Fuente Ovejuna

Part 1

Chapter 13,725 wordsPublic domain

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Nota del Transcriptor:

Las letras itálicas se denotan con el caracter de _subrayado_.

Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal

Coleccion Universal N.os 5 y 6

LOPE DE VEGA

UCOMEDIA

Precio: Una peseta

MADRID, 1919

LOPE DE VEGA

FUENTE OVEJUNA

Comedia

Edición revisada por Américo Castro

[Ilustración]

Madrid, 1919

Talleres "Calpe", Ríos Rosas, 24.--MADRID

_Como tantas otras comedias de nuestro teatro, la presente--publicada en 1619--se basa en un hecho histórico: en 1476, los vecinos de Fuente Ovejuna (Córdoba) tomaron venganza, en la persona del comendador de la Orden de Calatrava, de las vejaciones inhumanas que aquél les hacía padecer. La crónica de Rades y Andrada narra prolijamente la justicia hecha por los aldeanos y la pesquisa ordenada por los Reyes Católicos._

_Culmina en este drama el espíritu rústico y primitivo, que animó los ternas populares, muy activos dentro del teatro de nuestro siglo_ XVII, _siglo próximo a la Edad Media tanto por su pensamiento como por la forma de sentir la vida. Otras comedias de Lope poetizan la caballerosidad o la altivez aldeana_ (El alcalde de Zalamea, Peribáñez, El mejor alcalde, el rey, El villano en su rincón, etc.); FUENTE OVEJUNA, _empero, tiene como héroe a toda una villa, cuya fisonomía va concretándose en una firme progresión y acaba por adquirir tremenda e indivisible personalidad_.

_Los aldeanos se rebelan contra una autoridad de privilegio y se someten a la monarquía nacional, que a la sazón representaba la uniformidad de la ley, un ideal más amplio, una mayor garantía de justicia para el pueblo. De esta suerte el drama es de una profunda lógica dentro de la historia: los vecinos de Fuente Ovejuna dan a su pleito la única solución jurídica y democrática entonces posible. Si sólo pensáramos que se trata de un cambio de señores y que la villa aclama a la autoridad que, con bárbara tozudez, desgarra las carnes de sus habitantes, entonces nos parecería poco motivada aquélla grandiosa conspiración._

_Es curioso observar que_ FUENTE OVEJUNA _fué traducida al ruso y que sus representaciones provocaron frenético entusiasmo entre las masas oprimidas por el zarismo_.

_Literariamente, tenemos aquí una de las más intensas producciones del teatro nacional. Lope supo conducir maravillosamente los hilos sentimentales que le ofrecía el episodio narrado en la crónica. Diversos chispazos heroicos van preparando el momento trágico en que los habitantes de la villa, sin flaquear, gimen bajo las cuerdas de la tortura. Pero esta suprema belleza, las múltiples situaciones de interés y el atractivo de los versos se manifestarán al lector sin necesidad de que el editor lo advierta._

_Para imprimir esta comedia se ha tenido en cuenta el texto de la parte_ XII _de Lope, publicada en 1619. Los paréntesis cuadrados [] indican que se añade algo. No se advierte, sin embargo, la modificación de algunos pequeños errores del texto, de todo punto evidentes._

_De esta comedia existe un manuscrito en la biblioteca de Parma, copia del texto de 1619, y otro no autógrafo, en poder de lord Ilchester (Londres), que no hemos podido consultar. Por consiguiente, carecemos de recursos para enmendar ciertos pasajes defectuosos de la obra, que quizá sólo se aclararían si se conservara el autógrafo. Cuando éstos existen se notan siempre grandes diferencias entre el autógrafo y el impreso de la época_; FUENTE OVEJUNA, _pues, contiene también yerros, que no siempre podremos enmendar. El lector excusará este pequeño alarde de erudición; pero como las ediciones llamadas monumentales están hechas, en realidad, con una gran negligencia, no hemos podido limitarnos en este caso a reproducir, sin más, una edición anterior._

_No hemos puesto más indicaciones escénicas que las que figuran en el original. En el siglo_ XVII _apenas se usaban las decoraciones, y los cambios y movimientos escénicos se deducían de las palabras de los actores. Ahora el lector tendrá que deducirlos del contexto. Lo creemos preferible a alterar el carácter original de la obra con adiciones personales._

COMEDIA FAMOSA

DE

FUENTE OVEJUNA

Hablan en ella las personas siguientes:

FERNÁN GÓMEZ [_comendador_]. ORTUÑO. FLORES. _El_ MAESTRE DE CALATRAVA. PASCUALA. LAURENCIA. MENGO. BARRILDO. FRONDOSO. JUAN ROJO. ESTEBAN, ALONSO, _alcaldes._ REY DON FERNANDO. REINA DOÑA ISABEL. _Un_ REGIDOR. CIMBRANOS, _soldado._ JACINTA, _labradora._ _Un_ MUCHACHO. _Algunos_ LABRADORES. _Un_ JUEZ. _La_ MÚSICA. [DON MANRIQUE]. [LEONELO].

ACTO PRIMERO

ACTO PRIMERO

(_Salen el_ COMENDADOR, FLORES _y_ ORTUÑO, _criados._)

COMENDADOR

¿Sabe el maestre que estoy en la villa?

FLORES

Ya lo sabe.

ORTUÑO

Está, con la edad, más grave.

COMENDADOR

Y ¿sabe también que soy Fernán Gómez de Guzmán?

FLORES

Es muchacho, no te asombre.

COMENDADOR

Cuando no sepa mi nombre, ¿no le sabrá el que me dan de comendador mayor?

ORTUÑO

No falta quien le aconseje que de ser cortés se aleje.

COMENDADOR

Conquistará poco amor. Es llave la cortesía para abrir la voluntad; y para la enemistad la necia descortesía.

ORTUÑO

Si supiese un descortés cómo lo aborrecen todos --y querrían de mil modos poner la boca a sus pies--, antes que serlo ninguno, se dejaría morir.

FLORES

¡Qué cansado es de sufrir! ¡Qué áspero y qué importuno! Llaman la descortesía necedad en los iguales, porque es entre desiguales linaje de tiranía. Aquí no te toca nada: que un muchacho aun no ha llegado a saber qué es ser amado.

COMENDADOR

La obligación de la espada que se ciñó, el mismo día que la cruz de Calatrava le cubrió el pecho, bastaba para aprender cortesía.

FLORES

Si te han puesto mal con él, presto le conocerás.

ORTUÑO

Vuélvete, si en duda estás.

COMENDADOR

Quiero ver lo que hay en él.

(_Sale el_ MAESTRE DE CALATRAVA _y acompañamiento._)

MAESTRE

Perdonad, por vida mía, Fernán Gómez de Guzmán; que agora nueva me dan que en la villa estáis.

COMENDADOR

Tenía muy justa queja de vos; que el amor y la crianza me daban más confianza, por ser, cual somos los dos, vos maestre en Calatrava, yo vuestro comendador y muy vuestro servidor.

MAESTRE

Seguro[1], Fernando, estaba de vuestra buena venida. Quiero volveros a dar los brazos.

[1] _Seguro_, descuidado, ajeno.

COMENDADOR

Debéisme honrar; que he puesto por vos la vida entre diferencias tantas, hasta suplir vuestra edad el pontífice.

MAESTRE

Es verdad. Y por las señales santas que a los dos cruzan el pecho, que os lo pago en estimaros, y como a mi padre honraros.

COMENDADOR

De vos estoy satisfecho.

MAESTRE

¿Qué hay de guerra por allá?

COMENDADOR

Estad atento, y sabréis, la obligación que tenéis.

MAESTRE

Decid que ya lo estoy, ya.

COMENDADOR

Gran maestre don Rodrigo Téllez Girón, que a tan alto lugar os trajo el valor de aquel vuestro padre claro, que, de ocho años, en vos renunció su maestrazgo, que después por más seguro juraron y confirmaron reyes y comendadores, dando el pontífice santo Pío segundo sus bulas, y después las suyas Paulo para que don Juan Pacheco, gran maestre de Santiago, fuese vuestro coadjutor: ya que es muerto, y que os han dado el gobierno sólo a vos, aunque de tan pocos años, advertid que es honra vuestra seguir en aqueste caso la parte de vuestros deudos; porque muerto Enrique cuarto, quieren que al rey don Alonso de Portugal, que ha heredado, por su mujer, a Castilla, obedezcan sus vasallos; que aunque pretende[2] lo mismo, por Isabel, don Fernando, gran príncipe de Aragón, no con derecho tan claro a vuestros deudos; que, en fin, no presumen que hay engaño en la sucesión de Juana[3], a quien vuestro primo hermano tiene agora en su poder. Y así vengo a aconsejaros que juntéis los caballeros de Calatrava en Almagro, y a Ciudad Real toméis, que divide como paso a Andalucía y Castilla, para mirarlas a entrambas[4]. Poca gente es menester, porque tienen por soldados solamente sus vecinos y algunos pocos hidalgos, que defienden a Isabel y llaman rey a Fernando. Será bien que deis asombro, Rodrigo, aunque niño, a cuantos dicen que es grande esa cruz para vuestros hombros flacos. Mirad los condes de Urueña, de quien venís, que mostrando os están desde la fama los laureles que ganaron; los marqueses de Villena, y otros capitanes, tantos, que las alas de la fama apenas pueden llevarlos. Sacad esa blanca espada, que habéis de hacer, peleando, tan roja como la cruz; porque no podré llamaros maestre de la cruz roja que tenéis al pecho, en tanto que tenéis la blanca espada; que una al pecho y otra al lado, entrambas han de ser rojas; y vos, Girón soberano, capa del templo inmortal de vuestros claros pasados.

[2] _El original_, pretenden.

[3] Juana la Beltraneja, hija, según se supuso, de D. Beltrán de la Cueva, privado del rey Enrique IV y amante de la reina.

[4] _El original_, entrambos.

MAESTRE

Fernán Gómez, estad cierto que en esta parcialidad, porque veo que es verdad, con mis deudos me concierto. Y si importa, como paso, a Ciudad Real mi intento, veréis que como violento rayo sus muros abraso. No porque es muerto mi tío, piensen de mis pocos años los propios y los extraños que murió con él mi brío. Sacaré la blanca espada, para que quede su luz de la color de la cruz, de roja sangre bañada. Vos, ¿adónde residís? ¿Tenéis algunos soldados?

COMENDADOR

Poco, pero mis criados; que si dellos os servís, pelearán como leones. Ya veis que en Fuente Ovejuna hay gente humilde, y alguna no enseñada en escuadrones, sino en campos y labranzas.

MAESTRE

¿Allí residís?

COMENDADOR

Allí de mi encomienda escogí casa entre aquestas mudanzas. Vuestra gente se registre; que no quedará vasallo.

MAESTRE

Hoy me veréis a caballo, poner la lanza en el ristre.

(_Vanse, y salen_ PASCUALA _y_ LAURENCIA.)

LAURENCIA

¡Mas que nunca acá volviera!

PASCUALA

Pues a la he que pensé que cuando te lo conté, más pesadumbre te diera.

LAURENCIA

¡Plega al cielo que jamás le vea en Fuente Ovejuna!

PASCUALA

Yo, Laurencia, he visto alguna tan brava, y pienso que más; y tenía el corazón brando como una manteca.

LAURENCIA

Pues ¿hay encina tan seca como esta mi condición?

PASCUALA

Anda ya; que nadie diga: de esta agua no beberé.

LAURENCIA

¡Voto al sol que lo diré, aunque el mundo me desdiga! ¿A qué efeto fuera bueno querer a Fernando yo? ¿Casarme con él?

PASCUALA

No.

LAURENCIA

Luego la infamia condeno. ¡Cuántas mozas en la villa, del comendador fiadas, andan ya descalabradas!

PASCUALA

Tendré yo por maravilla que te escapes de su mano.

LAURENCIA

Pues en vano es lo que ves, porque ha que me sigue un mes, y todo, Pascuala, en vano. Aquel Flores, su alcahuete, y Ortuño, aquel socarrón, me mostraron un jubón, una sarta y un copete. Dijéronme tantas cosas de Fernando, su señor, que me pusieron temor; mas no serán poderosas para contrastar mi pecho.

PASCUALA

¿Dónde te hablaron?

LAURENCIA

Allá en el arroyo, y habrá seis días.

PASCUALA

Y yo sospecho que te han de engañar, Laurencia.

LAURENCIA

¿A mí?

PASCUALA

Que no, sino al cura.

LAURENCIA

Soy, aunque polla, muy dura yo para su reverencia. Pardiez, más precio poner, Pascuala de madrugada, un pedazo de lunada[5] al huego para comer, con tanto zalacatón[6] de una rosca que yo amaso, y hurtar a mi madre un vaso del pegado canjilón[7]; y más precio al mediodía ver la vaca entre las coles, haciendo mil caracoles con espumosa armonía; y concertar, si el camino me ha llegado a causar pena, casar una berenjena con otro tanto tocino; y después un pasa-tarde, mientras la cena se aliña, de una cuerda de mi viña, que Dios de pedrisco guarde; y cenar un salpicón con su aceite y su pimienta, y irme a la cama contenta, y al «inducas tentación» rezalle mis devociones, que cuantas raposerías, con su amor y sus porfías, tienen estos bellacones; porque todo su cuidado, después de darnos disgusto, es anochecer con gusto y amanecer con enfado.

[5] _Lunada_, pernil.

[6] _Zalacatón_, trozo de pan.

[7] Vasija untada de pez.

PASCUALA

Tienes, Laurencia, razón; que en dejando de querer, más ingratos suelen ser que al villano el gorrión. En el invierno, que el frío tiene los campos helados, decienden de los tejados, diciéndole «tío, tío», hasta llegar a comer las migajas de la mesa; mas luego que el frío cesa, y el campo ven florecer, no bajan diciendo «tío», del beneficio olvidados, mas saltando en los tejados, dicen: «judío, judío». Pues tales los hombres son: cuando nos han menester somos su vida, su ser, su alma, su corazón; pero pasadas las ascuas, las tías somos judías, y en vez de llamarnos tías, anda el nombre de las pascuas[8].

[8] _Nombre de las pascuas_, «putas, bellacas, alcahuetas». (Correas, _Vocabulario._)

LAURENCIA

No fiarse de ninguno.

PASCUALA

Lo mismo digo, Laurencia.

(_Salen_ MENGO _y_ BARRILDO _y_ FRONDOSO.)

FRONDOSO

En aquesta diferencia andas, Barrildo, importuno.

BARRILDO

A lo menos aquí está quien nos dirá lo más cierto.

MENGO

Pues hagamos un concierto antes que lleguéis allá, y es, que si juzgan por mí, me dé cada cual la prenda, precio de aquesta contienda.

BARRILDO

Desde aquí digo que sí. Mas si pierdes, ¿qué darás?

MENGO

Daré mi rabel de boj, que vale más que una troj, porque yo le estimo en más.

BARRILDO

Soy contento.

FRONDOSO

Pues lleguemos. Dios os guarde, hermosas damas.

LAURENCIA

¿Damas, Frondoso, nos llamas?

FRONDOSO

Andar al uso queremos: al bachiller, licenciado; al ciego, tuerto; al bisojo, bizco; resentido, al cojo, y buen hombre al descuidado. Al ignorante, sesudo; al mal galán, soldadesca; a la boca grande, fresca, y al ojo pequeño, agudo. Al pleitista, diligente; gracioso, al entremetido[9]; al hablador, entendido, y al insufrible, valiente. Al cobarde, para poco; al atrevido, bizarro; compañero, al que es un jarro, y desenfadado, al loco. Gravedad, al descontento; a la calva, autoridad; donaire, a la necedad, y al pie grande, buen cimiento. Al buboso, resfriado; comedido, al arrogante; al ingenioso, constante; al corcovado, cargado. Esto [al] llamaros imito, damas, sin pasar de aquí; porque fuera hablar así proceder en infinito.

[9] _El original_, al gracioso, entremetido.

LAURENCIA

Allá en la ciudad, Frondoso, llámase por cortesía de esa suerte; y a fe mía, que hay otro más riguroso y peor vocabulario en las lenguas descorteses.

FRONDOSO

Querría que lo dijeses.

LAURENCIA

Es todo a esotro contrario: al hombre grave, enfadoso; venturoso, al descompuesto[10]; melancólico, al compuesto, y al que reprehende, odioso. Importuno al que aconseja; al liberal, moscatel[11]; al justiciero, cruel, y al que es piadoso, madeja[12]. Al que es constante, villano; al que es cortés, lisonjero; hipócrita, al limosnero, y pretendiente, al cristiano. Al justo mérito, dicha; a la verdad, imprudencia; cobardía, a la paciencia, y culpa, a lo que es desdicha. Necia, a la mujer honesta; mal hecha, a la hermosa y casta, y a la honrada... Pero basta; que esto basta por respuesta.

[10] _Descompuesto_, audaz, atrevido.

[11] _Moscatel_, hombre pesado e importuno. _El original_, liberal, al moscatel.

[12] _Madeja_, hombre flojo y dejado.

MENGO

Digo que eres el dimuño.

BARRILDO

Soncas[13] que lo dice mal.

[13] _Soncas_, a fe, en verdad.

MENGO

Apostaré que la sal la echó el cura con el puño.

LAURENCIA

¿Qué contienda os ha traído si no es que mal lo entendí?

FRONDOSO

Oye, por tu vida.

LAURENCIA

Di.

FRONDOSO

Préstame, Laurencia, oído.

LAURENCIA

Como prestado, y aun dado. Desde agora os doy el mío.

FRONDOSO

En tu discreción confío.

LAURENCIA

¿Qué es lo que habéis apostado?

FRONDOSO

Yo y Barrildo contra Mengo.

LAURENCIA

¿Qué dice Mengo?

BARRILDO

Una cosa que, siendo cierta y forzosa, la niega.

MENGO

A negarla vengo, porque yo sé que es verdad.

LAURENCIA

¿Qué dice?

BARRILDO

Que no hay amor.

LAURENCIA

Generalmente, es rigor.

BARRILDO

Es rigor y es necedad. Sin amor, no se pudiera ni aun el mundo conservar.

MENGO

Yo no sé filosofar; leer, ¡ojalá supiera! Pero si los elementos en discordia eterna viven, y de los mismos reciben nuestros cuerpos alimentos, cólera y melancolía, flema y sangre, claro está.

BARRILDO

El mundo de acá y de allá, Mengo, todo es armonía. Armonía es puro amor, porque el amor es concierto.

MENGO

Del natural, os advierto que yo no niego el valor. Amor hay, y el que entre sí gobierna todas las cosas, correspondencias forzosas de cuanto se mira aquí; y yo jamás he negado que cada cual tiene amor correspondiente a su humor, que le conserva en su estado. Mi mano al golpe que viene mi cara defenderá; mi pie, huyendo, estorbará el daño que el cuerpo tiene. Cerraránse mis pestañas si al ojo le viene mal, porque es amor natural.

PASCUALA

Pues ¿de qué nos desengañas?

MENGO

De que nadie tiene amor mas que a su misma persona.

PASCUALA

Tú mientes, Mengo, y perdona; porque ¿es [mentira][14] el rigor con que un hombre a una mujer, o un animal quiere y ama su semejante?

[14] _El original_, materia.

MENGO

Eso llama amor propio, y no querer. ¿Qué es amor?

LAURENCIA

Es un deseo de hermosura.

MENGO

Esa hermosura ¿por qué el amor la procura?

LAURENCIA

Para gozarla.

MENGO

Eso creo. Pues ese gusto que intenta, ¿no es para él mismo?

LAURENCIA

Es así.

MENGO

Luego, ¿por quererse a sí busca el bien que le contenta?

LAURENCIA

Es verdad.

MENGO

Pues de ese modo no hay amor, sino el que digo, que por mi gusto le sigo, y quiero dármele en todo.

BARRILDO

Dijo el cura del lugar cierto día en el sermón que había cierto Platón que nos enseñaba a amar; que éste amaba el alma sola y la virtud de lo amado.

PASCUALA

En materia habéis entrado que, por ventura, acrisola los caletres de los sabios en sus academias y escuelas.

LAURENCIA

Muy bien dice, y no te muelas, en persuadir sus agravios. Da gracias, Mengo, a los cielos, que te hicieron sin amor.

MENGO

¿Amas tú?

LAURENCIA

Mi propio honor.

FRONDOSO

Dios te castigue con celos.

BARRILDO

¿Quién gana?

PASCUALA

Con la quistión podéis ir al sacristán, porque él o el cura os darán bastante satisfación. Laurencia no quiere bien, yo tengo poca experiencia. ¿Cómo daremos sentencia?

FRONDOSO

¿Qué mayor que ese desdén?

(_Sale_ FLORES.)

FLORES

Dios guarde a la buena gente.

PASCUALA

Este es del comendador criado.

LAURENCIA

¡Gentil azor! ¿De adónde bueno, pariente?

FLORES

¿No me veis a lo soldado?

LAURENCIA

¿Viene don Fernando acá?

FLORES

La guerra se acaba ya, puesto que[15] nos ha costado alguna sangre y amigos.

[15] _Puesto que_, aunque.

FRONDOSO

Contadnos cómo pasó.

FLORES

¿Quién lo dirá como yo, siendo mis ojos testigos? Para emprender la jornada de esta ciudad, que ya tiene nombre de Ciudad-Real, juntó el gallardo maestre dos mil lucidos infantes de sus vasallos valientes y trecientos de a caballo de seglares y de freiles; porque la cruz roja obliga cuantos al pecho la tienen, aunque sean de orden sacro; mas contra moros, se entiende. Salió el muchacho bizarro con una casaca verde, bordada de cifras de oro, que sólo los brazaletes por las mangas descubrían, que seis alamares prenden. Un corpulento bridón, rucio rodado, que al Betis bebió el agua, y en su orilla despuntó la grama fértil; el codón labrado en cintas de ante, y el rizo copete cogido en blancas lazadas, que con las moscas de nieve que bañan la blanca piel iguales labores teje. A su lado Fernán Gómez, vuestro señor, en un fuerte melado, de negros cabos, puesto que con blanco bebe[16]. Sobre turca jacerina, peto y espaldar luciente, con naranjada las saca (?), que de oro y perlas guarnece. El morrión, que coronado con blancas plumas, parece que del color naranjado aquellos azares vierte; ceñida al brazo una liga roja y blanca, con que mueve un fresno entero por lanza, que hasta en Granada le temen. La ciudad se puso en arma; dicen que salir no quieren de la corona real, y el patrimonio defienden. Entróla bien resistida, y el maestre a los rebeldes y a los que entonces trataron su honor injuriosamente mandó cortar las cabezas, y a los de la baja plebe, con mordazas en la boca, azotar públicamente. Queda en ella tan temido y tan amado, que creen que quien en tan pocos años pelea, castiga y vence, ha de ser en otra edad rayo del Africa fértil, que tantas lunas azules a su roja cruz sujete. Al comendador y a todos ha hecho tantas mercedes, que el saco de la ciudad el de su hacienda parece. Mas ya la música suena: recebilde alegremente, que al triunfo, las voluntades son los mejores laureles.

[16] «Frase que se entiende de los caballos, para dar a entender que tienen alguna señal blanca en el hocico, de la cual se infiere que serán buenos y leales.» (_Diccionario de Autoridades_, de 1726.)

(_Salen el_ COMENDADOR _y_ ORTUÑO; MÚSICOS; JUAN ROJO _y_ ESTEBAN, ALONSO, _alcaldes._)

(_Cantan._)

_Sea bien venido el comendadore de rendir las tierras y matar los hombres. ¡Vivan los Guzmanes! ¡Vivan los Girones! Si en las paces blando, dulce en las razones. Venciendo moricos, fuertes como un roble, de Ciudad-Reale viene vencedore; que a Fuente Ovejuna trae los sus pendones. ¡Viva muchos años, viva Fernán Gómez!_

COMENDADOR

Villa, yo os agradezco justamente el amor que me habéis aquí mostrado.

ALONSO

Aun no muestra una parte del que siente. Pero, ¿qué mucho que seáis amado, mereciéndolo vos?

ESTEBAN

Fuente Ovejuna y el regimiento[17] que hoy habéis honrado, que recibáis os ruega y importuna un pequeño presente, que esos carros traen, señor, no sin vergüenza alguna, de voluntades y árboles bizarros, más que de ricos dones. Lo primero traen dos cestas de polidos barros; de gansos viene un ganadillo entero, que sacan por las redes las cabezas, para cantar vueso valor guerrero. Diez cebones en sal, valientes piezas, sin otras menudencias y cecinas; y más que guantes de ámbar, sus cortezas. Cien pares de capones y gallinas, que han dejado viudos a sus gallos en las aldeas que miráis vecinas. Acá no tienen armas ni caballos, no jaeces bordados de oro puro, si no es oro el amor de los vasallos. Y porque digo puro, os aseguro que vienen doce cueros, que aun en cueros por enero podéis guardar un muro, si de ellos aforráis vuestros guerreros, mejor que de las armas aceradas; que el vino suele dar lindos aceros. De quesos y otras cosas no excusadas no quiero daros cuenta: justo pecho de voluntades que tenéis ganadas; y a vos y a vuestra casa, buen provecho.

[17] _Regimiento_, el concejo municipal.

COMENDADOR

Estoy muy agradecido. Id, regimiento, en buen hora.

ALONSO

Descansad, señor, agora, y seáis muy bien venido; que esta espadaña que veis y juncia a vuestros umbrales, fueran perlas orientales, y mucho más merecéis, a ser posible a la villa.

COMENDADOR

Así lo creo, señores. Id con Dios.