El Folk-lore Filipino (Tomo I)
Part 1
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Biblioteca de «La España Oriental»
EL FOLK-LORE FILIPINO
(Obra premiada con medalla de plata en la Exposición Filipina, celebrada en Madrid en 1887)
POR
Isabelo de los Reyes y Florentino.
MANILA
Tipo-Litografía de Chofré y C.a Escolta, num. 33 1889
A los folk-loristas españoles de la Península, que me han dispensado toda clase de atenciones, tengo, el singular placer de dedicar esta modesta colección.
Isabelo de los Reyes.
INTRODUCCIÓN
A la escasez de conocimientos con que constaban los antíguos, la suplía su atrevimiento, el cual estaba en proporción con su grande ignorancia. Así es que si los antiguos no dejaron de dar soluciones á ningún problema científico, esas pretendidas soluciones, por lo peregrinas, suelen arrancarnos grandes carcajadas. ¡Si supiéseis de quién creían qué hemos descendido los indígenas de Filipinas!....
Pero á medida que las ciencias progresaban y se descubría que los errores obedecían á hipótesis y á datos no bien comprobados, se procuró buscar éstos, examinándolos con mayor escrúpulo, y al fin, en la Antropología, la Prehistoria y en todas las demás ciencias relativas al hombre primitivo, húbose de reconocer gran escaséz de materiales que al contrario, debieran abundar, para poder sostenerse seriamente alguna teoría científica.
Cuando esto se notó, hace poco, [1] muchos sábios antropólogos y etnógrafos dejaron de fantasear sobre bases no bien averiguadas, lo que es impropio por cierto de autores concienzudos, y una vez emitida en Inglaterra la idea de crear una escuela que recogiese para estudios futuros materiales no solo en los países selváticos, sino también en la clase popular de Europa, enseguida se propagó con tanta aceptación, como grande era el vacío que venía á llenar.
Esta escuela es la folk-lórica, de la palabra sajona FOLK-LORE, que significa literalmente saber popular. Su objeto, en un principio, se reduciría á recoger esas leyendas, tradiciones, consejas y supersticiones que conserva el pueblo, para de su estudio y comparación con las de otros paises, deducir teorías relativas al hombre prehistórico.
Después se ensanchó la esfera de su acción para que pudiera servir no solo á las investigaciones antropológicas y etnográficas, sino también para enriquecer las demás ciencias existentes, como la Medicina; y acaso para crear otras nuevas, como nacieran p. ej. de la Astrología, la Astronomía, y la Química de la Alquímia, que diría el folk-lorista Dr. Machado y Alvarez. En una palabra, archivo general al servicio de las ciencias todas.
Según la primera de las bases establecidas por los folk-loristas españoles, el Folk-Lore tiene por objeto recojer, acopiar y publicar todos los conocimientos del pueblo en los diversos ramos de la Ciencia, (Medicina, Higiene, Botánica, Política, Moral, Agricultura, Industria, Artes, Matemáticas, Sociología, Filosofía, Historia, Antropología, Arqueología, Idiomas, etc.); los proverbios, cantares, adivinanzas, cuentos, leyendas, tradiciones, fábulas y demás formas poéticas y literarias del pueblo, los usos, costumbres, ceremonias, espectáculos y fiestas familiares, locales ó provinciales, los ritos, creencias, prácticas, supersticiones, mitos y juegos infantiles, las locuciones, jiros, trabalenguas, frases especiales de cada localidad, motes y apodos, ocurrencias, modismos y voces infantiles, los nombres de sitios y lugares, que no se mencionan en mapas; los de piedras, animales y plantas; y en suma, todos los elementos constitutivos del genio, del saber y de los idiomas, contenidos en la tradición oral, en los monumentos y en los escritos, como materiales indispensables para el conocimiento y reconstrucción científica de la historia y cultura.
Y con arreglo á la base 3.a, los folk-loristas deben tener como principal objetivo la fidelidad en la trascripción y la mayor escrupulosidad en declarar la procedencia de las tradiciones ó datos etc., que recojan, utilizando, cuando el estado de sus recursos lo consienta, la escritura musical, dibujo, taquigrafía, fotografía y demás medios adecuados para obtener la fidelidad en la reproducción.
El Folk-Lore, pues consta de secciones de Literatura, Poesía, Historia, Prehistoria, Geografía, Bellas Artes, Arqueología, Jurisprudencia, Economía política, Pedagogía, Medicina, Botánica, Zoología, Mineralogía, Geología, Física y Química, Matemáticas, Moral, Sociología, Lingüística, Fonética, Industria, Agricultura, Astronomía, Mitografía, Etnología, Demopsicología, Demotopografía, Bibliografía, Cosmogonía y, en una palabra, todos los ramos del saber humano.
Y á fuerza de ensanchar, acaso exagerando, el prístino concepto del Folk-Lore, los españoles llegaron á considerarlo como ciencia, y los folk-loristas acabaron por no entenderse unos á otros, habiendo necesidad de abrir una discusión internacional para fijar la verdadera definición del Folk-Lore.
Y el Sr. Director del Boletin Folk-Lórico de Sevilla, tomándome por el representante de Folk-Lore filipino, tuvo la atención de pedir mi humilde opinión sobre esta cuestión y mi informe, que encontrareis mas adelante, se publicó en el Boletin de la Enseñanza Libre, de Madrid.
De todos modos, escusado será encarecer la utilidad del Folk-Lore á Filipinas. Este pais necesita mas que las naciones europeas de uno ó muchos que recojan las tradiciones, costumbres, consejas, supersticiones etc., para que luego los doctos puedan con ellas hacer comparaciones, que tengan por objeto escudriñar los misterios mil que encierra el pasado de estos pueblos.
¿Quién puede asegurar de fijo cuáles fueron los aborígenes de este Archipiélago? En un principio yo opinaba que los ilocanos eran de raza distinta que los tagalos, en razon á que existen algunas diferencias, tanto que muchas veces distingo á primera vista por su solo aspecto el uno del otro. Pero después de haber yo estudiado detenidamente las costumbres, supersticiones y tradiciones de uno y otro pueblo, me mudé de parecer.
Ya se ha visto que el estudio de las consejas, leyendas y supersticiones de los ilocanos, me sirvió para reconstruir su Mitología ó Religión primitiva, que no mentan siquiera los historiógrafos de Filipinas, y, sin embargo, ninguno probablemente se atreverá á ponerla en duda, si el amor natural á los propios escritos no me engaña.
Y ¿qué no esperaremos del Folk-Lore filipino respecto á la Medicina, cuando las plantas del país son todas sin excepción medicinales?... Es claro que la Flora filipina escrita por Blanco, Mercado, Llanos y otros autores dista mucho de ser completa, y puedo asegurar sin género alguno de duda que en cuanto á su aplicación á la Medicina, muchísimos secretos dejaron de descubrir Sta. María, Clain, Gregorio Sanz y otros que han escrito sobre la materia.
Digamos ahora algo de la historia del Folk-Lore filipino.
En 25 de Marzo de 1884, La Oceanía Española habló por vez primera del asunto en su artículo de fondo titulado "Folk-Lore de Filipinas," invitando á sus lectores á aportar su contingente y para ello les trazó un programa más ó menos completo.
Yo, entonces jóven de 19 años, empezaba á cobrar afición al periodismo, y el muy inteligente como amable Director de dicho periódico don José Felipe del Pan estimuló mis aficiones con algunos regalos de libros y me suplicó escribiera el Folk-Lore ilocano. Y en 24 de Mayo de 1884 dí comienzo á dicho trabajo y después publiqué algunos artículos sobre los Folk-Lores Malabonés, Zambaleño y Filipino, escribiendo en este último los materiales folk-lóricos que eran de carácter general en el Archipiélago. Debo, pues, rendir aquí tributo de gratitud al Sr. del Pan, y yo deseo sinceramente que hoy me quisiera como antes á su antíguo discípulo, el jóven indígena.
El Dr. Machado y Alvarez, iniciador del Folk-Lore Español, y el Sr. D. Alejando Guichot y Sierra, Director del Boletin Folk-Lórico de Sevilla, principies figuras folk-lorísticas de España, acabaron de inclinarme á esta nueva ocupación del pensamiento, estimulándome; me regalaron todas las obras folk-lóricas que se publicaron en España; me ponian al corriente de todo, me alentaban y por su encargo dirigí en 15 de Marzo de 1885 una carta propaganda, que publicó y secundó la prensa filipina; pero no surtió mas efecto que unos preciosos artículos, titulados Alrededor de un cadáver, que el celebrado pintor don Miguel Zaragoza tuvo la amabilidad de dedicarme en El Porvenir de Visayas.
Lo que lamentó con razón el inteligente médico como castizo escritor D. José Lacalle y Sanchez, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Manila y autor del etnográfico libro Tierras y Razas, en 27 de Junio de 1885 con el pseudónimo de Astoll.
Hé aquí unos párrafos suyos que nos dan idea perfecta de lo que acaeció:
"Un ilustrado hijo del país--escribe--apreció la utilidad de la empresa (del Folk-lore) y no dudó en intentar su realización, apercibiendo para ello sus bríos y sus dotes todas.... Solo la prensa ayudó los buenos propósitos del iniciador, pero sus gestiones tuvieron el mismo éxito que otras muchas que ceden en beneficio de nuestra cultura. Por eso el Folk-Lore filipino no se constituirá. A ello se opone la desidia y abandono de unos y la indolencia de todos."
Para recoger del saco roto la organización del Folk-Lore regional filipino, juzgué oportuno contestar al revistero del Comercio y aprovechando su indirecta, aparenté sostener que en Filipinas había personas ilustradas y estudiosas que pudieran acometer la empresa.
Astoll me contestó con un artículo digno de su autor, en el que se leían entre otras las siguientes líneas, que trascribo por la verdad que encierran:
"Solo suponiéndole dotado de una gran dosis de buena fé, se alcanza á comprender el entusiasmo y la fé que le animan en una empresa, por demás noble y civilizadora, pero completamente estéril donde por lo visto, solo crecen lozanos el camagón y el molave.
Sin embargo, el citado escritor dijo:--"quiero también llevar á ese campo que V. cultiva con esmero, el grano de arena salido de las sinuosidades de mi cerebro."
Y pasando á demostrar la utilidad del Folk-Lore filipino escribió:
"De lo que no sabemos nada, absolutamente nada, es de ese pasado misterioso cubierto aun por espeso velo que no han logrado romper las escasas investigaciones de algunos hombres, y que oculta cuidadosamente la cuna de estos pueblos.--Y por eso la ciencia antropológica sabe del hombre filipino tanto como de los habitantes de la luna. Y la etnología, la etnografía, la lingüística y otros ramos del saber, solo saben... que no saben nada... Y teniendo en cuenta por otra parte, que el primitivo pueblo filipino no dejó su pasado escrito en papeles ni monumentos, claro aparece que solo en la tradición, en las prácticas supersticiosas, en las costumbres primitivas que hoy se conservan por muchos, es posible encontrar los materiales necesarios á la obra histórica que nos ha de proporcionar el útil conocimiento de tiempos y cosas que pasaron.--Cuando la locomotora cruce los campos filipinos y ponga en comunicación todas las provincias, llegarán á éstos los hábitos y costumbres de los modernos pueblos y desaparecerán, como van desapareciendo de Manila, los usos propios de este hermoso país.--Y si antes que esto ocurra, no se han recogido los materiales existentes, la historia perderá una de sus hojas mas curiosas; aquella destinada á las regiones levantadas sobre el Océano.--¿Quién puede impedir que esto suceda? ¿Quién se dedicará á explotar los tesoros de la tradición?--El Folk-Lore podría encargarse de ello.--Por eso yo he creido que esa institución era la llamada á crear el museo donde los doctos estudiasen mañana el pasado de estos pueblos. Y por eso he defendido la importancia del Folk-Lore; y he tributado á V. mis plácemes y alabanzas.
"Además, en el Folk-Lore podría quizás tener orígen la poesía filipina; es decir, la poesía inspirada en asuntos filipinos y nacida en la mente de vates filipinos. Y aquí oigo ya, Sr. de los Reyes, las burlonas carcajadas de alguno de esos faroles, que tanta gracia le han hecho á usted. Pero déjelos que se rían, porque esos mismos se reían también de otras manifestaciones del ingenio de este pueblo, y luego bajaron la cabeza confundidos ante los laureles de Luna y Resurrección. Y no hay que dudarlo, en las tradiciones populares del país brotará algún día la fuente de la inspiración, si esas tradiciones llegan á ser del dominio público. En esas tradiciones y en esas prácticas supersticiosas, que V. va dando á conocer, podrán inspirarse algún día vates insignes, amadores entusiastas de las peregrinas bellezas de este rico vergel."
Y en otro artículo dijo el mismo autor: "Y si sus trabajos é investigaciones (los del Folk-Lore) hacen relación con pueblos como el filipino donde el carácter de los naturales ha sido retratado únicamente por brochas de torpes enjalbegadores, compréndese bien cuanto habría de ser el provecho que de esa institución podría obtenerse.
A su segundo artículo, repliqué demostrando que la tarea folk-lórica no era obra de romanos y aludiendo directamente á ciertas corporaciones que hubieran podido acometerla.
Y el ingenioso y benévolo Astoll se limitó á contestarme lo siguiente:
"Voy á concluir con un párrafo que no reza contigo, amable suscritor; se dirige al Sr. don Isabelo de los Reyes, á quien felicito por su última eruditísima carta, que he leido con placer. Cumplo gustoso este deber de atención, pero como desgraciadamente, en el asunto del Folk-Lore sigo las corrientes de un pesimismo funesto, no puedo sostener una polémica, á mi juicio completamente estéril."
La prudencia no le podía haber dictado otra cosa.
Y con esto concluyó la polémica, que iba á ser interminable, si mi distinguido contrincante no la hubiera cortado, porque con ella yo creía propagar las ideas folk-lóricas y despertar afición á ellas, aunque realmente estaba del todo conforme con Astoll, por lo que escribiera en mi primera epístola: El pesimismo de usted me espanta, quizás tan solo porque se opone al ideal que yo acaricio. Y en la segunda, estas palabras: Aunque muy bien puede ser que mis veinte años de edad aun no me hayan dado á conocer la gente de mi propia casucha.
Meses antes de esta polémica dije á los folk-loristas peninsulares, que me invitaban á promover la organización de sociedades folk-lóricas en Filipinas, lo que mas tarde me había de repetir Astoll, por lo que el Sr. Director del "Boletin Folk-lórico" de Sevilla me contestó aquellas palabras, que he trascrito en mi segunda epístola, para animar á Astoll: "por muchos obstáculos que se opongan á un pensamiento tan grande como el mundo, aquel se desarrollará."
Días después de haber yo publicado mis artículos folk-lóricos, se insertaron en La Oceanía Española otros de Bulacan, Pampanga y Tayabas, debidos á los ilustrados jóvenes filipinos don Mariano Ponce y Collantes, el Sr. Serrano Lactao y D. Pio Mondragon.
Para escribir artículos folk-lóricos, se necesitan buena fé, exactitud y verdad absoluta, estando desterrados del Folk-Lore las prosas y todo lo que sea puramente imaginario, porque se trata de reunir datos para las ciencias y claro aparece que aquellos deben ser positivos.
Ahora bien: si esta colección de mis artículos folk-lóricos tiene algun mérito, que no encuentro, consistirá únicamente en la fidelidad y buena fé en la descripción, y en su novedad, versando sobre conocimientos populares y costumbres de las que no se leen con frecuencia en los libros sobre Filipinas.
Y tanta es mi imparcialidad, que he sacrificado á la ciencia el cariño de los ilocanos, pues que se quejan de que he sacado á relucir sus prácticas no muy buenas.
Pero he de advertirles que he recibido entusiastas plácemes de varios sábios de Europa, los cuales dicen que con el Folk-Lore ilocano, dejando á un lado patriotismo mal entendido, he prestado señalado servicio á Ilocos, mi patria adorada, pues con él he dado materiales abundantes á los doctos para que puedan estudiar su prehistoria y otros problemas científicos, referentes á aquella provincia; y mis artículos publicados en La Oceanía Española, fueron traducidos al aleman por las muy importantes revistas científicas de Europa el Globus y Ausland, lo cual prueba que se trata de algo mas serio que el ridiculizar á mis paisanos, que ya sabrán corregirse, después de verse retratados.
Y hablando de patriotismo, ¿acaso no se ha dicho varias veces en periódicos que para mí solo son buenos Ilocos y los ilocanos? Esos artículos y gacetillas de la prensa filipina dando á conocer los méritos de éstos, defendiéndoles y pidiendo para ellos buenas reformas, ¿á quién se deben?... Cada uno sirva á su pueblo segun su manera de pensar, y yo con el Folk-Lore ilocano creo contribuir á esclarecer el pasado del mío. Todo esto he sacado á relucir, porque para mí, el peor de los hombres es el infeliz que no esté dotado de ese sentimiento noble y sagrado, que llaman patriotismo.
TERMINOLOGÍA DEL FOLK-LORE
(Informe del autor pedido por los folk-loristas españoles)
Hermano de los selváticos aetas, igorrotes y tinguianes y nacido en esta apartada colonia española, donde la civilización brilla aún con luz muy ténue, confieso sinceramente que muy poco, ó mas bien dicho, nada sé yo de la nueva ocupación del pensamiento humano llamado Folk-Lore.
Impulsado por la atenta invitación de mi amigo el ilustrado Sr. Director del Boletin [2], tomo sin embargo, la pluma para indicar el humilde concepto que me he formado de las diversas opiniones sobre el verdadero sentido del vocablo sajon Folk-Lore.
La primera cuestión que se me presenta, al definir el Folk-Lore, es la de si es ciencia ó no.
Para Mr. Nutt es ciencia: dice que es la Antropología referente al hombre primitivo, y la Antropología es ciencia. Afirmo lo mismo de Mr. E. Sidney Hartland, que define el Folk-Lore así: la Antropología que estudia los fenómenos psicológicos del hombre inculto; de Mr. Gomme, autor de la definición siguiente: "La ciencia que trata de las supervivencias y costumbres arcáicas en las edades modernas:" y de Wake, que da esta definición: aquella parte de la Antropología, que trata de los fenómenos psicológicos del hombre primitivo. Según el Sr. D. Alejandro Guichot y Sierra, los españoles han sido los primeros en considerar como ciencia el Folk-Lore. En efecto, el Dr. Machado y Alvarez es de los que sostienen que el Folk-Lore es ciencia y lo define de esta manera: "La ciencia que tiene por objeto el estudio de la humanidad indiferenciada ó anónima, á partir desde una edad que puede considerarse infantil, hasta nuestros días."
Mr. Wheatley asevera á su vez que el Folk-Lore apenas puede llamarse ciencia, si bien es verdad que esta afirmación es difícil de compaginar con la definición que da del Folk-Lore: la ciencia no escrita del pueblo.
La eminente escritora Sra. D.a Emilia Pardo Bazán, presidente del Folk-Lore Gallego, asegura que el objeto del Folk-Lore es "recoger esas tradiciones que se pierden, esas costumbres que se olvidan y esos vestigios de remotas edades que corren peligro de desaparecer para siempre, para archivarlos, evitar su total desaparición, conservar su memoria y formar con ellos, por decirlo así, un museo universal, donde pueden estudiar los doctos la historia completa de lo pasado."
Como se observa, para ella el Folk-Lore por su objeto, no es más que mero colector: no es ciencia.
Antes de dar la razón á una de las dos opiniones contrarias, voy á recordar á mis lectores el adagio vulgar y muy práctico que dice: el que mucho abarca poco aprieta.
En efecto, el Folk-Lore, con solo recoger y acopiar todos los conocimientos, usos y costumbres de la gente no ilustrada, aún no estudiados, tiene muy larga tela que cortar.
Y si no se contenta con reunir materiales y pretende además estudiarlos científicamente ó reducirlos á un sistema bien ordenado, es decir, llegar al desideratum de todas las ciencias, yo no puedo calificar el objeto del Folk-Lore si no de casi imposible.
¿Qué se entiende por ciencia?
Si me fijo en la definición, que de ella dan los filósofos, me espanta sobremanera la idea ó pretensión de los que consideran como tal el Folk-Lore.
Sin embargo, en esto de limitar el trabajo del folk-lorista á recoger materiales, encuentro un inconveniente: tal es la pretensión muy general de parecer sábio, erudito u otros epítetos por el estilo.
Por eso, es necesario transigir con la vanidad de todos, so pena de morir en su infancia el Folk-Lore, en razon á que alguien diría: recoger cuentos y otras simplezas, es ocupación de viejas.
Y además, esta pretensión de los folk-loristas de explicar científicamente y de comparar, haciendo alarde de su erudición, es util, no ociosa.
Convengo, por consiguiente, en que una nodriza ó cualquier palurdo que sea colector de cuentos, no pueda llamarse folk-lorista, porque éste es instruido y se sujeta á ciertas reglas.
Pero la definición rigorosa del Folk-Lore es, segun mi entender, la siguiente:
La ocupación del pensamiento humano, que tiene por objeto recoger todos los datos que la gente no ilustrada conozca y tenga, que aun no hayan sido estudiados.
Por manera que estoy muy conforme con Wheatley en que el objeto del Folk-Lore puede existir actualmente en el siglo XIX.
Quizá muchos folk-loristas europeos no se conformen con nosotros; pero veamos un ejemplo:
Supongamos que un salvaje de los bosques de Abra descubra en estos días por mera casualidad que tal fruta cura el cólera-morbo con mayor eficacia que el virus anticolérico del doctor Ferran, decidme, folk-loristas: ¿no os apresurariais á apuntarlo en vuestros mamotretos folk-lorísticos?
¿Nó?
En este caso, el Folk-Lore perdería una joya que puede muy bien reclamar, dado que su significación etimológica no excluye los conocimientos del pueblo, que no sean tradicionales.
Y aquí veis que la medicina folk-lórica no siempre es magia, cual parece pretender Mr. Wake.
No encuentro mal la primera división del Folk-Lore en Folk-Thought (pensamiento popular), y Folk-Wont (usos y costumbres del pueblo), que hace Mr. Hartland; y me parecen excelentes las secciones científicas del Folk-Lore Andaluz, que trató de establecer el Sr. D. Alejandro Guichot y Sierra; pero como no cuento con ningún colaborador para escribir este libro, adoptaré una división mas sencilla arreglada conforme á mi opinión y los materiales de que dispongo.
Es bueno economizar los términos extrangeros, cuyo derroche, á más de ser ridículo, siembra confusión.
Hé aquí mi humilde opinión.
Enseñad ahora al modesto indígena de Filipinas si ha incurrido en error.
FOLK-LORE ILOCANO
CAPÍTULO PRIMERO
MATERIALES FOLK-LÓRICOS
SOBRE LA RELIGIÓN Ó MITOLOGÍA, Y LA PSICOLOGÍA
(Folk-Belief ó Worship)
I
LOS MANGMANGKÍK.
Sir George Cox confunde lastimosamente el Folk-Lore con la Mitología, como muchos españoles confunden ésta con la Teogonía.
El Folk-Lore, como hemos visto, es mero arsenal de datos al servicio de las ciencias todas, á las cuales toca el estudiar sus respectivos materiales.
El Folk-Lore recoge del vulgo y presta luego á la Mitología, materiales como las consejas, leyendas fabulosas etc. y la Mitología se encarga de averiguar si son propias ó exóticas, estudiarlas á la luz de la historia y en una palabra, servirse de ellas, para reconstruir una Religión ya extinguida por completo ó en parte. En resúmen, el Folk-Lore representa fragmentos, que no pueden formar un todo sin el auxilio de la Mitología.
Ya he publicado la Mitología ilocana [3] que forma parte de la época prehistórica de mi Historia de Ilocos.