Part 14
LXIV. Testamento di Cristoforo Colombo.
Todos estos escritos de Colón están ordenados cronológicamente y transcritos con fidelidad escrupulosísima, tanto, que con adoptar el autor la ortografía moderna para facilitar mejor su lectura, cuida siempre de que no se altere nunca esencialmente la lección original. Asimismo tiene en cuenta las variantes de los manuscritos y las utiliza con la pericia propia en filólogo tan competente y tan acreditado, dentro y fuera de Italia. Sin duda alguna, la nombradía que Cesare de Lollis disfrutaba como cultivador ilustre de la filología neolatina debió contribuir poderosamente á que el Gobierno de su patria le confiase encargo tan delicado y del que no podía menos de salir airoso.
Las ilustraciones que preceden á los documentos abarcan la historia especial de cada uno, la determinación de su fecha, cuando no la tiene, y el examen del contenido, ya en sí mismo, ya en relación con los que le preceden y le siguen. La erudición y el ingenio del ilustrador se revelan con abundancia constantemente, sobre todo en la reconstrucción que hace de los Diarios del segundo y tercer viaje de Colón, y en el estudio de las _Historie_ de Don Fernando. Valiéndose principalmente de fragmentos conservados en las Casas y Don Fernando, con gran agudeza Lollis lleva á cabo aquella reconstrucción, así como prueba, en la ilustración del documento 41, contra lo dicho por el fundador de la Biblioteca colombina de que su padre escribió Diarios de los cuatro viajes, que el descubridor de América no escribió nunca el del cuarto.
Curiosas son, en extremo, las ilustraciones de la primer carta de Colón, segundo de los documentos del primer volumen. Y en lo tocante á las _Historie_, Lollis, contra Harrise, y de conformidad con las doctrinas sustentadas por Fabié y otros muchos eruditos españoles, mantiene la autenticidad de la obra de Don Fernando, fidelísimamente traducida al italiano por Ulloa, del original español propiedad de D. Luis Colón.
Las demás partes de la _Raccolta_ contienen trabajos de merecimientos muy distintos. Me refiero á los volúmenes que he podido examinar con algún detenimiento hasta ahora.
De la parte II no sabemos que haya visto la luz sino el tomo III, colección de monografías colombinas, de las cuales la de Salvagnini, referente á los piratas Colón en el siglo XV, es interesante, sobre todo por los nuevos datos que añade á los aportados por Harrisse en su obra _Les Colombo de France et d’Italie_.
De mucha mayor importancia que este tomo deben ser los 1.º y 2.º de la misma parte II, que comprenderán los _Documentos privados de Colón y de su familia_, y el _Códice diplomático_, conocido hasta ahora por el ejemplar que se guarda en el Archivo del Ayuntamiento de Génova, publicado por Spottorno en 1823, y que ahora lo será por el que existe en el Archivo del Ministerio de Estado de Francia desde 1811, en que fué sacado de Génova de orden de Napoleón I, y que se creyó perdido mucho tiempo.
La tercera parte de la _Raccolta_, esto es, _Fuentes italianas para la Historia del descubrimiento de América_, vale más por los documentos diplomáticos que comprende el primer volumen, no pocos inéditos, que por las relaciones italianas contemporáneas del descubrimiento ó posteriores, que lo cuentan, contenido del segundo. Algunas de estas últimas carecen de valor histórico, y sin el exagerado italianismo que domina en la _Raccolta_ no tendrían, sólo por ser italianas, derecho á figurar en ella. Bastaría que hubiesen sido registradas en el catálogo que forma la parte sexta, esto es, la _Bibliografía italiana_. Este volumen, obra de los Sres. Fumagalli y Amat di San Filippo, menciona cerca de mil y quinientas publicaciones, ya referentes á los precursores de Colón, ya al gran navegante, bien á los continuadores de su empresa, originales de autores italianos ó extranjeros traducidas en Italia, bien ediciones de los escritos del glorioso genovés. ¡Lástima grande que los autores de este interesante trabajo se hubiesen contenido en tan estrechos límites, en vez de abarcar por entero la Bibliografía colombina! De todos modos, este Catálogo y el que hizo por encargo de la Junta directiva del Centenario nuestra Real Academia de la Historia, se completan respectivamente en muchos puntos, allanando el camino á la formación de una bibliografía general que sirva de consulta á los americanistas estudiosos.
Con este volumen, único de la parte sexta, guardan íntima relación los concernientes á la quinta, aunque sean, por desgracia, los más inferiores en mérito de los de la _Raccolta_ publicados hasta el día. El estudio relativo á Toscanelli, que forma por entero el primer volumen de esta sexta parte, debido á Uzielli y Celoria, más que trabajo de investigación y de crítica es un panegírico del pretendido iniciador del descubrimiento de América, escrito, además, en forma descarnada é ilegible, á la manera de las compilaciones germánicas, verdaderos almacenes de datos y noticias sin orden ni concierto. Y los trabajos que le siguen, relativos á Pedro Mártir de Angleria, Américo Vespucio, Juan Caboto, Verrazzano y Juan Bautista (Battista di Poncevera), Leone Pancaldo y Pigafetta y Benzoni, sobre adelantar bien poco á lo ya conocido, huelgan en una colección verdaderamente colombina, excepción hecha de Pedro Mártir de Angleria, si bien la publicación de sus escritos relativos al descubrimiento de América es incompleta, pues solamente salen á luz íntegras las Epístolas, y no las Décadas, ó la parte de éstas concerniente á aquel singular acontecimiento, de las que sólo se ofrece aquí imperfecto sumario. ¿No hubiera sido más pertinente reproducirlas por completo en vez de los estudios referentes á los compañeros de Magallanes, que nada tienen que ver, inmediatamente, ni con Colón ni con el descubrimiento de América?
Por último, la parte cuarta contiene un curioso trabajo de Alberto d’Albertis, sobre _la construcción naval y el arte de navegar en tiempo de Colón_, y otro de Bellio, sobre _las cartas geográficas más antiguas que existen en Italia_, los cuales, por incompletos que sean, aventajan en mucho al tercer estudio de esta parte, que trata de la _declinación y la variación de la aguja náutica descubierta por Colón_, obra de Bertelli, que es inferior en mucho á los otros, y abundante en errores de importancia.
De todos modos, la _Raccolta_ merece bien de los estudios históricos, y será, en lo sucesivo, una de las fuentes más copiosas para los futuros trabajos colombinos, en los que, sin convencionales y mezquinas divisiones de nación ó de secta, se estudie el descubrimiento de América á la luz de la ciencia y dentro únicamente de los sagrados fueros de la verdad histórica.
[Ilustración]
UN AMERICANISTA NOTABLE[4]
[4] Discurso leído en la Real Academia de la Historia, contestando al de ingreso del Sr. Asensio y Toledo.
Señores Académicos: Si en toda ocasión vuestros sufragios han abierto las puertas de la Real Academia de la Historia á personas de merecimientos mayores ó menores, pero de seguro bastantes en el cultivo de las ciencias históricas, en la presente, al llamar, unánimes, á compartir vuestras doctas tareas, al historiador, bibliógrafo y crítico Asensio y Toledo, no sólo habéis galardonado la vasta y sólida labor de un erudito de primer orden, en cincuenta años de estudios perseverantes y fructuosos, sino que también habéis patentizado, de modo elocuentísimo, á la nación entera, que sabéis conocer y apreciar, con amor y justicia, los trabajos de nuestros beneméritos Correspondientes en las provincias; que de buen grado les ofreceríais asiento entre vosotros, en concurrencia legítima con los doctos de la Corte, si vuestros Estatutos lo consintieran, y que cuando, como en este caso, el antiguo y laborioso Correspondiente satisface las exigencias reglamentarias, os apresuráis á ornar su pecho con la bien ganada medalla de esmaltes.
Viene el nuevo Académico de ciudad tan favorecida por los encantos de la naturaleza como privilegiada por las dotes del espíritu; tierra bendita de la lealtad y el españolismo más puro; rival, cuando no vencedora, de las más insignes de la Península y del Extranjero, la ciudad de San Isidoro y San Hermenegildo, sepulcro del más santo y del más sabio de nuestros Reyes; Casa de Contratación y Archivo de las Indias; madre afortunada y fecunda de pintores como Murillo y Velázquez; escultores como Roldán y Martínez Montañés (que si no nació en Sevilla, en ella floreció y para ella creó sus _Cristos y Nazarenos_); poetas como Herrera y Rioja, Tassara y Becquer; dramáticos como Lope de Rueda y Vélez de Guevara; soldados como el Marqués de Cádiz y Daoiz; marinos como Mendoza Ríos y los Almirantes Valdés y Ulloa; filósofos como Fox Morcillo; jurisconsultos como Pacheco y Cárdenas; oradores y estadistas como Rivero y el Conde de San Luis; novelistas como Mateo Alemán y Fernández y González; humanistas como Lebrija y Malara; críticos como Lista y Cañete; bibliógrafos como Nicolás Antonio y Gayangos; historiadores, en fin, como el Zurita sevillano Ortiz de Zúñiga, y los viejos cronistas del Nuevo Mundo Fray Bartolomé de las Casas y Francisco López de Gómara.
Sevillano por familia, nacimiento, educación, aficiones y estudios, más todavía, por su vida entera, transcurrida en las orillas del Betis hasta bien poco antes de vuestro llamamiento; continuador como ninguno, en la ciudad que atribuye su fundación á Hércules, de sus tradiciones eruditas é históricas; explorador infatigable y afortunado de sus archivos y bibliotecas; poseedor de una importante en extremo, sobre todo por su colección cervantina; rescatador, ilustrador y editor generoso de joyas tan valiosas como el _Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones_, que dejó inédito Francisco Pacheco; autor de copiosos escritos literarios y críticos, artísticos é históricos; alma de la _Sociedad de Bibliófilos Andaluces_, que, como su hijo _El Archivo Hispalense_, ha dado á luz verdaderas preciosidades bibliográficas; Director inteligente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en reemplazo del nuevo padre de aquella ilustre Corporación nuestro insigne Correspondiente Fernando De Gabriel, de inolvidable memoria; cervantista comparable con nuestro difunto y egregio Anticuario Fernández-Guerra, á quien viene á suceder y al que ha consagrado las justas y nobles frases que hemos oído, y á las que en vuestro nombre y en el mío me adhiero por completo; americanista eruditísimo, autor de la _Vida de Colón_ más extensa, razonada y amena que tenemos; promovedor principal, en fin, del moderno movimiento bibliógrafo, que ilustran con gloria eruditos tan aventajados como Montoto, Gómez Imaz, Gestoso, el Duque de T’Serclaes y el Marqués de Jeréz de los Caballeros, Asensio ingresa hoy en la Real Academia de la Historia como los Grandes en el Senado: por derecho propio.
Al darle ahora la bienvenida, llevando vuestra voz, experimento, Sres. Académicos, una de las satisfacciones más grandes de mi vida. Hijo de una de las ciudades más antiguas y gloriosas del viejo Reino sevillano, la ciudad de los Guzmanes, tengo á orgullo, y es para mí eterno vínculo de gratitud y de cariño, haber recibido mi educación literaria é histórica en las aulas hispalenses y en el trato y comunicación de los ingenios de Sevilla, y que el nuevo Académico fuese de los que con mayor interés y afecto me alentasen en mis primeras tentativas y ensayos. ¡Quién me dijera entonces que en acto de la solemnidad del presente habría de disfrutar la grata y honrosa participación con que vuestra bondad se ha dignado favorecerme!
Entre los muchos é interesantes asuntos que las ricas y variadas aptitudes y conocimientos del nuevo compañero le habrían permitido escoger como tema de su discurso de ingreso, el docto americanista ha preferido oportunamente el de mayor alcance y trascendencia de todos, esto es, el examen de las últimas doctrinas y trabajos referentes á Cristóbal Colón, examen que acabáis de coronar con vuestros aplausos, y que ha evidenciado una vez más el acierto y elocuencia peculiares á su entendimiento y á sus facultades literarias. Mis enhorabuenas más cordiales por la elección y el desempeño.
La celebración del cuarto Centenario del descubrimiento de América dió origen, como era de esperar, dentro y fuera de la Península, á numerosos estudios relativos á los dos grandes é inseparables factores de aquel acontecimiento sin igual en la historia: Colón y España. Natural era que el docto americanista sevillano siguiese con vivo interés las nuevas publicaciones, estudiando cuanto en ellas se dijese tocante á las mismas cuestiones que había tratado en su _Vida de Colón_, á fin de comprobar y perfeccionar sus propias investigaciones.
La Academia, que cuenta en su seno americanistas mantenedores de distintas y encontradas opiniones sobre puntos capitales de la historia colombina, debía oir de igual modo las del nuevo Académico, que no son otras, en esencia, que las que ya consignó en su obra magna, robustecidas ahora con los datos y materiales con que el Centenario ha contribuido al esclarecimiento de cuestiones sobrado graves y empeñadas para que nadie pueda osar resolverlas todas y en absoluto, máxime dada la naturaleza de los conocimientos históricos.
Por mucho tiempo la leyenda colombina y la leyenda anticolombina han de disputar tenazmente la plaza que sólo cumple de derecho á la verdad histórica. Panegiristas de Colón y panegiristas de España seguirán luchando con apasionamiento, hasta que al fin luzca el día sereno de la justicia, así para el incomparable marino genovés como para la nación generosa que amparó é hizo posible la hazaña más prodigiosa de la Edad Moderna.
Mis sentimientos y mis convicciones coinciden, de antiguo y casi por completo, en estas materias, con las del nuevo Académico, y ahí están que lo prueban los trabajos que dí á luz en el Centenario; sin que por eso deje de reconocer en ningún caso que ni está ni es posible que esté cerrada la puerta á ulteriores investigaciones, en esta, como en toda clase de controversias históricas.
Creo más, señores Académicos: creo plenamente que, á pesar de las exageraciones, aun de las injusticias con que la pasión haya podido tratarla, en lo antiguo y en lo moderno, la figura gigantesca del descubridor del Nuevo Mundo ha resistido victoriosamente los embates de la ceguedad y del encono, llegando incólume á los días del Centenario, y, como dijo magistralmente nuestro ilustre Director, en su discurso de apertura del Congreso de Americanistas celebrado en el Convento de la Rábida, «en puesto único, al que nadie puede acercarse, ni de lejos, en la Historia.»
Después de todo, por fortuna nuestra, Colón no fué considerado nunca en los trabajos del Centenario como llegó á serlo, por el mismo tiempo, en algunas de las publicaciones italianas, esto es, como simple ejecutor del pensamiento de Toscanelli; ni tratado tampoco con la crueldad incalificable con que algunos portugueses escribieron del Infante Don Enrique en los días mismos de la celebración de su Centenario, ni como tratan hoy otros, con motivo del que ha de celebrarse dentro de pocos días, al glorioso Taumaturgo de Lisboa.
Y es que las divisiones religiosas, políticas y científicas de nuestro tiempo, y aun más, si cabe, el espíritu crítico, cuando no escéptico, dominante, tenían que ejercer su propio y natural influjo aun en ocasiones tan extraordinarias y solemnes. Lo verdaderamente extraño es que se nieguen ó regateen tanto la admiración y el aplauso á las grandes figuras de la historia, y se prodiguen con largueza, mejor dicho, con verdadero escándalo, en ocasiones, á entidades subalternas, como lo prueban las apoteosis pomposas que vemos celebrar en gloria de algunas y las estatuas erigidas en honor de otras, careciendo, como aún carecen de ellas, el Cid, Guzmán _el Bueno_, el Rey Católico y tantas otras glorias indisputables y legítimas de la patria.
¡Dichosos los que, como el nuevo Académico, han sabido conservar siempre inextinguibles en su alma el entusiasmo y la admiración debidas á lo verdadero y lo justo, lo grande y lo sublime!
HE DICHO.
[Ilustración]
ÍNDICE
Páginas.
PRÓLOGO v
Las Conferencias americanistas del Ateneo 1
Los Reyes Católicos en el descubrimiento de América 33
El Cardenal Mendoza en el descubrimiento de América 61
Colón y Fray Diego de Deza 73
_El Nuevo Mundo descubierto por Colón_, comedia de Lope de Vega 87
La patria de Colón 99
Españolismo de Colón 111
La Duquesa de Alba 121
El Maestro Lebrija y el descubrimiento de América 135
La Aurora en Copacavana 147
Pedro de Valdivia 157
Gonzalo Jiménez de Quesada en la poesía y en la historia 167
El Alférez Doña Catalina de Erauso 179
La _Historia de la Conquista de México_, de Solís 199
Los restos de Pizarro 207
Sor Juana Inés de la Cruz 221
El Centenario en Chile 231
El Centenario en Colombia 239
Los Americanos en el Ateneo 247
Colón en las publicaciones italianas del Centenario 265
Un americanista notable 287