Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.
* Se ha respetado la ortografía del original impreso, que difiere algo de la actual, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.
* Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
* Las notas al margen aparecen encerradas entre corchetes y presentadas como [Marginal:...] dentro del texto.
[Ilustración]
BIBLIOTECA RENACIMIENTO
DIRIGIDA POR _G. MARTÍNEZ SIERRA_
COLECCIÓN DE OBRAS MAESTRAS DE LA LITERATURA UNIVERSAL
[Ilustración]
LA EDICIÓN Y COMENTARIO DE LOS TEXTOS CLÁSICOS ESPAÑOLES, LA TRADUCCIÓN DE LOS EXTRANJEROS Y LOS PRÓLOGOS DE UNOS Y OTROS ESTÁN Á CARGO DE EMINENTES ESCRITORES, CRÍTICOS Y ERUDITOS, LOS MÁS COMPETENTES EN LA MATERIA:
_GABRIEL ALOMAR, AZORÍN, PÍO BAROJA, JACINTO BENAVENTE, BERNARDO G. DE CANDAMO, AMÉRICO CASTRO, JULIO CEJADOR, ENRIQUE DÍEZ-CANEDO, FERNANDO FORTÚN, RICARDO FUENTE, VICENTE GARCÍA DE DIEGO, J. GÓMEZ OCERÍN, FRANCISCO A. DE ICAZA, JUAN R. JIMÉNEZ, RICARDO LEÓN, EDUARDO MARQUINA, G. MARTÍNEZ SIERRA, FRANCISCO MEDINA, ENRIQUE DE MESA, ANTONIO PALOMERO, R. PÉREZ DE AYALA, JACINTO O. PICÓN, CIPRIANO RIVAS CHERIF, FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN, VÍCTOR SAID-ARMESTO, EUGENIO SELLÉS, RAMÓN M. TENREIRO, MIGUEL DE UNAMUNO, FRANCISCO F. VILLEGAS, NARCISO ALONSO CORTÉS, ETCÉTERA, ETC._
LA PARTE ARTÍSTICA DE ESTAS EDICIONES ESTÁ ENCOMENDADA AL ILUSTRE DIBUJANTE _FERNANDO MARCO_.
[Ilustración: BIBLIOTECA RENACIMIENTO.
OBRAS MAESTRAS DE LA LITERATURA UNIVERSAL.]
[Ilustración: EL CRITICÓN
POR LORENZO GRACIÁN
EDICIÓN TRANSCRITA Y REVISADA POR JVLIO CEJADOR
RENACIMIENTO _Casa Central_: MADRID, _Pontejos 3_ SVCVRSALES: BVENOS AIRES, _Libertad 170_ PARÍS, _26, Rue Richelieu_]
NOTA
“Sabido es que Gracián, en el pináculo de su fama, fué encerrado á pan y agua en su celda por haber publicado EL CRITICÓN sin permiso de sus superiores. Lo que escandalizaba á sus colegas era el pecado de desobediencia, no el tono de sus libros.” Así Fitzmaurice-Kelly en su _Historia de la Literatura Española_, Madrid, 1913. Las tres partes de EL CRITICÓN se publicaron, respectivamente, los años de 1651, 1653 y 1657; el año de 1658 murió Gracián. La primera parte salió sin su nombre, con el anagrama de _García de Marlones_, esto es: _Gracián de Morales_. En la segunda y tercera parte se lee: _Lorenzo Gracián_. En la Censura del _Padre Don Antonio Liperi_, _Clérigo Regular_, _Doctor en Teología y en ambos Derechos. Por comission del Excelentissimo Señor Conde de Lemos y de Castro, Virrey y Capitán General deste Reyno_, impresa en la primera parte se lee: “He leído con atención (según la orden de V. E.) el libro intitulado EL CRITICÓN y su primera parte, _en la Primavera de la niñez y en el Estío de la juventud_, compuesto por el Padre Lorenço Gracián, y en él no he hallado cosa opuesta á...” Vincencio Antonio Lastanosa, hijo del famoso arqueólogo D. Vincencio Juan de Lastanosa, amigo y admirador de Gracián, dió á la estampa, contra su voluntad, la mayor parte de sus obras, entre ellas EL CRITICÓN, como puede verse en documento que trae la Revista de Bibliotecas y Archivos, 1877, p. 29.
Si fué “contra su voluntad”, el P. Gracián no desobedeció á los superiores de la Compañía de Jesús. De todos modos, estas persecuciones dan razón de haber salido con anagrama la primera parte y mudado el propio nombre de Baltasar por el de Lorenzo en la _Censura_ de la misma y en la portada de las otras dos partes. Dificultosa tarea echará sobre sí el que se empeñe en averiguar lo que al P. Gracián pasó con sus superiores respecto de sus libros y que se sospecha aceleró su muerte, un año después de publicada la tercera parte de EL CRITICÓN, asombroso esfuerzo del ingenio humano.
La crítica se ha portado con esta obra tan mal como la Compañía de Jesús con su autor. El lector que haya leído el primer tomo notará al leer el segundo que vale mucho más la segunda parte que la primera, y la tercera muchísimo más que la segunda. Este sol, que iba levantándose por momentos y brillando cada vez con más vivos resplandores, un año después cae en el sepulcro. Todos son misterios en Gracián, su vida, su muerte, su obra.
No lo es menos su bibliografía. En el _Prólogo_ al primer tomo puse lo que trae Latasa acerca de EL CRITICÓN. Ni Gallardo ni Salvá ni Brunet dicen nada de particular. Heredia (4.246) pone la primera parte de EL CRITICÓN como impresa en Zaragoza, 1651; otra edición en Huesca, 1653; otra en Madrid, 1657. Fitzmaurice-Kelly, en su última edición de la _Historia de la Literatura Española_, Madrid, 1913, conténtase con poner entre paréntesis estas mismas fechas (1651, 1653, 1657). ¿Tomólas de Heredia ó ha visto ejemplares? En la Biblioteca Nacional de Madrid sólo hay un ejemplar, muy maltratado, de la primera edición de la segunda parte, Huesca, 1653.
De estas dudas, que ya tenía al escribir mi _Prólogo_, salí después de impreso el primer tomo, por haber logrado en Aragón un magnífico ejemplar de la primera edición de cada una de las tres partes de EL CRITICÓN, verdadero tesoro por lo raro; pero, sobre todo, por ser la edición primera de esta obra sin par en todas las literaturas. Comuniqué luego la noticia á mi excelente amigo R. Foulché-Delbosc, el más entendido de los hispanófilos extranjeros, preguntándole qué sabía acerca de estas primeras ediciones, y entre otras cosas me respondió: “El Museo Británico posee ejemplar de las tres primeras ediciones de EL CRITICÓN, ó si se quiere, ejemplar de la parte primera, de la parte segunda y de la parte tercera, cada una en su primitivo estado, con las fechas que señala Fitzmaurice-Kelly; de donde deduzco que casi seguramente vió dichas ediciones en el referido Museo Británico... Y ya que estamos hablando de Gracián, sepa usted que en el último número de la _Révue Hispanique_ de 1913 habrá un estudio de cuatrocientas páginas sobre este autor.”
Ya que al preparar el primer tomo de esta edición de EL CRITICÓN, que publica “Renacimiento”, no podía disponer de las primeras ediciones, me he aprovechado, al menos, de las que hoy poseo para la publicación del segundo tomo, el cual puedo asegurar que es copia fiel de ellas: la segunda parte de la primera edición de Huesca, 1653; la tercera parte de la primera edición de Madrid, 1657, mudadas tan sólo la ortografía y puntuación.
Véase la portada de la primera edición de cada una de las tres partes:
El Criticón | Primera Parte | en la Primavera | de la niñez, | y en | el Estío de la ivventud. | Autor García de Marlones, | y lo dedica | al valeroso cavallero | Don Pablo de Parada, | de la Orden de Christo, | General de la Artillería y Governa | dor de Tortosa. | Con Licencia. | En Zaragoza, por Ivan Nogves, y á su costa. | Año M. DC. LI.
El Criticón | Segunda Parte. | ivyziosa cortesana | filosofía, | en el Otoño de la | varonil edad. | por | Lorenzo Gracián. | y | lo dedica | al Serenissimo Señor | D. Ivan de Austria. | Con Licencia, | En Huesca: Por Iuan Noguès. Año 1653. | A costa de Francisco Lamberto, Mercader de Libros. | Véndese en la Carrera de San Gerónimo.
El Criticón, | Tercera parte. | en el Invierno de la vejez. | por Lorenzo Gracián. | y lo dedica | al Doctor Don Lorenço Francés de Vrritigoyti, | Deán de la Santa Iglesia de Siguença. | Con Privilegio. | En Madrid. Por Pablo de Val. Año de 1657. | A costa de Francisco Lamberto, véndese en su casa | en la Carrera de San Gerónimo.
Sólo he de añadir que ediciones tan raras como éstas, de las cuales no hay ni en Madrid otro ejemplar que el mío completo de las tres partes y el maltrecho de la segunda parte de la Nacional, que sólo se conoce además el ejemplar del Museo Británico, y que hasta ahora fueron enigma para los bibliógrafos, deberían reproducirse con todos sus pelos y señales para que la república de las letras goce en su entereza una de las más poderosas obras del ingenio español, y la crítica acabe de levantar á Baltasar Gracián al encumbrado puesto que merece en la Historia de la Filosofía y de la Literatura.
JULIO CEJADOR.
CRISI VII
_El hiermo de Hipocrinda._
Componían al hombre todas las demás criaturas, tributándole perfecciones; pero de prestado. Iban á porfía amontonando bienes sobre él; mas todos al quitar. El cielo le dió la alma, la tierra el cuerpo, el fuego el calor, el agua los humores, el aire la respiración, las estrellas ojos, el sol cara, la fortuna haberes, la fama honores, el tiempo edades, el mundo casa, los amigos compañía, los padres la naturaleza y los maestros la sabiduría. Mas viendo él que todos eran bienes muebles, no raíces, prestados todos y al quitar, dicen que preguntó:
¿Pues qué será mío? Si todo es de prestado, ¿qué me quedará?
Respondiéronle que la virtud. Ésa es bien propio del hombre, nadie se la puede repetir. Todo es nada sin ella y ella lo es todo. [Marginal: _Único bien._] Los demás bienes son de burlas; ella sola es de veras. Es alma del alma, vida de la vida, realce de todas las prendas, corona de las perfecciones y perfección de todo el ser. Centro es de la felicidad, trono de la honra, gozo de la vida, satisfación de la conciencia, respiración del alma, banquete de las potencias, fuente del contento, manantial de la alegría. Es rara porque es dificultosa y, dondequiera que se halla, es hermosa y por eso tan estimada.
[Marginal: _Excelencias de la Virtud._]
Todos querrían parecer tenerla; pocos de verdad la procuran. Hasta los vicios se cubren con su buena capa y mienten sus apariencias: los más malos querrían ser tenidos por buenos. Todos la querrían en los otros; mas no en sí mismos. Pretende éste que aquél le guarde fidelidad en el trato, que no le murmure ni le mienta ni le engañe, trate siempre verdad, que en nada le ofenda ni agravie; y él obra todo lo contrario.
Con ser tan hermosa, noble y apacible, todo el mundo se ha mancomunado contra ella. Y es de modo, que la verdadera virtud ya no se ve ni parece; sino la que le parece. Cuando pensamos está en alguna parte, topamos con sola su sombra, que es la hipocresía. De suerte, que un bueno, un justo, un virtuoso florece como la Fénix, que por único se lleva la palma.
Esto les iba ponderando á Critilo y Andrenio una agradable doncella, ministra de la Fortuna, de sus más llegadas, que, compadecida de verlos en el común riesgo, estando ya para despeñarse, les asió del copete de la Ocasión y los detuvo [Marginal: _De la dicha á la virtud._] y, dando una voz al Acaso, le mandó echar la puente levadiza, con que los traspuso de la otra parte, de un alto á otro, de la Fortuna á la Virtud, con que se libraron del fatal despeño.
[Marginal: _De la Virtud á la Honra._]
Ya estáis en salvo, les dijo. Dicha de pocos lograda, pues visteis caer mil á vuestro lado y diez mil á vuestra diestra. Seguid ese camino, sin torcer á un lado ni á otro; aunque un ángel os dijese lo contrario, que él os llevará al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina de las felicidades. Presto le divisaréis encumbrado en las coronillas de los montes. Porfiad en el ascenso; aunque sea con violencias: que de los valientes es la corona. [Marginal: _Fin premiado._] Y aunque sea áspera la subida, no desmayéis, poniendo siempre la mira en el fin premiado.
Despidióse con mucho agrado echándoles los brazos. Volvióse á pasar de la otra parte y al mismo punto levantaron la puente.
¡Oh!, dijo Critilo: ¡qué cortos hemos andado en no preguntarla quién era! ¿Es posible que no hayamos conocido una tan gran bienhechora?
Aún estamos á tiempo, dijo Andrenio: que aún no la habemos perdido ni de vista ni de oída.
Diéronla voces y ella volvió un cielo en su cara y dos soles en un cielo, esparciendo favorables influencias.
Perdona, señora, dijo Critilo, nuestra inadvertencia, no grosería, y así te favorezca tu reina más que á todas, que nos digas quién eres.
Aquí ella sonriéndose: No lo queráis saber, dijo, que os pesará.
Pero ellos más deseosos con esto, porfiaron en saberlo y así les dijo:
Yo soy la hija mayor de la Fortuna, yo la pretendida de todos, yo la buscada, la deseada, la requerida, yo soy la Ventura.
Y al momento se traspuso.
[Marginal: _Dicha desconocida._]
Juráralo yo, dijo suspirando Critilo, que en conociéndote habías de desaparecer. ¡Hase visto más poca suerte en la dicha! Así acontece á muchos cada día. ¡Oh cuántos, teniendo la dicha entre manos, no la supieron conocer y después la desearon! Pierde uno los cincuenta, los cien mil de hacienda y después guarda un real. No estima el otro la consorte casta y prudente, que le dió el cielo, y después la suspira muerta y adorada en la segunda. Pierde éste el puesto, la dignidad, la paz, el contento, el estado, y después anda mendigando mucho menos.
Verdaderamente, que nos ha sucedido, dijo Andrenio, lo que á un galán apasionado, que, no conociendo su dama, la desprecia y después, perdida la ocasión, pierde el juicio. Desta suerte malograron muchos el tiempo, la ocasión, la felicidad, la comodidad, el empleo, el reino, que después lo lamentaron harto. Así sollozaba el rey navarro pasando el Pirineo y Rodrigo en el río de su llanto. ¡Pero desdichado sobre todo quien pierda el cielo!
[Marginal: _Hombres de artificio._]
Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo encontradizo un hombre venerable por su aspecto, muy autorizado de barba, el rostro ya pasado y todas sus faciones desterradas, hundidos los ojos, la color robada, chupadas las mejillas, la boca despoblada, ahiladas las narices, la alegría entredicha, el cuello de azucena lánguido, la frente encapotada, su vestido por lo pío remendado, colgando de la cinta unas disciplinas, lastimando más los ojos del que las mira, que las espaldas del que las afecta, zapatos doblados á remiendos, de más comodidad que gala. Al fin, él parecía semilla de ermitaños. Saludóles muy á lo del cielo para ganar más tierra y preguntóles para adónde caminaban.
Vamos, respondió Critilo, en busca de aquella flor de reinas, la hermosa Virtelia, que nos dicen mora aquí en lo alto de un monte, en los confines del cielo. Y si tú eres de su casa y de su familia, como lo pareces, suplícote que nos guíes.
Aquí él, después de una gran tronada de suspiros, prorrumpió en una copiosa lluvia de lágrimas.
¡Oh, cómo vais engañados!, les dijo, ¡y qué lástima que os tengo! Porque esa Virtelia, que buscáis, reina es; pero encantada. Vive, aunque más muere, en un monte de dificultades, poblado de fieras, serpientes que emponzoñan, dragones que tragan, y sobre todo hay un león en el camino, que desgarra á cuantos pasan. Á más de que la subida es inaccesible, al fin cuesta arriba, llena de malezas y deslizaderos, donde los más caen haciéndose pedazos. Bien pocos son y bien raros los que llegan á lo alto.
Y cuando toda esa montaña de rigores hayáis sobrepujado, queda lo más dificultoso, [Marginal: _Dificultades de la virtud._] que es su palacio encantado, guardadas sus puertas de horribles gigantes, que con mazas aceradas en las manos defienden la entrada y son tan espantosos, que sólo el imaginarlos arredra. Verdaderamente me hacéis duelo de veros tan necios, que queráis emprender tanto imposible junto.
Un consejo os daría yo y es que echéis por el atajo, por donde hoy todos los entendidos y que saben vivir caminan. Porque habéis de saber que aquí más cerca, en lo fácil, en lo llano, mora otra gran reina, muy parecida en todo á Virtelia en el aspecto, en el buen modo, hasta en el andar, que la ha cogido los aires. Al fin un retrato suyo; sólo que no es ella. Pero más agradable y más plausible, tan poderosa como ella y que también hace milagros. Para el efecto es la misma.
Porque decidme, vosotros ¿qué pretendéis en buscar á Virtelia y tratarla? ¿Que os honre, que os califique, que os abone, para conseguir cuanto hay, la dignidad, el mando, la estimación, la felicidad, el contento? Pues sin tanto cansancio, sin costaros nada, á pierna tendida, lo podéis aquí conseguir. No es menester sudar ni afanar ni reventar como allá. Dígoos que éste es el camino de los que bien saben. Todos los entendidos echan por este atajo y así está hoy tan valido en el mundo, que no se usa otro modo de vida.
[Marginal: _Milagros de la apariencia._]
¿De suerte, preguntó Andrenio, ya vacilando, que esa otra reina, que tú dices, es tan poderosa como Virtelia?
Y que no la debe nada, respondió el Ermitaño. Lo que es el parecer, tan bueno le tiene y aun mejor y se precia dello y procura mostrarlo.
¿Que puede tanto?
Ya os digo que obra prodigios. Otra ventaja más y no la menos codiciable, que podréis gozar de los contentos, de los gustos desta vida, del regalo, de la comodidad, de la riqueza, juntamente con este modo de virtud, que aquella otra, por ningún caso los consiente. Ésta en nada escrupulea. Tiene buen estómago, con tal que no haya nota ni se sepa. Todo ha de ser en secreto. Aquí veréis juntos aquellos dos imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe lindamente hermanar.
No fué menester más para que se diese por convencido Andrenio. Hízose al punto de su banda. Ya le seguía, ya volaban.
Aguarda, decía Critilo, que te vas á perder.
Mas él respondía:
No quiero montes. Quita allá gigantes. ¿Leones? ¡Guarda!
Iban ya de carrera arrancada. Seguíales Critilo voceando:
Mira que vas engañado.
Y él respondía:
¡Vivir!, ¡vivir!, ¡virtud holgada!, ¡bondad al uso!
Seguidme, seguidme, repetía el falso Ermitaño, que éste es el atajo del vivir; que lo demás es un morir continuado.
Fuélos introduciendo por un camino encubierto y aun solapado entre arboledas y ensenadas, y al cabo de un laberinto con mil vueltas y revueltas dieron en una gran casa, harto artificiosa, que no fué vista hasta que estuvieron en ella. Parecía convento en el silencio y todo el mundo en la multitud. Todo era callar y obrar, hacer y no decir. Que aun campana no se tañía, por no hacer ruido: no se dé campanada. Era tan espaciosa y había tanta anchura, que cabrían en ella más de las tres partes del mundo y bien holgadas.
[Marginal: _Casa á obscuras._]
Estaba entre unos montes, que la impedían el sol, coronada de árboles tan crecidos y tan espesos, que la quitaban la luz con sus verduras.
¡Qué poca luz tiene este convento!, dijo Andrenio.
Así conviene, respondió el Ermitaño: que donde se profesa tal virtud no convienen lucimientos.
Estaba la puerta patente y el portero muy sentado, por no cansarse en abrir. Tenía calzados unos zuecos de conchas de tartugas, desaliñadamente sucio y remendado.
Éste, dijo Critilo, á ser hembra, fuera la pereza.
¡Oh, no!, dijo el Ermitaño. No es, sino el sosiego. No nace aquello de dejamiento, sino de pobreza; no es suciedad, sino desprecio del mundo.
Saludóles, dando gracias de su linda vida. Intimóles luego, sin moverse, con un gancho, un letrero, que estaba encima de la puerta y decía con unas letras góticas:
Silencio.
Y comentóseles el Ermitaño:
[Marginal: _Vivir de tramoya._]
Quiere decir que de aquí adentro no se dice lo que se siente, nadie habla claro; todos se entienden por señas, aquí callar y callemos.
Entraron en el claustro; pero muy cerrado: que es lo más cómodo para todos tiempos.
Iban ya encontrando algunos, que en el hábito parecían monjes y era, aunque al uso, bien extraño. Por defuera lo que se veía era de piel de oveja; [Marginal: _Capa de virtud._] mas por dentro lo que no se parecía era de lobos novicios, que quiere decir rapaces. Notó Critilo que todos llevaban capa y buena.
Es instituto, dijo el Ermitaño: no se puede deponer jamás ni hacer cosa, que no sea con capa de santidad.
Yo lo creo, dijo Critilo, y aun con capa de lastimarse. Está aquél murmurando de todo, con capa de corregir se venga el otro. Con capa de disimular permite éste que todo se relaje. Con capa de necesidad hay quien se regala y está bien gordo. Con capa de justicia es el juez un sanguinario. Con capa de celo todo lo malea el envidioso. Con capa de galantería anda la otra libertada.
Aguarda, dijo Andrenio. ¿Quién es aquella que pasa con capa de agradecimiento?
¿Quién ha de ser, sino la Simonía y aquella otra la Usura paliada?
Con capa de servir á la República y al bien público se encubre la ambición.
¿Quién será aquel, que toma la capa ó el manto para ir al sermón á visitar el santuario? Parece el Festejo.
El mismo.
¡Oh maldito sacrílego!
Con capa de ayuno ahorra la avaricia, con capa de gravedad nos quiere desmentir la grosería. Aquél, que entra allí, parece que lleva capa de amigo y realmente lo es y aun con la de pariente se introduce el adulterio.
Éstos, dijo el Ermitaño, son de los milagros que obra cada día esta superiora, haciendo que los mismos vicios pasen plaza de virtudes y que los malos sean tenidos por buenos y aun por mejores. Los que son unos demonios hace que parezcan unos angelitos y todo con capa de virtud.
Basta, dijo Critilo. Que desde que al mismo Justo le sortearon la capa los malos, ya la tienen por suerte: andan con capa de virtud, queriendo parecer al mismo Dios y á los suyos.
¿No notáis, dijo el falso Ermitaño y verdadero embustero, qué ceñidos andan todos, cuando menos ajustados?
Sí; dijo Critilo; pero con cuerda.
Eso es lo bueno, respondió, para hacer bajo cuerda cuanto quieren y todo va bajo manga. No se les ven las manos, tanto es su recato.
No sea, replicó Critilo, que tiren la piedra y escondan la mano. ¿No veis aquel bendito, qué fuera del mundo anda? ¡Qué metido va, pues no piensa en cosa suya, sino en las ajenas! Que no tiene cosa propia. No se le ve la cara, no es lo mejor lo descarado. Á nadie mira á la cara y á todos quita el sombrero. Anda descalzo por no ser sentido, tan enemigo es de buscar ruido.
¿Quién es el tal?, preguntó Andrenio. ¿Es profeso?
Sí, con que cada día toma el hábito y es muy bien diciplinado. Dicen que es un arrapaaltares, por tener mucho de Dios. Hace una vida extravagante. Toda la noche vela, nunca reposa. No tiene cosa ni casa suya y así es dueño de todas las ajenas. Y sin saber cómo ni por dónde, se entra en todas y se hace luego dueño dellas. Es tan caritativo, que á todos ayuda á llevar la ropa y cuantos topa, las capas, y así le quieren de modo, que, cuando se parte de alguna, todos quedan llorando y nunca se olvidan dél.
[Marginal: _Ladrón centimano._]
Éste, dijo Andrenio, con tantas prendas ajenas más me huele á ladrón, que á monje.
Ahí verás el milagro de nuestra Hipocrinda, que siendo lo que tú dices, le hace parecer un bendito. Tanto, que está ya consultado en un gran cargo, en competencia de otro de casa de Virtelia, y se tiene por cierto que le ha de hurtar la bendición. Y cuando no, trata de irse á Aragón, donde muera de viejo.
¡Qué lucido está aquel otro!, dijo Critilo.
Es honra de la penitencia, respondió el Ermitaño, y aunque tan bueno, no puede tenerse en pie ni acierta á dar un paso.
Bien lo creo, que no andará muy derecho.
Pues sabed que es un hombre muy mortificado: nadie le ha visto comer jamás.
Eso creeré yo: que á nadie convida, con ninguno parte; todo es predicar ayuno y no miente. Que en habiéndose comido un capón, con verdad dice: _ay uno_. Yo juraré por él que en muchos años no se ha visto un pecho de perdiz en la boca.
Y yo también.
Y tras toda esta austeridad, que usa consigo, es muy suave.
Así lo entiendo: suave de día y _su ave_ de noche. ¿Mas cómo está tan lucido?
Ahí verás la buena conciencia. Tiene buen buche, no se ahoga con poco ni se ahita con cosillas. Engorda con la merced de Dios y así todos le echan mil bendiciones. Pero entremos en su celda, que es muy devota.
Recibiólos con mucha caridad y franqueóles una alhacena no tan á secas, que no fuese de regadío, dando fruto de dulces, perniles y otros regalos.
¿Así se ayuna?, dijo Critilo.