El libro de las mil noches y una noche; t. 8

Part 13

Chapter 134,001 wordsPublic domain

Veamos en cuanto al tercer festín. Como en las dos circunstancias anteriores, los pregoneros vocearon el mismo anuncio, y se hicieron iguales preparativos; y el pueblo se congregó en el pabellón, los guardias se colocaron ordenadamente y el rey se sentó en el trono. Y todo el mundo se puso á comer, á beber y á regocijarse, y la multitud se amontonaba por todas partes, menos delante de la fuente de arroz con leche, que permanecía intacta en medio del salón, mientras todos los comensales le volvían la espalda. Y de pronto entró un hombre de barbas blancas, que, al ver vacíos los alrededores de la fuente, se dirigió hacia aquel lado y se sentó para comer, á fin de que no le ahorcaran. Y Zumurrud le miró, y vió que era el viejo Rachideddín, el miserable que la había hecho raptar por su hermano Barssum.

Efectivamente; como Rachideddín vió que pasaba un mes sin que volviera su hermano, al cual había enviado en busca de la joven desaparecida, resolvió partir en persona para tratar de dar con ella, y el Destino le llevó á aquella ciudad hasta aquel pabellón, delante de la fuente de arroz con leche.

Al reconocer al maldito cristiano, Zumurrud dijo para sí: «¡Por Alah! ¡Este arroz con leche es un manjar bendito, pues me hace encontrar á todos los seres maléficos! Tengo que mandarlo pregonar algún día por toda la ciudad como manjar obligatorio para todos los ciudadanos. ¡Y mandaré ahorcar á quienes no les guste! ¡Entretanto, voy á emprenderla con ese viejo criminal!» Y dijo á los guardias: «¡Traedme al del arroz!» Y los guardias, acostumbrados ya, vieron al hombre, en seguida se precipitaron sobre él y le arrastraron por las barbas á presencia del rey, que le preguntó: «¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu profesión? ¿Y por qué has venido aquí?» Él contestó: «¡Oh rey afortunado, me llamo Rustem, pero no tengo más profesión que la de pobre, la de derviche!» Zumurrud gritó: «¡Tráiganme la arena y la pluma!» Y se las llevaron. Y después de haber extendido ella la arena y haber trazado figuras y caracteres, estuvo reflexionando una hora, al cabo de la cual levantó la cabeza y dijo: «¡Mientes delante del rey, maldito! ¡Te llamas Rachideddín, y tu profesión consiste en mandar raptar traidoramente á las mujeres de los musulmanes para encerrarlas en tu casa; en apariencia profesas la fe del Islam, pero en el fondo del corazón eres un miserable cristiano corrompido por los vicios! ¡Confiesa la verdad, ó tu cabeza saltará ahora mismo á tus pies!» Y el miserable, aterrado, creyó salvar la cabeza confesando sus crímenes y actos vergonzosos. Entonces, Zumurrud dijo á los guardias: «¡Echadle al suelo y dadle mil palos en cada planta de los pies!» Y así se hizo inmediatamente. Entonces dijo Zumurrud: «¡Ahora lleváosle, desolladle, rellenadle con hierba podrida y clavadle con los otros dos á la entrada del pabellón! ¡Y sufra su cadáver la misma suerte que los de los otros dos perros!» Y en el acto se ejecutó todo.

Después, todo el mundo reanudó la comida, haciéndose lenguas de la sabiduría y ciencia adivinatoria del rey y ponderando su justicia y equidad.

Terminado el festín, el pueblo se fué y la reina Zumurrud volvió á palacio. Pero no era feliz en su intimidad, y decía para sí: «¡Gracias á Alah, que me ha apaciguado el corazón ayudándome á vengarme de quienes me hicieron daño! ¡Pero todo ello no me devuelve á mi amado Alischar! ¡Sin embargo, el Altísimo es al mismo tiempo el Todopoderoso, y puede hacer cuanto quiera en beneficio de quienes le adoran y lo reconocen como único Dios!» Y conmovida al recordar á su amado, derramó abundantes lágrimas toda la noche, y después se encerró sola con su dolor hasta principios del mes siguiente.

Entonces el pueblo se reunió otra vez para el banquete acostumbrado, y el rey y los dignatarios tomaron asiento, como solían, bajo la cúpula. Y había empezado ya el banquete, y Zumurrud había perdido la esperanza de volver á ver á su amado, y rezaba interiormente esta oración: «¡Oh tú que devolviste á Iussuf á su anciano padre Jacob, que curaste las llagas incurables del santo Ayub, abrígame en tu bondad, que vuelva á ver también á mi amado Alischar! ¡Eres el Omnipotente, ¡oh señor del universo! ¡Tú que llevas al buen camino á quienes se descarrían, tú que escuchas todas las voces, y atiendes á todos los votos, y haces que el día suceda á la noche, devuélveme á tu esclavo Alischar!»

Apenas formuló Zumurrud interiormente aquella invocación, entró un joven por la puerta del meidán, y su cintura flexible se plegaba como se balancea la rama del sauce á impulso de la brisa. Era hermoso cual la luz es hermosa, pero parecía delicado y algo fatigado y pálido. Buscó por doquiera un sitio para sentarse y no encontró libre mas que el cercano á la fuente del consabido arroz con leche. Y allí se sentó, y le seguían las miradas espantadas de quienes le creían perdido, y ya lo veían desollado y ahorcado.

Y á la primera mirada conoció Zumurrud á Alischar. Y el corazón le empezó á palpitar apresuradamente y le faltó poco para exhalar un grito de júbilo. Pero logró vencer aquel movimiento irreflexivo para no traicionarse á sí misma delante del pueblo. Sin embargo, era presa de intensa emoción, y las entrañas se le agitaban y el corazón le latía cada vez con más fuerza. Y quiso tranquilizarse por completo antes de llamar á Alischar.

* * * * *

He aquí lo ocurrido á éste. Cuando se despertó...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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PERO CUANDO LLEGÓ LA 328.ª NOCHE

Ella dijo:

...Cuando se despertó ya era de día, y los mercaderes empezaban á abrir el zoco. Asombrado Alischar al verse tendido en aquella calle, se llevó la mano á la frente, y vió que había desaparecido el turbante, lo mismo que el albornoz. Entonces empezó á comprender la realidad, y corrió muy alborotado á contar su desventura á la buena vieja, á quien rogó que fuera á averiguar noticias. Ella consintió de grado, y salió para volver al cabo de una hora con la cara y la cabellera trastornada, á enterarle de la desaparición de Zumurrud y decirle: «Creo, hijo mío, que ya puedes renunciar á volver á ver á tu amada. ¡En las calamidades, no hay fuerza ni recurso mas que en Alah Omnipotente! ¡Todo lo que te ocurre es por culpa tuya!»

Al oir esto, Alischar vió que la luz se convertía en tinieblas á sus ojos, y desesperó de la vida, y deseó morir, y se echó á llorar y sollozar en brazos de la buena vieja, hasta que se desmayó. Después, á fuerza de cuidados, recobró el sentido; pero fué para meterse en la cama, presa de una grave enfermedad que le hizo padecer insomnios, y sin duda le habría llevado directamente á la tumba, si la buena anciana no le hubiera querido, cuidado y alentado. Muy enfermo estuvo un año entero, sin que la vieja le dejara un momento; le daba las medicinas, y le cocía el alimento, y le hacía respirar los perfumes vivificadores. Y en un estado de debilidad extrema, se dejaba cuidar, y recitaba versos muy tristes sobre la separación, como éstos entre otros mil:

_¡Acumúlanse las zozobras, se aparta el amor, corren las lágrimas y el corazón arde!_

_¡El peso del dolor cae sobre una espalda que no puede soportarlo, sobre un corazón extenuado por el deseo de amar, por la pasión sin rumbo y por las continuadas vigilias!_

_¡Señor! ¿queda algún medio de ayudarme? ¡Apresúrate á socorrerme, antes de que el último aliento de vida se exhale de un cuerpo agotado!_

En tal estado permaneció Alischar sin esperanza de restablecerse, lo mismo que sin esperanza de volver á ver á Zumurrud, y la buena vieja no sabía cómo sacarle de aquel letargo, hasta que un día le dijo: «¡Hijo mío, el modo de volver á encontrar á tu amiga no es seguir lamentándote sin salir de casa! Si quieres hacerme caso, levántate y repón tus fuerzas, y sal á buscarla por las ciudades y comarcas. ¡Nadie sabe por qué camino puede venir la salvación!» Y no dejó de alentarle de tal manera ni de darle esperanza, hasta que le obligó á levantarse y á entrar en el hammam, en el cual ella misma le bañó, y le hizo tomar sorbetes y comerse un pollo. Y le estuvo cuidando de la misma manera un mes, hasta que le dejó en situación de poder viajar. Entonces Alischar se despidió de la anciana, después de haber terminado sus preparativos de marcha, y se puso en camino para buscar á Zumurrud. Y así fué como acabó por llegar á la ciudad en donde Zumurrud era rey, y por entrar en el pabellón del festín, y sentarse delante de la fuente de arroz con leche salpicado de azúcar y canela.

Como tenía mucha hambre, se levantó las mangas hasta los codos, dijo la fórmula «Bismilah», y se dispuso á comer. Entonces, sus vecinos, compadecidos al ver el peligro á que se exponía, le advirtieron que seguramente le ocurriría alguna desgracia si tenía la mala suerte de tocar aquel manjar. Y como se empeñaba en ello, el comedor de haschich le dijo: «¡Mira que te desollarán y ahorcarán!» Y Alischar contestó: «¡Bendita sea la muerte que me libre de una vida llena de infortunios! ¡Pero antes probaré este arroz con leche!» Y alargó la mano y empezó á comer con gran apetito.

Eso fué todo. Y Zumurrud, que lo observaba muy conmovida, dijo para sí: «¡Quiero empezar por dejarlo saciar el hambre antes de llamarle!» Y cuando vió que había acabado de comer y que había pronunciado la fórmula «¡Gracias á Alah!», dijo á los guardias: «Id á buscar afablemente á ese joven que está sentado delante de la fuente de arroz con leche, y rogadle con muy buenos modales que venga á hablar conmigo, diciéndole: «¡El rey te llama para hacerte una pregunta y una respuesta nada más!» Y los guardias fueron y se inclinaron ante Alischar, y le dijeron: «¡Señor, nuestro rey te llama para hacerte una pregunta y una respuesta nada más!» Alischar contestó: «¡Escucho y obedezco!» Y se levantó y les acompañó junto al rey.

En tanto, la gente del pueblo hacía entre sí mil conjeturas. Unos decían: «¡Qué desgracia para su juventud! ¡Dios sabe lo que le ocurrirá!» Pero otros contestaban: «Si fueran á hacerle algo malo, el rey no le habría dejado comer hasta hartarse. ¡Le hubiera mandado prender al segundo bocado!» Y otros decían: «¡Los guardias no le llevaron arrastrándole por los pies ni por la ropa! ¡Le acompañaron siguiéndole respetuosamente á distancia!»

Entretanto, Alischar se presentaba delante del rey. Allí se inclinó y besó la tierra entre las manos del rey, que le preguntó con voz temblorosa y muy dulce: «¿Cómo te llamas, ¡oh hermoso joven!? ¿Cuál es tu oficio? ¿Y qué motivo te ha obligado á dejar tu país por estas comarcas lejanas?» Él contestó: «¡Oh rey afortunado! me llamo Alischar, hijo de Gloria, y soy vástago de un mercader en el país de Khorasán. Mi profesión era la de mi padre; pero hace tiempo que las calamidades me hicieron renunciar á ella. En cuanto al motivo de mi venida á este país...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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PERO CUANDO LLEGÓ LA 329.ª NOCHE

Ella dijo:

»...En cuanto al motivo de mi venida á este país, ha sido la busca de una persona amada á quien he perdido, y á quien quería más que á mi vista, á mis oídos y á mi alma! ¡Y desde que me la quitaron, vivo como un sonámbulo! ¡Y tal es mi lamentable historia!» Y Alischar, al terminar estas palabras, prorrumpió en llanto, y se puso tan malo, que se desmayó.

Entonces, Zumurrud, en el límite del enternecimiento, mandó á sus dos eunucos que le rociaran la cara con agua de rosas. Y los dos esclavos ejecutaron en seguida la orden, y Alischar volvió en sí al oler el agua de rosas. Entonces Zumurrud dijo: «¡Ahora que me traigan la mesa de arena y la pluma de cobre!» Y cogió la mesa y la pluma, y después de haber trazado renglones y caracteres, reflexionó durante una hora, y dijo con dulzura, pero de modo que todo el pueblo lo oyera: «¡Oh Alischar, hijo de Gloria! la arena adivinatoria confirma tus palabras. Dices la verdad. Por eso puedo predecirte que Alah te hará encontrar pronto á tu amada! ¡Apacígüese tu alma y refrésquese tu corazón!» Después levantó la sesión y mandó á los esclavos que condujeran á Alischar al hammam, y después del baño le pusieran un traje del armario regio, y montándole en un caballo de las caballerizas reales, se lo volvieran á presentar al anochecer. Y los dos eunucos contestaron oyendo y obedeciendo, y se apresuraron á ejecutar las órdenes del rey.

En cuanto á la gente del pueblo, que había presenciado toda aquella escena y oído las órdenes dadas, se preguntaban unos á otros: «¿Qué oculta causa habrá movido al rey á tratar á ese hermoso joven con tanta consideración y dulzura?» Y otros contestaban: «¡Por Alah! El motivo está bien claro: ¡el muchacho es muy hermoso!» Y otros dijeron: «Hemos previsto lo que iba á pasar sólo con ver al rey dejarle saciar el hambre en aquella fuente de arroz con leche, ¡Ualah! ¡Nunca habíamos oído decir que el arroz con leche pudiera producir semejantes prodigios!» Y se marcharon, diciendo cada cual lo que le parecía ó insinuando una frase picaresca.

Volviendo á Zumurrud, aguardó con una impaciencia indecible que llegase la noche para poder al fin aislarse con el amado de su corazón. De modo que apenas desapareció el sol y los almuédanos llamaron á los creyentes á la oración, Zumurrud se desnudó y se tendió en la cama, sin más ropa que su camisa de seda. Y bajó las cortinas para quedar á obscuras, y mandó á los dos eunucos que hicieran entrar á Alischar, el cual aguardaba en el vestíbulo.

Por lo que respecta á los chambelanes y dignatarios de palacio, ya no dudaron de las intenciones del rey al verle tratar de aquel modo desacostumbrado al hermoso Alischar. Y se dijeron: «Bien claro está que el rey se prendó de ese joven. ¡Y seguramente, después de pasar la noche con él, mañana le nombrará chambelán ó general de ejército!» Eso en cuanto á ellos.

He aquí, por lo que se refiere á Alischar. Cuando estuvo en presencia del rey, besó la tierra entre sus manos, ofreciéndole sus homenajes y sus votos, y aguardó que le interrogaran. Entonces Zumurrud dijo para sí: «No puedo revelarle de pronto quién soy, pues si me conociera de improviso, se moriría de emoción». Por consiguiente, se volvió hacia él, y le dijo: «¡Oh gentil joven! ¡Ven más cerca de mí! Dime: ¿has estado en el hammam?» Él contestó: ¡Sí, oh señor mío!» Ella preguntó: «¿Te has lavado, y refrescado, y perfumado por todas partes?» Él contestó: «¡Sí, oh señor mío!» Ella preguntó: «¡Seguramente el baño te habrá excitado el apetito, ¡oh Alischar! Al alcance de tu mano, en ese taburete, hay una bandeja llena de pollos y pasteles. ¡Empieza por aplacar el hambre!» Entonces Alischar respondió oyendo y obedeciendo, y comió lo que le hacía falta, y se puso contento. Y Zumurrud le dijo: «¡Ahora debes de tener sed! Ahí en otro segundo taburete, está la bandeja de las bebidas. Bebe cuanto desees y luego acércate más á mí». Y Alischar se bebió una taza de cada frasco, y muy tímidamente se acercó á la cama del rey.

Entonces el rey le cogió de la mano, y le dijo: ¡Me gustas mucho, ¡oh joven! ¡Tienes la cara muy linda, y á mí me gustan las caras hermosas! Agáchate y empieza por darme masaje en los pies.»

Al cabo de un rato, el rey le dijo: «¡Ahora dame masaje en las piernas y en los muslos!» Y Alischar, hijo de Gloria, empezó á dar masaje en las piernas y en los muslos del rey. Y se asombró y maravilló á la vez de encontrarlas suaves y flexibles, y blancas hasta el extremo. Y decía para sí: «¡Ualah! ¡Los muslos de los reyes son muy blancos! ¡Y además no tienen pelos!»

En este momento, Zumurrud le dijo: «¡Oh lindo joven de manos tan expertas para el masaje, prolonga los movimientos hasta el ombligo, pasando por el centro!» Pero Alischar se paró de pronto en su masaje, y muy intimidado, dijo: «Dispénsame, señor, pero no sé hacer el masaje del cuerpo mas que hasta los muslos. Ya he hecho cuanto sabía...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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PERO CUANDO LLEGÓ LA 330.ª NOCHE

Ella dijo:

»...mas que hasta los muslos. Ya he hecho cuanto sabía.»

Al oir estas palabras, Zumurrud exclamó con acento muy duro: «¡Cómo! ¿Te atreves á desobedecerme? ¡Por Alah! ¡Como vaciles otra vez, la noche será bien nefasta para tu cabeza! ¡Apresúrate, pues, á inclinarte y á satisfacer mi deseo! ¡Y yo, en cambio, te convertiré en mi amante titular, y te nombraré emir entre los emires, y jefe de ejército entre mis jefes de ejército!» Alischar preguntó: «No comprendo exactamente lo que quieres, ¡oh rey! ¿Qué he de hacer para obedecerte?» Ella contestó: ¡Desátate el calzón y tiéndete boca abajo!» Alischar exclamó: «¡Se trata de una cosa que no he hecho en mi vida, y si me quieres obligar á cometerla, te pediré cuenta de ello el día de la Resurrección! ¡Por lo tanto, déjame salir de aquí y marcharme á mi tierra!» Pero Zumurrud replicó con tono más furioso: «¡Te ordeno que te quites el calzón y te tiendas boca abajo, si no, inmediatamente mandaré que te corten la cabeza! ¡Ven en seguida, ¡oh joven! y acuéstate conmigo! ¡No te arrepentirás de ello!»

Entonces, desesperado Alischar, no tuvo más remedio que obedecer. Y se desató el calzón y se echó boca abajo. En seguida Zumurrud le cogió entre sus brazos, y subiéndose encima de él, se tendió á la larga sobre la espalda de Alischar.

Cuando Alischar sintió que el rey le pesaba con aquella impetuosidad sobre su espalda, dijo para sí: «¡Va á estropearme sin remedio!» Pero pronto notó encima de él ligeramente algo suave que le acariciaba como seda ó terciopelo, algo á la vez tierno y redondo, blando y firme al tacto á la vez, y dijo para sí: «¡Ualah! Este rey tiene una piel preferible á la de todas las mujeres». Y aguardó el momento temible. Pero al cabo de una hora de estar en aquella postura sin sentir nada espantoso ni perforador, vió que el rey se separaba de pronto de él, y se echaba de espaldas á su lado. Y pensó: «¡Bendito y glorificado sea Alah, que no ha permitido que el zib se enarbolase! ¡Qué habría sido de mí en otro caso!» Y empezaba á respirar más á gusto, cuando el rey le dijo: «¡Sabe, ¡oh Alischar! que mi zib no acostumbra á encabritarse como no lo acaricien con los dedos! ¡Por lo tanto, tienes que acariciarlo, ó eres hombre muerto! ¡Vamos, venga la mano!» Y tendida de espaldas, Zumurrud le cogió la mano á Alischar, hijo de Gloria, y se la colocó suavemente sobre la redondez de su historia. Y Alischar, al tocar aquello, notó una exuberancia alta como un trono, y gruesa como un pichón, y más caliente que la garganta de un palomo, y más abrasadora que un corazón quemado por la pasión; y aquella exuberancia era lisa y blanca, y suave y amplia. Y de pronto sintió que al contacto de sus dedos se encabritaba aquello como un mulo pinchado en los hocicos, ó como un asno aguijado en mitad del lomo.

Al comprobarlo, Alischar dijo para sí, en el límite del asombro: «¡Este rey tiene hendidura! ¡Es la cosa más prodigiosa de todos los prodigios!» Y alentado por este hallazgo, que le quitaba los últimos escrúpulos, empezó á notar que el zib se le sublevaba hasta el extremo límite de la erección.

¡Y Zumurrud no aguardaba mas que aquel momento! Y de pronto se echó á reir de tal modo, que se habría caído de espaldas si no estuviera ya echada. Después le dijo á Alischar: «¿Cómo es que no conoces á tu servidora, ¡oh mi dueño amado!?» Pero Alischar todavía no lo entendía, y preguntó: «¿Qué servidora ni qué dueño, ¡oh rey del tiempo!?» Ella contestó: «¡Oh Alischar, soy Zumurrud tu esclava! ¿No me conoces en todas estas señas?»

Al oir tales palabras, Alischar miró más atentamente al rey, y conoció á su amada Zumurrud. Y la cogió en brazos y la besó con los mayores transportes de alegría. Y Zumurrud le preguntó: «¿Opondrás todavía resistencia?» Y Alischar, por toda respuesta, se echó encima de ella como el león sobre la oveja, y reconociendo el camino, metió el palo del pastor en el saco de provisiones, y echó adelante sin importarle lo estrecho del sendero. Y llegado al término del camino, permaneció largo tiempo tieso y rígido, como portero de aquella puerta é imán de aquel mihrab. Y ella, por su parte, no se separaba ni un dedo de él, y con él se alzaba, y se arrodillaba, y rodaba, y se erguía, y jadeaba, siguiendo el movimiento. Y al amor respondía el amor, y á un arrebato un segundo arrebato, y diversas caricias y distintos juegos. Y se contestaban con tales suspiros y gritos, que los dos pequeños eunucos, atraídos por el ruido, levantaron el tapiz para ver si el rey necesitaba sus servicios. Y ante sus ojos espantados apareció el espectáculo de su rey tendido de espaldas, con el joven cubriéndole íntimamente, en diversas posturas agitadas, contestando á ronquidos con ronquidos, á los asaltos con lanzazos, á las incrustaciones con golpes de cincel, y á los movimientos con sacudidas.

Al ver aquello, los dos eunucos...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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PERO CUANDO LLEGÓ LA 331.ª NOCHE

Ella dijo:

...Al ver aquello, los dos eunucos se apresuraron á alejarse silenciosamente, diciendo: «¡La verdad es que esta manera de obrar del rey no es propia de un hombre, sino de una mujer delirante!» Pero se guardaron muy bien de propalar el secreto.

Por la mañana, Zumurrud se puso su traje regio, y mandó reunir en el patio principal de palacio á sus visires, chambelanes, consejeros, emires, jefes de ejército y personajes notables de la ciudad, y les dijo: «Os permito á vosotros todos, mis súbditos fieles, que vayáis hoy mismo á la carretera en que me habéis encontrado y busquéis á alguien á quien nombrar rey en mi lugar. ¡Pues he resuelto abdicar la realeza é irme á vivir al país de este joven, al cual he elegido por amigo para toda la vida, pues quiero consagrarle todas mis horas, como le he consagrado mi afecto! ¡Uasalam!»

Á estas palabras, los circunstantes contestaron oyendo y obedeciendo, y los esclavos se apresuraron, rivalizando en celo, á hacer los preparativos de marcha, y llenaron para el camino cajones y cajones de provisiones, de riquezas, de alhajas, de ropas, de cosas suntuosas, de oro y de plata, y las cargaron en mulos y camellos. Y en cuanto estuvo todo dispuesto, Zumurrud y Alischar subieron á un palanquín de terciopelo y brocado colocado en un dromedario, y sin más séquito que los dos eunucos volvieron al Khorasán, la ciudad en que se encontraban su casa y sus parientes. Y llegaron con toda felicidad. Y Alischar, hijo de Gloria, no dejó de repartir grandes limosnas á los pobres, las viudas y los huérfanos, ni de entregar regalos extraordinarios á sus amigos, conocidos y vecinos. Y ambos vivieron muchos años, con muchos hijos que les otorgó el Donador. ¡Y llegaron al límite de las alegrías y felicidades, hasta que los visitó la Destructora de placeres y la Separadora de los amantes! ¡Gloria á Aquel que permanece en su eternidad! ¡Y bendito sea Alah en todas ocasiones!

Pero--prosiguió Schahrazada dirigiéndose al rey Schahriar--no creas ni un momento que esta historia sea más deliciosa que la HISTORIA DE LAS SEIS JÓVENES DE DISTINTOS COLORES. ¡Y si sus versos no son mucho más admirables que los que ya has oído, mándame cortar la cabeza sin demora!

* * * * *

Y dijo Schahrazada

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INDICE

_Páginas_

_Dedicatoria_ VII

HISTORIA DE LA DOCTA SIMPATÍA ( CONTINUACIÓN ) 9-32

AVENTURAS DEL POETA ABU-NOWAS 33-44

HISTORIA DE SINDBAD EL MARINO 45-178

que contiene:

LA PRIMERA HISTORIA DE LAS HISTORIAS DE SINDBAD EL MARINO, QUE TRATA DEL PRIMER VIAJE 53-71

LA SEGUNDA HISTORIA DE LAS HISTORIAS DE SINDBAD EL MARINO, QUE TRATA DEL SEGUNDO VIAJE 72-88