Eneida; v. 2 de 2

Part 2

Chapter 23,768 wordsPublic domain

Considerado meramente como intérprete de un texto latino, G. Hernandez es muy fiel, aunque amplifica y parafrasea demasiado. En esto tiene alguna disculpa; se proponía hacer un Virgilio inteligible á todos, y lo consiguió: su _Eneida_ apénas necesita notas. Era, sin duda, eminente humanista, y su trabajo virgiliano conserva toda la estimacion que puede tener una traduccion del siglo XVI hoy que tanto ha adelantado la correccion de los textos. Puede consultársele todavía con fruto: pocas veces yerra, y siempre en compañía de buenos intérpretes.

(_d_) Cristóbal de Mesa, ardiente secuaz de la escuela italiana, amigo y panegirista del Tasso, á quien imitó con infeliz fortuna nada ménos que en tres poemas épicos, publicó _La Eneida de Virgilio, traducida... Madrid, por la viuda de Alonso Martin_, 1615. 8.º, 8 hs. preliminares y 356 foliadas.

Tiene esta version la extrañeza de estar en octavas y tercetos alternados: lo cual asimismo vemos en las _Metamórphosis_ de Pedro Sanchez de Viana. La dedicatoria es al rey Felipe III.

Poeta seco y versificador duro y difícil, quedó Mesa muy inferior á Velasco, y su obra no fué reimpresa nunca. La traduccion de las _Églogas_ y _Geórgicas_ que en 1618 publicó, supera bastante á su _Eneida_. Entre nuestros humanistas del siglo pasado era casi proverbial la ridícula traslación del _Intonuere cavæ, genitumque dedere cavernæ_

Retumbó dentro en su profunda _panza_.

(_e_) A estas dos traducciones poéticas, únicas que se hicieron en la dorada edad de nuestras letras, deben añadirse dos en prosa. Es la primera:

--«_Las Obras de Publio Virgilio Maron, traduzido en prosa castellana por Diego Lopez... con comento y anotaciones. Valladolid, por Francisco Fernandez de Córdoba._ 1601; 4.º, 8 hs. prls. y 378 folios.» Esta es la primera edicion, segun resulta del _Catálogo de Salvá_.

Hay, por lo ménos, las reimpresiones siguientes, como de libro vulgarísimo en nuestras escuelas:

--Madrid, por Juan de la Cuesta, 1616, 4.º

--Valladolid, Francisco Fernandez de Córdoba, 1620, 4.º

--Lisboa, 1627.

--Alcalá, María Fernandez, 1650, 4.º

--Madrid, Imprenta Real, 1668, 4.º

--«_Las obras de Publio Virgilio Maron. Traduzido en prosa castellana. Por Diego Lopez, Natural de la villa de Valencia. Orden de Alcántara y Preceptor en la villa de Olmedo. Con comento y anotaciones, donde se declaran las Historias y Fábulas y el sentido de los Versos dificultosos que tiene el poeta. Año 1675. Con licencia: En Madrid, en la Imprenta Real. A costa de Juan de S. Vicente, Mercader de Libros._»

--_Barcelona. Año de 1679, en la imprenta de Antonio Ferrer y Baltasar Ferrer, libreros._ (De mi Biblioteca.)

Todas estas ediciones son idénticas, hasta en el número de páginas: todas tienen 4 hs. prls. y 548 pp. de texto, sin contar la _Tabla_, la vida de Virgilio y el índice de los autores alegados en el comento.

Diego Lopez era un maestro de gramática, y no se propuso más objeto que el modestísimo de facilitar á sus alumnos la inteligencia del texto virgiliano. Su prosa es medianeja: poco flúida y elegante.

D. Gregorio Mayans tuvo la peregrina ocurrencia de suponer que el Maestro Diego Lopez se habia apropiado una soñada version de la _Eneida_ hecha por Fr. Luis de Leon. ¡Como si fuese empresa ardua y que exigiera un plagio, la de hacer una traduccion literal para uso de los muchachos! ¡Como si el pobre Diego Lopez, preceptor de latinidad toda su vida, y que supo interpretar por su cuenta á Persio, Juvenal y Valerio Máximo, hubiese necesitado andadores para hacer lo mismo con Virgilio! Para un trabajo tan pobre como el suyo, es casi profanación traer á cuenta el nombre de Fr. Luis. ¿Y dónde consta ni por dónde hemos de presumir que éste tradujo la _Eneida_?

(_f_) Fr. Antonio de Moya, de la órden de San Agustin, lector de Teología, y procurador general de la provincia de Quito en Indias, publicó en tres tomos (dejándola incompleta) una edicion, traduccion y comentario de Virgilio; en la cual concurren raras circunstancias. El intérprete se ocultó en el primer volúmen con el nombre de Abdías Joseph, en el segundo con el de D. Antonio de Ayala, y reservó para el tercero el suyo propio:

«_Obras de Publio Virgilio Maron. Elogias (sic), Geórgicas y Eneida. Concordado, explicado é ilustrado por el P. M. Fr. Antonio de Moya, del órden de San Agustin... residente en San Phelipe de Madrid. Dedicado al muy ilustre Señor D. Martin de Saavedra Ladron de Guevara, conde de Tahalú, etc... Tomo tercero de la Eneida. Con licencia. En Madrid, por Pablo del Val, año de 1664._»

Que el autor de este tomo lo fué tambien de los dos primeros, dedúcese de estas palabras con que la dedicatoria empieza: «Estos tres tomos que tengo publicados sobre Virgilio, y el último que falta para remate de esta obra, piden andar en un tomo grande con un índice de todas sus palabras... y otros dos tomos que tengo de notas escogidas sobre este autor.»

Contiene este tomo los seis primeros libros de la _Eneida_, traducidos en mala y rastrera prosa. Fr. Antonio de Moya, que llamándose Abdías Joseph habia intentado apropiarse las versiones _poéticas_ de las églogas y del primer libro de las _Geórgicas_, hechas por Fr. Luis de Leon: para su _Eneida_ entró á saco por la que sesenta y tres años ántes habia dado á la estampa Diego Lopez. Las variantes entre una y otra son de poca monta, y en ocasiones resulta mejorado el texto del P. Moya. Mayans, sin fundamento alguno, y sólo por cavilosidad crítica, sostiene que Fr. Luis de Leon hizo una traduccion de la _Eneida_, cuyo manuscrito vino á manos de Diego Lopez, que se le apropió alterándole, y le dió á luz en 1601. Otra copia cayó más tarde en poder del P. Moya, quien, no teniendo noticia del hurto de Diego Lopez, juzgó que podria disponer de aquella traduccion como de cosa sin dueño. Pero ¿qué noticias hay de ese supuesto manuscrito tantas veces saqueado y que nadie ha visto jamás? Absolutamente ninguna: sólo ha existido en la fantasía de Mayans. Al ver dos libros casi idénticos, lo natural es creer que el segundo fué tomado del primero, y no imaginar una fuente comun á ambos, cuando no hay fundamento para tal suposicion. El P. Moya plagió, por tanto, á Diego Lopez, y de ninguna manera á Fr. Luis de Leon. Las afirmaciones gratuitas de Mayans (que cometió la inaudita profanación de poner á nombre de Fr. Luis esta traduccion de los seis primeros libros de la _Eneida_ en el tomo III de sus _Obras de Virgilio_, etc.[7]), han sido causa de que al paso que unos han ensalzado y puesto en las nubes tales trabajos, solamente por creerlos obra del maestro Leon, otros le hayan achacado gravísimos errores que nunca pudo cometer el insigne agustino, y en que fácilmente debió de incurrir su compañero de hábito el P. Moya. _Absit à tanto viro dedecus hoc._

(_g_) En las _Obras Poéticas de D. Diego Hurtado de Mendoza_, tomo XI de _Libros raros y curiosos_, página 95, se lee con el título de _Elegía á la muerte de Dido_ una traduccion bastante literal del fin del libro IV desde el verso:

_At trepida et cœptis inmanibus effera Dido._

Puede dudarse que sea de D. Diego, porque en un códice de París se lee esta nota que parece autógrafa: «No es mia, ni mala»; pero si no es suya, lo parece. La misma aficion á finales agudos; el mismo desaliño en la versificacion; la misma poesía en el pensamiento. Está en verso blanco, y, diga lo que quiera Ochoa en su _Catálogo_, es un trozo verdaderamente notable.

(_h_) En la Biblioteca Real de Nápoles (J.--E.--46), hallé esta traduccion manuscrita y desconocida:

«_Los Quatro libros de la Eneida de Vergilio, traduzidos en verso suelto. Al Excelentisimo Principe de Sena, por Aunes de Lerma._»

Empieza:

Las armas y el varon divino canto, Que vino por sus hados el primero De los Troyanos reinos desterrado A la Lavinia costa. . . . . . . . .

Aunque no queden más que los cuatro primeros libros, el traductor en la dedicatoria promete toda la _Eneida_.

La traduccion es fiel y poco parafrástica; pero los versos pecan de descuidados, y hay muchos que no constan. Véase una muestra:

Terná guerra grandisima en Italia, Y sus feroces pueblos sojuzgando, Dará á las gentes leyes y murallas En tres veranos y otros tres inviernos Despues de haber los Rútulos vencido; Mas el infante Ascánio, al qual agora Se añade el sobrenombre de Iulo, Ilo llamado, quando el Ilion grande Con su poder el reino sostenia, Treinta años volverá el mudable tiempo Primero que estos muros desampare, Y el reino del asiento de Lavino Traspasse á edificar los fuertes muros Y casas populosas de Alba-luenga.

El traductor deja cortados algunos versos á imitacion de Virgilio, v. gr.:

Aquí se dice que habitaba Juno, De Sámo las moradas despreciando, Y las de todo el suelo: aquí sus armas,

Aquí su carro estuvo.

(_i_) «_Traduccion Poética castellana de los doze libros de la Eneida, de Virgilio Maron, Príncipe de los Poetas Latinos: su autor Don Juan Francisco de Enciso Monzon, Clérigo de menores órdenes, natural de la Ciudad de el gran Puerto de Santa María. Y la consagra á la Cathólica Magestad de Cárlos Segundo nuestro Sr. Rey de España y Emperador de la América. Con licencia, en Cádiz. Por Christóbal de Requena, año de 1698._ 4.º 7 hojas sin foliar y 255 páginas á dos columnas.»

La dedicatoria es de lo más pedantesco y gongorino que recuerdo haber leido: «La Fénix despues que renace de aquellos ámbares preciosos de su pira, donde concibiendo los rayos del sol, haze tálamo de la vida el túmulo de la muerte, dicen los Poetas (¡oh Monarca Augustisimo!) que reconocido á aquel auspicio luminoso á quien debe su florida pompa, vuela á la ciudad de Heliópolis», etc.

En el prólogo _A los doctíssimos y sutilíssimos ingenios de España_, dice Enciso: «Yo he traducido la Eneida más como poeta que como intérprete, no sólo porque la he traducido en versos, sino porque quanto cabe en mis fuerzas he procurado que la traduccion compita con el original... procuré siempre realzar la sentencia del poeta ó en el modo ó en la sustancia.» Y tan satisfecho quedó de su trabajo, que ingenuamente añade: «Este libro que ofrezco me ha dejado contento, y no lo leo con ménos gusto que el original.»

Por lo transcrito puede comprenderse de qué pié cojeaba este nuevo traductor. Todo su afan era _realzar_ la sencillez de Virgilio, es decir, hacerle conceptuoso y culterano. Enciso (que fué tambien autor de una _Cristiada_) versificaba con valentía y número, pero estaba contagiado por el pésimo gusto de su tiempo. La traduccion está en octava rima. Véanse dos para muestra (Libro VII):

Despues que dieron culto á Proserpina, Llegaron á los cándidos pensiles, Del deleyte inmortal patria divina Que vierte Mayos y descoge Abriles: Aquí infusa la lumbre cristalina Del Cielo con las pompas más sutiles El campo ilustra en tempestad preciosa De nardo, de clavel, de lirio y rosa. Unos los fuertes miembros ejercitan En la que da aromática palestra El campo Elysio, y cultos solicitan Hacer de su valor gloriosa muestra. Otros en dulces plectros acreditan Las glorias de su voz y de su diestra, Añadiendo á sus mágicas ideas Dulces saraos, métricas choreas.

Si esto es Virgilio, _¡quantum mutatus ab illo!_

(_j_) D. Josef Pellicer de Salas y Tobar tradujo _los quatro libros primeros de la Eneyda de Virgilio en quatro romances de á cien coplas cada uno_.

No queda más noticia que la que da el mismo Pellicer en la _Bibliotheca_ que formó de sus propios escritos.

(_l_) «_Los Quatro primeros libros de la Eneida de Virgilio, traducidos en verso castellano por D. Tomás de Iriarte._»

Ocupa todo el tercer volúmen de la _Coleccion de sus obras en verso y prosa_. (Madrid, 1805. Imp. Real. 320 pp con XXII de Prólogo). Tambien se halla en la 1.ª ed. (ménos completa) de dichas _Obras_. (Madrid, 1787.)

Está en romance endecasílabo, metro desdichado para trabajos de esta índole, pues ni tiene las ventajas de la rima (al paso que reune todos sus inconvenientes), ni la soltura y clásica gallardía del verso suelto. Sólo al Duque de Rivas fué dado hacer que se leyesen de seguida romances tan dilatados como los de _El Moro Expósito_. No hay martilleo más desapacible que el de la asonancia prolongada durante todo un canto de 800 ó 1.000 versos.

No adolece la traduccion de Iriarte (como otras suyas, especialmente la de la _Epístola ad Pisones_) de prosaísmos de diccion, porque Iriarte tenía demasiado gusto para ponerlos en una epopeya, y él mismo se lamenta en el prólogo de lo _escasas y pobres de locucion poética_ que son las lenguas modernas, y envidia la majestad y abundancia de las antiguas. Pero nadie da lo que no tiene, y si podia el fabulista canario traducir con dignidad y decoro el texto virgiliano (y no hay duda que lo hizo), faltábanle calor en el alma y viveza en la fantasía para reproducir los lamentos de Dido ó el cuadro de la destruccion de Troya. Quintana juzga en dos palabras esta traduccion: «El texto está reproducido: la poesía no.»

Además de los cuatro libros, trabajó Iriarte en el 5.º; pero no llegó á publicarle, desalentado quizá por el poco éxito de la primera muestra.

(_m_) «_Traduccion de las obras del Príncipe de los Poetas Latinos, P. Virgilio Maron á verso castellano. Dividida en quatro tomos. Tomo II. Que contiene los quatro primeros libros de la Eneida. Por D. Joseph Raphael Larrañaga. Con las licencias necesarias. En Méjico, en la Oficina de los herederos del Lic. D. Joseph de Jáuregui, calle de S. Bernardo._ Año de 1787.»

Una hoja sin foliar con la lista de los suscritores, otra con las erratas y dos con un romance de D. Toribio Castañeda en aplauso de la traduccion, 430 pp. con texto latino y castellano. La traduccion es en romance endecasílabo.

--«_Tomo III, que contiene los quatro segundos libros de la Eneida_ (lo demás idéntico).»

Una hoja sin foliar, 478 pp. y el índice.

--«_Tomo IV, que contiene los quatro últimos libros de la Eneida_, etc., (lo demás _ut supra_). Año de 1788.»

Una hoja sin foliar y 593 pp. Esta traduccion es completísima: no sólo encierra los doce libros de Virgilio, sino tambien el suplemento de Mapheo Veggio.

El incógnito traductor (que es casi desconocido hasta en América) era muy mal poeta. Júzguese por el argumento ó _asunto_ del primer libro:

De Juno á persuasiones Éolo despacha los furiosos vientos, Y arroja á las regiones De Libia los troyanos regimientos; Jove con sus razones A Vénus quita justos sentimientos; En la hermosa Cartago á Eneas recibe Dido que amante á todo se apercibe, A quien la diosa Vénus desmentido Envía en forma de Ascánio al dios Cupido.

Esto es cuando habla por su cuenta. Veamos cuando traduce:

Yo aquel que cuando jóven entonaba _Silvestre_ verso en rústica zampoña, Y dejando las selvas _pastoriles_ Despues compuse _leyes poderosas_.

Al frente del último tomo hay un perverso soneto, intitulado «Sencilla expresion de los deseos de un íntimo amigo del Autor»:

¡Oh! y quiera, en fin, el Cielo soberano Se llegue el dia feliz, _interesante_ En que veamos concluido tu elegante Virgilio vuelto en metro castellano...

Sólo como curiosidad bibliográfica puede mencionarse esta traduccion.

(_n_) Otro tanto digo de «_La Eneida de Virgilio, traducida en verso pentámetro por D. Cándido María Trigueros_.»

Se conserva en la Biblioteca Colombina (B 4.ª 445--28) en un cuaderno procedente de la librería del Conde del Aguila. Contiene solo los tres primeros libros y un retazo del cuarto.

Los llamados _pentámetros_ son alejandrinos pareados, insufribles para todo oido castellano:

Canto el varon primero que huyendo el cruel hado De Troya vino á Italia por armas celebrado, Y sufriendo en mil tierras y el reyno de Neptuno Las iras poderosas de la enojada Juno, Toleró con firmeza de Marte los combates; Fundó, en fin, á Lavinio, y sus teucros Penates Asseguró en el Lacio: donde el nombre latino, El Albano senado y la gran Roma vino.

El único mérito de esta traduccion, si alguno tiene, es la concision. En 786 versos está el libro I, en 816 el II, en 754 el III: pocos más que los del original[8].

(_p_) «_Los dos primeros libros de la Eneida de Virgilio, traducidos en octavas castellanas por D. Francisco de Várgas Machuca. En Alcalá: año de 1792. En la Imprenta de la Real Universidad. Con licencia_.»

En 4.º, 255 pp. texto latino y castellano, sin prólogo ni preliminar alguno.

Buena inteligencia del texto: las octavas generalmente débiles, á la vez que redundantes; pero no faltan versos felices. Véase la descripcion de la muerte de Laoconte:

Ya su cuerpo los dos por la cintura Con repetidas vueltas le ciñeron: Su garganta con mísera apretura Con una y otra vuelta le oprimieron; Y además de las roscas que formaban Sus cabezas las de él sobrepujaban. Destilando veneno denegrido Las vendas, con sus manos pretendian Desenvolver las roscas, y afligido Quejas hasta los cielos despedía, Como el toro que brama quando herido Huye del sacrificio que sufría Y la incierta segur que el golpe ha errado De su cuello sacude lastimado. Pero las dos culebras, deshaciendo La prision de las roscas apretadas, Ibanse poco á poco desprendiendo Del infeliz Laocoón, y desliadas Fuéronse, un giro y otro repitiendo, Al templo de la Diosa encaminadas, Y despues que á sus plantas se postraron, Debajo de su escudo se ocultaron.

(_q_) El P. José Arnal, jesuita de los expulsos, conocido por su traduccion del _Philoctétes_ de Sófocles, se ocupaba en una version de la _Eneida_. Es noticia del P. Pou en su _Specimen interpretationum hispanarum auctorum classicorum tam ex græcis quam latinis, tum sacris, tum prophanis_, ms. que D. Joaquin María Bovér poseía y extracta en su _Biblioteca Balear_.

(_r_) D. Juan Meléndez Valdés, en el prólogo que escribió en Nimes para la última edicion de sus poesías, menciona entre los mss. que perdió durante la guerra de la Independencia una _traduccion muy adelantada_ del divino poema Virgiliano. Parece que eran seis los libros ya traducidos.

(_s_) D. Francisco Sanchez Barbero, eminente humanista, trae en sus _Principios de Retórica y Poética_ (Madrid, 1805) tantas veces reimpresos, algunos trozos virgilianos (especialmente del libro IV) con felices traducciones de su propia cosecha, v. gr.:

¡Oh sol que en luz eterna al mundo aclaras, Y tú, testigo de mis ánsias, Juno, Vengadoras Euménides; triforme Hécate, en cuyo honor los anchos trivios Con aullar melancólico resuenan En la nocturna oscuridad: vosotros Dioses tambien de la espirante Elisa, etc.

Tampoco son desgraciadas las que inserta D. José Gomez Hermosilla en su _Arte de hablar en prosa y verso_.

(_t_) _Dido_, canto épico por D. Juan Maria Maury. Impreso por vez primera en el tomo LXVII de AA. Españoles (pp. 175 á 183). Es una traduccion del libro IV de la _Eneida_ en versos endecasílabos irregularmente combinados, con un _prólogo_ y un _epílogo_, tambien en verso, añadidos por Maury, para formar un poemita completo. El _Proemio_ es un extracto del libro I de la _Eneida_ con todos los preliminares indispensables para la inteligencia del asunto.

La traduccion del libro IV es preciosa. Oscurecen su mérito giros extraños, inversiones excesivas, cortes rítmicos un tanto artificiales y violentos; lo cual da á este trabajo un aire de extrañeza que en verdad le perjudica. Tampoco es de loar la versificacion caprichosa que adoptó Maury.

Por lo demás, á fuerza de ser elíptico y ceñido, llega á un grado de concision y energía (á veces abrupta y escabrosa) que no consigue ningun otro poeta ni traductor castellano. No esquiva los latinismos, v. gr., _inauspiciada_, _claustro_, _régia_ (en el sentido de _palacio_). Hé aquí una muestra de la elegancia y del vigor con que está escrita esta traduccion, obra de un verdadero poeta:

. . . . . . . . sus naves sumergiera, Sus tiendas encendiera, exterminara Al padre, al hijo y á la raza entera... ¡Oh sol que todo con tu antorcha clara Lo alumbras! Noble hija de Saturno Que mis agravios ves, ¡Hécate muda Que por sus plazas con pavor saluda De las ciudades el clamor nocturno! ¡Dioses del Orco! Furias vengadoras, Númenes todos de la triste Dido Moribunda, atended, y el merecido Pago al inicuo dad: las frigias proas, Si es fuerza arriben á segura playa, Si así lo quieren Júpiter y el Hado, Que por un pueblo bélico acosado, De Ascánio léjos, prófugo, no haya Quien le socorra: de los suyos vea Matanza atroz. . . . . . . . . . . Esto pido, este exhalo último ruego Con el aura vital. . . . . . . . . Sal de mis huesos vencedor ingente Que á fuego y sangre á la dardania gente Allá persigas, do cabrá, doquiera, Opuestos mar á mar, playa á ribera.

¡Qué inspirado estuvo Maury, al traducir el

Quæsivit cœlo lucem, ingemitque reperta. . . . . . . . . . . . . . . . Del cielo Busca la luz y al encontrarla gime!

El _epílogo_ reproduce parte de la bajada á los infiernos en el libro VI; pero lo demás es invencion de Maury, y no poco feliz. La sombra de Dido anuncia á Enéas los futuros desastres de Roma y la venganza de Cartago por Aníbal:

Y en medio de estos bélicos despojos Graba una mano en caracteres rojos «Tesino» y «Trebia», «Trasimeno» y «Cánas.»

(_u_) La Eneida _en castellano por B. P. V._ (Benito Perez Valdés.) Oviedo. Año de 1832.

Ms. autógrafo que poseo, así como el de las _Geórgicas_, vertidas por el mismo traductor. El de la _Eneida_ tiene 1.260 páginas, con el texto latino al frente. Está en versos sueltos la traduccion, que es completa.

D. Benito Perez Valdés († 1842, á la edad de ochenta y tres años[9]) fué un boticario ovetense, amigo en sus mocedades de Jovellanos, y conocido en su patria por el apodo de _El Botánico_. Aficionado á las buenas letras, compuso gran número de poesías patrióticas en bable y en castellano durante la guerra de la Independencia, y en la época constitucional del 20 al 23, entre ellas _El Romancero de Riego_, que reimprimió en Lóndres con cierto lujo el canónigo D. Miguel, hermano del caudillo liberal de las Cabezas.

En la traduccion virgiliana de este farmacéutico, aparte de muchos é imperdonables desaliños, fáciles de explicar en una obra no corregida por su autor, quizá no destinada á la prensa, y hecha en un aislamiento literario casi absoluto, hay condiciones estimables de latinista, y áun de escritor castellano, pero no de poeta. Para un verso feliz (y no deja de tenerlos), se encuentran ciento inaguantables, mostrándose á cada paso la impericia de Valdés en la manera de construirlos y trabarlos. Pero si versifica mal, habla, á lo ménos, con pureza y abundancia el castellano.

Véase una levísima muestra de este incógnito traductor:

Luégo que de Laurento en el alcázar De guerra el estandarte puso Turno, Y el bronco són se oyó de las trompetas, E hizo de los caballos fiero alarde, Y con la lanza sacudió el escudo De la lucha intimando señal cierta, Escandecido el ánimo valiente, El Lacio todo trepidó en tumulto, Ansioso se conjura, y arrogante Fuera de sí su juventud se exalta. (Libro VIII.)

(_v_) _La_ Eneyda _de Virgilio, traducida en español_ (sic) _por L. D. F. V. Barcelona, imp. de Grau, 1842_.

Trad. en prosa para las escuelas, hecha por un profesor de Humanidades de Barcelona. Roca y Cornet habló de ella en _La Civilizacion_.

(_x_) «_Nueva Version de la Eneida de Virgilio en verso español, acompañada del texto latino al frente, el más correcto. Por D. Alejandro de Arrúe, Preceptor titular de la Invicta villa de Bilbao.--Bilbao, Imprenta de Adolfo Depont, Editor._ 1845, 4.º»