Part 1
BIBLIOTECA CLÁSICA.
TOMO X.
ENEIDA
POR
PUBLIO VIRGILIO MARON
TRADUCCIÓN EN VERSOS CASTELLANOS
POR
MIGUEL ANTONIO CARO
—— TOMO II. ——
MADRID LIBRERÍA DE HERNANDO Y COMPAÑÍA Calle del Arenal, núm. 11 — 1902
TRADUCTORES ESPAÑOLES DE LA ENEIDA.
I.
TRADUCTORES CASTELLANOS.
(_a_) El afamado intérprete frances de la _Eneida_, Barthélemy (París 1838), parece dar por sentado que la version más antigua del poema virgiliano es la del obispo Saint Gelais, dedicada á Luis XII en 1500. Inverosímil se nos antoja semejante especie, áun tratándose de interpretaciones francesas, y por lo que hace á nosotros, los castellanos, desde 1428 poseíamos una traduccion completa en prosa, que si no es la primera de todas las neo-latinas, como suele afirmarse, á lo ménos merece lugar entre las más vetustas. Compendios italianos y catalanes existian ántes, pero la reproduccion íntegra y más ó ménos fiel del texto virgiliano era una verdadera novedad y un importante servicio á la causa del Renacimiento y á las lenguas vulgares.
Cabe la gloria de tal empresa á D. Enrique de Aragon, más generalmente conocido por el título de _Marqués de Villena_ que por el suyo verdadero, de conde de Cangas de Tineo. Su traduccion de la _Eneida_ no se ha impreso nunca, ni queda de ella manuscrito completo en ninguna Biblioteca: para completarla es preciso reunir los códices de Madrid, de Sevilla y de París, que iremos describiendo.
El de la Biblioteca Colombina es el más antiguo y completo de los que tenemos en España. Códice en papel, á dos columnas, 142 folios, letra del siglo XV. Fáltanle al comienzo pocas hojas que debian contener los primeros capítulos del libro I de la _Eneida_. Así es que empieza por la traduccion de los versos: «_Gens inimica mihi Thyrrenum navigat æquor_...» «Los vientos, sepas qué gente á mi enemiga navega por el mar tirreno, es á saber, de italia, los ylionios, es á saber troyanos, trayendo á Italia é los vencidos diosses secretos.»
Abarca este códice los seis primeros libros sin glosas. Preliminares nunca hubo de tenerlos, porque en el _Registrum_ de D. Fernando Colon aparece notado de esta suerte: «Seis libros de las Eneidas de Virgilio, traducidas de latin en castellano por D. Enrique de Villena.» Divídense por capítulos. El primer libro incipit: «Yo Virgilio en verso cuento los fechos.» El sexto desinit: «Los navíos en la ribera.»
Tiene este códice en la actual numeracion de la Colombina la signatura AA.-144-8. Al folio 142 dice: «Aquí se acaba el sexto libro de la Eneyda de Virgilio de la primera parte»[1].
La Biblioteca Nacional posee en dos códices modernos (M. 16 y 17), pero mucho más el primero que el segundo, los mismos seis libros que la Colombina. Pellicer[2] no pudo ver más que los tres primeros, porque en su tiempo no existia otra cosa en la Biblioteca. Poco despues de la publicacion de su libro, sabedor D. Tomás A. Sanchez de la existencia del códice hispalense, solicitó y obtuvo del bibliotecario de la Colombina, Galvez, copia de los otros tres, remitiéndole en cambio los principios que faltaban al de Sevilla. Una nota antigua (quizá del mismo D. Enrique), copiada al frente del códice M. 16, nos informa que aunque el de Villena dedicó su traslación al Rey de Navarra, «por cuya instancia la fizo... non ge la presentó porque antes que fuesse puesta en pergaminos é bien escrita... se levantó discordia é guerra entre el señor Rey de Castilla á quien el dicho D. Enrique avia por soberano señor y el señor Rey... de Navarra, por ende abstúvose de lo facer tanto beneficio ni aver con él comunicacion en este presente, reservándola por la comunicar á otros caballeros del Reino...»
En otra apostilla del márgen suplica el intérprete á los copistas que escriban el libro «con glossas segun aquí está cumplidamente, porque los secretos ystoriales y los integumentos poéticos lleguen á noticia de los lectores.» Y tan adelante lleva D. Enrique este empeño, que hasta califica de «tentacion y sujeccion diabólicas» el deseo de trasladar el texto sin las glosas. Eran á no dudarlo, y precisamente por su misma erudicion indigesta, que él llama «fructuosa doctrina,» la parte de su trabajo que más le placía; pero los amanuenses le obedecieron mal, pues ni el códice de Sevilla ni el de París tienen glosas.
A las instancias y _ruegos muy afincados_ de D. Juan II de Navarra debieron nuestras letras esta version, dado que «él, leyendo y faciendo leer ante sí la comedia del Dante falló que alababa mucho á Virgilio... y fizo buscar la dicha Eneyda, si la fallaria en romance, porque él non era bien instruido en la lengua latina, y non fallándola ni aun quien tomar quisiesse cargo de la sacar de la lengua latina á la vulgar, por ser el texto suyo muy fuerte y de diversos vocablos y ystorias non ussadas, y aun porque estas obras poéticas non son mucho ussadas en estas partes...» tuvo que acudir á D. Enrique, el cual se prestó á ello «por captar su benevolencia... porque se acordasse de le desagraviar de su heredad que le tenía tomada contra justicia.»
La altisonante y archi-latinizada dedicatoria de D. Enrique al Rey de Navarra, es bastante conocida, y Pellicer la trae en su Biblioteca.
En el _Prohemio_ ó Preámbulo da el traductor algunas noticias de Virgilio y de sus obras (acerca de los poemas menores _Culex_, _Ciris_, etc., dice que «los hizo traer de Florencia D. Enrique de Villena, cá d’antes en Castilla non se fallaban de Virgilio estas obras si non la bucólica y la geórgica y la Heneyda»), y por lo que toca á su traduccion anuncia que tendrá «tal manera que non de palabra á palabra ni por la órden de palabras que está en el original latino, mas de palabra á palabra segund el entendimiento y por la órden que mejor suena en la vulgar lengua, en tal guissa que alguna cossa non es dexada ó pospuesta... de lo contenido en su original, antes es aquí mejor declarada... por algunas expresiones que pongo acullá subintellectas... Los diversos autos de cada libro partí por capitulos... magüer Virgilio sin distincion capitular fizo cada libro, solo texiendo aquel de continuados versos.»
Tardó D. Enrique en hacer este trabajo (segun se advierte en una de las glosas) un año y doce dias, interpolando la tarea virgiliana con otras, cuales fueron la de poner en castellano la Divina Comedia de Dante y la Retórica Nueva de Tulio, sin otras obras menores de «Epístolas é Arengas é Proposiciones é Principios...» prueba todo ello de facilidad maravillosa. Comenzóse el 28 de Setiembre de 1427.
El códice M.-16 tiene glosas, pero no el 47, como copia que es del de la Colombina.
En un códice de 311 folios útiles, escrito en papel, letra del siglo XV, posee la Biblioteca Nacional de París (señalado con el núm. 7812 en los catálogos antiguos, y con el 207 en el _fondo español_ moderno) nueve libros de la _Eneida_ desde el cuarto hasta el duodécimo.
Tras una hoja desparejada, cuya vuelta está en blanco, viene el principio del códice (en letra roja) de esta manera: «Aquí comiença el quarto libro de la Eneyda de Virgilio, en el qual se pone como la Reyna Dido casó con Eneas, é despues por monicion de los dioses se partió de Cartago é se fué en Italia, é la dicha Reyna se mató por su partida.»
Sigue el texto dividido en capítulos. Al márgen hay breves notas que generalmente empiezan: «_In latino dicitur sic_...» Otras veces son más extensas, por ejemplo, la relativa á Mercurio en el folio 15.
El libro XII termina así: «A aquel, es á saber, Turno solviéronse los miembros de frio é la vida con gemido fuyó indignada de yus de las sombras.--Aquí fenesce el dozeno libro de la Eneyda, et toda la obra quanto en esta materia dexó fecho Virgilio á su finamiento, magüer oviesse voluntad de proceder más adelante. Et segunt opinion de algunos fasta la muerte de Enéas avíe de continuar, la qual Eneyda despues fué corregida por Tuca é Varo por mandado de Octhoviano, segunt los exponedores declaran.»
«Este dicho libro de la Eneyda escribió Juan de Villena, criado del senyor ynygo lopes de Mendoça senyor de la Vega. É lo acabó sábado primero dia de Setiembre en la villa de Guadalfaxara, anyo del nascimiento de nuestro salvador Jhsuxpto de mill é quatrocientos é treynta é seis anyos.»
El Sr. Ochoa, al registrar este ms. en su _Catálogo_, tomó por nombre de autor el del copista. Pero gracias á la diligencia del Sr. Amador de los Rios, y sobre todo, del conde de Circourt, que le ayudó en esta indagacion, pudo comprobarse que los tres primeros libros de los nueve corresponden exactamente á los códices que en España se conservan, y que por consiguiente los otros seis pertenecen de igual modo á la version de D. Enrique, no habiendo diferencia de estilo, y sabiéndose que el de Villena tradujo toda la _Eneida_. Además, el número de capítulos es exactamente el mismo que anuncia D. Enrique en su Prohemio: 346 para toda la obra, que con los 20 párrafos del _Prohemio_ hacen 366, uno para cada dia del año.
Aun se conservan otros dos códices fragmentarios del trabajo de D. Enrique. En la Biblioteca de la Santa Iglesia de Toledo hay un códice en folio menor, escrito á dos columnas, en 480 fojas, así encabezado: «Aquí comiençan las glosas sobre el primero y segundo libro de la Eneyda de Virgilio que fizo D. Enrique de Villena.» Contiene el Prohemio además de las glosas, ni éstas se refieren sólo á los dos primeros libros, sino tambien al tercero.
Finalmente, en la Biblioteca de los Duques de Hijar, examinó mi excelente amigo D. Damian Menéndez Rayon otro códice en folio menor, 167 ps. sin foliar, las más en papel y las restantes en vitela: el cual, además de la dedicatoria y prohemio, contenía los tres primeros libros de la _Eneida_ de D. Enrique con sus glosas. De este códice parece haber sido copiado el de la Biblioteca Nacional.
Termina con esta suscripcion:
Finito libro sit laus et gloria Christo, Qui scripsit scribat, semper cum Domino vivat, Vivat in cœlis hic scriptor mente fidelis, Sint adjutores cœlesti habitatores: Martinus Sanctii vocatur: qui scripsit benedicatur. Et fuit perfectus XVIII Junii anno Domini 1442.
Doña Isabel la Católica poseyó en su Biblioteca[3] «un libro de romance de papel, que son las _Enéidas de Virgilio_, glosado un pedazo, de D. Enrique de Villena, con unas coberturas de tabla, guarnecidas en carmesí aceituní de pelo, con unas flocaduras al derredor de seda verde é oro, bordadas en la una parte de las armas de Diego Arias con unos tejillos verdes de cobre dorado.»
Insensatez sería buscar en esta version rastro ni sombra de la poesía del original. Aun en cuanto á fidelidad deja harto que desear, así por descuidos y malas inteligencias del traductor, como por las estragadas copias que hubo de tener á la vista. Pellicer notó ya el desatino de traducir, v. gr., el _Tu das epulis accumbere Divum_, por _Tú eres aquella que das viandas á comer á los dioses_. Pero no abundan estos _lapsus_ tanto como pudiera creerse, ni tuvo razon Ticknor para censurar tan ágriamente como lo hace el capítulo I del primer libro (que es la parte publicada por el mismo Pellicer), juzgando por ella que «el Marqués sabía poco latin.» A la verdad, aquel trozo puede traducirse con mucha más elegancia, pero no con más exactitud. Hasta hay frases felices: «_ira recordante_» _memorem ob iram_, que dice el Mantuano.
Como monumento filológico presenta interes el libro de D. Enrique, no porque la lengua allí empleada sea la castellana de ninguna época, sino porque acusa el vano y tenaz empeño de los eruditos por latinizarla desacordadamente, usando de inversiones extrañas y de giros y construcciones pedantescas, que ni son latinas ni castellanas. _Secundacion preceptiva_, dice nuestro traductor, en vez de _obediencia á los preceptos_.
Un ejemplo, escogido sin particular empeño, mostrará á dónde llega esta manía. Es del libro IV: «Llegado Mercurio... al sito do son los reales hedeficios de la cibdat de Cartago, falló á Eneas acustioso en la fundacion de las fortalezas é alturas de aquellas: _nuevas_ mandando fazer _obras_ le vido, é de _ricas_ compuesto _vestiduras_. Traye la estrellada espada con dorada vayna. E el manto con _punctas_ cubierto de color tiriano bermejo, colgado de los hombros... La Reyna Dido las telas é texeduras dél departiera con delicado oro. E mostrándose á él Mercurio en el encuentro, _tales_ le dixo _palabras_: Tú agora hedificas los altos fundamentos de Cartago é _fermosa_ labras _cibdat_», etc.[4].
(_b_) Gallardo menciona por incidencia una traduccion de libro II de la _Eneida_ en coplas de arte mayor, publicada en 1528 por Francisco de las Natas[5]; pero ni la he visto, ni nadie da noticia de ella. Su autor, que lo fué tambien de la _Comedia Tidea_, obra rarísima, perteneciente al género de las Celestinas, y cuyo único ejemplar conocido está en la Biblioteca Real de Munich, fué _beneficiado de la iglesia parroquial de Covarrubias y de la iglesia de Santa Cruz del lugar de Revilla Cabriada_. Tal se titula al principio de la _Tidea_.
Barrera[6] sospecha (á mi ver, sin fundamento) que estos títulos sean burlescos, y el nombre mismo un seudónimo.
(_c_) El Dr. Gregorio Hernandez de Velasco, de quien cantó Lope de Vega:
«Acudiendo el primero El Títiro español, nuevo Sincero, Cuya divina musa toledana Dió poder á la lengua castellana,» etc.,
conocido por sus versiones de las églogas 1.ª y 4.ª de Virgilio y del _Parto de la Vírgen_ de Jacobo Sanázaro, dió á la estampa su traduccion poética de la _Eneida_ mucho ántes que Aníbal Caro la suya italiana. La edicion príncipe de ésta es de 1581 por los Juntas. De la castellana conozco las siguientes impresiones:
_Los doze libros de la Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas latinos, traduzida en octava rima y verso castellano. En Anvers, en casa de Juan Bellero._ Sin año.
Al fin dice:
«_En Anvers, en casa de Gerardo Smits, á la costa de Juan Bellero._» 12.º, 599 pp. (hay una sin foliar), inclusos los preliminares.
Salvá y otros tienen por primera edicion ésta, de la cual son copias todas las anteriores á la de Toledo por Juan de Ayala.
2.ª ed.--_Los doze libros de la Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas latinos, traduzida en octava rima y verso castellano. En Anvers, en casa de Juan Bellero, en el Halcon._ MDLVII (1557). Ocho hs. preliminares sin foliar, y 647 páginas foliadas (la última no tiene numeracion.)--Ejemplar de mi Biblioteca.
No hay más señas de impresor que estas: _Typis A. T._
A la vuelta de la portada se lee un soneto anónimo en alabanza del traductor:
«Diez y seis siglos ha revuelto el cielo...»
Los demás preliminares son: una _Advertencia del impresor á los lectores_, dos epigramas latinos sin nombre de autor, y la traduccion en tercetos de los versos que forjó algun gramático, suponiéndolos compuestos por Augusto cuando Virgilio mandó quemar la _Eneida_.
En el prólogo leemos:
«Esta diligencia tenía sola España por hacer hasta ahora: no sé la causa. Bien creo que no ha sido falta de buenos ingenios. Mas por ventura no han echado de ver la falta que este Autor hacía en nuestra lengua..., ó lo que es más posible, creo yo por cierto que no ha faltado quien haya tomado tan honesto trabajo, sino que se habrá contentado con hacerlo sólo para su ejercicio y contentamiento, sin querer comunicar sus trabajos á quien, en lugar de se los agradecer, se los murmure. Lo qual ha sido buena parte de causa para que el autor de esta traduction no la haya permitido publicar algunos años ántes, y para que ya que á instancia de algunos amigos suyos permitió que saliesse á luz dexe en silencio su nombre.»
Tampoco le revelaron sus apologistas, contentándose con decir que era toledano:
_Toletum invisit_... _Et loca quæ aurifluo perfluit amne Tagus..._
3.ª ed.--Anvers, Juan Bellero (_Typis, A. T._), 1566, 12.º Hecha á plana y renglon sobre la anterior. Tiene el mismo número de páginas.
4.ª ed.--Anvers, Juan Bellero, 1572, 12.º Nueva tirada, idéntica á las dos anteriores.
Además de estas reimpresiones antuerpienses, debió de haber otras tres (hoy desconocidas), puesto que la de Toledo se titula _octava_.
--«_La Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas latinos, traduzida en octava rima y verso castellano: ahora en esta última impression reformada y limada con mucho estudio y cuydado, de tal manera que se puede dezir nueva traduccion. Hase añadido en esta octava impression lo siguiente: Las dos Eglogas de Virgilio, Primera y Quarta. El libro tredécimo de Maffeo Vegio. Una Tabla que contiene la declaracion de los nombres propios y vocablos y lugares dificultosos._» Toledo, por Juan de Ayala, 1574, 4.º, 8 hs. preliminares, 127 fols. y 3 de la declaracion ó Tabla. (B. Nacional.)
Las variantes entre esta edicion y las de Amberes son notabilisimas y contínuas. Casi siempre mejoran el texto. Citaremos alguna muestra, y sean dos octavas de la narracion de la muerte de Príamo en el libro II.
Ed. de Amberes:
En medio del palacio un grande altar Al descubierto cielo puesto estaba, Y un laurel alto y muy antiguo á par. Su sombra los Penates abrazaba. Qual suele espessa en tempestad bajar La banda de palomas, tal andaba Hécuba con sus hijas rodeando Aqueste altar, los dioses abrazando.
Esto en diziendo, un débil dardo ayrado El animoso viejo le arrojó, El qual del ronco azero rechazado En lo alto del escudo se colgó.
· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
Ed. de Toledo:
Un grande altar en medio el patio havia, Do á cielo abierto el Rey sacrificaba, Un laurel viejo y alto le cubria, La sombra los Penates abrazaba. Cual baja espessa en la borrasca fria La banda de palomas, tal andaba Hécuba con sus hijas rodeando Aqueste altar, los Dioses abrazando.
Dijo, y lanzóle un débil rayo airado El animoso viejo, áun no rendido, El qual del ronco acero rechazado En lo alto del escudo quedó asido.
La primera enmienda es felicísima. En la segunda llevó Hernandez de Velasco demasiado léjos la aversion á los agudos, comun en nuestros versificadores clásicos.
La edicion toledana es matriz de todas las que siguieron, á excepcion quizá de la de Amberes, 1575, 12.º, que probablemente se ajusta á las cuatro de Bellero.
--«_La Eneida, etc. Háse añadido á la primera impression lo siguiente: Las dos Eglogas de Virgilio, Primera y Quarta. El libro tredécimo de Mapheo Veggio... La moralidad de Virgilio sobre la letra de Pitágoras. Una tabla. La vida de Virgilio._» Toledo, Diego de Ayala, 1577, 12.º, 10 hs. preliminares, 321 fols. y 39 de Tabla.
--Alcalá, por Juan Iñiguez de Lequerica, 1585-1586.
--Zaragoza, Lorenzo y Diego de Robles, hermanos, 1586, en 8.º
--Lisboa, 1614, por Vicente Alvarez, 11+482 fols. sin la Tabla.
--En Valencia, en la oficina de Benito Montfort, año 1776, 2 tomos 8.º, con una advertencia del impresor. No contiene los preliminares de las antiguas; pero sí el _Suplemento_ de Mapheo y la Tabla.
--Valencia, en la oficina de Josef y Thomas de Orga. Año MDCCLXXVIII (1778). Llena los tomos 4.º y 5.º de las _Obras de P. Virgilio Maron, ilustradas con varias interpretaciones y notas en lengua castellana_, coleccion dirigida por Mayans.
--Valencia, en la oficina de Benito Montfort. Año 1793. 2 ts. 8.º Reproduccion exacta de la de 1776.
--Valencia, por los hermanos de Orga. (Reimpresion _ad pedem litteræ_ de las _Obras de Virgilio_, etc., impresas en 1778.)
--Madrid, 1779, por Francisco Xavier García, 2 ts. 8.º
--París, 1838, en la edicion políglota de Montfalcon.
Aunque Gregorio Hernandez adoptó para la mayor parte de su trabajo el verso suelto, tradujo en octavas los discursos y narraciones, y por tanto dos libros íntegros (el segundo y tercero). ¡Lástima que no hubiese preferido la misma combinacion métrica para lo restante! Fuera de Jáuregui (y éste gracias al admirable modelo que tenía á la vista), ninguno de nuestros clásicos alcanzó el arte del verso suelto con sus pausas, cortes y rítmicos movimientos. Hasta los tiempos de Moratin y Jovellanos casi todos los versos blancos son pura prosa. No se libra de este general defecto Hernandez de Velasco; pero á su modo trata de dar plenitud y número á la versificacion con diversos artificios, especialmente onomatopéyicos, y á veces lo consigue. Tiene versos aislados muy valientes y trozos que pueden leerse sin enfado. La parte que está en octavas es muy superior á lo restante. Parece que al imponerse el traductor aquella traba, se corregia su desaliñada facilidad, y si perdian un tanto en concision, haciéndose más redundante y desleida la frase, ganaban no poco en rotundidad y armonía sus metros. Y como Gonzalo Hernandez era poeta (aunque mediano, y de ninguna suerte comparable con Aníbal Caro), pone, de vez en cuando, en su verbosa interpretacion un como reflejo del sentimiento virgiliano, máxime en el libro IV, que es el mejor traducido, con ser el más bello y difícil:
Mas la Reina feroz, temblando toda, Furiosa con tan fiero y crudo intento, Los ojos ya sangrientos revolvia, Llenas de azules manchas las mejillas Que le temblaban espantosamente. Teñida ya de amarillez funesta, Clara señal de la vecina muerte, Con ímpetu se lanza en lo secreto De su palacio, y súbese furiosa Sobre la alta hoguera, y desenvaina La espada del Troyano, dón ajeno Del crudo ministerio que esperaba, Ni para tal pedido ni guardado.
Reclinóse tras esto sobre el lecho Y dijo aquestas últimas palabras: «¡Oh dulces prendas, quando Dios queria Y me era amigo mi infelice hado! Tomad aquesta mísera alma mia, Y dad fin dulce á mi mortal cuidado: Hoy es mi triste, postrimero dia, Ya el curso de mi vida es acabado. Hoy baja el alma de la grande Dido Al centro oscuro del eterno olvido.
· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
Dijo. Al momento acuden sus mujeres Al alboroto, y hállanla caida Sobre la aguda espada, ya muriendo, La espada de espumosa sangre tinta, Las blancas manos ya con sangre rojas. Alzan un alarido horrendo todas Que atruena el gran palacio y altas salas; Vuela la fama al punto á todas partes Por la ciudad confusa y turbulenta; Braman las casas todas, y resuenan Con amargos lamentos y gemidos Y con gritos y aullidos de mujeres: Y hiriendo sus pechos y sus rostros Hacen un triste són que rompe el aire, Cual si la antigua Tiro ó si Cartago Por fuerza de enemigos combatida Con horrenda rüina se asolara, Y por las cumbres y altos capiteles De las moradas de hombres y de Dioses Se embravecieran mil furiosas llamas.
· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
Atendidas las dificultades enormes de traducir lo que es la perfeccion misma, no deja de mostrar arte esta traduccion del _Ter sese adtollens_, aunque los tres admirables versos del original estén desleidos en siete, y haya algun prosaísmo:
Tres veces, con las bascas de la muerte, Sobre el codo estribando, probó á alzarse; Mas otras tantas tornó á dar consigo Sobre la cama un lastimoso golpe, Y volviendo los ojos, que ya en muerte Nadaban, hácia el Cielo, vió su lumbre, Y viéndola, gimió porque áun vivia.
El último verso es de primer órden: no está traducido sino sentido el _ingemuitque reperta_. Aníbal Caro, con ser más literal en la expresion, es aquí ménos artista.