La América, Tomo I

Part 1

Chapter 13,522 wordsPublic domain

NOTAS DEL TRANSCRIPTOR

En la versión de texto sin formatear, el texto en cursiva está encerrado entre guiones bajos (_cursiva_), el texto en negritas está representado por =negritas= y las versalitas se representan en mayúsculas como en VERSALITAS.

El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes cuando la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.

En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas acentuadas a las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está en mayúsculas.

La cubierta del libro fue agregada por el transcriptor y ha sido añadida al dominio público.

El Índice ha sido reposicionado al principio de la obra.

Se han corregido errores evidentes de puntuación y otros errores tipográficos y de ortografía.

* * * * *

EDITORIAL-AMÉRICA =Director: R. BLANCO-FOMBONA=

PUBLICACIONES:

I Biblioteca Andrés Bello (literatura).

II Biblioteca Ayacucho (historia).

III Biblioteca de Ciencias Políticas y Sociales.

IV Biblioteca de la Juventud Hispano-americana.

V Biblioteca de obras varias.

_De venta en todas las buenas librerías de España y América._

Imprenta de Juan Pueyo, Luna, 29, teléf. 14-30.--Madrid.

LA AMÉRICA

=Publicaciones de la EDITORIAL AMÉRICA=

BIBLIOTECA DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES

Obras de los más ilustres prosistas americanos.

SE HAN PUBLICADO:

I.--ORESTES FERRARA: _La guerra europea. Causas y pretextos._ Profesor de Derecho Público en la Universidad de la Habana. --Precio: 3,50 pesetas.

II.--ALEJANDRO ÁLVAREZ: _La diplomacia de Chile durante la emancipación y la sociedad internacional americana_. Consultor del ministerio (chileno) de Relaciones Exteriores. --Precio: 3,50 ptas.

III.--JULIO C. SALAS: _Etnología é Historia de Tierra-Firme. (Venezuela y Colombia)._ Profesor de Sociología en la Universidad de Mérida (Venezuela). --Precio: 4 pesetas.

IV.--CARLOS PEREYRA: _El Mito de Monroe_. Profesor de Sociología en la Universidad de Méjico y Miembro del Tribunal Permanente de Arbitraje, de La Haya. --Precio: 4,50 ptas.

V.--JOSÉ DE LA VEGA: _La Federación en Colombia_. Miembro del Centro de Historia, de Cartagena Colombia. --Precio: 3,50 pesetas.

VI.--M. DE OLIVEIRA LIMA: _La Evolución histórica de la América latina_. De la Academia brasilera. --Precio: 3,50 pesetas.

VII.--ÁNGEL CÉSAR RIVAS: _Ensayos de historia política y diplomática_. De la Academia de la Historia, de Venezuela. --Precio: 4 pesetas.

VIII.--JOSÉ GIL FORTOUL: _El hombre y la historia. (Ensayo de Sociología venezolana)._ De la Academia de la Historia de Venezuela. --Precio: 3 ptas.

IX.--JOSÉ M. RAMOS MEJÍA: _Rosas y el Doctor Francia. (Estudios psiquiátricos)._ Presidente del Consejo Nacional de Educación en la República Argentina. --Precio: 3,50 pesetas.

X.--PEDRO M. ARCAYA: _Estudios de sociología venezolana_. Miembro de la Academia de la Historia de Venezuela y Ministro de Relaciones Interiores. --Precio: 4 pesetas.

XI-XII.--J. D. MONSALVE: _El ideal político del libertador Simón Bolívar_. Miembro de número de la Academia de Historia de Colombia. Dos gruesos vols. á 4,75 cada uno.

XIII.--FERNANDO ORTIZ: _Los negros brujos. (Apuntes para un estudio de Etnología criminal)._ Profesor de Derecho Público en la Universidad de la Habana. --Precio: 4,50 pesetas.

XIV.--JOSÉ NICOLÁS MATIENZO. _El gobierno representativo federal en la República Argentina_. Profesor en las Universidades de Buenos Aires y la Plata. --Precio: 5 pesetas.

XV.--EUGENIO MARÍA DE HOSTOS: _Moral Social_. Profesor de Sociología en la República Dominicana y de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Chile. --Precio: 4 pesetas.

DE VENTA EN TODAS LAS LIBRERÍAS DE ESPAÑA Y AMÉRICA

BIBLIOTECA DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES

J. V. LASTARRIA

ENVIADO EXTRAORDINARIO Y MINISTRO PLENIPOTENCIARIO DE CHILE EN LAS REPÚBLICAS DEL PLATA Y EN BRASIL, ETC.

=LA AMÉRICA= TOMO I

EDITORIAL AMÉRICA MADRID

CONCESIONARIA EXCLUSIVA PARA LA VENTA: SOCIEDAD ESPAÑOLA DE LIBRERÍA

FERRAZ, 25

ADVERTENCIA

_El chileno J. Victorino Lastarria es uno de los publicistas más eminentes que produjo la América en la primera mitad del siglo XIX._

_Pronto va á celebrar Chile el primer centenario del nacimiento de Lastarria. Con este motivo el nombre del publicista se ha puesto á la orden del día y las nuevas generaciones solicitan sus obras. Entre estas obras ocupa lugar prominente la titulada_ La América, _que se publica por primera vez después de 1867. En este libro, obra de un alto espíritu, de un conocimiento profundo de los problemas sociales y políticos de América y de un afecto apasionado al continente boliviano, Lastarria dejó algunas de las mejores páginas que se han escrito sobre la América de entonces. Es imposible estudiar la evolución de las repúblicas hispano-portuguesas del Nuevo Mundo sin conocer la obra de Lastarria. Como el tiempo no ha pasado en balde, como todas las repúblicas han crecido y progresado rápidamente, muchas de las observaciones de Lastarria han perdido su fuerza primitiva; pero queda en la obra, perenne, lo esencial de ella._

_Las nuevas generaciones del Nuevo Mundo encontrarán en_ La América, _de Lastarria, una de las columnas de fuego que necesitan_.

LOS EDITORES.

ÍNDICE

_Página_

ADVERTENCIA 5

PRIMERA PARTE AMÉRICA Y EUROPA

I.--Errores de la Europa respecto á la América 9

II.--Acción de esos errores durante la guerra civil de Estados Unidos 21

III.--Influencia de esos errores en los liberales europeos 33

IV.--Ignorancia de la Europa en materias de gobierno republicano 37

V.--Estado de la ciencia política en Europa: teoría de G. Humboldt 47

VI.--Continuación: Teoría de Mill 51

VII.--Continuación: Teoría de Eotvos 70

VIII.--Continuación: Jules Simón; Estado de la libertad en Francia, en Suiza y en Bélgica; Situación política general en Europa 83

IX.--Continuación: Escuela americana: Tocqueville 108

X.--Continuación: Laboulaye; Comparación del Estado de la ciencia política en ambos continentes; Idea del Estado entre los antiguos y modernos 115

XI.--Continuación: Historia de la idea de libertad entre antiguos y modernos 134

XII.--Continuación: Teoría de Courcelle-Seneuil 149

XIII.--Comparación de los principios políticos de Europa y América 170

XIV.--Del derecho internacional en América. Doctrina Monroe 179

XV.--Continuación 197

XVI.--La Europa y la América son en política dos extremos opuestos. Unión americana. Doctrina del Brasil y del gobierno argentino 210

PRIMERA PARTE AMÉRICA Y EUROPA

I

La América y la Europa, aunque en general están pobladas de distinta gente, de condiciones sociales profundamente diversas, tienen, sin embargo, tradiciones, sentimientos y costumbres procedentes de un mismo origen, y sobre todo se encaminan á un mismo fin social. Ambos continentes están al frente de la civilización moderna, y ambos son enteramente solidarios en la empresa de propagar esa civilización y de realizarla hasta sus últimos resultados.

La América conoce á la Europa, la estudia sin cesar, la sigue paso á paso y la imita como á su modelo; pero la Europa no conoce á la América, y antes bien la desdeña y aparta de ella su vista, como de un hijo perdido del cual ya no hay esperanzas. Un solo interés europeo, el interés industrial, es el que presta atención á la América, el que se toma la pensión de recoger algunos datos estadísticos sobre las producciones y los consumos del Nuevo Mundo, sobre los puertos, las plazas comerciales y los centros de población de donde pueda sacar más provecho.

Pero los agentes de aquel interés, es decir, los mercaderes de Birmingham, de Manchester y Glasgow, de Hamburgo, del Havre y de Burdeos, de Cádiz y de Génova, llegan á la América creyendo que arriban á un país salvaje, y aunque pronto se persuaden de que hay acá pueblos civilizados, no consienten jamás en creer que los americanos se hallan á la altura de los europeos, y los suponen colocados en un grado inferior. El interés industrial domina desde entonces completamente la vida del europeo en América, y por larga que sea aquí su mansión, jamás llega á comprender los intereses sociales y políticos del pueblo en donde hace su negocio, y siempre está dispuesto á servir sólo á su negocio, poniéndose de parte del que le da seguridad para sus ganancias, aunque sea á costa de los más sagrados intereses del pueblo que le compra ó que le vende. He ahí el único lazo que hay entre la Europa y la América ibera. He ahí el único interés que los gobiernos europeos amparan y protegen, el único que su diplomacia y sus cañones han servido hasta ahora, el único que los inspira en sus relaciones con los gobiernos de la América que ellos llaman bárbaros y salvajes.

De vez en cuando las prensas europeas lanzan á la circulación un artículo ó un libro sobre alguno de los Estados ibero-americanos; pero generalmente, aunque esas producciones sean el resultado de un viaje á la América ó un estudio pagado por un gobierno americano, ellas están escritas bajo las inspiraciones de un mal espíritu, ó con tanta superficialidad, que sus datos son engañosos, si no falsos y contradictorios.

No hay más que abrir un libro de viajes en América, sobre todo si es escrito en francés, para encontrar harto de que reir, por lo maravilloso y lo grotesco; y basta leer una relación escrita por orden y bajo la protección de un gobierno, como las que frecuentemente se publican sobre el Brasil y la República Argentina, para ver desfigurada la verdad, en gracia del propósito de convencer á la Europa de que es bueno lo que no es, ó de que puede hallar un gran negocio que hacer en estas regiones.

Mas, bien poco deben leerse esos escritos en Europa, cuando la ignorancia de sus gobiernos, de sus congresos, de sus estadistas y de sus escritores acerca de la América, brota y rebosa en todas las ocasiones en que tienen que ocuparse en nuestros negocios y en nuestra situación. No tenemos necesidad de recorrer la historia ni de acumular hechos para probarlo: bastan los presentes.

¿Á qué se deben si no las tentativas de la España contra Méjico, contra Santo Domingo y contra el Perú, que hoy emprende de nuevo, mandando continuar la guerra en aquella isla, y exigiendo del Perú mucho más que lo que obtuvo por la Convención de Chinchas de 20 de enero de 1865; á qué la guerra atentatoria, inmotivada é injustificable que hace á Chile porque no le da explicaciones de actos lícitos é inofensivos, que le han sido dadas hasta la saciedad; á qué la invasión de Méjico por la Francia, con la aquiescencia y aplauso del gobierno inglés, esa guerra sin ejemplo, porque la historia de la humanidad “no registra una sola más injustificable por sus causas, más inútil y perniciosa por su objeto, más ilógica y contradictoria consigo misma, más condenada por sus propios alegatos y por la opinión universal, más deshonrada en sus alianzas y en todos sus medios, y quién sabe si más suicida”[1]; á qué, en fin, las tentativas de protectorado de Napoleón III en el Ecuador y todas las demás empresas políticas ó industriales, públicas ó privadas que la Europa ha puesto por obra en estos últimos años contra la independencia de la América ibera, contra su sistema liberal, contra sus ideas democráticas, contra todos sus progresos en la senda del derecho?

¿No hemos visto fundarse diarios y escribir libros para propagar la ridícula teoría de que la _raza latina_ tiene una naturaleza diferente y condiciones contrarias á las de la _raza germánica_, y que, por tanto, sus intereses y su ventura la fuerzan á buscar su progreso bajo el amparo de los gobiernos absolutos, porque el parlamentario no está á su alcance? ¡Á qué esa mentira! Bien sabemos los americanos que el principio fundamental de la monarquía europea, la base social, política, religiosa y moral de la Europa, es un principio _latino_, es decir, pagano, anticristiano: el principio de la unidad absoluta del poder, que mata al individuo, aniquilando sus derechos; pero sabemos también que hoy no existen ni pueden existir ni en Europa ni en América la raza latina ni la germánica.

La raza latina desapareció ó se modificó y regeneró profundamente desde que los pueblos de raza germánica conquistaron los dominios romanos, y mal pueden llamarse _latinos_, después de quince siglos, los franceses que descienden de los francos, pueblo germánico que pobló las Galias, que hoy se llaman Francia; ni los españoles que fueron engendrados por los godos y visigodos, también pueblos germánicos que conquistaron y poblaron la península. ¿Qué tienen de latinos los alemanes que gimen bajo el yugo del principio _latino_, que consagra el poder absoluto; ni qué los descendientes de los lombardos que en Italia combaten por tener un gobierno que respete el derecho?

Germanas y no latinas son las monarquías europeas del principio latino ó pagano del absolutismo, y también los pueblos que están de rodillas delante de ellas, arrastrando una vida prestada en medio de las tinieblas de la ignorancia, en que la dignidad y los derechos del individuo han desaparecido.

Lo que se ha querido con aquel absurdo es hacernos _latinos_ en política, moral y religión, esto es, anular nuestra personalidad, en favor de la unidad de un poder absoluto que domine nuestra conciencia, nuestro pensamiento, nuestra voluntad y, con esto, todos los derechos individuales que conquistamos en nuestra revolución; para eso se ha inventado la teoría de las razas. Pero tal pretensión sólo prueba una cosa, y es que la Europa está completamente á obscuras acerca de nuestros progresos morales é intelectuales; y que así como se engaña por su ignorancia cuando pretende volvernos al dominio de sus reyes, se engaña puerilmente cuando aspira también á imbuirnos en sus errores, en esos absurdos que hacen la fe de sus pueblos.

Un distinguido escritor americano levantó su voz en Europa para reprocharle esa ignorancia, en palabras tan elocuentes como verdaderas, que no podemos dejar de repetir para autorizar las nuestras[2]: “Las repúblicas _colombianas_--dijo--son un verdadero misterio para el mundo europeo, sobre todo desde el punto de vista político-social. Acaso son algo peor que un misterio, un monstruo de quince cabezas disformes y discordantes, sentado sobre los Andes, en medio de dos océanos y ocupando un vasto continente.

“Á Europa no llega jamás el eco de las nobles palabras que se pronuncian, la imagen de las bellas figuras que se levantan, ni la revelación clara de los hechos buenos y fecundos que se producen en Colombia (América española). ¡No! ¡Lo que llega es el eco estruendoso y confuso de nuestras tempestades políticas, la fotografía de nuestros dictadores de cuartel ó de sacristía, las proclamas sanguinarias ó ridículas de nuestros caudillos de insurrecciones ó reacciones igualmente desleales! Y como Europa no nos conoce sino en virtud de esos datos, ella ha llegado á concebir una opinión respecto del mundo colombiano que, sin exageración, se puede traducir con esta frase: ‘Colombia es el escándalo permanente de la civilización, organizado en quince repúblicas más ó menos desorganizadas’.

“¡Extrañas aberraciones en que suelen incurrir las sociedades civilizadas en su manera de estudiar, apreciar y juzgar á las que les son inferiores! Europa ha tenido gran cuidado de enviar al Nuevo Mundo muchos hombres de alta capacidad, encargados de estudiar la naturaleza física de nuestro continente: Humboldt y Bompland (sin contar los sabios y viajeros del siglo XVIII), Boussignault y Roulin, D’Orbigny y cien más, han hecho en ese vasto campo estudios y revelaciones de la más alta importancia.

“El mundo europeo conoce poco más ó menos las cordilleras colosales, los formidables ríos, las pampas y los páramos, los nevados y volcanes, los golfos y puertos, la flora y la fauna, la geología y meteorología del mundo colombiano. Si en sus pormenores curiosos la naturaleza americana ha sido apenas superficialmente explorada, al menos su conjunto y sus formas generales y características no son ya un misterio para las gentes ilustradas de Europa.

“Poco más ó menos, sucede otro tanto en lo económico. Los comerciantes de Londres y Liverpool, de Hamburgo y Amsterdam, del Havre y Marsella, de Génova y Trieste, de Barcelona y Cádiz saben que pueden obtener plata y cochinilla en Méjico, añil y café en Centro-América, oro, tabaco, maderas de tinte en Nueva Granada, café y cacao en Venezuela, sombreros de paja y cacao en Guayaquil, guano y plata en el Perú, cobre en Chile, quina y plata en Bolivia, cueros en Buenos Aires y Montevideo, etc.

“Y esos mismos comerciantes de Europa saben también á cuáles de nuestros mercados pueden enviar sus telas de algodón y lana, de lino y seda, sus vinos y otros líquidos, sus metales y artículos de quincallería y mil otros productos de las manufacturas europeas.

“¿Qué más? ¿Sabe Europa alguna otra cosa del continente, del mundo de Colón? No, ¿para qué? ¿Le importa saber algo más? Parece que no, si juzgamos por los hechos. Las sociedades europeas saben que tenemos volcanes, terremotos, indios salvajes, caimanes, ríos inmensos, estupendas montañas, mosquitos, calor y fiebres en las costas y los valles húmedos, boas y mil clases de serpientes, negros y mestizos y una insurrección ó reacción mañana y tarde. Saben también que producimos oro y plata, quinas y tabaco y mil otros artículos de comercio.

“Eso es todo. Pero, ¿conocen acaso nuestra historia colonial, la índole de nuestras revoluciones, los tipos de nuestras razas y castas, la estructura de nuestras instituciones, el genio de nuestras costumbres, las influencias que nos rodean, las condiciones del trato internacional que se nos da, las tendencias que nos animan y el carácter de nuestra literatura, nuestro periodismo y nuestras relaciones íntimas? No, nada de eso.

“¡El mundo europeo ha puesto más interés en estudiar nuestros volcanes que nuestras sociedades, conoce mejor nuestros insectos que nuestra literatura, más los caimanes de nuestros ríos que los actos de nuestros hombres de Estado, y tiene mucha mayor erudición respecto del corte de las quinas y el modo de salar los cueros de Buenos Aires que respecto de la vitalidad de nuestra democracia infantil!

“El contraste es bien triste y humillante, y por cierto que lo es más para las sociedades europeas que para las hispano americanas. Podríamos citar cien nombres de naturalistas que han ido á estudiar y explorar á fondo en el presente siglo la _naturaleza_ hispano-colombiana. No tenemos noticias de uno solo (después del admirable Humboldt, hombre de genio universal) que haya ido á estudiar detenidamente la _sociedad_. Molien, que no hizo en Colombia _estudios_, sino colecciones de consejos ridículas, no escribió sino puerilidades y absurdos.

“La mayor parte de los viajeros, ó visitando apenas las costas, ó deteniéndose durante pocos días en algunas ciudades, ó tratando sólo con las clases inferiores de la sociedad, no han venido á propagar en Europa sino errores, nociones truncas y exageradas ó extravagancias, de que se ríen los lectores en Colombia. El hecho es que en Europa se ignoran _profundamente_ las condiciones sociales, políticas, históricas de los pueblos hispano-colombianos...[3].

“Por otra parte, y esto es más importante todavía, los europeos se han equivocado deplorablemente en sus previsiones y apreciaciones respecto de la revolución colombiana de 1810. Ó la han temido ó la han despreciado sin fundamento. Unos, desconociendo las leyes que presiden á la _aclimatación_ de los gobiernos y las instituciones, han creído que la democracia colombiana, al consolidarse y perfeccionarse desarrollando grandes progresos, podía tarde ó temprano hacer irrupción en Europa y destruir, ó, por lo menos, socavar profundamente, los tronos y las aristocracias é instituciones europeas. De ahí la guerra llena de antipatías, desdenes y ultrajes que algunos gobiernos le han declarado desde 1810 á la democracia colombiana, como si no hubiese entre las condiciones sociales de los dos mundos una distancia mayor aún que la que establece el océano entre la naturaleza de los dos continentes.

“Otros no le han tenido miedo á la democracia hispano colombiana, sino que (y éstos forman la mayoría) la han desconocido de tal modo, que la han despreciado, desdeñando creer en su vitalidad irrevocable, lógica, fatal como una necesidad para el equilibrio de la civilización y del mundo político y económico; democracia fecunda, dígase aquí (en Europa) lo que se quiera, que no podrá desaparecer sino con la ruina total de las sociedades colombianas.

“Los que han desdeñado nuestra democracia han sido cortos de vista, pero lógicos. Al ver que la revolución de 1810 fué un movimiento súbito, inexplicable y sin causas en apariencia, y al considerar la esterilidad de las revoluciones democráticas en Europa (esterilidad falsa que estamos muy lejos de reconocer), han creído que en Colombia todo era transitorio y subalterno, que allí sólo se trataba de un cambio de decoraciones: presidentes en lugar de virreyes, congresos en vez de audiencias, la dictadura de muchos en reemplazo de la dictadura única del monarca de España.

“Han creído que en esta nueva situación no asomaba una _idea_, sino apenas un _hecho_; que la revolución no era profundamente _social_, sino meramente _política_; la civilización no tenía interés en respetar esa situación y apoyarla, ó, por lo menos, en dejarla desarrollarse libremente y aceptarla como el punto de partida de una grande y saludable transformación; han creído, en fin, que esa revolución republicana podía con el tiempo producir, ó la monarquía constitucional entre nosotros, que fortificase las tradiciones europeas, ó una disociación que, haciendo necesaria la intervención de Europa, se prestase á la explotación y á la partija en beneficio de los fuertes, que tanto le habían codiciado á España su dominación en el Nuevo Mundo.

“Ese error capital en la manera de apreciar la transformación de Colombia ha hecho á los europeos hostiles respecto de nuestras sociedades. Y esa hostilidad no ha consistido sólo en suscitarnos conflictos y embarazos, y en infligirnos humillaciones numerosas por cuestiones ridículas. Han hecho algo peor que eso: nos han desdeñado, prescindiendo del deber de estudiarnos, despreciando nuestros propios esfuerzos por hacernos conocer, y perdiendo un tiempo precioso para la civilización”.

NOTAS:

[1] _Cuestión de Méjico._--Cartas de D. J. R. Pacheco al ministro de Negocios Extranjeros de Napoleón III.--New York, 1862.