La América, Tomo I

Part 15

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“Como el gobierno de S. E. el Sr. Elizalde, en vez de tomar esta actitud tiende á asumir una posición tan nueva como excéntrica en América, y como al mismo tiempo no se puede suponer que desconozca á Méjico en la categoría de un Estado americano, se deriva de estas premisas la dolorosa consecuencia de que reconoce la agresión que se hace á Méjico como ajustada á las prescripciones del derecho público, sin que ella envuelva una asechanza ni aun contra la independencia de la nación agredida. Y, sin embargo, esa nación lucha hoy en santa guerra contra sus invasores, y quizás á la hora en que tienen lugar estas contestaciones cae envuelta en su sangre y se consuma el sacrificio de su libertad y su derecho.

“La sorpresa del infrascrito, de la que, sin duda, participará su gobierno, es tanto mayor á vista de la comunicación de S. E., cuanto más incongruentes son algunas de las declaraciones que contiene, con las que les han precedido, y con los términos de la nota de ese ministerio fecha 14 de mayo último, dirigida á S. E. el ministro de Relaciones Exteriores del Perú, así como con los conceptos vertidos en el mensaje del excelentísimo señor presidente Mitre al último Congreso, cuyos documentos volverá el infrascrito á citar más tarde.

“Antes de hacerlo, y en confirmación de los fundados temores que se abrigan en América por la intervención de la Europa en sus negocios, debe recordar aquí las palabras del gobierno de los Estados Unidos, que forman el más notable contraste con la parsimonia y tranquilidad del gobierno argentino.

“En un oficio de Mr. Seward á Mr. Gorwin, datado á 6 de abril de 1861, dice aquel alto funcionario lo siguiente:

“El estado de la anarquía en Méjico debe obrar necesariamente como un incentivo _en el ánimo de aquellos que están conspirando contra la integridad de la Unión, con el propósito de buscar fuerza y engrandecimiento para sí propios, por medio de conquistas en Méjico y otras partes de la América española_. Así el más obtuso observador se halla habilitado para ver lo que desde hace largo tiempo han visto con claridad los mejor dotados de un espíritu sagaz, esto es, que la paz, el orden y la autoridad constitucional en cada una y en todas las diversas repúblicas de este Continente, _no son de un interés exclusivo á una ó más de ellas, sino de un interés común é indispensable á todas_.

“Mr. Gorwin, distinguido diplomático, escribe á Mr. Seward, á 29 de julio: _La Europa se complace en vernos postrados y no dejará de aprovecharse de nuestros embarazos, para ejecutar designios en los que no habría soñado si hubiésemos permanecido en paz_.

“Existe, pues, y en su mayor intensidad, la justa alarma, á que se ha referido el infrascrito y que, hasta cierto punto, puede haber inspirado las conclusiones de S. E. y apresurádolo á darles una publicidad prematura. Por lo mismo es hondamente sensible contemplar al gobierno argentino en aislado desacuerdo con la opinión de todos modos expresada á este respecto, no sólo por todos los gobiernos y pueblos americanos, sino hasta por la prensa libre de la Europa.

“En la América del norte, en las repúblicas de Chile y de Bolivia, en la Oriental del Uruguay, en el Perú, en los Estados Unidos de Colombia, en los de la América Central y hasta en la misma Francia, viendo clara la amenaza á los Estados americanos, se ha clamado por su unión, con la notable circunstancia de que en algunos de ellos se han propuesto bases y medios de realizarla, sin olvidar la alianza ó contrato de guerra, en consideración á la inminencia del peligro.

“El único gobierno americano que, hasta la fecha de la nota de S. E. el Sr. Elizalde, no se había pronunciado sobre esta cuestión, ha sido el del Ecuador. Pero esta abstención se aplica por la circunstancia de existir, en altos mandos, en aquella república, dos personajes, de los cuales el uno amenazó invadirla en 1846, con tropas que organizó en Europa, y felizmente fueron disueltas por los esfuerzos comunes de la diplomacia americana, y el otro, en 1859, pretendió incorporarla al dominio de una potencia europea.

“Por lo demás, si _cada gobierno americano tiene medios suficientes_, como lo afirma S. E., _para hacer respetar sus derechos_, no se comprende el alcance de la manifestación que hace el gobierno argentino de que ‘si la independencia de cualquier Estado americano fuese amenazada, no tardaría en ponerse de acuerdo con los demás gobiernos para reivindicar sus derechos y garantizar su seguridad’.

“Ó no es exacta, como no lo es, esa capacidad de cada Estado americano para defenderse por sí solo, aun cuando tenga reunidos y en armonía todos sus elementos, y en este caso es necesaria la _Unión_; ó la proposición sentada por S. E. envuelve ya la presunción de su ineficacia, y en este caso es inútil.

“En efecto: si aquellos Estados se hallasen tan completamente garantidos por sí mismos, no podría sostenerse la necesidad apremiante de su alianza.

“Estando al tenor de lo expuesto por S. E., y que se presta á tan extensos comentarios, el peligro para ellos ‘podría únicamente existir en el caso de una liga europea contra la América--lo que S. E. considera imposible--, liga que no podría hacerse á nombre de los intereses materiales y comerciales de Europa, porque esos intereses están en armonía con los de las naciones americanas. Podría sólo hacerse--añade S. E.--á nombre de la monarquía contra la república; pero la democracia ha echado tan profundas raíces en América, los beneficios de las instituciones republicanas son tan evidentes, la fuerza de estas instituciones tan grande en la esencia y forma de los pueblos americanos, que á presencia de ellas, las armas de sus enemigos habían de sentirse impotentes para combatirlas’.

“¿Y Santo Domingo, señor ministro? ¿Y Méjico? ¿Y las islas Malvinas?

“Asienta S. E. que _la monarquía en Europa misma ha tenido que inclinarse ante la democracia_, y esta aseveración lo tranquiliza. Pero el infrascrito siente que no le permita estar de acuerdo con ella la realidad de los hechos, que presentan preponderante en Europa á la monarquía dinástica.

“Fundándose S. E. en el desenvolvimiento de la industria, inmigración y comercio, toca el insólito extremo de aseverar, en el momento mismo que se entrega á las armas la suerte de una república hermana, ‘que más vínculos, más interés, más armonía hay entre las repúblicas americanas de origen español con Europa, que entre ellas mismas’.

“La opinión altamente manifestada en todas épocas, la historia y los sentimientos fraternales que está expresando la América por los sucesos de Méjico, son una viva y ardiente protesta contra la aserción emitida.

“El actual gobierno norte-americano cree, y lo ha dicho á su ministro en París, ‘que la emancipación de este Continente de la Europa ha sido el rasgo principal de su historia en la última centuria’, y Washington, cuya autoridad es imponente, en su despedida al pueblo decía: ‛que los celos de un pueblo libre deben estar constantemente alerta contra las insidiosas estratagemas de la influencia extranjera, pues la historia y la experiencia han probado que esta influencia es uno de los más terribles enemigos que tiene un gobierno republicano... La Europa tiene una porción de intereses primarios que para nosotros son de ninguna ó muy remota relación’.

“S. E. cree, sin embargo, ‛que la República Argentina está identificada con la Europa hasta lo más que es posible’, y en la confianza que le inspiran estas relaciones, llega al punto de asegurar ‛que la República Argentina nada tiene que temer, y cree que en la misma situación se hallan _todas_ las repúblicas de América’.

“Mas tal confianza no la hay en ellas, ni puede haberla ante la agresión de Méjico. Por el contrario, poseídas de muy diversas convicciones, viven y se agitan en zozobra, esperando, si no el triunfo de aquel desgraciado país, la hora en que sus gobiernos las llamen á auxiliar á sus hermanos.

“En cuanto á los beneficios señalados por su excelencia como recibidos de la Europa por esta nación, no es del resorte del infrascrito el ponerlos en problema. Sólo dirá que, á pesar de la aseveración de S. E. sobre ‛la cooperación de naciones poderosas á la República Argentina durante la guerra de la Independencia’, el infrascrito ha perseverado hasta hoy en la creencia de que los resultados y triunfos de esa lucha grandiosa se deben pura y exclusivamente, en cuanto le concierne, á sus magnánimos esfuerzos.

“El infrascrito ha extrañado que, al hablar S. E. de la insuficiencia de los medios propuestos, lo haya hecho sin considerar que esos medios son previos y no únicos, y sin recordar que al final de su nota de 18 de julio manifestó su deseo de que fuesen aceptadas las bases _de paz general y de unión americana, á fin de que las naciones del Continente quedasen expeditas para formar después una alianza_.

“Ahora pasa á ocuparse de otro punto importante de la nota de S. E, que, por el sentido íntimo que envuelve, va á producir en el Continente la más ingrata impresión.

“Dice S. E. ‛que la América independiente es _una entidad política que no existe_, ni es posible constituir por medio de combinaciones diplomáticas; que, conteniendo la América naciones independientes con necesidades y medios de gobierno propios, no puede nunca formar una sola entidad política, y que se halla dividida por la naturaleza y por los hechos’.

“Es ésta la primera vez, señor ministro, después de nuestra gran revolución, que se levanta la voz de un gobierno contestando lo que para los americanos ha venido á ser un principio y un dogma en que fundan las glorias de su pasado, su esperanza en el porvenir y su fraternidad en todo tiempo. Nadie ha contribuido más á radicar ese principio y ese dogma que la República Argentina. Ella fué el primer soldado de la independencia de América, y si hoy, cuando á la aproximación del peligro se buscan los medios de prevenirlo, prefiere desertar, negando la base principal de su grandeza, no viendo en ella sino un conjunto de nacionalidades con intereses aislados y diversos, no se puede olvidar, sin mengua de su merecido renombre, que fué también la primera en reconocerlas por el órgano de sus más grandes ciudadanos, en su potente unidad, y en sacrificarle sus tesoros y su sangre.

“La alianza natural que forman los Estados de aquella fuerte entidad deriva radicalmente de su origen é identidad de aspiraciones; empezó á realizarse de una manera más sensible desde los primeros albores de su revolución; se fortificó en los combates de la libertad, en la fuente de los principios democráticos, y fué perdurablemente sellada con el último cañonazo que disparó en Ayacucho.

“Sin la diplomacia ó con ella, la América independiente es una entidad que todo el mundo reconoce; y si su código internacional y político no está escrito aún, á eso tienden los esfuerzos comunes. Pero el vínculo moral que liga á sus miembros entre sí, para formar el gran conjunto, se halla poderosamente arraigado en la inteligencia y el corazón de todos los habitantes de América.

“Y supuesto que ha llegado, señor ministro, el penoso momento de tener que comprobar esta verdad en el mismo pueblo que se encargó en otro tiempo de proclamarla al Universo, citará el infrascrito, si no bastan los elocuentes testimonios del pasado, otros de actualidad que vienen en su apoyo, y que por su procedencia tienen un carácter concluyente.

“Contestando los diferentes gobiernos americanos á las circulares dirigidas por el gobierno del Perú á consecuencia de los sucesos de Santo Domingo y Méjico, y antes que fueran conocidos los designios que hoy se realizan en la última nación, se expresaban en los términos siguientes, que copiará _in extenso_, porque es conveniente escuchar á la América misma, hablando por el intermedio de sus representantes legítimos, ya que su pasado no se tiene por bastante para reconocer la robusta cohesión que constituye su poderío y grandeza.

“El gobierno de Bolivia, en 28 de diciembre de 1861, dice lo siguiente: ‛El infrascrito conoce la solidaridad de los intereses americanos; por consiguiente, la ofensa hecha á la independencia de Méjico ó la modificación de sus instituciones con el empleo de la fuerza sería una verdadera amenaza á la seguridad de los demás Estados. Por consiguiente, se adhiere con toda sinceridad á la manifestación hecha por S. E. para conservar incólume el sentimiento de fraternal americanismo, y la independencia de todas y cada una de las secciones del Continente americano español’.

“El de Chile, en 30 de noviembre de 1861: ‘Un suceso de tal gravedad, un paso semejante, que afectaba directamente al interés de los Estados americanos, no pudo menos de llamar fuertemente la atención del gobierno y pueblo de Chile, que animados de los más fraternales sentimientos, jamás han permanecido indiferentes en presencia de los peligros que ha podido correr la existencia soberana de las otras naciones del Continente’.

“Los Estados Unidos de Colombia: ‘El gobierno de los Estados Unidos de Colombia se ha enterado con gran satisfacción de los sentimientos altamente americanos que manifiesta S. E., y aplaude la medida tomada por el Perú de dar el alerta á los países del Continente, y convocarlos á la defensa común en el caso de ser agredidos por alguna potencia europea con cualquier pretexto’.

“Cuando se recibió la nota circular de V. E., ya el gobierno colombiano se había anticipado á instruir á su enviado extraordinario y ministro plenipotenciario acreditado en Washington, para que propendiese á la reunión de un Congreso de representantes de las naciones hispano-americanas en aquella ciudad, á fin de acordar los medios más eficaces para la propia defensa y el sostenimiento del régimen republicano, única forma de gobierno que sea posible establecer en estos países.

“El gobierno de Colombia felicita al del Perú por la atinada línea de conducta política que ha tenido por conveniente seguir, y no duda de que su llamamiento será atendido por todos los gobiernos del Continente sur-americano. Venezuela se adhiere á todo lo que se ha hecho y se haga en bien de nuestra común causa, siendo de esperarse que el gobierno del Ecuador prescinda de vacilaciones y tome resueltamente el camino que la dignidad y la conveniencia le señalan.

“De los gobiernos de la América Central, el de Nicaragua decía en 5 de octubre de 1861: ‘Me es muy honroso poder decir á V. E., para que se sirva transmitirlo á su gobierno, que el mío está anuente á obrar de común acuerdo con las repúblicas hispano-americanas para conservar la autonomía que con tanta gloria reconquistaron mediante la lucha de la independencia. Nicaragua, señor, aunque una de las secciones más pequeñas del Nuevo Mundo, no vacila en ofrecer su cooperación, porque conoce los vínculos que existen entre las naciones latinas que ocupan este Continente, vínculos tan estrechos cuanto que son creados por toda clase de identidad que reina entre ellas’.

“El de Honduras, en nota de 27 de noviembre del mismo año, decía:

“La comunidad de intereses de los Estados americanos, y la conveniencia de procurar en concierto la seguridad general, unidas á otras razones que merecen toda atención”, etc., etc.

“El gobierno del Paraguay decía, en 30 de junio último:

“El gobierno del Paraguay reconoce el sentimiento americano que inspiró á los gobiernos contratantes la celebración de aquel pacto; y considera el espíritu de sus estipulaciones como conservador de la independencia, soberanía y dignidad de las naciones y de sus gobiernos, y como propia á consolidar y garantir las relaciones de amistad y mutua consideración, y reconoce también toda la necesidad que siente la América independiente por la realización de un pensamiento semejante”.

“El gobierno de la república oriental del Uruguay ha solicitado y obtenido del Senado autorización para adherir al tratado continental, y este hecho vale más que las palabras.

“El gobierno argentino, en nota de 27 de noviembre de 1861, decía:

“El gobierno argentino, consecuente con la tradicional política que ha señalado su marcha, concurriendo por todos los medios posibles al mantenimiento y respetabilidad del derecho adquirido, como naciones soberanas, por las repúblicas que en otro tiempo fueron colonias de la España, se sintió profundamente conmovido”, etc.

“En 23 de noviembre de 1861:

“La República Argentina, cuyos antecedentes en la memorable lucha de la libertad le dan un justo título á las consideraciones y aprecio de sus hermanas del Sur, sería _una vez más el primer soldado que se presente para sostener el honor y dignidad de la causa americana. Á esta política elevada y consecuente con las tradiciones del pueblo argentino_...”, _etcétera_.

“En 14 de mayo del presente año:

“S. E. el señor gobernador simpatiza ardientemente con el pensamiento generoso que ha inspirado la nota del gobierno de V. E. á que contesta el infrascrito. Siente, empero, que el carácter transitorio de la autoridad que ejerce no le permita formular una política exterior definida, para lo que necesitaría del concurso del Congreso, que no está reunido aún. Encuentra por esta razón que es un deber, al contestar la nota de V. E., limitarse á consignar en ésta _que el pueblo argentino, cuyo órgano es en este momento, ligado á las repúblicas americanas por la comunidad de tradiciones, de interés, de instituciones, de sangre_, acompaña á la nación mejicana en las dificultades en que se encuentra envuelta, con sus votos más sinceros”.

“Últimamente S. E. el presidente Mitre, en su Mensaje de apertura, dijo al último Congreso:

“El encargado del P. E. N. cree deber manifestar con este motivo que no ha podido menos de significar á dicho señor ministro que simpatizaba con la idea iniciada por la república del Perú, á que algunas repúblicas americanas han adherido ya”.

“¿Cómo podrían combinarse estas declaraciones terminantes y explícitas, corroboradas en cada uno de los pasos de la vida oficial de la República Argentina, con las que contiene la comunicación de ese departamento?

“Abre el infrascrito el libro de la historia de esta nación, y entre otros elevados ejemplos que infunden el más legítimo orgullo, encuentra el tratado de Buenos Aires con la república de Colombia, ratificado en esta ciudad á 10 de junio de 1823, y firmado por el Sr. D. Bernardino Rivadavia. Á este tratado pertenecen los artículos que siguen:

“Art. 1.º. La república de Colombia y el Estado de Buenos Aires ratifican, de un modo solemne y á perpetuidad por el presente tratado, la amistad y buena inteligencia que naturalmente ha existido entre ellos por la identidad de sus principios y comunidad de sus intereses.

“Art. 3.º. La república de Colombia y el Estado de Buenos Aires contraen á perpetuidad alianza defensiva en sostén de su independencia de la nación española y de cualquier otra dominación extranjera.

“Los dos extremos de la América se abrazan _á perpetuidad_ de este modo á través del vasto Continente, encerrando entre el círculo extenso de ese abrazo fraternal á todas las repúblicas intermedias.

“El 19 de junio de 1823 se sancionó en Buenos Aires la memorable ley de que fué autor el mismo Sr. Rivadavia, en que se estableció por su artículo 1.º: ‘Que el gobierno no celebraría tratado de neutralidad, de paz ni de comercio con S. M. Católica, _sino precedida la cesación de guerra en todos los nuevos Estados del continente americano y el reconocimiento de su independencia_’.

“Era así como entonces se reconocía por esta república la solidaridad de la América, como un cuerpo cuya vida y libertad debía igualmente repartirse en todo su organismo. El sentimiento generoso que la citada ley revela, en vez de amenguarse ha ido creciendo, y no se le puede contestar sin herir las fibras más vivas del patriotismo americano.

“Por último, en la Convención entre el gobierno argentino, representado también por el Sr. Rivadavia, y los comisionados españoles para el cese de las hostilidades existentes en esa época, se estipulaba en el art. 8.º que el gobierno de Buenos Aires negociaría, por medio de un plenipotenciario de las Provincias Unidas del Río de la Plata y conforme á la ley de 19 de junio, la celebración del tratado definitivo de paz y amistad entre S. M. Católica y _los Estados del Continente americano_.

“Pero superior á todos estos antecedentes que se acumulan durante medio siglo, es el espíritu de vigorosa armonía que ellos han creado entre los intereses de América, espíritu que no se puede contrariar sin oponerse á la lógica de los clásicos acontecimientos y al torrente de la opinión de los pueblos.

“El contexto de la nota de S. E. ha obligado al infrascrito á entrar en estas largas consideraciones, apartándose del asunto primordial, á que hubiera deseado concretarse, esto es, el tratado continental en sí mismo...”.

Esta protesta del representante peruano, apoyada en las declaraciones oficiales de todos los gobiernos republicanos de la América, es la más solemne condenación de la política tan extraña como singular que ha pretendido negar el hecho de más significación de la vida americana, para erigir en doctrina la unión de la América á la Europa, á nombre de mentidas conveniencias.

La fuerza de los hechos, el imperio de la verdad y el conocimiento despreocupado de los intereses de América, hechos, verdad é intereses que aparecen de relieve en el cuadro que acabamos de bosquejar, acabarán muy pronto por uniformar la opinión pública del Continente y por desterrar para siempre los repugnantes errores que el egoísmo hace surgir de cuando en cuando.

NOTAS:

[37] Esos estudios no pueden dejar de tener un efecto muy tardío, tanto porque á causa de su naturaleza misma no pueden estar al alcance de todos, cuanto porque la prensa diaria, que es lo que llega á manos del pueblo europeo, los centraría enérgicamente, reproduciendo las calumnias, las diatribas y las leyendas ridículas que contra la América inventan diariamente, por estupidez, por ignorancia ó por especulación, los viajeros europeos.

Los _sabios_ que formaban la expedición científica española que vino á posesionarse de las Chinchas á título de _reivindicación_, se han esmerado no solamente en revelar el odio con que todos sus compatriotas miran nuestra independencia y el sistema de gobierno que hemos adoptado, sino también en deprimir á los pueblos americanos, atribuyéndoles como propios de ellos y de la forma republicana los vicios y costumbres antisociales que les legó la España y que todavía no han podido ser extirpados por la nueva sociedad.

Desde el año 63 la prensa de todo el mundo reproduce con frecuencia los artículos en que aquellos expedicionarios nos pintan como pueblos viciosos y corrompidos y nos reprochan lo mismo que sus antepasados fundaron en América. Es sabido, por ejemplo, que los nuevos gobiernos americanos y las nuevas sociedades no han tenido tiempo suficiente para mejorar la condición de los indígenas, porque en cincuenta años es imposible restablecer lo que fué degradado y degenerado durante tres siglos. Sin embargo, aquellos viajeros no tienen reparo en acusar á los _republicanos_ de Sur-América de maltratar á los indígenas, á pesar de que tanto pregonan los principios democráticos.

Así también los acusan á cada paso de todos los vicios anticristianos, antisociales y antidemocráticos que les legó la España, como si la república y la independencia les dieran origen y les alimentaran. ¿Qué pueden hacer los estudios de los escritores despreocupados de Europa sobre nuestra condición social y política, al lado de esa caterva de maléficos espíritus que soplan la calumnia contra la América á los oídos de las sociedades y de los gobiernos de Europa?

[38] Nota del Sr. Covarrubias, ministro de Relaciones Exteriores de Chile, al ministro español, en 28 de mayo de 1864.

[39] _Diario do Rio Janeiro_, número 168.