I. Origen de los indios de América. II. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú.

Part 9

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La Grecia sostuvo también, desde tiempo inmemorial, largas guerras y luchas intestinas. La expedición de los Argonautas, que tuvo por objeto defender á la Grecia de las invasiones de los piratas de la Cólquida, en la que tomaron parte Jasón, Castor y Polux, Peleo, Orfeo, Esculapio, Linceo, Tifis, Teseo y Hércules; la sangrienta guerra fratricida de Tebas ó de los Epigones, en la que se manifestó la ferocidad de la época; la famosa guerra de Troya, efectuada con una flota de mil velas y un ejército de cien mil hombres, en la que tomaron parte Ulises, Nestor, Idomeneo, Aquiles, los dos Ayax, Diómedes y Filóctetes, guerra que duró diez años, hasta que Troya cayó en poder de los Griegos y fué reducida á cenizas; la invasión de los Dorios; la guerra Sagrada, llamada así porque se hizo en defensa del templo de Delfos, la que duró diez años, entre Atenienses y Crisos, resultando éstos vencidos; las tres guerras de Mesenia, la primera que alcanzó veinte años, la segunda cuarenta años después, y la tercera dos siglos más tarde, contiendas en las que al fin fueron dominados los Mesenios por los Espartanos, que los obligaron á emigrar á Sicilia; la batalla de Lade, entre Persas y Miletos, en que éstos fueron derrotados; la batalla de Maratón, también contra los Persas, en la que éstos, á su vez, fueron vencidos; las tres famosas guerras Médicas, que duraron treintiseis años, principiando con la expedición de Jerges contra la Grecia, compuesta de un formidable ejército de cinco millones de hombres y una flota de mil doscientas naves, las que terminaron con la batalla de Salamina, en Chipre (479 años antes de J. C.), y destrucción de Atenas; la batalla de la Platea, entre los Persas y los Atenienses y Espartanos, que dió por resultado la segunda destrucción de Atenas; la batalla de las Termópilas y la de Tespias; la guerra del Peloponeso (431 años antes de J. C.), entre Espartanos y Atenienses, que duró veintiseis años, cuyo desenlace fué favorable á los primeros; la expedición á Sicilia y á Siracusa, que fué adversa á los Atenienses; el combate de Micale, en la Asia Menor, entre los Persas y los Griegos y Jonios, alcanzando estos últimos una completa victoria; la batalla de Cunaxa, que terminó con la portentosa retirada del ejército de Jenofonte; la conquista de Bizancio por los Griegos; la expedición de Agesilao, que se apoderó de la Misia, Lidia y Caria, deshaciendo el ejército persa; la batalla de Tegira, en la que fueron vencidos los Espartanos por los Tebanos; las batallas de Delio y Anfípolis, entre Atenienses y Boecios, que terminó con la paz de Nicea; la batalla de Leuctres y la de Arbeles, en que fueron derrotados los Lacedemonios; la victoria de los Atenienses contra los Espartanos en Helesponte; la batalla de Mantinea, en la que murió Epaminondas, entre Tebanos y Espartanos, triunfando los primeros; la batalla de Conorea ó Quenorea, en la que sucumbió la libertad griega; el sitio y toma de Tebas por Alejandro el Grande, en que seis mil griegos fueron pasados á cuchillo, treinta mil vendidos como esclavos y la ciudad arrasada; la expedición á la India llevada á cabo por el mismo Alejandro, en la que tuvo lugar la batalla de los Elefantes entre Atenienses y Macedonios; la guerra de Lamiaca; la invasión de los Galos, que talaron la Macedonia, la Tesalia y entregaron al pillaje la Grecia central; la dominación de los Etolianos; la batalla de Selacia, en la que sucumbió el ejército espartano; la guerra de las dos Ligas, que duró tres años; la batalla de Cinocéfalos, de cuyo resultado la Macedonia fué reducida á provincia romana; y, finalmente, la reducción de la Grecia á provincia romana bajo el nombre de Acaya.

En estas numerosas y no interrumpidas guerras y batallas que Grecia tuvo que sostener durante más de doce siglos, y que por fin terminaron con la nacionalidad de este antiguo Estado, ¿no es de suponer que algunas fracciones de pueblos, agoviados por tantas y tantas calamidades, trataran de buscar albergue en algunas comarcas donde estuvieran al abrigo de esas devastaciones, y que, con tal motivo, arribarían á las playas de América?

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La República de Fenicia, aunque reducida en territorio, fué una de las naciones más civilizadas del Asia, atribuyéndosele ser la cuna de las letras, de la escritura y de los libros, pues así lo asevera el poeta latino Anneo Marco Lucano, en el lib. III de su _Pharsalia_, y el ser también los Fenicios unos de los primeros que emplearon el arte de la navegación y enseñaron á dar batallas navales. Ellos, de cuenta y orden del Faraon Nekohó ó Nechao, traspasaron las columnas de Hércules, que hasta entonces habían sido consideradas como el límite oeste de la Tierra y navegaron á lo largo de la costa africana por su parte occidental, siendo indudable, según opinión de algunos autores antiguos, que conocieron la existencia del archipiélago de Canarias, refiriéndolo así Aristóteles, en su obra _Mirabilibus Auscultationibus_, lib. II, cap. IV. Séneca, en sus _Controversias_, opina también que los Fenicios tuvieron algún conocimiento de América, pues dice que "ellos habían conocido unas tierras ignoradas que estaban situadas más allá de lo que fué la Atlántida." Diodoro de Sicilia, en su _Bibliotheca Historica_, afirma igualmente que "habiendo pasado las columnas de Hércules fueron llevados por furiosas tempestades hacia tierras muy distantes del Océano y que desembarcaron al lado opuesto de Africa, en una isla muy fértil, regada por ríos navegables." Esa pretendida isla pudo ser la América, atenta su situación geográfica con respecto de Africa. Pablo Félix de Cabrera, de Guatemala, se esfuerza en demostrar, fundado en inscripciones geroglíficas mexicanas, que la primera inmigración de Fenicios en América tuvo lugar en la época de la primera guerra Púnica, (266 años antes de J. C.).

Cuanto á las guerras sostenidas por los Fenicios, como cruentas y continuas, al fin diezmaron sus provincias. El rey Elulio sostuvo un sitio de cinco años contra Salmanazar, rey de Asiria, sitio que ningún resultado produjo, porque no pudo el invasor apoderarse de la ciudad marítima de Tiro. Nabucodonosor II, más afortunado que Salmanazar, invadió la Fenicia, atacó á Tiro y la destruyó después de un sitio de trece años. Fué, también, sometida la Fenicia por Ciro, rey de Persia, que la conservó bajo su poder, hasta que Alejandro el Grande, después de la batalla de Iso, la tomó al cabo de un largo sitio, y, como vencedor, hizo crucificar á dos mil de sus habitantes, con implacable fiereza.

¿No es presumible que en ese intérvalo de guerras encarnizadas algunas colonias de Fenicios, huyendo de tantos desastres, arribaran á las playas americanas, tanto más, que, debido al genio emprendedor de este pueblo, había estendido su navegación á las más apartadas regiones, llevando con sus bajeles, sus costumbres, sus instituciones, sus artes, todos sus conocimientos, en fin?

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Se supone que 500 años antes de la era cristiana, los Cartagineses invadieron también el continente americano. La República de Cartago, fundada 878 años antes de J. C., fué una de las naciones más adelantadas de la antigüedad, llegando á ser dueña del mar durante más de seis siglos, y por ende, muy temida por su marina, muy poderosa por sus ejércitos, muy opulenta por su riquísimo comercio. Es opinión de varios historiadores antiguos que los Cartagineses en la época de su gran poder en el mar, colonizaron las islas Canarias, de donde es probable pasarían á las Antillas, pues si hemos de dar crédito á la autoridad de Aristóteles, ellos armaron numerosas galeras y navegaron desde las Columnas de Hércules hasta una isla distante de la costa de Berberia, en la que se quedaron, arraigándose. Se supone que la referida isla sea la conocida de Santo Domingo, desde la cual, según otros autores antiguos, pasarían á las de Cuba y algunas más de las Antillas, y de estas islas á la Tierra Firme de América, poblando sucesivamente Nombre de Dios, Panamá y el Perú. Es de presumir que los Cartagineses se hubieran realmente aventurado á atravesar el anchuroso mar que divide el Antiguo Mundo del Nuevo, pues que ellos fueron los iniciadores en armar galeras de vela. La República africana de Cartago, para sostener su autonomía, tuvo que soportar largas luchas. Afortunada en un principio, con reiteradas invasiones completó la conquista de la Sicilia. Mas, no pudiendo los Romanos ver de buen grado el engrandecimiento de los Cartagineses, abrieron la primera guerra Púnica so pretexto de protejer á los Mamertinos, guerra que duró veintisiete años, terminando con la derrota de los Cartagineses en las islas Eguses. La segunda guerra Púnica (219 años antes de J. C.), fué originada por la ruina de Sagunto, aliada de Roma, poniendo á Roma al borde del abismo. Por fin, la tercera y última, circunscrita al asedio, toma é incendio de Cartago, duró sólo tres años, dando por resultado la reducción de su territorio á provincia romana.

Durante las guerras Púnicas, que fueron para los Cartagineses tan desastrosas, natural es suponer que ellos teniendo conocimiento del Continente americano, (por haber anteriormente arribado á sus playas, cuando esa República se encontraba en su apogeo marítimo), tratarían de refugiarse nuevamente en este hemisferio que les brindaba la paz y quietud desaparecidas de su suelo.

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Hay también fundadas probabilidades de que partidas de Hebreos inmigraran á América. Los Hebreos, según sus auténticos textos, fueron víctimas de frecuentes guerras y luchas intestinas, hasta ofrecer al mundo entero el triste espectáculo de su destrucción y servidumbre.

Las largas contiendas que los Hebreos sostuvieron durante dieziseis siglos, desde los tiempos patriarcales hasta la venida de Jesucristo, fueron: la batalla de Rafidin contra los Analecitas, en la que éstos fueron derrotados por Josué; el castigo del pueblo hebreo, ordenado por Moisés, consistente en la inmolación de 23,000 hombres en un día; las tomas de las ciudades de Jericó y Hay por Josué; la batalla de Gaban contra los Cananeos; la batalla de los Madianitas, ganada por Gedeón; el combate contra los Amonitas y Filisteos, tras del cual fueron estos últimos vencidos por Jefthé; la lucha contra Samsón, que produjo 4,000 víctimas; el combate contra los Filisteos, durante el cual quedaron en el campo de batalla 30,000 hombres; el combate contra los Amonitas, en el que éstos fueron vencidos por Samuel; el combate contra los Idumeos, Moabitas y Amonitas, que terminó con el triunfo de Samuel; el combate contra los Amalecitas, en el que 1,000 combatientes fueron pasados á cuchillo por orden de Saul; el combate entre las fuerzas de David y Goliath, que dió como resultado la muerte de este gigante con sus 10,000 Filisteos; la batalla de Gelboe, en la que fueron derrotados los Israelitas por los Filisteos; la encarnizada guerra civil entre las fuerzas de David y las de Isboseth; la toma de Rabba por el ejército de Joab y Abisai, en la que todos los vencidos murieron en los mayores tormentos; la batalla de Efraim, en la cual fué derrotado Absolón; la guerra contra los Filisteos y Árabes, entrando estos últimos á saco en Jerusalem; el sitio de Jerusalem por Hazael, rey de Siria; la batalla contra los Idumeos, en que éstos fueron derrotados; las batallas libradas por Osías contra los Idumeos, Filisteos, Árabes y Amonitas, que fueron sucesivamente vencidos por este príncipe judío; las batallas libradas contra la Siria, ganada por Tegla-Falasar; las batallas entre las fuerzas de Ezequías y los Filisteos; el sitio de Jerusalem sostenido por Senaquerib, durante el cual murieron 185,000 hombres; las batallas sostenidas por Manasés contra los Asirios; las sangrientas batallas de Majedo, entre las fuerzas de Josías y las del rey de Egipto, Necas, que terminó con la toma de Jerusalem por este último; la segunda toma de Jerusalem por Nabucodonosor II, rey de Babilonia; el sitio de Bethulia; la invasión de la Judea por Holofernes; el sitio de Babilonia por el ejército medo-persa mandado por Ciro; el largo cautiverio de los Judíos; la persecución de los Judíos por Antioco Epifanes, en la que fueron degollados 40,000 Israelitas; la sublevación de los Judíos á órdenes de Mathatías; las guerras entre las tropas de Judas Macabeo y las de los generales Apolonio, Serón, Lisias y otros, que terminaron con las victorias que éste obtuvo sobre los generales sirios Timoteo y Nicanor; las victorias obtenidas por Jonathás sobre los generales sirios Baquidis y Apolonio; los disturbios promovidos en la Judea por los Fariseos, Saducos y Esenianos; la victoria obtenida por Hircano sobre los Idumeos; la guerra sostenida por Alejandro Janeo con los Egipcios, en la que vencieron éstos; la intervención de los Romanos, que se apoderaron de Jerusalem, pasando los Judíos á la dominación de éstos; el segundo asalto de Jerusalem por las legiones romanas mandadas por Herodes; la toma de Jerusalem por Tito, en la que perecieron 1.300,000 Judíos; y por fin, la sublevación de los Judíos encabezados por Barcoquebas, en la que 500,000 Judíos fueron pasados á cuchillo, y con cuya carniceria terminó la nacionalidad judía, á principios de la era cristiana, esparciéndose por el Mundo los pocos que sobrevivieron á esa _massacre_.

Cansados los Hebreos de sufrir tantas luchas y del prolongado yugo de los extranjeros que los tenían reducidos á la condición de esclavos, es lógico creer que muchos de ellos se determinaran á abandonar su suelo natal para dirigirse á regiones distantes ó apartadas, siendo probable que una de esas regiones fuera, talvez, el suelo americano.

Además, retrocediendo á época anterior y según el lib. IV de Esdras, las diez tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, rey de Asiria (721 años antes de la era cristiana), "pasaron á una región donde nunca habitó el Género Humano, para guardar siquiera allí su ley, la cual no habían guardado en su tierra; entraron por unas angosturas del río Eufrates y llegaron á la región llamada Arsareth." Gilberto Genebrardo, al interpretar lo dicho por Esdras, opina que Arsareth es la Tartaria y añade: "Como si dijera Esdras, que pasado el río Eufrates vinieron á los desiertos de Tartaria, y de allí hacia la isla de Groenlandia, territorio de América." El P. Maluenda, en su obra _De Antiquitates_, cap. XXVIII, cree que Arsareth, donde llegaron las diez tribus, es aquel promontorio que está en la última Escitia ó Tartaria, del cual está dividida la América por sólo el Estrecho de Annian. Esta afirmación es apoyada por varios autores antiguos, los que afirman que estas diez tribus vinieron á poblar el Continente americano. Posteriormente, el rabbí Manassés Ben Israel, en su obra _La Esperanza de Israel_ (Amsterdam, 1650), trató también esta materia con alguna extensión, asegurando, que en las cordilleras de la América Meridional vivía un número considerable de indios descendientes de Israelitas. Adair, que vivió cuarenta años entre los indios, observa en su _History of the American Nations_, pág. 15, que el origen de los indios es israelita, fundándose, principalmente, en los ritos de éstos, que son casi semejantes á los del pueblo hebreo. También Heckewelder, Beltrani, Laet, Moraez, Bealty, Stanhop, Smith y otros autores, en sus respectivas obras, concuerdan en la opinión de ser los indios descendientes de Hebreos. El P. Fr. Juan de Torquemada, en su _Monarquía Indiana_, tom. I, lib. V, cap. II, y Jorge Jones en su voluminosa obra _Identity of the aborigines of America with the people of Tyrus and Israel_, se declaran también defensores de esta teoría. Lord Kingsborough, en su extensa obra, en nueve volúmenes, hace igualmente numerosas deducciones para probar la colonización de América por los Hebreos. Además, Gilberto Genebrardo, en el libro I de su Chronologia, pág. 162, refiere que en una de las islas del archipiélago de las Azores, se encontraron sepulcros debajo de tierra, con inscripciones hebreas muy antiguas.

Los autores citados que atribuyen una estirpe hebrea á las razas indianas de América, no están contextos siempre en lo tocante á la venida de los Israelitas al Nuevo Mundo, pues unos opinan que llegaron de Oriente á Occidente, estableciéndose en el centro y sud de este Continente; pero la mayoría es de parecer que atravesaron la Persia, la frontera de la China, y en seguida el estrecho de Annian, en el Continente occidental.

La opinión emitida á este respecto por los autores antiguos y modernos, nos induce á creer que, quizá, parte de los Americanos han procedido de los Hebreos de las diez tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, las que probablemente se dirigirían á la Tartaria y de allí á la Mongolia, pasando en seguida por el reino de Annian, luego por el de Quivirá, poblando por fin México, y sucesivamente Panamá y el Perú.

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Hay fundamento para creer que algunas colonias de los Romanos emigraron al Nuevo Mundo, en época anterior á la del Cristianismo. Los Romanos, desde la fundación de su capital (753 años antes de J. C.) hasta la decadencia y término total de su imperio (año 476 de la era cristiano), tuvieron que sostener numerosas sucesivas guerras externas y disturbios internos que diezmaron grandemente sus provincias.

Tanto durante la República, como durante el Imperio, las constantes luchas en que los Romanos estuvieron empeñados, dieron por resultado la conquista de casi todo el Mundo conocido por los antiguos: la España, la Galia, la Italia, la Bretaña, los países del Danubio y los situados sobre el mar Egeo y el mar Negro, como también la Asia Menor y la Siria, é igualmente el Egipto, la Libia, la Numidia y la Mauritania. Todas estas naciones cayeron sucesivamente bajo el dominio de los Romanos.

Durante la República, que abraza un período de cerca de cinco siglos, que puede calificarse de "época de las conquistas," los Romanos, cual ningún otro pueblo, lucharon temeraria y heróicamente en sinnúmero de guerras y batallas, obteniendo siempre la victoria sobre las huestes enemigas. Las principales de estas acciones militares fueron: las guerras contra los Tarquinos, Veyenses, Equos, Volscos, Samnitas y Latinos; la contra Pirro; las tres llamadas Púnicas; la contra los Cartagineses; las contra Filipo III de Macedonia y Antioco III, de Siria; las de Yugurta y Marsica; la contra Mario, Sila, Mitridates y Sertorio; las de los Esclavos y contra los Piratas; la conspiración de Catilina; la conquista de las Galias, por César, que duró diez años y en la que el vencedor tomó ochocientes ciudades, sometió trescientos pueblos, derrotó 3.000,000 de enemigos y mató 1.000,000 en los campos de batalla; las guerras contra Pompeyo y los Triumviros; las batallas de Regila, de Filipo y de Accio; las invasiones de los Galos, Cimbos y Teutones; la conquista de la Macedonia y Grecia; y, por fin, la sumisión de España. En todos estos hechos de armas los Romanos desplegaron un valor extraordinario.

Durante el Imperio, que abarca un espacio de tiempo de cerca de cuatro siglos, las legiones romanas se hicieron igualmente notables por su pericia y valor en los combates. Las principales acciones militares que tuvieron lugar en ese período, fueron: la invasión de los Partos, que terminó con la destrucción de Seleucia, donde fueron degollados 300,000 habitantes; la sublevación de España; la batalla de Vedriac y la de Cremona; la sublevación de los Batavos; la guerra de exterminio de la Judea, en la que fué destruida Jerusalem (cumpliéndose la profecía de Jesucristo) y en la que murieron 1.500,000 israelitas; las luchas contra los Bretones y los Dacios; las tomas de Babilonia, Seleucia y Ctesifonte; la reducción de Armenia, Asiria y Mesopotamia; el sometimiento de la Arabia; la guerra contra los Marcomanes; las acciones contra Cizico, Nizzea é Iso; la guerra contra los Persas y la contra los Francos; las batallas de Verona y contra los bárbaros Godos y Alemanes; las revueltas de los Treinta Tiranos; la batalla de Naiso y la de Edesa; las luchas repetidas contra los Batavos, Alemanes, Moros y Persas, vencidos por Dioclesiano; la batalla de Andrinópolis, la de Calcedonia, la de Mursa y la de Aquilea; la guerra contra los Visigodos; las invasiones de los Ostrogodos, Pictos, Ecotos, Vándalos, Borgoñones, Suecos y Alanos; la terrible invasión de los Hunos; la toma y saqueo de Roma; la nueva guerra civil, en la que Roma fué saqueada por tercera vez, y, por fin, la caída y disolución del gran Imperio Romano.

Reconociéndose en los Romanos arraigadas tendencias á las conquistas y un genio aguerrido, sacado de las luchas y los combates, quizá al tener conocimiento de la existencia del Continente americano, se aventurarían algunas colonias á atravesar los mares en busca de ese Nuevo Mundo. Y aunque algunos autores, entre ellos Lucas Marineo en su obra _Rerum Hispanorum_, lib. XIX, cap. XVI, afirma que los Romanos poblaron las Indias, fundándose en que los moradores de la Isla Atlántida les habían dado las noticias de este nuevo país, aquello debe considerarse como una quimera, porque dado el caso de que esa isla hubiera realmente existido, su desaparición habría tenido lugar muchos siglos antes de la época de los Romanos. Algunos otros historiadores, que alegan que los Romanos poblaron algunos territorios de América, dicen que en la época del mayor apogeo del Imperio Romano, tuvieron noticia de la existencia del Nuevo Mundo y que poblaron sucesivamente las islas de Barlovento, Tierra Firme, México, Perú y algunas otras comarcas.

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Réstanos indicar las batallas ó acciones bélicas habidas en otras nacionalidades de segundo orden, cuya política no dejó de influir grandemente, en épocas remotas, en los destinos del Antiguo Mundo.

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La Asiria soportó los siguientes flagelos: la invasión de los Arabes, cuya dominación duró tres siglos; las conquistas de la Armenia y la Media, hasta la Bactriana, llevada á cabo por Nino ó Ninus con su ejército de 2.000,000 de hombres; la expedición de la India por Semiramis (2034 años antes de J. C.), al frente de 3.000,000 de soldados, con éxito adverso para esta emperatriz; la sublevación y combates de los Sátrapas; las conquistas de la Siria, Israel y Judá, las de Chipre, Armenia y parte de la Media por Sargónidas; la invasión de Egipto por Sennacherib; la toma de Nínive, y, en seguida, la de Babilonia; la conquista de la Fenicia, Siria y Judá, por Nabucodonosor; el combate contra los Medos; y el sitio y toma de Babilonia, por los Persas.

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Citaremos otros grupos de acciones de armas:

La larga guerra á que tuvo que hacer frente la Lidia contra las colonias griegas del Asia Menor, apoderándose, á la postre, de Colofonte y de la Troade; la invasión de los Cimerianos; la conquista de Esmirna y la de Efeso, por Creso; la invasión de Ciro, rey de Persia, que terminó con la derrota de Timbrea y el reyno de la Lidia.

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La sublevación de los Medos, que la Media sostuvo para sacudirse de la dominación de Nínive; la conquista de la Persia; el combate contra los Asirios, en que éstos quedaron vencedores, pero, á su vez, fueron vencidos por los Medos en otra batalla posterior; el sitio de Nínive é invasión de los Escitas; la toma de Nínive y el combate contra los Lidios.

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La Siria tuvo también que sostener luchas en defensa de su integridad, como: el combate contra los Hebreos, que salieron vencidos; las victorias obtenidas por las tropas de Ben-Abad I y Ben-Abad II; la derrota de Ben-Abad III, que perdió las conquistas de sus antecesores; la toma de Damasco, por el rey de Asiria Teglath Falusar; el yugo de los Babilonios, Medos y Persas, que sufrió la Siria; y, últimamente, el yugo de Alejandro, que terminó con la autonomía de la Siria.

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