Part 6
Et el conde respondiol que a homne del mundo non plazdría más que a él folgar et estar vicioso si pudiese; más, que bien sabía, que había grand guerra con los moros et con los leoneses et con los navarros, et si quisiesen mucho folgar, que los sus contrarios que luego serían contra ellos: et si quisiesen andar a caza con buenas aves por Arlanzón arriba et ayuso et en buenas mulas gordas, et dejar de defender la tierra, que bien lo podrían facer, mas que les contescería como decía el vierbo antiguo: «Murió el hombre et murió el su nombre»: mas, si quisiéremos olvidar los vicios et facer mucho por nos defender et llevar nuestra honra adelante, dirán por nos depués que muriésemos: «Murió el homne, mas non murió el su nombre». Et pues viciosos et lazdrados, todos habemos a morir, non me semeja que sería bueno si por vicio nin por la folgura dejáremos de facer en guisa que después que nos muriéremos, que nunca muera la buena fama de los nuestros fechos.
Et vos, señor conde, pues sabedes que habedes a morir, por el mi consejo nunca por vicio nin por folgura dejaredes de facer tales cosas, porque, aun desque vos murierdes, siempre viva la fama de los vuestros fechos.
E al conde plogo mucho desto que Patronio le consejó, et fízolo así, et fallose dello muy bien.
Et porque don Johán, tovo este ejiemplo por muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Si por vicio et por folgura la buena fama perdemos, La vida muy poco dura; denostados quedaremos[22].
[22] Se refiere de modo muy semejante en la Crónica General, 3.ª parte, cap. XVIII, y con muy semejantes palabras en el _Poema de Fernán González_, por ejemplo, estrofa 347 (ed. Riv. LVII, pág. 400), «El vicioso e el lacerado amor han de morir...»
EJEMPLO XVII
De lo que contesció a un homne que había muy grant fambre, quel convidaron otros muy flojamente a comer.
Otra vez, fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:
--Patronio, un homne vino a mí et díjome que faría por mí una cosa que me cumplía a mí mucho: et como quier que me lo dijo, entendí en él que me lo decía tan flojamente quel plazdríe mucho si yo escusase de tomar dél aquella ayuda. Et yo de una parte entiendo que me cumpliría mucho de facer aquello que me él ruega, et de otra parte, he muy grand embargo de tomar de aquel ayuda, pues veo que me lo dice tan flojamente. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades lo que vos paresce que debo facer en esta razón.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, porque vos fagades en esto lo que me semeja que es vuestra pro, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a un homne con otro quel convidó a comer.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, un homne bueno era que había seido muy rico et era llegado a muy grand pobreza, et fasíasele muy grand vergüenza de demandar nin envergoñarse a ninguno por lo que había de comer; et por esta razón, sufría muchas veces muy grand fambre et muy grand laseria. Et un día, yendo él muy cuitado, porque non podía haber ninguna cosa que comiese, pasó por una casa de un su conosciente que estaba comiendo: et cuando le vió pasar por la puerta preguntol muy flojamente si quería comer; et él, por el grant mester que había, comenzó a lavar las manos et dijol:
--En buena te, don Fulano, pues tanto me conjuraste et me afincastes que comiese convusco, non me paresce que faría aguisado en contradecir tanto vuestra voluntad nin facervos quebrantar vuestra jura.
Et asentóse a comer, et perdió aquella fambre et aquella queja en que estaba. En dende adelante, acorriol Dios, et diol manera como salió de aquella laceria tan grande.
Et vos, señor conde Lucanor, pues entendedes que aquello que aquel homne vos ruega es grand vuestra pro, dalde a entender que lo facedes por complir su ruego, et non paredes mientes a cuanto flojamente vos lo él ruega et non esperedes a que vos afinque más por ello, sinón por aventura non vos fablará en ello más, et servos hía más vergüenza si vos lo hobiésedes a rogar lo que él ruega a vos.
E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo así, et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
En lo que tu pro pudieres fallar, Nunca te fagas mucho por rogar[23].
[23] No aduce Knust dato alguno acerca del origen de este _práctico_ consejo, dictado por la experiencia a don Juan Manuel.
EJEMPLO XVIII
De lo que contesció a don Pero Melendez de Valdés cuando se le quebró la pierna.
Fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, un día, et díjole así:
--Patronio, vos sabedes que yo he contienda con un mi vecino que es homne muy poderoso et muy honrado; et habemos entramos postura de ir a una villa, et cualquier de nos que allá vaya primero, cobraría la villa, et perderla ha el otro; et vos sabedes cómo tengo ya toda mi gente ayuntada; et bien fío por la merced de Dios, que si yo fuese, que fincaría ende con grand honra et con grand pro. Et agora estó embargado, que lo non puedo facer por esta ocasión que me contesció, que non estó bien sano: et como quier que me es grand pérdida en lo de la villa, bien vos digo, que me tengo por más ocasionado por la mengua que tomo et por la honra que a él ende viene, que aun por la pérdida. Et por la fianza que yo en vos he, ruégovos que me digades lo que entendierdes que en esto se puede facer.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, como quier que vos facedes razón de vos quejar, para que en tales cosas como estas ficiésedes lo mejor siempre, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a don Pero Melendez de Valdés.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, don Pero Melendez de Valdés era un caballero mucho honrado del reino de León, et había por costumbre que cada quel acaescíe algun embargo, siempre dicía: «Bendicho sea Dios, ca pues él lo face, esto es lo mejor.»
Et este don Pero Melendez, era consejero et muy privado del rey de León: et otros sus contrarios, por grand envidia quel hobieron, asacáronle muy grand falsedat et buscáronle tanto mal con el rey, que acordó de lo mandar matar.
Et seyendo don Pero Melendez en su casa, llegol mandado del rey que enviaba por él. Et los que le habían a matar estábanle esperando a media legua de aquella su casa. Et queriendo cabalgar don Pero Melendez para se ir para el rey, cayó de una escalera et quebrol la pierna. Et cuando sus gentes que habían a ir con él, vieron esta ocasión que le acaesciera, pesoles ende mucho, et comenzáronle a maltraer diciendol:
--Ea, don Pero Melendez, vos que decides siempre, que lo que Dios face, esto es lo mejor, tenedvos agora este bien que Dios vos ha fecho.
Et él díjoles que ciertos fuesen que, como quier que ellos tomaban grand pesar desta ocasión quel conteciera, que ellos verían que pues Dios lo ficiera, que aquello era lo mejor. Et por cosa que ficieron nunca desta entención le pudieron sacar.
Et los quel estaban esperando por le matar por mandado del rey, desque vieron que non venía, et sopieron lo quel había acaescido, tornáronse paral rey et contáronle la razón porque non pudieran complir su mandado.
Et don Pero Melendez estovo grand tiempo que non pudo cabalgar: et en cuanto él así estaba maltrecho, sopo el rey que aquello que habían asacado a don Pero Melendez, que fuera muy grant falsedat, et prendió a aquellos que se lo habían dicho. Et fué ver a don Pero Melendez, et contol la falsedat que dél le dijieron, et como le mandara él matar, et pidiol perdón por el yerro que contra él hobiera de facer et fízole mucho bien et mucha honra por le facer emienda. Et mandó luego facer muy grand justicia antél daquellos que aquella falsedat le asacaron.
Et así libró Dios a don Pero Melendez, porque era sin culpa et fué verdadera la palabra que él siempre solía decir «que todo lo que Dios face, que aquello es lo mejor».
Et vos, señor conde Lucanor, por este embargo que vos agora vino non vos quejedes, et tenet por cierto en vuestro corazón, que todo lo que Dios face, que aquello es lo mejor; et si lo así pensáredes, él vos lo sacará todo a bien; pero debedes entender, que las cosas que acaescen son en dos maneras: la una es, que viene a homne algún embargo en que se puede poner algún consejo; la otra es, que viene algún embargo en que se non puede poner ningún consejo. Et en los embargos en que se puede poner algún consejo, debe facer homne cuanto pudiere por lo poner, y et non lo debe dejar por atender, que por voluntad de Dios o por aventura se enderezará, ca esto sería tentar a Dios; mas, pues el homne ha entendimiento et razón, todas las cosas que facer pudiere por poner consejo en las cosas quel acaescieren débelo facer; mas en las cosas en que se non puede poner y ningún consejo, aquellas debe homne tener, que pues se facen por voluntad de Dios, que aquello es lo mejor. Et pues esto que vos acaesció es de las cosas que vienen por voluntad de Dios, et en que se non puede poner consejo, poned en vuestro talante que, pues Dios lo face, que es lo mejor; et Dios lo guisará que se faga así como lo vos tenedes en corazón.
E el conde tovo que Patronio le decía la verdat et le daba buen consejo, et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán, tovo este por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Non te quejes por lo que Dios ficiere, Ca por tu bien sería cuando El quisiere[24].
[24] Desconocido para Knust el origen de esta narración, anota el proverbio que el hecho de don Pero Melendez confirma: «Quebreme el pie quizá por bien.»
EJEMPLO XIX
De lo que contesció a los cuervos con los buhos.
Fablaba un día el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:
--Patronio, yo he contienda con un homne muy poderoso: et aquel mio enemigo había en su casa un su pariente et su criado, et homne a quien había fecho mucho bien. Et un día por cosas que acaescieron entre ellos, aquel mío enemigo fízole mucho mal et muchas deshonras, e aquel homne con quien había tantos debdos veyendo el mal que había recebido e queriendo catar manera como se vengase, vínose para mi, et yo tengo que es muy grand mi pro, ca este me puede desengañar et apercebir en como pueda más lijeramente facer daño a aquel mio enemigo. Pero, por la grand fianza que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en este fecho.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, lo primero vos digo que este homne non vino a vos sinón por vos engañar: et para que sepades la manera del su engaño, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a los buhos et a los cuervos.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, los cuervos et los buhos, habían entre si grand contienda, pero los cuervos eran en mayor queja. Et los buhos, porque es su costumbre de andar de noche, et de día estar escondidos en cuevas muy malas de fallar, vinían de noche a los árboles do los cuervos albergaban et mataban muchos dellos, et facíanles mucho mal. Et pasando los cuervos tanto daño, un cuervo que había entre ellos muy sabidor, que se dolía mucho del mal que habían recebido de los buhos, sus enemigos, fabló con los cuervos sus parientes, et cató esta manera para se poder vengar.
Et la manera fué esta: que los cuervos le mesaron todo salvo ende un poco de las alas con que volaba muy mal et muy poco. Et desque fué así maltrecho, fuese para los buhos et contoles el mal et el daño que los cuervos le ficieran, señaladamente porque les dicía que non quisiesen seer contra ellos; mas, pues tan mal lo habían fecho contra él, que si ellos quisiesen, que él los mostraría muchas maneras como se podrían vengar de los cuervos et facerles mucho daño.
Et cuando los buhos esto oyeron, plógoles mucho, et tovieron que por este cuervo que era con ellos era todo su fecho enderezado, et comenzaron a facer mucho bien al cuervo et fiar en él todas sus faciendas et poridades.
E entre los otros buhos, había y uno que era muy viejo et había pasado por muchas cosas, et desque vió este fecho del cuervo, entendió el engaño con que el cuervo andaba, et fuese paral mayoral de los buhos et dijol: quél fuese cierto que aquel cuervo non viniera a ellos sinón para su daño et por saber sus faciendas, et que lo echasen de su compaña. Mas este buho non fué creido de los otros buhos: et desque vió que lo non querían creer, partiose dellos et fué buscar tierra do los cuervos non lo pudiesen fallar.
Et los otros buhos pensaron bien del cuervo. Et desque las péñolas le fueron egualadas, dijo a los buhos que, pues podía volar, que iría saber do estaban los cuervos et que vernía desírselo porque pudiesen ayuntarse et ir a los estroir todos. E a los buhos plogo mucho desto.
Et desque el cuervo fué con los otros cuervos, ayuntáronse muchos dellos, et sabiendo toda la facienda de los buhos fueron a ellos de día cuando ellos non vuelan et estaban segurados et sin recelo, et mataron et destruyeron dellos tantos por que fincaron vencedores los cuervos de toda su guerra.
Et todo este mal vino a los buhos, porque fiaron en el cuervo que naturalmente era su enemigo.
Et vos, señor conde Lucanor, pues sabedes que este homne que a vos vino es muy adebdado con aquel vuestro enemigo et naturalmente él et todo su linaje son vuestros enemigos, conséjovos yo que en ninguna manera non lo trayades en vuestra compaña, ca cierto sed que non vino a vos, sinón por vos engañar et por vos facer algún daño. Pero si él vos quisiere servir seyendo alongado de vos, de guisa que vos non pueda empescer, nin saber nada de vuestra facienda, et de fecho ficiere tanto mal et tales mancellamientos a aquel vuestro enemigo con quien él ha algunos debdos, que veades vos que non le finca logar para se poder nunca avenir con él, estonce podredes vos fiar en él, pero siempre fiat en él tanto de que vos non pueda venir daño.
E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo asi et fallose dello muy bien.
Et porque don Johán entendió que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Al que tu enemigo suel seer Nunca quieras en él mucho creer[25].
[25] Está este cuento en el _Pantchatantra_ y en el _Calila_, pág. 154, muy amplificado. Ve en él Knust alusión a sucesos del tiempo, de los que fué actor D. Juan Manuel.
EJEMPLO XX
De lo que contesció a un Rey con un homne quel dijo que faría alquimia.
Un día, fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:
--Patronio, un homne vino a mi et díjome que me faría cobrar muy grand pro et grand honra, et para esto que había mester que catase alguna cosa de lo mío con que se comenzase aquel fecho, ca desque fuese acabado por un dinero habría diez. Et por el buen entendimiento que Dios en vos puso, ruégovos que me digades lo que vierdes que me cumple de facer en ello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que fagades en esto lo que fuere más vuestra pro, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un rey con un homne quel dicía que sabía facer alquimia.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, un homne era muy grand golfín et había muy grand sabor de enrequescer et de salir de aquella mala vida que pasaba. Et aquel homne sopo que un rey que non era de muy buen recabdo se trabajaba de facer alquimia.
Et aquel golfín tomó cient doblas et limolas et de aquellas limaduras fizo con otras cosas que puso con ellas cient pellas, et cada una de aquellas pellas pesaba una dobla, et demás las otras cosas que él mezcló con las limaduras de las doblas. Et fuese para una villa do era el rey, et vistiose de paños muy asosegados et llevó aquellas pellas et vendiolas a un especiero. Et el especiero preguntó que para que eran aquellas pellas, et el golfín dijol que para muchas cosas, et señaladamente, que sin aquella cosa, que se non podía facer el alquimia, et vendiol todas las cien pellas por cuantía de dos o tres doblas. Et el especiero preguntol como habían nombre aquellas pellas, et el golfín dijol que habían nombre tarbardíe.
Et aquel golfín moró algún tiempo en aquella villa en manera de homne muy asosegado et fué diciendo a unos et a otros en manera de poridat que sabía facer alquimia.
Et estas nuevas llegaron al rey: et el rey envió por él, et preguntol si sabía facer alquimia. Et el golfín, como quier quel fizo muestra que se quería encobrir et que lo non sabía, al cabo diol a entender que lo sabía, pero dijo al rey: quel consejaba que deste fecho non fiase de homne del mundo nin aventurase mucho de su haber, pero si quisiese que probaría antél un poco et quel amostraría lo que ende sabía. Et esto le gradesció el rey mucho et paresciol que segund estas palabras, que non podía haber y ningún engaño. E estonce fizo traer las cosas que quiso, et eran cosas que se podían fallar, et entre las otras mandó traer una pella de tabardíe. Et todas las cosas que mandó traer non costaban más de dos o tres dineros. Et desque las trajieron et las fundieron antel rey salió peso de una dobla de oro fino. Et desque el rey vió de cosa que costaba dos o tres dineros, salía una dobla, fué muy alegre et tóvose por el más bien andante caballero del mundo, et dijo al golfín que esto facía, que cuidaba el rey que era muy buen homne et que fisiese más.
Et el golfín respondiol como si non sopiese nada de aquello:
--Señor, cuanto yo desto sabía, todo vos lo he mostrado, et de allí adelante vos lo faredes tan bien como yo; pero, conviene que sepades una cosa, que qualquier destas cosas que mengüe non se podría facer esto oro.
Et desque esto hobo dicho despediose del rey et fuese para su casa.
E el rey probó sin aquel maestro de facer él oro, et dobló la recepta, et salió peso de dos doblas de oro. E otra vez dobló la recepta, et salió peso de cuatro doblas; et así como fué cresciendo la recepta, así salió peso de doblas. E desque el rey vió que él podía facer cuanto oro quisiese, mandó traer tanto daquellas cosas para que pudiese facer mil doblas. Et fallaron todas las otras cosas, mas non fallaron el tabardíe: e desque el rey vió que pues menguaba el tabardíe, que se non podía facer el oro, envió por aquel que se lo mostrara facer, et dijol que non podía facer el oro como solía. Et él preguntol si tenía todas las cosas que él le diera por escripto. Et el rey dijol que sí, mas quel menguaba el tabardíe.
E estonce le dijo el golfín: que por cualquier cosa que menguase que non se podía facer el oro, et así lo había él dicho el primero día.
E estonce preguntó el rey si sabía él do había este tabardíe; e el golfín le dijo que sí.
E entonce le mandó el rey que, pues él sabía do era, que fuese él por ello et trojiese tanto porque pudiese facer tanto cuanto oro quisiese.
E el golfín le dijo que como quier que esto podría facer otro tan bien o mejor que él, si el rey lo fallase por su servicio que iría por ello que en su tierra fallaría ende asaz: e estonce contó al rey lo que podría costar la compra e la despensa, et montó muy grand haber.
Et desque el golfín lo tovo en su poder, fuese su carrera et nunca tornó al rey. Et así fincó el rey engañado por su mal recabdo. Et desque vió que tardaba más de cuanto debía, envió el rey a su casa por saber si sabían dél algunas nuevas. Et non fallaron en su casa cosa del mundo, sinón un arca cerrada: et desque la abrieron, fallaron y un escripto que dicía así:
«Bien creed que non ha en el mundo tabardíe; más, sabet que vos he engañado, et cuando yo vos dicía que vos faría rico, debiérades decir que lo ficiese primero a mi et que me creeríedes.»
E a cabo de algunos días, unos homnes estaban riendo et trebejando et escribían todos los homnes que ellos conoscían, cada uno de cual manera era, et dicían: los ardidos son fulano et fulano, et los ricos fulano et fulano, et los cuerdos fulano et fulano, et así de todas las otras cosas buenas o contrarias.
Et cuando hobieron a escribir los homnes de mal recabdo escribieron y el rey. Et cuando el rey lo sopo, envió por ellos et aseguroles que les non faría ningún mal por ello, et díjoles que porquel escribieron por homne de mal recabdo. Et ellos dijiéronle: que por razón que diera tan grand haber a homne estraño et de quien non tenía ningun recabdo.
Et el rey les dijo que habían errado, et que si viniese aquel que había levado el haber que non fincaría él por homne de mal recabdo. Et ellos le dijieron que ellos non perdían nada de su cuenta, ca si el otro viniese, que sacarían al rey del escripto et que pornían a él.
Et vos, señor conde Lucanor, si queredes que non vos tengan por homne de mal recabdo, non aventuredes por cosa que non sea cierta, tanto de lo vuestro que vos arrepintades, si lo perdierdes por fiuza de haber grand pro seyendo en dubda.
E al conde plogo deste consejo, et fízolo así et fallose dello bien.
Et veyendo don Johán que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:
Non aventures mucho la tu riqueza, Por consejo del que ha grand pobreza[26].
[26] Era antes en los críticos idea corriente que en este ejemplo había querido D. Juan Manuel satirizar las aficiones de alquimista de su tío el Rey Sabio; negada con buenas razones la atribución a Alfonso X del _Libro del Tesoro_, caen los más firmes asideros de esta suposición.
EJEMPLO XXI
De lo que contesció a un rey mozo con un muy grant filósofo a qui lo encomendara su padre.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
--Patronio, así acaesció que yo había un pariente a qui amaba mucho, et aquel mi pariente finó et dejó un fijo muy pequeñuelo, et este mozo criélo yo. Et por el grand debdo et grand amor que había a su padre: et otrosí, por la grand ayuda que yo atiendo dél desque sea en tiempo para me la facer, criélo muy bien e sabe Dios quel amo como si fuese mi fijo. Et como quier quel mozo ha buen entendimiento et fío por Dios que será muy buen homne, pero porque la mocedat engaña muchas veces a los mozos et non les deja facer todo lo que más les cumplía, placerme hía, si la mocedat non engañase tanto a este mozo. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podría yo guisar que este mozo ficiese lo que le fuese más aprovechoso para el cuerpo et para la su facienda.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que vos fisiésedes en fasienda deste mozo lo que al mío cuidar sería mejor, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un muy grand filósofo con un rey mozo, su criado.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, un rey había un fijo et diolo a criar a un filósofo en que fiaba mucho: et cuando el rey finó, fincó el rey su fijo mozo pequeño. E criolo aquel filósofo hasta que pasó por XV años. Mas, luego que entró en la mancebía, comenzó a despreciar el consejo daquel que lo criara et allegose a otros consejeros de los mancebos et de los que non habían tan grand debdo con él porque mucho ficiesen por lo guardar de daño. Et trayendo su facienda en esta guisa, ante de poco tiempo llegó su fecho a logar que también las maneras et costumbres del su cuerpo como la su facienda era todo muy empeorado. Et fablaban todas las gentes muy mal de como perdía aquel rey mozo el cuerpo et la facienda. E yendo aquel pleito tan a mal, el filósofo que criara el rey se sentía et pesábale ende mucho, non sabía que facer, ca ya muchas veces probara de lo castigar con ruego et con falago et aun maltrayéndolo, et nunca pudo facer y nada, ca la mocedat lo estorbaba todo. Et desque el filósofo vió que por otra manera non podía dar consejo en aquel fecho, pensó esta manera que agora oiredes.