El Folk-lore Filipino (Tomo I)

Part 10

Chapter 103,737 wordsPublic domain

Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor medio tae [58] de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujer principal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.

En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.

En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.

Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.

Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertos árboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.

Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.

Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamados kalombigas aprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.

Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de las principales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.

III

LA INSTRUCCIÓN DE LA FILIPINA POR LOS ESPAÑOLES.

Tal era el estado en que los españoles encontraron á la mujer filipina.

Los misioneros eran los encargados de educar al pueblo filipino y naturalmente empezaron por catequizarle y por inculcar las nuevas doctrinas del Crucificado, y como las creencias no se mudan cual un traje, hubieron los apóstoles del Cristianismo que tardar años y siglos para desterrar todos los restos de la Mitología malaya, que aun se conserva en toda su pureza entre los monteses, y ahora quedan aun reliquias de aquella en el ánimo de los más devotos filipinos. Y si no, ¿qué son esas supersticiones, que no se comprenden bien en algunos que alardean de muy devotos de Jesucristo?

Si; tardaron siglos los ministros de doctrina, y habrian tardado más, si no hubieran sabido aprovechar la superioridad moral de las mujeres sobre los hombres. Y así como los Sonats y Bayok (especie de Prelados) de los antiguos filipinos, preferían á las mujeres, como ayudantes para predicar el culto de Bathala y de los Anitos, asi los misioneros las escogieron para renovar la Religión antigua de Filipinas.

Sólo á principios de este siglo se regularizaron los seminarios de sacerdotes indígenas.

Mientras ya en 1594 la Hermandad de la Misericordia estableció un colegio, en que encontraban amparo y educación las huérfanas de padres españoles; y en 1684 el Beaterio de la Compañía se inauguró para el recogimiento de las devotas indígenas y la educación cristiana de las niñas; Sta. Catalina, beaterio desde 1696, se convirtió en colegio de niñas en 1732. En 1719, el Beaterio de San Sebastián, que es al mismo tiempo establecimiento de enseñanza para las niñas. En 1810 se inauguró el Hospicio de San José y volvió á abrirse en 1828; en este colegio se enseñan también niñas. En 16 de Marzo de 1864 se encargaron de la Escuela Municipal las Hermanas de la Caridad, que fueron las que esmeraron y ampliaron la educación de la mujer filipina. En 18 de Setiembre del mismo año se encargaron del colegio de Sta. Isabel, en el que se refundió el antiguo de Sta. Potenciana; en Enero de 1866, del colegio de Sta. Rosa; en Abril de 1868, del colegio de Sta. Isabel de Nueva-Cáceres, en Mayo del mismo año inauguraron dichas Hermanas el colegio de la Concordia, en Abril de 1872 se fundó el colegio de San José de Jaro; y en 27 de Julio de 1885 la casa de San Vicente de Paul en Dilao (Manila). Y en estos años se van multiplicando las maestras y los colegios particulares de niñas, y estas serán las que difundirán en Filipinas la ilustración y el progreso.

Pero lástima que se enseñen entre conocimientos buenos, otros no muy necesarios en detrimento de los más precisos.

Desde el principio de la Conquista, la mujer filipina no aprendió más que las doctrinas cristianas y admira su mucha instrucción en esta materia. Solo las Hermanas de la Caridad ampliaron la reducida esfera de sus conocimientos en 1864, y más tarde, en 1866 á 83, las Religiosas dominicas, encargadas de la dirección del Colegio de Sta. Catalina, siguieron las mejoras introducidas por aquellas.

Hé aquí las asignaturas que se enseñan en los colegios filipinos de niñas.

Clase ínfima: Lectura con letras movibles y cartillas, principios de escritura, nociones de doctrina cristiana; de Historia sagrada; de Aritmética con el tablero contador ó bolario, de Gramática y Analogía por letras movibles, y Urbanidad práctica.--Labores: hacer media, principios de crochet, puntos de tapicería, dobladillos y principios de costuras; unión de idem por un calado.

Clase media: Lectura en prosa; escritura, con carácter español é inglés; doctrina cristiana; Ortología; Historia sagrada; Aritmética (las cuatro reglas); Gramática con análisis de analogía; Urbanidad; explicación del sistema métrico con el cubo generador métrico.--Labores: Hacer costuras sencillas con pespuntes y vainica; coser camisas de caballero; variación de calados en tela; puntos variados en algodon y lana con agujas de media; labores de crochet, de frivolité en lana, y de horquilla, bordados de tapicería sobre paño y alpaca; principios de bordado en blanco.

Clase Superior: Lectura en manuscrito y verso; escritura con carácter español, inglés y redonda; Ortografía; Aritmética, sistema decimal, quebrados comunes, denominados, regla de tres simple y compuesta, directa ó inversa, de interés compuesto, de aligación, compañía y la falsa posición; Gramática, análisis de analogía y sintáxis; explicación de la Doctrina cristiana; Religión y Moral; Historia sagrada, antiguo y nuevo testamento; Historia general, la particular de España y Filipinas: principios de Geometría; Geografía, explicación del globo terrestre, mapas físicos de Europa, España, Isla de Luzón y el sistema planetario; Historia natural.--Labores: Coser y disponen por sí mismas las camisas de caballero, variación de zurcidos; coser en máquina trabajo de macramé; bordados á realce sobre holanda y piña; idem á relieve con variación de punto en holanda y piña; calados en las mismas; idem en punto de media, principios de corte por la cuadrícula y curso de corte por el sistema métrico y simplificación; bordados sobre raso, terciopelo, glasé, moiré y tisú, con abalorio, escamas, felpones; felpillas, sedas, plata y oro; bordados de lausin negro y de colores; en cristal con felpillas y oro; grabados y aplicaciones de papel bristol; hacer flores artificiales de papel, estambre, abanicos, escamas, tela plata y oro; frutas de cera; pasamanería.

Se enseña también música vocal y piano. En el colegio de Sta. Catalina, á las que se preparan para maestras se las instruye además en pedagogía teórica y práctica. En el de Sta. Isabel, se enseña además, Geometría, nociones de Geología, higiene, economía doméstica, cocinar, repostería, y física recreativa; el idioma francés, el italiano, dibujo de paisaje y figura, y á las labores se añaden modas y confección de vestidos y sombreros de señora.

Como se vé, todos son muy buenos conocimientos, no están de sobra; pero, Mad. Wolska, compare V. ese programa con el de los colegios mejor dirigidos de Europa, y dígame si hay mucha diferencia.

En los colegios de Filipinas, absorven mucho tiempo las labores; pero ¿con qué razón hemos de obligar á todas las mujeres á ser bordadoras y costureras, cuando precisamente las que cursan en esos colegios son de familias acomodadas?...

La misión de la mujer en Filipinas, por su superioridad y las circunstancias actuales del país, es altamente civilizadora. Ella traerá la luz y el progreso; ella es la llamarla á desterrar de las casas á los mediquillos y sobadoras; ella la llamada á regenerar al filipino indiferente; ella es la que debiera difundir los conocimientos agrícolas, elementos de derecho, y de la farmacopea [59]. Quitemos por ahora los conocimientos de adorno, ó al menos no hagamos obligatorio su estudio, y en cambio exijamos á las aspirantes á maestras elementos de Medicina y Farmacia domésticas, conocimientos agrícolas, de los que se esperaría la conveniente explotación de este suelo y otros conocimientos útiles; y qué no todo haya de enseñar la mujer, sino algo ha de corresponder á los hombres. Decimos ésto porque se notan en el anterior programa asignaturas más propias de los hombres que de las mujeres.

En resúmen, fuera de los conocimientos teológicos, la, mujer filipina empieza aún á abrir sus ojos á la luz; y si se dirige bien su educación y se multiplican en provincias las escuelas normales de maestras, ellas contribuirán en mucho á la civilización del país.

IV

LA FILIPINA Y LA LITERATURA

La mujer filipina, dotada de tan delicados sentimientos; ella toda amor, imaginación soñadora, fantasía oriental, forzosamente había de inclinarse á la música y á la poesía, aún en la época prehistórica.

En efecto; allá en los primeros días de la dominación española, ya tañían con destreza singular una especie de vihuela de dos ó más cuerdas llamada Coryapi, y la música genuinamente malaya, no dejaba de ser agradable, especialmente á los oidos indígenas.

«Y es cosa averiguada--escribe Colín [60]--que con sólo tocarla se hablan y entienden lo que quieren.»

Además tocaban panderos de metal, que mientras agitaban unas, otras golpeaban con palitos, y una tercera los batía uno contra otro.

Las tonadas filipinas para bailes eran belicosas, de apresurado compás y tono ensordecedor.

Ahora los cantos eran ya cosa muy distinta, del tono menor; casi todo son ayes y quejas de un corazón dolorido, de un alma enamorada. A veces eran leyendas y pasajes de su teogonía.

¿Quiénes escribían esas poesías? Los hombres; y con más frecuencia las mujeres. Estas pasaban las noches ó sus ratos de ocio, componiendo canciones para salir del apuro, pues se estilaba antes como ahora, que los solteros y las solteras improvisaban en las fiestas una discusión musical amorosa, á veces bailando al mismo tiempo.

Empezaba el jóven declarando su pasión de una manera indirecta y simbólica; y la mujer iba contestando con evasivas, esto es, preparándose y explicando con distinciones las preguntas ó proposiciones generales del pretendiente, para luego no caer en el lazo tendido por éste. Y antes, como ahora, se usaban los discreteos amorosos en las conversaciones secretas entre mujer y galan.

Sí; las mujeres escribían con sus caracteres propios en lo liso de las cañas ó en las hojas del bananero por medio de punzones de hierro, «y muy pocas--escribe Morga, autor antiguo--hay que no escriban muy bien y con propiedad.»

La mujer de entonces es la misma de nuestros días, acaso con menor afición ya á escribir; pero sus epístolas amorosas están impregnadas de férvido amor y tiernos sentimientos. Y denuncian febril imaginación en las autoras.

Muchas, muchísimas son naturalmente poetisas; pero no os alarmeis, que pronto vamos á ver lo que es la Poética filipina.

V

LA POÉTICA FILIPINA

Es muy especial. El oido del poeta es el único ritmo y su capricho el metro. Sólo una rima muy imperfecta y sui géneris se observa en ella; no hay asonantes ni consonantes; mejor dicho, sí los hay, pero no es necesario buscarlos, pues en el verso se prescinde de que sean tales.

Si la última letra de un verso es vocal, todos los demás de la misma estrofa deben terminar en igual letra, advirtiendo que los filipinos suelen confundir la O con la U, y la E con la I, lo cual obedece á que los dialectos filipinos tenían sólo tres vocales en la época de la Conquista, y en su antiquísimo alfabeto había una letra que representaba la E y la I indistintamente, porque entre estas letras no existía diferencia alguna y se usaban según los gustos de los que hablaban, si eran de poblado ó de campo. También había un carácter que del mismo modo representaba la O que la U.

Los filipinos consuenan la sílaba acentuada con la nó. Y si un verso acaba en los diptongos ao ó io (aw ó iw) que son de sonido especial, los demás de la misma estrofa deben terminar en los mismos diptongos.

Si la terminación de un verso es consonante, los demás deben acabar en sonidos semejantes, como por ejemplo: se consuenan entre sí paít, lángit y ladingit.

Cada estrofa contiene sólo cuatro versos, y puede tener diferente terminación de las demás. Excuso decir que en la Poética filipina no hay sonetos, sáficos, cuartetos, redondillas ni cuartetas propiamente tales. Los tagalos ya cuentan las sílabas, y á veces emplean estrofas de cinco ó más versos.

Para las felicitaciones emplean versos acrósticos.

Hé aquí la forma de las poesías filipinas.

Digamos otras dos palabras de su fondo.

Está demás desmentir al poeta que ha aseverado que ni los indígenas de Filipinas saben amar, ni sus pájaros trinan, ni sus flores perfuman. En Ilocos, por ejemplo, no se cometen homicidios sino por celos, y ya se sabe que los celos son efecto del amor.

Los filipinos, aún los monteses, poseen una fantasía ardiente como nuestro cielo, y fecunda en imágenes.

Sus pensamientos y símiles son expresivos, muchos revelan salvajismo, y son curiosos precisamente por su valentía salvaje; pero se resienten de la falta de arte que los coordine y pulimente á fin de que surtieran efecto de gusto literario ó acaso mejor dicho europeo; porque hay varios gustos en este punto y es de saber que aún con su desorden y falta de arte, las poesías filipinas nos gustan á nosotros los filipinos. Blumentritt escribe: «la poesía demuestra particularidades especiales porque es acto del temperamento.»

Muchos pensamientos se expresan con altisonante romanticismo y muchos símiles se emplean con impropiedad, como decir por ejemplo: Sol resplandeciente, embriágame de dulce aroma.

Hé ahí los caracteres generales de la Poética filipina. Ahora, para comprender bien sus múltiples particularidades, es preciso estudiar y analizar los mismos modelos.

Los que á continuación damos, pertenecen á la difunta Doña Leona Florentino, muy conocida poetisa en toda la comarca ilocana, á pesar de no haber publicado en periódicos ninguna de sus composiciones.

Ella no había estudiado en ningun colegio y aprendió el castellano con un maestro indígena privado. Sus poesías ofrecen interés, porque son naturales, originales de ella, no moldeadas en el estilo europeo, sino en todo caso en los indigestos y anti-estéticos libretos de comedias ilocanas que abundan en su país; son genuinamente del estilo filipino las poesías de dicha señora, á quien repugnaba plagiar, hablando con desden de los plagiarios.

Su facilidad en escribir era poco comun, y en cartas, á veces dictaba á tres amanuenses; escribiendo ella además otra carta. Y era aficionada á escribir y leer libros en ilocano.

Escribió varios sainetes amargamente satíricos contra aquellos á quienes quería fustigar. Estos salían vivamente retratados y siento no haber hallado alguno. Tal vez los interesados procuraron su desaparicion; pero algunos son muy conocidos en Vigan.

Calculo en más de diez tomos de regular volúmen todos sus escritos; pero ella misma no daba valor ninguno á sus escritos y enviaba los versos á quienes se dirigiesen ó se los encargasen, sin tomar ninguna copia. Los ilocanos y todos los filipinos en general, somos así; no damos ninguna trascendencia á nuestras composiciones y las redactamos para leer una vez sola é inutilizamos después. Y esta mala práctica debe datar de las edades prehistóricas, y por eso no se conservaba ningun escrito antiguo, cuando arribaron á estas playas los españoles.

Considero un triunfo el haber conseguido algunas poesías de la señora Florentino, de personas que sólo por casualidad las conservaban. Cuando ella vivía, yo casi niño aún, no sabía apreciar el valor que pudieran darlas los folk-loristas, filólogos y las ilustres iniciadoras de la Bibliotheque internationale des OEuvres de Femmes. Y mi ausencia en el pueblo, cuando ella murió, también contribuyó á la desaparición de los pocos originales de ella que se conservaban en nuestra casa.

Traduciré literalmente la siguiente composición, para que se puedan comprender los giros especiales de la Poética ilocana, y al mismo tiempo, las particularidades de la estructura del idioma ilocano.

VI

FELICITACIONES

1.a

A VICENTA Y SEVERINO EN EL DIA DE SU BODA.

Dimteng itay, cacabsalco á caingungutac ti aldao á tinudingan ti Dios á poon ti imbag a incay panagasaoa panagcaysa á siayat iti natan-oc á Sacramento á incay inaoat

Natungpal itayen ti tinartarigagayanyo á pinagcal-láysa daguiti puspusoyo; ti napateg á bendicíonna inaoatyo iti Santa Iglesia nga inátayo.

Itan ti cababalinto panagbiagyó nupay dua maymaysa ti baguiyo. á mangipaquita mangipatalgued cadacayó ti rebbengyo á panagayan-ayat panagdungo-dungngo

Iti caoar á mamasingalot cadaguiti pusoyo dinto maoar-oaren inganat lungpal biagyo rosasto laeng ti arigna no tungpalenyo, ti panagayan-ayat á incariyo

Anansata no ragsac ti maysa ragsacyo á dua no rigat ti maysa, rigatyo met á dua aday-oanyo ti ilem quen panagduadua á mangirurumen ti sudi ti panagtalentalec ti agasaoa

Alá Severino aoatem ti capalgan á saniata á ited ti Aputayo á Dios á isagut quenca salimetmetam cas napateg unay á perla i'a nagmumutan ti pusom ti concha á pacaidulinanna

Isu dayla daydi sabong á inca naquita ti sidong asi quen dongngo ti maysa nga iná á naiduma ti lasbang quen rangpáyana iti panagdungngo, panagtaraquenna

Nupay casano ti saquit ti naquemna [61] á mangisina, mangyadayó ti dinnana maipapilit itayen á purosenna [62] á yaoat tapno sicapay [63] ti manapaya [64]

Tapno di malaylay ti rangpáyana ti ayat quen dongngom dicanto isina ta isunto ti cas linnao á pagbiaganna. quen mangted ti nacay-ayát á lasbangna

Ti nadungngo á panagtaripatom quencuana isunto ti cas bálsamo á mangserra iti sugat á gapuanan ti pannacaisinana cadaguiti ima á nacasapsapuyutanna

Quet sicá caingungutco á Vicenta. ti sudi quen dalusna inca ipaquita ti pinagayalmo itá pinilim asaoa á nangyaoatam ta pusom quen ima

Anansata amin á pinagtignaymo inca ipaquita ti tarigagaymo nga agservi quencuana: ammoem amin ti pagayatanna isu ti aramidem uray dina ibaga quenca

No ti apotayo á Dios ta [65] iccannacayto ti bunga ti panagasaoayo ipaquitamto ti dacquel á salucagmo iti pannacaay-oanda pannacasursuro

Panunutem á isuda ti capatgan á saniata á mabalin á iparabur ti Dios quenca á ragsac quen lio-lioam diloy rabao ti daga á inganat biagyo sumina

No ubingda pay á maladaga agaoamton á imaldit iti pusoda ti panagayat quen panagbutengda iti Aputayo nga Dios á namarsua cadacuada

Amin met á tao á cadindinnam nangrona daguiti nacaicamangam naragsac á rupa ti ipaquilam agraemca quet inca ida padayaoan

Quet tapno malungpalmo quen masarquedam amin daguitoy á pagrebbengan ti aputayo á Dios ti inca pagdeoatan ti tulong ti gráciana anadiosan

Mayarig coma ti panagbiagyo nga agasaoa cada San José quen ni [66] Vírgen María ti dacquet nga urnos quen talnada quen nasam-it unay nga ay-ayatda

Cas coma agayus á maysa á carayan ti litnao ti danumna a pagsarmingan di coma maririboc quen mapitacan cadaguiti rigat ditoy daga á pagluluáan

Iti camoudiananna daoalec iti Dios ú Apútayo nga iccannacay ti nanam-ay á panagbiagyo, dacquel quen saan á maracrac nga urnosyo ingana patay ti magtenganyo

Agaoaanyo nga iburic iti uneg ti púsoyo daytoy balacad á itedco cadacayó [67] napatég á gameng á idátonco itoy nagasat unay nga aldao ti panagbódayo

Llegó antes [68] hermanos mios que [69] queridos mios el dia que señaló el [70] Dios que [71] fuente del bien para ir [72] á casaros (y) uniros que [73] gustosos en el sublime que Sacramento que fuisteis á recibir [74]

Cumplióse ya antes lo que habiais anhelado que union [75] de los [76] corazones vuestros [77] la estimable que bendición suya habeis recibido la Sta. Iglesia [78] que madre nuestra.

Ahora-ya la práctica de-la vida-vuestra aunque dos (debieran ser) uno el cuerpo vuestro que demuestra, justifica [79] á-vosotros lo que debeis amaros (y) estimaros.

La cadena que eslabona á los corazones vuestros jamás se desenlazará hasta el fin (de la) vida vuestra rosas será [80] sólo [81] la semejanza si cumplís el mutuo-amor que prometido habeis.

Por-lo-tanto si gozo de uno, gozo vuestro que dos [82] si tormento de uno, tormento-vuestro también que dos; alejaos-de la sospecha y dudas que pierde la pureza de la confianza de los esposos.

Ea Severino, recibe el más estimable que bien que da el señor nuestro que Dios que [83] dota á tí; cuida (la) como valiosa muy [84] que perla ese fondo del corazón tuyo (será) la concha en que se guarde.

Es esa aquella flor que has visto en el regazo, compasión y estimación de una que madre que (era) singular la lozanía y desarrollo [85] suyo en medio de estimaciones (y) cuidados-suyos.

Aunque (es) el dolor de la razón suya que la separa, la aleja de la cercanía suya [86], se obligó antes ya á cortarla (del tallo) á entregar (la) para que tu también quien la cuide.

Para-que no se-marchite la lozanía suya el amor y estimación tuya no-serás alejar [87] porque será el como rocío por el cual viva y (quien) dará preciosa que lozanía suya.

El amoroso que cuidado tuyo á ella será el como bálsamo que cierra la herida que (es) huella de la separación suya de las manos en que se cuidó.

Y tú querida mia que Vicenta el valor y pureza suya vé á demostrar el [88] amor tuyo á ese (que) has escogido por esposo á quien entregaste tu corazón y mano.

Por lo tanto, (en) todos que movimientos tuyos el deseo-tuyo de servir-le; aprende todo lo que quiera (y) es lo que hagas aunque no lo diga á tí.

Si el señor nuestro que Dios daráos el [89] fruto del casamiento vuestro demostrarás el grande que previsión tuya en el modo de que cuiden (y) eduquen.

Considera que son el más estimable que bien con que pueda favorecer el Dios á tí. la alegría y consuelo tuyo aquí en la superficie de la tierra hasta la vida vuestra se separe.

Cuando niños aun como pollitos [90] procurarás ya grabar en el corazón suyo el amor y temor suyo al señor nuestro que Dios quien crió á ellos.

Todos también los hombres con quienes te roces especialmente los suegros tuyos alegre que cara la que muestres respeta y vé á ellos venerar.