Guerras civiles de Granada: Tomo I

Part 26

Chapter 264,133 wordsPublic domain

Y así como llegó a su casa el rey moro, que era el Alcazaba, comenzó a llorar lo que había perdido; al cual llanto le dijo su madre que, pues no había sido para defenderla, hacía bien llorarla.

Todos los Grandes de Castilla le fueron a besar las manos al rey D. Fernando y a la reina Doña Isabel, y a jurarlos por reyes de Granada y su reino. Los Católicos reyes hicieron muchas mercedes a todos los caballeros que se habían hallado en la conquista de Granada.

Entregada la ciudad fueron puestas todas las armas de los moros en el Alhambra.

Acabado de dar asiento en las cosas de Granada, mandó el rey D. Fernando que a los caballeros Abencerrajes se les volviesen todas sus casas y haciendas, y sin esto les hizo grandes mercedes.

Lo mismo hizo con Reduán, Sarracino y Abenámar, los cuales habían servido en la guerra muy bien, y con grande fidelidad.

Muza y Celima se volvieron cristianos, y los casó el rey, y les dio grandes haberes.

La reina Sultana fue a besar las manos a los reyes Católicos, los cuales la recibieron benigna y amorosamente, y dijo que quería ser cristiana; y así la bautizó el nuevo arzobispo, y la puso por nombre Doña Isabel de Granada. Casola el rey con un principal caballero, y le dio en dote dos lugares.

A todos los Alabeces y Gazules el rey les hizo grandes mercedes, especialmente a Malique Alabez, que se llamó D. Juan Alabez, y el mismo rey fue padrino suyo, y de Aldoradín, al cual llamó de su propio nombre Fernando Aldoradín.

El rey mandó que si quedaban Zegríes, que no viniesen a Granada, por la maldad que hicieron contra los Abencerrajes.

Los Gomeles se fueron a África, y el rey Chico con ellos, que no quiso estar en España aunque le habían dado a Purchena en que viviese; y en el África le mataron los moros de aquellas partes porque perdió a Granada.

Nuestro moro cronista nos advierte de una cosa, y es, que los caballeros llamados Mazas, que no era este su propio nombre, sino Abembices. De este nombre Abembiz hubo dos linajes en Granada, y no bien puestos los unos con los otros, porque cada uno decía ser de más claro linaje que el otro.

Sucedió que el bando de aquellos Abembices en tiempo del rey de Castilla D. Juan I tuvieron una batalla en la Vega de Granada con los cristianos, y de los cristianos se llamaba el capitán y alférez, que era su hermano, D. Pedro Maza.

Decían ser estos caballeros del reino de Aragón y de Valencia, y que esta sangrienta batalla fue muy reñida; de manera que los capitanes de ambas partes murieron, asimismo los alféreces, y los estandartes fueron trocados; que el de los moros llevaron los cristianos, y los moros se llevaron el de los cristianos; y fueron cautivos, así de una parte como de otra, y respecto de aquella cruel batalla por la memoria de ella, en Granada diciendo o nombrando los Abembices, respondían los Mazas o los otros. De manera que fueron llamados los Abembices Mazas, y se quedaron con aquel nombre.

El rey D. Fernando les dio a los caballeros Venegas muy grandes mercedes y privilegios, como que pudiesen traer armas; y asimismo a los Alabeces y Aldoradines.

La hermosa reina, que ser solía llamada Doña Isabel de Granada siendo casada, como ya hemos dicho, dio libertad a su criada Esperanza de Hita, y muchas y muy ricas joyas, y la envió a Mula, de donde era natural, al cabo de siete años de cautiverio.

No muchos días después de tomada Granada, fue hallada una cueva de armas, de la cual se hizo grande pesquisa; y descubierta la verdad, se hizo justicia de los culpados.

Algunas cosas de aquestas no llegaron a noticia de Hernando del Pulgar, cronista de los Católicos reyes; y así no las escribió ni la batalla que los cuatro caballeros cristianos hicieron por la reina, porque de ello se guardó el secreto; y si algo de estas cosas supo y entendió, no puso la pluma en ello, por estar ocupado en otras cosas tocantes a los Católicos reyes y de más gravedad.

Nuestro moro cronista supo de la Sultana, debajo de secreto, todo lo que pasó, y ella le dio las dos cartas; la que envió a D. Juan Chacón, y la respuesta que le envió; que así él pudo escribir aquella famosa batalla, sin que nadie entendiese quién fueron hasta ahora.

Visto por el cronista perdido el reino de Granada, se fue a África y a Tremecén, llevando todos sus papeles consigo: allí murió, y dejó hijos y un nieto suyo no menos hábil que él, llamado Argutarfa, el cual recogió todos los papeles de su abuelo, y en ellos halló este pequeño libro, que no estimó en poco, por tratar la materia de Granada, y por grande amistad se lo presentó a un judío, llamado Saba Santo, quien le sacó en hebreo por su contento, y el original arábigo le presentó a D. Rodrigo Ponce de León, conde de Bailén.

Y por saber lo que contenía, y por haberse hallado su abuelo y bisabuelo en las dichas conquistas, le rogó al judío que le tradujese en castellano, y después el conde me hizo merced de dármelo.

Y pues ya hemos acabado de decir todas las guerras civiles, y los bandos de los Zegríes y Abencerrajes, diremos algunas cosas de D. Alonso de Aguilar, y cómo le mataron los moros en Sierra Bermeja, con algunos romances de su historia, y daremos fin a los amores de Gazul y Lindaraja.

Así como bautizaron a Gazul, y habiéndole hecho el rey merced, pidió licencia para ir a Sanlúcar, y diósela. Partiose luego, y llego con brevedad, con el deseo que tenía de ver a su señora, y le hizo saber con un paje su venida.

Ella estaba enojada con él sobre ciertos celos, y no quiso oír al paje, de lo cual le pesó a Gazul; y sabiendo que en Gelves se jugaban cañas, porque el alcaide de allí las había ordenado por la paz de los reinos, quiso ir a jugarlas para mostrar su valor; y así un día se puso muy galán, la librea blanca, morada y verde, y las plumas de lo mismo, llenas de argentería de oro y plata, el caballo enjaezado de lo mismo; y antes de partirse fue por la calle de Lindaraja por verla, y él llegaba a sus ventanas cuando la dama salía a un balcón.

Gazul que la vio, lleno de alegría y contento picó al caballo, y llegando junto al balcón le hizo arrodillar y poner la boca en el suelo, así como aquel que le tenía enseñado en aquello para aquella hora. Comenzó a hablar diciendo:

--Qué le mandaba para Gelves, que iba allí a jugar cañas, y que con haberla visto llevaba esperanza de que le iría bien en aquella jornada.

La dama le respondió, que a la dama que servía le pidiese favores, que a ella no había para qué, que no cuidase de engañar a nadie; y diciendo esto, echándole muchas maldiciones, se quitó del balcón y cerró la ventana con gran furia.

Gazul viendo aquel gran disfavor de su dama, arremetió el caballo a la pared; y así hizo la lanza pedazos y se volvió a su casa, y se desnudó para no ir a las cañas.

No faltó quien le diese noticia de esto a Lindaraja, la cual estaba arrepentida de lo que había hecho; y así con un paje envió a llamar a Gazul para que se viese con ella en un huerto que ella tenía.

Gazul lleno de alegre esperanza vino a su llamado, y se vio con ella en aquel jardín, donde ella le dio disculpas, y pidió perdón de lo hecho, y se casaron los dos; y para que fuese a jugar cañas a Gelves ella le dio muy ricas empresas, y por esto se dice este

ROMANCE.

Por la plaza de Sanlúcar galán paseando viene el animoso Gazul de blanco, morado y verde. Quiérese partir el moro a jugar cañas a Gelves, que hace fiestas su alcaide por las paces de los reyes. Adora una Abencerraje, reliquia de los valientes que mataron en Granada los Zegríes y Gomeles. Por despedirse y hablarla, vuelve y revuelve mil veces, penetrando con los ojos las venturosas paredes. Al cabo una hora de noche, de esperanzas impacientes, viola venir al balcón, haciendo los años breves. Arremetió su caballo, viendo aquel sol que amanece, haciendo que se arrodille, y el suelo en su nombre bese. Con voz turbada la dice: «No es posible sucederme cosa triste en esta empresa, habiéndote visto alegre. Allá me llevan sin alma obligación y parientes; volverame mi cuidado, por ver si de mí le tienes. Dame una empresa o memoria, y no para que me acuerde, sino para que me adorne, guarde, acompañe y esfuerce.» Celosa está Lindaraja, que de celos grandes muere de Zaida, la de Jerez, porque su Gazul la quiere; Y de esto la han informado, que por ella ardiendo muere; y así a Gazul le responde: «Si en la guerra te sucede, Como mi alma desea, y el tuyo falso merece, no volverás a Sanlúcar, tan ufano como sueles, a los ojos que te adoran, y a los que más te aborrecen. Y plegue Alá que en las cañas los enemigos que tienes, te tiren secretas lanzas, porque mueras como mientes. Y que traigan fuertes jacos debajo los alquiceles, porque si quieres vengarte, acabes, y no te vengues. Tus amigos no te ayuden, tus contrarios te atropellen, y que en hombros de ellos salgas, cuando a servir damas entres; Y que en lugar de llorarte las que engañas y entretienes, con maldiciones te ayuden, y de tu muerte se alegren.» Piensa Gazul que se burla, que es propio del inocente; y alzándose en los estribos, tomarla la mano quiere. «Miente, la dice, señora, el moro que me revuelve, a quien estas maldiciones le vengan, porque me vengue. Mi alma aborrece a Zaida; de que la amé se arrepiente: malditos sean los años que la serví por mi suerte. Dejome a mí por un moro más rico de pobres bienes.» Esto que oye Lindaraja, aquí la paciencia pierde. A este tiempo pasó un paje con sus caballos jinetes, que los llevaba gallardos de plumas y de jaeces. La lanza con que ha de entrar la tomó, y fuerte arremete, haciéndola mil pedazos contra las mismas paredes. Y manda que sus caballos, jaeces y plumas truequen, los verdes en leonados, para entrar leonado en Gelves.

Ya contamos como habiendo pasado aquestas palabras entre Lindaraja y Gazul, ella se quitó del balcón muy enojada y confusa, y dio con su mano a las puertas de la ventana, y con mucho furor la cerró inconsideradamente: mas después siendo de ello arrepentida, como aquella que amaba de todo corazón a Gazul, y sabiendo como desesperadamente había trocado sus aderezos verdes, azules y blancos, en leonados, y roto la lanza con enojo en la pared, como atrás se dijo; enviándole a llamar, que le esperaba en su jardín, trató con él muy largas cosas, y entre los dos se casaron, y ella le dio para irse al dicho juego de cañas a Gelves ricas preseas por su memoria.

Y de esto se hizo este romance, que dice así:

Adornado de preseas de la bella Lindaraja, se parte el fuerte Gazul a Gelves a jugar cañas. Cuatro caballos jinetes lleva cubiertos de galas, con mil cifras de oro fino, que dicen: _Abencerraja_. Cada librea de Gazul era azul, blanca y morada, los penachos de lo mismo con una pluma encarnada. De costosa argentería, de fino oro, y fina plata, pone el oro en lo morado, la plata en lo rojo esmalta. Un salvaje por divisa lleva enmedio de la adarga, que desquijara un león, divisa hermosa y usada De nobles Abencerrajes, que fueron flor de Granada; de todos bien conocida, y de muchos estimada. Llevaba el fuerte Gazul, por respeto de su dama, que era de Abencerrajes, a quien por extremo amaba, Una letra en lengua mora que dice: _Nadie la iguala._ De aquesta suerte Gazul de Gelves entró en la plaza Con treinta de su cuadrilla, que así concertado estaba, de una librea vestidos, que admira a quien los miraba; Y una divisa sacaron que ninguno discrepaba, si no fue solo Gazul en las cifras que llevaba. Al son de los añafiles el juego se comenzaba, tan trabado y tan revuelto, que parece una batalla. Mas el bando de Gazul en todo lleva ventaja: el moro caña no tira que no aportille una adarga. Míranlo mil damas moras de balcones y ventanas, también lo estaba mirando la hermosa mora Zaida; La cual dicen de Jerez que en las fiestas se hallara: vestida va de leonado por el luto que llevaba Por su esposo tan querido, que el bravo Gazul matara. Zaida bien le reconoce en el tirar de la caña: Acuérdase en su memoria de aquellas cosas pasadas, cuando Gazul la servía y ella le fue tan ingrata. Muy mal pagó sus servicios, y lo mucho que él la amaba: siente tanto dolor de esto, que allí cayó desmayada; Y al cabo que volvió en sí, su criada la hablara: «¿Qué es esto, señora mía? ¿Por qué causa te desmayas?» Zaida respondiera así, con voz muy baja y turbada: «Advierte bien aquel moro que arrojó ahora la caña: Aquel se llama Gazul, cuya fama es bien nombrada; seis años fui de él servida, sin de mí alcanzar nada. Aquel mató a mi marido, y de ello yo fui la causa; y con todo esto le quiero, y le tengo acá en el alma. Holgara que me quisiera, pero no me estima en nada; adora una Abencerraje, por quien vivo desmayada.» En esto se acabó el juego, y la fiesta aquí se acaba: Gazul se parte a Sanlúcar con mucha honra ganada.

Muy maravillados quedaron en Gelves de la bondad y fortaleza de Gazul, y cuán bien lo había hecho en el juego de cañas; y de su valor quedaron muchas damas amarteladas, y se holgaron de ser amadas de tan buen caballero.

Llegado Gazul a Sanlúcar, luego fue a ver a su dama Lindaraja, la cual no se holgó poco de su venida, y preguntándole muy por extenso todo lo que en Gelves había pasado, el enamorado Gazul la satisfizo de todo con mucha alegría, contándola cuán bien le había ido en aquel viaje; y por esto se hizo el siguiente

ROMANCE.

De honor y trofeos lleno, más que el gran Marte lo ha sido, el valeroso Gazul de Gelves había venido. Vínose para Sanlúcar, donde fue bien recibido de su dama Lindaraja, de la cual es muy querido. Estando ambos a dos en un jardín muy florido, con amorosos regalos siendo cada cual servido, Lindaraja aficionada, una guirnalda ha tejido de clavellinas y rosas, y de un alhelí escogido. Cercada de violetas, flor que de amantes ha sido, se la puso en la cabeza a Gazul, y así le ha dicho: «Nunca fuera Ganimedes de rostro tan escogido: si el gran Júpiter te viera, él te llevara consigo.» El fuerte Gazul la abraza, diciéndola con un riso: «No pudo ser tan hermosa la que el Troyano ha escogido; Por la cual se perdió Troya, y en fuego se había encendido, como tú, señora mía, vencedora de Cupido.» «Si hermosa te parezco, Gazul, cásate conmigo, pues que me diste la fe que serías mi marido:» «Pláceme, dice Gazul, pues yo gano en tal partido.»

Estas y otras amorosas palabras pasaron entre Lindaraja y su amante Gazul; y así ordenaron de casarse, y Gazul se la pidió a su tío, en cuyo poder estaba Lindaraja.

El tío se holgó mucho, por ser Gazul principal y valiente; y así se celebraron las bodas, y fueron muy costosas, y se hallaron en ellas muchos caballeros cristianos y moros; porque vinieron de Granada los cristianos Gazules, Abencerrajes y Venegas.

También vino Daraja, hermana de Lindaraja, y su marido Zulema, que eran ya cristianos y muy queridos del rey Católico, y hubo toros, cañas y sortija.

Duraron estas fiestas dos meses, al cabo de los cuales todos los caballeros que habían venido de Granada se volvieron, llevando consigo a los desposados, los cuales en llegando fueron a besar las manos a los reyes Católicos, de lo que holgaron mucho en verlos, y mandaron que todos los bienes del padre de Lindaraja se los entregasen a Gazul y su esposa.

Tornose cristiana Lindaraja, y llamose Doña Juana; él se llamó D. Pedro Gazul cuando le bautizaron.

En esta historia de Gazul se quedó por poner otro romance que era primero que el de Sanlúcar; mas por no estar bueno, y no haberle entendido el autor que le hizo, se puso al principio, porque no causara confusión; y porque no quede con aquella ignorancia, diremos la verdad del caso.

El romance que digo, es aquel que dice: _Sale la estrella de Venus_, y el que le compuso no entendió la historia, porque no tuvo razón de decir que se casaba Zaida, hija del alcaide de Jerez, con el alcaide de Sevilla y su fuerza, porque el Gazul que mató al desposado de Zaida, no fue en tiempo que Jerez ni Sevilla eran de moros, sino en tiempo de los reyes Católicos, como se prueba por aquel verso del romance de Sanlúcar, cuando dice: _Reliquia de los valientes_; pues en este tiempo ya habían ganado los cristianos a Sevilla y Jerez. Mas hase de entender de esta manera el romance y su historia.

Zaida la de Jerez era nieta o biznieta de los alcaides de allí, siendo Jerez tomada de cristianos, y quedando los moros en pleitesía, gozando de sus libertades, lengua y hábito, y viviendo en su secta; siendo los cristianos señores de la ciudad y fortaleza.

Lo mismo fue en Sevilla, que aquel moro rico que dice el romance que se casaba con Zaida, por ser alcaide en Sevilla; no porque lo era él, sino su abuelo, y el moro vivía en Sevilla con los demás que en ella quedaron, y entre todos se trató el casamiento que dice el romance.

Pues viniendo al caso, Gazul servía a Zaida en tiempo que se trató el casamiento con el moro de Sevilla, y nunca pudo alcanzar Gazul lo que pretendía, porque sabía Zaida que sus padres no querían casarla con él, sino con el sevillano, por tener algún deudo con él, y por ser más rico que Gazul; y por eso no le favorecía, aunque le amaba de secreto, y no lo manifestaba por no dar disgusto a sus padres.

Pues estando ya tratado el casamiento, una noche en cierta zambra que se hacía en la casa de Zaida se halló Gazul; porque entonces había licencia para entrar de paz los moros en las tierras de los cristianos a tratar o a hablar con los demás moros que estaban en ellas.

Pues como se halló allí, danzó la zambra con Zaida; y estando danzando asidos de las manos, como es costumbre en aquel baile, no pudo refrenarse Gazul tanto con el demasiado amor que a Zaida tenía, que al tiempo que acabó de danzar, no la abrazase estrechamente; lo cual visto por el moro sevillano, así como un león, lleno y ciego de cólera, puso mano a su alfanje y fue a herir a Gazul, el cual se puso en defensa, y aun hubiera ofendido muy mal al desposado, si no fuera por la gente que se puso de por medio.

Alborotada la sala de Zaida por esta ocasión, sus padres de ella se enojaron mucho con Gazul, y le dijeron que se fuese a su casa.

Gazul sin replicar en cosa alguna se salió muy enojado de allí, y juró de matar al desposado, y para ello aguardó tiempo y lugar oportuno; y sabiendo cuando se desposaba Zaida, ya que era hora, se aderezó muy bien, y subió en un muy buen caballo, y partió de Medina-Sidonia para Jerez, y entró al anochecer cuando salían Zaida y su desposado, acompañados de muchos caballeros, así cristianos como moros, de su casa, para ir a otra donde se habían de celebrar las bodas; lo cual visto por Gazul, rabioso de celos y de cólera, echó mano a un estoque y embistió con el desposado y le dio una estocada, de la cual quedó muerto.

Admirados los circunstantes de la tal hazaña, no sabían qué hacer, ni qué decir, salvo los parientes del muerto y los de Zaida, que acometieron a Gazul para matarle, diciendo: «Muera el traidor»; pero el valiente Gazul se defendió de todos, hiriendo a algunos de ellos, sin que a él le ofendiesen; y así escapó de todos juntos.

Por la muerte de Zaide, y por este hecho se dijo este romance que sigue, el cual se había de poner primero que los ya dichos de Gazul; mas pues se ha declarado la causa, no importa que se ponga aquí, diciendo de esta manera:

Sale la estrella de Venus al tiempo que el sol se pone, y la enemiga del día su negro manto descoge. Y con ella un fuerte moro, semejante a Rodamonte, sale de Sidonia armado; de Jerez la Vega corre, Por do entra Guadalete al mar de España, y por donde Santa María del Puerto recibe famoso nombre. Desesperado camina, que aunque es de linaje noble, le deja su dama ingrata, porque se suena que es pobre; Y aquella noche se casa con un moro, feo y torpe, porque es alcaide en Sevilla del Alcázar y la Torre. Quejábase grandemente de un agravio tan enorme, y a sus palabras la Vega con el eco le responde: «Zaida, dice, más airada que el mar que las nubes sorbe; más dura e inexorable, que las entrañas de un monte: ¿Cómo permites, cruel, después de tantos favores, que de prendas que son mías ajena mano se adorne? ¿Es posible que te abrazas a las cortezas de un roble, y dejas el árbol tuyo desnudo de fruto y flores? ¡Dejas a un pobre muy rico, y un rico muy pobre escoges, y las riquezas del cuerpo a las del alma antepones! ¡Dejas al noble Gazul, dejas seis años de amores, das la mano a Alabenzaide, que aun apenas le conoces! Alá permita, enemiga, que te aborrezca y le adores, que por celos de él suspires, y por ausencia le llores; Y en la cama le fastidies, y que en la mesa le enojes; y que de noche no duermas, y de día no reposes; Ni en las zambras, ni en las fiestas no se vista tus colores, ni el almaizar que le labres, ni la manga que le bordes; Y se ponga el de su amiga con la cifra de su nombre, y para verle en las cañas no consienta que te asomes A la puerta, ni ventana, para que más te alborotes; y si le has de aborrecer, que largos años le goces; Y si mucho le quisieres de verle muerto te asombres, que es la mayor maldición, que te pueden dar los hombres. Y plegue Alá que te enfade cuando la mano le tomes»: con esto llegó a Jerez a la mitad de la noche; Halló el palacio cubierto de luminarias y voces; y los moros fronterizos que por todas partes corren Con mil hachas encendidas, y sus libreas conformes: delante del desposado en los estribos se ponen; Que también anda a caballo por honra de aquella noche. Arrojándole una lanza, de parte a parte pasole; Alborotose la plaza; desnuda el moro su estoque, y por enmedio de todos para Medina volviose.

No hay cosa tan rabiosa como es el mal de celos; y así están las escrituras llenas de casos acontecidos y desastrados por los celos; y con verdad dicen los que de ellos tienen experiencia, que es cruel mal de rabia: esto nace de los amantes que son mal considerados, sino mírese por Zaida la de Jerez, que después de seis años de amores, y de otros dares y tomares que tuvo con Gazul, inconsideradamente le olvidó, y se casó con Zaide de Sevilla, por ser rico, y que Gazul no lo era tanto, no mirando el valor de las personas que eran diversas; porque Gazul, aunque no era rico, era noble de linaje, muy valiente y gentil hombre, como ya se ha dicho; y no era tan pobre, que no tuviese hacienda que valía más de treinta mil doblas; y muy emparentado en Granada, y todos los de su linaje eran muy ricos y estimados; mas porque el moro Zaide era de mayor riqueza, le escogió por su marido.