El Folk-lore Filipino (Tomo I)

Part 14

Chapter 143,894 wordsPublic domain

Pero si el enfermo tiene algún dinero, el curandero se apresura á ir á verle con su característica talega, esto es, su botiquin de mano, que se compone de mutiás (piedras milagrosas) y muchas cortezas y raices de árboles, que curan todo género de enfermedades. Las piedras sirven, además, de amuletos.

El curandero toma el pulso al doliente y al cabo de un minuto de grave meditación, augura feliz resultado y soba, compone ungüento ó brebaje, aplica sinapismos ó lo que sea conveniente á la enfermedad que se trate de combatir.

Demuestra hacer todo esto con verdadero afán, mucho cuidado y sobrada afectación de su exclusiva cencia.

Después de la operación, los de la casa le ofrecen vino y comida, ó sea el sumsuman, plato, por lo regular, de pescados asados, y el indispensable sanag (honorarios de su primera visita), sin lo cual asegura el charlatán que pasaría á él la enfermedad.

Si empeora el paciente, se vale el curandero de estremosos (léase brutales) remedios; reza, invoca á Dios y al demonio; va á la iglesia á barrer ó prestar algún servicio á los santos y después practica ceremonias supersticiosas en honor de los diuatas (dioses falsos de los visayas).

Pregunta si alguna vez el enfermo ha estado á la sombra de algún supersticioso árbol; si ha estado en algún bosque, campiña ó ribera de algún río. Si contestan que sí, como casi siempre, por lo visto, el curandero respira fuerte, como si hubiese dado con el remedio eficaz.

Ya decía yo--asevera el nuevo Hipócrates--que esta enfermedad tiene síntomas y carácter singulares. Y es claro, porque la produce una piedra ó cuña de madera que los espíritus malignos le han metido en el cuerpo, vengándose de él por ofensas que, acaso sin saberlo, les haya causado. Hay, pues, que extraer esa piedra con el butbut, ó sea emplasto de jengibre machacado.

Si este remedio no surte el efecto apetecido, el mediquilló rodea de muchos braceros el lecho del paciente y quema en ellos incienso, palma bendita ó romero. Y si con esto todavía no acaba de matar asfixiado al moribundo, coge una palma bendita y con ella procura echar del cuerpo del doliente á los espíritus maléficos, azotándole con todas sus fuerzas, en la creencia de que no los sufre el enfermo sino los espíritus como el mangkukulam. También sacude con la palma las paredes para enviar de una vez al quinto infierno á los malditos demonios.

Esto, si el curandero dá en volver daño por daño á los enemigos invisibles. Otras veces prefiere aplacar la ira de estos con estas ceremonias: cuelga de la cabecera del enfermo un huevo de gallina; mata un cerdo blanco y lo divide en dos partes: una para el curandero y otra... para el mismo; pero mientras la primera se la lleva con conocimiento de todos, la otra lo hace con amaños y embustes. La condimenta, y una voz cocida, la reparte en varios platos, y á éstos los lleva al sitio donde haya estado el doliente, para que se los coman los espíritus indignados, y en efecto... desaparecen los contenidos. Esta práctica es reminiscencia de su antigua teogonía.

Que á pesar de tantas ceremonias y de tan estupenda cencia del nuevo Dr. Sangredo, ¿murió, por fin, el enfermo?

¡Ah!... en ese caso indudablemente un asuang fué la causa de todo. Hay que buscar á ese guapo y asesinarle.

¿Y quién es él?... Un hombre ó una mujer que tiene pactos con el demonio; no entra en las iglesias y demás lugares sagrados; tiene un agujero en el sobaco que contiene aceite, maravilloso óleo que le hace volar á do quiera; cuando anda, no parece sino sacudiendo una estera (petate); sus uñas son muy largas, y su lengua horriblemente dilatada, negra y flexible como la seda. Gusta mucho de la carne humana, especialmente de la de los fetos; por eso procura lamer el vientre de alguna embarazada y con esto sólo muere ella y el asuang logrará su manjar favorito, tal es el feto. Toma las formas que quiere, la de un perro, de un gato, ave ú otro animal cualquiera.

Por la noche es cuando recorre el mundo. En las primeras horas sale á esplorar las casas, donde más tarde y mientras el mundo duerme, pueda impunemente hacer sus fechorías; coge á niños abandonados y á caminantes solitarios. A media noche deja en un rincon de la casa la mitad de su cuerpo á partir de la cintura á los piés, y la otra mitad vuela en busca del sustento diario. Si uno sorprende la ausencia del asuang y logra salar la mitad abandonada en la parte de unión, al volver éste, ya no podrá unir las dos mitades.

El tiktik, ave nocturna, anuncia con su canto la proximidad del asuang, por lo cual éste le persigue y son enemigos. En cambio, el caiman es amigo del asuang. Comparte uno con otro su presa y ambos gustan de la carne humana. Por lo regular, el asuang vive en chozas asentadas en las orillas de un río.

Los visayas suelen designar como tales á los deformes, feos y de aspecto fenomenal. ¡Y pobre del que la opinión señale como tal! Se citan asesinatos de personas inocentes. Los parientes del difunto, cuya muerte se atribuye á un asuang, suelen por la noche ir á asesinar al presunto, y dentro de las 24 horas de haberle herido, tomando cualquier pretexto, van á verle y hablar con él; sin estas ceremonias, ó van fuera del tiempo oportuno, sé curará con pasmosa prontitud.

¡Ay del presunto asuang! Aunque fuese más hermoso que Absalon y más rico que los Roschilds, nadie querrá casarse con él ni con sus hijos; todos huyen horrorizados de él; le reciben con agasajo por puro temor, pero deseando que se vaya lo más pronto posible. Si ven en su casa algun animal, creen que es el mismo asuang metamorfoseado.

El pájaro llamado en visaya bauá es un asuang trasformado en la época prehistórica, segun los visayas, los cuales temen encontrarle, no sea que les convierta en asuang, pájaro ú otra clase de animal, ó que les devore.

Las embarazadas, sobre todo, temen mucho al asuang y suponen que éste pasea por la noche alrededor de su casa, viendo de devorar el feto.

Cuando se presentan los primeros síntomas del parto, el marido se arma de bolo ó cuchillo y se coloca desnudo unas veces en el tejado repartiendo mandobles á diestro y siniestro en el aire, ó en el piso bajo del cuarto donde está dando á luz su mujer, para ahuyentar al asuang, pues desde el tejado ó desde el piso puede extender su dilatada lengua y lamer el vientre de la parturienta. Mientras tanto, los demás parientes de la familia se reparten en la casa con el mismo objeto: unos en la escalera, otros en los demás sitios por donde pueda colarse el maldito.

Y la comadrona, si no llevan farolito, cuando van á llamarla de noche, se escusa diciendo que sin luz saldría á su encuentro el asuang, para impedir que vaya á ayudar á bien parir. En una palabra, todo lo que les convenga, lo piden con pretexto del dichoso asuang.

III

Los filipinos de color son de una misma familia: la malaya. Por eso, sus facciones y costumbres, como sus teogonías y supersticiones, se parecen mucho. El muñeco del mangkukulam tagalo ó pamgango, recuerda el ban-auan del visaya. Los tagalos atribuyen la locura al mangkukulam, y los ilocanos al sangkabagí ó katatao-an. En las provincias tagalas, visayas y la Pampanga, se cometen asesinatos en las personas de los supuestos mangkukulam y asuang, y en Ilocos los mangsisibrong practican (rarísimas veces ya ahora), el panagtutuyó. El visaya conoce el sumsuman y el ilocano también, pero con algunas diferencias.

El más famoso curandero de los joloanos Panlima Arat, que según se dice, profetizaba sobre el desenlace de las enfermedades, es ni más ni menos que los baglanes de los monteses de Abra, que pretenden hacer lo mismo con predicciones tan ambiguas que sea cual fuese el resultado del mal, hallan ellos subterfugio.

En el capítulo anterior hablamos de los curanderos visayas, del mal-aire ó mal-viento á que suelen atribuir todas las enfermedades, y de las friegas que hacen para echar la causa del mal. Ahora bien, lo mismito practican los taabib de los moros filipinos. Estos atribuyen asimismo casi todas las enfermedades al dichoso mal-aire, y para que desaparezca, friegan al paciente de un modo bárbaro, no sin haberle antes suministrado algunos brebajes, cuyos componentes sólo Dios sabe.

En vez de ventosas, aplican botonazos de fuego en los desvanecimientos ó pérdidas de conocimiento, con tanta crueldad que muchos deben morir más bien por sus quemaduras que por la enfermedad que se trata de curar.

Sus medicamentos son limaduras de ciertas maderas, raices ó cortezas, cocimientos de ciertas plantas ó yerbas, emplastos, el aceite de moro ó tagulauay, medicina eficaz para las heridas y quemaduras.

Los taabib, durante la curación, suelen vivir en la casa del doliente y comer á costa de éste, y después, perciben además alguna propina, que no es mucha.

Un enfermo puede hacer que lo asistan cuantos curanderos quiera, según sus recursos; y cuando se pone malo el Sultan, todos los del lugar acuden á asistirle.

Los curanderos moros, como los demás filipinos, se hacen tales á sí mismos, aprendiendo algunos conocimientos ó prácticas y divulgando sus propios méritos con su charlatanería peculiar. Se dice, sin embargo, que los árabes han introducido en pasados siglos algunos tratados de medicina.

En mi libro Artículos Varios hablo de los curanderos tinguianes.

FILIPINISMOS

Uno de mis propósitos era publicar un diccionario hispano-filipino folk-lórico, en el que se reunieran los vocablos filipinos castellanizados y los castellanos filipinizados: y otros exclusivamente filipinos sin equivalentes en castellano, sirviéndome como base del Vocabuliario del Prof. Blumentritt, escrito en aleman, que si bien es excelente é indica en el autor conocimientos profundos en el país ó en el asunto, á pesar de no haber estado aquí; hubiera yo podido multiplicar sus términos y rectificar algunas definiciones y descripciones suyas. Pero ya digo, todo esto será para el siguiente tomo, y aquí me limito á insertar los filipinismos que se han remitido á la Exposición citada.

El verbo escuchar significa entre la gente de Manila mirar por un agujero.

Si pues: es modismo del país, con que los filipinos afirman alguna cosa, y vale tanto como las frases castellanas: es claro, ya lo creo.

No también: es otra locución filipina, que quiere decir unas veces: no hagas eso, y otras no tanto.

Los filipinos usan muchas veces y á cada paso, también, pues, porque, no más, por ejemplo: cinco no más.

¡Asi palá! esto dá á entender: ¡con que es asi!

Emprentada, significa la serenata con que les pretendientes de una dalaga la agasajan frente á su morada.

Armar un gulay, vale tanto como introducir gran embrollo y confusión.

Quiles es una especie de tartanita, hecha de bejuco, en un principio, inventada en la Capital de Ilocos Sur por un militar que se apellida Quiles.

Él siguiente refrán burlesco es de los de Manila:

«Hijo de mío, cara de otro.»

Muchas veces se llama tranvias á las mujeres públicas.

Estar de sobrefalta: estar para suplir alguna falta, por la que se admite, aunque indignamente, otra persona sólo por necesidad.

REFRANES FILIPINOS TRADUCIDOS

Los gobernadorcillos son esclavos del pueblo.

--No metas tu cuchara sucia: esta locución equivale á esta otra castellana «no te metas en camisa de once varas.»

--El que fácilmente cree todas las noticias, tiene flojo entendimiento.

--Corta es la vida, como el placer; pero mientras vivamos, hagámosla lo menos triste posible.

--Tanto más se aumenta el número de médicos, cuanto más el de las enfermedades rebeldes á los tratamientos.

--Ninguna enfermedad se cura sin la gracia de Dios: torpe es el que gasta sus dos cuartos en medicinas. (¡Fatalismo puro!)

--A un bofetón, sigue un contra-bofetón.

--Las noticias ofensivas se aumentan y se divulgan fácilmente, al paso que á las buenas sucede todo lo contrario.

--No te fies mucho del prójimo, que hasta tu misma mano derecha hiere á la izquierda.

--Hasta las paredes oyen: por eso seamos comedidos en hablar mal de otros.

--«Dios sabe lo que hace.» Con ejemplar resignación dejan á Dios vengar una ofensa sufrida.

--El agua y el fuego no pueden estar juntos.

--Cuando se hace lo bueno, se opone la envidia y el desprecio.

--El que escupe al Cielo, escupe en su propia cara.

--No sabes decirlo, si no lo has hecho.

--Los peces se cogen por su misma boca.

--El rio que suena es de poco fondo.

--Sí se oyen desprecios é injurias, es que hay envidia.

--Son interesadas todas las mujeres con muy pocas excepciones.

--La riqueza y la hermosura pasan con el tiempo y la virtud con la muerte.

--Un desprecio paga á otro desprecio.

--No hay ciencia ni fuerza humana contra la muerte.

--El rubor y la confusión en una jóven, cuando hablamos con ella, son señales casi infalibles de próxima correspondencia.

--Lo que se consigue con facilidad, con la misma se perderá.

--Vivir es sufrir, porque es amar, y amar es sufrir.

--El dolor intensísimo tiene algo de misterioso, que sólo el corazón acertaría á esplicar, si tuviera lengua.

--El amor es una antorcha, que suele deslumbrar la luz de la razón.

--La avaricia y la envidia suelen ahogar los gritos de la conciencia.

--La envidia asesina, mientras la caridad dá vida.

--Nuestra carne, no es para nosotros sinó para los gusanos.

--La soberbia, avaricia y concupiscencia son tres términos de un silogismo, cuya conclusión es el infierno.

--Los diez mandamientos de la Ley de Dios forman las gradas de la escalera para subir al Cielo; faltando una de ellas, es imposible ir á la Gloria.

--Las palabras injuriosas son como la baba de la vívora, que emponzoñan y matan.

--¿Por qué no os preparais á bien morir, si todos estamos corriendo á la tumba?

--No sirvamos al demonio, que para ello no hemos nacido.

--El hombre peregrina en la tierra y tiene un sólo camino, el que se dirige al sepulcro.

--El propósito de los médicos es combatir una fuerza invencible, la muerte.

--Dícese que el amor y el dinero son los únicos monarcas que rigen en el mundo; pero el honor logra á veces sobreponerse.

--Nadie nació con camisa.

Esto quiere decir que todos los hombres son iguales, y no debe uno despreciar á su prójimo.

DIOS-DIOSAN

Babailans entre los visayas, baglans entre los infieles del Abra, y katalonans, entre los tagalos se llamaban aquellos ministros de la religión que los filipinos profesaban, cuando el intrépido Magallanes arribó á estas playas.

De aquella religión primitiva, sólo se conservan escasas y vagas noticias en los anales del país, y en la memoria de los indígenas, indefinibles restos envueltos en supersticiones y consejas, los cuales están ora viciados con muchas preocupaciones europeas introducidas, ora menoscabados ó mezclados con las santas ideas del Cristianismo.

Para poder distinguir las genuinas supersticiones filipinas, es preciso poseer profundos conocimientos en el Folk-Lore Universal y en la prehistoria del país. De otro modo, nos exponemos á aceptar como creencia filipina una que es de filiación china, portuguesa, española, americana ó... hasta alemana.

No hablamos por ahora de aquella religión casi extinguida, procurando reconstituirla con datos históricos y tradicionales; sólo sí, de los ministros de aquella religión primitiva, es decir: de un sólo capítulo de la teogonía de Filipinas.

Había en la época de la Conquista, sacerdotes y sacerdotisas (era mayor el número de las mujeres) para los sacrificios que cada uno ofrecía por su intención ó necesidad.

Lo éran unos por herencia y parentesco; otros por mañas, y «á otros--dicen los analistas religiosos--engañaba el demonio, que hacía pacto con ellos de asistirles y hablarles en sus ídolos y se les parecía en varias figuras».

Entre estos sacerdotes, había varios superiores llamados Sonat, Bayok ú otro, segun los dialectos. Esta especie de prelado era muy respetable y no podía serlo, si no un principal ó maginoó.

Las sacerdotisas, también llamadas babailan ó katalonan (por no haber femenino ni masculino en los dialectos filipinos) eran viejas mentirosas que decían estar iluminadas por los anitos (así llamaban los tagalos ó indígenas de Luzon á sus dioses de segundo órden) ó diuatas (entre los visayas), que intervenían en la celebración de los casamientos y en los sacrificios, sirviendo de adivinas en las enfermedades, y en una palabra, en todo lo concerniente al culto de los dioses.

Las sacerdotisas eran lascivas y astutas; ganaban su subsistencia, haciendo pronósticos ambíguos sobre el desenlace de las enfermedades graves.

Como los arúspices romanos, leían lo futuro en las entrañas del cerdo ú otras víctimas, y eran ricas, como ya se supone, pero no muy queridas, y sólo se acordaban de ellas cuando ocurría alguna desgracia. Véase lo que ya hemos dicho en la pág. 163.

Los misioneros católicos no tardaron en desterrar la mayor parte de las creencias primitivas, desbaratando por completo la estructura, digámoslo así, de aquella teogonía. Demostrados hasta la saciedad los embustes y mañas de los babailanes, natural era que los indígenas, ávidos por otra parte, de novedades, abrazasen el Catolicismo, aunque viciándolo con algunas de sus preocupaciones pristinas, que no podían tan pronto olvidarlas, ni convencerse por completo de su falsedad.

Como en todo tiempo y en todas partes ocurre, no faltaron personas ingeniosas ó malvadas que explotaran la credulidad de los supersticiosos y el estado de ánimo de estas gentes, sacando nueva religión de la combinación de ciertas ideas cristianas y algunas creencias supersticiosas, que el pueblo filipino se resistía á desterrar.

Estos nuevos apóstoles que se proponían hacer negocio con la religión, emplearon la prestidigitación y otros medios análogos para embaucar á las gentes, ora haciéndose venerar como profetas inspirados por Dios, ora como dioses ó reyes mismos. A esto se prestó y se presta ahora, la noticia evangélica ó bíblica de que Dios algunas veces apareció como miserable mendigo ó en otra forma humana. Ningún indígena de Filipinas ignora ésto, y en provincias, se respeta mucho á los ancianos mendigos, «porque--dicen--pueden ser el mismo Dios, que quiere probar nuestra largueza».

En 1599 habiendo huido á los montes de Panay los indios temerosos de los moros de Mindanao, se resistían á volver á sus pueblos por sugestiones de una india llamada Dupungay, que era la más célebre babaylan de aquella isla.

En 1673, un babaylan llamado Tapar, que se disfrazaba de mujer, levantó en Iloilo una secta de alucinados, pretendiendo unos representar la Trinidad Beatísima, otros á los Apóstoles, al Papa y los Prelados, y una pícara india á María Santísima,

En 1811, se fraguó en Ilocos Norte una conspiración que tenía por objeto establecer una religión con el Dios llamado Lungao, que debía tener culto y ministros especiales, haciendo causa común con los monteses de Cagayan.

En 1841, el famoso ex-donado de S. Juan de Dios, Apolinario, bajo el protexto de la devoción á S. José, intentó proclamarse en Tayabas y la Laguna, emperador de los tagalos, embaucando á sus secuaces con milagros simulados y profecías mentirosas.

En 1881 á 82, una vieja fué aprehendida en Ilocos Súr, porque se hacía creer que era María Santísima. Cuando llegó á Vigan, ciudad y capital de la comarca ilocana, era de ver á la gente crédula que besaba con ávida veneración sus cabellos.

Pero no tuvo las proporciones alarmantes, que en Samar, en 1884, la secta levantada por el que se titulaba pomposamente Ludovico I, de quien conservo como recuerdo un bolo ó machete, que me ha regalado uno de los oficiales del Ejército que fueron á perseguirle.

A fines de Abril de 1886, algunos santones se albergaban en los montes de Pangalana y Pulata, viviendo á costa de los sencillos habitantes de los alrededores, á quienes entregaban á cambio de dinero papeles con signos y oraciones extraños.

Fueron aprehendidos algunos de los santones referidos, en cuyo poder se encontraron los papeles dichos, otros objetos que les daban el valor de un talisman (anting-anting) y rosarios, tragándose uno de ellos en el acto de ser aprehendido, medio rosario y una cruz, que le daría inmunidad contra toda persecución, según decían.

La casita del santon principal, llamado Esteban, estaba situada al borde de un precipicio, junto á la cual había un camarin que les servía de templo, donde se reunían todos sus sectarios en días determinados.

En el sitio de Donongon, comprehensión del pueblo de Siabong, y en las casas de una llamada Vicenta y de un tal Benigno Cabrera, se verificaban reuniones clandestinas; después aparecieron en la puerta de la iglesia de dicho pueblo varias banderas iguales á la que esa clase de gentes usa como satélites del Dios-Dios. A consecuencia de esto, fueron detenidos desde el día 1.o al 9 de Mayo 86 individuos de ambos sexos.

Las hazañas de los de Samar ó su buen resultado, inspiraron á Ponciano Elofre, alias, Kanóy, idea de explotar la credulidad de los monteses de Zamboanguita (Isla de Negros).

Empezó propalando la noticia de que recibía la inspiración divina y aseguraba ser adivino, lo cual procuró probar con engaños.

Escondía de antemano una naranja en algún rincon y después llamaba á los monteses y en su presencia tiraba otra parecida. En seguida rezaba ó fingía pedir inspiración, y luego designaba el lugar donde había parado la naranja perdida entre aquellos barrancos.

Colocaba unas botellas negras llenas de agua, boca abajo, en terreno arcilloso, sirviendo por único tapon el suelo compacto, y delante de éstas, también boca abajo, otras vacías: después, pasando plaza de un nuevo Moisés, demostraba á los monteses que todas aquellas botellas estaban vacías, derribando las que lo eran, y diciendo que iba á llenar de agua las restantes. No podemos describir aquí la admiración del ignorante público, al ver que las botellas estaban en efecto llenas de agua.

Con estos y otros engaños logró hacerse creer enviado de Dios, llamándose Bohaue, que significa tromba marina.

Todos los sábados reunía á sus sectarios en una cueva, que estaba cerca de su casa, y en ella rezaban varios Padre-nuestros y Ave-Marías, en dialecto bisaya, delante de una tosca imágen de madera, que decía ser de Dios.

Llevábanle los fanáticos abacá, tabaco, huevos, cera, pollos y otros regalos, hasta que fué perseguido y muerto por la Guardia civil, en 22 de Agosto de 1888.

Con análogos medios y con el mismo fin de explotar en provecho suyo la credulidad de los campesinos, un tal Gavino Cortés logró hacerse adorar por muchos campesinos de la Pampanga y Bulacan como «Santo Rey» de la primera provincia, en febrero del año 1887.

Aseguraba el famoso Hari sa Pampanga haber sido favorecido con una bola omnipotente por un anciano fabuloso, que se le apareció en una montaña. Y con esta bola hacía aparecer dinero, comidas, jóvenes que le sirvieran, y en fin cuanto él quisiese; sus apóstoles, que compartían con él el lucro de la nueva secta, propalaban las mayores patrañas, diciendo que el Rey ó Diós Gavino convertía palitos de fósforo en soldados, que viéndosele con anteojos, aparecía como emperador unas veces y otras con cuernos y rabo; que hacía encender las arañas por sí solas, y en una palabra, milagros más sorprendentes aún que los del Apóstol de Valencia.

Y ya aprehendido y deportado á Mindanao, sus secuaces propalaron la noticia de que el vapor en que iba no pudo andar, desapareciendo allí el Rey Gavino.

Los sectarios de éste, hombres y mujeres, se reunían cada noche en una casa de alguno de ellos, para rezar oraciones cristianas, y el dueño de la casa les agasajaba con comida y vinos. Y después dormían en una misma pieza sin separación de sexos.

Hasta no pocos indígenas de Manila creían en las patrañas relativas al rey Gavino, y millares de ellos fueron á presenciar su embarco al ir á su deportación.

En noviembre último, dos vejetes pillos que se llamaban Elias y Enoc, han profetizado en Pangasinan y Tarlac que se acercaba el fin del mundo y que sólo se libraría de la destrucción general el barrio de Santa Ana.