El papa del mar

Part 1

Chapter 13,494 wordsPublic domain

EL PAPA DEL MAR

OBRAS TRADUCIDAS DEL AUTOR

TERRES MAUDITES.--Traducción de G. Hérelle. París.

FLEUR DE MAI.--Traducción de G. Hérelle. París.

BOUE ET ROSEAUX.--Traducción de Maurice Bixio. París.

DANS L’OMBRE DE LA CATHÉDRALE.--Traducción de G. Hérelle. París.

TERRAS MALDITAS.--Traducción de Napoleáo Toscano. Lisboa.

A CATHEDRAL.--Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa. Lisboa.

FLOR DE MAYO.--Traducción de Josy Priems. Zurich.

DIE KATHEDRALE.--Traducción de Josy Priems. Zurich.

ERDFLUCH.--Traducción de Wilhelm Thal. Berlín.

SCHILFUND SCHLAMM.--Traducción de Wilhelm Thal. Berlín.

DER EINDRINGLING.--Traducción de J. Broutá. Berlín.

DE VLOEK.--Traducción del doctor A. A. Fokker. Haarlem.

WAAR ORANJEBOOMEN BLOEIEN.--Traducción del doctor A. A. Fokker. Amsterdam.

CHALUPA.--Traducción de A. Pikhart. Praga.

MARNÁ CHLOUBA.--Traducción de A. Pikhart. Praga.

AH, IL PANE!...--Traducción de F. Gelormini. Palermo.

HVAD EN MAND HAR AT GOVE.--Traducción de Johanne Allen. Copenhague.

VINNYI SKLAD.--Traducción de M. Watson. Petersburgo.

BODEGA.--Traducción de K. G. Petersburgo.

GELEZNODOROGNOY ZAIAZ.--Traducción de M. Watson. Petersburgo.

NALOGUIZA OBNAGNENAIA.--Traducción de M. Watson. Petersburgo.

PROKLIATAC POLE.--Traducción de M. Watson. Petersburgo.

SOBOR.--Traducción de M. Watson. Petersburgo.

DUOYÑOY VISTREL.--Traducción de M. Watson. Petersburgo.

LA HORDE.--Traducción de G. Hérelle. París.

ARÈNES SANGLANTES.--Traducción de G. Hérelle. París.

O INTRUSO.--Traducción de Riveiro de Carvalho. Lisboa.

MISERAVEIS.--Traducción de Vasco Valdéz. Lisboa.

L’INTRUS.--Traducción de Renée Lafont. París.

A ADEGA.--Traducción de E. Sousa Costa. Lisboa-Río Janeiro.

A CORTEZAN DE SAGUNTO.--Traducción de Riveiro de Carvalho y Moraes Rosa. Lisboa.

LES MORTS COMMANDENT.--Traducción de B. Delaunay. París.

SUR LES ORANGERS.--Traducción de G. Menetrier. París.

THE BLOOD OF THE ARENA.--Traducción de F. Douglas. Chicago.

SONNICA.--Traducción de F. Douglas. Edición de Nueva York y edición de Londres.

THE SHADOW OF THE CATHEDRAL.--Traducción de W. A. Gillespie. Londres.

BLOOD AND SAND.--Traducción de W. A. Gillespie. Londres.

OBRAS COMPLETAS DE BLASCO IBÁÑEZ (en ruso). Edición en 16 vol., con un retrato del autor.--Traducción de Taitiana Herzenstein y otros. Moscou.

SANGUE E ARENA.--Traducción de Ida Mango. Nápoles.

ORIENTE.--Traducción de Ferreira Martins. Lisboa.

BLOED EN ZAND.--Traducción de Van Raalte. Amsterdam.

DIE HETARE VON SAGUNT.--Traducción de W. Leydhecker. Berlín.

LES QUATRE CAVALIERS DE L’APOCALYPSE.--Trad. de G. Hérelle. París.

THE MATADOR.--Edición inglesa Nelson. Londres.

WIJN EN LIEFDE.--Traducción de Van Raalte. Amsterdam.

I QUATTRO CAVALIERI DELL’APOCALIPSE.--Trad. de Ida Mango. Milán.

THE FOUR HORSEMEN OF THE APOCALYPSE.--Traducción de Charlotte Brewster Jordan (384 edic.). Edición de Nueva York y edición de Londres.

THE CABIN.--Traducción del doctor Francis Haffkine-Snow. Nueva York.

LUNA BENAMOR.--Traducción del doctor Isaac Goldberg. Boston.

THE DEAD COMMAND.--Traducción de F. Douglas. Nueva York.

BLOOD AND SAND.--Introduction by Dr. I. Goldberg. Edición de Nueva York y edición de Londres.

THE SHADOW OF THE CATHEDRAL.--Introduction by William Dean Howells. Edición de Nueva York y edición de Londres.

THE FRUIT OF THE VINE (_La bodega_).--Traducción del Dr. Isaac Goldberg. Edición de Nueva York y edición de Londres.

OUR SEA (_Mare nostrum_).--Traducción de C. Brewster Jordan. Edición de Nueva York y edición de Londres.

DE VIER RUITERS UIT DE APOCALYPSIS.--Traducción de Van Raalte. Gravenhage (Holanda).

WOMAN TRIUMPHANT.--Traducción de Hayward Keniston. Nueva York.

LA RÉVOLUTION MEXICAINE.--Traducción de Louis Fonges. París.

THE ENEMIES OF WOMEN.--Traducción de Arthur Livingston. Edición de Nueva York y edición de Londres.

MEXICO IN REVOLUTION.--Traducción de J. Padin y Arthur Livingston. Nueva York.

MARE NOSTRUM.--Traducción de Gilberto Beccari. Florencia.

FRA GLI ARANCI.--Traducción Vitagliano. Milán.

DE DOWLER BEVELER.--Traducción de Van Raalte. Amsterdam.

LA TRAGEDIE SUR LE LAC.--Traducción de Renée Lafont. París.

THE MAYFLOWER.--Traducción de A. Livingston. Edición de Nueva York y edición de Londres.

LES ENNEMIS DE LA FEMME.--Traducción de A. de Bengoechea. París.

THE TORRENT (_Entre naranjos_).--Traducción de I. Golberg y Artur Livingston. Edición de Nueva York y edición de Londres.

FIOR DI MAGGIO.--Traducción de Gilberto Beccari. Milán.

PALUDE TRÁGICA.--Traducción de Gilberto Beccari. Milán.

CONTES ESPAGNOLS D’AMOUR ET DE MORT.--Traducción de F. Menetrier. París.

VASS OCH DY.--Traducción de E. Staaff. Estocolmo.

DEN UBUDNE.--Traducción de Johanne Allen. Copenhague.

FYREFAEGTEREN.--Traducción de Johanne Allen. Copenhague.

DEN GAMLE ROENNE.--Traducción de Johanne Allen. Copenhague.

OS INIMIGOS DA MULHER.--Traducción de Ferreira Martins. Lisboa.

LUNA BENAMOR.--Traducción de Renée Lafont. París.

DIE APOKALYPTISCHEN REITER.--Traducción de E. Koert. Berlín.

VÉRZÖ ARÉNA.--Traducción de Toth Andras. Budapest.

MÁJUS VIRÁGA.--Traducción de Berki Miklos y Gyori Karoly. Budapest.

KREV Á PÍSEK.--Traducción de María Votrubová-Haunerova. Praga.

BLOD OG SAND.--Traducción de Sophus Brekke. Prólogo de J. Bojer. Cristianía.

APOKALYPSENS FYRA RYTTARE.--Traducción de Alberto Bonnier. Estocolmo.

CAPÍTULOS ESCOGIDOS DE V. BLASCO IBÁÑEZ.--Coleccionados por E. Alec Woolf. Editor G. Harrap. Londres.

EEN LIEFDE OP DE BALEAREN.--Traducción holandesa de P. M. Wink. Zalt Bommel.

VISTAS SUDAMERICANAS.--Libro para los estudiantes de español, con notas de Carolina Marcial Dorado. Ginn y C.ª, Editores. Nueva York.

PROBUZENI BUDHOVO.--Traducción de Karel Weith. Praga.

LA BATALLA DEL MARNE.--Libro para los estudiantes de español, con notas del profesor Federico de Onis. Heath y C.ª, Editores. Nueva York.

GENSKI RAY (_El paraíso de las mujeres_).--Traducción rusa de Tatiana Herzenstein. La Editorial Rusa. Berlín.

A NOGYULOLOK.--Traducción de Toth Andras. Budapest.

LA FEMME NUE DE GOYA.--Traducción de A. de Bengoechea. París.

LA CITÉ DES FUTAILLES.--Traducción de Renée Lafont. París.

THE TEMPTRESS.--Traducción de A. Livingston. Nueva York.

KATEDRÁLA.--Traducción de Karel Weith. Praga.

CTYRI PRÍSERNÍ JEZDCI Z APOKALYPSY.--Traducción checoeslovaca de Karel Vit. Ilustraciones de K. Relink. Praga.

BLOD OCH SAND.--Traducción de Bruno Lindblom. Estocolmo.

FÖRBANNAD JORD.--Traducción de Adolf Hillman. Estocolmo.

LA TENTATRICE.--Traducción de Jean Carayón. París.

MARE NOSTRUM.--Traducción de Karel Weith. Praga.

I MORTI COMANDANO.--Traducción de Gilberto Beccari y Giulio de Medici. Florencia.

LA TENTATRICE.--Traducción de Sante Bargellini. Turin.

IN THE LAND OF ART.--Traducción de Francés Douglas. Nueva York.

ARENES SANGLANTES.--Traducción francesa de G. Hérelle. Edición Nelson. Edimburgo (Escocia).

KVET CERNE REKY.--Traducción de Karel Weith. Praga.

MOKUCHI NO SHIKISHI.--Traducción japonesa de Kanzo Miura. Tokio.

CUI TO TSUNA.--Traducción japonesa de Atsuchi Sudzuki. Tokio.

GO-GATSU NO HANA.--Traducción japonesa de Soichi Okabé. Tokio.

GO-GATSU NO HANA.--Traducción japonesa de Katsuo Urazawa. Tokio.

SHIOKI NI NARU ONNA.--Traducción japonesa de Hirosada Nagata. Tokio.

RAKUCHITSU.--Traducción japonesa de Shiduo Kasai. Tokio.

SEPPUN.--Traducción japonesa de Shiduo Kasai. Tokio.

HIKIGAERU.--Traducción japonesa de Shiduo Kasai. Tokio.

IBAÑEZ KESSAKUSHIU.--Traducción japonesa de la señora Nakagawa. Tokio.

RODNOE MORE.--Traducción de M. Watson. Leningrado.

ZEMLIA DISEA.--Traducción de M. Watson. Moscou.

KOROLAWA CALAFIA.--Traducción de M. B. Batcoh. Leningrado.

NEPRATELEZEN.--Traducción de Karel Weith. Praga.

A MULHER NÚA.--Traducción de Agostinho Fortes. Lisboa.

OBRAS DEL AUTOR

CON EL NÚMERO DE EJEMPLARES IMPRESOS EN ESPAÑA[A] DE CADA UNA DE ELLAS, HASTA JULIO DE 1927

CUENTOS VALENCIANOS 60.000 ejemps. LA CONDENADA (cuentos) 64.000 id. EN EL PAÍS DEL ARTE (viajes) 76.000 id. ARROZ Y TARTANA (novela) 68.000 id. FLOR DE MAYO (novela) 80.000 id. LA BARRACA (novela) 112.000 id. SÓNNICA LA CORTESANA (novela) 64.000 id. ENTRE NARANJOS (novela) 88.000 id. CAÑAS Y BARRO (novela) 64.000 id. LA CATEDRAL (novela) 84.000 id. EL INTRUSO (novela) 68.000 id. LA BODEGA (novela) 60.000 id. LA HORDA (novela) 52.000 id. LA MAJA DESNUDA (novela) 60.000 id. ORIENTE (viajes) 52.000 id. SANGRE Y ARENA (novela) 136.000 id. LOS MUERTOS MANDAN (novela) 56.000 id. LUNA BENAMOR (novelas) 48.000 id LOS ARGONAUTAS (novela).--2 tomos 48.000 id. LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS 164.000 id. MARE NOSTRUM (novela) 104.000 id. LOS ENEMIGOS DE LA MUJER (novela) 100.000 id. EL MILITARISMO MEJICANO (artículos) 40.000 id. EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA (novelas) 44.000 id. EL PARAÍSO DE LAS MUJERES (novela) 48.000 id. LA TIERRA DE TODOS (novela) 66.000 id. LA REINA CALAFIA (novela) 60.000 id. NOVELAS DE LA COSTA AZUL 20.000 id. LA VUELTA AL MUNDO, DE UN NOVELISTA.--3 t. 80.000 id. EL PAPA DEL MAR (novela) 60.000 id. Á LOS PIES DE VENUS (Los Borgia) (novela) 40.000 id.

EN PRENSA: NOVELAS DE AMOR Y DE MUERTE.

PRÓXIMAS Á PUBLICARSE

EN BUSCA DEL GRAN KAN (Cristóbal Colón).

EL CABALLERO DE LA VIRGEN.

EL ORO Y LA MUERTE (Vasco Núñez de Balboa).

LA JUVENTUD DEL MUNDO.

[A] En muchas repúblicas de la América de habla española se han publicado numerosas ediciones de estas obras sin permiso del autor.

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

EL PAPA DEL MAR

(NOVELA)

42.000 EJEMPLARES

PROMETEO

Germanías, 33.--VALENCIA (Published in Spain)

ES PROPIEDAD.--Reservados todos los derechos de reproducción, traducción y adaptación.

Copyright 1925, by V. Blasco Ibáñez.

EL PAPA DEL MAR

PARTE PRIMERA

LA CIUDAD DE LAS TRES LLAVES

I

El caballero Tannhäuser

Ella dudó un instante, mientras exploraba mentalmente su pasado. Luego se apresuró á decir sonriendo, como si le regocijasen sus propias palabras:

--Le reconozco. Usted es el caballero Tannhäuser, que tuvo amores con Venus.

Esto fué en el «Select Hotel» de Aviñón, á las ocho de la noche. Claudio Borja, que la había observado de lejos durante la comida, abandonó su mesa para apostarse junto al _hall_, y al verla llegar preguntó en español:

--¿No es usted la señora de Pineda?... Tuve el honor de que me presentasen en Madrid... Tal vez no se acuerda usted.

Pero ella no le había olvidado, y después de reir unos instantes pareció pedirle perdón con sus ojos por esta alegría espontánea.

Los dos evocaron en su memoria cómo se habían visto por primera vez. Fué luego de una comida en casa del señor Bustamante, senador español, que explotaba por vanidad personal las relaciones entre los pueblos hispanoamericanos. Los comensales habían hablado en el salón de sus personajes predilectos en la literatura y en la historia. Cada uno iba manifestando qué héroe hubiese querido ser.

Estela, la hija del dueño de la casa, joven de ademanes encogidos y voz tímida, sentía no haber sido la Ofelia de Shakespeare; su padre, el solemne don Arístides, dudaba entre Licurgo y el cardenal Jiménez de Cisneros; un viejo general optaba por Julio César.

Todos desearon conocer el personaje predilecto de la hermosa Rosaura Salcedo, viuda de Pineda, rica dama argentina, en cuyo honor daba Bustamante su banquete; pero esta señora, de paso en Madrid, que residía gran parte del año en París ó viajaba por el resto de Europa, se negó modestamente á revelar su heroína. No tenía ninguna. Estaba contenta de ser lo que era. Y casi todas las señoras presentes, exuberantes en deseos no cumplidos y envidias no satisfechas, rencorosas contra la mediocridad de su situación, la miraron fijamente, notándose en su sonrisa algo turbio y verdoso, semejante al color de la bilis. La aprobaban con amargura. «¡Qué más podía desear! ¡Qué no había recibido de la suerte!» Su riqueza resultaba enorme: una riqueza americana, de millones y millones. Además era libre, podía cumplir todos sus gustos, y su belleza se renovaba incesantemente, como una primavera sin término, gracias al lujo y á una higiene costosa.

Después de ella le llegó el turno á Claudio Borja, que el señor Bustamente consideraba como de su propia familia, por ser huérfano de un compañero de su juventud. Muchos creían á este joven sin ocupación determinada, pero poseedor de una apreciable fortuna, el futuro esposo de Estela Bustamante.

Claudio Borja, cual si desafiase con sus palabras á la respetable concurrencia, afirmó enérgicamente que lamentaba no haber sido el caballero Tannhäuser.

Algunos, para alardear de sus lecturas, se apresuraron á reconocer muy acertado tal deseo. Tannhäuser era un poeta errante, un caballero cantor, y Borja hacía versos.

--No--dijo el joven--; si lo envidio, es porque tuvo amores con Venus.

Un silencio de asombro y de incomprensión al mismo tiempo. Al fin acabaron por reir, reconociendo que Borja tenía «cosas raras», como todos los que escriben para el público.

--Es natural que no le haya olvidado--siguió diciendo la hermosa argentina, mientras avanzaban juntos hacia el salón del hotel--. Un hombre que da esa respuesta es alguien. Aquella noche no pudimos hablarnos. ¡El señor Bustamante acapara tan afectuosamente á sus invitados!... A los pocos días me marché de Madrid. Tal vez fué al día siguiente. No lo sé con certeza. Para mí el pasado cuenta muy poco; sólo pienso en el mañana. Pero le aseguro que muchas veces me he acordado de usted. Siempre que oigo música de Wágner surge en mi memoria la cara de un joven que vi una sola vez en mi vida, y me pregunto: «¿Qué habrá sido del Tannhäuser de Madrid? ¿Se habrá unido con Ofelia, cansado de esperar la llegada de Venus?»

Y la hermosa dama volvió á reir mirando á su acompañante. Sintióse molestado éste por la risueña é irónica amabilidad de la señora de Pineda; pero al mismo tiempo, la convicción de haber vivido en su memoria cerca de dos años, como un personaje familiar, cuando se creía totalmente olvidado, halagó su vanidad.

Cuando penetraron en el _hall_ les envolvió una atmósfera vibrante de música y saturada de humo de tabaco rubio, con ligero perfume de opio. Sillones y divanes estaban ocupados por gentes de lengua inglesa: la oleada diaria de viajeros que pasa veinticuatro horas en Aviñón, ve el castillo de los Papas, la fontana de Vaucluse, cantada por Petrarca, y continúa su descenso por la Provenza, hacia la Costa Azul.

Se detuvo Rosaura ante dos cuadritos puestos en la entrada del salón, al nivel de la mirada de los transeuntes. Uno de ellos contenía una llave pequeña; el otro, una carta de papel amarillento y tinta rojiza. Borja, por ser más antiguo en el hotel, explicó á la viuda la historia de ambos objetos.

Este edificio era un palacio del siglo XVII. Las antiguas cocheras servían ahora de _garages_. La Revolución que anexionó á Francia, en 1792, la antigua ciudad de los Papas, lo había convertido en hospedería. Llevaba más de un siglo de existencia como hotel, y el patio de honor, donde frenaban ahora automóviles de todas las naciones de Europa, había resonado durante ochenta años con el cascabeleo y las ruedas chirriantes de diligencias y sillas de posta. La llave guardada en uno de los pequeños cuadros era la de una habitación, en el último piso, que había ocupado cierto capitán de artillería llamado Bonaparte, protegido por el omnipotente Robespierre.

--Debió ser antes del sitio de Tolón, cuando vagaba desorientado, sin saber cómo empezar su carrera. Tal vez imaginó aquí su único libro, _La cena de Beaucaire_, especie de novela política. Beaucaire está muy cerca.

La carta había sido escrita por el mariscal de la corte napoleónica al dueño del hotel. El emperador recordaba con frecuencia cierto guiso de codornices que había comido en su juventud, viviendo en Aviñón, y el gran personaje palatino pedía la receta para que la utilizase el cocinero de las Tullerías.

Rosaura miró la envejecida carta con el ceño fruncido y dijo gravemente:

--De seguro que á Napoleón no le gustó el plato en París. Nadie sabe guisar tan sabrosamente como la juventud y la pobreza.

Una pequeña orquesta acompañaba las conversaciones de los huéspedes, eternos viajeros acostumbrados á pasar la noche en el _hall_ de un hotel, fuese cual fuese su latitud terráquea, sin sentir la curiosidad de salir á la calle. El día se ha hecho para ver museos y monumentos interesantes; la noche para comer, puestos de _smoking_ ó traje escotado, y escuchar un poco de música, fumando, hojeando revistas ó conversando con personas conocidas en un hotel semejante, al otro lado del planeta.

La argentina y el joven español ocuparon dos sillones de cuero, bajos y profundos. Era el momento de explicar, cada uno, por qué estaba allí.

Ella había llegado á media tarde en su automóvil. No podía recordar cuántas noches llevaba pasadas en este hotel. Era un sitio inevitable de descanso en sus viajes de París á la Costa Azul, donde tenía una «villa» suntuosa, con frondosos jardines, junto al Mediterráneo.

--Todos me conocen aquí. Soy una clienta que llega varias veces por año. Duermo y parto al día siguiente, tan de prisa, tan distraída, que ni siquiera me había fijado en esos cuadritos que acaba usted de enseñarme... Ahora va á ser lo mismo. Me marcharé mañana, como todos estos ingleses ó norteamericanos, que duermen una noche en Aviñón y levantan su vuelo al día siguiente. Mañana por la tarde estaré en mi casa, viendo el mar á través de naranjos y palmeras. Y usted ¿qué hace aquí?...

Borja, que llevaba dos semanas en el hotel, dudó un poco antes de contestar, coloreándose ligeramente su rostro afilado, de morena palidez. Al fin balbuceó, como si temiese la repetición de aquella risa femenina, acariciante, musical, pero algo irónica:

--He venido de Madrid para hacer estudios... Preparo un libro. Me interesa desde hace años la historia de cierto compatriota mío... un Papa de Aviñón... don Pedro de Luna. Pero usted, señora, no debe sentir interés por estas cosas. ¡Son tan antiguas!

Ella le miró lo mismo que cuando examinaba la carta del mariscal de la corte napoleónica. Su voz volvió á sonar, reposada y grave:

--A mí me interesa todo lo que supone trabajo y voluntad; á mí me interesa toda persona que tiene un ideal y procura realizarlo.

Quedaron los dos en silencio. Por un azar, cesaron al mismo tiempo las diversas conversaciones, y en el ambiente de tabaco oloroso vibró, agrandada por el repentino silencio, la melodía lánguida de los dos violines, el violoncelo y el piano, entonando una romanza de amor.

Claudio creyó verse bajo una luz completamente nueva. Después de dos semanas de soledad, la presencia de esta mujer, en la que había pensado más de una vez, como si perteneciese á un mundo superior y misterioso, parecía proporcionarle un nuevo sentido para examinarse á sí mismo. Una especie de relámpago mental concentraba toda su existencia anterior, extendiéndola en su memoria con el zigzag instantáneo y deslumbrante de las exhalaciones eléctricas.

No era más que un visionario, predispuesto á adorar cosas absurdas siempre que fuesen interesantes. Se creía nacido sin voluntad, é indudablemente por esto deseaba escribir la historia de aquel don Pedro de Luna, la voluntad más tenaz de su época y tal vez de todos los tiempos. Vivía entre fantasmas, sintiendo muchas veces la añoranza de no ser niño para que le siguieran contando las historias maravillosas que embellecieron los primeros años de su existencia. No había conocido, como la mayor parte de los humanos, el ambiente seguro de la familia, la sonrisa protectora de los padres, semejante á la de las divinidades que defendieron á los primeros hombres.

De su padre sabía más por don Arístides Bustamante que por él mismo. Fué un ingeniero nacido en una pequeña ciudad del antiguo reino de Valencia, un levantino parco en palabras, que parecía compensar su falta de exuberancia verbal con una actividad tenaz y entusiástica para la implantación de inventos extranjeros en su país. Una parte de su vida la había pasado viajando por Europa y América. Importó industrias, creó un pequeño ferrocarril, y la aparición del automóvil le hizo olvidar sus antiguas empresas. En todas ellas buscaba el placer de la creación, el orgullo del triunfo, más que la ganancia monetaria. Sin embargo, á su muerte, el amigo Bustamante, notable abogado, consiguió desenmarañar sus negocios, vendiendo, transigiendo, permutando, hasta dejar saneada para el huérfano una fortuna de más de un millón de pesetas.

El ingeniero Borja, durante una de sus estadías en París, se sintió interesado por cierta señorita á la que había conocido años antes en Gibraltar, Estrella Toledo, descendiente de una antigua familia de judíos sefarditas que mostraba cierto interés por todo lo de España. Ocupado en negocios é invenciones, este hombre que sólo había tratado mujeres en casos de extrema necesidad y pasajeramente, se sintió enamorado á su modo de la señorita Toledo, tal vez porque hablaba su mismo idioma. Carecía de preocupaciones religiosas, y por otra parte, la joven, educada á la inglesa en Gibraltar y moldeada luego por la vida en París, tampoco daba importancia á las diferencias de dogma y de raza.

Borja se casó con Estrella Toledo después de consultar el asunto con un primo suyo por la línea materna, don Baltasar Figueras, con el que había jugado de pequeño, y que ocupaba actualmente un sitial de canónigo en el coro de la catedral de Valencia.

Este varón de costumbres metódicas y tranquilas, sin otro sensualismo que el de la mesa, amaba su cargo porque le permitía ser archivero de la catedral, dedicándose al ojeo y caza de datos históricos en la selva intrincada de miles de legajos que él era el primero en abrir. Todos los años cobraba piezas importantes, descubrimientos que luego hacía públicos en revistas poco leídas ó en volúmenes impresos á veinticinco ó cincuenta ejemplares cuando más.

Figueras, que aparte de las horas dedicadas á la comida y al sueño vivía en los siglos XIV y XV, dió su aquiescencia á dicho matrimonio. Había encontrado en sus estudios muchas judías españolas casadas con personajes. Lo importante para él era que las gentes fuesen buenas y creyesen en Dios. Además, según decía su primo, esta señorita Toledo no llegaba al matrimonio completamente desnuda: tenía sus bienes y una parentela rica, lo que no es de despreciar.