El conde Lucanor

Part 2

Chapter 24,492 wordsPublic domain

Por ende, yo Don Johan, fijo del Infante Don Manuel, Adelantado Mayor de la frontera et del regno de Murcia, fiz este libro, compuesto de las más apuestas palabras que yo pude, et entre las palabras entremetí algunos enxiemplos de que se podrían aprovechar los que los oyeren. Et esto fiz segun la manera que facen los físicos, que cuando quieren facer alguna melicina que aproveche al fígado, por razón que naturalmente el fígado se paga de las cosas dulces, mezclan con aquella melecina que quiere melecinar el fígado, azucar o miel o alguna cosa dulce; et por el pagamiento que el fígado ha de la cosa dulce, en tirándole para si, lleva con ella la melecina quel ha de aprovechar. Et eso mismo facen a cualquier miembro que haya mester alguna melecina, que siempre la dan con alguna cosa que naturalmente aquel miembro la haya de tirar a si. Et a esta semejanza, con la merced de Dios, será fecho este libro, et los que lo leyeren, si por su voluntad tomaren placer de las cosas provechosas, que y fallaren, serles ha bien, et aun los que tan bien non entendieren, non podrán escusar que en leyendo el libro, por las palabras falagueras et apuestas que en él fallarán, que non hayan a leer las cosas aprovechosas que son y mezcladas, et aunque ellos non lo deseen, aprovecharse han dellas, asi como el fígado et los otros miembros dichos se aprovechan de las melecinas que son mezcladas con las cosas de que ellos se pagan. Et Dios, que es complido et complidor de todos los buenos fechos, por la su merced et por la su piedad, quiera que los que este libro leyeren, que se aprovechen dél a servicio de Dios et para salvamiento de sus almas et aprovechamiento de sus cuerpos, asi como El sabe, que yo, Don Johan, lo digo a esa entención. Et lo que y fallaren que non es tan bien dicho, non pongan la culpa a la mi entención, mas pónganla a la mengua del mio entendimiento. Et si alguna cosa fallaren bien dicha o aprovechosa, agradéscanlo a Dios, ca El es aquel por quien todos los buenos dichos et fechos se dicen et se facen.

Et pues el prólogo es acabado, de aquí adelante comenzará la materia del libro, en manera de un grand Señor que fablaba con un su consejero. Et dicían al Señor, Conde Lucanor, et al consejero, Patronio.

ENXEMPLO I

De lo que contesció a un Rey con un su privado.

Acaesció una vez, que el conde Lucanor estaba fablando en su poridad con Patronio, su consejero, et dijol:

--Patronio, a mi acaesció que un muy grande homne et mucho honrado, et muy poderoso, et que da a entender que es cuanto mio amigo, que me dijo pocos días ha en muy grant poridad, que por algunas cosas quel acaescieran, que era su voluntad de se partir desta tierra et non tornar a ella en ninguna manera, et que, por el amor et grant fianza que en mi había, que me quería dejar toda su tierra, lo uno vendido, et lo al encomendado. Et pues esto quiere, seméjame muy grand honra et grand aprovechamiento para mi; et vos decitme et consejadme, lo que vos paresce en este fecho.

--Señor conde Lucanor, dijo Patronio, bien entiendo que el mio consejo non vos face grant mengua, pero pues vuestra voluntad es que vos diga lo que en esto entiendo, et vos conseje sobre ello, facerlo he luego. E primeramente, vos digo, que esto que aquel que cuidades que es vuestro amigo vos dijo, non lo fizo sinón por vos probar. Et paresce que vos conteció con él, commo conteció a un Rey con un su privado.

E el conde Lucanor le rogó, quél dijiese como fuera aquello.

--Señor, dijo Patronio, un rey era que había un privado en que fiaba mucho. Et por que non puede seer que los homes que alguna buena andanza han, que algunos otros non hayan envidia dellos; por la privanza et bien andanza que aquel su privado había, otros privados daquel rey habían dél muy grant envidia et trabajábanse del buscar mal con el rey, su señor. Et como quier que muchas razones le dijieron, nunca pudieron guisar con el rey quel ficiese ningun mal, nin aun que tomase sospecha nin dubda dél, nin de su servicio. Et de que vieron que por otra manera non pudieron acabar lo que querian, ficieron entender al rey, que aquel su privado, que se trabajaba de guisar porque él muriese, et que un fijo pequeño que el rey habia, que fincase en su poder, et de que él fuese apoderado de la tierra, que faría commo muriese el mozo e que fincaría él señor de la tierra. Et commo que fasta entonce non pudieran poner en ninguna dubda al rey contra aquel su privado, de que esto le dijieron, non lo pudo sofrir el corazón que non tomase dél recelo; ca en las cosas en que tan grant mal ha, que se non pueden cobrar si se facen, ningun homne cuerdo non debe esperar ende la prueba. Et por ende desque el rey fué caido en esta dubda et sospecha, estaba con grant recelo, pero non se quiso mover en ninguna cosa contra aquel su privado, fasta que desto sopiese alguna verdad.

Et aquellos otros que buscaban mal a aquel su privado, dijiéronle una manera muy engañosa, en commo podría probar que era verdat aquello que ellos dicían, et enformaron bien al rey en una manera engañosa, segund adelante oiredes, como fablase con aquel su privado. Et el rey puso en su corazón de lo facer, et fízolo.

Et estando a cabo de algunos dias, el rey fablando con aquel su privado, entre otras razones muchas que fablaron comenzol un poco a dar a entender que se despagaba mucho de la vida deste mundo et quel parescia que todo era vanidad. Et entonce non le dijo más. Et despues a cabo de algunos dias fablando otra vez con aquel su privado, dandol a entender que sobre otra razón comenzaba aquella fabla, tornol a decir que cada dia se pagaba menos de la vida deste mundo et de las maneras que en él veía. Et esta razón le dijo tantos días et tantas vegadas, fasta que el privado entendió que el rey non tomaba ningún placer en las honras deste mundo, nin en las riquezas, nin en ninguna cosa de los bienes, nin de los placeres que en este mundo habíe. Et desque el rey entendió que aquel su privado era bien caido en aquella entención, dijol un día: que había pensado de dejar el mundo et irse desterrar a tierra do non fuese conoscido, et catar algún lugar extraño et muy apartado en que ficiese penitencia de sus pecados, et que por quella manera, pensaba que le habría Dios merced et podría haber la su gracia por que ganase la gloria del paraiso.

E cuando el privado del rey esto le oyó dicir, estrañógelo mucho diciendol muchas maneras por que lo non debía facer. Et entre las otras dijol: que si esto ficiese, que faría muy grant deservicio a Dios en dejar tantas gentes como había en el su reino que tenía él bien mantenidas en paz et en justicia, et que era cierto que luego que él dende se partiese, que habría entrellos muy grant bollicio et muy grandes contiendas, de que tomaría Dios muy grant deservicio et la tierra muy grant dapno, et cuando por todo esto non lo dejase, que lo debía dejar por la reina, su mujer, et por un fijo muy pequeñuelo que dejaba, que era cierto que serían en muy gran aventura también de los cuerpos, como de las faciendas.

Et a esto respondió el rey que: ante que él pusiese en toda guisa en su voluntad de se partir de aquella tierra, pensó en la manera en como dejaría recabdo en su tierra por que su mujer et su fijo fuesen servidos et toda su tierra guardada, et que la manera era esta: que bien sabía él que el rey le había criado et le había fecho mucho bien et quel fallara siempre muy leal et, quel serviera muy bien et muy derechamente, et quel por estas razones, fiara en él más que en homne del mundo, et que tenía por bien del dejar la mujer et el fijo en su poder, et entregarle et apoderarle en todas las fortalezas et logares del regno, porque ninguno non pudiese facer ninguna cosa que fuese deservicio de su fijo; et si el rey tornase en algún tiempo, que era cierto que fallaría muy buen recabdo en todo lo que dejase en su poder; et si por aventura muriese, que era cierto, que serviria muy bien a la reina, su mujer, et que criaria muy bien a su fijo, et quel ternía muy bien guardado el su regno fasta que fuese de tiempo que lo pudiese muy bien gobernar; et asi, por esta manera, tenia que dejaba recabdo en toda su facienda.

E cuando el privado oyó decir al rey que quería dejar en su poder el reino et el fijo, como quier que lo non dijo entender, plogol mucho en su corazón, entendiendo que pues todo fincaba en su poder, que podría obrar en ello como quisiese.

E este privado había en su casa un su cativo que era muy sabio homne et muy grant filósofo. Et todas las cosas que aquel privado del rey había de facer, et los consejos quel había de dar, todo lo facía por consejo de aquel su cativo que tenía en casa.

Et luego que el privado se partió del rey, fuese para aquel su cativo, et contol todo lo quel conteciera con el rey, dandol a entender con muy grant placer et muy grand alegría cuanto de buena ventura era, pues el rey le quería dejar todo el reino et su fijo en su poder.

E cuando el filósofo que estaba cativo oyó decir a su señor todo lo que le había pasado con el rey, et como el rey entendiera que quería él tomar en poder a su fijo et al regno, entendió que era caido en grant yerro, e comenzolo a maltraer muy fieramente, et dijol: que fuese cierto que era en muy grant peligro del cuerpo et de toda su facienda; ca todo aquello quel rey le dijiera, non fuera porque el rey hobiese voluntad de lo facer, sinón que algunos quel querian mal, habían puesto al rey quel dijiese aquellas razones por le probar, et pues entendiera el rey quel placía, que fuese cierto que tenía el cuerpo et su facienda en muy grant peligro.

E cuando el privado del rey oyó aquellas razones, fué en muy grant cuita, ca entendió verdaderamente que todo era asi como aquel su cativo lo había dicho. Et desque aquel sabio que tenía en su casa le vió en tan grant cuita, consejol que tomase una manera como podríe escusar aquel peligro en que estaba.

Et la manera fué esta: luego, aquella noche, fuese a raer la cabeza et la barba, et cató una vestidura muy mala et toda apedazada, tal cual suelen traer estos homes que andan pidiendo las limosnas andando en sus romerías, et un bordón, et unos zapatos rotos et bien ferrados, et metió entre las costuras de aquellos pedazos de su vestidura una grant cuantía de doblas. Et ante que amaniciese fuese para la puerta del rey, et dijo a un portero que y falló, que dijiese al rey que se levantase porque se pudiese ir ante que la gente despertase, ca él allí estaba esperando, et mandol que lo dijese al rey en grant poridat. Et el portero fué muy maravillado cuandol vió venir en tal manera, et entró al rey et díjogelo así como aquel su privado le mandara. E desto se maravilló mucho el rey, et mandó quel dejase entrar.

E desque lo vió como vinía, preguntol porqué ficiera aquello. E el privado le dijo que bien sabía como le dijiera que se quería ir desterrar, et pues él así lo quería facer, que nunca quisiese Dios que él desconosciese cuanto bien le feciera; et que así como de la honra et del bien que el rey hobiera, tomara muy grant parte; que así era muy grant razón que de la laceria et del desterramiento que el rey quería tomar, que él otrosí tomase ende su parte; et, pues el rey non se dolía de su mujer et de su fijo, et del regno et de lo que acá dejaba, que non era razón que se doliese él de lo suyo, et que iría con él, et le serviría en manera que ningún home non gelo pudiese entender, et que aún él llevaba tanto haber metido en aquella su vestidura que les abondaría asaz en toda su vida, et que, pues que a irse habían, que se fuesen ante que pudiesen ser conoscidos. E cuando el rey entendió todas aquellas cosas que aquel su privado le dicía, tovo que se lo dicía todo con lealtad, et gradesciógelo mucho, et contol toda la manera en como hobiera a seer engañado et que todo aquello le ficiera el rey por le probar. Et así, hobiera a seer aquel privado engañado por mala cobdicia, et quisol Dios guardar, et fué guardado por consejo del sabio que tenía cativo en su casa.

Et vos, Señor Conde Lucanor, ha menester que vos guardedes que non seades engañado deste que tenedes por amigo; ca cierto sed, que esto que vos dijo, que non lo fizo sinón por probar que es lo que tiene en vos. Et conviene que en tal manera fabledes con él, que entienda que queredes toda su pro et su honra, et que non habedes cobdicia de ninguna cosa de lo suyo, ca si homne estas dos cosas non guarda a su amigo, non puede durar entre ellos el amor luengamente.

Et el conde se falló por bien aconsejado del consejo de Patronio, su consejero, et fízolo commo le consejara, et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johan, que este enjemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos en que se pone la sentencia del enjemplo. Et los viesos dicen así:

Non vos engañedes, nin creades que en donado Face ningún homne por otro su daño de grado.

Et los otros dicen así:

Por la piedat de Dios et por buen consejo Sale homne de coita, et cumple su deseo[7].

[7] Según Knust, relaciónase con una parábola del cap. IV del _Barlaam y Josafat_, famosa novela mística atribuída a San Juan Damasceno, que tiene sus orígenes en la leyenda budista del Lalita-Vistara. Acerca de la influencia de este libro en la literatura española, hay un notable estudio de F. Haam, vol. X de las _Modern Language Notes_, de Baltimore, páginas 22-34. Llegó a D. Juan Manuel por una versión oriental árabe seguramente, también de ella hubo de tomar el asunto central de su Libro de los Estados. A la Leyenda Áurea pasó también el _Barlaam_, capítulo CLXXX.

EJEMPLO II

De lo que contesció a un homne bueno con su fijo.

Otra vez acaesció que el conde Lucanor fablaba con Patronio, su consejero, et dijol: como estaba en grant coidado et en grant queja de un fecho que quería facer; ca, si por aventura lo ficiese, sabía que muchas gentes le trabarían en ello, et otrosí, si non lo ficiese, que él mismo entendíe, quel podrían trabar en ello con razón. Et díjole cuál era el fecho, et rogol quel consejase lo que entendía que debía facer sobre ello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--bien sé yo que vos fallaredes muchos que vos podrían consejar mejor que yo, et a vos dió Dios muy buen entendimiento, que sé, que mi consejo vos face muy pequeña mengua, mas pues lo queredes, decirvos he lo que ende entiendo. Señor conde Lucanor--dijo Patronio--mucho me placería que parásedes mientes a un ejiemplo de una cosa que acaesció una vegada a un homne bueno con su fijo.

E el conde le rogó quel dijiese, que como fuera aquello.

Et Patronio dijo:

--Señor, así contesció, que un homne bueno había un fijo; e como quier que era mozo segund sus días, era asaz de sotil entendimiento. Et cada que el padre alguna cosa quería facer, porque pocas son las cosas en que algún contrallo non puede acaescer, dicial el fijo: que en aquello que él quería facer, que veía él, que podría acaescer el contrario. Et por esta manera le partía de algunas cosas quel cumplían para su facienda. Et bien cred que cuanto los mozos son más sotiles de entendimiento, tanto son más aparejados para facer grandes yerros para sus faciendas; ca han entendimiento para comenzar la cosa, mas non saben la manera como se puede acabar, et por esto caen en grandes yerros, si non han quien los guarde dellos. Et asi, aquel mozo por la sotileza que había del entendimiento et quel menguaba la manera de saber facer la obra complidamente, embargaba a su padre en muchas cosas que habie de facer. Et de que el padre pasó grant tiempo esta vida con su fijo, lo uno por el daño que se le seguía de las cosas que se le embargaban de facer, et lo al, por el enojo que tomaba de aquellas cosas que su fijo le dicía, et señaladamente lo más, por castigar su fijo et darle ejiemplo como ficiese en las cosas quel acaesciesen adelante, tomó esta manera segunt aquí oiredes:

El homne bueno et su fijo eran labradores et moraban cerca de una villa. Et un día que facían y mercado dijo a su fijo: que fuesen amos allá para comprar algunas cosas que habían mester: et acordaron de llevar una bestia en que lo trajiesen: et yendo amos a mercado llevaban la bestia sin ninguna carga et iban amos de pié et encontraron unos homes que vinían daquella villa do ellos iban. Et de que fablaron en uno et se partieron los unos de los otros, aquellos homes que encontraron, comenzaron a departir ellos entre sí et dicían que no les parescían de buen recabdo aquel homne et su fijo, pues llevaban la bestia descargada et ir entre amos de pie. E el homne bueno, después que aquello oyó, preguntó a su fijo que quel parescía daquello que dicían. Et el fijo dijo, que decían verdat, que pues la bestia iba descargada que non era buen seso ir entre amos de pié: et entonce mandó el omne bueno a su fijo que subiese en la bestia.

Et yendo asi, por el camino fallaron otros homnes: et de que se partieron dellos, comenzaron a decir que lo errara mucho aquel homne bueno, porque iba él de pié que era viejo et cansado, et el mozo que podría sofrir laceria iba en la bestia. Preguntó entonce el omne bueno a su fijo que quel parescía de lo que aquellos dicían; et él dijol quel parescía que dicían razón. E estonce mandó a su fijo, que descendiese de la bestia et subió él en ella.

Et a poca pieza toparon con otros, et dijieron que facía muy desaguisado de dejar el mozo que era tierno et non podría sofrir laceria, ir de pié et ir el homne bueno que era usado de pararse a las lacerias, en la bestia. E estonce preguntó el homne bueno a su fijo que quel parescíe desto que estos dicían. Et el mozo dijol que segund él cuidaba, que dicían verdat. E estonce mandó el homne bueno a su fijo que subiese en la bestia porque non fuese ninguno dellos de pié.

Et yendo así, encontraron otros homes et comenzaron a decir que aquella bestia en que iban era tan flaca que a ves podría andar bien por el camino, et pues asi era, que facian muy grant yerro en ir entramos en la bestia. Et el homne bueno preguntó a su fijo, que quel semejaba daquello que aquellos homes buenos dicían: et el mozo dijo a su padre, quel semejaba verdat aquello. E estonce el padre respondió a su fijo en esta manera:

--Fijo, bien sabes que, cuando saliemos de nuestra casa que amos veniamos de pié et traíamos la bestia sin carga ninguna: et tu dicías, que te semejaba que era bien. Et despues fallamos homes en el camino que nos dijieron que non era bien, et mandete yo sobir en la bestia et finqué de pié; et tu dijiste, que era bien. Et despues fallamos otros homes que dijieron que non era bien, et por ende descendiste tu et subí yo en la bestia, et tu dixiste que era aquello lo mejor. Et porque los otros que fallamos dijieron que non era bien, mandete subir en la bestia comigo; et tu dijiste que era mejor que non fincar tu de pié et ir yo en la bestia. Et agora estos que fallamos, dicen que facemos yerro en ir entre amos en la bestia; et tu tienes que dicen verdat. Et pues que así es, ruégote que me digas que es lo que podemos facer en que las gentes non puedan trabar; ca ya fuemos entramos de pié, et dijieron que non faciamos bien; et fuí yo de pié et tu en la bestia, et dijieron que errábamos; et fu yo en la bestia et tu de pié, et dijieron que era yerro; et agora imos amos en la bestia, et dicen que facemos mal. Pues en ninguna guisa non puede ser que alguna destas cosas non fagamos e ya todas las ficiemos, et todas dicen que son yerros. Et esto fiz yo porque tomases ejiemplo de las cosas que te acaesciesen en tu facienda; ca cierto sey que nunca faras cosa de que todos digan bien; ca si fuere buena la cosa, los malos et aquellos a que se non sigue pro de aquella cosa, dirán mal della; et si fuera la cosa mala, los buenos que se pagan del bien non podrían decir que es bien el mal que tu feciste. Et por ende, si tu quieres facer lo mejor et más a tu pro, cata que fagas lo mejor et lo que entendieres que te cumple más, et sol que non sea mal, non dejes de lo facer por recelo del dicho de las gentes, ca cierto es que las gentes a lo demás siempre fablan en las cosas a su voluntad, et non catan lo que es más a su pro.

Et vos, señor Conde Lucanor, en esto que me decides que queredes facer et que recelades que vos trabarán las gentes en ello, et si non lo facedes que eso mismo farán, pues me mandades que vos conseje en ello, el mi consejo es este: que ante que comencedes el fecho, que cuidedes toda la pro e el dapno que se vos puede ende seguir, et que non vos fiedes en vuestro seso, et que vos guardedes que non vos engañe la voluntad, et que vos consejedes con los que entendiéredes que son de buen entendimiento, et leales et de buena poridat. Et si tal consejero non falláredes, guardat que vos non arrebatedes a lo que hobiéredes a facer, a lo menos fasta que pase un dia et una noche, si fuere cosa que se non pierda por tiempo. Et de que estas cosas guardáredes en lo que hobiéredes de facer, et lo falláredes que es bien et vuestra pro, conséjavos yo que nunca lo dejedes de facer por recelo de lo que las gentes podrían dello decir.

E el conde tovo por buen consejo lo que Patronio le consejaba. Et fízolo así, et fallose ende bien.

Et cuando Don Johan falló este ejiemplo, mandolo escribir en este libro, et fizo estos viesos en que está abreviadamente toda la sentencia deste ejiemplo. Et los viesos dicen así:

Por dicho de las gentes, sol que non sea mal, Al pro tenet las mientes, et non fagades al[8].

[8] De los muchos textos que Knust cita por sus relaciones con este apólogo, basta la mención del VI capítulo del libro de Gobin _Les coupes ravissantes_: procede de una fábula esópica. La Fontaine tiene una con el mismo asunto. En España recuerdo el bello apólogo _As Opiniós_ del poeta gallego J. Pérez Ballesteros, publicado en su libro _Foguetes_. Coruña, 1888, p. 151.

EJEMPLO III

Del salto que fizo el rey Richalte de Inglaterra en la mar contra los moros.

Un día se apartó el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijol así:

--Patronio, yo fío mucho en el vuestro entendimiento, et sé que lo que vos non entendiéredes o a lo que vos non pudiéredes dar consejo, que non ha ningún otro homne que lo pudiese acertar; e por ende, vos ruego que me consejedes lo mejor que vos entendierdes en lo que agora vos diré: Vos sabedes muy bien, que yo non so ya muy mancebo, et acaesciome así, que desde que fuy nascido fasta agora, que siempre me crié et visque en muy grandes guerras, a veces con cristianos et a veces con moros, et lo demás siempre lo hobe con reys, mis señores et mis vecinos. Et cuando lo hobe con cristianos, siempre me guardé que non se levantase ninguna guerra a mi culpa, pero non se podía escusar de tomar grant daño muchos que lo non merescieron. Et lo uno por esto, et por otros yerros que yo fiz contra nuestro Señor Dios, et otrosí, porque veo que por homne del mundo, nin por ninguna manera, non puedo un día solo ser seguro de la muerte, et so cierto que naturalmente segund la mi edat non puedo vevir muy luengamente, et sé que he de ir ante Dios que es tal juez de que non me puedo escusar por palabras, nin por otra manera, nin puedo ser juzgado sinón por las buenas obras o malas que hobiere fecho; et sé, que si por mi desaventura fuere fallado en cosa por que Dios con derecho haya de ser contra mí, so cierto, que en ninguna manera non pudíe escusar de ir a las penas del infierno en que sin fin habré a fincar, et cosa del mundo non me podría tener pro; et si Dios me ficiere tanta merced por que él falle en mi tal merescimiento, por que me deba escoger para ser compañero de los sus siervos et ganar el paraíso; sé cierto, que a este bien, et a este placer, et a esta gloria, non se puede comparar ningún otro placer del mundo. Et pues este bien et este mal tan grande non se cobra sinón por las obras, ruégovos que segund el estado que yo tengo, que cuidedes et me consejedes la manera mejor que entendiéredes que pueda facer enmienda a Dios de los yerros que contra El fiz, et pueda haber la su gracia.