Fábulas y cuentos en verso Selección

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NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.

* Se ha respetado la ortografía del original impreso pero se han puesto tildes a las mayúsculas.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

* Las notas a pie de página se han renumerado y colocado al final del libro.

* Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente para no interrumpir un poema.

FÁBULAS Y CUENTOS EN VERSO

[Ilustración]

BIBLIOTECA LITERARIA DEL ESTUDIANTE DIRIGIDA POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL TOMO I

FÁBULAS Y CUENTOS EN VERSO

SELECCIÓN HECHA POR MARÍA GOYRI DE MENÉNDEZ PIDAL _Dibujos de F. Marco._

_MADRID, MCMXXII_ INSTITUTO-ESCUELA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS

TIPOGRAFÍA DE LA “REVISTA DE ARCHIVOS”, OLÓZAGA, 1, MADRID

[Ilustración]

ADVERTENCIA

Hace tiempo que el Instituto-Escuela tropieza con bastantes inconvenientes para que las lecturas literarias de sus alumnos sean todo lo extensas y variadas que es menester; la misma dificultad tocarán, en más o menos grado, todos los profesores que se dedican a la enseñanza de la lengua y de la literatura españolas en sus primeros grados.

Cierto que abundan las colecciones de trozos escogidos y que éstas cumplen un importante fin pedagógico, sirviendo para el examen en detalle de muy diversas cuestiones gramaticales o artísticas, pero no satisfacen la necesidad que el estudiante tiene de conocer y apreciar el conjunto mismo de la obra a que pertenecen esos trozos.

Y para ese conocimiento de conjunto faltan los medios. El estudiante podría quizá remediarse asistiendo a una biblioteca; pero ésta, en muchas partes no existe, o no está suficientemente dotada; en otras ocasiones, la índole o la extensión de muchas obras que pueden hallarse en bibliotecas excede a la comprensión o capacidad propias de los primeros años de trabajo; y, en todo caso, si el lector puede tener en su mesa las obras que debe conocer, logrará siempre ganar mayor familiaridad con ellas. Es, pues, muy conveniente entregar al más fácil manejo del estudiante una colección literaria de las obras principales que por él deben ser conocidas.

Por eso trabajamos hace tiempo en formar esta Biblioteca que ahora sale a luz y para la cual se hallan ya preparados gran parte de los textos, esperando mantener continuidad y rapidez en la publicación. No excluiremos enteramente de ella algunos extractos fragmentarios, como los de las antologías; pero serán extensos y pocos. En general se incluyen producciones literarias tomadas en su conjunto.

Claro es, sin embargo, que muchas de las obras incluídas tienen que ser acortadas a fin de que, descartado lo excesivo o inconveniente, se haga su lectura fácil y llana para cualquier joven que no se haya de especializar en la literatura. La tarea, como bien se comprende, es delicada en extremo, sobre todo tratándose de obras de extensión considerable, como el _Amadís_, donde lo que se suprime es muchísimo más que lo que se conserva. Pero al eliminar trozos de cualquier composición se ha puesto todo cuidado y empeño en conservar tanto el pensamiento fundamental del autor como los pasajes principales en que ese pensamiento se manifiesta. También nos hemos prohibido alterar irrespetuosamente los textos y huímos de acortarlos con supresiones menudas y frecuentes que desfiguran el estilo del autor, cosas ambas que hemos sentido intolerables en algún ensayo de reducción que se ha publicado, por ejemplo, del _Quijote_.

Proponiéndose la presente colección servir a una iniciación literaria bastante extensa, incluye piezas de muy diverso carácter: junto a las obras maestras, otras de diverso valor artístico o histórico, entre ellas algunas demasiado olvidadas (esperamos que en los jóvenes lectores podrá revivir fácilmente mucho del interés aventurero que encierran los _Historiadores de Indias_), llegando hasta un _Cancionero musical_ compuesto principalmente de cantos tradicionales. Incluímos también autores americanos. Dada la amplitud del propósito, lo reducido del espacio que nos hemos impuesto y las encontradas razones que pueden abogar por la inclusión o exclusión de una obra, se comprende que la selección tiene que ser discutible y expuesta a inevitables omisiones; especialmente se notarán éstas en los autores más recientes, pues aquí la falta es siempre menos sensible, por hallarse los libros modernos más al alcance de todos.

Otros notarán más bien cierto exceso en la Colección, sobre todo pensando que, para los comienzos del estudio, varias de las obras aquí incluídas exceden a la comprensión y al gusto de un muchacho en los primeros años de su estudio. Pero nunca se tendrá bastante en cuenta que el aprendizaje de un niño, y, por último, el de un hombre también, se hace siempre a fuerza de percibir incompletamente aquellas cosas que exceden a la comprensión del instante y que esperan tiempo venidero para ser asimiladas de un modo más perfecto, ora con la conveniente repetición, ora sin ella. No de otro modo el niño aprende el lenguaje: sin darse él cuenta apenas de que tropieza en palabras ininteligibles, llegan éstas a iluminársele con plena comprensibilidad.

Pero evidente es que no todas las obras aquí publicadas son para la edad primera. Como hay que abominar en la enseñanza del lenguaje excesivamente incomprensible, hay que evitar la lectura de aquello en que las dificultades se hagan notar demasiado.

Para que pueda esquivarse tal escollo, esta Biblioteca ha procurado dos cosas. Primeramente trata de comprender aquellas principales obras maestras cuyo conocimiento es más urgente en la historia de nuestras letras. En segundo lugar ha de incluír ciertas obras que por su sencillez y carácter elemental cuadran a los primeros años de la vida y de los estudios mejor que otras obras de mayor significación y alcance artístico; pero aún esas obras han sido escogidas entre las que tienen por sí un positivo valor histórico. Véase, por ejemplo, cómo se puede ensanchar el habitual campo de las _Fábulas_ incluyendo en él nombres de muy altos autores.

Reuniendo estas dos clases de material, la presente Biblioteca trata de incluír en treinta tomitos las obras cuyo conocimiento nos parece más esencial o más oportuno en los primeros años de la enseñanza, ordenándolas bajo el doble método de géneros y épocas, para que el conjunto pueda con facilidad ser entendido históricamente. Así los treinta volúmenes están formados obedeciendo a un canon literario, a un catálogo previamente establecido, de aquellas obras mejores que el estudiante debe frecuentar en el comienzo de sus estudios para adquirir los fundamentos de su cultura tradicional hispánica.

Desea esta Biblioteca ser parte en aminorar el caso tan frecuente de los que se educaron en la más cerrada ignorancia de nuestra vida artística pasada y vivieron, y aun escribieron, ora venerando meros fantasmas de los nombres famosos que alegran su oído como una charanga estrepitosa, ora despreciándolos por apaciguar el disgusto de ignorarlos o el sinsabor de haber descubierto demasiado tarde figuras que debiera haber conocido antes y con mayor preparación para comprenderlas.

Pero es necesario advertir muy encarecidamente que esta amplia orientación histórica, que consideramos base precisa de la educación literaria, no ha de aspirar nunca a la imitación de los autores estudiados, cosa pueril y funesta. La abundancia misma y la gran disparidad de los textos aquí reunidos indican bien claro que esta Biblioteca no se propone dar modelos para la imitación que cohiban la nativa frescura del que los estudia, sino que se propone algo más elevado y eficiente: quiere entrañar los principales productos literarios en la inteligencia del lector asiduo, para que el pensamiento y el lenguaje de éste se enriquezcan, y desenvolviéndose con fuerte arraigo en la tradición, tomen como punto de partida el pasado a fin de poder proseguir la línea de progreso que la tradición señala hacia lo por venir.

Una espontaneidad ingenua y despreciadora de toda tradición convertiría la producción literaria de cada día en flor efímera y sin semilla. El ideario y el lenguaje de cada generación serían como un aposento cerrado, tan sin comunicación con las generaciones de ayer como sin acceso para las de mañana, despreciadoras también del pasado. Y no vale asegurar que la perfecta ignorancia de la tradición es prácticamente imposible. Una ingenuidad abandonada a aquellas impresiones tradicionales más cercanas o que como a la desbandada y a más no poder se entran por los resquicios, no producirá por lo común sino abortos sin completa gestación; estará siempre expuesta en máximo grado a ser presa incauta de cualquier éxito del momento que se le presente con aureola de novedad. Sólo cuando las impresiones se multiplican y se hacen densas, la espontaneidad está más segura de poder madurar en sí misma sus frutos, mejor y más conscientemente.

R. MENÉNDEZ PIDAL.

_Abril 1922._

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RAFAEL POMBO

_Bogotá (Colombia), 1834; † 1912._

EL PINZÓN Y LA URRACA

--Enséñame una canción --dijo la urraca habladora al gayo y diestro pinzón que saludaba a la aurora. --¿A ti? --repuso éste--. ¡Vaya! No te burlarás de mí; a pájaros de tu laya ¿quién pudo enseñarles, di? --¿Y por qué? --Porque es preciso para aprender, escuchar, y un charlatán nunca quiso dejar hablar, sino hablar.

EL SOL Y EL POLVO

Alzándose un furioso torbellino eclipsó el polvo al sol, y gritóle por mofa: --¡Astro divino! ¿Dónde estás? ¿Qué te hiciste?... -- Y su camino siguió en silencio el sol. Y cesó el huracán; y tornó al cieno el polvo vil; y en el azul sereno de gloria y pompa lleno siguió en silencio el sol.

LA CANGREJA CONSEJERA

--Anda siempre derecha, querida hijita --mamá Cangreja díjole a Cangrejita--; para ser buena obedece a tu madre cuanto te ordena. --Madre --responde aquélla--, voy a seguirte, no quiero en ningún caso contradecirte, ve tú delante, que dándome el ejemplo, lo haré al instante.

[Ilustración]

[Ilustración]

MANUEL DEL PALACIO

_Lérida, 1831; † 1906._

LOS PEDAZOS DE MÁRMOL

Al pie de una cantera de mármol de Carrara varios gigantes bloques restos de una gran ruina semejaban, mientras otro, movido por cuerdas y palancas, a un carro conducían muchos obreros en alegre zambra. Diez poderosos bueyes, uncidos por el asta, iban la inmensa mole a llevar a través de la montaña; y cuando al recibirla rechinaron las tablas, oyóse en el espacio sordo rumor de voces y amenazas. --¿Por qué nos abandonas? --las piedras murmuraban--. ¿Qué buscas en tu orgullo fuera de estas regiones solitarias? --El hombre me ha elegido --respondió la arrastrada-- para que al mundo admire, centinela perpetuo de su fama. Si hasta hoy he sido roca, mañana seré estatua; no tengo yo la culpa de ser la más hermosa y la más blanca. --Piedad antes que enojo en nosotras hallaras, si cautiva a la fuerza de tu profanación no hicieras gala. Pero en vano te engríes, la vanidad te engaña, que aun cambiando de forma piedra serás, cual somos tus hermanas. Y antes de que te eleves del vulgo a las miradas, ¡no sabes tú los golpes de cincel y martillo que te aguardan! Los hombres en la tierra son mármoles con alma, y si éstos al labrarse dejan polvo, aquéllos dejan lágrimas.

NATURALISMO

Molidos de la jornada y con hambre, aunque risueños, dos estudiantes rondeños llegaron a una posada. Comenzaba a anochecer y entrambos, sin vacilar, acercáronse al hogar decididos a comer. Ligera cual una ardilla rubia moza les previno, con un buen jarro de vino, salchichón, pan y tortilla, que devoraron los dos sin tener que repetir, yéndose luego a dormir en paz y en gracia de Dios. A la mañana siguiente, rayando apenas el día, del ventero en compañía tomaron el aguardiente; y a seguida de pagar los caballos dispusieron, y alegres como vinieron se volvieron a marchar. No será el cuento profundo ni por él pido mercedes; pero ¿no lo hallan ustedes lo más natural del mundo?

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RAMÓN DE CAMPOAMOR[1]

_Navia (Asturias), 1817; † 1901._

LOS HIJOS Y LOS PADRES

Ni arrastrada un pastor llevar podía a una cabra infeliz que oía amante balar detrás al hijo, que, inconstante, marchar junto a la madre no quería. --¡Necio! --al pastor un sabio le decía--; al que llevas detrás, ponle delante; échate el hijo al hombro, y al instante la madre verás ir tras de la cría. Tal consejo el pastor creyó sencillo; cogió la cría y se marchó corriendo llevando al animal sobre el hatillo. La cabra sin ramal les fué siguiendo, mas siguiendo tan cerca al cabritillo, que los pies por detrás le iba lamiendo.

LOS PADRES Y LOS HIJOS

Un enjambre de pájaros metidos en jaula de metal guardó un cabrero, y a cuidarlos voló desde el otero la pareja de padres afligidos. --Si aquí --dijo el pastor-- vienen unidos sus hijos a cuidar con tanto esmero, ver cómo cuidan a los padres quiero los hijos por amor y agradecidos. Deja entre redes la pareja envuelta, la puerta abre el pastor del duro alambre, cierra a los padres y a los hijos suelta. Huyó de los hijuelos el enjambre, y como en vano se esperó su vuelta, mató a los padres el dolor y el hambre.

LA CARAMBOLA

Pasando por un pueblo un maragato llevaba sobre un mulo atado un gato, al que un chico, mostrando disimulo, le asió la cola por detrás del mulo. Herido el gato, al parecer sensible, pególe al macho un arañazo horrible; y herido entonces el sensible macho, pegó una coz y derribó al muchacho. Es el mundo, a mi ver, una cadena, do rodando la bola, el mal que hacemos en cabeza ajena refluye en nuestro mal, por CARAMBOLA.

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EL CONCIERTO DE LOS ANIMALES

Supuesto que respira, se hace oír, bien o mal, cualquier garganta; y en esto no hay mentira, pues mal o bien, el que respira, canta. Hablen, si no, mil animales duchos que dieron un concierto como muchos. Y es fama que el sentido no acompaña a los órganos vocales, por lo que ha sucedido que en la patria de dichos animales, cada cual, presumiéndose asaz diestro, gritó: --¡Caiga el león! ¡Fuera el maestro! Cayó la monarquía, y en república el reino convirtieron. --Vaya una sinfonía de nuestros triunfos en honor --dijeron--; cada uno cante cual le venga a mano; ya no más director; ¡muera el tirano! Comenzóse el concierto, “cá-cá-rá-cá”, gritando el polli-gallo; y al primer desacierto con un relincho contestó el caballo; “a-y-o, a-y-o”, siguió el pollino; “pí-pí-pí”, el colorín; “ufff”, el cochino. El “mís” y el “marramau” cantó el gato montés, cual tigre bravo; y con cierto “pau-pau” le acompañaba el indolente pavo; formando tan horrenda algarabía, que ni el mismo Luzbel la aguantaría. El león destronado, viendo el reino en desórdenes tan grandes, --Silencio --dijo airado, mostrando un arcabuz ganado en Flandes--; el rey va a dirigir: atrás, canalla. Y al verle cada cual, amorra y calla. --Vuelva a sonar la orquesta --siguió el tirano, de Nerón trasunto--, y ¡ay de la pobre testa de aquel que por gruñir me coma un punto! ¿Qué es replicar? No hay réplica ninguna. Palo o canción; vamos a ver: ¡a una! Y la orquesta empezando, “pí-pí”, “cá-cá-rá-cá”, “mís-mís”, “miau-miau” siguió después sonando “a-y-o, a-y-o”, “ufff-ufff”, “pau-pau”. Y tal sonó la música que alabo, que el mundo gritó absorto: --¡Bravo! ¡Bravo! Fué el concierto, antes loco, la maravilla, vive Dios, del arte; y aunque gruñendo un poco, cada animal desempeñó su parte; aprendiendo, en perjuicio de su testa, que sin buen director no hay buena orquesta.

[Ilustración: El concierto de los animales.]

LOS DOS GORRIONES

--Llégame el comedero --dijo a un gorrión otro gorrión muy maula--. --Pues ábreme primero --contestó aquél --la puerta de la jaula. --¿Y si al verte ya libre, en tu embeleso, te vas sin darme de comer en pago? --¿Y quién me dice a mí --responde el preso-- que me abrirás si llenas el monago? Y en conclusión, por si ha de ser primero llegar el comedero o correr el alambre, quedóse el enjaulado prisionero y el hambriento volvióse con el hambre. ¡Digno amigo, por Dios, de tal amigo! Y ahora diréis, y bien, como yo digo: --¡Vaya, que son en ciertas ocasiones lo mismo que los hombres los gorriones!

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SALVAR EL HONOR CON FRASES

I

EL GALLO Y LA LIEBRE

Dijo un gallo a una liebre: --Huye, cobarde. --¿Cobarde yo? --la liebre respondía. Pero atisbando a un galgo nada tarde hasta más no poder cobarde huía. --Espera --dijo el gallo-- un Dios te guarde. ¿No llamas a eso huír, señora mía? Y antes que el galgo le acercase el morro, la liebre contestó: --No huyo, que corro.

[Ilustración]

II

LA LIEBRE Y EL GALLO

Gritó la liebre al gallo: --Anda, medroso. --Como el Cid --dijo el dueño del serrallo; mas, viendo no muy lejos a un raposo, hizo una acción que por medrosa callo. --Ten --la liebre exclamó--, gran Cid, reposo. --Pues ¿acaso esto es miedo? --siguió el gallo. Y al ver que se subía a un parapeto: --No --le dijo la liebre--, eso es respeto.

[Ilustración]

[Ilustración]

ANTONIO DE TRUEBA

_Bilbao, 1821; † 1889._

EL EJEMPLO

Cuenta un autor, cuyo nombre no conservo en la memoria, porque fácilmente al hombre se le va el santo a la gloria; cuenta, repito, que un día en una ciudad que expresa, se sentó como solía una familia a la mesa. Según los datos completos que tenemos a la vista, constaba de los sujetos que marca la adjunta lista: un viejo temblón y cano; dos esposos, por lo visto hijo y nuera del anciano, y un niño travieso y listo. Cada cual con mucho celo el estómago repara; mas hete que al pobre abuelo se le escurre la cuchara, y como ésta es de metal, hace doscientos añicos un plato de pedernal, por más señas, de los ricos. El marido y la mujer gritan con mil desacatos: --¡A ese modo de romper no ganamos para platos! Continuó la pelotera, y cuentan que al otro día en un plato de madera el pobre viejo comía; mas tan mal se las compuso, como estaba tan temblón, que pan y manteles puso hechos una perdición. --¡Esto ya pasa de raya! --gritan marido y mujer--; levántese usted y vaya a la cocina a comer; y si allí no le conviene, vaya a comer al establo, que a todos dados nos tiene con su suciedad al diablo. En cuanto oyó este consejo o más bien, este mandato, bajó la cabeza el viejo y se largó con su plato; y desde aquella función despachaba en la cocina tristemente su ración por evitar tremolina. Llorando el anciano un día la ingratitud de sus hijos, sus tristes ojos tenía el pobre en su nieto fijos. Y al ver que un madero grueso el niño afanoso esconde, le dice: --¿Para qué es eso? Y su nieto le responde: --De este madero saldrá un plato de buena clase para que papá y mamá coman cuando yo me case. Y exclama el mísero anciano: --¡Hará lo que hacen conmigo! ¡Dios mío! ¡Tu santa mano puso en la culpa el castigo!

LOS TRES AMIGOS

Según Herder, un sujeto que tenía tres amigos a dos de ellos profesaba el más profundo cariño, y a la amistad del tercero se mostraba siempre frío. Cierto día fué acusado de un horroroso homicidio, y se hallaba con el alma como quien dice en un hilo, aunque era el hombre inocente de tan bárbaro delito. --Amigos míos, me acusan de un asesinato --dijo--, y el juez, según me han contado, está como un basilisco. Soy inocente, y deseo que vengáis los tres conmigo a declarar mi inocencia en calidad de testigos. Dió por excusa el primero unos asuntos precisos; acompañóle el segundo si bien un poco remiso, pero así que vió la turba de centinelas y esbirros que el tribunal custodiaban, volvió pies atrás, más listo que Cardona, temeroso de que le echaran los cinco. No esperaba el acusado mucho del tercer amigo; pero éste, fiel y animoso, compareció ante el ministro de la ley, y al acusado defendió tan a lo vivo que declarado inocente fué en aquel instante mismo. Tres amigos tiene el hombre en el mundo en que vivimos, ¿cómo se portan con él ante el tribunal divino? El _dinero_ es el primero de los tres en su cariño, y es el primero también que le abandona mezquino. Los _deudos_ y los _parientes_ tiene por segundo amigo; hasta junto a su sepulcro van haciendo pucheritos, mas se asustan de la muerte y se vuelven atrás listos diciendo a lo más: --Allá nos esperes muchos siglos. Por último, son las _obras buenas_ su tercer amigo, y aunque con indiferencia por él miradas han sido, de tal modo le defienden ante el tribunal divino, que al fin el manto de gracia cubre todos sus delitos.

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LA PARTE DEL LEÓN[2]

Fuéronse de caza sin perros ni trompas el león, el oso, el lobo y la zorra; y así que cazaron porción nada corta de cabras y ovejas y chotos y potras, --Hagamos --dijeron-- el reparto ahora e inmediatamente llenemos la andorga. --¿Quién se encarga de ello? --preguntó con sorna el león, sin duda buscando camorra--. --¡Yo! --responde el oso, cuya afición tonta es hacer el ídem. --Pues manos a la obra. Cuando en cuatro partes la caza amontona, al león el oso le dice que escoja una de las cuatro, que iguales son todas. --¡Tú partir no sabes! --gruñe con voz ronca el león al oso, que replicar no osa. Y ¡ham! de un dentellazo me lo descogota, y a la zorra dice con frase melosa: --Chiquita, el reparto vas a hacer tú ahora, que fío has de hacerlo a pedir de boca, pues como chiquita no eres maliciosa. En cinco montones la repartidora reparte la caza, y acabada su obra al león le dice con una graciosa reverencia: --Vuestra majestad escoja de estas cinco partes las tres que le tocan: como león, una, como monarca, otra, y otra como jefe... --Hola, hola, hola --dice el león--; veo que tú no eres boba. Y añade, moviendo de gusto la cola: --Di, ¿quién te ha enseñado todas esas cosas? --¿Quién, señor...? El oso, --contesta la zorra.

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EL LOBO Y EL CORDERO[3]