Part 7
El filósofo comenzó poco a poco a decir en casa del rey que él era el mayor agorero del mundo. Et tantos homnes oyeron esto que lo hobo de saber el rey mozo; et desque lo sopo, preguntó el rey al filósofo, si era verdat que sabía catar agüero tan bien como lo dicían. Et el filósofo, comoquier quel dió a entender que lo quería negar, pero al cabo dijol que era verdat, mas que era mester que homne del mundo non lo sopiese. Et como los mozos son quejosos para saber et para facer todas las cosas, el rey que era mozo quejábase mucho por veer como cataba los agüeros el filósofo: et cuanto el filósofo más lo alongaba, tanto había el rey mozo mayor queja de lo saber, et tanto afincó al filósofo que puso con él de ir un día de grand mañana con él a los catar en manera que non lo sopiese ninguno.
Et madurgaron mucho; et el filósofo enderezó por un valle en que había pieza de aldeas yermas: et desque pasaron por muchas vieron una corneja que estaba dando voces en un arbol. Et el rey mostrola al filósofo, et el fizo contenente que la entendía.
Et otra corneja comenzó a dar voces en otro arbol, et amas las cornejas estudieron así dando voces a veces la una et a veces la otra. Et desque el filósofo escuchó esto una pieza, comenzó a llorar muy fieramente et rompió sus paños, et facía el mayor duelo del mundo.
E cuando el rey mozo esto vió, fué muy espantado et preguntó al filósofo: que porque facía aquello. Et el filósofo diol a entender que se lo quería negar. Et desque lo afincó mucho dijol: que más quería seer muerto que vivo, ca non tan solamente los homnes, mas, que aun las aves, entendían ya como por su mal recabdo era perdida toda su tierra et su facienda et su cuerpo despreciado. Et el rey mozo preguntol cómo era aquello.
Et él dijol: que aquellas dos cornejas, habían puesto de casar el fijo de la una con la fija de la otra; et que aquella corneja que comenzara a fablar primero, que decía a la otra, que pues tanto había que era puesto aquel casamiento, que era bien que los casasen. Et la otra corneja dijol, que verdat era que fuera puesto, mas que agora ella era más rica que la otra, et que loado a Dios, que después que este rey regnara, que eran yermas todas las aldeas de aquel valle, et que fallaba ella en las casas yermas muchas culuebras et lagartos, et sapos et otras tales cosas que se crían en los lugares yermos, porque había muy mejor de comer que solía, et por ende que non era estonce el casamiento egual. Et cuando la otra corneja esto oyó, comenzó a reir et respondiol: que dicía poco seso si por esta razón quería alongar el casamiento, que sol que Dios diese vida a este rey, que muy aina sería ella más rica que ella, ca muy aina sería yermo aquel otro valle do ella moraba en que había diez tantas aldeas que en el suyo, et que por esto non había porque alongar el casamiento et por esto otorgaron amas las cornejas de ayuntar luego el casamiento.
E cuando el rey mozo esto oyó, pesol ende mucho, et comenzó a cuidar como era su mengua en yermar así lo suyo. Et desque el filósofo vió el pesar et el cuidar que el rey mozo tomaba, et que había sabor de cuidar en su facienda, diol muchos buenos consejos en guisa que en poco tiempo fué su facienda toda enderezada, tan bien de su cuerpo, como de su regno.
Et vos, señor conde, pues criades este mozo, et querríades que se enderezase su facienda, catad alguna manera que por ejiemplos o por palabras maestradas et falagueras le fagades entender su facienda, mas por cosa del mundo non derrangedes con él castigandol nin maltrayendol cuidandol enderezar; ca la manera de los más de los mozos es tal, que luego aborrecen al que los castiga, et mayormente si es homne de grand guisa, ca liévanlo a manera de menosprecio, non entendiendo cuanto lo yerran; ca non ha tan buen amigo en el mundo como el que castiga el mozo porque non faga su daño, mas ellos non lo toman así, sinón por la peor manera. Et por aventura caería tal desamor entre vos e él, que ternía daño a entramos para adelante.
E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán se pagó mucho deste ejiemplo fízolo poner en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:
Non castigues al mozo maltrayendo, Mas dile comol vaya placiendo[27].
[27] Esto de interpretar el lenguaje de las aves para corrección del desgobierno procede del _Pantchatantra_, según Knust. En _Gil Blas de Santillana_, lib. VIII, cap. VI, cuenta Gil Blas al Duque de Lerma una fábula análoga, en la que hablan cuervos; dice la leyó en «Pilpai o en otro autor fabulista».
EJEMPLO XXII
De lo que contesció al león et al toro.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijole así:
--Patronio, yo he un amigo muy poderoso et muy honrado, et comoquier que fasta aquí nunca fallé en él sinón buenas obras, agora dícenme que me non ama tan derechamente como solía, et aunque anda buscando maneras porque sea contra mí. Et yo estó agora en grandes dos cuidados: el uno es, porque me he recelo, que si él entiende que yo tomo dél esta sospecha et que me vo guardando dél, que él otrosí, que fará eso mismo, et que así irá cresciendo la sospecha et el desamor poco a poco fasta que nos hayamos a desavenir. Et por la grant fianza que yo en vos he ruégovos que me consejedes lo que vierdes que más me cumple de facer en esto.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que desto vos podades guardar, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció al león et al toro.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, el león et el toro eran mucho amigos, et porque ellos son dos animalias muy fuertes et muy recias, apoderábanse et enseñoreaban todas las otras animalias, ca el león con el ayuda del toro apremiaba todas las animalias que comen carne; et el toro con el ayuda del león apremiaba todas las animalias que pacen la hierba. Et desque todas las animalias entendieron que el león et el toro les apremiaban por el ayuda que se facían el uno al otro, et vieron que por esto les vinía grand premia et grant daño, fablaron todas entre sí qué manera podrían catar para salir desta premia.
Et entendieron; que si ficiesen desavenir al león et al toro, que serían ellos fuera de la premia de que los traían apremiados el león et el toro. Et porque el raposo et el carnero eran más allegados a la privanza del león et del toro que las otras animalias, que trabajasen cuanto pudiesen para meter desavenencia entre ellos. E el raposo e el carnero dijieron que se trabajarían cuanto pudiesen por facer esto que las animalias querían.
Et el raposo que era consejero del león, dijo al oso, que es el más esforzado et más fuerte de todas las bestias que comen carne en pos el león, quel dijiese, que se recelaba que el toro andaba catando manera para le traer cuanto daño pudiese, et que dias habíe que ge lo habían dicho esto, et como quier que por aventura esto non era verdat, pero que parase mientes en ello.
Et eso mismo dijo el carnero, que era consejero del toro, al caballo que es el más fuerte animal que ha en esta tierra de las bestias que pacen hierba.
E el oso et el caballo, cada uno de ellos dijo esta razón al león et al toro. Et como quier que el león et el toro non creyeron esto del todo, aun tomaron alguna sospecha que aquellos que eran los más honrados del su linaje et de su compaña, que ge lo dician por meter mal entrellos, pero con todo eso cayeron en alguna sospecha. Et cada uno dellos fablaron con el raposo et con el carnero, sus privados.
Et ellos dijiéronles: que como quier que por aventura el oso et el caballo les dicían esto por alguna maestría engañosa, que con todo eso, que era bien que fuesen parando mientes en los dichos et en las obras que farían dallí adelante el león et el toro, et segund que viesen, que así podrían facer.
Et ya con esto cayó mayor sospecha entre el león et el toro. Et desque las animalias entendieron que el león et el toro tomaran sospecha el uno del otro, comenzáronles a dar a entender más descubiertamente que cada uno dellos se recelaba del otro, et que esto non podría ser sinón por las malas voluntades que tenían escondidas en los corazones.
Et el raposo et el carnero, como falsos consejeros catando su pro et olvidando la lealtad que habían de tener a sus señores en logar de los desengañar, engañáronlos, et tanto ficieron, fasta que el amor que solía seer entre el león et el toro tornó en muy grand desamor; et desque las animalias esto vieron, comenzaron a esforzar a aquellos sus mayorales fasta que los ficieron comenzar la contienda, et dando a entender cada uno dellos a su mayoral quel guardaba, guardábanse los unos a los otros et facían tornar todo el daño sobre el león et sobre el toro.
E el fin del pleito vino a esto; que como quier que el león fizo más daño et más mal al toro et abajó mucho el su poder et la su honra, pero siempre el león fincó tan desapoderado dallí adelante que nunca pudo enseñorar las otras bestias nin apoderarse dellas como solía, tambien de las de su linaje como de las otras. Et así porque el león et el toro non entendieron que por el amor et por el ayuda que el uno tomaba del otro, eran ellos honrados e apoderados de todas las otras animalias, et non guardaron el amor aprovechoso que habían entre sí, et non se sopieron guardar de los malos consejos que les dieron para salir de su premia et apremiar a ellos, fincaron el león et el toro tan mal de aquel pleito, que así como ellos eran ante apoderados de todos, ansi fueron despues todos apoderados dellos.
Et vos, señor conde Lucanor, guardatvos que estos que en esta sospecha vos ponen contra aquel vuestro amigo, que vos lo non fagan por vos traer a aquello que trojieron las animalias al león et al toro. Et por ende, conséjovos yo, que si aquel vuestro amigo es homne leal et fallastes en él siempre buenas obras et leales et fiades en él como homne debe fiar del buen fijo o del buen hermano, que non creades cosa que vos digan contra él, ante vos consejo, quel digades lo que vos dijieren dél, et él luego vos dirá otrosí lo que dijieren a él de vos. Et faced grant escarmiento en los que esta falsedat cuidaren ordir porque nunca otros se atrevan a lo comenzar otra vegada. Pero si el amigo non fuere desta manera que es dicha, et fuere de los amigos que se aman por el tiempo, o por la ventura, o por el mester, a tal amigo como este, siempre guardat que nunca digades nin fagades cosa por que él pueda entender que de vos se mueve mala sospecha nin mala obra contra él, et dat pasada a algunos de sus yerros; ca por ninguna manera non puede seer que tan grant daño vos venga a deshora de que ante vos veades alguna señal cierta, como sería el daño que vos verníe si vos desaveniésedes por tal engaño et maestría como desuso es dicho; pero, al tal amigo, siempre le dat a entender en buena manera que, así como cumple a vos la su ayuda, que así cumple a él la vuestra; et lo uno faciendol buenas obras et mostrandol buen talante et non tomando sospecha dél sin razón, nin creyendo dicho de malos homnes et dando alguna pasada a sus yerros; et lo al, mostrandol que así cumple a vos la su ayuda que así cumple a él la vuestra. Por estas maneras durará el amor entre vos, et seredes guardados de non caer en el yerro en que cayeron el león et el toro.
E al conde plogo mucho deste consejo, que Patronio le dió, et fízolo et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Por falso dicho de homne mintroso Non pierdas amigo aprovechoso[28].
[28] Figura ya en el _Pantchatantra_ y en el _Hitopadeza, o provechosa enseñanza_. (Vid. su edición en la Biblioteca Clásica, traducción de J. Alemany.)
EJEMPLO XXIII
De lo que facen las formigas para se mantener.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:
--Patronio, loado a Dios, yo so asaz rico, et algunos conséjanme que, pues lo puedo facer que non tome otro cuidado, sinón tomar placer et comer, et beber, et folgar, que asaz he para mi vida, et aunque deje a mios fijos bien heredados. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes lo que vos paresce que debo facer.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, como quier que el folgar et tomar placer es bueno, para que vos fagades en esto lo que es más aprovechoso, placerme hía que sopiésedes lo que fase la formiga para mantenimiento de su vida.
Et el conde le preguntó cómo era aquello: et Patronio le dijo:
--Señor conde Lucanor, ya vos veedes cuanto pequeña cosa es la formiga, et segund razón non debía haber muy grand apercibimiento, pero fallaredes que cada año al tiempo que los homnes cogen el pan, salen ellas de sus formigueros et van a las eras et traen cuanto pan pueden para su mantenimiento et métenlo en sus casas. Et a la primera agua que viene, sácanlo fuera; et las gentes dicen que lo sacan a enjugar, et non saben lo que dicen, ca non es asi la verdat, ca bien sabedes vos que, cuando las formigas sacan la primera vez el pan fuera de sus formigueros, que estonce es la primera agua et comienza el invierno, et pues si ellas cada que lloviese, hobiesen de sacar el pan para lo enjugar, luenga labor ternían, et demás que non podrían haber sol para lo enjugar, ca en el invierno non face tantas vegadas sol que lo pudiesen enjugar.
Mas la verdat porque ellas lo sacan la primera vez que llueve, es esta: ellas meten cuanto pan pueden haber en sus casas una vez, et non catan por al, sinón por traer cuanto pueden. Et desque lo tienen ya en salvo, cuidan que tienen ya recabdo para su vida ese año. Et cuando viene la lluvia et se moja el pan comienza de nacer: et ellas veen que si el pan nace en los formigueros, que en logar de se gobernar dello, que su pan mismo las mataría, et serían ellas ocasión de su daño. Et entonce sácanlo fuera et comen aquel corazón que ha en cada grano de que sale la semiente et dejan todo el grano entero. Et después por lluvia que faga non puede nacer, et gobiérnanse dél todo el año.
Et aun fallaredes, que maguer que tengan cuanto pan les cumple, que cada que buen tiempo face, non dejan de acarrear cualesquier herbízuelas que fallan. E esto facen recelando que les non cumplirá aquello que tienen, et mientra han tiempo non quieren estar de valde nin perder el tiempo que Dios les da, pues se pueden aprovechar dél.
Et vos, señor conde, pues la formiga que es tan mesquina cosa, ha tal entendimiento et face tanto por se mantener, bien debedes cuidar que non es buena razón para ningún homne et mayormente para los que han de mantener grand estado et gobernar a muchos, en querer siempre comer de lo ganado; ca cierto sed, que por grant haber que sea donde sacan cada día et non ponen y nada, que non puede durar mucho, et demás paresce muy grant amortiguamiento et grand mengua de corazón. Mas el mío consejo es este: que si queredes comer et folgar, que lo fagades siempre manteniendo vuestro estado et guardando vuestra honra, et catando, et habiendo cuidado como habredes de que lo cumplades, ca si mucho hobierdes et bueno quisierdes seer, asaz habredes logares en que lo despendades a vuestra honra.
E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán, se pagó deste ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Non comas siempre lo que has ganado, Vive tal vida que mueras honrado[29].
[29] Moralidad sacada de la vida de las hormigas, tal como la cuenta Plinio _Historia natural_, libro XI, cap. 30.
EJEMPLO XXIV
De lo que contesció a un rey que quería probar a tres sus fijos.
Un día fablaba el conde Lucanor, con Patronio, su consejero, et díjole así:
--Patronio, en la mi casa se crían muchos mozos de los homnes de grand guisa et de los que non lo son tanto, et veo en ellos muchas maneras et muy estrañas. Et por el grand entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades cuanto vos entendedes en qué manera puedo yo conoscer cual mozo recudirá a seer mejor homne.
--Señor conde--dijo Patronio--, esto que me vos decides es muy fuerte cosa de voslo decir ciertamente, ca non se puede saber ciertamente ninguna cosa de lo que es de venir, et por ende non se puede saber et esta cosa que me vos preguntades es por venir ciertamente; mas lo que desto se puede saber, es por señales que parescen en los mozos también de dentro como de fuera; et las que parescen de fuera, son las figuras de la cara, et el donaire, et la color, et el talle del cuerpo, et de los miembros, ca por estas cosas paresce la señal de la complisión de los miembros principales que son el corazón, et el meollo, et el fígado; e como quier que estas son señales non se puede saber lo cierto; ca pocas veces se acuerdan todas las señales a una cosa, ca si las unas señales muestran lo uno, muestran las otras el contrario; pero a lo más, segund son estas señales, asi recuden las obras.
Et las más ciertas señales, son las de la cara, et señaladamente las de los ojos, et otrosí el donaire, ca muy pocas veces fallescen estas. Et non tengades que el donaire se dice por seer homne fermoso en la cara, nin feo, ca muchos homnes son pintados et fermosos, et non han donaire de homne, et otros parescen feos, que han buen donario para seer homnes apuestos.
Et el talle del cuerpo et de los miembros, muestra señal de la complisión et paresce si debe seer valiente o lijero; et las tales cosas muestra el talle del cuerpo et de los miembros, non muestra ciertamente cuales deben seer las obras, et con todo esto estas son señales, et pues digo señales, digo cosa non cierta, ca la señal siempre es cosa que paresce por ella lo que debe seer, mas non es cosa forzada que sea asi en toda guisa. Et estas son las señales de fuera que siempre son muy dudosas para conoscer lo que vos me preguntades. Mas para conoscer los mozos por las señales de dentro que son ya cuanto más ciertas, placerme hía que sopiésedes como probó una vez un rey moro a tres fijos que había, por saber cual dellos sería mejor homne.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, un rey moro había tres fijos: et porque el padre puede facer que regne cual fijo de los suyos él quisiere, después que el rey llegó a la vejez, los homnes buenos de su tierra pidiéronle por merced que les señalase cual daquellos sus fijos quería que regnase en pos él. Et el rey díjoles que dende a un mes gelo diría.
Et cuando vino a ocho o a dies días, una tarde dijo al fijo mayor, que otro día de grand mañana quería cabalgar et que fuese con él. E otro día, vino el infante mayor al rey, pero non tan mañana como el rey, su padre, dijiera. Et desque llegó, dijol el rey, que se quería vestir et quel ficiese traer los paños. E el infante dijo al camarero que trojiese los paños, e el camarero preguntó, que cuales paños quería. E el infante tornó al rey et preguntó, que cuales paños quería. E el rey díjole que el aljuba, et él tornó al camarero et díjole que el aljuba quería el rey. Et el camarero le preguntó que cual almexía quería, et el infante tornó al rey a gelo preguntar. Et asi fizo por cada vestidura que siempre iba et vinía por cada pregunta fasta que el rey tovo todos los paños. Et vino el camarero, et lo vistió et lo calzó.
Et desque fué vestido et calzado, mandó el rey al infante que ficiese traer el caballo, et él dijo al que guardaba los caballos del rey quel trojiese el caballo, et el que los guardaba, díjole: que cual caballo traería: et el infante tornó con esto al rey, et así fizo por la siella, et por el freno, et por la espada, et por las espuelas; et por todo lo que había mester para cabalgar, por cada cosa fué preguntar al rey.
E desque todo fué guisado, dijo el rey al infante: que non podía cabalgar, et que fuese él andar por la villa et que parase mientes a las cosas que vería porque lo sopiese retraer al rey.
E el infante cabalgó, et fueron con él todos los honrados homnes del rey et del regno, et iban y muchas trompas et atabales et otros estrumentos. E el infante andido una pieza por la villa, et desque tornó al rey, preguntol quel parescía de lo que viera. Et el infante díjole: que bien le parescía sinón quel facían muy grant roido aquellos estrumentos.
Et a cabo de otros días mandó el rey al fijo mediano que veniese a él otro día de mañana: et el infante fízolo así. Et el rey fizo todas las pruebas que ficiera al infante mayor, su hermano, et el infante fízolo, et dijo bien como el hermano mayor.
Et a cabo de otros días, mandó al infante menor, su fijo, que fuese con él de grand mañana. Et el infante madurgó ante que el rey despertase, et esperó fasta que despertó el rey: et luego que fuese despierto entró el infante et homillósele con la reverencia que debía. Et el rey mandol que ficiese traer de vestir. Et el infante preguntol que paños quería, et en una vez le preguntó por todo lo que había de vestir et de calzar, et fué por ello et trájogelo todo. Et non quiso que otro camarero lo vestiese nin lo calzase sinón él, dando a entender que se ternía por de buena ventura si el rey, su padre, tomase placer o servicio de lo que él pudiese facer, et pues su padre era, que razón et aguisado era de le facer cuantos servicios et homildades pudiese.
Et desque el rey fué vestido et calzado, mandó al infante quel ficiese traer el caballo. Et el preguntole cual caballo quería, et con cual siella, et con cual freno, et con cual espada, et por todas las cosas que eran menester paral cabalgar, et quien quería que cabalgase con él, et así por todo cuanto cumplía. Et desque todo lo fizo, non preguntó por ello más de una vez, et trájolo et aguisolo como el rey lo había mandado.
Et desque todo fué fecho, dijo el rey, que non quería cabalgar, mas que cabalgase él et quel contase lo que viese. Et el infante cabalgó et fueron con él todos como ficieron con los otros sus hermanos; mas él ni ninguno de sus hermanos, nin homne del mundo, non sabíe nada de la razón porque el rey facía esto.
Et desque el infante cabalgó, mandó quel mostrasen toda la villa de dentro, et las calles et do tenía el rey sus tesoros, et cuantas podían seer las mezquitas, et toda la nobleza do la villa de dentro et las gentes que y moraban. Et despues salió fuera et mandó que saliesen allá todos los homnes de armas, de caballo et de pie, et mandoles que trebejasen et le mostrasen todos los juegos de armas et de trebejos, et vió los muros, et las torres, et las fortalezas de la villa. Et desque lo hobo visto, tornose paral rey, su padre.
Et cuando tornó era ya muy tarde. Et el rey le preguntó de las cosas que había visto. Et el infante le dijo: que si a él non pesase, que él diría lo quel parescía de lo que había visto. Et el le mandó so pena de la su bendición, quel dijiese lo quel parescía. Et el infante le dijo: que como quier que él era muy buen rey, quel parescía que non era tan bueno como debía, ca si lo fuese, pues había tan buena gente et tanta, et tan grand poder et tan grand haber, que si por él non fincase, que todo el mundo debía ser suyo.
E al rey plogo mucho deste denuesto que el infante le dijo.
Et cuando vino el plazo a que había de dar repuesta a los de la tierra, díjoles que aquel fijo les daba por rey.
Et esto fizo por las señales que vió en los otros et las que vió en este. Et como quier que más quisiera cualquier de los otros para rey, non tovo por aguisado de lo facer por lo que vió en los unos et en el otro.
Et vos, señor conde, si queredes saber cual mozo será mejor, parat mientes a estas tales cosas, et así podredes entender algo et por aventura lo más de lo que ha de ser a los mozos.
E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo.
Et porque don Johán tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Por obras et maneras podrás conoscer A los mozos cuales deben lo más seer.
EJEMPLO XXV