El Folk-lore Filipino (Tomo I)

Part 3

Chapter 34,047 wordsPublic domain

Yo creo que los ilocanos conocieron una especie de alma porque hasta ahora dicen que hay una cosa incorporal, llamada karkarmá innata al hombre; pero que se la puede perder en los bosques y jardines, y el hombre que la pierde se queda sin razón (ya sabemos que hombre sin alma es hombre sin razón) y como loco ó maniático, callado, como si estuviera pensando en una cosa muy profunda, no habiendo nada que le distraiga: abstraido. Y el que pierda su alma ó karkarmá, no tiene sombra, de modo que el karkarmá parece ser la misma sombra del hombre.

Los ilocanos cuando se retiran de un bosque ó campo exclaman: intayón, intayón (vámonos, vámonos), llamando á su karkarmá, para evitar que éste se distraiga, se quede en aquel sitio y se pierda. Cuando uno se queda loco meditabundo ó maniático, creen los ilocanos que ha perdido su karkarmá y sus parientes acuden á los curanderos, para que éstos lleven al loco á los lugares por donde haya andado y allí gritan ¡intayon, intayon!, con objeto de que el karkarmá extraviado vuelva al cuerpo del que lo ha perdido.

Hay otra razón para creer que los antiguos ilocanos conocieron una especie de alma. Es indudable que las supersticiosas creencias de los ilocanos, de hoy, que no fueron introducidas por los españoles y asiáticos, son heredadas de los antiguos ilocanos, sus ascendientes. Pues bien, hay en el día una preocupación ilocana de que los espectros (no quiero decir almas según las ideas cristianas; el alma del Catolicismo tiene nombre en el idioma ilocano, que es kararua) de los difuntos al tercero y noveno día de su muerte, visitan su casa y todos los lugares por donde hayan estado en vida. Los ahullidos de los perros, anuncian la presencia de un invisible espectro y para verlo, debemos poner legañas de perro en nuestros ojos. Este espectro se llama al-aliá, arariá y anioa-ás, en ilocano.

Además, los ilocanos aseguran que las almas de los difuntos suelen entrar en el cuerpo de algún vivo y que allí se las oye hablar con su propia voz. Me han dicho algunos campesinos que una mujer sin causa alguna cayó desvanecida, tiritando como si sintiera frío. Los presentes comprendieron que era un alma que se introdujo en el cuerpo y que deseaba hacer algún encargo: por eso, se apresuraron á cubrir con un lambong (velo de negro brillante) á la atacada, y empezaron, á hacer preguntas al alma ó almas (porque eran muchas las que entraron) y éstas contestaron con voces iguales á las que tenían en vida. Dejo á los lectores el adivinar si aquella pícara atacada, merecía palos ó era ventrílocua, ó si la credulidad de los campesinos les engañó.

De estas supersticiosas preocupaciones muy comunes en Ilocos, se deduce que los ilocanos conocieron una especie de alma, pero grosera ó absurda, esto es, que además de ser espiritual, era susceptible de caracteres materiales como la voz, su visibilidad en algunas ocasiones etc.

XI.

GINGINAMMUL Ó BABATÓ.

Son estas unas piedrecitas á las que los ilocanos atribuyen virtudes milagrosas. Su hallazgo es imposible, porque según la preocupación ilocana, se encuentran en donde no hay posibilidad de hallarlas. Se llaman babató en Ilocos Norte y ginginammul [20] en Ilocos Súr.

El corazón ó fruta embrionaria del plátano echa una piedra, que metamorfosea en un Samson al que tuviere la dicha de encontrarla. Para poseerla, debe uno situarse en su tronco por la noche, esperando que en forma de fuego la arroje la flor del plátano, al inclinarse al suelo; pero el que desee poseerla, debe armarse de valor, para hacer frente á los diablos, que indefectiblemente aparecerán á arrebatarle la piedra, y si la presencia de los demonios le infunde miedo, se volverá loco. El hombre meterá en su boca la piedra, que teniendo él, nunca se le vencerá.

--El limon tiene tambien una piedrecita milagrosa, la cual suele encontrarse en las grietas de la cáscara. El poseedor de la piedra será amado y disputado por las mujeres.

La piedra del limón es redonda y pequeñita con una mancha negra en medio, como el ojo de un pescadito. Así lo dicen, como si hubieran visto alguna.

--Las habas tienen tambien su babató, el cual aleja al poseedor de los peligros y enemigos, moviéndose cuando estamos cerca de alguna contingencia.

--El que consiga el babató del tabtabá (especie de lama), adquirirá la especial virtud de penetrar en los lugares más impenetrables, v. g. un cuarto cerrado.

--El huevo de la garza hace invisible á su poseedor.

--El babató de la anguila hace que su poseedor no pueda ser sujeto con ligaduras, pues se evade siempre que quiera.

XII.

TAGIROOT [21]

Se llaman así las yerbas amatorias, en ilocano; gayuma en tagalo.

El que adquiera la flor de la yerba llamada en ilocano pakó, será rico y amado frenéticamente por las mujeres. Parece que esta yerba no es florífera. Nos recuerda la encantadora carissia de los antiguos, a que se atribuye igual virtud.

--El que pueda adquirir la flor del kanónong, que dá el tamarindo, [22] será admirado en las peleas y guerras, pues los proyectiles no le hieren y el que intente descargarle puñetazos, garrotazos ó apedrearle, tendrá los brazos inmóviles y extendidos. En una palabra, será del todo invulnerable; pero como se ve, es imposible que un árbol produzca flores de otro de diferente especie.

Las yerbas amatorias se encuentran en el día del Viernes Santo, según los ilocanos.

--Si en el lugar, donde se enlazan las ramas de varios árboles, se encuentra una flor y debajo de ésta, allá en el suelo y en línea vertical, se halla una yerba, ésta será la deseada. A más de ella, se debe buscar otras dos de diferentes colores y con las mismas condiciones.

Las tres yerbas se ponen en un cañuto lleno de aceite de coco, que servirá de alimento á las yerbas. Con éstas se consigue el caso singular de que las mujeres se enamoren del dichoso poseedor.

--Si la yerba es la llamada aribobó, su virtud de atraer será mayor que en otro caso, pues basta pensar en enamorarnos de cierta jóven, para que ésta, por mas virtuosa que sea, llegue á declararnos su amor.

--En mi niñez tuve un amigo tinguian. Era el famoso capitan Aquino, que envenenó á muchos chiquillos. El me vendió en dos cuartos unas raices que se parecían á cabellos crespos, aseverándome, que tenían el poder de conquistar corazones.

«Para eso, me dijo, ponlas en un frasquito lleno de aceite, para que no mueran; mójalas con tu lengua antes de aplicarlas á la mujer, que te agrade. Y cuidado con comunicar este secreto á otro, porque perderían su virtud.»

Á pesar de este encargo, se lo dije á nuestros criados, los cuales me aconsejaron arrojarlas, diciéndo que el tinguian trataba de envenenarme.

No hubo tan mala intención: los chiquillos de mi amistad me las pidieron y aplicaron á una vendedora de golosinas, que.... la emprendió con ellos á bofetadas.

--El humo de cigarrillo, rociado con aceite de coco que tiene un solo ojo, tambien atrae el amor de las babbalasang. Llaman ojos de coco los ilocanos, los agujeros, que tienen las frutas de dicha palma en la parte superior.

XIII.

CURANDEROS TEOMANIACOS, ADIVINOS ETC.

Los ilocanos tienen curanderos supersticiosos, denominados maibangbangon, mango-odon y amigos de los sangkabagí; á los llamados mannuma (tauak en tagalo) que dicen haber nacido en un mismo día que una culebra y por esta sola circunstancia son respetados y temidos por los reptiles y tienen poder para curar por medio de piedras milagrosas las mordeduras de las culebras y son obedecidos cuando llaman con un silbido á todos los reptiles del lugar donde ocurra la desgracia; y además, nosotros los ilocanos tenemos á los adivinos llamados mammadlés ó mannilao.

Para averiguar quién ha encontrado ó hurtado un objeto perdido, se hace mascar arroz á aquellos, sobre quienes recaigan sospechas. Y mascado ya, que lo arrojen. El que haya mascado arroz, que ha salido amarillo, será el autor del hurto.

--Hay otras muchas maneras de averiguar quién es el ladron de las cosas perdidas. Se escriben separadamente los nombres de los sospechosos en varios papelitos. Estos se ponen en una olla de agua hirviente; se enciende una vela bendita y se rezan unos credos. Al final de estas ceremonias, se examinan los papelitos, en los cuales desaparecerán los nombres escritos, excepto el del ladron. [23]

--En Ilocos abundan taos que dicen saber adivinar quién es el ladron y el lugar donde se encuentran las cosas perdidas.

Parece probable que no hubo en Ilocos Mangasalat, pues allí se dice que las yerbas, piedras ú otros objetos amatorios no se confeccionan ó se hacen, sino que por su naturaleza misma son maravillosos, á diferencia de lo que la historia de Filipinas dice del Mangasalat.

XIV.

COSMOGONÍA

Tenemos los indígenas una tradición, que en ninguna crónica hallé escrita y que sin embargo ningun ilocano ignora; según ella, en un principio, ó sea antes de la creación del cielo, de la tierra y del mar (no digo del hombre, pues según dicha tradición, el hombre existió antes que el cielo etc.) había un gigante llamado Angngaló--¿sería el citado por los PP. Buzeta y Bravo?--de formidables proporciones. Figúrese el lector que de pié tocaba su cabeza en el cielo y con un paso venía de Vígan á Manila, es decir, salvando cosa de setenta y una leguas.

Angngaló cavó el suelo que antes era plano, y las tierras que extrajo son hoy los montes, siendo las colinas las tierras que caían de los agujeros que formaban sus dedos mal unidos.

Hecho un abismo, alivió su vejiga y formó los océanos y los mares; pero no por eso sus aguas fueron saladas como la orina. Angngaló tenía una mujer nombrada Aran, de la cual tuvo tres hijas. Estas trataban de venir á Manila, para traer sal y rogaron á su padre las trasportase. Angngaló accedió á ello; pero estando en medio del mar cayeron con sus cargas al agua y desde entonces el mar se quedó salado.

Angngaló fué tambien el que colocó la bóveda del cielo, [24] el sol y las estrellas.

Los ilocanos del campo todo lo materializan, efecto quizás de su escasa penetración, por manera que para ellos el cielo no es mas que esa bóveda azul y cóncava que nos cubre. Se figuran que la tierra no es esférica, al igual de los antiguos geógrafos; es una circunferencia plana sobre cuyos límites se levanta el cielo; y para ellos, es de extensión muchísimo mayor que la real, de modo que para que uno pudiera llegar á sus límites ó á los piés del cielo, necesitaria, desde que nace hasta su vejez, correr sin cesar en dirección al horizonte.

Según esta tradición, pues, Angngaló y Aran fueron los primeros hombres, y quizás los padres de los demás, como Adan y Eva; pero debemos advertir que en esta tradición no se menciona la creación del hombre, y que los ilocanos cuando quieren decir que aún no había nacido Fulano en tal tiempo, expresan con esta frase metafórica: estaba aún en el otro lado del mar, que viene á ser el Asia, lo cual parece indicar que según creencia antigua, los hombres vienen del extrangero como el trozo de caña arrojada por las olas á los piés del milano, de que salieron los primeros hombres, según otra tradición antigua de Filipinas, que mentan algunos historiadores. En Ilocos, cuando uno dice en broma no haber nacido de mujer, le contestan:--Entonces has salido de un trozo de caña.

En el monte de piedra, Bangbang, que hay en la bocana del Abra, hay una huella muy grande al parecer de hombre, y otra, según dicen, en la cumbre del Bul-lagao, Ilocos, ó en Cagayan, que se atribuyen á Angngaló. [25] Lo cual nos recuerda la tradicional y fabulosa Bota del Mandarín, que hay cerca de Fochow, más arriba de los puertos de Mingan. Angngaló dejó estas huellas al subir al cielo.

En Abra hay un gran subterráneo que dicen ser de Aran, y cuyo agujero llega á Cagayan, según la conseja, cual un tonel.

Angngaló fué el Criador; según la tradición ilocana, pero de órden de un Dios cuyo nombre se ignora, y no hay noticia de que fuera objeto del culto de los ilocanos, lo cual es incomprensible, puesto que según todas las demás religiones de que tengo conocimiento, todo Criador del Universo es Dios, y es acorde la creencia de que sólo la omnipotencia de un Dios es capaz de obrar tantas maravillas como las que encierra la creación.

¿O es que la actual conseja ilocana es aborto de un contubernio de ideas religiosas, de las puramente ilocanas y de las extrañas, quizás las chinas, introducidas después de la conquista?

Angngaló, por ser gigante (los mandayas de Mindanao hablan también de un gigante llamado Tagamaling) se asemeja al Atlas ú Océano filipino de los PP. Buzeta y Bravo.

Como en la conseja ilocana citada, no se menciona la filiación de Aran y Angngaló, éstos pudieron haber sido los mismos hombres, que salieran de dos cañutos expresados por el P. Colin. [26] Y por último, hemos visto que las consejas relativas á las huellas de Angngaló son semejantes á las chinas.

He aquí lo que sobre ésto me escribe el sábio Blumentritt:

«Mi muy querido amigo: acabo de recibir su muy, muy interesante artículo sobre la cosmogonía ilocana [27]. No solo las Visayas sino tambien otros pueblos de la raza malaya, dicen que los primeros hombres salieron de un trozo de caña ó bambú. Así los indígenas de las Islas de Mentawei (O. de Sumatra), los naturales de la parte SE. de Borneo (Pasir), los de Holontalo y los alfuros de la Minahassa (Célebes septentrional), los indígenas de la isla Kabroeang ó Abotean (grupo Talaur entre Célebes y Filipinas), cuentan que el primer hombre fué Hoera Boelauro (Hura Bulao). Este cortó en el monte un bejuco ó rotang, y en este bejuco halló á un hombre y una muger, de quienes proceden dichos insulares. Según la conseja, los reyes de los alfuros de la isla de Ceram traen su orígen de árboles «Waringi» (especie de balete) y otros de un cocotero. Algunas tribus de los indígenas de Amboyna ó Ambueno descienden de trozos de bambú, otras de caimanes ó anguilas. Hay tribus de alfuros de Ceram que cuentan los primeros hombres deben su existencia á la cópula del cielo y de la tierra, y los temblores son las tentativas de la tierra para restablecer dicho statu quo anterior. La misma leyenda (muchas veces solo en rudimentos) se encuentra en otros paises malayos. Los javaneses piden ó pidieron al Bopo-Koso (Padre Cielo) y á la Ibu Pratiswi (madre tierra).

«Huellas de dioses, demonios y gigantes, como las de Angngaló, se encuentran en todo el mundo y buscamos los etnólogos las leyendas que se refieren á ellas, así es que mucho agradecemos á usted su artículo, que traduciré al aleman y so publicará en una Revista científica de Austria ó de Alemania, probablemente el mes de Junio próximo. En las cercanías de Leitmeritz hay también en una piedra huellas (pero de manos) del diablo, llamadas Teufelspratze (Teufel = diablo, y Pratze = mano grande de un gigante ó pata de león ó tigre).

XV.

CONSEJAS METEOROLÓGICAS

Según mis paisanos, el rayo ó el trueno (casi son una misma cosa para ellos) es un cerdo que sale de la tierra en tiempo de tormentas. Una persona respetable y fidedigna (no digo ilustrada), me aseguró bajo palabra de honor que en una tormenta vió salir cerca del tronco de cierto árbol un cerdo blanco, que convirtiéndose en fuego ¡horror! tronó y desapareció.

En Ilocos Norte se dice que el rayo al principio es cerdo ó gallo blanco, y asegura un tao haber visto con sus propios ojos (?) un gallo blanco antes de haber descargado una chispa eléctrica sobre el tribunal del pueblo de Sarrat; el cual gallo, corriendo velozmente se convirtió en rayo, que luego redujo á cenizas el referido tribunal.

Y ¿cómo se esplica esto? ¿Una descarga eléctrica habrá quizás abrasado, reducido á cenizas y hecho desaparecer de un modo horroroso el gallo? Muchos meteorólogos aseveran que el rayo puede reducir á pavesas á su víctima; pero los ilocanos cuentan que el rayo absorve solo los sesos de sus víctimas animales, fundándose ellos en que los muertos por una descarga eléctrica no presentan otra lesión que algunos agujeros en la cabeza, y no tienen sesos.

Los ilocanos temen más al trueno que al rayo, y narran que es peligroso comer al tiempo de estallar una tormenta, porque puede que el trueno hambriento venga á arrebatarles la comida. Asimismo es peligroso para ellos montar en cualquier animal cornígero; usar alhajas de valor como oro, plata y brillantes (por esta creencia se suele encontrar en los campos muchas veces alhajas de valor, que sus dueños arrojan mientras dura la tormenta), estar debajo de los árboles y tener en la mano espejos, vidrios, cristales y metales relucientes.

Según los ilocanos, el rayo respeta el agua y teme las hojas de la caña de azúcar, y así, un hombre que esté debajo del agua ó metido en la espesura de un caña-dulzal, queda libre del rayo. Y dicen que las hojas de la caña de azúcar hieren al rayo.

Los de Ilocos Norte suelen vendar su cabeza, cuando descarga una tormenta, con palmas de coco, benditas el Domingo de Ramos, para evitar el peligro.

Es creencia entre los ilocanos que el fuego producido por el rayo y por la centella, no se puede apagar con agua, sino con vinagre. Por esto, cuando se quemó la Casa-Gobierno de Abra, todas las casas de Bangued sufrieron carencia absoluta de vinagre.

Digamos entre paréntesis que los ilocanos extraen el vinagre de la caña-dulce á diferencia de los peninsulares, que lo sacan de las uvas. El vinagre ilocano es de la clase superior que se conoce en Filipinas, y es mas fuerte que el que viene de Europa y América.

Algunas viejas ilocanas aseguran que el trueno no es mas que el ruido producido por el coche de Dios, cuando sale.

Los ilocanos atribuyen al relámpago la aparición del hongo.

Decir que fulano es «rayo» ó «víctima del rayo», es un insulto para los ilocanos y tagalos.

Las personas que por casualidad no mueran, al descargar cerca de ellos una chispa eléctrica y pierden por algunos momentos el conocimiento, dícese que solo han recibido el hedor del rayo.

--Es malo señalar con el dedo el arco-iris, pues el dedo se acortará.

--Si en el día de S. Lorenzo sopla un viento fuerte creen los ilocanos que el mártir de la parrilla está despierto, y en otro caso aseveran que está dormido.

--El fuego de San Telmo extravía á los caminantes. Aparece como si estuviese cerca y si nos aprocsimamos á él, creyendo que es luz de una casa, se aleja insensiblemente. Si en una noche nos extraviamos, debemos desnudarnos la camisa y luego volver á vestirla pero puesta revéz.

Con esto se evita el extravío, que según los ilocanos, es obra del diablo.

XVI.

PREOCUPACIONES ZOOGRÁFICAS.

El perro que mame leche humana será feroz.

--Cuando una perra pare por primera vez, cogen los cachorros y les dan de comer, y durante la comida tocan un tambor, á fin de que sepan ladrar, y les hacen tragar un escorpion, para que sean valientes. Esto se hace en Ilocos Norte.

--En Ilocos Sur, los cachorros de perra primeriza los tiran al rio, porque dicen que son buisit (termino chino que quiere decir falto de suerte buena) y acarrean á los dueños desventuras.

Los ilocanos no fuman, cuando van á pedir un perro, á fin de que no sepa cazar gallos, y al regresar á su casa después de haber conseguido algún can, dan un pellizco á cualquiera de los que encuentren en ella, sin advertencia alguna, á fin de que el perro muerda calladito.

--Tambien se prohibe fumar, cuando van á comprar vacas, á fin de que éstas no muerdan sus amarraduras.

Asimismo prohiben mascar buyo y fumar, cuando van á comprar cerdo, porque éste no mate los gallos de la casa. Y cuando llegan á la suya despues de la compra, comen y beben mucho con objeto de que el animal adquirido coma y engorde.

--Lo mismo hacen cuando van á comprar ó pedir algun gato, y luego suben á los árboles las viejas, para que el gato sepa subir y buscar ratones.

--Cuando el cerdo se sienta frente á la escalera, está maldiciendo á su dueño, y para evitar contratiempos, persiguen al animal.

--Es bueno ir á cazar el día del Viernes Santo, porque los venados son en ese día muy mansos y fáciles de coger.

--Cuando canta la lagartija ó alutiit, como llaman en nuestra tierra, llegan visitas.

--Los ratones, cucarachas y otras alimañas, que los ilocanos encuentran en las urnas de imágenes sagradas, se cree que son juguetes de Dios. Por ésto, los simples temen matarlos.

--Los ilocanos cuídanse mucho de que ninguna rana vaya á echar huevos en las tinajas de agua de beber, porque dicen que se vuelve venenosa.

--Los indígenas dicen que los gallos (no gallinas) ponen algunas veces un huevo pequeño que contiene escorpion. Esta creencia está muy generalizada aún en Europa.

--Cuando la gallina ya acabó de empollar, la sacan con las crías de la pollinera y pellizcan á los presentes, á fin de que la gallina sea brava y pueda defender á sus crias de las aves de rapiña.

--Cuando en el crepúsculo vespertino los gallos se recogen en los árboles y uno de ellos canta y nadie le contesta, dicen que este gallo maldice á su dueño y suelen en Ilocos Norte matarle enseguida, á fin de que la maldición no llegue á cumplirse.

--En la citada provincia es creencia que el gallo que tararea bajito, maldice á sus dueños, así que, cuando sucede esto, le persiguen con un palo ó sin él á fin de que no prosiga.

Cuando el buho (kul-laao en ilocano), canta alrededor de la casa, indica que los que viven en ella están cercanos á enfermar.

--Cuando algún pájaro entra por el día en una casa, temen cogerle, creyendo que los que lo hicieran, enfermarían: lo único que hacen los que viven en la casa, es cuidar de ver en qué habitaciones entra, pues creen que el que habita en aquella, en donde penetre, morirá. Esta señal, dicen, es infalible, especialmente si son pajaritos.

--Cuando un pájaro pasa, casi tocándola, por encima de nuestra cabeza y vá á posarse á un árbol muerto, anuncia la próxima defunción de algún deudo.

--La mariposa que revolotea á nuestro alrededor ó entra en la casa, es señal de que en otro lugar habrá muerto un pariente.

--La luciérnaga es la luz ó el candil del espíritu maligno.

XVII.

OTRAS SUPERSTICIONES.

El que quiera ver algún demonio debe rezar el Credo al dar las ocho de la noche y al pronunciar la resurreccion de la carne, incline su cabeza hasta casi tocar la tierra y verá entre sus piés la mar de espíritus malignos.

--Se prohibe barrer en el crepúsculo vespertino, para evitar se toque á algún ser invisible ó que éste se manche, en cuyo caso el ofendido se venga causándonos enfermedades.

--El que tiene remolino en la frente, sufrirá vientos contrarios, cuando navegue.

--El que sueña algún suceso, espera otro real contrario al que vió en sueños, como por ejemplo. Si se sueña que un enfermo ha muerto, éste no morirá.

--Es malo silbar por la noche, porque acuden fantasmas.

--El que zurza alguna ropa, de que está vestido, y no se la quite antes de hacerlo, ya nunca podrá desnudársela. Como observareis, se diferencia esta superstición ilocana de la análoga malabonesa.

--El que se muerde la lengua, sepa que de él se está hablando en otra parte.

--Cuando los de Ilocos Norte arrojan ceniza, exclaman: ¡Jesús, María y Josef! apartaos amigos, que voy á arrojar ceniza, porque temen tocar á algún espíritu maligno ó sea el consabido sangsangkabagí.

--El hijo que pone las manos en sus padres, será desgraciado y maldito.

--Cuando un ilocano está gravemente enfermo, es asistido por varios amigos ó deudos durante toda la noche, turnando; y si uno de los que están de turno, se queda dormido ó tiene muchas ganas de dormir, el paciente morirá.

--Los ilocanos para hacer el basi, vino que extraen de la caña-dulce, encierran el líquido después de preparado en una tinaja para su fermentación, y cuando después de un año abren la tinaja, prohiben ver en el acto el contenido, pués cuentan que de lo contrario se vuelve vinagre el basi. También prohiben ver, cuando abren por primera vez la tinaja, el bagon en conserva, porque, dicen, se corromperá.

--Es de mal agüero la caída de un hombre desde una casa en construcción y los ilocanos suelen deshacer lo empezado, si ocurre este suceso.