El criticón (tomo 2 de 2)

Part 18

Chapter 183,995 wordsPublic domain

¿Qué es esto?, corrían de unas y otras partes preguntando.

Pregón, pregón, respondían otros.

¿Qué cosa?

Un bando, que manda echar el coronado Saber por todo su imperio de aciertos.

¿Y á quién destierran? ¿Acaso al Arrepentimiento, que no tiene cabida donde hay cordura, ó á tu grande enemiga la propria Satisfación? ¿Publícase la guerra contra la envidiosa Fortuna?

Nada de eso es, les respondieron, sino una crítica reforma de los comunes refranes.

¿Cómo puede ser eso, replicó Andrenio, si están hoy tan recibidos, que los llaman Evangelios pequeños?

Recibidos ó no, llegaos y oid lo que el pregonero vocea.

Atendieron curiosos y, después de haber prohibido algunos, oyeron que proseguía así:

Item más mandamos que ningún cuerdo en adelante diga que _quien tiene enemigos no duerma_; antes lo contrario, que se recoja temprano á su casa, se acueste luego y duerma, que se levante tarde y no salga de su casa hasta el sol salido.

Item que nunca más se diga, que _quien no sabe de abuelo no sabe de bueno_; antes bien que no sabe de malo, pues no sabe que fué un mecánico sombrerero, un carnicero, un tundidor y otras cosas peores.

Que ninguno sea osado decir que _los casamientos y las riñas de prisa_, por cuanto no hay cosa que se haya de tomar más de espacio que el irse á matar y casar y se tiene por constante que los más de los casados, si hoy hubieran de volver, lo pensaran mucho. Y como decía aquél: _Dejádmelo pensar cien años_.

También se prohibe el decir que _más sabe el necio en su casa, que el sabio en la ajena_, pues el sabio dondequiera sabe y el necio dondequiera ignora.

Sobre todo que ninguno de hoy más se atreva á decir _no me den consejos, sino dineros_, que el buen consejo es dineros y vale un tesoro y al que no tiene buen consejo no le bastará una India ni aun dos.

Entiendan todos que aquel otro refrán, que dice _aquello se hace presto, que se hace bien_, proprio de los españoles, es más en favor de mozos perezosos, que de amos bien servidos, y así se ordena á petición de los franceses y aun de italianos que se vuelva del revés y diga en favor de los amos puntuales: _aquello se hace bien, que se hace presto_.

Que por ningún acontecimiento se diga, que _la voz del pueblo es la de Dios_; sino de la ignorancia y de ordinario por la boca del vulgo suelen hablar todos los diablos.

Item se suspende en esta era aquel otro _honra y provecho no caben en un saco_, viendo que hoy el que no tiene no es tenido.

Como una gran blasfemia se veda el decir _ventura te dé Dios, hijo, que el saber poco te basta_, por cuanto de sabiduría nunca hay bastante ¿y qué mayor ventura que el saber y ser persona?

Así como unos se prohiben del todo, otros se enmiendan en parte. Por lo cual no se diga que _al buen callar llaman Sancho_, sino Santo y en las mujeres milagroso, si ya no es que por Sancho se entienda lo callado del conejo.

¿Quién tal pudo decir _asno de muchos, lobos se lo comen_?; antes él se los come á ellos y come como un lobo y come el pan de todos, diciendo: Yo me albardaré y el pan de todos me comeré; que ya el ser muy hombre embaraza y el saber bobear es ciencia de ciencias.

Fué muy mal dicho _el mozo y el gallo un año_, porque, si es malo, ni un día, y si bueno, toda la vida.

Item se condenan á descaramiento algunos otros, como decir _preso por mil, preso por mil y quinientas_; _al mayor amigo, el mayor tiro_. Y aquello de _ándeme yo caliente y ríase la gente_ es una muy desvergonzada frialdad; sólo se les permita á las mujeres, que andan escotadas el decir _ándeme yo fría y mas que todo el mundo se ría_.

Otros se mandan moderar, como aquel _bien haya quien á los suyos parece_, que no se ha de estender á los hijos y nietos de alguaciles, escribanos, alcabaleros, farsantes, venteros y _otra simili canalla_.

Otros se interpretan como aquel _dondequiera que vayas, de los tuyos hayas_; antes se ha de huir de los suyos el que quisiere vivir con quietud, paz y contento, y de sus paisanos el que pretendiere honra y estimación.

Item se destierra por ocioso el _cobra buena fama y échate á dormir_, pues ya, aun antes de cobrarla, se echan á dormir todos.

Modérese aquel que dice _en los nidos de antaño no hay pájaros ogaño_. Pluguiera á Dios que el amancebado y el adúltero no se estuvieran en el lecho como el chinche ni los tahures en el garito quemados, que estuvieran los nidos encubridores y las redes de las arañas de las escribanías, atentas á coger la mosca del malaconsejado pleiteante.

Aquello de _Dios me dé contienda con quien me entienda_ sin duda que fué dicho de algún sencillo; los políticos no dicen así, sino con quien no me entienda ni atine con mis intentos ni descubra de una legua mis trazas.

_El dormir sobre ello_ es una necedad muy perezosa; no diga sino velar.

Item se prohibe como pestilente dicho _mal de muchos, consuelo de todos_; no decía en el original, sino de tontos y ellos le han adulterado.

Á instancia de Séneca y otros filósofos morales sea tenido por un solemne disparate decir _haz bien y no mires á quién_; antes se ha de mirar mucho á quien, no sea el ingrato, al que se te alce con la baraja, al que te saque después los ojos con el mismo beneficio, al ruin que se ensanche, al villano que te tome la mano, á la hormiga que cobre alas, al pequeño que se suba á mayores, á la serpiente que reciba calor en tu seno y después te emponzoñe.

No se diga que _lo que arrastra, honra_; sino al contrario, que lo que honra arrastra y trae á muchos más arrastrados que sillas.

Item, á petición de los hortelanos, _no se dirá mal de tu perro_; pero sí de tu asno, que se come las berzas y las deja comer.

Enmiéndese aquel otro _con tu mayor no partas peras_; no diga sino piedras, que lo demás es decir que se alce con todo.

Tampoco sirve decir _quien todo lo quiere_, _todo lo pierde_, por cuanto es preciso tirar á todo y aun á más, para salir con algo. Dirá, pues, como quien yo sé: señor, si todo lo puedo, todo lo quiero.

También es falso aquel de _bien canta Marta después de harta_; antes ni bien ni mal, que, en viéndose hartos, ni canta Marta ni pelea Marte, sino que se echan á poltrones.

_Cada loco con su tema_ es poco; diga con dos y de aquí á un año con ciento.

_Lo que se usa, no se escusa_: necedad. Eso es lo que se debe escusar, que ya no se usa lo bueno ni la virtud ni la verdad ni la vergüenza ni cosa, que comience deste modo.

_Díselo tú una vez, que el diablo se lo dirá diez_: dicho de otro tal. Si malo, ¿para qué se lo ha de decir? Si bueno, nunca se lo dirá el diablo.

Engañóse quien dijo que _el paciente es el postrero_; antes quieren ya ser los primeros en todo y ir delante.

Por necedad se prohibe el decir _más valen amigos en plaza que dineros en arca_: lo uno porque ¿dónde se hallaran verdaderos y fieles?; lo otro porque á quien tiene dineros en arca nunca le faltan amigotes en todas partes.

Aquel otro _ni para buenos ganar ni para malos dejar_ sin duda salió de algún gran perdigón, pues antes á los buenos se les ha de dejar y á los malos ganar, para que sean buenos.

_No hay mal que no venga por bien_: una por una el mal va delante y abrir puerta á un mal es abrirla á ciento, porque el mal va donde más hay.

Item se enmiende aquel _donde fueres, harás como vieres_; no diga sino como debes.

Extínguese de todo punto aquel que dice _mal le va á la casa_, _donde no hay corona rasa_; antes muy bien y muy mal donde la hay, porque la hacienda de la Iglesia pierde toda la otra y arrasa la mejor casa.

_Por mucho madrugar no amanece más presto_ es dicho de dormilones; entiendan que el trabajar es hacer día y el que madruga goza de día y medio; pero el que tarde se levanta todo el día trota.

_Si uno no quiere, dos no barajan_: éste no tiene lugar en Valencia, porque allí, aunque uno no quiera empeñarse, le obligan y ha de porfiar, aunque reviente de cuerdo.

No se diga ya que _el dar va con el tomar_, porque no se sigue bien. Podríase proponer por enigma y preguntar: ¿cuál fué el primero el dar ó el tomar?

_Quien no sabe pedir, no sabe vivir_: ¡qué engaño!; antes el pedir es morir para los hombres de bien: no diga sino quien no sabe sufrir.

Peor es aquel _quien tiene argén, tiene todo bien_; no sino todo mal, como decir _voluntad es vida_; no es sino muerte.

Item se prohibe por cosa ridícula el decir _riña de por San Juan, paz para todo el año_: ¿qué más tiene la de por San Juan, que la de por San Antón? ¿Y quien tiene mal San Juan, qué buena pascua espera?

_Duro es Pedro para cabrero_; peor fuera blando.

_Quien se muda, Dios le ayuda_: entiéndese, cuando iba de mal en peor; que el mudar de cartas es treta de buenos jugadores, cuando dice mal el juego.

_El sufrido es bien servido_; no, sino muy mal y cuanto más, peor.

_¿Quieres ser papa? póntelo en la testa_: muchos se lo ponen, que no salen de sacristanes; más valdría en las manos, con obras y méritos.

_Quien tiene lengua, á Roma va_: entiéndese por penitencia de los pecados del hablar.

Por ningún caso se diga _darse un buen verde_; no, sino muy malo y muy negro, que al cabo deja en blanco y el rostro avergonzado y la tez amarilla y los labios cárdenos, vengándose dél todos los demás colores.

Tampoco es verdadero decir _quien malas mañas ha_, _tarde ó nunca las pierde_; no, sino muy presto: porque ellas acaban con él y con la vida y con la hacienda y con la honra, cuando él no con ellas.

Engañóse también el que dijo _casarás y amansarás_; antes al contrario es menester que ellas amansen, para poderse casar, y se tiene observado que ellos se vuelven más bravos, pues preguntando, ¿_por qué no riñe su amo_?, responde: _porque no es casado_.

Mándale leer al trocado aquel que dice _que los locos dicen las verdades_, esto es que los que las dicen son tenidos por locos y aun de ese achaque se han deslumbrado varias veces algunas verdades bien importantes, que pudieran desengañar á muchos.

Al que dijo _en Toledo no te cases, compañero_, pudiérasele preguntar ¿pues dónde, que no suceda lo mismo? Léase en _Toledo_ sincopado, con que dirá en _todo_ el mundo.

_El mozo vergonzoso, el diablo le metió en palacio_: ya no se ve el tal, sino su contrario, embusteros y aduladores.

_Al médico y al letrado no le quieras engañado_; antes sí, que de ordinario discurren al revés y de ese modo acertarán.

_No se toman truchas á bragas enjutas_; digo que sí, que los buenos pescadores las toman presentadas.

_No hay peor sordo, que el que no quiere oir_: otro hay peor, aquel que _por una oreja le entra y por la otra se le va_.

_Allá van leyes, donde quieren los reyes_; no digo sino los malos ministros.

_Á mal paso, pasar postrero_; por ningún caso, ni primero ni postrero, sino rodear.

_Cuando la barba de tu vecino veas pelar, echa la tuya en remojo_: ¿de qué servirá, sino de que se la pelen más fácilmente y aun se la repelen?

_Más da el duro, que el desnudo_: una por una ya dió éste hasta la capa, el otro aún se está por ver; y él repite _para tener dineros, tenerlos_.

Item se ordena que no se diga que _los criados son enemigos no escusados_; sino muy escusados y que para cada falta tienen cien escusas. Los hijos, sí, se llamen de esa suerte ó enemigos dulces, que cuando chiquitos hacen reir y cuando grandes llorar.

_Grande pie y grande oreja, señal de grande bestia_: mas no, sino un piedecito de un chisgarabís sin asiento ni fundamento; y una grande oreja es alhaja de un príncipe, para oirlo todo.

Item, ninguno se persuada que _son buenas mangas después de pascua_ y cuanto más anchas, peores, si es por pascua florida.

Tampoco vale decir _quien calla otorga_; antes es un político atajo del negar y, cuando uno otorga en su favor, no se contenta con un sí, sino que echa media docena.

Aquello de _á uso de Aragón, á buen servicio mal galardón_, los aragoneses lo entienden por pasiva.

_Á falta de buenos, han hecho á mi marido jurado_: engáñase, que antes por ser ruin notoriamente, que ya se buscan los peores.

_Quien quisiere mula sin tacha, estése sin ella_: bobería; más fácil es quitársela.

_El que da presto, da dos veces_ no está bien entendido; no sólo dos, pero tres y cuatro. Porque en dando, luego le vuelven á pedir y él á dar, con que, mientras el duro da una vez, el liberal da cuatro.

Desta suerte fué prosiguiendo el pregonero en prohibir otros muchos, que nuestros peregrinos, cansados de tal prolijidad, remitieron al examen de los entendidos y también porque les dió priesa el Sesudo, para que llegasen á la oficina mayor, donde se refinaba el seso y se afinaba la sindéresis. El cómo y dónde, quedarse ha para la otra Crisi.

CRISI VII

_La hija sin padre en los desvanes del mundo._

Opinaron algunos sabios que con ser el hombre la obra más artificiosa y acabada, le faltaban aún muchas cosas para su total perfección. Echóle uno menos la ventanilla en el pecho, otro un ojo en cada mano, éste un candado en la boca y aquél una amarra en la voluntad; mas yo diría faltarle una chiminea en la coronilla de la cabeza y algunos dos, por donde se pudiesen exhalar los muchos humos, que continuamente están evaporando del cerebro. Y esto mucho más en la vejez. Que si bien la considera, no hay edad, que no tenga su tope, y alguna dos y la vejez ciento.

Es la niñez ignorante, la mocedad desatenta, la edad varonil trabajada y la senectud jactanciosa. Siempre está humeando presunciones, evaporando jactancias, cebando estimaciones y solicitando aplausos. Como no hallan por dónde exhalarse estos desapacibles humos, sino por la boca, ocasionan notable enfado á los que les oyen y mucha risa, si son cuerdos.

¿Quién creyera que Andrenio y mucho menos Critilo, recién caldeados en las oficinas de la cordura, frescamente salidos de darse un baño moral de prudencia y atención, habían de errar jamás las sendas de la virtud, las veredas de la entereza? Pero así como dentro de la más fina grana se engendra la polilla, que la come, y en las entrañas del cedro el gusano, que le carcome, así de la misma sabiduría nace la hinchazón, que la desluce, y en lo más profundo de la prudencia la presunción, que la desdora.

Iban, pues, ambos peregrinos en compañía del varón de sesos, encaminándose á Roma y acercándose á su deseada Felisinda. No acababan de celebrar los prodigios de cordura, que habían hallado en ellos palacios del coronado saber, aquellos grandes hombres, forjados todos de sesos y aquellos otros de quienes se pudiera sacar zumo para otros diez y sustancia para otros veinte; los verdaderos gigantes del valor y del saber, los fundadores de las monarquías, no confundidores, los de cien orejas para las noticias y de cien manos para las ejecuciones; aquel estraño modo de cocer los sujetos grandes en cincuenta y sesenta otoños de ciencia y experiencia. Aquí vieron formar un gran rey y cómo le daban los brazos del emperador Carlos Quinto, la testa de Felipe Segundo y el corazón de Felipe Tercero y el celo de la religión católica del rey don Felipe Cuarto. Íbales dando las últimas liciones de cordura.

Advertid, les decía, que por una de cuatro cosas llega un hombre á saber mucho, ó por haber vivido muchos años ó por haber caminado muchas tierras ó por haber leído muchos y buenos libros, que es más fácil, ó por haber conversado con amigos sabios y discretos, que es más gustoso.

Por último primor de la cordura les encargó la española espera y la sagacidad italiana. Sobre todo, que atendiesen mucho á no errar las principales y mayores acciones de la vida, que son como las llaves del ser y del valer.

Porque mirad, les decía, que un hombre pierda un diente ó una uña, y aunque sea un dedo, poco importa, fácilmente se suple ó se disimula; pero aquello de perder un brazo, tener un ojo menos, mancarse de una pierna, ésa sí que es gran tacha. Adviértese mucho, que afea toda la persona. Pues así digo que un hombre yerre una acción pequeña, no hace mucho al caso, fácilmente se disimula; pero aquello de errar las mayores acciones de la vida, las principales ejecuciones, en que va todo el ser, las partes sustanciales, eso sí que monta mucho, que es un cojear la honra, afear la fama y un deformar toda la vida.

Esto iban repasando, cuando vieron que en medio del camino real estaban batallando dos bravos guerreros y, no sólo contendiendo de palabra, sino muy de obra, haciéndose el uno al otro valientes tiros á toda oposición. Aquí el sesudo guión hizo alto y, por evitar el empeño, les pidió licencia de retirarse á sagrado y volverse á su centro, que dijo ser el retrete de la prudencia; mas ellos, asiendo dél fuertemente, le suplicaron no los dejase y menos en aquella ocasión, antes bien que apresurasen todos tres el paso hacia los dos combatientes, para despartirlos y detenerlos.

No hagáis tal, les dijo, que el que desparte suele siempre llevar la peor parte.

Porfiaron ambos, encaminándose á la pendencia y llevándole á él asido en medio. Cuando llegaron cerca y creyeron hallarlos muy malparados y aun heridos de muerte de sus mismos hierros, advirtieron que no les salía gota de sangre ni les faltaba el menor pelo de la cabeza.

Sin duda que estos guerreros, dijo Andrenio, están encantados y que son otros horrilos, que no pueden morir, sino es que les corten un cierto cabello de la cabeza, que suele ser el de la ocasión, ó les atraviesen la planta del pie, como fundamento de la vida, según lo discurre el ingenioso Ariosto, no bien entendido hasta hoy: perdónenme sus italianos ingenios.

Ni es eso ni esotro, respondió el Sesudo; ya yo atino lo que es. Sabed que este primero es uno de aquellos, que llaman insensibles, de los que nada les hace mella, nada les empece, ni los mayores reveses de la fortuna ni los tajos de la propia naturaleza ni los mandobles de la ajena malignidad. Aunque todo el mundo se conjure contra ellos, no los sacará de su paso. No por eso dejan de comer ni pierden el sueño y dicen que es indolencia y aun magnanimidad.

¿Y este otro, preguntó Andrenio, de tan gentil corpulencia, tan grueso y tan hinchado?

Ése es, le respondió, de otro género de hombres, que llaman fantásticos y entumecidos, que tienen el cuerpo aéreo. No es aquella verdadera y sólida gordura; sino una hinchazón fofa. Y se conoce en que, si los hieren, no les sacan sangre, sino viento, haciendo más caso de la reputación que pierden, que de la herida que reciben.

Pero lo más digno de reparo fué que á todo esto, no sólo no cesaron de su necia porfía, cuando llegaron á ellos los tres pasajeros; antes renovaron con mayor empeño la pendencia. Arremetieron á la par ambos peregrinos á detenerlos, dejando libre al Varón de sesos, que como tal, en viendo la suya, dejó la ajena y se metió en salvo, dejándolos á ellos en el empeño. Que siempre falta el seso á lo mejor y la cordura, cuando más fué menester. Con harta dificultad pudieron sosegarlos, preguntándoles la ocasión de su debate, á que respondieron ser por ellos. Causóles mayor reparo y aun cuidado.

¿Cómo por nosotros, si no nos conocéis ni os conocemos?

Ahí veréis lo poco que han menester para empeñarse dos necios. Peleamos por cuál os ha de ganar y conduciros á su región muy opuesta.

Si por eso es, tratad de deponer los aceros y de informarnos de quiénes sois y adónde pretendéis llevarnos, dejándolo á nuestra elección.

Yo, dijo el primero, queriéndolo ser en todo, soy el que guío los mortales pasajeros á ser inmortales, á lo más alto del mundo, á la región de la estimación, á la esfera del lucimiento.

Gran cosa, dijo Critilo: á esa parte me atengo.

Y tú ¿qué intentas?, le preguntó al otro Andrenio.

Yo soy, respondió, el que en este paraje de la vida conduzgo los fatigados viandantes al deseado sosiego, á la quietud y al descanso.

Hízole grande armonía á Andrenio esto del descansar, aquello de tender la pierna y dedicarse á la venerable poltronería y declaróse luego de su banda. Creció con esto la contienda, pasando de los dos guerreros á los dos peregrinos, y trabóse más porfiadamente entre los cuatro.

Yo, decía Andrenio, al dulce ocio me consagro. Ya es tiempo de descansar. Trabajen los mozos, que ahora vienen al mundo, suden como nosotros hemos sudado, anhelen y revienten por conseguir los bienes de la industria y la fortuna; que á un viejo permítasele entregarse ya al dulce ocio y al descanso, atendiendo á su regalo, cuando no hace poco en vivir.

¿Quién tal dice?, replicó Critilo. Cuanto más anciano uno, es más hombre, y cuanto más hombre, debe anhelar más á la honra y á la fama. No se ha de alimentar de la tierra, sino del cielo. No vive ya la vida material y sensual de los mozos ó los brutos, sino la espiritual y más superior de los viejos y los celestes espíritus. Goce de los frutos de la gloria, conseguidos con los afanes de tanta pena, corónese el trabajo de las demás edades con las honras de la senectud.

Todo el precioso día gastaron en su necia altercación, asistiéndoles á cada uno su padrino, á Critilo el Vano, y á Andrenio el Poltrón, sin poderse ajustar; antes estuvieron al canto de dividirse, echando por su opinión cada uno. Mas Andrenio, porque no se dijese que siempre tomaba la contraria y quería salir con la suya, se dobló esta vez, diciendo que se rendía más al gusto de Critilo, que al acierto. Comenzóles á guiar el Fantástico y á seguirles el Ocioso, en fe de que les conduciría después á su paraje, no contentándoles el que emprendían, como lo tenía por cierto. Á pocos pasos descubrieron un empinado monte, con toda propiedad soberbio, y comenzó á celebrarse el Desvanecido, dándose todos los epítetos de grandeza.

Mirad, decía, ¡qué excelencia, qué eminencia, qué alteza!

¿Y dónde te dejas lo serenísimo?, replicó el Ocioso.

Coronaba su frente un extravagante edificio, pues todo él se componía de chimeneas, no ya siete solas, sino setecientas, y por todas no paraba de salir espeso humo, que en altivos penachos se esparcía al aire, y todos se los llevaba el viento.

¡Qué perennes voladores aquéllos!, ponderaba Critilo.

¡Y qué enfadosa estancia!, decía Andrenio. ¿Quién puede vivir en ella? De mí digo, que ni un cuarto de hora.

¡Qué bien lo entiendes!, respondió el Jactancioso; antes aquella es la vivienda propia de los muy personas, de los estimados y aplaudidos.

Había chimeneas de todos modos, unas á la francesa, muy disimuladas y angostas; otras á la española, muy campanudas y huecas, para que aun en esto se muestre la natural antipatía de estas dos naciones, opuestas en todo, en el vestir, en el comer, en el andar y hablar, en los genios é ingenios.

¿Veis allí, les decía el Vano, el alcázar más ilustre del orbe?

¿De qué suerte?, replicó Andrenio.

Y el Ocioso:

Mejor dijeras el más tiznado, el más curado con tanta humareda.

¿Pues hay hoy en el mundo cosa que más valga ni más se busque que el humo?

¿Qué dices? ¿Y para qué puede valer, sino para tiznar el rostro, hacer llorar los ojos y echar á un cuerdo de su casa y aun del mundo?

¿Quién tal discurre? No sólo no huyen dél las personas; sino que se andan tras él. Hombre hay, que por un poco de humo dará todo el oro de Génova, que no ya de Tíbar. Yo le ví dar á uno más de diez mil libras de plata por una onza de humo. Dicen que es hoy el mayor tesoro de algunos príncipes y que les vale una India, pues con él pagan los mayores servicios y con él contentan los más ambiciosos pretendientes.

¿Cómo es eso, que con humo les pagan? ¿Cómo es posible?