Es mi hombre: Tragedia grotesca en tres actos

Part 5

Chapter 54,134 wordsPublic domain

¡Diez mil pesetas!... ¡El bienestar pa siempre! ¡Nosotros casaos, yo establecido, usté tranquilo en casita, dedicao a mecer lo que fuese!... ¡Esos ladrones!... ¡¡Si yo me atreviera!!...

ANTONIO

¡No sueñes locuras!

LEONOR

¡Tú contra unos asesinos!

ANTONIO

Tienen clientela en el Este.

LEONOR

¡Vamos, vamos, papá!

ANTONIO

Si es que del esfuerzo las piernas no me tienen.

MARIANO

~(Que sale rápidamente.)~ Supongo que te irás.

ANTONIO

Pero volando.

MARIANO

Haces bien. Paco me ha dicho que viniese a buscarte, porque esos están metiendo la pata; pero no entres. ¡Yo te he querío buscar un pedazo de pan, pero no tu perdición! Iros a escape.

LEONOR

¿Verdá que sí, padrino?

ANTONIO

Que salga Marcos por un automóvil...

MARCOS

¿Pero tanta prisa corre?

MARIANO

Cuando se enteren que te has ido, que estés lejos; porque si no salen a alcanzarte y te la ganas.

ANTONIO

¡Un automóvil, por tu madre!

MARIANO

En la esquina hay un punto.

~(Vase a la sala.)~

MARCOS

Volando.

~(Vase primera izquierda.)~

LEONOR

Anda, papá... anda, por Dios, que ya has oído. Yo aquí espero mientras te cambias de ropa.

ANTONIO

Un segundo. ~(Entra en la Secretaría.)~

ESCENA ÚLTIMA

LEONORCITA, luego el POLLO BOTINES, el REQUIÉS y el JARRITAS, de la sala.

LEONOR

¡Dios mío!... ¡Vivir, vivir!... ¡Qué amargura!... ¡Lo que cuesta vivir!... ¡Ay, mi papaíto de mi vida!... ¡Tan pusilánime como es el pobre y lo que ha hecho por mí!... ¡Pero él con esos bandidos!... ¡No, no!... ~(Los ve salir aterrada.)~ ¡Dios mío!... ¡Ellos!...

REQUIÉS

Bueno; lo primero, vamos a cenar con opiparidaz. ¿No os parece?

JARRITAS

No es ninguna memez.

REQUIÉS

Y a los postres les damos a esta gentuza el té... el te reviento.

JARRITAS

Es un programa.

POLLO

~(Fijándose en Leonor cita.)~ Hombre, callarse. ¡Qué nena!

REQUIÉS

¡No está mal la moruchita!

JARRITAS

Me se hace que es la hija de don Antonio.

REQUIÉS

Mejor que mejor.

POLLO

Aguardarse, que ya tenemos amenidaz femenina pa la orgía.

REQUIÉS

Invítala, de grado o a fuerciori.

POLLO

Ni que decir. Dejarme. ~(Adelanta.)~ ¡Apreciada pollita!

LEONOR

¿Qué desea?

POLLO

A los pies de usted.

LEONOR

~(Mira al suelo. Con ingenuidad.)~ ¿A mis pies, qué?

POLLO

Es saludo.

LEONOR

¡Ah! (¿Qué querrán de mí?)

POLLO

¿Usted ha cenao?... Y perdone usté que la interviuvee.

LEONOR

No; señor; todavía no.

POLLO

Pues no se preocupe usté, que le han caído tres anfitriones.

LEONOR

¿Tres qué?

POLLO

Tres sujetos que se verían muy honraos en que usté cenase con ellos.

REQUIÉS

¿Le gustan a usté las judías con oreja de cerdo?

LEONOR

¡Yo no quiero nada con cerdos! Ni con nadie.

POLLO

Esta noche, sí.

LEONOR

¡Ni esta noche ni nunca! ¿Por quién me han tomado ustedes?

POLLO

¡Pero no se ponga usté así, fierecita!

LEONOR

Me pongo como debo. Y no quiero hablar más con ustedes.

POLLO

De modo que si un hombre, cegao por sus encantos, la cogiese a usté así... ~(Va a cogerla.)~

LEONOR

~(Aterrada.)~ ¿Pero qué va usté a hacer?... ~(Los otros se ríen.)~

POLLO

La cogiese a usté así, ~(La coge.)~ y la diera un beso. ~(Se lo da.)~ ¿El que lo hiciera?...

LEONOR

~(Gritando angustiada.)~ ¡Papá!... ¡Papá!... ¡Socorro!

ANTONIO

~(Sale de la Secretaría en mangas de camisa, fiero, erguido, colérico, y al ver a su hija atropellada tan cobardemente, grita con fiereza.)~ ¡Moriría como vas tú a morir!... ¡Toma, canalla! ~(Le da un silletazo.)~

POLLO

~(Cayendo con las manos en la cabeza.)~ ¡¡Me ha matao!!

ANTONIO

~(Revolviéndose.)~ ¡Infames! ¡Asesinos!... ¡Mi hija!... ¡Atropellar a mi hija! ¡Ladrones! ~(Saca la pistola.)~

LEONOR

~(Muerta de espanto.)~ ¡Por Dios, papá!

ANTONIO

~(Disparando.)~ Fuera, fuera de aquí. ¡A la calle!

~(Tiros, palos, estacazos, patadas. Le disparan. Acomete. Como una fiera salta, ataca, acomete, acorrala, pega... Los matones quedan sobrecogidos ante tal ímpetu, y al fin, en franca fuga, uno se tira por el balcón. Los otros salen por la puerta. Al último le da una patada y se oye a poco un gran ruido de cristales. La gente, desde el principio, se asoma consternada a la puerta de la sala. Marquitos, que ha entrado, sin explicarse aquello, auxilia a don Antonio. Los demás, cuando le ven triunfante, se le acercan entusiasmados.)~

MARIANO

Pero Antonio ¿qué ha sido?

SOLE

¡Los ha echao!

ANTONIO

Los he echao.

PACO

¿Pero usté solo?

ANTONIO

¡Solo! ¡Solo! ¡¡Yo solo!!

PACO

¿A los tres?

ANTONIO

¡A los tres!

PACO

¿Pero cómo?

ANTONIO

Porque era mi obligación. He cumplido con mi deber. Nada más. ~(Todavía excitado y enardecido por su fiereza, conserva hasta el final una imponente energía, que hace obedecer a todos ciegamente.)~ ¡Conque esto se ha acabado! ¡A jugar todo el mundo; pronto!

TODOS

Sí, señor. ~(Se ponen a jugar de nuevo.)~

ANTONIO

¡¡Pronto!! ~(A Mariano.)~ Tú, a darme las diez mil pesetas, ¡inmediatamente!

MARIANO

Pero...

ANTONIO

¡Inmediatamente!

PACO

Inmediatamente, que se las ha ganao.

~(Vase Mariano.)~

LEONOR

¡Papá!...

ANTONIO

¡Tú, a casa con ese!

MARCOS

Es que...

ANTONIO

A casa con esa. A escape.

~(Vanse asustados.)~

PACO

Yo, por mi parte...

ANTONIO

Usté, a dar órdenes de que si vuelven esos canallas se me avise.

PACO

Sí, señor.

~(Vase.)~

ANTONIO

~(Al Mozo.)~ A ver. Que me sirvan una cena.

MOZO

Volando.

ANTONIO

Pero una cena para dos.

MOZO

Sí, señor.

~(Vase corriendo.)~

ANTONIO

Tú, a cenar conmigo.

SOLE

Pero...

ANTONIO

A cenar conmigo. ¡Fuera todo el mundo! Cerrar ahí. ~(Cierran.)~

SOLE

Antonio, eres mi hombre.

ANTONIO

~(Dando palmadas.)~ A ver, que se me sirva una copa de lo más fuerte que haya... Whisky... A ver, ¡un whisky! -- _Telón._

FIN DEL ACTO SEGUNDO

ACTO TERCERO

El mismo sotabanco del acto primero, pero amueblado con enseres nuevos. Todo modesto y limpio. Es de día.

ESCENA PRIMERA

Aparece el sotabanco en una leve penumbra. Entra por una ventana que quedó un poco entreabierta una suave claridad. DON ANTONIO, sentado junto a una mesa, duerme de bruces sobre ella. Tiene a su lado una botella de Pedro Ximénez y otra de coñac y un periódico. Entre los dedos, un puro enorme. Dentro, VOZ DE HOMBRE y MUJER. Luego LEONORCITA.

VOZ HOMBRE

~(En el patio.)~ Señá Balbina, dígale usté a Ufrasio que baje si quie venir pa la obra, que son las ocho.

VOZ MUJER

~(Ídem.)~ Dice que eches a andar, que ahora te alcanza.

VOZ HOMBRE

¿Se le han pegao las sábanas?

VOZ MUJER

Con colchones y todo.

VOZ HOMBRE

Pues dígale usté que no corra, que voy en tranvía. ¡Ta lego! ~(Pausa.)~

LEONOR

~(Por la puerta izquierda, vestida con modestia.)~ ¡Ah, papá durmiendo aquí! Yo creí que no había venido, como otras noches. Pero llegaría al amanecer y se conoce que por no despertarme... ~(Abre las ventanas. Entra la luz.)~ ¡Calle, y se ha bebido media botella de coñac!... «Coñac Tres Cepas»... ¡Tres cepas y él, cuatro! Y otra de Pedro Ximénez. Es lo que más le gusta. ¡Como son tocayos! ¡Y menudo puro!... ¡Pobre papaíto!... Porque él es bueno... Ahora, que desde que se metió en esas cosas de juego y de matonerías... Y como alrededor de eso siempre andan mujeres, pues... ¡claro!... Pero él es bueno, sino que a veces los hombres más buenos tienen que hacer cosas que parecen malos. ¡Lo que él ha sufrido hasta acostumbrarse a parecer malo!

ESCENA II

DICHOS y MARCOS, por la ventana del pasillo.

MARCOS

Leo.

LEONOR

~(Con tristeza.)~ Hola, Marcos. ¿Qué, te vas al taller?

MARCOS

No, porque a las once se reúne la Junta del Sindicato pa reformar la base 5.ª del apartao 8.º del Reglamento 6.º, y no sabemos qué opinará la Federación de Picadores de Higadillas, que s’han declarao en huelga permanente y quien que vayamos al paro los demás ramos.

LEONOR

Pues entonces, pasa.

MARCOS

~(Atendiendo.)~ Oye, ¿ese ronquido a quién pertenece?

LEONOR

Es de mi papá.

MARCOS

Me lo había parecido por lo aflautao. ~(Entra.)~

LEONOR

~(Mostrándole a su padre.)~ Repara.

MARCOS

~(Con desconsuelo.)~ ¡Dios mío, quién l’ha visto y quién le ve!

LEONOR

~(Llorosa.)~ ¡Él, que era un padre modelo!

MARCOS

Como que pa mí no había en este mundo más que dos padres intachables: tu padre y el Padre Nuestro... el Padre Nuestro que estás en los cielos, porque el mío particular no lo he conocido, por desgracia.

LEONOR

¿Murió tu padre antes de nacer tú?

MARCOS

Año y medio antes... ~(Rectificando vivamente.)~ Digo, no... mes y medio, ¡que no sé lo que me digo!; porque de ver yo a tu padre en el camino que le veo...

LEONOR

Ya ves, entregao al Pedro Ximénez, que le marea horriblemente.

MARCOS

¡Menudo perico está!

LEONOR

Le hace perder el juicio.

MARCOS

Pues claro; ¿tú has conocido ningún Perico formal?

LEONOR

Y fíjate en el puro.

MARCOS

Un puro como pa fumárselo apoyándolo en una tronera, porque él con los dientes solo no lo sostiene. Naa, la vida de esas malditas casas de juego, que corrompen hasta lo más sano.

LEONOR

Y lo que yo más siento es esa mujer, la Sole, que le tiene sorbido el seso. ¿Pero cómo se lo habrá sorbido?

MARCOS

Pues soplando pa dentro. Esas tías son muy ladinas. Y como tu padre ya no es que digamos ningún chavalillo...

LEONOR

Ni mucho menos.

MARCOS

Pues ha ido esa individua, le ha jurao un amor eterno pa lo que queda de año, le ha regalao una esclava de deciocho pesetas que le está poniendo verde la muñeca; le ha escrito en un retrato: «Tulla para siempre»; pero tulla con tres eles, y en cuanto a un anciano le cometen esa falta de ortografía, pues que l’ha diñao. Naa más.

LEONOR

¿Y qué haríamos con él?

MARCOS

Pues si hubiese un reformatorio pa ancianos, yo le metía.

LEONOR

¿Querría entrar en las Reparadoras?

MARCOS

Él, sí; las que no querrían serían las hermanitas.

LEONOR

Son madres.

MARCOS

Peor que peor.

LEONOR

~(Llorando.)~ ¡Ay, Marcos; yo no tengo, después de mi papá, a nadie en el mundo más que a ti!

MARCOS

Pero no llores, mujer.

LEONOR

Es preciso que tú me ayudes.

MARCOS

Que sí, mujer.

LEONOR

Es preciso que le quitemos de esa mujerota de la Sole sea como sea.

MARCOS

¿Pero cómo?

LEONOR

Haciendo locuras.

MARCOS

No, las locuras ya las hace él. ¡Pero en fin, yo te prometo que hoy la echamos a esa tía! Por no verte llorar soy yo capaz...

LEONOR

Ya sabes que ella, todas las mañanas, en cuanto yo me voy al taller de sombreros, aprovecha que papá está solo y sube.

MARCOS

Pues déjate, que hoy la espero yo aquí. Y te juro que hoy la echo a la calle pa siempre, ¡por estas que son cruces!

LEONOR

¡Ay, gracias, gracias, Marcos de mi vida! ¿La echarás?

MARCOS

Palabra. Y respetive a tu padre, en cuanto abra los ojos a la luz, le endiño una reprimenda que le quito de beber pa mientras viva. Mialas.

LEONOR

Calla, que despierta.

MARCOS

Déjate. ~(Amenazador.)~

ANTONIO

~(Se rebulle, despierta, balbucea.)~ Sole... Sole... tú...

LEONOR

Soy yo, papá.

ANTONIO

¡Tú, Sole... digo, sola... digo, hija!

LEONOR

No, estoy con Marcos... ~(Se pone el velito para irse.)~

ANTONIO

¡Caramba, estaba soñando y!... Hola, Marquitos, hijo; ¿qué tal día hace?

MARCOS

Despejao; ¿y usté?

ANTONIO

Pues mira, hijo, que me venía esta madrugada a casa, me encontré a dos amigos...

MARCOS

Sí, ya los veo; don Pedro Domecq y don Pedro Ximénez, y l’han estao a usté mareando, ¿eh?

ANTONIO

¡Pero qué malicioso! Estos amigos me esperaban. Los otros eran de verdad; me han entretenido, llegué tarde y claro...

MARCOS

Eso de claro...

LEONOR

Bueno, papá; yo me voy, que es la hora de entrar al obrador. Aquí te quedas con Marcos.

ANTONIO

¿Pero por qué vas a trabajar, hija mía?

LEONOR

Pero si no aprendo bien a sombrerera, ¿cómo quieres que luego me establezca con el dinerito que tenemos guardado?

~(Movimiento de contrariedad en don Antonio, que trata de disimular en seguida.)~

MARCOS

¡Nos vamos a establecer con las diez mil beatas que se ganó usté por sus puñitos, don Antonio! Tenemos el plan. Nos casamos. Ella pone una sombrerería, yo una estuchería... ¡y cualquiera nos tose, si no se nos acatarran los chavales! ¿Verdad, rica?

LEONOR

Calla, calla...

ANTONIO

¡Qué Marquitos este!

LEONOR

Adiós, papaíto. ~(Le besa.)~

ANTONIO

Adiós, vida.

MARCOS

~(Acompañándola hasta la puerta.)~ Adiós.

LEONOR

~(Aparte.)~ Si viene esa mujer...

MARCOS

Que la echo rodando pon las escaleras.

LEONOR

Y el vino.

MARCOS

No vuelve a probar ni una gota.

LEONOR

¡Que tengas carácter!

MARCOS

¡Por estas!

~(Vase Leonor.)~

ESCENA III

DON ANTONIO y MARCOS

ANTONIO

~(Ofreciéndole una copa de vino.)~ Marquitos, hijo...

MARCOS

~(Muy serio.)~ Don Antonio, aparte usté.

ANTONIO

Pero hijo... ¿es que me desprecias? ~(Insiste.)~

MARCOS

¿Pero usté no me conoce a mí?

ANTONIO

Pues por eso que te conozco y sé que te gusta lo bueno...

MARCOS

¡Vino yo!

ANTONIO

Pero si no es vino. ¿Dónde tienes los ojos? Es coñac... ~(Vuelve a ofrecérsela.)~ Anda, hijo.

MARCOS

~(Secamente.)~ He dicho que no. ~(Se sientan uno frente a otro.)~

ANTONIO

Que da uno con tontos. Paciencia. ~(Se la bebe él.)~

MARCOS

Pero usté, don Antonio, ¿cómo se ha vuelto usté así? Usté, que era la virtú con dos patas. Usté, que era...

ANTONIO

Pues nada, hijo, ya lo ves; el ambiente,. Que se hace uno a todo. Aquel día fatal que entré en la casa de Andorra fue mi perdición. La baraja tiene detrás una mujer y a dos dedos una botella... y das de una cosa en otra, como si una mano fatal te empujase.

MARCOS

¿Pero no vale bastante su hija pa quitarlo de too eso?

ANTONIO

¡No, no me hables de mi hija! Cuando me acuerdo de ella... ~(Le ofrece otra copa.)~ parece que quiero borrar con el vino... Anda, bebe, que quiero borrar.

MARCOS

¡Que yo no bebo, he dicho!

ANTONIO

Hombre, siquiera para que no me lo beba yo solo y me perjudique.

MARCOS

Si es como obra de misericordia u de longanizanimidaz, bueno. ~(Bebe y le devuelve la copa.)~ No, este no me gusta; yo quería del dulce.

ANTONIO

Sí, hijo mío, toma. ~(Le da otra copa, que se la bebe.)~ Pero te advierto que este es más estomacal. Pues volviendo a lo de mi hija, te juro, Marquitos, que estoy pasando por ella, solo por ella, unos días horrendos.

MARCOS

¿Pero qué dice usté?

ANTONIO

¡Sí, Marquitos, sí!... ¡Me acecha un peligro de muerte! Acércate, quiero confesártelo todo.

~(Tembloroso y dando al momento gran interés, sirve dos copas de vino, ofrece una a Marcos y aproxima su silla a la del interlocutor.)~

MARCOS

~(Se sienta. Bebe.)~ No, yo quería del estomacal.

ANTONIO

~(Le sirve otra, que Marcos bebe.)~ Pues oye lo que me pasa y atérrate. Procedente del penal de Ocaña ha llegado hace unos días a Madrid un matón, ¡pero qué matón! ¡El terror de los garitos de Málaga!... Le llaman el Quemarropa porque es el campeón del disparo a diez centímetros.

MARCOS

¡Qué bruto!...

ANTONIO

Te pega un tiro y te estropea la piel y el terno.

MARCOS

¡Mi agüela!

ANTONIO

Bueno; pues ha venido, ha preguntao que quién era en la actualidad el valiente de moda en Madrid, le han dicho que yo, y me anda buscando hace dos días para cortarme una oreja y mandarla en un estuche a la casa de Andorra, ¡lugar de mis triunfos! ¡Calcula!

MARCOS

¡Mi santa madre! Bueno, beba usté, que está usté muy tembloroso, don Antonio. ~(Sirve dos copas y se las beben.)~

ANTONIO

Ahora comprenderás por qué tengo unas ojeras que me llegan al bolsillo del chaleco.

MARCOS

¡Ya lo creo!... ¡Porque me figuro que será un tío!...

ANTONIO

¡Espantable! Tiene una cara, que la ves y no se te olvida. Chato, con un cerquillo que le llega casi hasta las cejas, labios gruesos, un lunar de pelo.

MARCOS

¡Una cara como pa cortar un estornudo!

ANTONIO

Peor. La otra tarde lo vi en el tranvía Delicias-Pacífico, pues iba en la plataforma delantera, dándose de bofetadas con doce pasajeros y una autoridad; todos los que caben. Excuso decirte que me tiré del estribo al suelo con la celeridad del rayo. Y como sé que me busca la oreja, porque soy su obsesión, yo no voy a ninguna parte, yo no salgo más que de noche, yo me veo, ¡y esto es lo más triste!... privado de ir a buscar a la Sole... ¡a la Sole!, que es para mí, ¿cómo te diría yo?, como el aire para el pez, como el agua para el ave, como el...

MARCOS

Amos, don Antonio, por Dios, no se ponga usté baba, que precisamente a ese punto quería yo que llegásemos...

ANTONIO

¿A qué punto?

MARCOS

~(Severamente.)~ Al de esa... señora. ¡Don Antonio, es preciso que deje usté a esa mujer pa siempre!

ANTONIO

¿Yo?... ¿Qué dices?... ¿Dejarla?... ¡Ah, no, Marquitos, eso sí que no!... ¡Dejarla! Cuando la he querido tanto, tanto... que te voy a hacer una confidencia. ¿Te acuerdas, Marquitos, de las diez mil pesetas que me dieron en la casa de Andorra, y que yo guardaba para vuestra boda?

MARCOS

~(Con ansiedad.)~ Sí, señor; ¿qué?

ANTONIO

Pues que era tan grande nuestro amor, que en la luna de miel nos hemos gastado un poquito, y de las diez mil pesetas ya no me quedan más que...

MARCOS

~(Aterrado.)~ ¿Cuánto?

ANTONIO

No me quedan más que...

MARCOS

¿Ocho mil?

ANTONIO

~(Avergonzado.)~ Menos.

MARCOS

¿Seis mil?

ANTONIO

~(Bajando la cabeza.)~ ¡Diez y nueve reales!

MARCOS

¡Mi agüela!

ANTONIO

Dame del estomacal.

MARCOS

¡Que se lo dé a usté la Rita! ~(Se levanta indignado.)~

ANTONIO

¡Marcos!

MARCOS

~(En el colmo de la indignación.)~ ¿Pero qué ha hecho usté, hombre de Dios, qué ha hecho usté?

ANTONIO

Pues ya te lo he dicho: darle todo el dinero a esa mujer.

MARCOS

¿Pero cómo?...

ANTONIO

En veces.

MARCOS

¿Pero cómo ha hecho usté esa brutalidaz, olvidándose de su hija, que es su hija, y de mí, que soy un allegao?

ANTONIO

Es que me las ha extraído de una manera tan dulce... Porque si tú la oyeses, Marcos, te cautivaba, te seducía, te...

MARCOS

¿A mí?

ANTONIO

¡A ti!... ¡Ah, tú no la conoces! Su voz es tan persuasiva, tan cautivadora... Y su mirada penetra en tu corazón como el sol a través...

MARCOS

¡En cuanto venga la echo!

ANTONIO

¡Ah, no! No podrás.

MARCOS

¿Que no podré?... En cuanto... ~(Llaman a la puerta con un fuerte repiqueteo.)~

ANTONIO

~(Embelesado.)~ ¡Calla!...

MARCOS

¿Quién?

ANTONIO

¡Ella! Su argentino repique.

MARCOS

Va a la calle.

ANTONIO

¡No podrás echarla, no! Ocúltate, óyela y comprenderás mi locura.

MARCOS

Pues hombre, ni que fuese una sirena.

ANTONIO

Entra, espera y calcula.

~(Marcos entra en el cuarto izquierda.)~

ESCENA IV

DON ANTONIO y SOLE

SOLE

~(En traje de mañana, con abrigo y velo.)~ Hola, vidita, ¿estás solo?

ANTONIO

Solo, cielo, pasa.

SOLE

¿Pero qué tienes tú, gloria?

ANTONIO

¿Por qué, cariño?

SOLE

Paece que te encuentro con ojeritas.

ANTONIO

Que he dormido mal.

SOLE

Que no te di yo las buenas noches. ¡Que no pues vivir sin tu moracha!... ¿A que no?

ANTONIO

¡No, locura inabarcable, no! ~(La abraza.)~

SOLE

Por supuesto, que no haces más que corresponder. Anoche, mira, no podía yo dormirme pensando en lo mismo... ¡Mi Antoñín, mi Antoñín!...

ANTONIO

~(A Marcos, que se asoma.)~ ¿Lo oyes?

SOLE

¿Qué?

ANTONIO

No, que te oigo embelesado.

SOLE

¡Amos, que si me dicen a mí que iba a encontrar a estas, horas al hombre que me ha quitao el sueño!...

ANTONIO

¿Pero es de veras que me quieres?

SOLE

¿No lo ves? Te juro que cuando estoy en la sala de juego y entras tú y dicen las mujeres: «Ese es el tío más valiente de Madriz»; amos, es que me se ensancha el alma y me digo: ¡Ese valiente es mío! Le hago yo dos caricias a ese tigre, y un borreguito.

ANTONIO

Oye, encanto, búscame otro animal comparativo... Eso de borrego no me hace, la verdad.

SOLE

Y a más que el mío es un cariño sin interés. Eso ya lo sabes. Porque, ¿qué m’has dao tú pa como está todo? Tres porquerías y en pizcas. ¿Y no he dejao yo por ti a don Tomás el de Arganda, que me quería alquilar un entresuelo en Príncipe de Vergara? ¿Entonces?... Bueno, y a propósito. Oye, gloria, que ayer me trajeron la faztura de los tres sombreros... ¿qué te queda de las diez mil pesetas?

ANTONIO

~(Volviéndose de espaldas a Marcos, que le mira.)~ ¡Pero enormidad de mi vida, si ya te he dicho que las he liquidao!

SOLE

¿Pero es de veras?...

ANTONIO

Te juro que de ese dinero no me resta una gorda... ¡no siendo tú!

SOLE

Bueno, no le hace. ¿Te lo has gastao? Bien está. Tuyo era y pa los tuyos.

ANTONIO

~(Asombrado.)~ ¡Pero si te lo he dao a ti todo!

SOLE

¡Amos, guasón!... Pero en fin, no discutamos eso. ¿No tienes dinero? Pues hoy te quiero más que nunca.

ANTONIO

¡Sole!

SOLE

¿Qué vale el dinero ande hay un querer verdá?

ANTONIO

~(A Marcos.)~ ¿Oyes?

SOLE

Ahora que yo, Antonio, y esto más es por tu hija que por mí, creo, ya que te has vuelto a quedar sin naa, que debías hacer algo pa ganarte otros miles de pesetas; ties la ocasión que ni pintada.

ANTONIO

¿Qué ocasión?

SOLE

La que yo te traigo. Verás. Anoche me decía a mí Paco el Maluenda: «¡Pero señor, qué raro lo de don Antonio, no querer volver por aquí!» Y como sabe lo nuestro, me cogió en un pasillo y me dijo: «Mira, Sole; dile a don Antonio que vuelva, que como saben que no viene, me s’ha colao otro matón en la casa: el Quemarropa.»

ANTONIO

~(Aparte.)~ (¡ Mi madre!)

SOLE

«Que venga, que le dé dos punteras, que me lo eche a la calle y os ganáis otras diez mil pesetas.» ¡Figúrate!...

ANTONIO

Sí, pero uno ya está viejo, y mi hija...

SOLE

¿Pero es que vas a cerdear ahora? ¡No lo querrá Dios!

ANTONIO

No, no es eso, Sole, pero...

SOLE

Mia que ese tío dicen que viene a quitarte el cartel.

ANTONIO

A mí, con que me deje un programa de mano...

SOLE

A más --vaya, quiero que lo sepas--, que anoche mismo dijo en la casa de Andorra que te iba a cortar una oreja pa regalársela a los crupiers; y yo, como una te quiere, pues salté y le dije, digo: «Oiga usté, iluso: don Antonio Jiménez el Modoso, me ha ofrecido a mí las narices de usté pa un dije. Vaya usté y le tomará el tamaño. Vive Costanilla de Cabestreros, 18, cuarto.»

ANTONIO

~(Indignado.)~ ¿Y tú por qué le has dao las señas?

SOLE

Hombre, a un tío tan charrán ¿qué iba a hacer?...

ANTONIO

¡Sí, pero en mi casa!... Porque viene y...

SOLE

~(Muy melosa.)~ ¡Pégale, gloria!... Anda, dale dos azotes. Es tu cartel; son diez mil pesetas más, que podemos disfrutarlas los dos... ¡Hazlo por tu hija siquiera! Anda con él... y podremos hacer aquel viajecito los dos solos...

ANTONIO

Pero y si me da una puñalada...

SOLE

¿Y te asusta a ti eso?... ¡Ja, jay!... Anda, gloria, le rompes la cabeza naa más... ¿quieres?

ANTONIO

Pero si es que...

SOLE

¡Que son dos mil duros, cielo!...

MARCOS

~(Aparte.)~ (¡Qué fiera! Hipotecar la vida de un hombre... ¡Yo salgo y la echo!)

ESCENA V

DICHOS y MARCOS

MARCOS

~(Saliendo.)~ Buenos días.

SOLE

~(Asombrada.)~ ¡Anda, pero no estabas solo!

ANTONIO

No, estaba este joven ahí, barnizando una silla.

MARCOS

Servidor.

ANTONIO

Es el novio de la nena.

SOLE

¡Ah! ¿Este joven tan simpático es el novio de su hija de usted?

MARCOS

Pa servirla.

SOLE

Caramba, pues van ustés a hacer una parejita súper.

MARCOS

Regular.

SOLE

Súper. No rebajo naa. Porque la chiquilla es monísima.

ANTONIO

Mi retrato.

SOLE

Pero usté... ¡usté es un mocito pero que muy apañao!

MARCOS

Señora...

SOLE

Diga usté, joven, y dispense la pregunta, ¿el rizao del pelo es natural?

MARCOS

Que me levanto; hago así con la mano naa más y ya ve usté cómo me se queda.

SOLE

Una preciosidad.

ANTONIO

Ensortijillao.

SOLE

Pero, vamos, que no dice usté que es un obrero, y por el tipo... ¡cuántos señoritos quisieran!..

MARCOS

Eso sí; ve usté que está feo que uno lo diga, pero ya me ha dicho bastante gente...

SOLE

En fin, que no sale perdiendo naa su novia.

MARCOS

Usté que es muy amable.

SOLE

¿Amable?... No tie usté más que mirarse al espejo... figura, simpatía, buen porte... amos, que si yo me casase con usté...

MARCOS

¡Por Dios!... ~(Sonriendo.)~

SOLE

¡Que no iba a estar tranquila, palabra!

MARCOS

No, eso sí, porque uno tie su miaja de partido, pero vamos...

SOLE

¡Qué pelo! ¡Estoy enamorá!

MARCOS

Pues si tanto le gusta...

SOLE

No me lo ofrezca usté, que se lo tomo.

ANTONIO

No insistas, que te toma el pelo.

MARCOS