El libro de las mil noches y una noche; t. 8
Part 10
Yo me apresuré á poner en orden definitivo mis asuntos, almacené mis magníficas mercaderías, encerré mis riquezas, y pude por fin recibir en paz las felicitaciones de mis parientes y amigos, que calculando el tiempo que estuve ausente, vieron que este séptimo y último viaje mío había durado exactamente veintisiete años desde el principio hasta el fin. Y les conté con pormenores mis aventuras durante esta larga ausencia, é hice el voto, que cumplo escrupulosamente, como veis, de no emprender en toda mi vida ningún otro viaje ni por mar ni por tierra. Y no dejé de dar gracias al Altísimo que tantas veces, á pesar de mis reincidencias, me libró de tantos peligros y me reintegró entre mi familia y mis amigos.»
* * * * *
Cuando Sindbad el Marino terminó de esta suerte su relato entre los convidados silenciosos y maravillados, se volvió hacia Sindbad el Cargador y le dijo: «Ahora, Sindbad terrestre, considera los trabajos que pasé y las dificultades que vencí, gracias á Alah, y dime si tu suerte de cargador no ha sido mucho más favorable para una vida tranquila que la que me impuso el Destino. Verdad es que sigues pobre y yo adquirí riquezas incalculables; pero ¿no es verdad también que á cada uno de nosotros se le retribuyó según su esfuerzo?» Al oir estas palabras, Sindbad el Cargador fué á besar la mano de Sindbad el Marino, y le dijo: «¡Por Alah sobre ti, ¡oh mi amo! perdona lo inconveniente de mi canción!»
Entonces Sindbad el Marino mandó poner el mantel para sus convidados, y les dió un festín que duró treinta noches. Y después quiso tener á su lado, como mayordomo de su casa, á Sindbad el Cargador. Y ambos vivieron en amistad perfecta y en el límite de la satisfacción, hasta que fué á visitarlos aquella que hace desvanecerse las delicias, rompe las amistades, destruye los palacios y levanta las tumbas, la amarga muerte. ¡Gloria al Eterno, que no muere jamás!»
Cuando Schahrazada, la hija del visir, acabó de contar la historia de Sindbad el Marino, sintióse un tanto fatigada, y como veía acercarse la mañana y no quería, por su discreción habitual, abusar del permiso concedido, se calló sonriendo.
Entonces la pequeña Doniazada, que maravillada y con los ojos muy abiertos había oído la historia pasmosa, se levantó de la alfombra en que estaba acurrucada, y corrió á abrazar á su hermana, diciéndole: «¡Oh Schahrazada, hermana mía! ¡cuán suaves, y puras, y gratas, y deliciosas para el paladar, y cuán sabrosas en su frescura, son tus palabras! ¡Y qué terrible, y prodigioso, y temerario era Sindbad el Marino!»
Y Schahrazada sonrió y dijo: «¡Sí, hermana mía; pero eso no es nada comparado con lo que os contaré á los dos la próxima noche, si vivo todavía por la gracia de Alah y la voluntad del rey!»
Y el rey Schahriar, que había encontrado los viajes de Sindbad mucho más largos que el que él había hecho con su hermano Schahzamán por la pradera al borde del mar, cuando se les apareció el genni cargado con el cajón, se volvió hacia Schahrazada y le dijo: «¡Verdaderamente, Schahrazada, no sé qué más historias me podrás contar! ¡De todos modos, quiero una que esté repleta de poemas! ¡Ya me la habías prometido, y parece que olvides que, si difieres más el cumplimiento de tu promesa, tu cabeza irá á juntarse con las cabezas de tus antecesoras!» Y Schahrazada dijo: «¡Sobre mis ojos! Precisamente la que te reservo, ¡oh rey afortunado! te satisfará por completo, y en verdad que es mucho más agradable que las que has oído. Puedes juzgar por el título, que es: HISTORIA DE LA BELLA ZUMURRUD[3] Y ALISCHAR, HIJO DE GLORIA.
Entonces el rey Schahriar dijo para sí: «¡No la mataré hasta después!» Y la cogió en brazos y pasó con ella el resto de la noche.
Por la mañana salió y se fué á la sala de justicia. Y el diván se llenó con la muchedumbre de visires, emires, chambelanes, guardias y gente de palacio. Y el último que entró fué el gran visir, padre de Schahrazada, que llevaba debajo del brazo el sudario destinado á su hija, á la cual creía aquella vez muerta de veras; pero el rey no le dijo nada de tal asunto, y siguió juzgando y nombrando para los empleos, y destituyendo, y gobernando, y despachando los asuntos pendientes hasta terminar el día. Luego se levantó el diván, y el rey volvió á palacio, mientras el gran visir seguía perplejo y en el límite extremo del asombro.
Y cuando fué de noche, el rey penetró en la habitación de Schahrazada é hicieron juntos lo que solían.
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Y ESTANDO EN LA 316.ª NOCHE
Concluída la cosa entre el rey y Schahrazada, la pequeña Doniazada exclamó desde el lugar en que estaba acurrucada:
«¡Te ruego, hermana, me digas á qué esperas para empezar la historia prometida de la bella Zumurrud y Alischar, hijo de Gloria!»
Y contestó Schahrazada sonriendo: «¡No espero mas que la venia de este rey bien educado y dotado de buenos modales!» Entonces contestó el rey Schahriar: «¡Concedida!»
* * * * *
Y dijo Schahrazada:
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Historia de la bella Zumurrud y Alischar, hijo de Gloria
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Se cuenta que en la antigüedad del tiempo, en lo pasado de la edad y del momento, había en el país del Khorasán un mercader muy rico que se llamaba Gloria, y tenía un hijo llamado Alischar y hermoso como la luna llena.
Y un día el rico mercader Gloria, ya de muy avanzada edad, se sintió atacado de mortal dolencia. Y llamó á su hijo junto á sí y le dijo: «¡Oh hijo mío! Como está muy próximo el término de mi destino, deseo hacerte un encargo.» Muy apesadumbrado, dijo Alischar: «¿Y cuál es, ¡oh padre mío!?» El mercader Gloria le dijo: «He de encargarte que no te crees nunca relaciones ni frecuentes la sociedad, porque el mundo se puede comparar á un herrero: si no te quema con el fuego de la fragua, ó no te saca un ojo ó los dos con las chispas del yunque, seguramente te ahogará con el humo. Y además, ha dicho el poeta:
_¡Ilusión! ¡No creas que, cuando el Destino te traicione, encontrarás amigos de corazón fiel en tu camino negro!_
_¡Oh soledad! ¡Cara soledad bendita, al que te cultiva enseñas la fuerza que no se desvía y el arte de no fiarse mas que de sí mismo!_
»Otro dijo:
_¡Si lo examina tu atención, verás que el mundo es nefasto por sus dos caras: una la constituye la hipocresía, y la otra la traición!_
»Otro dijo:
_¡En futilidades, tonterías y frases absurdas suele consistir el dominio del mundo! ¡Pero si el Destino coloca en tu camino un ser excepcional, trátale con frecuencia sólo para mejorarte!_
Cuando el joven Alischar oyó estas palabras de su padre moribundo, contestó: «¡Oh padre mío, te escucho para obedecerte! ¿Qué más me aconsejas?» Y dijo Gloria el mercader: «Haz bien, si puedes. Y no esperes que te recompensen con la gratitud ó con un bien parecido. ¡Oh hijo mío! ¡Desgraciadamente, no todos los días hay ocasión de hacer el bien!» Y Alischar respondió: «¡Escucho y obedezco! ¿Son esos todos tus encargos?» Gloria el mercader dijo: «No derroches las riquezas que te dejo; sólo te considerarán con arreglo al poder que tengas en la mano. Y ha dicho el poeta:
_¡Cuando yo era pobre, no tenía amigos; y ahora pululan á mi puerta y me quitan el apetito!_
_¡Oh! ¡Á cuántos feroces enemigos les domó mi riqueza, y cuántos enemigos tendría si mi riqueza disminuyese!_»
Después prosiguió el anciano: «No descuides los consejos de la gente de experiencia, ni creas inútil pedir consejo á quien pueda dártelo, pues el poeta ha dicho:
_¡Junta tu idea con la idea del consejero, para asegurar mejor el resultado! ¡Cuando quieras mirarte el rostro, te bastará con un espejo; pero si quieres mirarte el trasero obscuro, no podrás verlo mas que con la combinación de dos espejos!_
»Además, hijo mío, tengo que darte un último consejo: ¡huye del vino! Es causa de todos los males. Te expones á perder la razón y á ser objeto de befa y de desdén.
»Tales son mis encargos en el umbral de la muerte. ¡Oh hijo mío, acuérdate de mis palabras! Sé un hijo excelente, y acompáñete mi bendición toda la vida.»
Y tras de hablar así el anciano mercader Gloria, cerró un momento los ojos y se recogió. Luego levantó el índice hasta la altura de los ojos y pronunció su acto de fe. Después de lo cual falleció en la misericordia del Altísimo.
Fué llorado por su hijo y por toda su familia, y le hicieron funerales, á los cuales asistieron los más altos y los más bajos, los más ricos y los más pobres. Y cuando se le enterró, inscribieron estos versos en la losa de su tumba:
_¡Nací del polvo, al polvo vuelvo y polvo soy! ¡Es como si no hubiera vivido nunca!_
Hasta aquí en cuanto al mercader Gloria. Ocupémonos ahora de Alischar, hijo de Gloria.
Muerto su padre, siguió Alischar comerciando en la tienda principal del zoco, y cumplió á conciencia los encargos paternales, especialmente en lo que se refería á sus relaciones con los demás. Pero al cabo de un año y un día, que transcurrieron con exactitud hora tras hora, se dejó tentar por jóvenes pérfidos, hijos de zorra, adulterinos sin vergüenza. Y alternó hasta el frenesí con ellos, y conoció á sus astutas madres y hermanas, hijas de perro. Y se sumergió hasta el cuello en el libertinaje, y nadó en el vino y en el despilfarro, caminando por vía bien opuesta al camino recto. Porque, como no estaba á la sazón sano de espíritu, se hacía este menguado razonamiento: «Ya que mi padre me ha dejado todas sus riquezas, me conviene utilizarlas para que no las hereden otros. Y quiero aprovechar el momento y el placer que pasan, pues no he de vivir dos veces.»
Y le pareció tan bien este razonamiento, y siguió Alischar juntando con tanta regularidad la noche y el día por sus extremos, sin escatimar ningún exceso, que pronto vióse reducido á vender la tienda, la casa, los muebles y hasta la ropa, y no le quedó mas que lo que llevaba encima.
Entonces pudo ver claro y evidente cómo había procedido, y cerciorarse de la excelencia de los consejos de su padre Gloria. Todos los amigos á quienes trató con fastuosidad antes, y á cuya puerta fué á llamar sucesivamente, encontraron algún motivo para despedirle. Así es que, reducido al límite extremo de la miseria, se vió obligado, un día en que no había comido nada desde la víspera, á salir del miserable khan en que se alojaba, y á mendigar de puerta en puerta por las calles.
De este modo llegó á la plaza del mercado, en la cual vió una gran muchedumbre formando corro. Quiso acercarse para averiguar lo que ocurría, y en medio del círculo formado por mercaderes, corredores y compradores, vió...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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PERO CUANDO LLEGÓ LA 317.ª NOCHE
Ella dijo:
...en medio del círculo formado por mercaderes, corredores y compradores, vió á una joven esclava blanca, de elegante y delicioso aspecto, con una estatura de cinco palmos, con rosas por mejillas, pechos bien sentados, y ¡qué trasero! Sin temor á engañarse, se le podrían aplicar estos versos del poeta:
_¡Ha salido sin defecto del molde de la Belleza! ¡Sus proporciones son admirables: ni muy alta ni muy baja; ni muy gruesa ni muy flaca; y redondeces por todas partes!_
_¡Así es que la misma Belleza se enamoró de su imagen, realzada por el ligero velo que sombreaba sus facciones modestas y altivas á la vez!_
_¡La luna es su rostro; la rama flexible que ondula, su cintura; y su aliento, el suave perfume del almizcle!_
_¡Parece formada de perlas líquidas; porque sus miembros son tan lisos, que reflejan la luna de su rostro, y también parecen formados por lunas!_
_Pero ¿dónde está la lengua que pudiera describir el milagro de claridad que constituye su trasero brillante?_...
Cuando Alischar dirigió sus miradas á la hermosa joven, quedó extremadamente maravillado, y ya fuese que permaneciera inmóvil de admiración, ya que quisiera olvidar por un momento su miseria con el espectáculo de la belleza, el caso fué que se metió entre la muchedumbre reunida que preparábase á la venta. Y los mercaderes y corredores que por allí se hallaban, é ignoraban aún la ruina del joven, supusieron que había ido á comprar la esclava, pues sabían que era muy rico por la herencia de su padre, el síndico Gloria.
Pero pronto se puso al lado de la esclava el jefe de los corredores, y por encima de las cabezas agrupadas, exclamó: «¡Oh mercaderes, dueños de riquezas, ciudadanos ó habitantes libres del desierto, el que abre la puerta de la subasta no ha de incurrir en censura! ¡He aquí ante vosotros la soberana de todas las lunas, la perla de las perlas, la virgen llena de pudor, la noble Zumurrud, incitadora de todos los deseos y jardín de todas las flores! ¡Abrid la subasta, ¡oh circunstantes! ¡Nadie censurará á quien abra la subasta! ¡He aquí ante vosotros á la soberana de todas las lunas, á la pudorosa virgen Zumurrud, jardín de todas las flores!»
En seguida uno de los mercaderes gritó: «¡Abro la subasta con quinientos dinares!» Otro dijo: «¡Diez más!» Entonces gritó un viejo deforme y asqueroso, de ojos azules y bizcos, que se llamaba Rachideddín: «!Cien más!» Pero dijo una voz: «¡Diez más todavía!» En aquel momento, el viejo de ojos azules y feos pujó mucho de pronto, gritando: «¡Mil dinares!»
Entonces los demás compradores encarcelaron su lengua y guardaron silencio. Y el pregonero se volvió hacia el dueño de la esclava joven y le preguntó si le convenía el precio ofrecido por el viejo y si había que cerrar el trato. Y el dueño de la esclava respondió: «¡Conforme! Pero antes tiene que consentir mi esclava también, pues le he jurado no cederla mas que al comprador que le guste. Por consiguiente, has de pedirle el consentimiento, ¡oh corredor!» Y el corredor se acercó á la hermosa Zumurrud, y le dijo: «¡Oh soberana de las lunas! ¿quieres pertenecer á ese venerable anciano, el jeique Rachideddín?»
Al oír estas palabras, la hermosa Zumurrud dirigió una mirada al individuo que le indicaba el corredor, y le encontró tal como acabamos de describirle. Y apartóse con un ademán de repugnancia, y exclamó: «¿No conoces, ¡oh jefe corredor! lo que decía un poeta viejo, aunque no tan repulsivo como éste? Pues escucha:
_Le pedí un beso. Ella me miró. ¡Y su mirada no fué de odio ni de desdén, sino de indiferencia!_
_¡Sin embargo, sabía que yo era rico y considerado! Pasó, y cayeron de un pliegue de su boca estas palabras:_
«_¡No me agradan las canas; no me gusta poner entre mis labios algodón mojado!_»
Al oir estos versos, dijo el corredor á Zumurrud: «¡Por Alah! ¡Razón tienes para rechazarle! ¡Además, mil dinares no son bastante precio! ¡En mi opinión, vales diez mil!» Volvióse luego hacia la multitud de compradores y preguntó si no deseaba otro á la esclava por el precio ya ofrecido. Entonces se acercó un mercader y dijo: «¡Yo!» Y la hermosa Zumurrud le miró, y vió que no era asqueroso como el viejo Rachideddín, y que sus ojos no eran azules ni bizcos; pero notó que se teñía de colorado la barba, á fin de parecer más joven de lo que era. Entonces exclamó: «¡Qué vergüenza enrojecer y ennegrecer así la faz de la ancianidad!» É inmediatamente improvisó estos versos:
_¡Oh tú que estás enamorado de mi cintura y de mi rostro, no lograrás atraer mis miradas por mucho que te disfraces con colores ajenos!_
_¡Tiñes de oprobio tus canas, sin lograr ocultar tus defectos!_
_¡Cambias de barba como cambias de cara, y te conviertes en tal espantajo, que si te mirase una mujer preñada, abortaría!_
Oídos estos versos por el jefe de los corredores, le dijo á Zumurrud: «¡Por Alah! ¡La verdad está contigo!» Pero como no fué aceptada la segunda proposición, se adelantó un tercer mercader y dijo al corredor: «Ofrezco el mismo precio. ¡Pregúntale si me acepta!» Y el corredor interrogó á la hermosa joven, que miró entonces al hombre consabido. Y vió que era tuerto, y se echó á reír, diciendo: «¿No sabes, ¡oh corredor! las frases del poeta acerca del tuerto? Pues óyelas:
_¡Créeme, amigo: no seas nunca compañero de un tuerto, y desconfía de sus embustes y de su falsedad!_
_¡Tan poco se ganará tratándole, que Alah cuidó de sacarle un ojo para que inspirara desconfianza!_»
Entonces el corredor le indicó un cuarto comprador, y le preguntó: «¿Quieres á éste?» Zumurrud lo examinó, y vió que era un hombrecillo chico, con una barba que le llegaba al ombligo, y dijo en seguida: «¡En cuanto á ese barbudillo, mira cómo lo describe el poeta:
_¡Tiene una barba prodigiosa, que es planta inútil y molesta, triste como una noche de invierno, larga, fría y obscura!_»
Cuando el corredor vió que no aceptaba á ninguno de los que espontáneamente brindábanse á comprarla, dijo á Zumurrud: «¡Oh mi señora! mira á todos esos mercaderes y nobles compradores, y dime cuál tiene la suerte de gustarte, para que te ofrezca á él en venta.»
Entonces la hermosa joven miró uno por uno con la mayor atención á todos los circunstantes, y acabó por fijar su mirada en Alischar, hijo de Gloria. Y el aspecto del joven la inflamó súbitamente con el amor más violento, porque Alischar, hijo de Gloria, era en verdad de una belleza extraordinaria, y nadie le podía ver sin sentirse inclinado hacia él con ardor. Así es que la joven Zumurrud se apresuró á señalárselo al corredor, y dijo: «|Oh corredor! quiero á ese joven de rostro gentil y cintura ondulante, pues le encuentro delicioso y de sangre simpática, más ligera que la brisa del Norte; y de él dijo el poeta:
_¡Oh jovencillo! ¿Cómo te olvidarán los que hayan visto tu belleza?_
_¡Dejen de mirarte quienes deploran los tormentos con que llenas el corazón!_
_¡Los que quieran preservarse de tus encantos peligrosos, cubran con un velo tu hechicera cara!_
»Y también de él dijo otro poeta:
_¡Oh señor mío, compréndelo! ¿Cómo no amarte? ¿No es esbelta tu cintura y combados tus riñones?_
_¡Compréndelo, ¡oh señor mío! ¿No es patrimonio de sabios, de gente exquisita y de espíritus delicados el amor á cosas tales?_
»Un tercer poeta ha dicho:
_¡Sus mejillas están llenas y lisas; su saliva, leche dulce al beberla, es un remedio para las enfermedades; su mirada hace soñar á los prosistas y á los poetas, y sus proporciones dejan perplejos á los arquitectos!_
»Otro ha dicho:
_¡El licor de sus labios es un vino enervante; su aliento tiene el perfume del ámbar y sus dientes son granos de alcanfor!_
_¡Por eso Raduán, guardián del Paraíso, le rogó que se fuera, temeroso de que sedujese á las huríes!_
_¡La gente tosca y de entendimiento torpe deplora sus gestos y su conducta! ¡Como si la luna no fuera bella en todos sus cuartos, como si su marcha no fuera armoniosa en todas las partes del cielo!_
»Otro poeta ha dicho también:
_¡Por fin consintió en conceder una cita ese cervatillo de cabellera rizada, de mejillas llenas de rosas y mirada encantadora! ¡Y aquí estoy, puntual, con el corazón alborotado y el mirar anhelante!_
_¡Me prometió esa cita, cerrando los ojos para decirme que sí! Pero si sus párpados están cerrados, ¿cómo podrán cumplir su promesa?_
»Dijo de él otro, por último:
_Tengo amigos poco sagaces, que me han preguntado: «¿Cómo puedes querer apasionadamente á un joven cuyas mejillas sombrea ya un bozo tan fuerte?»_
_Yo les dije: «¡Cuán grande es vuestra ignorancia! ¡Los frutos del jardín del Edén se cogieron en sus hermosas mejillas! ¿Cómo hubieran podido dar esas mejillas tan hermosos frutos, si no fueran ya frondosas?»_
Maravilladísimo quedó el corredor al advertir tanto talento en esclava tan joven, y expresó su asombro al propietario, que le dijo: «Comprendo que te pasmen tanta belleza y tan agudo ingenio. Pero sabe que esta milagrosa adolescente, que avergüenza á los astros y al sol, no se contenta con conocer los poetas más delicados y complicados, ni con ser una constructora de estrofas, sino que además sabe escribir con siete plumas los siete caracteres diferentes, y sus manos son más preciosas que todo un tesoro. Conoce, en efecto, el arte del bordado y de tejer la seda, y toda alfombra ó cortinaje que sale de sus manos se tasa en el zoco á cincuenta dinares. Observa también que en ocho días tiene tiempo sobrado para terminar la alfombra más hermosa ó el más suntuoso cortinaje. ¡De modo que, sin duda alguna, quien la compre habrá recuperado á los pocos meses su dinero!»
Oídas estas palabras, el corredor levantó los brazos admirado, y exclamó: «¡Oh, dichoso aquel que tenga esta perla en su morada, y la conserve como el tesoro más oculto!» Y se acercó á Alischar, hijo de Gloria, señalado por la joven, se inclinó ante él hasta el suelo, le cogió la mano y se la besó, y luego le dijo...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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PERO CUANDO LLEGÓ LA 319.ª NOCHE
Ella dijo:
...se inclinó ante él hasta el suelo, le cogió la mano y se la besó, y luego le dijo: «¡En verdad, ¡oh mi señor! que es mucha tu suerte al poder comprar este tesoro por la centésima parte de su valor, y el Donador no te ha escatimado sus dones! ¡Tráigate, pues, esta joven la felicidad!»
Al oir estas palabras, Alischar bajó la cabeza, y no pudo dejar de reírse interiormente de la ironía del Destino, y dijo para sí: «¡Por Alah! ¡No tengo con qué comprar un pedazo de pan, y me creen bastante rico para adquirir esta esclava! ¡De todos modos, no diré que sí ni que no, para no cubrirme de vergüenza delante de todos los mercaderes!» Y bajó la vista y no dijo palabra.
Como no se movía, Zumurrud le miró para alentarle á la compra; pero él seguía con los ojos bajos y sin verla. Entonces ella dijo al corredor: «Cógeme de la mano y llévame junto á él, que quiero hablarle personalmente y determinarle á que me compre, pues he resuelto pertenecer á él sólo, y no á otro.» Y el corredor la cogió de la mano y la llevó junto á Alischar, hijo de Gloria.
La joven se quedó de pie, alardeando de su belleza, delante del mozo, y le dijo: «¡Oh amado dueño mío! ¡oh joven que haces arder mis entrañas! ¿Por qué no ofreces el precio de compra? ¿Ó por qué no calculas tú el valor que te parezca más equitativo? ¡Quiero ser tu esclava á cualquier precio!» Alischar levantó la cabeza, meneándola con tristeza, y dijo: «La venta y la compra nunca son obligatorias.» Zumurrud exclamó: «¡Ya veo, ¡oh dueño muy amado! que encuentras muy alto el precio de mil dinares! ¡No ofrezcas mas que novecientos, y te pertenezco!» Bajó Alischar la cabeza, y nada contestó. Ella dijo: «¡Cómprame entonces por ochocientos!» El bajó la cabeza. Ella añadió: «¡Por setecientos!» Y él bajó otra vez la cabeza. Zumurrud siguió rebajando hasta que le dijo: «¡Sólo por cien dinares!» Entonces le dijo: «¡Ni siquiera tengo los cien dinares completos!» Ella se echó á reír, y le dijo: «¿Cuánto te falta para reunir la cantidad de cien dinares? Pues si hoy no los tienes todos, ya pagarás otro día lo que falte.» Él contestó: «¡Oh dueña mía! ¡sabe, por fin, que no tengo ni cien dinares ni uno! ¡Por Alah! No poseo ni una moneda blanca, ni una roja, ni un dinar de oro, ni un dracma de plata. De modo que no pierdas más tiempo conmigo y busca otro comprador.»