El conde Lucanor

Part 3

Chapter 34,374 wordsPublic domain

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--mucho me place de todas estas razones que habedes dicho, et señaladamente, porque me dijiestes que en todo esto vos consejase segund el estado que vos tenedes, ca si de otra guisa me lo dijiéredes por me probar segund la prueba que el rey fizo a su priuado, que vos conté el otro día en el ejemplo que vos dije; mas pláceme mucho porque decides que queredes facer emienda a Dios de los yerros que ficiestes, guardando vuestro estado et vuestra honra; ca ciertamente, señor conde Lucanor, si vos quisiéredes dejar vuestro estado et tomar vida de orden o de otro apartamiento, non podríades escusar que vos non acaesciesen dos cosas: la primera, que seríades muy mal judgado de todas las gentes, ca todos dirían que lo facíades con mengua de corazón et vos despagábades de vevir entre los buenos; et la otra es, que sería muy grant maravilla, si pudiésedes sofrir las asperezas de la orden, et si después la hobiésedes a dejar o vevir en ella non la guardando como debíades, seervos hía muy grant daño paral alma et grant vergüenza et grant denuesto paral cuerpo et para la fama. Mas pues esto, bien queredes facer, placerme hía que sopiésedes lo que mostró Dios a un ermitaño muy sancto de lo que había de contecer a él et al rey Richalte de Englaterra.

E el conde Lucanor le rogó quel dijiese que como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--un ermitaño era homne de muy buena vida, et facía mucho bien, et sufría grandes trabajos por ganar la gracia de Dios. Et por ende, fizol Dios tanta merced quel prometió et le aseguró que habría la gloria de paraíso: e el ermitaño gradesció esto mucho a Dios; et seyendo ya desto seguro, pidió a Dios por merced quel mostrase quien había de seer su compañero en paraíso. Et como quier que el Nuestro Señor le enviase decir algunas veces con el ángel que non facía bien en le demandar tal cosa, pero tanto se afincó en su petición, que tovo por bien Nuestro Señor Dios del responder et enviole decir con su angel que el rey Richalte de Inglaterra et él serian compañeros en paraiso.

E desta razón non plogo mucho al ermitaño, ca él conoscía muy bien al rey et sabía que era homne muy guerrero et que había muertos, et robados, et desheredados muchas gentes, et siempre le viera facer vida muy contralla de la suya et aún, que parescía muy alongado de la carrera de salvación: et por esto estaba el ermitaño de muy mal talante.

Et desque Nuestro Señor Dios lo vió asi estar, enviol decir con el su angel; que non se quejase nin se maravillase de lo quel dijiera, ca cierto fuese que más servicio ficiera a Dios et más meresciera el rey Richalte en un salto que saltara, que el ermitaño en cuantas buenas obras ficiera en su vida.

E el ermitaño se maravilló ende mucho, et preguntol como podia esto seer.

Et el angel le dijo: que sopiese que el rey de Francia, et el rey de Inglaterra et el rey de Navarra pasaron a Ultramar. Et el día que llegaron al puerto, yendo todos armados para tomar tierra, vieron en la ribera tanta muchedumbre de moros que tomaron dubda si podrían salir a tierra. E estonce el rey de Francia envió decir al rey de Inglaterra que viniese a aquella nave a do él estaba et que acordarían como habían de hacer. Et el rey de Inglaterra que estaba en su caballo cuando esto oyó, dijo al mandadero del rey de Francia, quel dijiese de su parte, que bien sabía que él había fecho a Dios muchos enojos et muchos pesares en este mundo et que siempre le pidiera merced quel trajiese a tiempo quel ficiese emienda por el su cuerpo, et que, loado a Dios, que veía el día que él deseaba mucho; ca si allí muriese, pues había fecho la emienda que pidiera ante que de su tierra se partiese, et estaba en verdadera penitencia, que era cierto quel habría Dios merced al alma, et que, si los moros fuesen vencidos, que tomaría Dios mucho servicio, et serían todos muy de buena ventura.

Et de que esta razón hobo dicha, acomendó el cuerpo et el alma a Dios et pidiol merced quel acorriese, et signose del signo de la santa cruz et mandó a los suyos quel ayudasen. Et luego dió de las espuelas al caballo et saltó en la mar contra la ribera do estaban los moros. Et como quiera que estaban cerca del puerto, non era la mar tan baja que el rey et el caballo non se metiesen todos so el agua, en guisa que non paresció dellos ninguna cosa; pero Dios, así como Señor tan piadoso et de tan grant poder, et acordándose de lo que dijo en el Evangelio; que non quiere la muerte del pecador sinón que se convierta et viva, acorrió entonce al rey de Inglaterra et librol de muerte para este mundo et diol vida perdurable para siempre et escapol de aquel peligro del agua. Et enderezó a los moros.

Et cuando los ingleses vieron facer esto a su Señor, saltaron todos en la mar en pos dél et enderezaron todos a los moros. E cuando los franceses vieron esto, tovieron que les era mengua grande, lo que ellos nunca solían sofrir, et saltaron luego todos en la mar contra los moros. Et desque los vieron venir contra sí, et vieron que non dubdaban la muerte, et que vinían contra ellos tan buenamente, non los osaron asperar et dejáronles el puerto de la mar et comenzaron a fuir. Et desque los cristianos llegaron al puerto mataron muchos de los que pudieron alcanzar et fueron muy bien andantes, et ficieron dese camino mucho servicio a Dios. Et todo esto bien vino por aquel salto que fizo el rey Richalte de Inglaterra.

Et cuando el ermitaño esto oyó, plogol ende mucho et entendió quel facía Dios muy grant merced en querer que fuese él compañón en paraíso de homne que tal servicio ficiera a Dios, et tanto ensalzamiento en la fe católica.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes servir a Dios et facerle emienda de los enojos quel habedes fecho, guisat que ante que partades de vuestra tierra, emendedes lo que habedes fecho a aquellos que entendedes que feciestes algun daño. Et faced penitencia de vuestros pecados et non paredes mientes al ufana del mundo sin pro, et que es toda vanidat nin creades a muchos que vos dirán que fagades mucho por la valía, e esta valía dicen ellos por mantener muchas gentes et non catan si han de que lo pueden complir, et non paran mientes como acabaron o cuantos fincaron de los que non cataron sinón por esta que ellos llaman grant valía o como son poblados los sus solares. Et vos, señor conde Lucanor, pues decides que queredes servir a Dios et facerle emienda de los enojos quel feciestes non querades seguir esta carrera que es de ufana et llena de vanidat. Mas, pues Dios vos pobló en tierra quel podades servir contra los moros tan bien en mar como por tierra, facet vuestro poder por que seades seguro de lo que dejades en vuestra tierra. Et esto fincando seguro, et habiendo fecho emienda a Dios de los yerros que ficiestes, por que estedes en verdadera penitencia, por que de los bienes que fecierdes hayades de todos merescimiento, et faciendo esto podedes dejar todo lo al, et estar siempre en servicio de Dios et acabar así vuestra vida. Et faciendo esto, tengo, que ésta es la mejor manera que vos podedes tomar para salvar el alma guardando vuestro estado et vuestra honra. Et debedes crer que por estar en servicio de Dios non morredes ante, nin vivredes más por estar en vuestra tierra. Et si muriéredes en servicio de Dios, viviendo en la manera que vos yo he dicho, seredes martir et muy bien aventurado, et aunque non murades por armas, la buena voluntat et las buenas obras vos farán martir, et aun los que mal quisieren decir, non podrían; ca ya todos veien que non dejades nada de lo que debedes facer de Caballería, mas que queredes seer caballero de Dios et dejades de ser caballero del diablo et de la ufana del mundo que es fallescedera. E agora, señor conde, vos he dicho el mio consejo segund me lo pidiestes, de lo que entiendo como podedes mejor salvar el alma segund el estado que tenedes. Et semejaredes a lo que fizo el rey Richalte de Inglaterra en el salto e buen fecho que fizo.

E al conde Lucanor, plogo mucho del consejo que Patronio le dió, et rogó a Dios quel guisase que lo pudiese facer como él dicía et como el conde lo tenía en corazon.

Et veyendo don Johan, que este ejemplo era bueno, mandolo poner en este libro, et fizo estos viesos en que se entiende abreviadamente todo el enjiemplo. Et estos viesos dicen así:

Qui por caballero se toviere, Mas debe desear este salto, Que non si en la orden se metiere, O se encerrase tras muro alto[9].

[9] El modo de iniciarse el cuento, y lo que constituye su fondo ideal, es muy semejante al tema que Tirso de Molina desarrolló en su _Condenado por desconfiado_. (Vid. sobre los orígenes de esta obra capital del Teatro español, el discurso de recepción en la Real Academia Española de don Ramón Menéndez Pidal, 1902); según Menéndez y Pelayo, «Don Juan Manuel trató el tema a lo caballeresco, Tirso a lo teológico». Las raíces del cuento están en Egipto, y una de las versiones más antiguas y completas es la leyenda de S. Pafnucio, uno de los padres del yermo.

La cruzada en que sucede este hecho que cuenta Patronio fué la tercera; constó de dos expediciones, una por tierra, de Federico I _Barbarroja_, emperador de Alemania, en 1189; marítima otra, en 1190, mandada por Felipe Augusto de Francia y por Ricardo Corazón de León, de Inglaterra. Nárrase por extenso esta cruzada en los capítulos CXCIV y ss. del Libro IV de _La gran Conquista de Ultramar_ (tomo XLIV de la Bb. de AA. EE.), obra seguramente muy leída por Don Juan Manuel; pero en ella no encuentro referencia del _salto_ del Rey de Inglaterra.

El núcleo del cuento, tomado de una antigua narración, _De saltu Templarii_. Según Knust.

EXEMPLO IV

De lo que dijo un genovés a su alma, cuando se hobo de morir.

Un dia fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et contabal su facienda en esta manera:

--Patronio, loado a Dios, yo tengo mi facienda asaz en buen estado et en paz, et he todo lo que me cumple segund mis vecinos et mis eguales, et por aventura más. Et algunos consénjanme que comience un fecho de muy grant aventura, et yo he grant voluntat de facer aquello que me consejan; pero por la fianza que en vos he, non lo quise comenzar fasta que fablase con vusco, et vos rogase que me consejásedes lo que ficiese en ello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--para que vos fagades en este fecho lo que vos más cumple, placerme hía que sopiésedes lo que conteció a un genués.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

E Patronio le dijo:

--Señor conde Lucanor: un genués era muy rico et muy bien andante segund sus vecinos. Et aquel genués adolesció muy mal, et de que entendió que non podía escapar de la muerte, fizo llamar a sus parientes et a sus amigos; et desque todos fueron con él, envió por su mujer et por sus fijos: et asentose en un palacio muy bueno donde parescía la mar et la tierra; et fizo traer ante si todo su tesoro et todas sus joyas, et de que todo lo tovo ante si, comenzó en manera de trebejo a fablar con su alma en esta guisa:

--Alma, yo veo que tu te quieres partir de mí, et non sé por que lo faces; ca si tu quieres mujer et fijos, bien los vees aquí delante tales de que te debes tener por pagada; et si quisieres parientes et amigos ves aquí muchos et muy buenos et mucho honrados; et si quieres muy grant tesoro de oro, et de plata, et de piedras preciosas, et de joyas, et de paños, et de mercandías, tu tienes aquí tanto dello que non te face mengua haber más; et si tu quieres naves, et galeas que te ganen et te traigan muy grant haber et muy grant honra, veslas aquí, o están en la mar que parece deste mi palacio; et si quieres muchas heredades, et huertas muy fermosas et muy delectosas, veslas do parescen destas finiestras; et si quieres caballos, et mulas, et aves, et canes para cazar et tomar placer, et joglares para te facer alegría et solaz, et muy buena posada mucho apostada de camas, et de estrados, et de todas las otras cosas que son y mester; de todas estas cosas a ti non te mengua nada, et pues tu has tanto bien et non te tienes ende por pagada nin puedes sofrir el bien que tienes, e pues con todo esto non quieres fincar et quieres buscar lo que non sabes; de aquí adelante, ve con la ira de Dios, et será muy nescio qui de ti se doliere por mal que te venga.

Et vos, señor conde Lucanor, pues, loado a Dios, estades en paz et con bien et con honra, tengo que non faredes buen recabdo en aventurar esto et comenzar lo que decides que vos consejan, ca por aventura estos vuestros consejeros vos lo dicen et por que saben que desque en tal fecho vos hobieren metido, que por fuerza habredes a facer lo que ellos quisieren et que habredes a seguir su voluntad des que fuéredes en el grant mester, así como siguen ellos la vuestra agora que estades en paz. Et por aventura cuidan que por el vuestro pleito enderezarán ellos sus faciendas, lo que se les non guisa en cuanto vos vivierdes en asosiego, et contescervos hía lo que decía el genués a la su alma; mas, por el mi consejo, en cuanto pudierdes haber paz et asosiego a vuestra honra, et sin vuestra mengua, non vos metades en cosa que lo hayades todo a aventurar.

E al conde plogo mucho del consejo que Patronio le daba. Et fízolo asi et fallose ende bien.

Et cuando don Johan falló este exiemplo, tóvolo por bueno et non quiso facer viesos de nuevo, sinón que puso y una palabra que dicen las viejas en Castiella: Et la palabra dice así:

Quien bien se siede non se lieve[10].

[10] El mismo asunto en Bromyard «Summa Praedicatorum». Y en Gobin cap. X de los Loups raviss.

Es en este exemplo, quizá donde por primera vez aparece un genovés en la literatura española, y es de notar que ya se le representa rico, comerciante, amigo de vivir bien y materialista en exceso, caracteres con los cuales ha de figurarse a todo lo largo de la producción dramática del siglo de oro. Olvida este interesante apólogo el erudito hispanófilo E. Mele en su magistral estudio _I genovesi descritti dagli spagnoli_ (Fanfulla della Domenica, Roma, 6 de mayo de 1915.)

ENXEMPLO V

De lo que contesció a un raposo con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijol así:

--Patronio, un homme, que da a entender que es mi amigo, me comenzó a loar mucho, dándome a entender que había en mi muchos complimientos de honra et de poder e de muchas bondades. Et de que con estas razones me falagó cuanto pudo, moviome un pleito, que en la primera vista, segund lo que yo puedo entender, que paresce que es mi pro.

Et contó el conde a Patronio cual era el pleito quel’ movía; et como quier que parescía el pleito aprovechoso, Patronio entendió el engaño que yacía ascondido so las palabras fremosas. Et por ende dijo al conde:

--Señor conde Lucanor, sabet que este homme vos quiere engañar, dándovos a entender que el vuestro poder et el vuestro estado es mayor de cuanto es la verdat. Et para que vos podades guardar deste engaño que vos quiere facer, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un cuervo con un raposo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, el cuervo falló una vegada un grant pedazo de queso et subió en un arbol porque pudiese comer el queso más a su guisa et sin recelo et sin embargo de ninguno. Et en cuanto el cuervo así estaba, pasó el raposo por el pié del arbol, et desque vió el queso que el cuervo tenía, comenzó a cuidar en cual manera lo podría llevar dél. Et por ende comenzó a fablar con él en esta guisa:

--Don Cuervo, muy grant tiempo ha que oí fablar de vos et de la vuestra nobleza, et de la vuestra apostura. Et como quiera que vos mucho busqué, non fué la voluntad de Dios nin la mi ventura, que vos pudiese fallar hasta agora, et agora que vos veo, entiendo que ha mucho más bien en vos de cuanto me dicían. Et porque veades que non vos lo digo por lesonja, tan bien como vos diré las aposturas que en vos entiendo, tan bien vos diré las cosas en que las gentes tienen que non sodes tan apuesto. Todas las gentes tienen que la color de las vuestras péñolas et de los ojos et del pico, et de los pies, et de las uñas, que todo es prieto, et porque la cosa prieta non es tan apuesta como la de otro color, et vos sodes todo prieto, tienen las gentes que es mengua de vuestra apostura, et non entienden como yerran en ello mucho; ca como quier que las vuestras péñolas son prietas, tan prieta et tan lucia es aquella pretura, que torna en india commo péñolas de pavón, que es la más fremosa ave del mundo; et como quier que los vuestros ojos son prietos, cuanto para ojos, mucho son más fremosas que otros ojos ningunos, ca la propiedat del ojo non es sinón ver, et porque toda cosa prieta conorta el viso para los ojos, los prietos son los mejores, et por ende son más loados los ojos de la gancela, que son más prietos que de ninguna otra animalia. Otrosí, el vuestro pico et las vuestras manos et uñas son fuertes más que ninguna ave tamaña como vos. Otrosí, en el vuestro vuelo habedes tan grant ligereza, que vos non embarga el viento de ir contra él por recio que sea, lo que otra ave non puede facer tan ligeramente como vos. Et bien tengo que, pues Dios todas las cosas face con razón, que non consintiría que, pues en todo sodes tan complido, que hobiese en vos mengua de non cantar mejor que ninguna otra ave. Et pues Dios me fizo tanta merced que vos veo, et sé que ha en vos más bien de cuanto nunca de vos oí, si yo pudiese oir de vos el vuestro canto, para siempre me ternía por de buena ventura.

Et, señor conde Lucanor, parat mientes, que maguer que la entención del raposo era para engañar al cuervo, que siempre las sus razones fueron con verdat. Et set cierto que los engaños et daños mortales siempre son los que se dicen con verdat engañosa.

Et des que el cuervo vió en cuantas maneras el raposo le alababa, et como le dicía verdat, creyó que asíl dicía verdat en todo lo al, et tovo que era su amigo, et non sospechó que lo facía por llevar dél el queso que tenía en el pico, et por las muchas buenas razones quel había oido, et por los falagos et ruegos quel ficiera porque cantase, abrió el pico para cantar. Et des que el pico fué abierto para cantar, cayó el queso en tierra, et tomolo el raposo et fuese con él, et así fincó engañado el cuervo del raposo, creyendo que había en sí más apostura et más complimiento de cuanto era la verdad.

Et vos, señor conde Lucanor, como quier que Dios vos fizo asaz mercet en todo, pues veedes que aquel homne vos quiere facer entender que habedes mayor poder et mayor honra e más bondades de cuanto vos sabedes que es la verdat, entendet que lo face por vos engañar, et guardat vos dél et faredes como homne de buen recabdo.

E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo, et fízolo así. Et con su consejo fué él guardado de yerro.

Et porque entendió don Johán que este exiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos, en que se entiende abreviadamente la entención de todo este exiemplo. Et los viesos dicen así:

Qui te alaba con lo que non es en tí Sabe, que quiere llevar lo que has, de tí[11].

[11] De origen oriental: está entre las fábulas de Fedro; asunto divulgadísimo. _Azorín_ lo amplificó bellamente en _Los valores literarios_, pág. 150.

EXEMPLO VI

De lo que contesció a la golondrina con las otras aves cuando vió sembrar el lino.

Un dia fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijol:

--Patronio, a mi dicen que unos mis vecinos, que son más poderosos que yo, se andan ayuntando et faciendo muchas maestrías et artes en que me puedan engañar et facer mucho dapno; et yo non lo creo, nin me recelo ende; pero, por el buen entendimiento que vos habedes, quiérovos preguntar que me digades, si entendedes que deba facer alguna cosa sobresto.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que en esto fagades lo que yo entiendo que vos cumple facer, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a la golondrina con las otras aves.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, la golondrina vido que un homne sembraba lino, et entendió por el su buen entendimiento que, si aquel lino nasciese, podrían los homnes facer redes et lazos para tomar las aves. Et luego fuese para las aves et fízolas ayuntar, et díjoles en como el homne sembraba aquel lino et que fuesen ciertas que, si aquel lino nasciese, que se les seguiría ende muy grant dapno et que les consejaba que ante que el lino nasciese, que fuesen allá et que lo arrancasen; ca las cosas son ligeras de se desfacer en el comienzo et después son muy graves de se desfacer. Et las aves tovieron esto en poco et non lo quisieron facer. Et la golondrina les afincó desto muchas veces, fasta que vió que las aves non se sintían desto, nin daban por ello nada; et el lino era ya tan crescido que las aves non lo podían arrancar con las manos nin con los picos. Et desque esto vieron las aves que el lino era crescido et que non podían poner consejo al daño que se les ende seguiría, arripintiéronse ende mucho porque ante non habían y puesto consejo. Pero el repintimiento fué a tiempo que non podía tener ya pro.

Et ante desto, cuando la golondrina vió que non querían poner recabdo las aves en aquel daño que les vinía, fuese paral homne et metiose en su poder et ganó dél seguranza para si et para su linaje. Et despues acá viven las golondrinas en poder de los homnes et son seguras dellos. Et las otras aves que se non quisieron guardar, tómanlas cada día con redes et con lazos.

--Et vos, señor conde Lucanor, si queredes ser guardado deste dapno que decides que vos puede venir, apercibitvos et ponet y recabdo, ante que el daño vos puede acaescer, ca non es cuerdo el que vee la cosa desque es acaescida, mas es cuerdo el que por una señaleja o por un movimiento cualquier entiende el daño quel puede venir et pone y consejo porque nol acaezca.

Et al conde plogo esto mucho, et fízolo segund Patronio le consejó et fallose ende bien.

Et porque entendió don Johán, que este enxiemplo era muy bueno, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

En el comienzo debe homne partir El daño que non le pueda venir[12].

[12] En Esopo figura ya esta fábula; ha sido aprovechado el asunto en casi todas las literaturas. Es muy bella la versión de La Fontaine, _L’Hirondelle et les petits oiseaux_, fábula VIII del Libro I: La golondrina no se somete al hombre, sino que, como más fuerte que los pajarillos, emigra.

ENXEMPLO VII

De lo que contesció a una mujer quel dician doña Truhana.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:

--Patronio, un homne me dijo una razón et amostrome la manera como podría seer. Et bien vos digo que tantas maneras de aprovechamiento ha en ella que, si Dios quiere que se faga así como me lo dijo, que sería mucho mi pro; ca tantas cosas son que nascen las unas de las otras, que al cabo es muy grant fecho además.

Et contó a Patronio la manera como podría seer. Et desque Patronio entendió aquellas razones, respondió al conde en esta manera:

--Señor conde Lucanor, siempre oí decir que era buen seso atenerse homne a las cosas ciertas et non a las vanas fiuzas, ca muchas veces a los que se atienen a las fiuzas, contésceles lo que contesció a doña Truhana.

Et el conde preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, una mujer fué que había nombre doña Truhana et era asaz más pobre que rica; et un dia iba al mercado et llevaba una olla de miel en la cabeza. Et yendo por el camino, comenzó a cuidar que vendería aquella olla de miel et que compraría una partida de huevos, et de aquellos huevos nascirían gallinas et depués de aquellos dineros que valdrían compraría ovejas, et así fué comprando de las ganancias que faría, que fallose por más rica que ninguna de sus vecinas.