I. Origen de los indios de América. II. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú.

Part 5

Chapter 53,685 wordsPublic domain

PURUHUAS, del río Chambó hasta el Nevado de Tungurahua, en el Ecuador.

QUERANDIS, del río Paraná, en el Brasil.

QUITUS, de la Cordillera occidental del Ecuador, hasta Quito: su gobierno era una especie de confederación establecida entre los _Quitus_ y las tribus de los _Imbayas_, _Latacungas_, _Puruhuas_ y _Cañares_.

SALIVAS ó CABORÉS, de los ríos Guaviare y Meta, en Colombia.

SARABECAS, del río Itenes, en Bolivia.

SUCUMBIOS, del río San Miguel, en el Ecuador.

TABOGAS ó URABÉS, del archipiélago de las Perlas, en el Istmo de Panamá.

TAIRES, de la Guayana holandesa.

TAYRONAS, del valle de Santa Marta, en Colombia.

TEHUELCHES, del territorio comprendido entre el Río Negro y el Río Colorado, de la Isla de Tehuel, al Oriente de la Patagonia.

TICUNAS, del río Madera, en Bolivia.

TIJANAS, de los ríos Chambó y Paute, en el Ecuador.

TIMBIRAS, de los espesos bosques situados entre el Río dos Balsas y el Itapiraras, en el Brasil, bosques que todavía, se dice, no ha podido penetrar en ellos ningún blanco.

TIMBOS, del Río de La Plata, en la Argentina.

TIPUNABAS, del territorio situado entre los ríos Muny y el Pará, en el Brasil.

TOBAS, del río Pilcomayo, en el Chaco argentino.

TONOCOTÉS, del lago cerca del río Bermejo, en el Paraguay.

TUCUMANOS, de la comarca de su propio nombre, en la Argentina.

TUMEBAS, de los Nevados de Chita y Guicán, en Colombia.

TUMUPASAS, de los ríos Apolobamba y Beni, en Bolivia.

TUPIS, de las provincias orientales del Brasil: son oriundos de ese Estado.

USAQUES, de las provincias de Guatavita, Guasca, Zipaquirá, Ebaté, Sutagasugá y Ebaqué, en Colombia.

WARRANS, del río Masaroni, en la Guayana inglesa.

XARAYAS, del río Paraguay, en la Argentina.

YAGUARZONGAS, del río Zamora y sus afluentes, en el Ecuador.

YAHGANS, del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos, en la Tierra del Fuego.

YAMEOS, del río Yavarí, que desemboca en el Marañón.

YAROS, del río Uruguay, en el Uruguay.

YARURAS, del río Casanare, en Colombia.

YARACARAS, de la Cordillera de los Andes de Bolivia.

YURIS, del río Marañón.

ZAMUCAS, del Chaco paraguayo.

ZARZAS, de los ríos Guacamaná, Colán y Amarillo, en el Ecuador.

ZURÍES, de la Serranía de las Cruces, en el Istmo de Panamá.

Y muchas otras tribus inferiores á las citadas.

Además, en la América Meridional, existían y existen todavía un sinnúmero de tribus salvajes, cuyos territorios no están aún explorados, como las que habitan el Gran Chaco, que contiene gran número de familias distintas, todas por clasificarse; las de las comarcas del caudaloso Marañón y sus tributarios, que cuentan con muchas familias nómades; las de la región del gran río Amazonas, donde viven también gran número de indianos de diferentes familias; las de las selvas del Orinoco y sus afluentes, en que se alberga un regular número de indígenas; y las de la Araucanía, Patagonia y Tierra del Fuego.

Todas estas parcialidades indígenas ofrecían desde la conquista, diversas especies y modificaciones de gobierno, desde el despotismo paternal de los Incas, hasta la más absoluta independencia, donde cada individuo sólo dependía de sí mismo. El mayor número de esas parcialidades aborígenes estaban sumidas en la mayor ignorancia y vegetaban en el estado más netamente selvático, y, aún hoy día, algunas son refactarias á los progresos de la civilización del siglo actual.

Los españoles, digámoslo con franqueza, han sido más humanitarios que los anglo-americanos, pues en lugar de exterminar á los indios de sus colonias, como lo hicieron los ingleses y los yankees, los catequizaron é instruyeron en los preceptos de la religión cristiana. Sin embargo, los castellanos no dejaron de tener gran parte de culpa en la disminución de la población indígena de sus colonias, porque si bien no los cazaron á balazos, como á fieras, al igual que los sajones, en los extensos dominios que les quitaron á viva fuerza, no dejaron esos mismos castellanos de causar la muerte de gran número de los indios que habían subyugado, empleando, para ello, otros medios proditorios. En efecto, desde el principio de la conquista, los españoles llevaron á la raza indígena al sacrificio, obligándola á tomar las armas en las guerras civiles que entre ellos mismos sostenían, y aún en sus luchas en las tribus que pretendían someter. Consideraban á esos indios como esclavos, condenándolos á trabajos forzados y abrumadores en los obrajes y en las minas, é infiriéndoles maltratos inhumanos; pero no fué esto todo: los agobiaron con tributos, mitas y fuertes cargos; los emplearon como acémilas en las expediciones de la conquista de nuevos países; y, en fin, les fomentaron el vicio de las bebidas alcohólicas, para embrutecerlos. Las epidemias de la viruela, sarampión y otras enfermedades, desconocidas para ellos antes, diezmáronlos también, de tal manera, que en muchas ocasiones hubieron de desaparecer tribus enteras. Con causas de abatimiento y de despoblación todas las expuestas, contribuyeron á la degeneración de la raza indígena en proporcionalidad tan monstruosa, que de 20.000,000 de indios de ambos sexos que poblaban el Continente sometido á la férula de los españoles, de esa primitiva, enorme cifra, al finalizar el Coloniaje, apenas se contaban 4.000,000.

Entremos en materia.

§ I

Al realizarse el descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón, en 1492, este gran Continente se hallaba poblado, como hemos dicho, por sinnúmero de tribus, unas bárbaras, otras semi-salvajes, y varias completamente salvajes, esparcidas en toda su estensión. Algunas de estas tribus eran (y pocas son todavía) de antropófagos, pues se comen la carne de sus enemigos para satisfacer el repugnante placer de la venganza.

La diversidad de tipos, costumbres, trajes, vida, cultura é idiomas de estas tribus indianas (que sería muy difícil de caracterizar de una manera absoluta, pues que no ofrecen ningún carácter general), induce á creer que los primeros pobladores de América[43] son originarios de naciones diversas que habían llegado á este Hemisferio en distintas épocas lejanas; pero no solamente lo manifiesta así la variedad de razas, hábitos y lenguas, sino también las tradiciones que se conservan, de haber habido invasiones sucesivas á este Continente, después del Diluvio Universal.

No obstante, apesar de los importantes datos suministrados por los hombres científicos que han hecho un profundo estudio sobre el origen de los indios de América, esta cuestión no está aún dilucidada ni definida, conservándose tan sólo á este respecto algunas noticias vagas y no muy exactas, ó tradiciones que han venido trasmitiendo de generación en generación.

Una de las teorías más extravagantes y quiméricas de algunos autores, entre ellos Isaac de La Peyrère en su obra _Prædamitas_, y Tomás Burnet en su libro _Telluris theoria sacra_, fué la de asentar con toda gravedad, que los habitantes de América no descendían de la especie humana, sino que, por sus rasgos particulares, pertenecían á una raza distinta, á la de los irracionales, negándoles en lo absoluto el título de hombres; siendo necesario que un breve pontificio los declarase de la misma especie que los demás que forman el Género Humano, reconociéndolos, por consiguiente, aptos para recibir el bautismo[44].

Aún algunos otros autores, entre ellos Avicena, en su tratado _De Conglutinatione_, han caído en el absurdo de decir, que los primeros pobladores de América se engendrarían de alguna putrefacción, ayudada del calor del Sol, á semejanza de los animales llamados imperfectos ó insectos, como moscas, gusanos, ranas y otros de este género.

Otros autores han pretendido que los indios descienden directamente de la familia de Noé, salvada del Diluvio Universal, y consideran á las tribus groseras y salvajes, dispersas sobre el Continente americano, como la raza más antigua de hombres que existe sobre la Tierra. A este respecto, el docto abate Lorenzo Hervas y Panduro, en el tomo I, pág. 113 de su _Catálogo de lenguas de las naciones conocidas_, opina que "la sola observación de no hallarse palabras de los idiomas europeos, asiáticos y africanos, en las lenguas americanas, basta para que se conozca claramente que las naciones de estas últimas comarcas, sin mezclarse ni tratar con las de otros Continentes, pasaron á América prontamente, al suceder la dispersión del linaje humano, después de la confusión de las lenguas en Babel"[45].

Algunos escritores han supuesto que en los tiempos heróicos, los Judíos, los Cananeos, los Cartagineses, los Fenicios, los Troyanos, los Griegos, los Egipcios y los Escitas, habían desembarcado á las playas americanas, fundándose en ciertas analogías que se han notado entre aquellas diversas razas y las de América.

Asímismo, varios otros autores han asentado que las primeras inmigraciones al Nuevo Mundo habían venido de la Atlántida, grande isla que, se dice, existió en tiempos remotos entre el Africa y la América, y que fué sumergida en el Océano Atlántico por un gran cataclismo.

Y aún no faltan autores que han querido probar que los originarios de América descienden de los Iberos del tiempo de Tubal, nieto de Noé, que había mandado expediciones á las playas americanas.

En fin, hay un sinnúmero de teorías acerca del origen y la descendencia de los habitantes aborígenes de América; pero todas ellas son hipótesis que carecen de fundamento, porque no descansan en hechos históricos y auténticos que los acrediten.

Sin embargo, parece ser cuestión averiguada, si nos atenemos á las indagaciones perseverantes practicadas por los sabios modernos, que la América antes de su descubrimiento por Colón, fué conocida de los antiguos; tanto porque así lo testifican muchos autores de la antigüedad, cuanto porque las instituciones de los dos grandes imperios americanos, México y Perú, bajo el gobierno de sus respectivos monarcas, conservan el recuerdo de comunicaciones lejanas con el Mundo Antiguo.

Además, las indagaciones de los sabios modernos se basan en inducciones procedentes de la cultura, religión, costumbres, constitución física é idiomas de los pueblos de América, que algunas analogías guardan con otros de Europa, Asia y Africa, como así mismo, en hechos históricos contemporáneos, que han venido á comprobar que, efectivamente, la América fué conocida desde la más remota antigüedad.

Por otro lado, si nos ceñimos á la opinión emitida por doctos y renombrados etnógrafos y etnologistas, es de creer que la América no solamente fué conocida desde muchos siglos antes de la era cristiana, sino habitada desde los tiempos antediluvianos.

Y si nos atenemos á la tradición hebráica, esos habitantes antediluvianos perecerían en la catástrofe del Diluvio Universal, acontecido, según los _Setenta Intérpretes_, 2242 años después de la Creación, trascurriendo en seguida, se supone, más de cinco siglos hasta que se efectuara nuevamente la repoblación de América, ó sea, más de siglo y medio después de la confusión de las lenguas en Babel, que tuvo lugar 255 años después del Diluvio, es decir, en el año 2497 de la Creación, acontecimiento que originó la dispersión del linaje humano.

Si la repoblación de América ha tenido lugar más de cinco siglos después del Diluvio, es evidente, dicen los etnógrafos, que los nuevos habitantes de este Continente han debido proceder del Antiguo Mundo conocido entonces, sea de Europa, de Asia, de Africa, ó talvez de estos tres Continentes.

Al efecto, vamos á exponer las diversas opiniones de los escritores que se han ocupado del origen de los indios del Nuevo Mundo, en lo que podemos llamar _segunda época de América_, ó _época postdiluviana_.

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Alejo Vanegas, en el lib. II, cap. XXII de su _Enciso in Suma Geographiæ_, afirma que los indios de América proceden de Cartagineses, fundándose en la autoridad de Aristóteles, gran filósofo griego, quien en su libro _Mirabilibus Auscultationibus_, fol. 53, dice: "que unos mercaderes cartagineses navegaron desde las columnas de Hércules, y que al cabo de muchos días de navegación hallaron una isla desierta, que distaba de la costa de Berbería y en la que había toda clase de maderas, y ríos que se podía navegar por ellos, por lo cual acordaron quedarse allí y poblar la isla. Más, habiendo llegado á noticia del Senado de Cartago la susodicha navegación, y temiendo que la fama de las riquezas de aquella tierra llegase á ser conocida por otras naciones, ó temeroso de que muchos de sus conciudadanos, atraídos por la belleza del nuevo país, fugaran de su patria, ordenó que se matase, á su regreso, á todos aquellos que habían ido á poblar aquella isla, y decretó también pena de muerte contra los que en lo sucesivo intentaran dirigirse allí, guiado por el temor de que los colonos sacudieran el yugo cartaginés y perjudicaran al comercio de la metrópoli." Aristóteles, al aludir á la mencionada isla, se refería talvez á la conocida Española ó de Santo Domingo, desde la cual los Cartagineses pasarían después á la de Cuba y á las otras de aquellos parajes, y de allí á la Tierra Firme de América, y sucesivamente á Nombre de Dios, Panamá, México y Perú. Esta opinión ha sido sostenida por algunos otros autores, entre ellos Solórzano, Torquemada, Calancha y el P. Mariana, los que, para probar que los indios americanos son descendientes de Cartagineses, se han apoyado en los siguientes fundamentos: 1^{o} Que éstos, en aquellos tiempos, como los Mexicanos, usaron de pinturas ó geroglíficos en lugar de letras. 2^{o} Que en América existen edificios antiguos de igual arquitectura que los de los Cartagineses, como en Yucatán, Tabasco, Teotilmacán y otras partes de México; Tiahuanacu y Huamanga, en el Perú; edificios todos anteriores á la fundación de los imperios de México y del Perú. 3^{o} Que muchas costumbres de los Americanos eran semejantes á las de los Cartagineses, como los sacrificios de víctimas humanas, la conservación del fuego sagrado, la veneración de las fuentes y ríos, el vestirse de pieles y plumas, el uso de sortijas en las orejas, el de envenenar las puntas de las flechas con que combatían, y muchas otras costumbres y ceremonias, idénticas entre Cartagineses y Americanos. Alejo Vanegas, para sustentar su opinión y darle más fuerza, se funda también en la autoridad de varios otros autores antiguos, como Hornio, Pausanias, Plinio, Estrabón, Vossio, Ariano y Layet, los que citan varias largas navegaciones efectuadas por los Cartagineses en tiempos remotos, siendo una de ellas la que emprendió el almirante Hannón, que navegó desde Gibraltar, costeando la mar, hasta lo último de la Arabia, y pasando dos veces debajo de la línea del Ecuador, bordeando así las costas del Continente americano.

Onffroy de Torón, que ha hecho pacientes é interesantes investigaciones sobre los primeros habitantes de América, dice, también, en su selecta obra _Antigüedad de la navegación por el Océano_, que "es evidente el aserto de que los Cartagineses fundaron colonias en América."

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Gilberto Genebrardo, en el lib. I de su _Chronologia_, pág. 162, asevera que: "En la isla de San Miguel, una de las del archipiélago de los Azores, se hallaron sepulcros debajo de tierra con letras hebreas muy antiguas;" á lo que agrega, y con él algunos historiadores posteriores, que "los Americanos proceden de los Hebreos de las diez tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, rey de Asiria[46], los que se dirigieron primero á la China y de allí, por mar, á las costas de otro Continente, por el estrecho que separa la China del reino de Annián, pasando en seguida al reino de Quivirá, y poblando así México, Panamá, Perú é islas de Barlovento ó Hespérides." Los autores que sostienen ese parecer se fundan en el pasaje del cap. XIII, vers. 4 á 49 del lib. IV de _Esdras ó de los Reyes_[47], que al hablar de las tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, dice: "Ellas tuvieron entre sí el acuerdo y determinación de dejar la multitud de los gentiles y de pasarse á otra región más apartada, donde nunca habitó el Género Humano, para guardar siquiera allí su ley, la cual no habían guardado en su tierra;" de cuyas palabras coligen algunos autores antiguos, como Plaucio, en su _Mapa Mundi_, Alangren, en su _Globo_, y Hornio, en su _Origen de los Americanos_, que estas diez tribus hicieron el viaje por el derrotero indicado y fueron á poblar la América. También esos mismos autores se fundan en la semejanza del carácter y costumbres de los Hebreos é Indios, pues tanto los unos como los otros, dicen, son inconstantes, desleales, ingratos, tímidos, medrosos, incrédulos, supersticiosos y poco caritativos; las costumbres de los unos, agregan, de enterrarse en los montes, sacrificar niños á sus dioses é ídolos, abstenerse de comer carne de puerco, untarse de aceites aromáticos, celebrar ciertas fiestas y observar algunas leyes, son idénticas á las de los otros; y, por fin, algunos vocablos son iguales, tanto en la lengua hebrea como en algunas de los indígenas.

A esto agrega el P. Hennequin, en su _Descripción de la Luisiana_ (París, 1688): "No se puede dudar que los indios son originarios de los Judíos, pues tienen con ellos ciertas analogías, como construir sus cabañas en pabellones, untarse de aceite, creer con superstición en sueños, enterrar sus muertos con horribles lamentaciones, llevar las mujeres el duelo de sus parientes durante un año entero, absteniéndose de danzas y festines, y creer, como los Judíos, que están maldecidos de Dios."

La secta de los Mormones, en los Estados Unidos de Norte América, creen, también, que los aborígenes de América descienden de Hebreos.

Es evidente que las tribus de Cashivos, Sitibos, Piros y Shipibos de las márgenes del Ucayali, practican, como los Judíos, la circuncisión, como también los Salivas, Guaúros, Otomaques y Calchaquis de la América del Sur, y los Mayas de Yucatán.

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Diodoro de Sicilia, en su _Biblioteca Histórica_ y Lactancio Firmano, en sus _Instituciones divinas_, refieren que en el sepulcro de Osiris se encontró un epitafio, en el que se lee que su imperio llegó á los confines de las Indias Oriental y Occidental, de cuyo hecho algunos historiadores posteriores han hecho remontar el origen de los Indios á la fundación del reino de Iberia, en tiempo de Osiris, época que, según alegan, comenzaron á venir á América, por la isla Atlántida, muchos Iberos. Y para apoyar sus opiniones con fundamentos sólidos, dicen que en aquellos tiempos se acostumbraba poner á los lugares de América los nombres de los reyes Iberos, sacando, en consecuencia, que del rey Brigo, cuarto de Iberia, hubieron muchos lugares como Lacobriga, Mirobriga, Volubriga, Augustobriga, Flaviobriga y otros; del rey Gorgor, se puso su nombre á un pueblo cerca de Huancavelica, en el Perú; del rey Hespero, se denominaron las islas Hespérides ó de Barlovento, según lo asevera Ambrosio Calepino en su _Thesaurus Lingua Latinam_, diciendo: "Las Hespérides se llamaron así, del nombre de Hespero, hermano de Atlante."

Pero el autor que más se empeña en hacer descender los Americanos de la raza ibérica, es el erudito Dr. Diego Andrés Rocha, Oidor de la Real Audiencia de Lima, y autor de un _Tratado único y singular del Origen de los Indios del Perú, México, Santa Fe y Chile_, quien, después de analizar las opiniones emitidas por varios escritores sobre el origen de los Indios, desarrolla su modo de pensar á este respecto, sosteniendo que los primitivos Iberos, de la época de Osiris, Tubal, Hespero y otros reyes, fueron los primeros habitantes del Continente Americano, fundándose en la analogía de las costumbres de éstos con los Indios de América; en las armas y usos de la guerra de aquellos con éstos; en la concordancia de muchos lugares, ríos, montes y aún vocablos de ambos pueblos, y en la mayor vecindad de la Iberia con la isla Atlántida. Para sostener su teoría, el Dr. Rocha, hace una larga disertación, apelando al testimonio de más de setenta autores, entre antiguos y modernos, de su tiempo, pretendiendo probar con ello que la conclusión que sostiene, de ser los Iberos los primeros que poblaron la América, es la opinión que debe prevalecer.

Otros autores, sin remontarse á una época tan remota como la citada por los anteriores, sostienen, también, que los Españoles, mucho tiempo antes del descubrimiento de Colón, aportaron á las playas de América. Uno de ellos, el Dr. Juan de Solórzano Pereyra, en el tomo I, lib. I, cap. V, N^{o} 9 de su _Política Indiana_, pág. 17, dice: "No quiero pasar en silencio lo que trae Gomara y otros, de los Españoles que, huyendo de la guerra y servidumbre de los Moros, en tiempo del rey Don Rodrigo, se embarcaron en el Océano y aportaron á las provincias de Cozumel y Yucatán; y viviendo y muriendo en ellas, pusieron sobre sus sepulcros, y en otras partes, cruces, que se las enseñaron á reverenciar á los Indios, las cuales se hallaron allí por los nuestros, cuando se descubrieron estas provincias." A lo que agrega el sabio José Eusebio de Llano Zapata, en sus _Memorias Histórico-Físicas, Apologéticas de la América Meridional_, pág. 520: "Es muy creíble lo que afirman los alegados autores, que huyendo de la opresión de los Moros, aportaron á aquellas tierras; y aunque se dice que la navegación se hizo á Cozumel y Yucatán, que es la parte septentrional de nuestras Indias, hay evidencia más que probable que algunos de los Españoles que allí aportaron, penetraron en las tierras meridionales, hasta la metrópoli del Collao."

Parece ser un hecho innegable, que en los túmulos de Grave-Creek, en Virginia, se ha encontrado una piedra con una inscripción en caracteres alfabéticos, de gran interés etnográfico, que, según Jomard, era ibérica, lo que se presta á creer que los Iberos fueron, quizá, unos de los primeros pobladores de América.

Sin embargo, el P. Román y Zamora, fraile agustino, en sus _Repúblicas de Indias_, alega que "es otro desatino suponer que los Indios de América son de origen español, sólo por haber algunas analogías entre ciertos vocablos quechuas y otros castellanos.

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Algunos otros escritores opinan que los Americanos descienden de los Griegos, fundándose en que habiendo tenido los Atenienses guerra con los Atlantes, tuvieron noticias de las islas Hespérides y de la Tierra Firme de América, y fueron á esas comarcas, siendo los Griegos el pueblo que primero tuvo conocimiento de la navegación después de los nietos de Noé. También apoyan sus opiniones en que en algunos lugares de América, según refiere el P. Fr. Gregorio García, en su _Origen de los Indios_, pág. 189, se han encontrado inscripciones griegas trazadas en peñas, como cerca de Loja, en el Ecuador, donde hay una piedra alta en la que están esculpidos cuatro renglones, cada uno de vara y media de largo, cuyas letras parecen griegas; cerca de Huamanga, á orillas del río Vinaque, en el Perú, según lo indica Cieza de León, en su _Crónica del Perú_, cap. LXXXVII, pág. 160, se encontró una loza que tenía ciertas letras parecidas á las griegas; en unos pueblos de la provincia de Chiapa, en México, según el mismo P. García, en su obra citada, pág. 190, existen unos antiguos edificios, en cuyos pilares hay trazadas letras que también parecen griegas. Igualmente, estos autores se fundan en las analogías de ciertos vocablos griegos con los de algunos lugares indígenas, habladas en México, Guatemala y el Perú.

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