La Casa de los Cuervos

Part 16

Chapter 161,197 wordsPublic domain

Ya algunos de los suyos,--lanceros que cruzaban a nado, a la par de sus caballos,--empezaban a llegar a la opuesta orilla, y la segunda canoa cargada de rifleros, había pasado de la mitad del río, cuando se vió a los del gobierno aprovechar las sombras de la noche para dejar sus barricadas, abandonando un puesto que no podían sostener.

Cesó el fuego, mas con el último tiro, se vió a Insúa que abría los brazos y caía del caballo, de bruces sobre una mata de chilcas.

Cuando lo alzaron, sobre unas parihuelas, sonreía, como si hubiera visto venir lo que anhelaba.

--Sigan peleando, muchachos--les dijo.

Cruzaron el río, y lo llevaron al rancho de un pescador, cercano a la orilla, y lo dejaron allí, porque tuvieron noticia de que la gente del gobierno acampaba en San Pedro, a cosa de tres leguas, y convenía atacarla antes que recibiera los refuerzos que se esperaban de Santa Rosa.

Pero nada pudo hacerse esa noche, porque el enemigo, al llegar ellos había abandonado también aquel punto, y cuando a la mañana siguiente llegó Cullen con su tropa, se estrelló con las fuerzas del coronel Romero, bien armadas, y no tuvo el apoyo de la caballería con que contaba, ni de Insúa, del cual no halló quien le diera noticias.

Pelearon rudamente, pero sus montoneros se desbandaron y él tuvo que huir, por la orilla izquierda del Saladillo, con rumbo a Helvecia.

Montaba un caballo tordillo, parejero, que no era de su estancia, y cuyas condiciones no conocía.

Perseguido de cerca, en los primeros momentos ganó larga distancia, pero pronto conoció que el caballo se le cansaba.

Su asistente, Juan Félix López, sin apartarse de él, le decía:

--Castigue, don Patricio; castigue su caballo.

El jefe de los revolucionarios, comprendiendo que su caballo estaba rendido bajo su peso, respondía:

--A mí me conocen y me quieren. Si caigo en manos de ellos, no tengo que temer. Vos sí; vos debés huir.

Llegaron así al monte, a la isleta de las Estacas, y allí Cullen comprendió que su caballo no daría más y se detuvo.

Una avalancha de gauchos del gobierno dando alaridos, se echó sobre él.

Saltó del caballo uno de ellos; era José Golondrina, y lo tomó de la rienda.

--¡Bájese!--le dijo,--y como no obedeciera al instante, le tiró un lanzazo y lo derribó. En el suelo, uno de los más abyectos secuaces llamado el "Lechuza", lo tomó de la barba.

--A mi padre--alcanzó a decirle don Patricio--lo degolló Rozas; no me maten como a él. Mátenme a balazos.

Pero "Lechuza" le cortó la cabeza, mientras la pequeña tropa de gauchos y de indios se cebaba en su cuerpo cribándolo a lanzazos, lo mismo que al de su compañero López.

La muerte de Cullen produjo un inmenso estupor en la ciudad, donde ni sus adversarios más encarnizados habían creído que pudiera llegarse a ese extremo.

Cuando se recibió la noticia, Rosarito, acompañada de su padre, había salido ya en busca de Insúa, herido la víspera.

La campaña tranquila se bañaba en el sol de la tarde, indiferente a aquellas pasiones que manchaban su suelo.

Don Serafín, acurrucado en un rincón, envuelto en su capa, iba contando historias análogas a aquel episodio, que había visto en su vida. Rosarito llevaba las riendas del tílbury en que viajaban al trote por el solitario camino blanco. Ella no oía a su padre; pensaba en las cosas tristes que rebalsaban en su alma, y tenía en los labios la amargura de una queja. Pensaba que si él había muerto, lo hallaría donde le habían dicho, velado por Gabriela; que si aún vivía, él no volvería a besarla como en la noche de la revolución, porque su rival estaría presente.

Sabía que no había esperanza de salvarle. El que les llevó la noticia, enviado por Insúa mismo, les había explicado cómo era la herida y cómo ni el mismo Insúa pensaba vivir.

Así como mandó avisarles a ellos, pensaba Rosarito que habría mandado avisar a la Casa de los Cuervos, no lejana de allí.

Mas cuando llegaron al paso de "Los Cachos", hallaron al caudillo revolucionario muriendo solo en el ranchito abandonado.

Estaba tendido en la tierra, sobre un apero, y tenía cerrados los ojos. Como obscurecía ya, no conoció en la penumbra a los que llegaban, y Rosarito, hincada a su lado, le dijo su nombre y le vió sonreír, y le habló de su amor y de Dios, para endulzarle aquella hora suprema, y él que en nada creía, sintió su alma iluminada por aquella verdad que bajaba en tal momento sobre él, y lloró con grandes lágrimas cálidas.

--¿La has llamado?--le preguntó Rosarito, y él hizo señas de que no, y la miró con profunda ternura, como diciéndole que ella refundía en sí sola todas las mujeres que podía amar: su madre, su hermana y su novia.

Y ella comprendió, y cuando al siguiente día cerró él los ojos para siempre, tranquilo como si hubiera hallado la verdad y el amor, ella pensó que era su viuda, y lloró sobre su cuerpo frío, sintiendo en el fondo de su dolor, la humilde alegría de saber que por fin él la había comprendido.

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Tip. y Enc. NUEVA ÉPOCA San Martín 850--SANTA FE

HUGO WAST La Casa de los Cuervos

PRIMER PREMIO EN EL CONCURSO DE NOVELAS DEL ATENEO NACIONAL

NUEVA EDICIÓN

BUENOS AIRES Agencia General de Librería y Publicaciones 1571--Rivadavia--1573

OBRAS DE HUGO WAST

NOVELAS

=Alegre.=--19.º millar.--Librería Ollendorff, París.

=Pequeñas Grandes Almas.=--11.º millar.--Montaner y Simón, Barcelona.

=Flor de Durazno.=--27.º millar.--Librería Ollendorff, París.

=Fuente Sellada.=--17.º millar.--Librería Ollendorff, París.

=Golondrina de Presidio.=--(Cuentos).--4.º millar.--Biblioteca Patria, Madrid.

=Fantasías y Leyendas.=--(Cuentos).--Agotada.

=La Casa de los Cuervos.=--9.º millar.--Agencia General de Librería, Buenos Aires.

POESÍAS

=Rimas de Amor.=--2.ª edición.--Fernando Fe, Madrid.--(Agotada).

VARIOS

=¿A dónde nos lleva nuestro panteísmo de Estado?=--3.ª edición.

=El Enigma de la Vida.=--(Estudio biológico).--Librería Alfa y Omega, Buenos Aires.

=Un País mal administrado.=--(Estudio económico).--Arnoldo Moen y Hno., Bs. Aires.--(Agotada).

EN PREPARACIÓN

=Las bases de la sociología.=

=Un País mal administrado.=--2.ª edición.

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NOTAS DEL TRANSCRIPTOR

Las palabras en negritas están indicadas con el =signo igual=.

Algunas reglas de acentuación del castellano cuando esta obra fue publicada por primera vez eran diferentes a las existentes cuando se realizó la transcripción. El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar la ortografía original, salvo en caso de errores evidentes de impresión y/o puntuación, los cuales han sido corregidos. El Transcriptor también ha respetado ciertos modismos empleados por el autor, que son típicos del castellano que se habla en ciertas zonas de Argentina.

El Transcriptor desea aclarar que el autor menciona en el texto un personaje real de la historia argentina, Rosas, pero en el texto es mencionado como Rozas. Se ha respetado la ortografía del original.

El ÍNDICE en la obra original se encontraba al final del libro. El Transcriptor decidió colocarla al principio de la obra.

La cubierta del libro ha sido modificada por el Transcriptor y ha sido agregada al dominio público.