Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)

Part 10

Chapter 103,558 wordsPublic domain

+--------------------+-----------------------------------------+ | | Educandos | | Provincias | /------------------^-------------------\| | | A | B | C | D | E | +--------------------+--------+-----+--------+--------+--------+ |Buenos Aires | 3.801 | 54 | 3.900 | 1.554 | 2.346 | |Santa Fe | 7.319 | 90 | 7.400 | 2.842 | 4.558 | |Entre Ríos | 5.046 | 49 | 5.100 | 4.485 | 615 | |Corrientes | 4.913 | 39 | 5.000 | 4.783 | 217 | |Córdoba | 4.832 | 47 | 4.900 | 3.604 | 1.296 | |San Luis | 7.708 | 146 | 8.500 | 3.622 | 4.878 | |Mendoza | 3.750 | 34 | 3.750 | 3.674 | 76 | |San Juan | 6.737 | 59 | 6.737 | 4.685 | 2.052 | |Santiago del Estero | 7.591 | 104 | 7.600 | 4.677 | 2.923 | |Catamarca | 8.235 | 91 | 8.500 | 3.862 | 4.638 | |La Rioja | 3.824 | 35 | 4.001 | 4.001 | -- | |Tucumán | 3.899 | 43 | 3.900 | 3.788 | 112 | |Salta | 5.150 | 82 | 5.200 | 3.183 | 2.017 | |Jujuy | 2.134 | 38 | 2.134 | 1.538 | 596 | | +--------+-----+--------+--------+--------+ | Totales | 74.939 | 911 | 76.622 | 50.298 | 26.324 | +--------------------+--------+-----+--------+--------+--------+

Clave F = Escuelas existentes el 31 de diciembre de 1909 G = Creadas en 1910 H = Creadas en 1911 J = Total de escuelas en enero 31 de 1911

+---------------------------------------------+ | | Escuelas | | Provincias |/----------^-----------\| | | F | G | H | J | +--------------------+-----+-----+-----+------+ |Buenos Aires | 21 | 77 | 29 | 127 | |Santa Fe | 30 | 66 | -- | 96 | |Entre Ríos | 44 | 14 | -- | 58 | |Corrientes | 35 | 7 | 65 | 107 | |Córdoba | 38 | 3 | 47 | 98 | |San Luis | 45 | 138 | -- | 183 | |Mendoza | 31 | 21 | 1 | 53 | |San Juan | 40 | 29 | -- | 69 | |Santiago del Estero | 58 | 64 | 26 | 148 | |Catamarca | 43 | 57 | -- | 100 | |La Rioja | 33 | 12 | 7 | 52 | |Tucumán | 40 | 43 | 25 | 108 | |Salta | 40 | 54 | 7 | 101 | |Jujuy | 28 | 10 | 3 | 41 | | +-----+-----+-----+------+ | Totales | 526 | 605 | 310 | 1341 | +--------------------+-----+-----+-----+------+

«Por la fecha en que nos encontramos, no es posible tener la estadística completa del año 1910. Aproximadamente se calcula que habrán funcionado 950 escuelas con 76.000 ó 77.000 alumnos».

Son considerables los progresos de la instrucción primaria pero alejándose de las ciudades grandes, y de los lugares de mayor población, sobre todo internándose en la república, es todavía muy deficiente. Hasta se ignora el idioma en algunos lugares apartados: he tenido oportunidad, en un pueblo de Santiago del Estero, de verificar el hecho: hombres, criollos al parecer, vestidos á la usanza nuestra, no han entendido lo que les decía en castellano y alguien que me veía asombrado, me expresó que aquellas gentes sólo entendían el quichua. Cosa por el estilo pasa en algunas poblaciones de Corrientes en que solo entienden guaraní.

La enseñanza secundaria y normal, no obstante todos los perjuicios que sufre algunas veces por obra de ministros que son políticos, y no hombres que conozcan los problemas educacionales, ha aumentado si bien no en intensidad, en cantidad, contándose ahora 27 colegios nacionales y 44 escuelas normales. Desde algunos años se intenta la formación del profesorado secundario, aunque hasta ahora sean inciertos sus resultados, no obstante rumbosidades de institutos especiales.

En fin, completan la educación general los institutos para determinadas enseñanzas.

La enseñanza superior ha agregado una universidad más, la de La Plata, y se han dado últimamente grandes ventajas á la universidad provincial de Santa Fe.

La educación en general, en sus diversas ramas, ya es materia nacional. Es producto nuestro, hecho por nuestros hombres. Se aceptan determinados planes extranjeros ó se emplea algunos profesores contratados en Europa. Pero en general, los hombres que se dedican á todas las enseñanzas desde el maestro de grado hasta el rector de la universidad, son argentinos. Y todo podría serlo, aun los institutos para los cuales se traen de fuera profesores, si no existiera la tendencia general en nuestros hombres de creer como axiomática verdad lo que le dice un libro extranjero ó lo que cuenta cualquier _sabio_ ú orador que nos visita, sin fijarse que lo mismo decía uno de los nuestros de quien no se hacía caso; ha sido así necesario que se trajera profesores alemanes para que se creyera en la necesidad de preparar el profesorado secundario, olvidando una de las funciones que desempeñaba la Facultad de Filosofía y Letras: ha sido necesario que Clemenceau nos dijera lo que era la democracia para que creyéramos que nos dábamos cuenta de ello: que Ferri nos repitiera con su mágica palabra lo que tantos nos dicen; que France cantara, quizás con ironía, nuestra grandeza, ó la expresara con calor Blasco Ibáñez para que nos complaciera tal estado. En fin, que Lorini mostrara nuestros vicios políticos y administrativos para que nos alarmáramos, como si no estuviéramos á diario sintiendo sus consecuencias.

La educación, decía, se hace nacional, en el sentido de que nos bastamos para darla. Y es éste uno de nuestros grandes progresos, y un factor de la transformación social argentina. Creo que el fin de todos nuestros adelantos debe ser convertir en trabajo nacional todo lo que pudiendo ser nacional está en manos extranjeras: la fabricación de máquinas, las faenas agrícolas, las grandes industrias... Hacer que el pueblo nuevo, transformado, el argentino descendiente de extranjero ó que aun lleve en su sangre recuerdos del aborígen adapte á sí todo lo que no ha adaptado hasta ahora y sepa bastarse á sí mismo. Y bien, por fortuna la educación ha avanzado mucho en ese camino.

6. En esta época, los adelantos periodísticos han colocado á la prensa argentina entre las mejores del mundo. El desarrollo de las bellas artes no ha tomado aun carácter nacional y su estado no difiere del que mencioné en el anterior capítulo. Las diferentes religiones no causan problema alguno entre nosotros, desde que la libertad de cultos existe y es una de las mejor aseguradas. Vivimos con las costumbres europeas y sus modificaciones de adaptación local y las costumbres de tierra adentro, de todos conocidas, por lo menos de oídas, imprimen algunas características especiales que tienden á desaparecer.

7. Antes de terminar y como hechos que también entran como factores en la transformación social que se opera, y que tienen sus raíces y su fuerza en la inmigración, es deber recordar la existencia del socialismo, que recién nacido en la época anterior es adulto en ésta, y del anarquismo, cosa bien distinta aunque á veces se les confunda de la manera más lamentable.

Respecto del socialismo, he ya referido á su origen en la Argentina y su foco en la capital: entiendo hablar del socialismo del partido socialista; no de las asociaciones de obreros que toman nombre parecido: lo hago así porque es el primero el que se presenta como movimiento solidario en la Argentina, de los movimientos de la clase obrera de Europa.

Con la industria, con los deseos y aspiraciones proletarias, con el constante encarecimiento de la vida, el hecho extraño se hace cuestión nacional; los obreros son muchos, el partido crece, hombres intelectuales argentinos se ponen á su cabeza; los pocos socialistas de la época anterior forman ahora millares, se disciplina el partido y en las elecciones da ejemplo de civismo y honradez, cumpliendo con el deber de votar y no comprar electores. Podrá ó no tener razón de ser el socialismo, considerado como semejante al europeo, y podrán ó no ser exactas las afirmaciones del profesor Ferri al respecto; mas lo cierto es que el partido socialista tiene aspiraciones delineadas, muy distintas de las cartas orgánicas de tantos partidos que mueren después de un tiempo de parálisis infantil; cierto es que la cuestión obrera, semejante ó no á la de Europa, se presenta en nuestra tierra, y dentro de ella con caracteres bien distintos en la capital de los que tiene en las provincias. En una ú otra forma, resultará siempre cierto que «las naciones de este continente no podrán impedir que el socialismo las invada, más temprano á las unas, más tarde á las otras, á todas cuando las formas productivas nuevas hayan desalojado por completo á las antiguas y coordinado así el hecho de la propiedad con el modo de producción»[67].

El partido, formado en un principio con elementos europeos, ha seguido una orientación fija, luchando sin desfallecimientos, explicando razones, aunque por desgracia no siempre se hayan mantenido todos sus elementos en el camino de orden y conquistas paulatinas, que son parte de su programa. Se ha apoderado de almas argentinas, les ha explicado cómo el internacionalismo no se opone al patriotismo y como puede conciliarse con él[68]; en fin, ha fundado diarios que divulgan sus ideas.

Sea como consecuencia del constante reclamo de los representantes del elemento obrero, sea por convicción traída por el análisis de hechos, la legislación argentina ha debido por necesidad ser pródiga en proyectos y leyes de trabajo. Es de allí que se ha originado notable proyecto de ley nacional del trabajo, del doctor Joaquín V. González, y el departamento nacional del trabajo, la ley sobre trabajo de mujeres y niños, los proyectos sobre accidentes del trabajo, seguros de obreros y tantos otros. En cuanto á la ley de residencia y la de seguridad social se refieren á la defensa respecto de elementos perturbadores y anárquicos, y no á los reclamos de los socialistas.

El socialismo argentino, hecho nuevo llamado á tener grandes consecuencias, nacido cuando las condiciones generales del país y la transformación de su vida industrial y de sus elementos étnicos lo hicieron posible, es uno de los hechos más característicos de la vida argentina contemporánea.

* * * * *

Cosa bien distinta al socialismo es el anarquismo. Hace más de quince años, el representante argentino en Washington, enviaba á nuestro gobierno una recopilación é informe sobre los medios de represión del anarquismo, puestos en práctica en las naciones de Europa. Ni entonces ni después, por mucho tiempo, se pensó que fuera posible que el anarquismo echara raíces, y pudiera existir en la Argentina.

Esta tendencia nació con Bakounine á mediados del siglo pasado: considerando á las clases obreras incapaces de mantenerse emancipadas una vez que hubieran conseguido tal estado, creía de mayor conveniencia limitar la propaganda á lo que fuera destrucción y mantener tal orden ó mejor dicho tal desorden como ideal de situación permanente. _La Alianza de la democracia socialista_, siguió sus ideas[69]. De allí en adelante el anarquismo se fué separando cada vez más del socialismo, hasta ser dos cosas completamente distintas. Sus secuaces han invadido toda Europa, y han comenzado por las vías de hecho á realizar su programa final.

La creencia en la imposibilidad de su introducción á nuestra tierra fué debilitándose cuando se vieron signos inequívocos de su existencia en ella. Apareció primero un diario, _La Protesta_; se formó después un partido que las gentes confundieron durante algún tiempo con los socialistas; un día estalló la primera bomba anarquista que mató á un niño: la población y la prensa se alarmó llamando á aquél, día de luto en los anales argentinos. Los gobiernos, no obstante considerar insuficiente y de aplicación equívoca la ley de residencia sancionada pocos años antes, nada hicieron, pasado el primer momento de excitación. Luego, los hechos fueron de más serias consecuencias: el jefe de policía de la capital y su secretario fueron víctimas de una bomba anarquista. Después otra bomba anarquista hizo estragos en el teatro Colón de la misma ciudad; entonces se comprendió la necesidad de evitar que aquellos hechos se repitieran y á toda prisa se sancionó una ley de seguridad social, en la que se reprime á todo trance, sin que á la sanción de ella precediera un estudio serio del problema. No obstante, no era por falta de datos y conocimiento de la situación que el estudio no se hacía; era más bien por pereza criolla. Poco tiempo antes de su muerte, el jefe de policía de la capital, coronel Falcón, en una nota elevada al ministro del interior exponiendo sus vistas sobre los acontecimientos socialistas y anarquistas que se sucedían en el país en esos días,--mayo de 1909,--recordaba entre los factores de la violencia, el _sectarismo anarquista_: «éste conglomerado el más peligroso como representación doctrinaria, era ya conocido por la policía. Guarda en su seno todo lo que tiene de disolvente y destructor el organismo social, todos sus ideales van á una negación y lo mismo que en otras partes entre nosotros, su lema es la propaganda por la acción, acción revolucionaria de destrucción pura y simple. Arrasar con lo existente por cualquier medio, sin elegir: destruir, porque nada debe existir organizado... cualquiera que sea la teoría parcial que profesen los varios grupos en que se divide y disienten, sólo coinciden en la supresión absoluta de toda entidad social orgánica»[70].

El programa del partido anarquista de la Argentina, lo conoce desde tiempo el público: en cuarta hoja de _La Protesta_ se han publicado hasta hace poco los «fundamentos de la idea anarquista». Declarábase allí: 1^o, los anarquistas son irreligiosos, porque consideran que las religiones son medios de explotación é hipótesis absurdas; 2^o, el capital es una explotación; 3^o, el gobierno es una entidad inútil que sirve sólo para mantener la explotación capitalista; 4^o, la política es lucha de ambiciones; los anarquistas son impolíticos; 5^o, las leyes favorecen á los privilegiados; los anarquistas son adversarios de toda legislación; 6^o, la división de la tierra en patrias, es injusta, el mundo es de todos; los anarquistas proclaman la abolición de las patrias. «Síntesis: los anarquistas queremos una sociedad en que cada hombre se gobierne á sí mismo y en la que los medios de producción estén al alcance de todos los hombres. Anarquía es la vida libre, sin que política, ni social ni económicamente un hombre predomine sobre otro.»

En otro documento explicaban la anarquía como hecho congénito de la especie, nacida en los primeros tiempos de la humanidad, y ahora cuerpo de doctrina: independiente de cualquier otro, con límites y caracteres netamente definidos: agregando: «si bien aceptamos las luchas de clases como una ineludible fatalidad histórica, somos humanistas, puesto que vamos á la abolición de todos los privilegios, á la liberación de todos los hombres en una sociedad de igualdad y de justicia. _Nos oponemos, pues, á la tendencia_ que en nombre de un mal entendido determinismo económico ó social nos llevaría solamente á una nueva tiranía obrera ó anarquista, que _no sería la mejor_ de las tiranías. Por estar convencidos de que tanto para los individuos como para los pueblos son necesarios _grandes ideales_ que sirviendo de lenitivo á los sinsabores de las tremendas luchas del presente, sean también estrellas directrices en el camino áspero del progreso, propagamos el comunismo anárquico como forma suprema de la futura convivencia social»[71]. Á continuación, habla el manifiesto, de cómo en la Argentina el anarquismo tiene razón de ser, y usa de los términos de grueso calibre habitual en aquella literatura.

De todas estas cosas se desprenden para nuestro estudio diversas consecuencias: en primer lugar, la existencia en la Argentina de anarquistas que forman partido y desean la destrucción de todo régimen; 2^o, la existencia, por propia confesión, de anarquistas que buscan mejoras sociales, sosteniendo que la destrucción de todo régimen es el ideal que se tiene en vista para la acción, aunque no se crea en su posible realidad; 3^o, la separación absoluta entre socialistas y anarquistas, separación que da motivo á la formación de dos partidos distintos, con métodos é ideas diferentes, y que por error se les confunde con frecuencia.

Entiendo que el anarquismo es un partido equivocado, cuya existencia es un peligro para la humanidad: pero entiendo también, que dado que su existencia en la nación está probada, se impone el estudio científico de esta manifestación social para encontrar los medios de prevenirlo; la investigación respecto de la parte de verdad que puedan tener sus afirmaciones que se refieren á hechos injustos, para evitar todo reclamo con fundamento, y al mismo tiempo para tener, al aplicar penalidades, la conciencia de proceder dentro de la más estricta justicia.

El elemento anarquista es en su mayoría extranjero, pero la constante propaganda, hace secuaces entre los argentinos. Tengo informes de que muchos obreros que trabajan en el puerto de la capital, que son argentinos, sobre todo los naturales de Corrientes, se hacen anarquistas. La propaganda es certera: pocas ideas vagas, dos ó tres precisas, que hieren sentimientos comunes: el de la injusticia del régimen económico sobre todo, el de humillación después; basta entonces que la idea caiga en el cerebro de un hombre con poco desarrollo intelectual y de algún carácter, y se tiene allí formado un anarquista.

He tomado con alguna detención estas dos manifestaciones de la vida argentina contemporánea porque concurren á caracterizar una época. No sólo en la composición étnica de la población, en los progresos en todas sus formas, en el estado económico, se nota la transformación social; se ve también que las ideas traídas por la inmigración fecundan en esta tierra; que hechos sociales nuevos, de la mayor importancia, acompañan á la transformación incesante. En 1853 nadie hubiera podido pensar en la existencia en la Argentina de lo que después sería el anarquismo, ni siquiera en los socialistas. Hoy, la realidad la evidencia.

8. Con ello concluyo el bosquejo de nuestra época: que los adelantos de la industria, del trabajo y de la ciencia, marchen acompañados de la justicia, del orden, del buen gobierno, para que sean infundadas las ironías de la Europa respecto de nosotros; que se respeten las autoridades, y que éstas á su vez ayuden á los trabajadores, eviten las protestas y mitiguen amarguras. Así podrá la Argentina festejar el segundo centenario de la revolución de mayo, con un himno verdadero de victoria!

CAPÍTULO V

TRANSFORMACIÓN SOCIAL É INSTITUCIONES

1. Factores que deben considerar el historiador y el legislador.--2. La transformación material y étnica de la República Argentina. La mestización y el hibridismo. Los aportes inmigratorios.--3. El carácter del pueblo argentino. Afirmaciones de Le Bon. Falta de fundamento. Una opinión de Belmar sobre el porvenir del Río de la Plata.--4. Nacimiento y transformación de las instituciones. Acuerdo necesario entre sociedad é instituciones. El problema respecto de la Argentina. Disposiciones constitucionales ó legales de relativa permanencia y disposiciones transitorias. Conclusión.

1. Las estadísticas, las cifras, los datos geográficos, históricos, sociológicos, antropológicos, la psicología social, la educación, las costumbres, las instituciones políticas, leyes, constituciones, todo es necesario para seguir la trama del desenvolvimiento de un pueblo. El mayor conocimiento de tantos factores y de todas las situaciones que su combinación provoca, tiene la mayor utilidad para el historiador y para el legislador: el uno buscará en la aparente desarmonía de tantos materiales la ley que rige el conjunto; de este modo los hechos que se suceden no se le presentarán como al niño que por primera vez viaja, las hileras interminables de postes del telégrafo que con abrumadora regularidad pasan delante de sus ojos á lo largo de la vía: se le mostrarán unidos y relacionados los unos como causas de los otros ó todos ellos como causas ó efectos de algunos más. Sale así la historia del primer momento de su formación, la de simple colección de hechos, para hacer de ellos análisis más prolijo, que permita á tal disciplina entrar en la categoría de las ciencias. Al otro, al legislador, facilitará su tarea; convencido por los estudios propios y ajenos, que las instituciones no son sino el bronce fundido que debe solidificarse en el molde impuesto de antemano, hará de modo que no contradigan las ideas, los modos de ser, las situaciones del pueblo á que van destinadas, y sólo sabrá que cumplen tal cosa cuando tenga el conocimiento más completo posible de las formas que han presidido el desarrollo anterior y de los factores de toda clase que continúan influyendo en la evolución de su pueblo.

De aquí también que para expresar, en el más humilde trabajo, como éste, la opinión que se tiene sobre la forma en que nuestras instituciones han acompañado las transformaciones morales y materiales del pueblo argentino, haya debido tener en cuenta todos aquellos factores en la medida en que ha sido necesario para tal estudio.

2. La transformación material de los modos de existencia en la Argentina, es evidente. Se puede discutir, sobre el adelanto ó retroceso de los argentinos en lo que á moral ó intelectual se refiere, á su carácter, á su patriotismo, á sus modos de ser en general; pero nadie discute el hecho manifiesto de la rapidez é importancia de sus adelantos materiales: por ser un pueblo nuevo, que partió de una situación cercana á la nada, la magnitud del cambio es más visible. Desde 1853 á 1910 sólo han transcurrido cincuenta y siete años; período tan reducido que permite á nuestros hombres de alguna edad, relacionar mentalmente una y otra época después de haber sido espectadores de tanta transformación y tanto cambio. En cada capítulo que correspondía á pocos años, he tomado en cuenta las principales manifestaciones de la actividad: agricultura, ganadería, industrias, vías de comunicación. Y el incesante desarrollo febril que allí se revelaba, no ha cesado todavía y no es posible siquiera vislumbrar cuando disminuirá su vertiginosa marcha.

Es natural que debemos considerar los cambios refiriéndolos al suelo y haciendo abstracción de otras consideraciones, pues en este momento entiendo hablar de ellos solamente. Por eso, recordémoslos por ahora, sin preguntar en cuanto han sido capitales extranjeros los que han permitido tales cosas. No preguntemos tampoco cuál es la situación económica argentina y en cuanto los banqueros extranjeros, pesan sobre su riqueza actual y futura...

En todo ello el factor económico ha ejercido influencia poderosa y principal: la idea de la ganancia rápida, de volver á la patria con ella, ha sido el propulsor eficaz de las corrientes inmigratorias; la facilidad de la colocación del dinero á alto interés, en otros lugares penado por usurario, y aquí permitido como justo, ha enviado ingentes capitales, y ha opuesto la codicia al peligro de la tardía é hipotética restitución. La creencia en la fortuna fácil ha borrado de la conciencia de los argentinos, las inquietudes que pudiera provocar el pensamiento de la carga que en forma de deuda, se echaba sobre hijos y descendientes.

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