1.253 | 121 | 76 | 1.146 | |Entre Ríos | 134.271 | 115.963 | 5.379 | 800 | 39 | 358 | |Corrientes | 129.023 | 120.198 | 2.050 | 3.823 | 13 | 118 | |Córdoba | 210.508 | 208.771 | 381 | 22 | 19 | 67 | |San Luis | 53.294 | 52.761 | 399 | 6 | --- | 20 | |S. del Estero | 132.898 | 132.763 | 35 | 2 | 2 | 5 | |Mendoza | 65.413 | 59.269 | 5.625 | 9 | 23 | 16 | |San Juan | 60.319 | 58.007 | 2.087 | 1 | 8 | 26 | |La Rioja | 48.746 | 48.493 | 216 | 1 | 1 | 3 | |Catamarca | 79.962 | 79.551 | 270 | --- | 40 | 11 | |Tucumán | 108.953 | 108.602 | 160 | 8 | 4 | 12 | |Salta | 88.933 | 85.959 | 2.784 | 7 | --- | 15 | |Jujuy | 40.379 | 37.353 | 2.993 | 1 | 1 | 2 | |Chaco | 45.291 | --- | --- | --- | --- | --- | |Misiones | 3.000 | --- | --- | --- | --- | --- | |Pampa | 21.000 | --- | --- | --- | --- | --- | |Patagonia | 153 | 47 | 1 | --- | --- | --- | |Id. pobl. ind. | 23.847 | --- | --- | --- | --- | --- | |Ejérci^{to} en op^{es}| --- | 4.579 | 608 | 146 | 5 | 6 | |-------------------+---------+---------+--------+-------+-------+-------| | |1.830.214|1.531.360| 35.663 | 6.065 | 1.095 | 4.997 | +------------------------------------------------------------------------+
Clave F = Austriacos G = Españoles H = Franceses I = Ingleses J = Italianos