El Folk-lore Filipino (Tomo I)
Part 13
Cristo prometió que el furor del Infierno no te derrotaría; y esta palabra divina basta para sostenerte victorioso en medio de los continuados y rabiosos ataques de tus enemigos.
Ni Jerjes, ni Alejandro Magno, ni Napoleon te igualan, gran Leon; careces de formidables ejércitos; pero Dios es quien te conduce á la victoria.
Reinar en todo el mundo, anhelaron ellos, y no lo pudieron conseguir á despecho de sus numerosas y arrojadas huestes; más el cielo te lo ha concedido por tu virtud, sabiduría y modestia.
Reinas, sí, en todos los corazones, desde Irlanda hasta Ponapé (Carolinas), y desde esta isla que recuerda tu rectitud y habilidad diplomática, hasta Scoresby.
Por eso, Padre Nuestro, no te aflijas por haberte arrebatado tus dominios y demás bienes temporales. Si necesitas terreno, tan inmenso como el cielo, donde reinar..., ¡amontona nuestros corazones en la inmensidad de los océanos!
APÉNDICE DEL "FOLK-LORE ILOCANO"
Yo esperaba encerrar en un tomo de 300 páginas, como los del Folk-Lore Español, todo lo yo tenía escrito y la ampliación de muchos apuntes míos; pero me he equivocado: para el plan de Folk-Lore Ilocano, tengo señalados siete capítulos, y veo que es imposible empezar el cuarto, porque ni me permiten por ahora la confección de tres Revistas, que casi todas ellas pesan sobre mí, ni mis compromisos con El Diario de Manila y La Revista Católica, y además porque se tardaría ya mucho en dar otra clase de lectura en folletín á los suscriptores de La España Oriental.
Forzosamente el Folk-Lore de cualquier pueblo necesita tratarse en más de un tomo, y ahora del Ilocano quedan en el tintero los siguientes capítulos:
IV. Leechraft.--Materiales folk-lóricos sobre Medicina popular.--En éste pensaba dar un Vocabulario folk-lórico de las plantas del país, apuntando sus nombres ilocanos, sus equivalentes científicos y sus aplicaciones medicinales, aprovechando, no libritos ya impresos como la Flora del P. Blanco, los folletos de Clain, Sta. María y otros autores, sino inéditas revelaciones de varios herbolarios. Indudablemente esta parte sería la más curiosa y útil del Folk-Lore Ilocano y ya tenía ofrecida la dedicatoria al sábio continuador de la citada Flora. R. P. Fr. Celestino Fernandez; pero tan delicado asunto requiere más tiempo del de que dispongo ahora.
V. Folk-Wit.--Materiales folk-lóricos sobre las manifestaciones del ingenio popular, como son proverbios, dichos, adivinanzas, profecías, juegos, etc.
VI. Folk-Tradition.--Tradiciones, leyendas, cuentos,
VII. Folk-Science. ó Miscelánea folk-lórica sobre otras materias científicas no comprendidas en los anteriores capítulos.
Me propongo continuar el Folk-Lore Filipino: y ya obran en mi poder los artículos de los Sres. Zaragoza, Ponce, Serrano y Mondragón, de que hablamos en la Introducción de este libro, con autorización de ellos para publicarlos. Estos y lo que queda del Folk-Lore Ilocano formarán otro tomo aparte.
Ahora para justificar el titulo de este folleto, de Folk-Lore Filipino, voy á dedicar las 70 páginas que quedan, al Malabonés, Zambaleño y otros artículos; pero antes como apéndice voy á insertar otros sueltos sobre el Ilocano, á fin de que este tomo contenga todos los que fueron premiados en la Exposición de Filipinas, advirtiendo que lo que queda inédito del Folk-Lore Ilocano no fué remitido á dicho certamen.
TRADICIONES
1.a
SILANG.
Voy á trascribir la referente al hábil político, como valiente caudillo, Silang, tal como se conserva en la leyenda popular, que suministra curiosos datos á las crónicas filipinas [107].
Silang logró inspirar temor á los de Vigan. Su casa se asentaba sobre la cumbre de la colina, situada al SE. de la Ciudad Fernandina, que hoy se conoce con el nombre de Pantok ni Silang.
Éste encerró en las bodegas de su casa [108] á muchos Religiosos Agustinos Calzados y Clérigos, por lo que los españoles querían castigarle; pero se frustraban todas sus tentativas de subir á la colina, porque grandes trozos de piedra, arrojados por los criados de Silang, aplastaban á los que osaban acercarse á sus faldas.
Entonces los españoles encargaron á Vicos, amigo íntimo de Silang, único que podía subir á la colina, que le matase.
Y una tarde en que estaban paseándose amistosamente en la sala de su casa Silang y Vicos, éste dió algunos pasos hácia atrás y disparó contra él algunos tiros de pistola que le dejaron muerto en el suelo.
Silang sólo pudo decir estas palabras:
¡Matáyakon, Bernabela! (Ya me muero, Bernabela.) Así se llamaba su esposa.
Ésta se propuso vengar el asesinato, de su marido y llevó sus riquezas al Abra, para unir un considerable peloton de tinguianes é igorrotes.
Mientras tanto, los españoles se dirigieron á la colina á libertar á los cautivos de Silang y elevaron gracias á Dios, rogando por el mal éxito de las tentativas de aquella.
Ésta, en efecto, logró reunir muchos infieles, capaces de aniquilar á los pocos españoles, que guardaban la Villa Fernandina, como antes se llamaba Vigan.
Pero gracias á un milagro de Dios, los infieles retrocedieron.
Cuando llegaron ellos á la Bocana del Abra, creyeron, por una ilusión óptica, que todos los sotos y cercados de Vigan eran tropas armadas de fusiles, que tanto temían. Por esto regresaron despavoridos á sus respectivas rancherías.
2.a
AMBARISTO
Fielmente voy á reproducir lo que dice el pueblo ilocano acerca del famoso Ambaristo, sin ocuparme de concordarlo con lo que consta en las crónicas filipinas.
A principios del siglo, los naturales de Sarrat, Ilocos Norte, capitaneados por un tal Ambaristo, después de cometer horribles sacrilegios en la iglesia y convento de su pueblo, se dirigieron á Laoag, donde asesinaron á los pocos españoles que allí había, y á todos los naturales que se opusieren á seguirles en sus fechorías.
Recorridos todos los pueblos de Ilocos Norte, donde reclutaron prosélitos, lograron reunir un respetable peloton.
Continuaron su victoriosa correría hácia la vecina provincia de Ilocos Sur.
Sabido esto por el alcalde, llamó á junta general á todos los Gobernadorcillos de la provincia, encargándoles se preparasen á la lucha. Todos los pueblos respondieron al patriótico llamamiento, enviando su contingente de hombres armados.
Frente al camino real de Bantay, pueblo de Ilocos Sur, de donde venían los revoltosos del Norte, se colocaron algunos cañones; siendo uno de los artilleros el viejo mendigo, que me contó todo ésto.
Un peloton de ilocanos del Sur salió al encuentro de los insurrectos del Norte.
Ínterin, los que se quedaron en Vigan se preparaban á rechazar el saqueo en caso de que sus paladines perecieran en la lucha. Todas las mujeres ricas se refugiaron á la única casa particular de piedra, que es la que hoy se conoce con el nombre de Casa de Doña Clemencia. Las mujeres iban vestidas de sus mejores ropas con todas las alhajas de valor. Aquella casa estaba fortificada de una manera especial: en las ventanas, puertas y escaleras había fogones con tamaños sartenes llenos de manteca, aceite y agua en ebullición, para bañar á los asaltadores.
Esto fué en Vigan.
Y en Bantay las mujeres estuvieron en la iglesia rezando delante del altar de Nuestra Señora de la Caridad, que estaba cerrado, porque decían que la Virgen no estaba, puesto que salió al encuentro de los enemigos.
Cuéntase, en efecto, que los enemigos al llegar á la orilla del rio de Bantaoay, que pasa al Sur del pueblo de San Ildefonso, encontraron á una mujer con un cántaro, ofreciéndoles agua potable.
Los enemigos se negaron á tomar agua y comenzaron á atravesar el rio, el cual hirvió y les tragó, porque la mujer referida, que suponen ser la Virgen de la Caridad, echó el agua de su cántaro.
Los ilocanos del Sur, que estaban viendo á sus enemigos ahogarse, se lanzaron sobre ellos con tanta bravura, que en un momento lograron matar á sus enemigos y colgar de un árbol la cabeza de un tal Garrido, general y él alma del peloton de Ambaristo.
Desde entonces los alrededores de Bantaoay pasan por sitios malditos para los ilocanos.
3.a
¿TRADICIÓN MADRILEÑA Ó ILOCANA?
Esta pregunta me dirigí, cuando con gran extrañeza mía encontré una tradición titulada La calle de la cabeza en el Folk-Lore de Madrid, escrita por D. Eugenio de Olavarria y Huarte, como el muy ilustrado autor del trabajo literario titulado «El médico de su honra, ó ¿Tradición filipina ó drama de Calderon?» se preguntara cuando observó que un drama escrito en España desenvolvía un asunto muy parecido á la desgracia de D. Alonso Fajardo, que tuvo lugar en Manila durante su gobierno.
La tradición escrita por Olavarria semeja mucho á una conseja ilocana.
Cuéntase se que un asesino había logrado en un principio ocultar su crimen, sepultando clandestinamente el cadáver de su víctima. Habían trascurrido muchos años sin que el homicidio ni su autor se descubriesen, cuando un desconocido que pasaba frente al tribunal ó casa-gobierno de Bantay, pueblo muy cercano á Vigan, llamó la atención de los agentes de policía, puesto que el incógnito llevaba en sus manos nada menos que una cabeza humana recien-cortada, al parecer de su tronco.
¡Cuáles serían la confusión y el terror del asesino, cuando advirtiera entonces que la carne de vaca, que acababa de comprar en la carnicería de Vigan, se había convertido milagrosamente en la cabeza de su antigua víctima, demostrando que no hay crimen que se pueda ocultar.
ACERTIJOS
Los hay muchos en Ilocos, diferentes de los españoles y se asemejan á los demás filipinos. Por lo regular los acertijos se espresan en dos versos, que mútuamente se consuenan, según la Poética filipina. Por ejemplo:
Baboy ni Juan, Agogaog no mangan.
El cerdo de Juan gruñe, cuando come. Esta es la traducción literal del acertijo anterior, el cual da á entender que el trapiche indígena suena cuando oprime la caña-miel, y dicen los ilocanos que gruñe.
Un grano de palay llena el mar. Esto da á entender la luz del tinhoy (candil indígena), que se parece á un grano de palay y que con sus resplandores llena ó ilumina todo el aceite, que es la mar.
(Quién es) ¿Un viejo pequeño que ágilmente lleva bejucos?--El raton, que lleva con agilidad su cola ó bejuco, como dicen.
El palio de un rico no se puede limpiar.--El tronco de la caña.
La casa de Sta. Ana no se puede mirar.--El sol.
La casa de Sta. Ana, llena de velas.--Un mueble, en el que colocan los ilocanos los cucharrones para ollas.
El perro que corre estando acostado.--El bote.
El cerdo de Manila está erizado de clavos.--La «banca» (una embarcación).
Diez hermanos con pañuelos blancos.--Los dedos.
¿Quién es el que baja acostado?--El cadáver.
¿Cuál es la criatura, que, si la herimos, al momento se cura sin dejar cicatriz?--El agua.
¿Cuál es el pestañeo, que infunde miedo?--El relámpago.
MEDICINA Y FLORA
Mr. Blak utilizó el Folk-Lore para conocer la primitiva historia del hombre en lo relativo á la Medicina popular. Ha hecho muy bien: pero yo entiendo que además debe servir á enriquecer dicha ciencia.
En Ilocos hay buenos herbolarios, y conozco dos casos en que curaron á dos mujeres desauciadas ya por los facultativos. El juzgado de primera instancia y la Audiencia del territorio, entendieron en los casos que he citado, siendo esposa de un español una de las enfermas.
Con lo cual, dicho se está que es sumamente útil saber sus medicamentos.
El dolor de estómago, lo curan con la cáscara de lomboy (Eugenia), que después de majada y salada, la cuecen, y cuando ya está caliente, la envuelven con un pedazo de tela y friegan con esta especie de sinapismo el estómago. Acto seguido el enfermo toma chá ó basi (vino) con polvos de abutra.
La calentura y calambre se curan con las raices del cáustico marungáy (Moringa), que deben machacarse.
Se pone este sinapismo en el estómago, en la planta del pié, ó en la espalda ó en otras partes del cuerpo, excepto la cabeza, sobaco y cuello. Cuando el sinapismo se calienta, lo trasladan á otra parte.
Las grandes heridas se curan con las hojas machacadas de la sensitiva. Y las pequeñas con polvos de caña (Bambusa).
Los dolores del costado se curan con bakong ó lirio (uso externo).
--La ceniza del tabaco puesta en el vientre ó en el ombligo, es remedio contra las indigestiones,
--La hoja del achuete (Bixa) puesta en la frente del que siente dolor de cabeza, lo quita.
--La papaya (Carica) es de dos especies: una que dá frutos y otra no. Si se siembran dos semillas, una será fructífera y la otra no.
--Los que padecen dolor de estómago, suelen tomar agua bendita.
--El dolor de muelas se cura con pimienta picada, que se debe introducir en los agujeros de la muela roida, para que mate sus gusanillos ó microbios.
--Las aguas del mar no dañan, pudiendo uno bañarse, aunque estuviese sudando sin peligro de enfermarse.
--Con baños de mar se cura la sarna y si uno se atreve á acostarse y revolcarse en la arena caliente, se curará mas pronto, muriendo los aradores de dicha enfermedad.
--El excremento de la boa, desleido en un vaso de agua, es antídoto contra el dolor de estómago.
--El que padece de retención de orina, se curará, si come rábanos.
--El que padece jaqueca, se abre una coronilla en la cabeza y desaparecerá el dolor.
Fin del «Folk-Lore Ilocano»
LOS CURANDEROS FILIPINOS Y SUS ABOMINABLES PRÁCTICAS
I
Para a tratar con acierto esta materia se necesitaría ser un médico inteligente é imparcial, porque hay prácticas y medicamentos al parecer puramente supersticiosos, que los curanderos no pudieran aplicar sino llevados de su pedantería y atrevimiento, hijos de su ignorancia. Y, sin embargo, curan, y es porque, examinados bien, tienen su razón de ser. ¡Cuántos casos de enfermedad no hemos visto con nuestros propios ojos, desahuciados por hábiles médicos, y curados después con pasmosa facilidad por aquellos á quienes consideraran meros charlatanes!
¿Y quién duda que muchos de los curanderos indios conocen ignoradas virtudes de las plantas de Filipinas, todas las cuales, sin excepción, son medicinales?
Repito: para hablar con acierto del objeto de estos artículos, se necesitaría ser un médico, lo que yo no soy, y sin embargo, el. Sr. Director de El Comercio me lo ha suplicado, segun dice, para ayudar á los encargados de redactar cartillas higiénicas; y como no puedo eludir el encargo de mi Director y buen amigo, salga lo que saliere, allí vá el primer artículo, que tratará del mangkukulam [109].
Es éste, según el vulgo, una persona que tiene pactos con el demonio. Posee una muñeca que le sirve de instrumento para dañar á sus enemigos [110]; si quiere que éstos padezcan dolor terrible de cabeza, vientre u otra parte, no tiene mas que picar con una aguja la cabeza, vientre, etc., de la muñeca. Y el individuo á quien se quiere dañar, sentirá dolores hasta morir, si así place al mangkukulam, en las partes picadas, y no le salva la distancia á que se halla de aquel.
En las provincias tagalas, siempre que alguno se vuelva maniático, loco ó por cualquier causa, delirante, se atribuye el mal á imaginarios mangkukulam y dicen sus parientes lo siguiente ó cosa parecida.
--Seguramente aquel fulano á quien riñó en tal día ó no le dió dinero ó causó algún disgusto, es mangkukulam, y hé aquí los efectos de su venganza.
Entonces acuden á los curanderos que tienen la especialidad de echar del cuerpo al mangkukulam. Suponen que éste invisiblemente vá al lecho del paciente, y le aprieta el cuello ó produce su enfermedad y que si se azota ó golpea al paciente, no siente él los golpes sino el mangkukulam.
En un caso ocurrido en Malabon á cierta jóven, los curanderos aconsejaron martirizar á la paciente, pues, como vá dicho, no sufre los martirios sino el mangkukulam, y con ellos se consigue ahuyentarle.
La familia se conformó con el aconsejando tratamiento, y la enferma fué clavada, azotada cruelmente y martirizada hasta que se escapó el mangkukulam, digo, el alma de la paciente á la eternidad, y los curanderos y la familia de la difunta fueron á parar con toda su humanidad al presidio de Bilibid.
Pero no escarmenaron los malaboneses: sufrió fuerte calentura un tal Bruno (en 1864) y, naturalmente, deliraba; se le ocurrió á la familia lo del mangkukulam y llamaron á los curanderos ad-hoc. Le sometieron á toda clase de martirios; el pobre gemía y gruñía; le hacían soplar por un tubo de caña y después el médico mandaba salir al mangkukulam.
El enfermo, delirante, contestaba cualquier cosa y creían que el que respondía era el mangkukulam y no el enfermo.
Había muchos curanderos, se relevaban unos á otros y cada uno aplicaba su propio tratamiento.
--¿Cuántos sois?--preguntaba uno al enfermo--y éste contestaba:--Tres.
--¡Tres!--exclamaba entonces el curandero--¡ya vén Vds! Efectivamente, está dominado por mangkukulam, y ¡qué muchos! A muchos enemigos, muchos también y eficaces remedios. Venga un ramo del lipang kalabao (Urtica ferox, Spr.) que mata de comezon.
Y le iban á asesinar atrozmente al pobre enfermo, si no hubieran sido aprehendidos con tiempo por agentes de la autoridad. Después se curó el enfermo por sí sólo.
Diz que los curanderos contra-mangkukulam conocen á los verdaderos muertos, porque es de saber que el mangkukulam no mata, sino que aprieta el cuello á uno, y porque éste parece estar muerto, es enterrado, á pesar de estar vivo.
Cuentan de muchos, al parecer cadáveres, resucitados por los curanderos. Uno de estos casos ocurrió en Meycauayan, según quien asegura haberlo visto con sus propios ojos (sic.)
Yo iba--dice este tal--con el curandero á una casa mortuoria, encontramos en ella un cadáver que estaban festejando con comilonas y libaciones. El curandero, después de observar largo rato el cadáver, dijo que no estaba muerto sino que un mangkukulam, le impedía respirar y lo veía. Pidió agua herviente, echóla sobre el cadáver, y...... éste resucitó!
Como se supone, el mangkukulam fué el que se coció y murió efectivamente, y por eso se curó el que parecía estar muerto. Asi fué, en efecto, porque después se encontró en otro lugar un hombre asesinado, pero que antes de morir pudo declarar que fué muerto por el curandero en tal hora en que justamente bañó con agua herviente al cadáver supuesto.
De modo que, matando al mangkukulam que daña, cesan los efectos de su poder. Así lo creen los tagalos y pampangos no ilustrados. Y esta creencia les hace cometer asesinatos algunas veces, matando á inocentes, á quienes suponen ser mangkukulam.
Allá por los años 1840, uno de la Pampanga, hizo asesinar á casi toda una familia que creía á pié juntillas que era de mangkukulam y que eran la causa de la enfermedad que aquejaba á su madre. El pobre fué ahorcado en Manila, habiéndose justificado plenamente el móvil de su delito.
¡Ay del que el vulgo crea ser mangkukulam! Cuando, menos lo piensa, es denunciado y citado en el tribunal ó juzgado local por los parientes de algún enfermo, cuyo mal le atribuyen.
En cierta ocasión fueron demandados en el tribunal de Navotas dos supuestos mangkukulam (padre é hijo) y el demandante llevaba como testigo al médico «contra-mangkukulam.»
Preguntado éste por el gobernadorcillo en qué fundaba sus sospechas, contestó:
--Sí, señor; estoy muy convencido de que éstos han hecho kulam (daño) al paciente.
--Pruébalo.
--Ahora mismo; aquí tengo dos piedrecitas que esos mangkukulam no tendrán reparo en poner en sus bocas, si es cierto que no lo son.
Y diciendo ésto, alargó una piedrecita al hijo. Éste no vaciló en aceptar y la iba á meter en su boca, cuando el padre se la arrebató impidiendo tenazmente que lo hiciera, entre sollozos.
--¡Ah!--exclamó entonces con aire de triunfo el curandero;--¡ya vé V., señor capitán! ¿No está V. convencido aún de que sean tales mangkukulam?
--Tienes razón;--contestó el cándido gobernadorcillo, que estaba muy demudado y le hororizaba el juzgar y tener en su presencia á unos mangkukulam. Pero en fin, sacando fuerzas de su confusión y miedo, añadió en tono solemne:
--Efectivamente, si no lo fuérais, ¿porqué temeriais meter en vuestra boca esas piedrecitas? ¡Ah! Os condeno á que cureis al que habeis dañado. ¡Cuidado con no cumplir en seguida este mandato mio y cuidado si vosotros, vengándoos de mi justicia y autoridad, me haceis experimentar el menor mal. Os haré crucificar y quemar en la plaza.
--Señor,--contestó el padre,-- nosotros ganamos con honradez nuestro sustento, aunque seamos pobres; odiamos camorras, nos alejamos de la chismografía del vecindarío y nos encerramos solitos en nuestra casa, y de esto ha deducido ese pícaro que en nuestra casita rendimos culto al demonio y tenemos pactos con él. El curandero es el pillo: gana la morisqueta diaria con su charlatanismo, á muchos ha embaucado, muchos le tienen por malo; y ¿cómo no habiamos de temer que esas piedrecitas estén envenenadas por ese que es capaz de todo, para que si las tragarnos y morimos, pueda decir que Dios ó sus piedras milagrosas nos han castigado, y sí no las tragamos por justificado temor, pueda decir que somos mangkukulam, como pretende ahora? Mire V. bien, señor capitan, que el dilema está bien carpinteado y con semejantes medios engaña al vecindario; pero su ingénio indica gran perversión de su sentido moral.
--Miren Vds. qué listo el mangkukulam--interrumpió el curandero;--no le oiga V., señor capitan, que le está inspirando su amigo el invisible. ¡A crucificarles, á quemarles vivos!
--A crucificarles, á quemarles--repitió el pueblo.
Ignoro por qué no les crucificaron y quemaron vivos, cuando el pueblo y el mismo gobernadorcillo estaban convencidísimos de que aquellos eran verdaderos mangkukulam.
II
Sí el supuesto mangkukulam se vé rodeado de peligros en las provincias tagalas y en la Pampanga; á lo mejor le desorejan, le atan en un lugar donde abundan hormigas feroces como el hantik, ó le asesinan; en las islas Visayas y aún en las mismas provincias tagalas, el presunto asuang está expuesto á que cuando menos lo piensa, sea apaleado ó asesinado.
Pero no empecemos por donde debemos terminar.
Cuando el curadero visaya, generalmente uno ó una, entrada ya en años, es llamado por un doliente pobre, no siempre complace y suele buscar cualquier pretexto para eludir la asistencia; sin embargo, no le deja sin algún consuelo: inquiere los síntomas de la enfermedad y el estado del paciente; acude á su oráculo, es decir, pone en un plato el milagroso «ban auan», piedra blanca, casi trasparente, redonda, de tamaño de una pulgada ó poco ménos; luego finje rezar y después de esta ceremonia asegura conocer ya la enfermedad que aqueja al doliente, pues en la piedra apareció la figura del enfermo mostrando el sitio de su mal.
Otras veces, cuando tiene muchos quehaceres ó pereza, se limita á tomar el pulso, no al doliente, sino al que fué á llamar al curandero.
Casi siempre las enfermedades que padecen los visayos, á juzgar por lo que dicen sus curanderos; son mal aire, traspaso de hambre, calor en el estómago ó daño de los talonanon, espíritus campestres, ó de los asuang.
Si el oráculo ha inspirado al curandero que la enfermedad de que se trata es mal-aire, aconseja aquel frotar diez veces poco más ó menos, al día, todo el cuerpo del paciente con ajos machacados y espíritu de vino; otras veces manda sobar todo el cuerpo y luego frotarle con una composición de haplas (planta) y aceite, y después hacer tomar al enfermo unos polvos de corteza desconocida en un poco de agua.
Si el enfermo siente frío, hay que aplicarle además sinapismos en los brazos y piernas, para que el calor de la cabeza--según el curandero--se desparrame en las demás partes del cuerpo. Y si todavía el mal-aire persiste, se le aplican ventosas en la espalda.
Si se trata de traspasos de hambre ó calor de estómago, con un emplasto, compuesto por el Galeno visaya, aplicado á la boca del estómago, suele desaparecer el mal. O si no, tomando infusión de la corteza de suma (Anamirta cocculus, Wight et Arn.)