Guerras civiles de Granada: Tomo I

Part 16

Chapter 164,257 wordsPublic domain

Toda aquella noche estuvo vacilando en cien mil pensamientos el desventurado rey, y sin poder reposar, y entre la máquina de confusiones, decía: «¡Oh sin ventura Abdalí, rey de Granada, cuán cercana veo tu perdición y la de tu reino! Si matas a estos caballeros, gran mal se te ordena; y si no castigas estos yerros, quedas afrentado, y te valdría más la muerte. ¿Matarelos? Sí, que fue grande su atrevimiento en cometer tal adulterio en ofensa mía, y tratar de matarme por alzarse con el reino. Pero di, rey mal aconsejado, ¿no sabes cuán recatada y honesta mujer tienes? ¿No conoces la bondad y lealtad de los nobles Abencerrajes, y cuán sus mortales enemigos son los Zegríes, y que puede ser que por esta vía pretendan venganza de este virtuoso linaje? Verifica mejor la causa, ya que determinas la venganza; pero ¿qué más verificación que quien lo vio? No se atreverían a levantar tal testimonio, y más ponerse a sustentar en batalla lo que dicen: no hay duda, sino que es verdad.»

En estas variedades pasó toda la noche, y venida la mañana se levantó; y saliendo de su dormitorio, vio en la sala muchos Zegríes, Gomeles y Mazas.

Y a esta sazón entró un escudero, y le dijo al rey cómo había venido Muza de pelear con los cristianos, y traía ganadas dos banderas, y más treinta cabezas, con lo cual se holgó; y apartando al Zegrí le dijo que tuviese en aquel cuarto de los Leones treinta caballeros armados, y un verdugo prevenido de lo necesario para lo que estaba tratado.

Luego el traidor del Zegrí salió del real palacio y puso por obra lo que el rey le había mandado; y estando todos muy a punto, el rey fue avisado de ello, y se fue al cuarto de los Leones donde estaba el falso Zegrí con treinta caballeros Zegríes y Gomeles, muy bien aderezados, y con ellos un verdugo; y al punto mandó llamar al Abencerraje, su alguacil mayor. Fue un paje, y le dijo que el rey lo llamaba.

El Abencerraje fue a su real llamado; y así como entró en la cuadra de los Leones, le asieron, y sin que pudiese hacer resistencia, en una taza de alabastro muy grande en un instante fue degollado.

Asimismo llamaron a Albín Hamete, el cual decían haber adulterado; y de esta suerte fueron degollados treinta y seis caballeros Abencerrajes de los más principales de Granada, sin que nadie lo entendiese; y murieran todos, si Dios nuestro Señor no favoreciese la causa, para que no murieran tan abatidamente, por dar crédito a un falso traidor, y sin haber más averiguación; y es muy cierto que sus obras no lo merecían, porque eran muy caritativos, y amigos de los pobres, y de la verdad, y de los cristianos; y aun dijeron los que miraban degollar a los Abencerrajes, que llamaban a Cristo crucificado que les socorriese en aquel lance, para que no se condenasen, y que morían cristianos.

Pues para que este linaje no pereciese, ordenó Dios que un paje de un Abencerraje entró con su señor, y vio como le degollaron, y miró a todos los muertos que él conocía, y luego se retiró hacia la puerta con mucha disimulación; y al tiempo que abrieron para ir a llamar a otro, salió el paje muy temeroso, y llorando la muerte de su señor.

Se salió del Alhambra, y junto a la fuente vio a Malique Alabez con Abenámar y Sarracino, que iban a hablar al rey; y como los vio, se llegó lloroso, y temblando y encogido, les dijo:

--Ay, señores caballeros, por Alá santo que no paséis más adelante, si no queréis morir de mala muerte.

Alabez dijo:

--¿Cómo así?

Respondió el paje:

--Sabed, señor, que en el cuarto de los Leones hay muchos caballeros degollados, y todos de los Abencerrajes, y mi señor con ellos, que le vi degollar, porque entré con mi señor, que allá no fuéramos, y lo vi todo, y no repararon en mí, porque así lo permitió el santo Alá, y cuando tornaron a abrir la puerta falsa, me salí, y vengo sin mi señor, y aun sin mí, por lo que mis ojos han visto: por Mahoma que pongáis remedio en aquesto.

Muy admirados quedaron los tres caballeros, y mirándose unos a otros, no sabían si darían crédito o no a lo que el paje decía, y dijo Abenámar:

--Gran traición hay, si esto es verdad.

Dijo Sarracino:

--Pues ¿cómo sabremos si es cierto?

--Yo os lo diré --dijo Alabez--: quedaos, señores, aquí, y si viereis salir algún caballero Abencerraje, o de otro linaje, no le dejéis pasar adelante, sino entretenedle en tanto que voy a la casa real, y sabré lo que pasa, y volveré con brevedad.

--Alá os guarde --dijo Abenámar--, aquí aguardaremos.

Malique subió al Alhambra, y al entrar por la puerta vio venir un paje del rey muy apriesa, y díjole:

--Adónde con tal priesa.

Respondió el paje:

--A buscar un Abencerraje.

--¿Quién le llama? --dijo Malique.

--El rey mi señor --respondió el paje. Y si queréis hacer una buena obra, bajad a la ciudad, y avisad a todos los Abencerrajes que salgan de Granada, porque les conviene, si no quieren verse en el trance cruel que se ejecuta en el cuarto de los Leones, y quedaos en paz.

Estando cierto y satisfecho de lo que deseaba saber, se volvió Malique adonde había dejado a Sarracino y Abenámar, y les dijo:

--Amigos y señores, verdad es lo que ha dicho el paje; cierta es la traición y muerte que se ejecuta en los Abencerrajes: todo el suceso me ha contado un paje del rey, y me dijo que diese aviso a los Abencerrajes.

--¡Válgame Alá! --dijo Sarracino--: que me maten, si los Zegríes no andan en esta traición: vamos a la ciudad y demos aviso para que se ponga algún remedio.

--Vamos --dijo Abenámar--, que en esto no quiere haber descuidos.

Y diciendo así, se bajaron todos tres a la ciudad, y antes de llegar a la calle de los Gomeles, vieron al capitán Muza, y más de veinte caballeros Abencerrajes de los que habían ido a la Vega a pelear con los cristianos, que iban a dar cuenta al rey de aquella jornada.

Y Malique Alabez les dijo:

--Caballeros, poneos en cobro, si no queréis morir por traición: más de treinta de vuestro linaje ha mandado el rey matar.

Los Abencerrajes espantados no respondieron, pero el valeroso Muza dijo:

--Por la fe de caballero, que si hay traición, que andan en ella los Zegríes y Gomeles, porque ninguno salió al rebato, ni parecen por toda la ciudad; y sin duda que están en el Alhambra con el rey, y son culpantes en las inocentes muertes de estos nobles caballeros: vénganse todos conmigo, que yo pondré remedio conveniente.

Así se volvieron con el valiente Muza a la ciudad; y en llegando a la plaza nueva, como era capitán general, llamó a un añafil, le mandó que tocase a recoger a priesa, y él lo hizo; y oído el añafil, en un punto se juntaron muchos caballeros y soldados en casa de sus capitanes, y de allí vinieron a la plaza nueva, y se juntaron mucha gente de a pie, y también de a caballo; y aunque hubo muchos caballeros principales y de los mejores de Granada, no habían entrado entre ellos ningunos Zegríes, Gomeles ni Mazas, por donde se acabaron de satisfacer sobre que los Zegríes andaban en aquella traición.

Cuando Alabez vio esta gente junta, halló buena ocasión para saber la traición que se ejecutaba en los inocentes caballeros; y así puesto enmedio de todos, comenzó a decir en alta voz de aquesta manera:

--Caballeros, señores y amigos míos, y todos los que me oís, sabed que hay gran traición: el rey Chico ha mandado degollar a muchos de los caballeros Abencerrajes, y si no fuera la traición descubierta por orden del santo Alá, ya estuviéramos todos degollados. Alto a la venganza, no queramos rey tirano, que así mata a los caballeros que defienden su tierra.

No había acabado Alabez de decir estas palabras, cuando toda la gente plebeya comenzó a dar grandes voces y alaridos, apellidando toda la ciudad, y diciendo:

--Traición, traición, que el rey ha muerto a los Abencerrajes: muera el tirano, muera el tirano: no queremos rey traidor.

Esta voz comenzó a divulgarse por toda la ciudad con un furor diabólico; todos tomaron armas a muy gran priesa, y comenzaron a subir al Alhambra, y en breve espacio se juntaron más de catorce mil hombres de todas suertes y otros muchos caballeros; y más de doscientos Abencerrajes que habían quedado, y con ellos Gazules, Venegas, Almoradís, Almohades y Azarques, y todos los demás caballeros de Granada, los cuales decían a voces:

--Si esto se consiente, otro día matará otro linaje de los que quedan.

Era grande la vocería y rumor que había; gritos de los hombres, alaridos de las mujeres y llorar de niños.

Finalmente, estaba todo tan alborotado, que parecía quererse asolar la ciudad con armas, y anegarla en lágrimas, y todo se oía en el Alhambra; y recelando lo que era, el rey muy temeroso mandó cerrar las puertas, teniéndose por mal aconsejado en lo que había hecho, y espantado de que se hubiese descubierto tan presto aquel secreto.

Llegó, pues, el tropel y confusión de gente al Alhambra, dando alaridos y voces, diciendo:

--Muera el tirano, muera.

Y como vieron cerradas las puertas del Alhambra mandaron traer fuego para quemarlas, lo cual luego fue hecho, y por cuatro o seis partes fue puesto fuego con tanto ímpetu, que ya se empezaba a arder.

Y el rey Mulahacén, padre del rey Chico, como sintió tan grandísima revuelta y ruido, siendo ya bastantemente informado de lo que era, muy enojado contra el rey su hijo, y deseando le matasen, mandó abrir una puerta falsa del Alhambra, diciendo que él quería salir a apaciguar aquel alboroto; pero no bien fue abierta, cuando estaban más de mil hombres para entrar por ella; y como vieron al rey viejo le alzaron en peso y dijeron:

--Este es nuestro rey, y no otro: viva el rey Mulahacén.

Y dejándole con buena guardia, entraron por la puerta muchos caballeros Abencerrajes, Alabeces y Gazules con más de cien peones.

El rey mandó cerrasen la puerta falsa, y que defendiesen la entrada, porque no hubiese dentro del Alhambra más mal del que se esperaba ver; pero poco aprovechó esta diligencia, porque la gente que había entrado era bastante a destruir cien Alhambras, y andaba por las calles diciendo: «Muera el rey Chico y los demás traidores», y con este ímpetu entraron en la casa real, donde vieron solo a la reina y a sus damas casi muertas, no sabiendo la causa de tan grande alboroto; y preguntando dónde estaba el mal rey, no faltó quien les dijo que en el cuarto de los Leones.

Luego el tropel de la gente fue allá, y vieron las puertas con fuertes cerraduras; pero muy poco les sirvió su fortaleza, porque las hicieron pedazos, y entraron dentro a pesar de los Zegríes que allí había, que defendían la entrada; y entrando los caballeros Abencerrajes, Gazules y Alabeces, viendo la mortandad de los Abencerrajes que había en aquel patio, a quien el rey había mandado degollar, se ensañaron de tal suerte, que si cogieran al rey y a los traidores, no se satisfacieran con que murieran degollados, sino que les buscaran mil géneros de penas para mitigar la mucha que ellos tenían; y acometieron todos a más de quinientos Zegríes, Gomeles y Mazas que estaban allí en defensa del rey diciendo: «Mueran los traidores que tal traición han hecho y aconsejado»; y con ánimo furibundo dieron en ellos a cuchilladas.

Los Zegríes y los de su parte se defendían poderosamente, porque estaban bien alistados de armas, y apercibidos para aquel caso; mas poco les valió todo esto, que allí los hacían pedazos, porque en menos de una hora ya tenían muertos más de doscientos caballeros Zegríes, Gomeles y Mazas, y siguiendo su porfía iban matando e hiriendo más de ellos.

Allí era el ruido y vocería, allí acudía toda la gente que subía de la ciudad, y siempre diciendo: «Muera el tirano y los traidores.» Fue tal la destrucción que los Abencerrajes, Alabeces y Gazules hicieron, y tal la venganza, que de todos los Zegríes, Gomeles y Mazas que allí estaban, no se escapó ninguno con vida. El desdichado rey se escondió, que no pudo ser descubierto.

Esto hecho, los caballeros muertos los bajaron a la ciudad y los pusieron sobre paños negros en la plaza Nueva, para que toda la ciudad los viese, y se moviese a compasión viendo un tan doloroso y triste espectáculo, y la crueldad que con ellos se usó.

Toda la gente andaba por la Alhambra buscando al rey con tal alboroto, que parecía hundirse todas las casas y torres; y si tempestad y ruido había allí, no menos alboroto y llanto había en la ciudad.

Todo el pueblo en común lloraba a los muertos Abencerrajes. En particulares casas lloraban a los muertos Zegríes, Gomeles y Mazas, y a otros que murieron en esta refriega. Por este conflicto y alboroto desventurado se dijo este

ROMANCE.

En las torres del Alhambra sonaba gran vocería, y en la ciudad de Granada grande llanto se hacía; Porque sin razón el rey hizo degollar un día treinta y seis Abencerrajes, nobles de grande valía, A quien Zegríes y Gomeles acusan de alevosía. Granada los llora más, con gran dolor que sentía, Que en perder tales varones es mucho lo que perdía: hombres, mujeres y niños lloran tan grande pérdida. Lloraban todas las damas, cuantas en Granada había; por las calles y ventanas mucho luto parecía. No había dama principal que luto no se ponía, ni caballero ninguno que de negro no vestía; Si no fueron los Gomeles donde la traición salía, y con estos los Zegríes que les hacen compañía. Y si algún luto llevaban, es por los que muerto habían los Gazules y Alabeces con gran valor y osadía en el cuarto de los Leones, por vengar la villanía. Y si hallaran al rey Chico, le privaran de la vida, por consentir la maldad que allí cometido habían.

Volviendo ahora al sangriento y pertinaz motín de la granadina gente contra el rey y sus valedores, es de saber, que el valeroso Muza como vio poner fuego al Alhambra, con gran presteza acudió a aplacar las furiosas llamas; y sabiendo que el rey Mulahacén su padre había mandado abrir la puerta falsa del Alhambra, luego se fue hacia ella acompañado de gran tropa de gente, y en llegando vio al rey Mulahacén acompañado de más de mil hombres que le guardaban, y a grandes voces decían:

--Viva el rey Mulahacén, al cual reconocemos por señor, y no al rey Chico, que a tan gran traición ha muerto la flor de los caballeros de Granada.

Muza dijo:

--Viva el rey Mulahacén, mi padre, que así lo quiere toda Granada.

Lo mismo dijeron todos los que iban con él; y diciendo esto entraron en el Alhambra y fueron a la casa real, y andándola toda no toparon al rey.

De aquí fueron al cuarto de los Leones, y vieron el estrago que habían hecho los Abencerrajes, Gazules y Alabeces en los Zegríes, Gomeles y Mazas; y Muza dijo:

--Si traición se hizo a los Abencerrajes, bien se han vengado, aunque la traición no tiene satisfacción.

Y pesándole de lo que había, salió de allí y se fue a la cámara de la reina, a la cual vio llorosa, acompañada de sus damas y de la hermosa Celima a quien Muza amaba tiernamente. La temerosa reina le preguntó a Muza:

--¿Qué vocería era aquella que sonaba en la ciudad y en el Alhambra?

--Cosas son del rey --dijo Muza--, que sin mirar más de su gusto, dio lugar y consintió una traición notable, ejecutada en los caballeros Abencerrajes, de quien siempre ha recibido muy grandes servicios, y en pago de ellos hoy ha muerto a treinta y seis dentro del cuarto de los Leones. Esto es lo que el rey mi hermano, vuestro marido, ha hecho, o permitido que se hiciese; por lo cual el reino tiene perdido, y él está, si parece, a punto de perderse, porque ya toda la gente de Granada, así caballeros como todos los demás estados, han recibido a mi padre el rey Mulahacén por rey y señor, y a esta causa anda el alboroto y motín que hay.

--Santo Alá --dijo la triste y afligida reina--, ¿que eso pase? ¡Ay de mí!

Y diciendo esto se cayó amortecida en los brazos de Galiana.

Todas las damas lloraban amargamente el caso doloroso que había sucedido, y lloraban a su triste reina puesta en tal calamidad.

La linda Haja y la hermosa Celima se hincaron a los pies de Muza, y como quien tanto le amaba le dijo de esta manera:

--Señor mío, no me levantaré de vuestros pies hasta que me deis palabra de hacer en este negocio tanto que quede apaciguado, y el rey vuestro hermano en su posesión como de antes; que aunque ha procurado mi amistad, no teniendo respeto a la vuestra, no se ha de formar venganza estando el enemigo caído, ni se ha de dar mal por mal, sino porque de hoy más tengo cuidado de no ofenderos en esto ni en otra cosa alguna; en lo que os pido recibiré de vos muy grande merced.

Fátima, que sabía el grande amor que los dos se tenían, le pidió a Muza que le concediese a Celima lo que le pedía, y que no tuviese a sus pies a la que merecía la corona del mundo.

Muza que estaba transformado en mirar el adorno y nobleza que naturaleza dio a Celima, no advirtiendo que la tenía a sus pies con la hermosa Haja, las levantó del suelo, dándolas palabra de apaciguar el vulgo, y de poner al rey su hermano en la posesión del reino; con lo cual obligó a su dama a que le amase con más extremo.

Las damas echaron agua en el rostro de la reina, y de este modo volvió en sí llorando, y Muza la consoló dándola buenas esperanzas; y se despidió de ella y sus damas, y fue adonde estaba su padre y le dijo:

--Mande vuestra alteza pena de muerte al que no dejare las armas, y no se sosegare.

Luego mandó el rey que se pregonase así en el Alhambra y por toda la ciudad, y Muza mandó a la gente de guerra que se aquietasen, y a todos los demás se lo rogó.

Mediante esto se apaciguó el pertinaz motín y rebelión, teniendo unos intento de obedecer a Mulahacén, y otros al rey Chico.

Para esto ayudaban a Muza todos los más principales de Granada, y los linajes desapasionados, que eran Alabeces, Bencerrajes, Laugetes, Azarques, Alarifes, Aldoradines, Almoradís, Almohades y otros muchos caballeros de Granada.

De esta suerte fue todo apaciguado, y Muza rogó a todos que no quitasen a su hermano la obediencia, sino que Granada volviese al estado en que antes estaba; que si malos consejos no dieran al rey, nunca él mandara hacer lo que se hizo.

Todos los caballeros dieron palabra a Muza de no quitar la obediencia a su hermano el rey; solo los Abencerrajes, Gazules, Alabeces y Almoradines, estos cuatro linajes poderosos, no quisieron estar en la obediencia del rey Chico, por lo que hizo contra los Abencerrajes en admitir el mal consejo del traidor Zegrí; y era así verdad, que por dar crédito de ligero el fácil rey aceleró el negocio; y si lo llevara por justicia, no se le siguiera la perdición que le vino a él y a la ciudad.

Por esta traición se hizo el romance siguiente:

Caballeros granadinos, aunque moros hijosdalgo, con envidiosos intentos al rey Chico van hablando; gran traición se va ordenando. Diz que los Abencerrajes, linaje noble afamado, pretenden matar al rey, y quitarle su reinado; gran traición se va ordenando. Y para emprender tal hecho, tienen favor muy sobrado de hombres, niños y mujeres, todo el granadino estado; gran traición se va ordenando. Y a su reina tan querida de traición la han acusado, que en Albín Abencerraje tienen puesto su cuidado; gran traición se va ordenando.

De esta suerte va declarando el romance la historia que se ha contado, y la traición; mas porque me aguardan otras cosas importantes no se acaba.

Volviendo a Muza, que con gran diligencia procuraba aplacar los airados pechos de los más principales caballeros y demás gente para que volviesen a dar la obediencia al rey Chico, como antes estaba, atrajo muchos a su voluntad, salvo los cuatro linajes que hemos dicho, y algunos más caballeros que no quisieron estar en la obediencia del rey Chico, sino a la del rey Mulahacén; y así siempre hubo allí muchas diferencias entre los dos reyes, padre e hijo, hasta que se perdió Granada.

Y la causa porque los Gazules, Alabeces, y Aldoradines no quisieron ser de la parte del rey Chico, aunque Muza hizo las diligencias posibles, fue el que ya tenían tratado entre ellos de volverse cristianos, y pasarse con el rey D. Fernando, como adelante se dirá.

Pues como viese Muza la mayor parte de la ciudad reducida a su voluntad para que volviese su hermano a ser obedecido, y al gobierno de su reino, procuró saber adónde estaba; y supo cómo se había retirado al cerro del Sol, que hoy llaman de Santa Elena, en una mezquita que estaba allí, huyendo de la voz que oyó cuando decían todos: _Muera el tirano y los traidores_; y visto este estrago, que hacían los Abencerrajes, Gazules y Alabeces en los Zegríes y Gomeles, se salió por una puerta falsa maldiciendo su ventura y el día de su nacimiento, quejándose del Zegrí que le había aconsejado cometer tal traición contra tan leales caballeros.

Los Zegríes y Gomeles le consolaban, diciéndole que no se fatigase, que mil Zegríes y Gomeles tenía de su parte, los cuales morirían en su defensa, y que el consejo no había sido malo, sino importante, si no se descubriera tan presto.

Y en esto vieron venir a Muza en un caballo, y fueron a dar aviso al rey; el cual temeroso preguntó, si venía de paz, o de guerra.

--De paz viene --respondió un Zegrí-- y solo, y debe de querer hablarte.

--Alá se sirva que sea por bien --dijo el rey--; porque se temía de Muza, a causa de Celima.

En esto llegó Muza, y preguntando si estaba allí el rey su hermano, le fue dicho que sí; y apeándose del caballo entró en la mezquita, donde vio al rey acompañado de Zegríes y Gomeles; y haciéndole el acatamiento que de antes solía, le dijo así:

--No careces de culpa, permitiendo una maldad y traición tan grande como la que se ha usado con el más noble y leal linaje de todo el reino. Y mirad lo que se ha seguido de su muerte; alboroto de toda la ciudad, muerte de muchos, pérdida de tu reino; y lo fuera de tu vida, si no te hubieras retirado aquí. Los reyes que han de gobernar en paz, sosiego y tranquilidad a sus vasallos, ¿son esos los alborotadores, y privadores de la paz? Merecido y justo castigo es, que sean desposeídos de sus reinos, y aun de las vidas. Si a caballeros leales que sirven bien das tal pago, ¿quién esperas que te sirva? Si se te había ofendido, que no creo tal, siguieras la causa por justicia, y no con violencia. ¿Qué demonio te insistió a hacer tal matanza? ¿Qué causa te movió?

--Hermano --dijo el rey--, ya que me has preguntado la causa de mi determinada ira, yo te la diré en presencia de los oyentes: Sabrás, que los caballeros Abencerrajes tenían determinado matarme, y alzarse con el reino; y sin esto Albín Hamete Abencerraje adulteraba con la reina mi mujer, pues de todo tengo bastante y probada verificación: ¿parécete que aceleré en el caso?

Admirado Muza, le respondió:

--No tengo yo a la reina en tal opinión, ni lo creo, ni tengo a los Abencerrajes por caballeros que tal traición ordenaran, porque son ejemplo de lealtad.

--Pues si no lo crees --dijo el rey--, pregúntalo a Hamete Zegrí, y a Mahandín y a Mahandón que están presentes, que ellos te dirán como testigos de vista.

Y los falsos refirieron a Muza lo que al rey habían dicho, lo cual no creyó, porque conocía que la reina era muy honesta y virtuosa, y así les dijo:

--Yo no puedo persuadirme a que eso sea así, ni creo que habrá caballero que lo sustente, porque es cierto que ha de quedar por infame y fementido.

--Pues nosotros, dijo Mahandón, lo sustentaremos contra cualesquier caballeros que lo quisieren contradecir.

Y enojado Muza, dijo:

--Pues aunque no sea sino por honra de mi hermano el rey, se ha de seguir por justicia esta causa y la de los Abencerrajes, pues os preferís a sustentar con las armas la acusación que ponéis; y mirad cuán seguro estoy de la casta reina, que sé que habéis de morir, o quedar desmentidos; y si me fuera lícito, yo solo había de defender la inocente reina y a los nobles Abencerrajes, porque clara y manifiestamente se parece ser mentira causada de envidia; pero impídelo la paz que ando buscando.