El Folk-lore Filipino (Tomo I)
Part 8
Los ilocanos señalan como caso de contagio el ponerse á la cabecera del agonizante, creyendo que al morir, se escapa del cadáver la enfermedad y se apodera de la persona, que está allí.
Mortaja. Apenas espira uno, varias viejas ó viudas, lavan con agua tibia el cadáver antes de amortajarle. La mortaja se compone de los vestidos más ricos del difunto ó los de la boda, si aún existen; en Ilocos Norte suele cambiarse tres veces durante el dia y todas las alhajas de valor se ponen en el cadáver, como postrimer adios á las cosas del mundo. Antes de bajar de la casa el cadáver, se lo viste de hábito de religioso franciscano.
Dícese que el que muere repentinamente se corrompe más pronto que los demás cadáveres. En Ilocos Norte se usa el oro, para evitar la descomposición rápida, introduciendo en la boca del cadáver una moneda ó alhaja cualquiera de aquel metal.
Es creencia que metiéndose cierta cantidad de azogue en la boca ó en el recto del cadáver, éste se levanta á perseguir á los concurrentes y cae apenas tropieza con cualquier objeto.
Visitas. El cadáver suele permanecer 24 horas en la casa mortuoria, á donde acuden á visitar los amigos del difunto.
Estos preguntan qué enfermedad causó la muerte y los de la casa refieren el asunto con todos sus pormenores, echando la culpa á alguno, pues en los pueblos ilocanos, no se muere si no por culpa de un prójimo.
Las viudas (raras veces los viudos) de la clase media é inferior suelen plañir, recitando el poema de su unión, desde sus primeras relaciones de amor hasta las últimas palabras ó encargos del difunto. Como es natural, todo el auditorio se entristece, derramando amargas lágrimas.
En las provincias ilocanas es costumbre que alguno ó alguna esté al lado del cadáver, cuidando de que las moscas no se posen en él. En algunos pueblos las parientas cercanas del difunto suelen turnar en plañir alrededor del cadáver. Los lamentos suelen ser estudiados de antemano y cantados en tono menor sui géneris. Los hay conmovedores y otros que incitan á reir, como la siguiente estrofa:
¡Ay anakko bunga! Bilbilinenka, ama; Ta no makitam ni Kal-lá Pakomustaamto komá.
Traducción:--«Ay hijo y fruto mío, te encargo que si llegas á ver á Clara (alguna que habría fallecido) le des mis expresiones.»
Este es plañido de una, que no es parienta del difunto, y que se incitó á llorar recordando la muerte de su hija Clara.
Las mujeres de los principales suelen limitarse á gemir.
Las puramente plañideras son rara avis en Ilocos y suelen ser viejas borrachas, que entonan versos capaces de volver la vida al cadáver, para acompañarlas con grandes carcajadas; como las ploratrices de los hebreos y las que hubo en Castilla en tiempos del Cid.
Funerales. Los parientes y amigos del difunto regalan velas para los funerales, y asisten al entierro.
Si es de la clase pudiente el finado ó su familia, algunos Sacerdotes le acompañan desde su casa á la iglesia, deteniéndose tres veces en el camino por los responsos. La comitiva suele ir acompañada de una ó más bandas de música.
Los acompañantes se dividen en dos grupos: de varones y mujeres. Si hay viuda, vá la última con la cara velada por el manto ó lambong y siempre llorando. En Ilocos Norte, vá rodeada de viejas.
Si se trata de pobres, los cadáveres se llevan á la Iglesia en ataudes cuadrilongos sui géneris.
Los niños muertos son conducidos por una banda de música, sin los grupos de que hablamos anteriormente.
Sus ataudes son adornados con flores de papel, singulares y curiosos.
Antes de cerrar el féretro, los hijos ó nietos del difunto besan su mano, oyéndose desconcertadas sollozos. Las viudas ó las cercanas parientas suelen prorrumpir en desesperados gritos.
Desde el día del entierro, comienza el novenario en sufragio del alma del difunto. Por la mañana las mujeres de los parientes y amigos íntimos del finado oyen misa en grupo; después van á la casa, mortuoria á orar por el alma de él y terminado el rezo, desayunan. Por la tarde vuelven á reunirse en la casa mortuoria para rezar.
El último día del novenario, que llamamos panagpamisa, se celebra con una reunión, que viene á ser una fiestecita.
Preocupaciones sobre difuntos. Las hay muchas y varían según las provincias; pero debemos advertir que las prácticas supersticiosas son en las provincias ilocanas como otras partes, propias solamente de los campesinos, siendo rarísimos los principales que las siguen.
Ilocos Norte. Al llegar la viuda ó viudo á la casa mortuoria, viniendo del cementerio, despues de la sepultura del cadáver, se le hace sentar en un rincon, de donde solo se levanta cuando vá á dormir ó á la Iglesia; y dos viejas no se separan de su lado. La viuda en esta posición, no se fija en ningún objeto, teniendo siempre la boca tapada con una mano.
Las ventanas del cuarto donde está ella, se cierran durante el novenario. En cambio, todas las puertas de la casa se abren á todas horas, para que pueda entrar la sombra del difunto, por si algun encargo tiene que comunicar á la familia.
Según una conseja general en Ilocos, el alma vuelve al mundo al tercero y noveno día de la muerte del cuerpo, para visitar los lugares, donde había estado en vida, como ya hemos dicho en el capítulo anterior. Es como una sombra, y no puede caminar en medio de la casa sino apegada á las paredes. Muchas veces abraza á los vivos por la espalda y se agarra á aquella parte; entónces, para que se largue, debe uno coger un ramo espinoso y azotarse la propia espalda.
En Ilocos Norte, se distingue mejor el alma, que sale de este mundo (cararuá), del alma ó sombra, llamada anioaás ó alaliá.
Creen allí que el hombre al morir, deja rastros de su existencia en el mundo, que los naturales llaman arariá ó anioaás (alaliá en Ilocos Súr) y es general la creencia de que esta sombra sobrevive en la tierra, lastima, mata, apaga las luces, frecuenta los lugares donde el difunto solía estar en vida; á veces toma la forma del mismo finado y suele aparecer á sus allegados. Muchos ilocanos aseguran haber visto sombras.
En Ilocos Súr, se cree que anioaás es diferente del alaliá: es como una sombra invisible que se desprende del cuerpo humano, aún vivo, que repite lo que aquel haya hecho. En Vigan á eso de las ocho de la noche íbamos á la Iglesia á escuchar lo que hacían los anioaás, cuyas pisadas, según se decía, se oian á aquella hora. Se toman por anioaás, otras veces, los fuegos fátuos.
El día siguiente al del entierro, hacen una mecha de trapo, enciéndenla y ván al rio. Aquí queman varias pajas de palay, de cuyas cenizas hacen una infusión mezclada con basi. Con esta lejía se lavan todos la cabeza.
Luego, una vieja, viuda por añadidura, agarra la cabeza de la viuda ó viudo, la sumerge y hace dar tres vueltas debajo del agua, cuya ceremonia se repite tres veces.
Después del baño, se retiran á la casa del duelo y allí toman la golosina indispensable llamada niniugan, que se confecciona de arroz pegajoso diket, y coco, sin azúcar ni nada dulce; entonces es bueno comer frutas de amargoso, para no contagiarse de la enfermedad, del difunto.
Antes de sentarse los concurrentes á la mesa, colocan un plato de niniugan en algun rincon para la sombra del finado.
En la noche del quinto día, varias viejas y viejos parientes acompañan al viudo ó viuda, guardando absoluto silencio en el camino, á cualquiera sementera, donde tengan parientes, á cuya casa suben y le hacen al viudo asomar á la ventana. Si vé algún varon, es probable que se case otra vez; y viceversa en caso contrario.
En el último día del novenario, confeccionan golosinas de diversas clases y matan vacas y cerdos (si es rica la familia). Descuartizada la res, cuando de ella nadie ha comido aún, ponen un pedazo en el plato y lo colocan en algún rincon para el difunto. Si algún pillastre hurta el contenido del plato, los de le casa creen como dogma de fé que se lo ha comido el alaliá (sombra), pues según la preocupación, el que se atreva á hurtar este manjar crudo, irremisiblemente padecerá grave enfermedad.
Una mesa, espléndida de golosinas y manjares, se pone desde el toque del Angelus; pero nadie puede sentarse á dicha mesa, sino después de las ocho de la noche y de las oraciones en sufragio del alma del finado.
Ilocos Sur. Los campesinos de esta provincia tienen prácticas análogas á éstas con pocas diferencias,
Dicen que si se detiene el ataud en la escalera, al bajar, se queda la sombra del finado internándose en el cuerpo de algún pariente. Éste pierde la razón y en él habla la sombra con la misma voz del difunto. Son los llamados maluganan (ocupados), de que hablamos en la pág. 46.
Es malo ver el ataud dentro del nicho ó al bajar á la fosa, so pena de morir dentro de poco, escepto los sepultureros.
Abra. Antes de cavar la tierra destinada á sepulcro, los encargados de esta operación, trazan una cruz en el punto señalado, rociándolo con el vino basi.
Abierto ya el hoyo é introducido el ataud, cada uno de los sepultureros echa un puñado de tierra. Morirá dentro de breves días el que no cumpla con este requisito.
Los sepultureros no pueden subir á la casa del duelo sin haberse antes lavado las manos y piés, primero con sangre de pollo blanco, luego con basi y últimamente con agua tibia.
Union. El día siguiente al del entierro, los parientes del difunto se dirigen á algún río ó mar, acompañados de una vieja, que sirve de sacerdotisa ó katalonan, como se llamaban las primitivas de Filipinas.
Ya en el río, encáranse con la parte, á donde se dirige la corriente. En esta posición, la vieja lava las cabezas de la viuda y los huérfanos con la infusión de paja quemada de palay, ó de gogo. Durante estas ceremonias, la bendita murmura una oración.
Acto seguido, se bañan todos.
Ya en casa, la sacerdotisa les sahuma con una plancha llena de plumas de gallo ó trapo. Con esta medida dicen que se quita la languidez producida por la muerte del difunto.
Concluido ésto, se dirigen al cercado de la casa y pasean por sus orillas. En estos jardines ó cercados siempre debe haber algunos plátanos ó árboles, que dan frutas comestibles. Y si encuentran un plátano, lo arrancan de raiz, después de rezar un Padre Nuestro; y si tienen frutas se las comen.
Lutos. En Ilocos Norte no visten luto los parientes del difunto, sinó sólo desde aquella hora, en que éste usa su último vestido. Entonces las viejas cubren de luto al viudo ó viuda, y solo se les ven los ojos.
En la Unión tienen esta particularidad: en el último día del novenario, después de la comida, la viuda y los huérfanos se colocan en una fila, y la vieja que sirve de pitonisa, después de rezar unas oraciones, les quita el manto, que hasta entonces llevaban desde el primer día en señal de luto. Desde aquí ya pueden usar vestidos de cualquier color, con tal que lleven colgado del cuello un liston negro.
En general, las parientas del difunto llevan mantos cerrados por delante quedando abierta solamente la parte de la cara hasta el pecho, siendo menor ó mayor la abertura, según que sea próximo ó lejano pariente el difunto.
Por término medio el luto dura un año, según sea el grado de parentesco, teniendo la viuda durante los primeros meses, que llevar el manto á donde quiera ir, aún no siendo á la Iglesia.
Entre los varones del campo es costumbre llevar mantos, si son huérfanos ó viudos.
Entre los ilocanos hay tambien lutos de alivio y medio luto.
VI
FIESTAS DE LAS AUTORIDADES
Pasemos á hablar de las tradicionales felicitaciones, con que los ilocanos agasajan á los jefes de provincia ó alcaldes mayores [47].
Acuden á festejarles por sus días ó cumpleaños todos los gobernadorcillos de la provincia.
Les acompañan sus respectivas bandas de música, graciosas pollitas (por lo regular las más bonitas del pueblo) y la principalía.
Llevan delicados regalos, consistentes muchas veces en caprichosas jaulas llenas de pájaros, palilleras, venados, dulces y mil frutas delicadas.
En la víspera de la fiesta, despues del toque de las oraciones, acude la flor y nata de la provincia á la Casa-Real, que así se llama la residencia del alcalde, para saludarle.
De grupo en grupo se presentan los pueblos con el gobernadorcillo respectivo al frente de la principalía; siendo el primero, en Vigan, el del gremio de naturales, al que suele representar un jóven elegantemente vestido á la europea, el cual pronuncia el discurso de felicitación, terminando por ceñir la frente del alcalde con una preciosa guirnalda de flores artificiales y por depositar en sus brazos una perfumada palma.
Despues de la coronación, un coro de jóvenes y niñas de voz sonora, entona un himno acompañado de orquesta ó armonium.
Sigue luego el gremio de mestizos, que siempre se distinguió por sus discursos é himnos, escritos por ilocanos instruidos; por el lujo de sus laureles y palmas, por el arte y primor con que los hacen.
Despues de las coronaciones y los cantos, suelen soltar, especialmente los mestizos, algunos globos de caprichosas formas y quemar varias piezas píricas, á las que sigue una ruidosa lluvia de cohetes.
A las nueve, se retira la principalía con las señoras sin hijas, quedándose las pollitas con sus madres para el baile, que entonces comienza entre los empleados, funcionarios y otras personas.
A las cuatro de la madrugada, las bandas de música recorren las calles de la cabecera, tocando diana, para despertar al vecindario.
Poco antes de las ocho, los gobernadorcillos con sus tenientes, alguaciles y bandas de música, se dirigen á la Casa-Real, desde donde se trasladan á la Iglesia con el alcalde y todos los funcionarios públicos de la provincia.
Oyen misa solemne y se canta el Te-Deum.
Llegada la noche, otro baile tiene lugar. Algunas veces por la tarde hay cucañas, juegos de anillo, moro-moro y otras diversiones ilocanas.
Llámese como se quiera al que pronuncia discursos escritos por otros y hablemos algo entre paréntesis de él. La presencia de ánimo suele encontrarse entre los traviesos jóvenes, de los cuales se escoge un orador. Sin embargo, varios de ellos se aturden en el acto y muchas veces se olvidan del discurso al llegar á ciertos periodos: miran entónces á los gobernadorcillos como si quisieran preguntarles algo; pierden la palabra y.... allí fué Troya: ¡Plancha! ¡calabaza! se oyen por todas partes, estallando una ruidosa tormenta de carcajadas y voces de ¡fuera! ¡¡fuera!!
No solo á los alcaldes se felicita, sinó tambien á los Obispos y provisores de la Diócesis. Recuerdo que en cierta ocasión, un orador del pueblo de Cauayan... no hizo plancha, fué más que plancha aún: ignoro quién le había enseñado aquellos exageradísimos ademanes que no parecía sinó que estaba insultando al que entónces felicitaba.
Tambien varios alumnos del Seminario de Vigan felicitan á sus superiores, pronunciando discursos. En estos casi siempre se piden... no sé cuántas semanas de vacación de aulas.
Uno de estos oradores hizo plancha precisamente en aquello de «vacaciones.»
Entonces el público le apuntó diciendo ¡vacación! ¡vacación!...
Todo esto en Ilocos Súr.
En Abra rarísimas veces se entonan himnos y en ese caso las cantoras y cantores van de Vigan. La paga suele consistir en algunas bueyes á cada individuo.
De los pueblos acuden igualmente la principalía y las indispensables pollitas á saludar al gobernador de la provincia.
En Ilocos Norte los regalos suelen consistir en finísimos tejidos de Ilocos, mantelería, pañuelos etc., etc.
Allí no faltan discursos, especialmente de los pueblos de S. Nicolás, Bacarra y la cabecera.
Acuden también á festejar al alcalde la principalía con sus bandas de música, lindas ilocanas y los graves gobernadorcillos con sus subalternos.
Bailes en la Casa-Real, comilonas en el tribunal de la cabecera y otros regocijos por todas partes, completan la fiesta. Raras veces se cantan himnos.
Los ilocanos felicitan á sus alcaldesas mayores en sus días.
Lindas babbalasang (solteras) se reunen en la casa del gobernadorcillo de cada gremio y al anochecer se dirigen á la Casa-Real.
En la sala de recepción, el gobernadorcillo presenta á la alcaldesa las señoras de la principalía que tambien ván á saludar á la señora (así se llama allí la esposa del alcalde); del bouquet ó grupo de bellezas, se adelanta una jóven y felicita á la señora con un correcto discurso.
Despues de la felicitación, las bellas ilocanas entonan himnos.
Los discursos terminan con la consabida coronación, ciñendo la frente de la alcaldesa con una guirnalda de flores artificiales y perfumadas, y depositando en sus manos una palma.
Y no sólo se felicita á los Alcaldes mayores y sus señoras, sino tambien á sus chiquitines. Los hijos (niños) de los Sres. Regidor y Marzan, jefes que fueron de Ilocos Súr, fueron pomposamente festejados en sus cumpleaños por la principalía de ambos gremios de Vigan. Dos comitivas (naturales y mestizos) de chiquillos uniformados con chaquetas, imitando á los tenientes de justicia, con sus gobernadorcillos correspondientes al frente, y acompañándoles sus respectivas bandas de música, acuden á la Casa-Real, donde uno de ellos felicita y corona al niño ó niña.
Llama la atención la soltura con que los oradorcílos pronuncian discursos en castellano.
Entre los diversos regocijos que los fernandinos dedican á sus jefes, hemos citado los globos de artísticas formas. Tal vez ellos son los que los confeccionan mejor en el Archipiélago.
Pabonar: se llama así la fiesta con que los gobernadorcillos celebran el dia que toman el baston de tales. Varían las ceremonias según los pueblos. De la Casa-Real, después de prestar juramento ante el Gobernador de la provincia, se dirigen á la Iglesia á rezar, con numerosa comitiva de tenientes y alguaciles, y banda de música. Después van á la casa del nuevo pedáneo, donde se baila, canta y come.
VII
FELICITACIÓN Á PARTICULARES
Cuando las simpáticas y hermosas ilocanas (solteras) celebran sus cumpleaños, pues allí no se celebran los días, sus pretendientes (vulgo, dongguiales) las agasajan con cartas de felicitación. Estas suelen ser dibujadas y lujosísimas, conteniendo versos acrósticos, escritos á veces con tinta dorada y letra gótica, que es la que más agrada á los indígenas.
He aquí una muestra, que me han facilitado:
Pura y risueña la aurora muestra hoy sus lábios de rosa alegrando con su hermosa faz las regiones de Flora. Entona dulce trinado el vistoso pajarillo al gran Febo, cuyo brillo anima á todo ser creado. Preciosas abren las flores su capullo peregrino á recibir el divino rocío y ricos olores. Aura suave y cariñosa acaricia los sentidos; mi corazón dá latidos, de júbilo, ¡Pepa hermosa!... Númenes bellos del Pindo, á mí voz prestad piadosos vuestro plectro ¡oh generosos! para cantar mi amor lindo, Grande es hoy, sí, mi consuelo al llegar tu natal día; y será más mi alegría cuando... nos bendiga el Cielo.»
En el capítulo siguiente veremos otras poesías ilocanas.
VIII
MÚSICA, CANTOS Y BAILES
Siento mucho no poder insertar aquí las notas sumamente curiosas y originales de los cantares ilocanos, tales son: el dal-lót, el danio, el dingli, el berso y algún otro que no recuerdo. Son de un mismo estilo y para los no acostumbrados á oirlos, parecen tener una misma música, y sin embargo, se diferencian entre sí.
La circunstancia de no estar yo en Ilocos, al escribir este libro, me priva de dar interesantísimas noticias sobre este punto, como p. ej. el curiosísimo y largo poema popular titulado Vida de Lamang; señorita, según la conseja, muy hermosa y tan cuidadosa de sus encantos, que en una sola ocasión se gastó por lavar su cabellera no sé cuantos camarines (agamang) de pajas de arroz, de cuya ceniza la infusión sirve á los ilocanos para lavar la cabellera.
Los cantos puramente ilocanos tienen algo del estilo llano y mucho del menor; parecen ayes exhalados por un corazón perdidamente enamorado. Ahora sólo ya los del campo entonan esos cantos y los del pueblo otros en idioma ilocano, pero de música europea, aunque suelen imprimir en ella alguna particularidad, especialmente en la del tono menor ó las danzas.
Son muy curiosos los cantos que se oyen en las campiñas de Ilocos: recuerdo vagamente uno que se refiere á un sujeto que fué aprehendido y le iban á azotar en el tribunal, á donde le habían llevado, cuando llegó su padre, y en vez de defenderle éste, suplicó que le azotasen. Otro empieza asi:
María, María sabong, Sabong ti lubong; Isú ti namangon Ti bandera ti taltalon.
Versión literal: María. María flor.--Flor del mundo. La que levantó--La bandera de los campos.
Hé aquí otro canto popular
Íntayon! A kuná ni mangod-odon; Nabátinsa tay karkarmamon Idiay bátogda ummindayon. Kas la ngad ubíng A no agibit [48] ket linglingayen; «Kololot baá,» kunana manen; Lumned ket tumpuar laeng. Aoan semsem Á mabati á laglagipen[#] Beam lat mabátimon Ta uray ket kukuanak, ket kuktuaka metten.
Traducción: «Vámonos!--Como dice el que vá al pueblo.--Parece haberse quedado tú karkarmá [49] frente á la casa del umindayon (ignoro su significación.)--Es como un niño que si llora, se pone melancólico. --Kololot, baá, [50] dice y se oculta, para volver á aparecer continuamente.--No queda tristeza en qué pensar; deja lo que hayas dejado, que ya soy tuyo y eres mía.»
Llámanse tapát [51], las serenatas nocturnas que los galanes dedican á sus amadas ó puramente amigas. Llevan en ellas un armonium ú orquesta compuesta de una ó dos guitarras, alguna bandurria, acordion, violin, flauta ó arpa. Después de tocar un paso-doble ó algún bailable, frente á la casa de la agasajada, uno ó dos cantan; á veces van cantarinas. Al canto sigue otra sonata, y después de dos ó tres canciones, van á otras casas á hacer lo mismo.
Tocan los ilocanos una pequeña vihuela de cinco cuerdas llamada kutibéng, advirtiendo que ya lo tenían á la llegada de los españoles, aunque la antigua debía tener forma distinta de la actual, que se parece mucho á las vihuelas europeas.
Hay varias clases de bailes en Ilocos, además de los europeos que más usan: el kinnotón, ó baile de hormigas, cuyos bailarines remedan á un atacado por muchos de estos insectos, y á un compás apresurado, se rascan todas las partes del cuerpo.
El kinnal-logóng: una pareja de hombre y mujer se colocan frente á frente; el primero no se mueve de su lugar, y la otra se acerca á él cantando ó bailando solamente, moviendo un sombrero con dos manos, como si lo ofreciese al galan; lo pasa por encima de la cabeza de éste, como intentando varias veces ponérselo. Al fin, lo hace; y ambos bailan, terminando con ésto el baile.
En las reuniones los ancianos suelen pedir que alguien cante un dal-lót ó el curioso arikenken, que es una especie de zarzuela en un acto ó baile con canto, cuya letra improvisan los actores, que son un baró (soltero) y una balasang (casadera) de la reunión.
La letra es digna de conocerse. Se compone de estrofas de ocho versos; que se conciertan entre sí, según la rima especial de los ilocanos, que ya veremos lo que es, con el siguiente estribillo:
Dal-lang ayá daldal-lut. Dal-lang ayá dumidinal-lot.
Lo trascribo, porque no sé traducirlo ni lo entiendo, á pesar de que soy ilocano; parece que no significa nada.
Doy la traducción de una letra del consabido arikenken, que me facilitó un ilocano.
Un mozo, frente á una jóven, con quien baila, canta en ilocano lo siguiente: